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Paz y Ciencia
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sábado, 20 de enero de 2024

Psiquiatras

 




Se va filtrando despacio en todo lo que vemos, 

en todo lo que hacemos. 

La vida adquiere, poco a poco, insidiosamente, un filtro.

Las nubes vienen hinchadas, con las tripas doloridas, 

y cuando cae la lluvia,

no conseguimos ver si va a parar algún día. 

 

Un sentimiento recorre nuestras vidas:

no es ansiedad, 

no es depresión, 

no es euforia ni inquietud. 

Es, simplemente, que estamos mal. 

 

La sociedad en la que vivimos habla, cada día, sobre salud mental; 

los conceptos son tantos que se entremezclan, 

surgen y desaparecen según se publican estudios o se desestiman investigaciones. 

Desesperanza, cansancio, estrés, preocupación, dificultad para vislumbrar el final de un sentimiento…

 

Todo este malestar tiene mucho que ver con la incapacidad de imaginar un futuro que sea realizable; 

el mundo está, casi literalmente, en llamas, 

y cada vez hay menos gente que tenga claro lo que va a ocurrir mañana. 

La esperanza para un futuro mejor se desvanece; 

lo que vendrá será siempre peor que lo que ya pasó. 

 

Ante esto, la primera respuesta de nuestra sociedad ha sido la psiquiatrización de este malestar, gracias a una miríada de técnicas terapéuticas, fármacos, disciplinas o maneras esotéricas de tratar. 

Otra opción muy difundida es la de la negación del sufrimiento individual, asociada a la llamada a la politización como respuesta única posible. 

 

Ahora. 

¿Son estas las dos únicas opciones que existen?

El problema es infinitamente complejo; ¿cuáles son sus raíces?

¿Salir de esta situación es posible? ¿Pasa por una atención individualizada o por intervenciones sociales a gran escala?

¿Qué papel juega la salud mental de cada uno, y, por tanto, de todos en general?


lunes, 20 de marzo de 2023

JACQUES LACAN: INTRODUCCIÓN


@psicoletrazaragoza
Rodrigo Córdoba Sanz

Jacques Lacan para principiantes. El inconsciente es el discurso del «otro»

El inconsciente es el discurso del otroOrientación: Psicoanálisis

  • Antes:
  • 1807 El filósofo alemán G.W.F. Hegel afirma que la conciencia de sí depende de la presencia del otro.
  • 1818 El filósofo alemán Arthur Schopenhauer sostiene que no puede haber objeto sin sujeto que lo perciba, y que la percepción del objeto está limitada por la visión y la experiencia personales.
  • 1890 En su obra The Principles of PsychologyWilliam James establece una distinción entre el yo cognoscente (I) y el yo conocido (me).
  • Después:
  • 1943 El filósofo francés Jean-Paul Sartre afirma que nuestra percepción del mundo que nos rodea, o el «otro», se ve alterada cuando aparece otra persona; asimilamos su concepto del «otro» al nuestro

El inconsciente es el discurso del «otro»

jacques-lacanJacques Marie Émile Lacan nació en París y se formó con los jesuitas. Estudió medicina y se especializó en psiquiatría. Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en el París ocupado, trabajando en el hospital militar de Val-de-Grâce.

Después de la guerra, adoptó el psicoanálisis como herramienta clave en su trabajo, pero en 1953 fue expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional tras un enfrentamiento debido a las críticas recibidas por realizar sesiones de terapia más breves de lo normal. Lacan fundó entonces la Sociedad Francesa de Psicoanálisis.

Más allá de la psicología, en sus escritos abordó la filosofía, la literatura, la lingüística y el arte, e impartió seminarios semanales a los que asistieron pensadores eminentes como Roland Barthes y Claude Lévi-Strauss. Ferviente seguidor de Freud, Lacan fundó la Escuela Freudiana de París en 1963, y la Escuela de la Causa Freudiana en 1981.

el-inconsciente-es-el-discurso-del-otro-jacques-lacanLos psicoanalistas explican el inconsciente como el lugar en que se almacenan todos aquellos recuerdos que deseamos apartar y que no son accesibles conscientemente. El inconsciente habla en ocasiones al plano consciente de maneras muy diversas: Carl Jung opinaba que el inconsciente se presenta ante el yo consciente a través de los sueños, los símbolos y el lenguaje de los arquetipos, mientras que para Sigmund Freud se expresa por medio de la conducta motivada y, accidentalmente, de los lapsus verbales. El único punto en que las diversas escuelas psicoanalíticas están de acuerdo es en que el contenido del inconsciente es más amplio que el del yo consciente. Sin embargo, para el psiquiatra francés Jacques Lacan el lenguaje del inconsciente no es el del yo, sino el del «otro».

La concepción del yo

Acostumbramos a dar por supuesta con demasiada facilidad la noción del yo, que cada uno de nosotros existe como un individuo separado que ve el mundo a través de sus propios ojos, conoce los límites que le separan de los demás y del mundo que le rodea, y asume dicha separación en su pensamiento y en su modo de interactuar con el entorno. Sin embargo, ¿y si no hubiera nada ahí afuera que pudiésemos reconocer como separado de nosotros mismos? En ese caso no podríamos conceptualizar nuestra noción del yo, pues no habría un ser delimitado en el que pensar. El único medio que tenemos de determinar que como individuos somos distintos del mundo que nos rodea es precisamente nuestra capacidad de reconocer nuestra separación respecto al entorno, respecto al «otro»: es eso lo que nos permite convertirnos en el sujeto «yo». Lacan concluía que cada uno de nosotros es un «yo» porque tiene un concepto del «otro».

frase-jacques-lacanPara Jacques Lacan, el «otro» es lo absolutamente ajeno que se encuentra más allá del yo; es el ambiente en que hemos nacido, y que debemos «traducir» o al que debemos dar sentido para sobrevivir y prosperar. El niño debe aprender a organizar las sensaciones en conceptos y categorías a fin de poder desenvolverse en el mundo, y esto lo hace adquiriendo gradualmente la conciencia y la comprensión de una serie de significantes: signos o códigos. Pero estos significantes únicamente pueden llegarnos del mundo exterior que se encuentra más allá del yo, y por lo tanto tienen que haber sido formados a partir del lenguaje –o el «discurso», en los términos de Lacan– del «otro».

Solo somos capaces de pensar y expresar nuestras ideas y emociones a través del lenguaje, y el único lenguaje del que disponemos, según Lacan, es el del «otro». Las sensaciones e imágenes que se traducen en los pensamientos de nuestro inconsciente deben construirse por tanto a partir de dicho lenguaje del «otro»; como escribió Lacan, «el inconsciente es el discurso del “otro”». Esta idea ha tenido una enorme influencia en la práctica del psicoanálisis y ha permitido llegar a una interpretación más objetiva y abierta del inconsciente.

El texto y las imágenes de esta entrada son un fragmento de: “El libro de la psicología”

domingo, 1 de enero de 2023

J U N G ...


@psicoletrazaragoza

"Imagínese que tenemos que describir e interpretar un edificio cuya planta superior fue erigida en el siglo XIX, la planta baja data del siglo XVI, y un examen detallado de la mampostería revela el hecho de que fue reconstruida partiendo de un torreón del siglo XI. En el sótano descubrimos cimientos romanos, y bajo aquél una caverna sellada, en cuyo suelo se hallan utensilios de piedra y en las capas inferiores restos de fauna de la era glacial. Esta sería una imagen aproximada de la estructura de nuestra mente."

El fragmento pertenece a la obra "Alma y tierra" de Carl Gustav Jung, uno de las figuras claves del psicoanálisis; fue colaborador en sus primeros años de Sigmund Freud pero tomó su propio rumbo más tarde creando la Escuela de Psicología Analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda. 

martes, 29 de marzo de 2022

Enrique Rojas

 



«En este artículo no regalo los oídos a nadie. El mejor amor es exigente y lo pide todo. Estos siete puntos son una pedagogía del amor hecha con materiales resistentes, firmes, compactos. No hay amor sin cultura»

El amor en pareja tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. Pero hay una base que no debemos olvidar: para estar bien con alguien, hace falta estar primero bien con uno mismo. Tener un cierto equilibrio psicológico.

Voy a exponer lo que para mí es la alquimia del amor.

Quiero ir pasando por cada una de estas reglas que propongo:

1. El amor hay que trabajarlo a base de detalles pequeños positivos. Lo pequeño nunca es banal ni insignificante, sino al contrario, tiene un enorme valor, porque hace la vida amable, llevadera. En la psicología moderna se le llama a esto «intercambio de conductas gratificantes», que refuerzan ese amor. Cuidar esos pormenores hace que el amor no tenga fecha de caducidad. Y por el contrario, el descuido sistemático de las cosas menudas en el amor lleva a un cierto abandono, que a la larga es su ruina. Y entra el enemigo mortal, que se lo lleva todo por delante: la rutina.

2. No sacar la lista de agravios del pasado. Este principio es importante. Poner todos los medios para no traer a primer plano el repertorio de reproches, ese inventario de anécdotas negativas que, en momentos de tensión, asoman, piden paso y tienen un efecto destructivo, demoledor. Esa colección de recuerdos malos hay que tenerla encerrada en un cajón bajo llave. El que controla su lengua se controla en un noventa por ciento. Porque el gobierno más importante es el gobierno de uno mismo. Sabiendo que la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Ser capaz de superar las heridas del pasado significa buena inteligencia emocional. El amor se perfecciona con el perdón. Perdonar y olvidar es perdonar dos veces.

3. Evitar discusiones innecesarias. En las parejas que funcionan bien casi no se discute. Se han aprendido unas reglas, mediante las cuales se sabe cuándo uno entra por un vericueto peligroso, que consiste en enzarzarse en un debate que no conduce a ningún lugar positivo. En esos desacuerdos se dicen cosas fuertes y muchas veces las discrepancias no son importantes. Rara vez de una fuerte discusión sale la verdad, pues suele servir más de desahogo y catarsis: quejas, acusaciones, agresiones verbales y por esa rampa deslizante se termina en un avispero de críticas recíprocas… en el que la razón deja paso a la pasión, y a la larga no se olvidan esas palabras duras. Dejan una huella dolorosa y un sabor a derrota.

4. Esforzarse por ir consiguiendo habilidades en la comunicación interpersonal. Aprender a dialogar con respeto y eficacia. Este es un terreno que hay que cultivar con esmero. Me abro paso entre masas de pensamientos, intentando espigar lo esencial de este apartado: cuidar el lenguaje verbal (la magia de las palabras y sus efectos ), el lenguaje no verbal (gestos, ademanes, silencios, etc.) y el lenguaje subliminal ( que se camufla entre los dos anteriores).

También, saber tener el don de la oportunidad, para plantear un problema o algo complicado, buscando el momento más adecuado. El amor es arte y oficio, corazón y cabeza, saber combinar de forma armónica los instrumentos de la razón y las herramientas de la afectividad, a la vez. No conozco nada más complejo que la convivencia en pareja, no hay nada (en mi opinión) que tenga tantas vertientes, matices y laderas, donde uno puede resbalar y tener problemas o roces o enfrentamientos.

5. Haber sabido alcanzar una sexualidad positiva. La sexualidad es el lenguaje del amor comprometido. Y es un idioma íntimo que requiere encontrar sus claves, para que ambos sepan disfrutar de esa gramática misteriosa y concreta. Es la parte física del amor.

Cantidad y calidad o, lo que es lo mismo, frecuencia e intensidad. La sexualidad es un termómetro que mide muchos ingredientes de la vida conyugal: hay comunicación, hay un proyecto de vida en común, capacidad para superar las dificultades de la vida ordinaria, la alegría de sacar adelante a la familia… y un crecimiento equilibrado de los dos con el paso de los años. Todo eso y más se refleja, de alguna manera, aquí.

Las relaciones íntimas desempeñan un papel muy importante y el hecho de que funcionen bien es fruto de aprendizajes sucesivos, de acuerdos y acercamientos. Es la entrega total. Se trata de integrar la sexualidad a ese programa en común. Es una gran sinfonía con cuatro grandes partituras: física, psicológica, cultural y espiritual. Todo junto suma doy a la vez. La ternura es el ungüento del amor.

6. Ahora voy al punto que es fundamento de todo el edificio. Saber que el amor maduro consiste en un tríptico esencial hecho de voluntad, inteligencia y sentimientos. Me explico.

Uno de los grandes errores de la psicología del siglo XX ha sido pensar que el amor es sobre todo un sentimiento y este va y viene y es difícil apresarlo, fijarlo, centrarlo. ¡Qué equivocación tan seria! El amor verdadero es un acto de la voluntad, que significa la determinación de trabajar el amor elegido, poniendo todos los medios a nuestro alcance.

En los amores inmaduros, la voluntad brilla por su ausencia y todo está al pairo de los vientos exteriores. Además, el amor es un acto de la inteligencia, lo que quiere decir, en lenguaje coloquial, saber llevar a esa persona, utilizando la cabeza y la experiencia, pero sin que pierda esa relación frescura y lozanía. Fijarse, tomar nota, aprender de circunstancias complicadas a evitar caminos inadecuados o meterse en complicaciones absurdas. La tercera nota: el amor es de entrada un sentimiento fuerte, de atracción física y psicológica. Los sentimientos son perfectibles y defectibles. Lo que quiere decir que, si uno se afana en mantenerlos y pone esfuerzos repetidos en positivo, se mejoran. Y por el contrario, si se les descuida y se abandonan, va a peor y aparece antes o después el desamor.

7. Para que una pareja marche bien es necesario compartir una espiritualidad vivida. Se mezclan aquí lo natural y lo sobrenatural, lo físico y lo metafísico, lo horizontal y lo vertical.

En una palabra: lo humano y lo divino. Se trata de una filosofía común, un sentido de la vida fuerte, que a la larga va a ser cemento de unión de esa pareja ante los avatares de la vida. Cada uno debe encontrar aquí las mejores respuestas. La cultura y la espiritualidad son la estética de la existencia.

En este artículo no regalo los oídos a nadie. El mejor amor es exigente y lo pide todo. Estos siete puntos son una pedagogía del amor hecha con materiales resistentes, firmes, compactos.

jueves, 20 de enero de 2022

CHAMÁN

 



¿Qué es el Chamanismo? Espiritualidad chamánica y sanación. La espiritualidad andina. Prácticas, ritos y técnicas del chamanismo

El Chamanismo nos ofrece una cantidad de técnicas para contactarnos con nuestra realidad más profunda y redescubrir nuestra conexión con la naturaleza y el cosmos. Descubrilas en esta nota:

Las prácticas chamánicas son más que una aportación prehistórica o preliteraria a la curación de las enfermedades. Proporcionan una visión del mundo que hoy podemos calificar de «no ordinaria». Desde una perspectiva filosófica, permite una mejor comprensión formal del llamado pensamiento analógico. Esta forma del pensar es tan nuclear al chamanismo como el pensamiento lógico lo es al mundo científico.

El ser humano puede, probablemente, entenderse a sí mismo desde una perspectiva más amplia al conocer sus primeras respuestas frente al dolor, la enfermedad y la muerte. Este conocimiento puede contribuir al bienestar y la salud, en la medida en que proporciona un mejor entendimiento práctico y natural de la conexión de la persona con la totalidad de sí mismo, incluyendo su entorno, su ecosistema de referencia. El chamán es un superviviente, ha pasado de una manera o de otra por el dolor, la enfermedad y la muerte.

Una de las cuestiones que hacen del fenómeno chamánico un hecho admirable es su presencia generalizada entre todos los grupos que formaron nuestros antepasados. Sus prácticas, aunque se desarrollen en el momento actual, funcionan con elementos, referencias básicas ,símbolos arcaicos y emociones, ya presentes desde el origen de la humanidad. Al estudiar la distrbucion geográfica de las practicas chamanicas es de resaltar la presencia de actividades análogas en los cinco continentes.

El mapa del mundo en que opera o trabaja el Chamán puede ser entendido desde lo que psicológicamente se llaman «estados modificados de conciencia». Tales estados, a los que se accede generalmente a través de un período de transición, a veces son identificados como trance o viaje. Evidentemente un estado modificado de conciencia es un período de transición entre dos estados habituales de conciencia. Pero además los estados modificados se desarrollan ordinariamente en tres períodos :

1) Transición al estado.

2) Estado modificado propiamente dicho.

3) Transición al estado habitual


En ellos entran no solo el sanador sino también la persona atendida y frecuentemente los demás participantes.

Para modificar el estado de conciencia existen muy diversas estrategias, la mayor parte de las cuales no incluyen la utilización de sustancias psicoactivas.A medida que se adquiere experiencia es mas fácil realizar la entrada en ellos.Lo mismo que ocurre al practicar técnicas de relajación.


A lo largo de la propia jornada se producen cambios naturales en el estado de conciencia. Durante el período del sueño se dan modificaciones de distintas características en el nivel de conciencia y en los contenidos de la misma.Una de las hipótesis para explicarlos es que suponen la posibilidad de pasar desde la conciencia habitual a la del mundo de los sueños sin pasar por las fases relajantes del comienzo del dormir.

Origen de la palabra chamán


El término chamán tiene un halo de misterioso y puede evocar realidades diversas e incluso contradictorias. Ello no es extraño porque nos refiere a algo de origen ancestral y la propia creación de la cultura nos ha distanciado de sus métodos, muchas veces arcaicos y extremos.


La palabra usada internacionalmente «chamán» es de origen manchú-tungu y llegó al vocabulario etnológico a través del ruso. La palabra tungu original de saman (xaman) se deriva del verbo scha-, «saber», por lo que chamán significa por tanto alguien que sabe, sabedor, que es un sabio. Algunas investigaciones etimológicas explican que la palabra proviene del sánscrito por mediación chino-budista al manchú-tungu. (En Pali es schamana, en sánscrito sramana es algo así como «monje budista, asceta». El termino chino intermedio es scha-men). Los pueblos siberianos y de Asia Central tuvieron también denominaciones locales para el chamán. En el turco altaico era kam, en el yacuto ojon (y chamana se decía udujan), en los buriatos böo, en Asia Central bakshi, para los samoyedos tadibe, lapones moita, finlandeses tietöjö y húngaros táltos. (La actividad chamánica de estos pueblos se aborda en la parte tercera de este libro: Chamanismo siberiano y euroasiático) (Hoppal).


Ese conocimiento o sabiduria, en las lenguas Tungus,implica de una manera o de otra la maestría con los «espíritus», que a voluntad puede introducir en sí mismo, usando ese poder en su propio interés, particularmente para ayudar a otros que sufren a causa de espíritus.


En relación con el mundo actual se considera lo chamánico como algo que pertenece a zonas geográficas y a grupos alejados, marginales o fronterizos.Como algo conceptualmente difuso.


Para numerosos investigadores el chamán actúa en un area de la realidad que en muchas ocasiones es compartida por los místicos y los médicos (Sigerist(1987), Harner(1988), Kakar(1982), Kripner y Welch (1992), de Oleza(1996)).

Incluye en su actividad lo que seria propio de un psiquiatra o psicoterapeuta prehistórico.Especialmente si se considera que «la psicoterapia es un camino para la expansión de la conciencia.Es una actividad en el desarrollo de nuestra vida con la cual nos ayudamos a nosotros mismos y a los otros, para despertar del estupor de la inconsciencia y la ignorancia conociendo quien nosotros somos realmente»( Shainberg 1993) Existen numerosas definiciones: – «Entre los siberianos y otros grupos de todo el mundo con creencias análogas, es la persona a quien se atribuyen poderes para curar a los enfermos y comunicarse con el mundo del más allá» (The New Encyclopedia Británica; 1989) – «Curandero indígena que altera deliberadamente su conciencia a fin de obtener conocimiento y poder proveniente del mundo de los espíritus para ayudar y curar a los miembros de su tribu» (Krippner; 1988)


– Entre los Ojibway en Canadá » es la persona,hombre o mujer que experimenta,absorbe y comunica una especial forma de apoyo, de poder sanador» (Grim; 1983)


– «El que conoce las técnicas arcaicas del éxtasis» (Eliade)


– «Una persona a la que se le atribuyen poderes especiales para comunicarse con los espíritus e influir sobre ellos disociando su alma de su cuerpo. Los espíritus le ayudan a realizar sus tareas que incluyen descubrir la causa de las enfermedades, del hambre y de cualquier desgracia, y de prescribir una cura apropiada. Se les encuentra entre los siberianos y otros pueblos asiáticos; su actividad se desarrolla también entre otras muchas religiones y con otros nombres (The Cambridge Encyclopedia, 1990).


– «Una persona dispuesta a confrontar los más grandes miedos y sombras de la vida física». Y en funcion de los resultados : «Un curador que ha experimentado el mundo de las tinieblas y que ha confrontado sin miedo su propia sombra tanto como lo diabólico de los otros y que puede con exito trabajar con las fuerzas de la oscuridad y de la luz» (Sams; 1990)


– «Un guía, un sanador, una fuente de conexión social, un mantenedor de los mitos del grupo y de su concepción del mundo» (Walsh; 1990). Sirve también para referirse a alguien que está «hiperactivo, excitado o en movimiento», o que es «capaz de calentarse a sí mismo y practicar austeridades.


viernes, 1 de octubre de 2021

Aforismos de Castilla del Pino

 



Creo que todos sentimos algún tipo de admiración por algunas personas que hemos conocido, sea por experiencia directa o de manera indirecta. Y no me estoy refiriendo a la admiración que se experimenta por gente muy famosa que ha alcanzado la gloria o el reconocimiento social; aunque también puede suceder que, en algunos casos, se rinda tributo emocional hacia personajes cuyos nombres han quedado registrados para siempre en la historia, puesto que los recordamos como modelos a imitar.

En mi caso personal, siento gran admiración por un psiquiatra al que he aludido en algún artículo anterior, no solo por la brillantez de sus estudios sobre la mente humana, que dejó impresos en sus numerosas publicaciones, sino por la franqueza con la que abordó el recuerdo de su vida y que dejó plasmado en dos extraordinarios libros de memorias –Pretérito imperfecto Casa del olivo- que son un ejemplo de sinceridad y de extraordinaria literatura.

Y al decir ejemplo de sinceridad, me estoy refiriendo a que la vida de Castilla del Pino estuvo cruzada de duras tragedias familiares que no oculta y que explica cómo tuvo que afrontarlas para poder seguir adelante, pues un psiquiatra también es una persona como cualquier otra que puede verse enfrentada a fuertes penalidades.

El hacer un breve semblante de su figura, y de otras que irán apareciendo en Azagala digital, se debe a que el estudio de las emociones y sentimientos de los escolares que llevo a cabo a través de sus dibujos, y que son la base de los que tenemos ya de adultos, nos da una visión más completa de lo que expongo en los primeros años de la vida.

Tengo que apuntar que Carlos Castilla del Pino nació en la localidad gaditana de San Roque en 1922. Una vez que terminó sus estudios de Medicina se instala en Córdoba en 1949, donde vivió y ejerció su profesión de psiquiatra a lo largo de su vida, dejando un amplio número de discípulos que se formaron con él y continuaron su labor en el campo de esta disciplina.

Sin lugar a dudas, fue de los grandes psiquiatras con los que ha contado nuestro país, pero su actividad profesional y su obra escrita no se circunscriben exclusivamente al ámbito de la medicina, sino que en su extensa producción también encontramos ensayos y novelas por lo que su trabajo fue ampliamente reconocido, no solo en vida, ya que fue miembro de la Real Academia de la Lengua Española, sino que, una vez fallecido en 2009, la ciudad de Córdoba puso un nuevo centro de salud a su nombre y creó una fundación para que se pudiera conocer y estudiar su obra.

Como homenaje a su memoria, no citaré ninguna obra de su extensa producción profesional, sino que voy a acudir a un libro de pensamientos que lo he tenido como libro de cabecera durante bastantes años. Se trata del que lleva por título Aflorismos. Pensamientos póstumos, que vio la luz una vez fallecido (entendiendo por aflorismo como palabra derivada de ‘florecer’).

Se trata de un libro construido a partir de breves frases, o aforismos, que el autor iba escribiendo en cualquier lugar cuando se encontraba solo y que eran reflexiones sobre la vida, la sociedad, la naturaleza, el sentido de nuestra existencia, los sentimientos, las pasiones, etc., que anidan en todo ser humano.

Son frases sencillas de leer, pero que reflejan la profundidad de pensamiento de alguien que sabiendo que su vida caminaba hacia el final reflexiona como lo hacían los antiguos filósofos griegos: con total libertad, con sinceridad, sin condicionamientos ni cortapisas. Y como homenaje a este gran maestro, cargado de sabiduría, creo que lo mejor que puedo hacer es realizar una breve selección de esos aforismos, que numeraré, comentando sus significados y haciendo una escueta interpretación por mi parte.

  1. La felicidad –ya me entienden- no se la encuentra; se construye”.

Con esta breve reflexión se inicia el recorrido de 844 aforismos a lo largo del libro, hablándonos de algo tan deseado y difícil de lograr como es la felicidad. Personalmente coincido con la frase, puesto que, efectivamente, ser feliz o, de un modo más cercano, ser dichoso, no es algo que nos venga dado desde fuera, sino que los trozos de felicidad que podemos lograr en nuestra existencia es el resultado de un arduo trabajo. Solamente los niños pequeños son receptores de felicidad por parte de sus padres y de su familia; pero en el momento de crecer, todos tenemos que esforzarnos para recoger algunos frutos de dicha que la existencia nos puede proporcionar.

  1. No hay pecados. Si los hubiera se resumirían en uno: la mentira. Adán –el primero- mintió a Dios al desobedecerle”.
  2. Callar, pero no mentir”.
  3. No ir de sincero; ser simplemente veraz”.

Castilla del Pino, en concordancia con sus convicciones, tiene un pensamiento humanista y laico. Él no cree en el pecado; en cambio, sí en la culpa que se puede derivar de nuestras acciones y de nuestra responsabilidad con los demás. No es de extrañar, pues, que uno de sus libros lleva precisamente por título La culpa, en el que hace un recorrido por el sentimiento que acompaña al sujeto cuando lleva a cabo de modo consciente una acción que supone un quebranto de la norma o de los principios morales que todo ser humano, de un modo u otro, posee.

Y dentro del quebranto de los principios morales, Castilla del Pino sitúa a la mentira como la base de toda deshonestidad, pues sus diferentes modalidades –engaño, ocultamiento, tergiversación, difamación, calumnia, etc.- se encuentran en cualquier forma de corrupción individual o social, con los consiguientes daños hacia terceros.

  1. ¿La vida? Una de dos: o nos la hacemos o nos la hacen”.
  2. Vivir es una cosa: más o menos vegetar. Estar vivo es participar”.
  3. No hay que vivir con miedoPero eso no quiere decir que haya que hacerse el valiente”.

Todos tenemos un concepto, más o menos elaborado, más o menos claro, de lo que es la vida. Todos tenemos que enfrentarnos a nuestra propia vida y construir nuestro propio destino: no cabe otra alternativa. Bien es cierto que contamos con muchas limitaciones, ya que no podemos traspasar las fronteras que la propia naturaleza nos ha puesto; pero, como se dice en el aforismo número 5, tenemos la opción de edificar nuestra propia casa, con todas sus virtudes y defectos, puesto que, si no lo hacemos, al final nos encontraremos que lo que hemos logrado es una especie de chabola con los materiales que otros nos han proporcionado.

  1. La compasión no mejora el mundo. La solidaridad, sí”.
  2. La verdadera piedad entrañaría complicidad con el sufrimiento”.
  3. La piedad, en lo íntimo, enriquece; exteriorizada, es una obscenidad”.

Compasión, solidaridad, piedad: tres palabras que forman parte del lenguaje común que, ocasionalmente, pueden confundirse entre sí.

Como podemos comprobar, Castilla del Pino defiende el término de piedad como valor humano; sin embargo, no se muestra favorable con el de compasión, quizás porque en muchas ocasiones las personas insolidarias y que no tienen sentimientos de piedad se justifican con un acto puntual (limosna o donativo) pensando que con ello se resuelven los problemas que acucian a un mundo profundamente injusto. Sin embargo, considero que se distancia de la compasión, que proviene de “padecer con”, por lo que, en su sentido más profundo, la compasión y la piedad básicamente coinciden como valores humanos necesarios.

  1. Se confunde al cobarde con el bueno. ¡Qué bueno es! Hasta deja que los demás hagan el mal”.
  2. El mundo no es tan estúpido como para tolerar que solo triunfen los malvados”.

Magnífico el número 12 de estos aforismos. Cuántas veces escuchamos decir de alguien que es “una buena persona”, cuando lo que se está queriendo manifestar que no quiere comprometerse, que no quiere líos, que esconde la cabeza cuando tiene enfrente un claro ejemplo de injusticia, pero mira para otro lado porque a él o a ella no le afecta directamente. Esto me recuerda a una frase del filósofo Javier Sádaba cuando apuntaba, metafóricamente, que “hay gente que solo protesta cuando cae la bomba al lado de su casa”.

Con mucha frecuencia se confunden triunfo y verdad; poder y legitimidad; dominio y principios. El que se cuente con muchos votos o muchos seguidores no equivale a estar en posesión de la verdad y, menos aún, en ser una persona decente. La maldad humana habitualmente se esconde en la prepotencia; pero, como dice nuestro autor (con otras palabras), también la infamia acaba siendo derrotada por la razón.

  1. La vejez comienza cuando no hay proyecto”.
  2. Envejecer tiene su ventaja: muchas cosas se ven como banales, como lo son en realidad, y se adquiere una ligereza que antes no se poseía”.
  3. No hay muerte si no hay olvido”.

Estos aforismos, tal como he apuntado anteriormente, están escritos cuando su autor entraba en sus últimos años de existencia: tiempo de reflexión, tiempo de sabiduría, tiempo, como él mismo apunta, en el que las cosas adquieren otros matices que no se percibían con anterioridad. Y para comprenderlos, paradójicamente, hay que llegar a ese período en el que no queremos penetrar, pero que nos espera como ciclo último de nuestra existencia.

Y es que, una vez que se ha transitado por la vida, dejamos en los demás como herencia nuestro recuerdo. Y ese recuerdo resulta ser inapelable, no es posible cambiarlo, por lo que conviene que, al menos, en aquellos a los que amamos se deposite lo mejor que hayamos podido ofrecerles como último legado. De este modo, seguiremos vivos en sus memorias y ellos sentirán de algún modo las huellas que hemos marcado en nuestro peregrinaje por la vida.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Claudio Naranjo



Claudio Naranjo: "Cambiar la educación para cambiar el mundo"

A los 86 años muere Claudio Naranjo, en Berkeley California. Muere tras una larga carrera como Psiquiatra con enfoque psicoanalítico y en su último periodo antroposófico y humanista; en dónde Educación - Infancia - Sociedad se articulan de manera importante para dar fruto a parte de su obra.


Un maestro de nuestro tiempo

El doctor Claudio Naranjo, reconocido psiquiatra chileno, escritor, maestro y conferenciante de renombre internacional, es considerado pionero en su trabajo experimental y teórico como integrador de la psicoterapia y las tradiciones espirituales. Uno de los primeros investigadores de las plantas psicoactivas y la terapia psicodélica y uno de los tres sucesores de Fritz Perls (fundador de la terapia gestalt) en el Instituto Esalen. Desarrolló posteriormente la Psicología de los Eneatipos a partir del Protoanálisis de Oscar Ichazo y fundó el Instituto SAT (Seekers After Truth) [Buscadores de la Verdad], una escuela de integración psicoespiritual. Se le considera un pionero de la psicología transpersonal y un integrador entre psicoterapia y espiritualidad

Cuando no escribe, viaja por todo el mundo, consagrando su vida a ayudar a los demás en su búsqueda de la transformación y tratando de influir en la opinión pública y las autoridades en la idea de que solo una transforemación radical de la educación podrá cambiar el curso catastrófico de la historia.

Claudio Naranjo recibió tres doctorados Honoris Causa (uno de ellos en educación de la Universidad de Udine en Italia, otro en psicología humanista de la Universidad Concordia en México, y uno de la Universidad Gestalt de la Ciudad de México), por el empeño en el campo de la educación. Fue nombrado asesor del foro global para el futuro de la educación en Rusia, fundó la Universidad Global Claudio Naranjo (con el apoyo del gobierno mexicano) y fue nominado como candidato al Premio Nobel de la Paz.

Creo la Fundación Claudio Naranjo (FCN) con el propósito de promover entre los educadores españoles un interés en una educación no solo holística sino también inspirada en el propósito de trascender la mente patriarcal, y ha comenzado también a convocar educadores de otros países con el propósito de estimularlos a que hagan sentir ante las autoridades su percepción de la obsolescencia de los actuales programas y sobre todo de la visión subyacente respecto al propósito de una educación que poco ha servido hasta ahora al desarrollo personal y menos a la evolución social.


viernes, 25 de junio de 2021

Bert Hellinger

 


Rodrigo Córdoba. Psicólogo y Psicoterapeuta.

Zaragoza. Gran Vía Y Online.                Teléfono: 653 379 269.                                         IG: @psicoletrazaragoza Website: www.rcordobasanz.es


“La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad”

La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que “Es. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes reflejar afuera lo que tienes adentro.
La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe.
La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.
La vida te aleja de las personas que amas, hasta que comprendes que no somos este cuerpo, sino el alma que él contiene. La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo. La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.
La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar. La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas. La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes. La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu EGO. La vida te niega los bienes y la grandeza hasta que dejas de querer bienes y grandeza y comienzas a servir. La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.
La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar. La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos.La vida te niega a Dios, hasta que lo ves en todos y en todo.La vida te acorta, te poda, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR.

miércoles, 2 de junio de 2021

Castilla del Pino. Homenaje

 

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Psicoterapeuta. Psicoanalista. Zaragoza. Gran Vía Y Online. Instagram: @psicoletrazaragoza Website: www.rcordobasanz.es            Teléfono: (+34) 653 379 269

Creo que Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz, 1922), pasará a la historia por su obra de carácter autobiográfico. Sus libros de ensayos y científicos, lúcidos, claros, valiosos, me atrevo a pensar que serán asimilados en otros sobre los mismos temas que sin duda, en muchas ocasiones, aprovecharán sus rigurosas aportaciones. También como médico y profesor ha dejado su huella en multitud de profesionales, contribuyendo a la creación en España de una neuropsiquiatría con criterios científicos e intelectuales novedosos. No es poco. En realidad es mucho. Muy pronto, Castilla, que leyó a Freud en su adolescencia y continuó con otras aportaciones alemanas y francesas, se interesó por las investigaciones norteamericanas en psiquiatría, especialmente en su dimensión psicosocial (George H. Mead, Gordon Allport), y por autores como Durkheim, el joven Marx, Simmnel, Max Weber, Karl Mannheim y otros, cuyas huellas son visibles en varias de sus obras primeras, como Un estudio sobre la depresión (1966), La culpa (1968) y La incomunicación (1970). En 1954 había comenzado, de manera paralela a la dirección del dispensario, a pasar consulta como psicoterapeuta. Estas memorias permiten una lectura plural de diversas disciplinas: historia de la Guerra Civil Española, historia social, historia moral, médica, académica, etcétera. Me detendré sólo en algunos aspectos tanto de la obra como del personaje con el fin de trazar un posible perfil, una visión sin duda parcial, de esta memoria y su autor.
     Castilla del Pino quiere recordarlo todo. Quiere recordar a la persona, el lugar, la indumentaria, lo que se dijo, y la concatenación de cosas y procesos de esto y lo otro. Sin memoria no hay vida humana, de hecho somos porque recordamos. Los hindúes relacionan acertadamente el olvido con la muerte. Ahora bien, la memoria individual (no la memoria depositada en las bibliotecas y en los bancos de datos) está construida, moldeada, por el olvido. Para caminar hay que dejar los senderos que se abren hacia los lados. Castilla del Pino tuvo, desde muy joven, una clara conciencia de que iba hacia algún lugar, de que vivir su vida era cumplir un proyecto, el suyo, el de ser: un devenir marcado por el empeño. Era orteguiano antes de leer a Ortega y Gasset, y cuando en 1996 terminó el primer volumen de sus memorias, Pretérito imperfecto (1997)1, cumplió con la preceptiva biográfica de trazar los rasgos y los desafíos de una fuerte vocación. Es evidente que Castilla del Pino no ha recordado todo en los dos gruesos volúmenes de sus memorias; no me refiero a todo lo que ha conformado su vida, sino a lo que ha seleccionado. Hay personas o aspectos de su vida a las que voluntaria o involuntariamente ha dedicado una atención mínima, esquemática; aunque también es cierto que no creo que haya dejado nada importante de lado. Su memoria es rigurosa, valiente, seria, asistida por un vocabulario muy exacto y rico. La presencia mayor, en el orden histórico, es la de la Guerra Civil y sus consecuencias, y la recurrencia más honda, el número y las circunstancias de los asesinados desde el comienzo del alzamiento en 1936 hasta los años de posguerra, de los que —como ha insistido el historiador británico Paul Preston— aún desconocemos las cifras exactas, mayores de las que hasta hace pocos años se conjeturaban. Pero no sólo la estadística, sino los aspectos biográficos y morales de esas muertes y de los que estuvieron implicados en ellas, ha formado parte de su preocupación constante. En el orden personal —quiero decir, en el de la construcción del sujeto—, destaca, y casi con la misma intensidad que lo mencionado, su vocación médica, unida ésta insoslayablemente a su dimensión social, política y académica.
     Quiero añadir algo sobre el ejercicio de memoria de Carlos Castilla: por un lado, al haber procedido a lo largo de su vida como un historiador que ha guardado minuciosamente (en su memoria y fijados en documentos) datos relevantes y, también, banales, ha contribuido, con esta biografía (que considero de las dos o tres más importantes que se han publicado en España en cualquier época, y en principio, aunque de otro orden, sólo pienso en Los Baroja, de Julio Caro), a la historia política, a la sociología, al estudio de las costumbres de un determinado periodo histórico español, además de a los entresijos académicos y clínicos de la psiquiatría española, sin olvidar que son, también, el retrato de un personaje.2 En otro extremo, abunda en ocasiones en datos que sólo sirven a la psicología del autor (quiero decir, quizás, a la manía del autor) y que una buena narración biográfica ha de dejar a un lado. ¿Qué importancia puede tener dentro de la obra que uno de sus profesores tomara un café con leche con "tres galletas María"? Pongo un ejemplo entre muchos: Castilla del Pino lo escribe porque lo recuerda (estoy seguro de que fueron tres y no dos), y ese tic dice algo de su psicología, pero el dato es prescindible. En el segundo volumen, Casa del olivo (2005), que cuenta fundamentalmente su vida en Córdoba, ya establecido como médico y luchando por el acceso a la cátedra, ese tipo de recuerdos continúa y quizá se justifiquen por el tipo de narración propia de un realismo minucioso. Creo entender que esos excesos mnemotécnicos, que caracterizan al autor por el uso que hace de ellos, están dinamizados por los sucesos traumáticos que contaré enseguida.
     Dos hechos son centrales en la formación de la psicología y la vida de Castilla en esta primera etapa: siendo todavía niño, su padre enfermó de un grave enfisema cuya insuficiencia respiratoria le afectó el corazón. En vez de compartir su esposa la habitación con él y atenderlo, ésta hizo que el niño durmiera en la misma habitación de su padre; en definitiva: lo forzó a ser testigo de la enfermedad y agonía paternas (su padre muere en 1933 mientras él reside, desde 1932, como estudiante en un internado en Ronda). Castilla no analiza con detenimiento esta decisión materna, pero es obvio que marcó su vida. A esto hay que añadir que su padre tenía claros proyectos para él: que fuera arquitecto y que se desentendiera de la música, a la que era aficionado (como su madre). Pero ha sido y es neuropsiquiatra y melómano. Y en contra de su pasión por conservar papeles y cosas, el joven Castilla del Pino fue deshaciéndose de todas las cartas que recibía de su padre, hecho difícil de interpretar, como él mismo advierte, pero apunto una hipótesis, quizás no del todo descabellada: su padre, desde su enfermedad y sobre todo desde que le obliga su madre a ser testigo de ella en su propio cuarto, acentúa su conciencia de la pérdida, de la muerte, del muerto que alguna vez, muy pronto, va a ser su padre. De alguna forma, guardar sus cartas (que tratan de aleccionarlo, entre otras cosas, en otro proyecto personal) era seguir compartiendo la memoria de su agonía. En cuanto a la relación de su madre con la muerte, hay otro dato relevante que enriquece lo mencionado. A petición de su hijo, de doce años y con gran vocación ya entonces por la medicina (había leído un poco antes La historia de San Michele, de Axel Munthe, y sobre todo las memorias de Ramón y Cajal, Recuerdos de mi vida, que fueron claves en su decisión), intercedió con un médico de San Roque para que le dejara presenciar las autopsias. Estamos en un pueblo de España en 1934, y no es necesario que me detenga en detalles (que sí se encuentran en la obra de Castilla) sobre lo que supone asistir a esas escenas. Piénsese que ese niño no había visto aún a ninguna persona mayor desnuda, pero que pronto va a contemplar sus vísceras y va a ayudar a abrir algunos cráneos. El segundo acontecimiento traumático, ahora de orden personal tanto como histórico, sucede el 27 de julio de 1936: al iniciarse la sublevación franquista, dos tíos suyos y un primo fueron fusilados en la calle, casi en presencia suya, por milicianos pertenecientes a la CNT y a la FAI. Uno de sus tíos era su tutor desde la muerte de su padre. El muchacho oyó los tiros y logró salir de la casa materna y ya en la calle contempló los cuerpos de sus familiares desangrándose. Apenas si habla de su reacción anímica; de hecho, el autor apenas si se detiene a lo largo de su vida, y acaso éste sea uno de los rasgos de su personaje. Distanciamiento de lo afectivo y enorme capacidad clasificatoria, dominio de sí, apuesta irrenunciable por razonarlo todo. No hace mucho, con motivo de la salida de su segundo volumen, Casa del olivo, le oí entrevistado por la radio, y ante una pregunta un tanto escéptica de por qué nos equivocábamos tanto, Castilla del Pino respondió enseguida: "Porque sentimos", atribuyendo tal vez al ejercicio de la razón una actividad de tipo lógico despegada de los afectos (en su sentido profundo), algo que quizá sólo sea posible en ciertas investigaciones científicas. Creo que el filósofo y también memorialista Julien Benda (1867-1956) no hubiera dicho otra cosa. De hecho, Benda rectifica el famoso adagio de Pascal sobre las razones del corazón de la siguiente forma —que tal vez el autor de Teoría de los sentimientos3 encuentre acertada—: "El corazón tiene sus motivos que la razón desconoce". Pero en este mismo libro citado encontramos en realidad una concepción que lo aleja de Benda y de lo que dijo improvisadamente: "En el orden psicológico, hay muchas diferencias en la esfera cognitiva de los seres humanos, que se traducen en variaciones de nuestras aptitudes y capacidades intelectuales, pero los sentimientos son los que nos distinguen en tanto que sujetos para una relación irrepetible." ¿Somos irrepetibles por nuestros errores? Tal vez en esta tensión hay una confesión inadvertida: la necesidad contradictoria de poner a buen recaudo los sentimientos y, al mismo tiempo, de darlos razonablemente razonados. En el segundo volumen de sus memorias, Castilla cuenta algo significativo que tiene que ver con el bloqueo emocional ante la muerte de sus familiares. Había heredado de su tutor una pluma fuente que utilizó durante sus estudios en Ronda, luego en sus tiempos universitarios de Madrid, y siguió usándola en su trabajo. Un día, al poco de casarse, a su mujer de entonces, Encar, tras pedirle la pluma para firmar algo, ésta se le desprendió de la mano y cayó a una estufa, donde se derritió al instante. Todavía cuando escribe, con ochenta años, dice: "Fue un trauma tan doloroso que aún no me he recuperado de él". Parece obvio que hubo un desplazamiento afectivo, pero ¿por qué?
     De cualquier forma, este amor por el razonamiento crítico y la clasificación, así como la indiscutible inclinación moral de Castilla (amor por la justicia y por la verdad), le llevan muy pronto a distanciarse del régimen franquista, de hecho antes de que acabara la guerra. Castilla lo explica no como una reacción política sino "estética, intelectual", visto el fenómeno desde la madurez del narrador. Dicho con otras palabras, la retórica franquista le pareció indefendible, a pesar de que él no era por entonces republicano y de que gente de la República había asesinado, casi ante sus ojos, a tres familiares muy cercanos. De aquí surge una línea que luego trataré de enriquecer con los datos que aporta nuestro autor, y que me lleva a ver a Castilla del Pino como un superviviente empeñado en no dejarse arrebatar su vida ni, sobre todo, lo que esa vida quiere, lo que quiere ser. De esa fecha, cuando tenía doce años, es la fantasía de tener un estudio-vivienda bajo tierra, una especie de sótano muy profundo al que se descendía por una escala que podía retirar, y en cuya sala habría una gran biblioteca, una mesa y un sofá. Posteriormente y durante treinta años, el autor tuvo su biblioteca y cuarto de trabajo en el sótano de su casa, y actualmente (la metáfora se invierte) en el tercer y último piso de una casa de campo. Ese sótano es una tumba, un lugar que no se comparte con nadie, totalmente aislado, pero es, por otra parte, el lugar —gracias a los libros— a través del cual accede al mundo, o más bien: desde donde lo estudia. Por un lado: una verdadera pasión por la historia, casi exclusivamente por la historia de España en el periodo que le ha tocado vivir, y dentro de ella por la Guerra Civil y sus consecuencias; a lo que hay que añadir una alta sociabilidad y un interés grande, no sé si por amigos muy particularizados e íntimos o por una amplia variedad de seres humanos, en la que se incluyen muchos de sus pacientes. Por el otro, la necesidad de aislamiento, manifestada incluso por una fantasía recurrente: tener su habitación a quince metros bajo tierra. En una presentación en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, alguien citó el segundo volumen, no intencionadamente, como Casa del olvido, rectificando enseguida. ¿Podría tener ese espacio de la memoria una dimensión de olvido? ¿Una búsqueda de olvido? ¿Una abolición de la muerte? Quizás no: Castilla se aísla, o quiere aislarse, tal vez como de niño se acercaba a los cuerpos, convirtiéndolos en objetos para neutralizar su pregunta emocional. A veces, como veremos, las respuestas personales que da a las muertes de sus cinco hijos carecen de emoción, aunque no de valor y de reflexión moral; también son expresión de su sincera perplejidad, en la que no deja en ningún momento de confesar su limitación como educador y padre. Informaré al lector que una de sus hijas se suicidó, dos hijos murieron de sida (tras algunos años de excesos alcohólicos y heroína), uno más por accidente de tráfico y el quinto, su hija mayor, a causa de un cáncer de colon del que no quiso intentar curarse. En ningún momento, que yo recuerde, reflexiona sobre el hecho de que su ausencia de deseo de tener hijos, que afecta también a su mujer, Encar, quizás fuera algo que sus propios hijos percibieran desde muy pronto. Más que las explicaciones sociopsicológicas que aduce —sin duda pertinentes, pero parciales—, creo que lo que cualquier hijo siente es si es querido o no, y Castilla mismo dice que sus actividades con ellos no eran espontáneas, sino que las realizaba por puro deber. De hecho, aunque dos de ellos viven aún —por un extraño amor a la verdad, cuya semejanza con Benda, de nuevo, es evidente—, no recuerdo que dé noticias de ellos, y no duda en declarar a la prensa que no quiso tener hijos, que eran un obstáculo para su plan de vida, pero que tardó en darse cuenta. Sin embargo, a pesar de que no quisieron tener hijos, entre 1952 y 1958 tuvieron siete. Curiosamente, Castilla ha conseguido realizar también ese deseo primero, aunque no haya querido que ocurriera así: en la actualidad está nuevamente casado, no ha tenido hijos con su segunda mujer y vive tal como había proyectado. Pero dejemos ese tema, por lo delicado, a pesar de que no es precisamente algo anecdótico en su biografía. Pocas cosas relacionadas con el empeño de ser se le han resistido a este hombre, pero ¿es verdad, como afirma, que la felicidad estriba en cumplir lo que se quiere ser? Tengo mis dudas. Creo que es una afirmación excesivamente racionalista; porque nadie sabe del todo lo que quiere ser y tampoco si, una vez conseguido, le va a resultar tan placentero. Hay que añadir que el cumplimiento de nuestros deseos a veces significa la negación de los del otro. Uno quiere ser, qué duda cabe, y Spinoza afirmó de manera memorable la perseverancia de todo lo que es, pero la historia cambia (nuestra historia cambia). El que desea no es una criatura prístina, aunque es cierto que nos pasamos la vida tratando de responder las preguntas iniciales. De cualquier forma, parece evidente que Castilla del Pino ha logrado, a pesar del periodo histórico que le ha tocado vivir (las tensiones sin cuento de la República, la guerra y la interminable dictadura franquista), conducir su vida hacia su proyecto intelectual y emocional, queriendo su querer y luchando por transformar el medio que le ha tocado en suerte.
     La sociopsiquiatría de Castilla del Pino es muy coherente con su psicología y con las inclinaciones de sus preocupaciones intelectuales. Para Castilla, lo ocurrido durante la Guerra Civil e inmediatamente después alcanza no sólo a los ejecutores sino, desde un punto de vista moral tanto como psicológico, a los que permitieron que esos crímenes pudieran darse, a los cómplices en un grado u otro. No es posible, afirma, ser impune. De hecho, su primer libro, Un estudio sobre la depresión, es en alguna medida el resultado de esa reflexión, de cómo la culpa social (resultado de ese periodo histórico) influye en la vivencia anímica, biográfica, del individuo. Su extensa experiencia médica le hizo pensar en la responsabilidad que los poderes políticos (y religiosos) tenían en los padecimientos personales. Al fin y al cabo no hay individuo sin sociedad, aunque algunas sociedades pretendan acabar con sus individuos (en aquello que tienen de irreducibles precisamente). De aquí su politización, cercana en un principio al Partido Comunista (sin creer en la URSS primero ni en la Cuba de Castro después) y, más tarde, al PSOE. En otro sentido, Castilla se ha desvelado porque la memoria de los que sufrieron tales atrocidades no se desvanezca sin dejar testimonio de las mismas. Hace poco escribió Jorge Semprún un bello texto sobre los campos de concentración nazi (él estuvo, como se sabe, en Buchenwald hasta 1945) en el cual era evidente su temor a que en breve ya no quedaría nadie vivo que pudiera ser memoria de aquel horror. Castilla sabe que la memoria también se hereda (es una educación, una moral) y lo importante es mantenerla viva aunque no sea uno el testigo de lo recordado.
     El mundo de Castilla del Pino (el que aparece en sus memorias, no excluyo que pueda haber otros), es un mundo español, y me atrevería a decir que con sólo personajes españoles. Es cierto que aparecen nombres de colegas extranjeros, pero forman parte de repasos curriculares. Los retratos, hechos con agudeza y sentido del equilibrio, corresponden a López Ibor, Sarró, Pedro Laín, Castellet, Sacristán, Jesús Aguirre, Ricardo Gullón, José Luis Aranguren, Rafael Alberti, Juan Bernier, Julio Aumente, Javier Pradera, Luis Martín Santos, Felicidad Blanc, a los que hay que sumar otros esbozos o perfiles, no menos importantes, de personas menos conocidas, o desconocidas del todo, del mundo social. Vale la pena citar algunas líneas, que, obviamente, deforman la visión total, pero son veraces en su parcialidad: Benet: "tenía una imperiosa necesidad de exhibir su displicencia [...] un gran y casi permanente actor (lo digo sin ninguna connotación peyorativa)". Pradera: "Como víctima de su carácter, Javier Pradera ha sido un dilapidador de afectos. Si se le quiere, muchas veces es a pesar suyo". Aguirre: "en Jesús podía uno detectar actitudes de seriedad y entrega y, poco después, en un grupo más amplio, aparecer como un exhibicionista compulsivo". Blanc: "Probablemente, el infierno de su relación con Panero y con sus hijos acabó endureciéndola. Nunca usó su sufrimiento para justificarse. Y pagó con el desprecio, aunque tardío, a quienes se lo provocaron". Además de su evidente interés por su disciplina profesional, la historia social de España tiene una presencia central. Y dos artes: la música y la literatura, aunque lamentablemente nos ha dejado aquí muy poco sobre sus gustos y opiniones literarios (¿por qué no decirnos en siete u ocho páginas lo que le gusta, no le ha parecido importante en la construcción biográfica?). Es evidente su amor por la tradición novelística de tipo realista que va de Balzac a Tolstoi. Así como su amor por Proust y Thomas Mann. Hace unos meses declaró a Juan Cruz: "ya no impactan tanto los libros... Eso fue hasta los 18 años, Goethe, Dostoyevski". Quizá sea otra de sus frases contundentes, pero alguna significación tendrá lo dicho: ¿Ya estaba formado su gusto entonces? ¿Y su sensibilidad había dejado de ser impactantemente receptiva en cuanto a lecturas? Es extraño, porque, a pesar de su pasión lectora, estoy seguro de que a esa edad no había leído a muchos de los grandes clásicos. En fin, entre los españoles del siglo XX, un nombre va y viene, Pío Baroja. Las ausencias son la poesía y la pintura. En cambio está su amor por la naturaleza, especialmente por los árboles. También por algunos animales, sus perros, hacia los que expresa sentimientos intensos. En algunas líneas en las que habla de árboles (algunos plantados por él mismo) se transparenta una nostalgia interesante, no del pasado sino —acéptese la paradoja— del futuro, y también es fácil constatar en ese ánimo la vislumbre de la soledad humana en contemplación de un mundo (el natural) que ignora precisamente ese vínculo.
     Castilla del Pino detesta la impostura. Su decidida apuesta moral ha marcado su vida, y creo que se puede deducir de sus memorias que es un hombre honesto y valiente. En este sentido, la imagen que la lectura de sus memorias me deja es la de alguien a quien se puede mirar de frente y de quien —en cualquier circunstancia, pero también en las difíciles— uno se podría fiar. Quizás porque, hasta donde le ha sido posible —y nadie es transparente ni para los otros ni para sí mismo— ha sabido pensar su vida. Creo que su reflexión es un ejemplo algo inusual en la literatura intelectual española, asistidos como estamos por la tendencia al compadreo y a disculparnos, cínicamente, nuestras debilidades. Si nuestro pensamiento crítico es débil, nuestra memoria no lo ha sido menos. Pero la memoria crítica de Castilla del Pino corrige esta ausencia. Al mostrarnos lúcidamente su vida y una parte de la vida social y política del siglo XX español, Carlos Castilla del Pino también permite vernos mejor a nosotros mismos, saber lo que hemos sido y, así, lo que podemos ser.-

viernes, 16 de abril de 2021

Jorge Tizón

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza.                      Teléfono: 653 379 269  IG:@psicoletrazaragoza Página Web: Contacta!!


Tiene 71 años. Nació en La Coruña y vive en Barcelona. Es psiquiatra, psicoanalista, psicólogo y neurólogo. Ha dirigido equipos piloto de asistencia comunitaria en salud mental dentro de la sanidad pública. Es autor de varios libros y trabajos científicos de investigación. Es profesor de la Universidad Ramón Llull.

  • “Los humanos que se sienten socialmente aislados tienen más posibilidades de padecer muerte prematura, diversas enfermedades y trastornos mentales. Se viven como media dos años y medio más si tenemos una rica vida social".
  • "La medicina basada en la solidaridad podría ser la medicina más barata y potente, un importante medio para disminuir los costes actuales de la asistencia sanitaria y la medicalización."

¿Qué causa tantas enfermedades mentales?

La “enfermedad mental” no existe. Existen personas con trastornos o con problemas mentales, psicológicos, que no son “enfermos”. Y su origen no es únicamente biológico o cerebral, sino que incluye un cóctel de causas biológicas, psicológicas, sociales, relacionales… que producen el trastorno.

¿Por qué entonces hablamos siempre de enfermedad?

Es nuestra cultura la que habla de “enfermedad”, lo cual es un error, pero no sólo de los médicos o los psiquiatras. Lamentablemente, la idea de que los trastornos mentales son solo “desajustes electroquímicos del cerebro” ha calado en nuestra sociedad. Pero lo que es seguro es que existen bases emocionales y en las relaciones humanas para trastornos como la psicosis.

No hay causas biológicas...

También puede ser que haya un desajuste electroquímico, digo puede ser, pero lo que es seguro y ya están demostrados son los factores de riesgo emocionales y relacionales: negligencias graves, abusos, malos tratos, negligencias emocionales graves…

¿De qué estamos hablando al decir que tras un trastorno mental existe siempre una causa emocional?

Pensemos en la importancia de los primeros vínculos que establece la persona con su madre y su padre, con sus cuidadores fundamentales. Ese apego seguro es vital. No solo afecta a nuestra psique: es decisivo asimismo en el desarrollo de nuestro sistema nervioso, hormonal e inmunitario; entre otras cosas, porque muchas de las emociones humanas más intensas, que incluyen esos componentes biológicos, se estructuran y desarrollan mientras las relaciones de apego se forman en la primera infancia.

Es entonces cuando sentimos y manifestamos por primera vez los patrones de placer, sorpresa, ira, miedo, pena, asco... que nos acompañarán toda nuestra vida.

En ese sentido, el sistema del apego es un sistema emocional básico que, en la relación con los cuidadores, resulta modulador y moldeador de todo nuestro mundo emocional. Los bebés y los niños tienen la necesidad básica, vital, de tener vínculos de apego seguros con su madre o su cuidador.

Los trastornos mentales se gestan en la primera infancia…

Uno de los factores fundamentales para los trastornos mentales son las alteraciones o dificultades graves en el apego: cuando los padres faltan, o faltan intermitentemente, o descuidan al niño, o los descuidan emocionalmente, cuando uno o los dos sienten demasiada tristeza o demasiada ira... Son situaciones que alteran la modulación de las emociones primitivas, lo que facilita el desarrollo de psicopatología en el niño. De ahí que la mejor forma de criar un bebé y un niño sea mediante la felicidad y la seguridad, y que lo mejor que pueden hacer unos padres con un niño con problemas es que busquen ayuda para ellos mismos y para las relaciones que establecen entre ellos y el niño.

La relación con los padres es importante, pero ¿qué se puede hacer si esta no fue como deseábamos?

El apego infantil, como la genética, son importantes, pero una relación amorosa profunda posterior, un buen tutor o maestro, una experiencia o serie de experiencias impactantes, pueden poner en primer plano otras tendencias del apego que hasta entonces eran secundarias en nosotros. Esa es la esperanza que nos queda para el cambio en la vida posterior, para el cambio humano. La psicoterapia puede ser una vía profesional en algunos casos si no funcionan las vías no profesionales.

Pero lo que suele ocurrir es que en lugar de eso se recurre a medicalizar la infancia...

Sí. El TDAH, por ejemplo, es en buena medida una invención psiquiátrica y farmacológica, para que determinados problemas de los niños parezcan más simples y se puedan medicar con psicoestimulantes. Alrededor del 4-5% de los niños están siendo medicados así en varios países supuestamente “desarrollados”. Es cierto que hay niños que se mueven más, se concentran peor, son impulsivos. Pero es un error recurrir a la medicalización antes de intentar otras muchas vías psicológicas, psicosociales, familiares… Y antes de comprender globalmente por qué, qué les pasa. Se sabe que los niños que consumen psicoestimulantes tienen un achatamiento de sus capacidades emocionales. Y que consumen más drogas ilegales cuando crecen. Primero les damos anfetaminas de niños, y luego les prohibimos que las usen en las discotecas…

Pero pocos psiquiatras piensan igual…

No creas. También en esto el mundo está cambiando. Hay compañeros psiquiatras infantiles que me piden asesoramiento para saber resistir la presión enorme de padres y maestros para medicalizar a los niños. Se resisten como pueden… Como en otras muchas situaciones humanas, no podemos pensar en buenos y malos.

No existen solo unos “malos” en esta película. No presionan solamente los laboratorios farmacéuticos, también algunos profesores, Servicios Sociales o las familias.

El clima actual es de muchísima presión sobre los médicos, los pediatras y los psiquiatras para quitarse los problemas de encima rápidamente y sin pensar demasiado. Hay una compulsión social hacia la solución fácil y rápida (que normalmente no es “solución” y, por tanto, no es lenta: es retardataria).

¿Por qué crees que existe esta presión?

Existe una gran intolerancia a las manifestaciones espontáneas y no controladas de los niños. Los niños tienen una capacidad para cambiar a los padres importantísima. Los niños tienen que moverse, tienen que buscar, investigar, reclamar su autonomía… Un niño despierto se relaciona con su madre o cuidador principal cada 8-20 segundos. Eso significa entre 100.000 y 200.000 interacciones por semana. Imaginemos qué sucede cuando cambia continuamente la persona que cuida al niño. Ese niño tenderá a moverse más para atraer la atención de personas muy cambiantes. Es el mundo en el que vivimos ahora: el de los “cuidados múltiples”. Hemos visto en situaciones experimentales niños que en la guardería se relacionan hasta con 14 personas. No siempre es así, pero lo hemos visto.

El problema es que cuando los niños reaccionan ante esta situación con irritabilidad, protesta y movimiento, los adultos respondamos con intolerancia y medicación sistemáticamente.

¿Es mejor la situación de los adultos?

España es el segundo país del mundo donde más se consumen antidepresivos, y también neurolépticos, medicamentos para la psicosis, y el primero en hipnosedantes (tranquilizantes e inductores del sueño). El primero es EE. UU. Parece que en España, del 12 al 14 por ciento de las mujeres están tomando antidepresivos. ¿Qué te parece la situación de los adultos?

Son unas cifras inquietantes...

La depresión, tal y como se está vendiendo actualmente, también es un invento farmacológico. No es que no exista, sino que se sobrediagnostica y sobremedicaliza por intereses comerciales. Los estudios lo que dicen ahora es que la depresión, desde que se diagnostica tanto, se diagnostica peor. Porque las verdaderas depresiones, las depresiones graves, que hacen padecer muchísimo, no se detectan.

¿Cuál es tu propuesta para mejorar la salud mental?

Las principales tareas son las tareas sociales, un cambio social, una organización social que atienda más a la solidaridad y las relaciones entre las personas y menos al beneficio económico inmediato. A nivel clínico, para mí es esencial poder tener en cuenta la vida emocional de la persona que consulta y no solo los factores de riesgo biológicos.

Durante muchos años, he coordinado equipos que tienen como objetivo que los médicos perciban esos componentes emocionales de los pacientes. Porque la vida emocional repercute en la salud, en el coste sanitario, hospitalizaciones y demás. Y hoy hay un porcentaje de pacientes que no solo no son ayudados sino que son cronificados por los sistemas profesionales que los atienden. De esa forma, incluso hay pacientes que se cronifican usando y abusando de la medicina. Es lo que hemos llamado la “cronificación medicalizada”.

Cuéntanos un poco más acerca del trabajo de estos equipos que coordinaste.

Trabajábamos en barrios casi marginales, como varios en la periferia de Barcelona y, sin embargo, obtuvimos reconocimiento internacional por los resultados que conseguíamos junto con sus pobladores. Pero no es que supiéramos más o tuviéramos métodos “revolucionarios”, sino que estábamos más metidos en la comunidad, y en las posibilidades de esta gente de cambiar su vida. Teníamos muy en cuenta las capacidades de contención de sus familiares y de mejorar, o no empeorar, su situación social.

¿Un ejemplo concreto?

Muy concreto: en uno de los barrios podía uno salir a la calle y ver a gente corriendo por la calle, mucha más de lo normal, o señoras con las clásicas batas de “boatiné” (hace 30-40 años), caminando y caminando. La gente decía que el equipo del Dr. Tizón defendía que el ejercicio físico era necesario para la mejora de la salud mental y, sobre todo, de las crisis de angustia.

En vez de medicalizar, de entrada, a la gente joven, les aconsejábamos hacer ejercicio. A las personas de edad, caminar y, a ser posible, acompañadas.

A las embarazadas y a las mujeres durante el puerperio y la lactancia les recomendábamos algo muy elemental: co-madres. Bajar la silla de casa a la puerta del edificio y ponerse a hablar con las demás y, en particular, con mujeres en su misma situación o que ya hayan pasado por esa experiencia. Se sabe que es una de las mejores formas de apoyo a la lactancia: las co-madres. Les decíamos: “No se encierren en su casa... bajen y comuníquense… Aprovechemos el sol mediterráneo”.

Dieron mucha importancia a la escucha, no al síntoma solo...

Nosotros defendemos los “tratamientos integrales adaptados a las necesidades del paciente y su familia en la comunidad (TIANC)”, es decir, la persona y su familia, en su contexto.

¿Qué es lo que más te preocupa actualmente?

La negligencia afectiva con respecto a los niños es de los temas más preocupantes. Que, siendo pueblos como los mediterráneos, especialmente atentos al mundo emocional, no se tengan en cuenta las emociones de los niños, sino las necesidades de los adultos o de un sistema social caduco y que atenta al desarrollo de niños y adultos. Por ejemplo, se están aplicando políticas sociales completamente opuestas al mundo de las emociones en la familia: no fomentando la conciliación entre vida familiar y vida profesional, o no ayudando a las familias más vulnerables... España es de los últimos países de Europa en cuidados a la familia y a la primera infancia, donde menos medios se dedican... No este gobierno, todos los anteriores también.

¿Y hay más...?

También me preocupa que se quiera “profesionalizar” toda la vida de los niños, hasta el extremo de que no pueden jugar ni estar con sus padres... Todo lo hacen con profesionales y, además, se les exige trabajar y estudiar mucho. ¡Pero esa no es la vía! Lo es poder disfrutar de la vida y, además, jugar y aprender: pero la mejor forma de aprender es jugando. La situación es injusta y peligrosa para los niños. Y me preocupa la incompatibilidad de horarios familiares y laborales, que eso es perfectamente cambiable y hay ignorancia e intereses creados para que no se cambie. Y lo peor es que muchos hombres y mujeres creen que lo mejor es que su hijo vaya a la guardería desde los 0 años, o cuanto antes mejor. Y ahora ya se puede decir que eso es una barbaridad científica, pero muchos lo siguen creyendo.