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Paz y Ciencia
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viernes, 14 de octubre de 2022

OSHO. AMOR

 


“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión. El amor se trata de apreciación”. 

El amor es secundario, la meditación es prioritaria

“Sí, me gustaría que te ames a ti mismo, porque a menos que te ames a ti mismo no podrás amar a nadie más. No sabrás qué es el amor si no te has amado a ti mismo. Pero antes de que puedas amarte a ti mismo tienes que conocerte, por tanto el amor es secundario, la meditación es prioritaria.

Y el milagro es, que si meditas y poco a poco sales del ego, fuera de tu personalidad y te das cuenta de tu ser real, el amor vendrá por sí mismo. No tienes que hacer nada, es un florecimiento espontáneo. Pero florecerá solo en cierto clima, y a ese clima lo llamo meditación. En el clima de silencio, de no-mente, sin perturbación interna, de absoluta claridad, paz y silencio, de repente verás que miles de flores se han abierto dentro de ti y su fragancia es amor”.

Osho, The Invitation, charla #30
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El amor es una rosa

“Si quieres realmente conocer el amor, olvídate de él, recuerda la meditación. Si quieres traer rosas a tu jardín, olvídate de las rosas y cuida el rosal. Aliméntalo, riégalo, cuida que reciba la cantidad adecuada de sol y agua. Si todo está cuidado, las rosas tienen que llegar en el momento adecuado. No puedes hacerlas venir antes, no las puedes forzar a abrirse antes y no puedes pedirle a una rosa que sea más perfecta.

¿Alguna vez has visto una rosa imperfecta? ¿Qué más quieres? Cada rosa es perfecta en su singularidad, bailando con el viento, con la lluvia, con el sol. ¿No puedes ver la tremenda belleza, la alegría absoluta? Una pequeña rosa común y corriente irradia el esplendor oculto de la existencia.

El amor es una rosa en tu ser, pero prepara tu ser. Disipa la oscuridad y la inconsciencia. Vuélvete más y más alerta, consciente y el amor vendrá por su propia cuenta, en su propio tiempo. No necesitas preocuparte. Y cuandoquiera que llegue, es siempre perfecto.

El amor es una experiencia espiritual: nada que ver con sexos y nada que ver con cuerpos pero algo que ver con el ser más profundo.

Pero ni siquiera has entrado en tu propio templo. No sabes en absoluto quién eres y estás preguntando por el amor. Primero sé tú mismo, primero conócete a ti mismo y el amor vendrá como recompensa. Es una recompensa del más allá. Te baña con flores, llenando tu ser. Y continúa derramándose sobre ti, y trae consigo un tremendo anhelo de compartir. Ese compartir sólo puede ser señalado en el lenguaje humano como ‘amor’. No dice mucho, pero indica la dirección correcta. El amor es una sombra del estado de alerta, de la consciencia.

Te enseño a ser más consciente. Y el amor vendrá a medida que seas más consciente: es un invitado que llega, que inevitablemente llega a aquellos que están listos y preparados para recibirlo”.

Osho  Satyam Shivam Sundaram – Truth Godliness Beauty, charla #4
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Descubre tu consciencia y encontrarás lo que es el amor

  “El amor necesita una consciencia inmensa. El amor es el encuentro de dos almas y la lujuria es el encuentro de dos cuerpos. La lujuria es animal, el amor es divino. Pero a menos que sepas que eres un alma no podrás entender qué es el amor.

No puedo decirte qué es el amor pero puedo decirte cómo encontrar tu alma. Ese es todo mi trabajo: ayudarte a meditar, ayudarte a estar más consciente, alerta, de modo que poco a poco empieces a ver que no eres sólo un cuerpo, que no eres incluso sólo la mente, que hay algo más oculto detrás de todo, lo cual es tu vida real. Y una vez seas consciente de tu vida real, de tu ser, sabrás que la dicha de ser es tan desbordante que uno quiere compartirla con alguien que sea receptivo, alguien que esté disponible, con alguien que esté listo para abrir su corazón. El encuentro de dos consciencias es el amor. 

Descubre tu consciencia y sabrás lo que es el amor. Es una experiencia y no hay forma de decir nada al respecto más de lo que he dicho. El encuentro de dos consciencias fusionándose entre sí trae el mayor orgasmo que el universo concede.

Pero antes de eso, debes alejarte del cuerpo, la mente y el corazón y llegar al  centro mismo de tu ser.

Una vez que hayas alcanzado el centro de tu ser, encontrarás amor irradiando de ti. No es algo que debas hacer. Será sólo como si el sol hubiera salido y las flores se hubieran abierto y el aire se hubiera llenado con su fragancia.

Es amor es el resultado de la meditación.

Sólo los meditadores saben lo que es el amor”.

Osho,  The Razor’s Edge, charla #15
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sábado, 30 de julio de 2022

VITALISMO

 


Todo lo que es profundo ama la máscara. Friedrich Nietzsche.

@psicoletrazaragoza




Nietzsche

(1844 – 1900)

 

Vitalismo

Se llama vitalista a toda teoría filosófica para la que la vida es irreductible a cualquier categoría extraña a ella misma.

      Este término es poco preciso pues con él nos referimos a teorías filosóficas muy distintas, con el único elemento común de reivindicar la vida como una realidad singular que no puede ser entendida en términos ajenos a ella. Aunque algunos autores señalan la presencia de teorías vitalistas anteriores al siglo XIX, es más común situar estas doctrinas en la segunda mitad de ese siglo y primeras décadas del XX. Centrándonos en este período, podemos establecer dos grandes líneas del vitalismo:

1. El vitalismo en la ciencia con el triunfo de las ciencias naturales, a partir de la Edad Moderna, muchos autores consideraron que los fenómenos vitales podían ser explicados en términos materiales; el punto de vista mecanicista dominante sugería que podemos entender a los seres vivos a partir de la comprensión de los fenómenos fisico-químicos y que la vida no representa un nivel de realidad cualitativamente distinto de la realidad inorgánica. Frente a este punto de vista, algunos biólogos creyeron que existe una diferencia esencial entre los seres orgánicos y los no orgánicos y que los primeros no pueden ser reducidos a los segundos. Estos científicos postularon la existencia de un principio propio en los seres vivos, principio responsable de su comportamiento finalista y de las distintas actividades vitales, por lo que consideraron que los fenómenos vitales no pueden explicarse mediante las leyes de la física y la química. Este principio irreductible a términos mecánicos y fisico-químicos recibió distintos nombres: “fuerza vital” (Claude Bernard, 1813-1878), “fuerza dominante” (Johannes Reinke, 1849-1931), “entelequia” (Hans Driesch, 1867- 1941).

2) El vitalismo en la filosofía en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX encontramos importantes filósofos que desarrollan toda su filosofía a partir de la reflexión relativa a la vida. Dentro de esta línea del vitalismo se suelen distinguir también diversas corrientes en función de su concepto de vida. Es habitual señalar al menos dos formas de entender la vida: la vida en el sentido biológico y la vida en el sentido biográfico e histórico:

  • la vida en el sentido biológico este concepto subraya el papel del cuerpo, los instintos, lo irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia. El vitalismo de Nietzsche se incluye en este grupo;

  • la vida en el sentido biográfico e histórico pero también podemos referirnos a la vida como conjunto de experiencias humanas dadas en el tiempo, tanto en su dimensión personal o biográfico como en su dimensión social o histórica. La filosofía de Ortega y Gasset se incluye en este grupo. Ortega utilizará las categorías de la vida entendida de este modo (vivencia, teoría de las generaciones, perspectiva) para el desarrollo de su filosofía.

 

miércoles, 6 de julio de 2022

NO-DUALIDAD

 




El mensaje de la no-dualidad

Nos pasamos la vida suponiendo, sin cuestionarlo, que la vida está hecha de personas y cosas separadas. En esta separación, nos sentimos "aislados" el uno del otro. También nos sentimos "aislados" de la verdadera felicidad y satisfacción. Esto nos lleva a buscar esta felicidad en el futuro. Intentamos todo, incluyendo terapia, relaciones, éxito material, programas de auto-ayuda, promociones profesionales, religión, drogas y mucho más.

El mensaje de la no-dualidad es que la verda-dera naturaleza de la realidad es no-dual. No-dualidad significa "no dos" (Advaita en sánscrito). Esto quiere decir que no hay separación en la vida. Es sólo nuestra excesiva dependencia de la mente (es decir, el pensamiento dualista) lo que hace que parezca que las cosas existen por separado. Las enseñanzas no-duales nos invitan a ver que no somos personas separadas. No estamos "aislados" de la vida y de los demás. Con esta realización, nuestra búsqueda termina. Nuestro conflicto con los demás se desvanece. A través de la realización no-dual, vivimos la vida totalmente en la simplicidad y la maravilla del momento presente. Ya no tenemos que escudriñar constantemente el pasado para buscar nuestra identidad ni perseguir nuestra felicidad en el futuro.

Las enseñanzas no-duales han existido desde hace miles de años. Son el fundamento de las principales religiones y tradiciones espiruales del mundo. Actualmente, parece que el mensaje de la no-dualidad es liberarse de su historia religiosa. Está siendo reinventado, traducido y adaptado a un lenguaje muy sencillo y simple. Las nuevas enseñanzas están haciendo que la no-dualidad sea accesible a muchas personas. 

"Advaita no es un sistema, una religión
o técnica, tampoco es una filosofía.
Es simplemente la verdad."
- jean klein -

martes, 29 de marzo de 2022

Enrique Rojas

 



«En este artículo no regalo los oídos a nadie. El mejor amor es exigente y lo pide todo. Estos siete puntos son una pedagogía del amor hecha con materiales resistentes, firmes, compactos. No hay amor sin cultura»

El amor en pareja tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica. Pero hay una base que no debemos olvidar: para estar bien con alguien, hace falta estar primero bien con uno mismo. Tener un cierto equilibrio psicológico.

Voy a exponer lo que para mí es la alquimia del amor.

Quiero ir pasando por cada una de estas reglas que propongo:

1. El amor hay que trabajarlo a base de detalles pequeños positivos. Lo pequeño nunca es banal ni insignificante, sino al contrario, tiene un enorme valor, porque hace la vida amable, llevadera. En la psicología moderna se le llama a esto «intercambio de conductas gratificantes», que refuerzan ese amor. Cuidar esos pormenores hace que el amor no tenga fecha de caducidad. Y por el contrario, el descuido sistemático de las cosas menudas en el amor lleva a un cierto abandono, que a la larga es su ruina. Y entra el enemigo mortal, que se lo lleva todo por delante: la rutina.

2. No sacar la lista de agravios del pasado. Este principio es importante. Poner todos los medios para no traer a primer plano el repertorio de reproches, ese inventario de anécdotas negativas que, en momentos de tensión, asoman, piden paso y tienen un efecto destructivo, demoledor. Esa colección de recuerdos malos hay que tenerla encerrada en un cajón bajo llave. El que controla su lengua se controla en un noventa por ciento. Porque el gobierno más importante es el gobierno de uno mismo. Sabiendo que la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Ser capaz de superar las heridas del pasado significa buena inteligencia emocional. El amor se perfecciona con el perdón. Perdonar y olvidar es perdonar dos veces.

3. Evitar discusiones innecesarias. En las parejas que funcionan bien casi no se discute. Se han aprendido unas reglas, mediante las cuales se sabe cuándo uno entra por un vericueto peligroso, que consiste en enzarzarse en un debate que no conduce a ningún lugar positivo. En esos desacuerdos se dicen cosas fuertes y muchas veces las discrepancias no son importantes. Rara vez de una fuerte discusión sale la verdad, pues suele servir más de desahogo y catarsis: quejas, acusaciones, agresiones verbales y por esa rampa deslizante se termina en un avispero de críticas recíprocas… en el que la razón deja paso a la pasión, y a la larga no se olvidan esas palabras duras. Dejan una huella dolorosa y un sabor a derrota.

4. Esforzarse por ir consiguiendo habilidades en la comunicación interpersonal. Aprender a dialogar con respeto y eficacia. Este es un terreno que hay que cultivar con esmero. Me abro paso entre masas de pensamientos, intentando espigar lo esencial de este apartado: cuidar el lenguaje verbal (la magia de las palabras y sus efectos ), el lenguaje no verbal (gestos, ademanes, silencios, etc.) y el lenguaje subliminal ( que se camufla entre los dos anteriores).

También, saber tener el don de la oportunidad, para plantear un problema o algo complicado, buscando el momento más adecuado. El amor es arte y oficio, corazón y cabeza, saber combinar de forma armónica los instrumentos de la razón y las herramientas de la afectividad, a la vez. No conozco nada más complejo que la convivencia en pareja, no hay nada (en mi opinión) que tenga tantas vertientes, matices y laderas, donde uno puede resbalar y tener problemas o roces o enfrentamientos.

5. Haber sabido alcanzar una sexualidad positiva. La sexualidad es el lenguaje del amor comprometido. Y es un idioma íntimo que requiere encontrar sus claves, para que ambos sepan disfrutar de esa gramática misteriosa y concreta. Es la parte física del amor.

Cantidad y calidad o, lo que es lo mismo, frecuencia e intensidad. La sexualidad es un termómetro que mide muchos ingredientes de la vida conyugal: hay comunicación, hay un proyecto de vida en común, capacidad para superar las dificultades de la vida ordinaria, la alegría de sacar adelante a la familia… y un crecimiento equilibrado de los dos con el paso de los años. Todo eso y más se refleja, de alguna manera, aquí.

Las relaciones íntimas desempeñan un papel muy importante y el hecho de que funcionen bien es fruto de aprendizajes sucesivos, de acuerdos y acercamientos. Es la entrega total. Se trata de integrar la sexualidad a ese programa en común. Es una gran sinfonía con cuatro grandes partituras: física, psicológica, cultural y espiritual. Todo junto suma doy a la vez. La ternura es el ungüento del amor.

6. Ahora voy al punto que es fundamento de todo el edificio. Saber que el amor maduro consiste en un tríptico esencial hecho de voluntad, inteligencia y sentimientos. Me explico.

Uno de los grandes errores de la psicología del siglo XX ha sido pensar que el amor es sobre todo un sentimiento y este va y viene y es difícil apresarlo, fijarlo, centrarlo. ¡Qué equivocación tan seria! El amor verdadero es un acto de la voluntad, que significa la determinación de trabajar el amor elegido, poniendo todos los medios a nuestro alcance.

En los amores inmaduros, la voluntad brilla por su ausencia y todo está al pairo de los vientos exteriores. Además, el amor es un acto de la inteligencia, lo que quiere decir, en lenguaje coloquial, saber llevar a esa persona, utilizando la cabeza y la experiencia, pero sin que pierda esa relación frescura y lozanía. Fijarse, tomar nota, aprender de circunstancias complicadas a evitar caminos inadecuados o meterse en complicaciones absurdas. La tercera nota: el amor es de entrada un sentimiento fuerte, de atracción física y psicológica. Los sentimientos son perfectibles y defectibles. Lo que quiere decir que, si uno se afana en mantenerlos y pone esfuerzos repetidos en positivo, se mejoran. Y por el contrario, si se les descuida y se abandonan, va a peor y aparece antes o después el desamor.

7. Para que una pareja marche bien es necesario compartir una espiritualidad vivida. Se mezclan aquí lo natural y lo sobrenatural, lo físico y lo metafísico, lo horizontal y lo vertical.

En una palabra: lo humano y lo divino. Se trata de una filosofía común, un sentido de la vida fuerte, que a la larga va a ser cemento de unión de esa pareja ante los avatares de la vida. Cada uno debe encontrar aquí las mejores respuestas. La cultura y la espiritualidad son la estética de la existencia.

En este artículo no regalo los oídos a nadie. El mejor amor es exigente y lo pide todo. Estos siete puntos son una pedagogía del amor hecha con materiales resistentes, firmes, compactos.

martes, 22 de marzo de 2022

ANTONIN ARTAUD. CARTA AL SALUD

 



Del libro Carta a los poderes, Antonin Artaud


Ni mi grito ni mi fiebre me pertenecen. Esa desintegración de mis fuerzas segundas, de esos elementos disimulados del pensamiento y del alma, concebís acaso su constancia.
Ese algo que está a mitad de camino entre el color de mi atmósfera típica y la punta de mi realidad.
No necesito tanto de un alimento como de una especie de conciencia elemental.
Ese nudo de la vida al que se aferra la emisión del pensamiento. Un nudo de asfixia central.
Posarme simplemente sobre una verdad clara, es decir, que queda sobre un solo filo.
Ese problema de la demacración de mi yo ya no se presenta en su ángulo únicamente doloroso. Siento que nuevos factores intervienen en la desnaturalización de mi vida y que tengo algo así como una nueva conciencia de mi íntimo debilitamiento.
Veo en el hecho de arrojar el dado y de precipitarme en la afirmación de una verdad presentida, por aleatoria que sea, toda la razón de mi vida.
Permanezco durante horas con la impresión de una idea, de un sonido. Mi emoción no se desenvuelve en el tiempo, no se sucede en el tiempo. Los reflujos de mi alma están en perfecto acuerdo con la identidad absoluta del espíritu.
Enfrentar la metafísica que he elaborado para mí en función de esa nada que llevo conmigo.
Ese dolor arraigado en mí como una cuña, en el centro de mi más pura realidad, en ese lugar de la sensibilidad en que los dos mundos del cuerpo y del espíritu se encuentran, me he enseñado a olvidarlos mediante una falsa sugestión.
En el espacio de ese minuto que dura la elucidación de una mentira, me fabrico un pensamiento de evasión, me lanzo sobre una falsa pista señalada por mi sangre. Cierro los ojos de mi inteligencia, y dejando hablar en mí lo formulado, me concedo la ilusión de un sistema cuyos términos me escaparían. Pero de este minuto de error me queda el sentimiento de haber arrebatado a lo desconocido algo real. Creo en los conjuros espontáneos. Sobre las rutas por las cuales me arrastra mi sangre no puede ser que yo no descubra un día una verdad.
La parálisis me invade y me impide cada vez más regresar sobre mí mismo. Ya no tengo punto de apoyo ni base… me busco no sé dónde. Mi pensamiento ya no puede ir allí donde mi emoción y las imágenes que surgen en mí lo empujan. Me siento castrado hasta en mis impulsos mínimos. Termino por ser transparente para mí mismo, a fuerza de renunciamientos en todos los sentidos de mi inteligencia y de mi sensibilidad. Es necesario que se comprenda que es efectivamente el hombre vivo en mí el que está afectado y que esa parálisis que me sofoca está en el centro de mi personalidad habitual y no de mis sentidos de hombre predestinado. Estoy definitivamente del lado de la vida. Mi suplicio es tan sutil, tan refinado como áspero. Me son necesarios esfuerzos insensatos de imaginación, duplicados por el abrazo de esa asfixia sofocante para llegar a PENSAR mi mal. Y si me obstino en esa persecución, en esa necesidad de fijar de una vez por todas el estado de mi ahogo…
Llevo el estigma de una muerte apremiante donde la muerte verdadera no supone terror para mí.
Esas formas aterradoras que avanzan, siento que la desesperación que me traen está viva. Ella se desliza en ese nudo de la vida luego del cual se abren las rutas de la eternidad. Es verdaderamente la separación para siempre. Deslizan su cuchillo hasta ese centro en el que yo me siento hombre, cortan las ataduras vitales que me ligan al sueño de mi lúcida realidad.
El tiempo puede transcurrir y las convulsiones del mundo asolar los pensamientos de los hombres; estoy a salvo de todo pensamiento que penetre en los fenómenos. Que me dejen con mis nubes extinguidas, con mi inmortal impotencia, con mis insensatas esperanzas. Pero que se sepa bien que no abdico de ninguno de mis errores. Si he juzgado mal es culpa de mi carne, pero esas luces que mi espíritu deja filtrar de hora en hora, es mi carne cuya sangre se reviste de reflejos.
Un gran frío.
Una atroz abstinencia.
Los limbos de una pesadilla de huesos y músculos, con la sensación de las funciones estomacales que estallan como una bandera en las fosforescencias de la tormenta.
Imágenes larvarias que se empujan como con el dedo y no tienen relaciones con ninguna material.

No, todos los desgarramientos corporales, todas las disminuciones de la actividad física y esa molestia de sentir que uno depende de su cuerpo, y ese cuerpo mismo cargado de mármol y acostado sobre una mala madera, no igualan la pena que supone estar privado de la ciencia física y del sentido de su equilibrio interior. Que el alma falte a la lengua o la lengua al espíritu y que esa ruptura trace en las llanuras del sentido algo así como un amplio surco de desesperación y de sangre, he aquí la gran pena que socava no la corteza o el armazón sino el TEJIDO de los cuerpos. Hay que perder esa chispa errante la cual uno siente que ERA un abismo que acumula consigo mismo toda la extensión del mundo posible, y la sensación de una inutilidad tal que ella es como el nudo de la muerte. Esta inutilidad es como el color moral de ese abismo y de esa intensa putrefacción, y el color físico es el gusto de una sangre surgiendo a borbotones a través de las aberturas del cerebro.

Es inútil que me digan que esa emboscada la llevo en mí; participo de la vida, represento la fatalidad que me elige y no puede ser que toda la vida del mundo cuente conmigo en un momento dado puesto que por su naturaleza misma ella pone en peligro el principio de la vida.

Hay algo que está por encima de toda actividad humana: es el ejemplo de esa monótona crucifixión, de esa crucifixión donde el alma no acaba nunca de perderse.

Jamás podrá tener alguna precisión esta alma que se ahoga, ya que el tormento que la mata la desencarna fibra por fibra, ocurre por debajo del pensamiento, por debajo de donde puede llegar la lengua, puesto que es la trabazón mismo de lo que la torna y la mantiene espiritualmente aglomerada, la que se rompe a medida que la vida la convoca a la constancia de la claridad. Jamás habrá claridad alguna sobre esa pasión, sobre esa suerte de martirio cíclico y fundamental. Y sin embargo ella vive, pero con una duración de eclipses donde lo que huye se mezcla perpetuamente a lo inmóvil, y lo confuso a esa lengua penetrante de una claridad sin duración. Esta maldición es de una gran enseñanza para las profundidades que ella ocupa, pero el mundo no entenderá su lección.

Cuando me pienso, mi pensamiento se busca en el éter de un nuevo espacio. Estoy en la luna, así como otros están en su balcón. Participo en la gravitación planetaria en las fisuras de mi espíritu.

La vida se va a hacer, los acontecimientos van a sucederse, los conflictos espirituales se resolverán y yo no participaré en ellos. Nada puedo esperar ni de lo físico ni de lo moral. Para mí es el dolor perpetuo y la sombra, la noche del alma, y no tengo voz para gritar.

Dilapidad vuestras riquezas lejos de ese cuerpo insensible al que no afecta ninguna estación, ni espiritual ni sensual.

He elegido el dominio del dolor y la sombra como otros el de irradiación y acumulación de la materia.

No trabajo en la dimensión de un dominio cualquiera.

Trabajo en la única duración.

lunes, 21 de febrero de 2022

KRISHNAMURTI. LIBERTAD


Primero reconocemos que no somos libres en el sentido de que estamos casi completamente condicionados en nuestra acción, pensamiento y sentimiento debido a las experiencias del pasado, a la autoridad, a los sistemas de creencias, al conocimiento acumulado, a las respuestas aprendidas, a los hábitos y patrones, a los instintos, etc. Siendo casi en su totalidad un producto de nuestro medio ambiente y su condicionamiento, quizás no somos más que este mismo condicionamiento. La pregunta que surge es: "¿Es posible estar libre de este condicionamiento, actuar pura y espontáneamente, pensar 'libremente' (es decir, tener 'pensamiento libre'), sentir verdaderamente y actuar en respuesta a lo que se percibe ― y es posible, además, percibir lo que realmente es? Esta pregunta es importante porque debe preceder tanto a la pregunta de lo que es verdad o lo que puede ser conocido y la llegada a cualquier posición moral o ética. (¿Cómo sabemos que esto o aquello es cierto? ¿Sabemos algo en absoluto? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Por qué creemos que esto o aquello es correcto o incorrecto?)

Krishnamurti piensa que hay libertad del condicionamiento, del pasado, de lo conocido, y que esta libertad lo pone a uno en un "espacio" desde el cual se actúa e interactúa espontánea y creativamente con el mundo. Esta libertad también implica el fin del pensamiento, el despertar de la percepción clara y la comprensión de todas las cosas. ¿Exactamente, qué significan estas palabras? ¿Qué implica realmente la libertad, y cómo se puede alcanzar?

En primer lugar, Krishnamurti señala que preguntar "cómo" "implica que alguien le va a ofrecer un método, una receta que, si se pone en práctica, le traerá entendimiento". El "cómo", dice, "es el gran error. Es el factor que separa... si nunca usáramos esa palabra, estaríamos realmente investigando y no buscando un método para lograr un resultado determinado" (86). El error es que estamos creando un estado ideal (el de la libertad) y así nos definimos como estando casi desesperadamente lejos de esta idea. Además, "si uno es capaz de adivinar un resultado, es que ya lo conoce, y por lo tanto está condicionado y no es libre" (86). Pero lo que es más importante, una parte esencial del pensamiento de Krishnamurti es que uno debe pensar por sí mismo, indagar en uno mismo, observarse a sí mismo: no hay camino, ni método, ni práctica, ni gurú. veces importante es ser una luz para sí mismo, ser su propio Maestro y discípulo, ser tanto el profesor como el alumno", ya que obedecer a cualquier autoridad es un caso de condicionamiento.

Aun así, podemos preguntar, ¿qué es la libertad?

Preguntar "cómo" "implica que alguien le va a ofrecer un método, una receta que, si se pone en práctica, le traerá entendimiento". El "cómo", dice, "es el gran error. Es el factor que separa... si nunca usáramos esa palabra, estaríamos realmente investigando y no buscando un método para lograr un resultado determinado" (86). El error es que estamos creando un estado ideal (el de la libertad) y así nos definimos como estando casi desesperadamente lejos de esta idea. Además, "si uno es capaz de adivinar un resultado, es que ya lo conoce, y por lo tanto está condicionado y no es libre" (86). Pero lo que es más importante, una parte esencial del pensamiento de Krishnamurti es que uno debe pensar por sí mismo, indagar en uno mismo, observarse a sí mismo: no hay camino, ni método, ni práctica, ni gurú. "Lo importante es ser una luz para sí mismo, ser su propio Maestro y discípulo, ser tanto el profesor como el alumno", [2] ya que obedecer a cualquier autoridad es un caso de condicionamiento.

Aun así, podemos preguntar, ¿qué es la libertad?

En términos de resistencia, la libertad "es el estado mental en el que no hay ninguna forma de resistencia" (95). Esta resistencia es lo mismo que el apego y la posesividad, pues uno se resiste a la intrusión de otros en aquello que se posee, en aquello a lo que se está apegado. Por ejemplo, el apego a un tipo particular de mineral metálico podría llevar a alguien a luchar y/o matar para lograr y/o mantener la pasión por ese mineral. En esto radica el apego y la resistencia. Del apego surge la dependencia (se aprecia mejor en el ejemplo del apego a la atención de otro ser humano), y "estando apegados tratamos de cultivar un estado de independencia ― que es otra forma de resistencia" (94). Porque "la libertad no es un estado de no-dependencia, es un estado positivo en el que no hay dependencia", y por consiguiente ninguna resistencia (94). Del mismo modo, "la libertad no radica en el desapego. En el proceso de comprender el apego hay libertad, no en huir del apego" (95). Hablando más tarde de la libertad como positiva, Krishnamurti habla sobre la negación:

"La negación total es esa libertad del condicionamiento. Es negar todo lo que consideramos positivo, negar toda aceptación interna de autoridad, negar toda la moralidad social, negar todo lo que se ha dicho o concluido acerca de la realidad, negar toda tradición, toda enseñanza, todo conocimiento excepto el conocimiento técnico, negar toda experiencia, negar todos los compromisos de actuar de una manera en particular, negar todas las ideas, todos los principios, todas las teorías. Tal negación es la acción más positiva, por lo tanto es libertad" (116-7).

 no-dualidad.info

Artículos - J. Krishnamurti

La Libertad según Krishnamurti

Por Alan Gullette
J. Krishnamurti

Discutiré el problema de la libertad y su solución según el pensamiento de Jiddu Krishnamurti.

Primero reconocemos que no somos libres en el sentido de que estamos casi completamente condicionados en nuestra acción, pensamiento y sentimiento debido a las experiencias del pasado, a la autoridad, a los sistemas de creencias, al conocimiento acumulado, a las respuestas aprendidas, a los hábitos y patrones, a los instintos, etc. Siendo casi en su totalidad un producto de nuestro medio ambiente y su condicionamiento, quizás no somos más que este mismo condicionamiento. La pregunta que surge es: "¿Es posible estar libre de este condicionamiento, actuar pura y espontáneamente, pensar 'libremente' (es decir, tener 'pensamiento libre'), sentir verdaderamente y actuar en respuesta a lo que se percibe ― y es posible, además, percibir lo que realmente es? Esta pregunta es importante porque debe preceder tanto a la pregunta de lo que es verdad o lo que puede ser conocido y la llegada a cualquier posición moral o ética. (¿Cómo sabemos que esto o aquello es cierto? ¿Sabemos algo en absoluto? ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Por qué creemos que esto o aquello es correcto o incorrecto?)

Krishnamurti piensa que hay libertad del condicionamiento, del pasado, de lo conocido, y que esta libertad lo pone a uno en un "espacio" desde el cual se actúa e interactúa espontánea y creativamente con el mundo. Esta libertad también implica el fin del pensamiento, el despertar de la percepción clara y la comprensión de todas las cosas. ¿Exactamente, qué significan estas palabras? ¿Qué implica realmente la libertad, y cómo se puede alcanzar?

En primer lugar, Krishnamurti señala que preguntar "cómo" "implica que alguien le va a ofrecer un método, una receta que, si se pone en práctica, le traerá entendimiento" [1]. El "cómo", dice, "es el gran error. Es el factor que separa... si nunca usáramos esa palabra, estaríamos realmente investigando y no buscando un método para lograr un resultado determinado" (86). El error es que estamos creando un estado ideal (el de la libertad) y así nos definimos como estando casi desesperadamente lejos de esta idea. Además, "si uno es capaz de adivinar un resultado, es que ya lo conoce, y por lo tanto está condicionado y no es libre" (86). Pero lo que es más importante, una parte esencial del pensamiento de Krishnamurti es que uno debe pensar por sí mismo, indagar en uno mismo, observarse a sí mismo: no hay camino, ni método, ni práctica, ni gurú. "Lo importante es ser una luz para sí mismo, ser su propio Maestro y discípulo, ser tanto el profesor como el alumno", [2] ya que obedecer a cualquier autoridad es un caso de condicionamiento.

Aun así, podemos preguntar, ¿qué es la libertad?

En términos de resistencia, la libertad "es el estado mental en el que no hay ninguna forma de resistencia" (95). Esta resistencia es lo mismo que el apego y la posesividad, pues uno se resiste a la intrusión de otros en aquello que se posee, en aquello a lo que se está apegado. Por ejemplo, el apego a un tipo particular de mineral metálico podría llevar a alguien a luchar y/o matar para lograr y/o mantener la pasión por ese mineral. En esto radica el apego y la resistencia. Del apego surge la dependencia (se aprecia mejor en el ejemplo del apego a la atención de otro ser humano), y "estando apegados tratamos de cultivar un estado de independencia ― que es otra forma de resistencia" (94). Porque "la libertad no es un estado de no-dependencia, es un estado positivo en el que no hay dependencia", y por consiguiente ninguna resistencia (94). Del mismo modo, "la libertad no radica en el desapego. En el proceso de comprender el apego hay libertad, no en huir del apego" (95). Hablando más tarde de la libertad como positiva, Krishnamurti habla sobre la negación:

"La negación total es esa libertad del condicionamiento. Es negar todo lo que consideramos positivo, negar toda aceptación interna de autoridad, negar toda la moralidad social, negar todo lo que se ha dicho o concluido acerca de la realidad, negar toda tradición, toda enseñanza, todo conocimiento excepto el conocimiento técnico, negar toda experiencia, negar todos los compromisos de actuar de una manera en particular, negar todas las ideas, todos los principios, todas las teorías. Tal negación es la acción más positiva, por lo tanto es libertad" (116-7).

Esta negación es necesaria. Si la mente no puede "negar todo lo que ha conocido, el contenido total de su propio ser consciente e inconsciente, que es su esencia misma", entonces, "no hay libertad". Porque "la libertad no es liberarse de algo ― eso es solo una reacción; la libertad viene en la negación absoluta" (118).

Lo conocido ― ¿qué es eso? Es todo ― en la medida en que lo conocemos. Es el pasado. "El pasado es todos nuestros recuerdos acumulados. Estos recuerdos actúan en el presente y crean nuestras esperanzas y temores del futuro" (41). El pasado no es real, tampoco el futuro, solo el presente, que no somos libres de presenciar de manera genuina debido a la imposición de preconcepciones y creencias, la ilusión del reconocimiento, las respuestas involuntarias de la memoria. "Liberarse del pasado significa vivir en el ahora que no es del tiempo" y "en el que solo existe este movimiento de libertad, intacto por el pasado, por lo conocido" (41). Lo conocido, el pasado, no es más que el yo, el "mí" que es creado por el pensamiento. La libertad es (liberarse) "del yo" que depende del medio ambiente y es el producto del medio ambiente ― el "yo" que la sociedad y el pensamiento crean" (134). Sin embargo, es el "yo" el que quiere ser libre: "El factor mismo del condicionamiento en el pasado, en el presente y en el futuro, es el "yo" que piensa en términos de tiempo, el "yo" que se esfuerza; y ahora se esfuerza en la exigencia de ser libre; de modo que la raíz de todo condicionamiento es el pensamiento que es el "yo", y si no hay "yo" no estás condicionado, lo que significa que eres nada" (113-4). Entonces el deseo de ser libre, el deseo de negar y rechazar lo conocido, debe ser en sí negado. Cuando solo hay lo desconocido, cuando no hay reconocimiento, cuando  estás ausente, no hay nada. La libertad del condicionamiento y de lo condicionado es "claridad, la luz que no está iluminada por el pasado" (134). Con esta claridad, vemos lo que es y actuamos en una consonancia completamente armoniosa.

Permítanme citar una fuente bastante curiosa para avanzar hacia una mejor comprensión de lo conocido y lo desconocido, la claridad, la imposición del pasado de preconcepciones y creencias y, por lo tanto, de la libertad:

Hablábamos de creencias, creencias y condicionamiento. Toda creencia posiblemente podría decirse que es el resultado de algún condicionamiento. Así, el estudio de la historia es simplemente el estudio de un sistema de creencias que depone otro y así sucesivamente, sin parar.

Una creencia psicológicamente probada de nuestro tiempo es que el sistema nervioso central, que transmite sus impulsos directamente al cerebro (el consciente y el inconsciente), es incapaz de discernir entre la experiencia real y la vívidamente imaginada ― si es que hay una diferencia, y la mayoría de nosotros creemos que la hay.

¿Estoy siendo claro? Porque examinar estos conceptos requiere una tremenda energía y disciplina. Para experimentar el AHORA sin preconcepción o creencia, para que lo desconocido ocurra y ocurra requiere de claridad; porque donde hay claridad no hay elección, y donde hay elección, hay miseria. Pero, ¿por qué alguien me escucharía, o por qué hablo?, ¡si no sé nada! [3]

Experimentar nada, conocerla, es muy importante tanto en el budismo zen como en el misticismo occidental (el concepto das Nichts de Heidegger y le Néant de Sartre son algo diferentes) como lo es en Krishnamurti ― ver arriba, donde la ausencia de "yo" es ser nada. En otro sentido, no saber (saber nada) tiene igual significado en Krishnamurti. Él distingue entre el conocimiento y el aprendizaje, entre conocer y comprender. "Conocer está siempre relacionado con el pasado y por lo tanto le une a usted al pasado, a diferencia del conocer la comprensión no es una conclusión, no es acumulación" (101). Una vez más, "el conocimiento es acumulación, conclusiones, fórmulas, pero el aprendizaje es un movimiento constante, un movimiento sin centro, sin principio ni fin" (61). Aquí, el centro es el yo, "mí". La comprensión es "atención" y "cuando usted atiende completamente usted comprende" (101). Cuando no hay conocer, no hay ni lo conocido ni el conocedor, solo lo desconocido, lo real.

Krishnamurti introduce el amor en su terminología, aunque, por supuesto, lo que está diciendo es más que solo palabras. "Donde hay libertad, hay amor. Esta libertad y amor le muestran a usted cuándo cooperar y cuando no cooperar. Esto no es un acto de elección, porque la elección es el resultado de la confusión" (72). Recuerda que donde hay elección, hay miseria, y la elección no es cuando la claridad es. La libertad, el amor, la claridad permiten una acción sin elección ― una acción sin actor, sin un centro, que elige basado en el condicionamiento. Krishnamurti habla también de "sensibilidad, conciencia sin elección, inteligencia" (80), y del conocimiento de sí mismo que consiste en "conocerse a uno mismo sin acumulación, en la relación, momento a momento", lo que significa "que uno debe ser consciente, sin ninguna elección, de lo que realmente está ocurriendo". Continúa diciendo que esto es "vernos a nosotros mismos como somos, sin el opuesto, sin ideal, sin el conocimiento de lo que uno ha sido... El desprendimiento del pasado cada vez que uno se ve a sí mismo es la libertad del pasado". Este auto-conocimiento, estrictamente hablando, no es conocimiento sino auto-comprensión, y "esta comprensión se ilumina a sí misma todo el tiempo". (84). Actuar sin elección, actuar libremente, es la acción correcta. Actuar desde el estado de la "inteligencia, la inocencia, el amor", desde la comprensión, es "tener dentro de sí esa luz que no tiene principio ni fin, que no es iluminada por su deseo, que no es suya ni de nadie más... Cuando hay esta luz interior, cualquier cosa que haga siempre será correcta y verdadera" (136). Esta luz "es inteligencia y amor. Es la negación del desorden de la moralidad en el que hemos sido educados". La luz solo se puede tener "cuando usted realmente muere al pasado completamente" (136), y "cuando el 'yo' no está. El 'yo' llega a su fin cuando ve por sí mismo que debe terminar; el ver es la luz de la comprensión" (137).

La acción adecuada, la acción correcta, es por supuesto un punto importante que abordar. El acto incondicionado es espontáneo, puro, y debe provenir de un estado o de un "espacio" de entendimiento o "claridad". Uno ve claramente que esto o aquello es la acción correcta, la única acción. De hecho, no hay ningún "yo" en este estado, tampoco hay ningún ver la acción como buena o mala, correcta o incorrecta ― no hay un ver la acción antes de que se lleve a cabo, porque no hay elección; solo hay la acción, y hay consciencia de la acción. Cuando el actor, el observador, cesa, solo el acto permanece, y el estado de conciencia en el que se encuentra es bastante diferente a los estados normales de consciencia. La mente que se ha vaciado del pasado, de "mí", que ha negado todas las "trampas" (como la respuesta condicionada), "esa mente tiene una cualidad diferente, una dimensión diferente de conciencia. Esta conciencia no es consciente de que es consciente". Esto es muy importante. "Esta nueva cualidad de conciencia es atención, y en esta atención no hay ninguna frontera construida por el 'mí'" (7). Sin un yo, no hay auto-consciencia. Solo hay la consciencia que existe aparentemente como una cualidad de lo que existe, de lo que es (aquí nos acercamos a Sartre). El paralelismo con el zen es más notable. "Tu mente es la mente del hombre; tu consciencia es la totalidad del hombre" (105). "La consciencia es la totalidad del hombre y no pertenece a ningún hombre en particular" (106). Esta mente superior está cerca de la idea de Mente o naturaleza de Buda en el zen. Wu-hsin es no-mente y wu-nien es no-pensamiento, y tanto la mente (en el sentido de la mente individual) como el pensamiento (como veremos) cesan en Krishnamurti. En otra parte, Krishnamurti habla acerca de la "percepción clara, de ver las cosas como son, no emocionalmente, no sentimentalmente" (21), y de "ver las cosas exactamente como son" (141), ver "el mundo realmente como es" (23), que no es nada más que el concepto zen de Prajna (sabiduría) como la habilidad de ver tathata (talidad), las cosas tal y como son. Recordemos también lo que mencionamos anteriormente acerca del vacío y la nada, aunque los roles de estos son algo diferentes en el zen. Y aunque mi tesis no es una demostración de paralelismo entre Krishnamurti y el zen, mi objetivo es llegar a la comprensión de la libertad en Krishnamurti, y esto implica, en parte, la comparación con otros sistemas de pensamiento.

Aclaremos lo que son la inteligencia y la atención, ya que esta conciencia atenta que no es auto-reflexiva es (obviamente) importante para cualquier comprensión de la naturaleza de la consciencia y, por lo tanto, es importante para la comprensión de la naturaleza de la realidad. ¿Qué es la mente atenta? Es no-mente, como lo indican estas líneas de Zenrin:

Los gansos salvajes no tienen intención de proyectar su reflejo; el agua no tiene mente para aceptar su imagen.

Krishnamurti habla de una mente "silenciosa". "La percepción solo es posible desde el silencio, no desde una mente parlanchina... es solo una mente silenciosa la que ve" (80). Cuando la mente está en silencio, "la percepción, que es inteligencia, está operando entonces, no la suposición de que uno debe estar en silencio para poder ver... Ver es atención" (80). Cuando la mente deja de tener un "centro" entonces su actividad no es egocéntrica (o centrada en absoluto) sino libre: "la mente funciona en libertad" (97). La mente debe cambiar, debe perder su centro, para poder ver. "Una mente nublada por el miedo o por la creencia es incapaz de tener ninguna comprensión, de captar nada que sea verdadero" (101). La creencia "proviene del miedo y es lo más destructivo que hay. Por eso uno debe estar libre de miedo y de la creencia" (100). "Comprender es atención", y "para comprender lo que es debe haber libertad, no solo de lo conocido sino también del miedo a lo conocido y del miedo a lo desconocido" (101). Puesto que el funcionamiento normal de la mente es desde el "yo", hay creencia y lo conocido y miedo de dejar de ser, de modo que la mente debe estar en silencio para que haya libertad y debe haber libertad para que haya comprensión. Porque la mente, como la entendemos normalmente, "es pensamiento" y "toda la actividad del pensamiento es separación, fragmentación" (87). "La mente es fragmentación" (31). Mientras usemos esta mente "vivimos en los símbolos" más que en el mundo real: "somos incapaces de una percepción directa e inmediata sin símbolos, palabras, prejuicios y conclusiones" pues esta percepción incompleta "es parte de la actividad centrada en el yo con sus defensas, resistencias, evasiones y temores" (103). El pensamiento es por naturaleza divisivo (74) en el sentido de que crea el "yo", el "mí", como un centro, como acumulación de conocimiento, desde el cual se actúa. Este "yo" es "la esencia misma del pasado y el pasado incide en el presente y también en el futuro", como hemos visto. Y es así que la división tiene lugar (144). Donde hay un centro hay un actor y un acto. El pensamiento crea al pensador. En esta división surge el conflicto, el cual desperdicia energía, de modo que cuando hay conciencia (no-reflexiva) no hay conflicto porque no hay división porque no hay ningún centro. (141), por lo tanto hay una energía que "puede eliminar el pasado" en un silencio que es "infinito" y pleno (111). La acción que se da desde el centro no es sin elección, porque hay voluntad", "que es violencia" (62). El centro, al ser fragmentario, no es inteligencia, y "la comprensión fragmentaria es lo más peligroso y destructivo que hay" debido a su actividad de fragmentación (78).

El aprendizaje solo es posible sin el centro: "este aprendizaje es observación ― observar sin acumulación, observar en libertad" (124). Porque, recuerden, la acumulación es lo que produce el centro. El aprendizaje solo es posible cuando hay libertad ― completa y total libertad (146). Aprender "es ser sensible a uno mismo y al mundo que le rodea, porque uno es el mundo... Esta sensibilidad es la más alta forma de inteligencia" (62). Aprender es ser sensible, es inteligencia, y uno debe ser libre para aprender. La libertad es de lo conocido, del pasado, del centro que forma el pensamiento. El centro engendra división y es división, y la división es conflicto, y el conflicto es dolor, infelicidad y sufrimiento. "Una vida de conflicto no es una vida religiosa. Una vida religiosa solo es posible cuando entendemos profundamente el conflicto. Este entendimiento es inteligencia" (40). Poner fin al conflicto es perder el centro, tener libertad. Pero "poner fin al conflicto es una de las cosas más complejas, requiere auto-observación y la sensibilidad de ser consciente de lo exterior tanto como de lo interior. El conflicto solo puede terminar cuando se comprende la contradicción en uno mismo. Esta contradicción siempre existirá si no hay libertad de lo conocido, que es el pasado" (40-1). Para ser conscientes del "movimiento del pasado", la mente, tiene que estar libre de éste; pero la conciencia debe ser sin elección "porque la elección es, a su vez, parte del mismo movimiento del pasado" - "observar sin la imagen del pensamiento es una acción en la cual el pasado ha cesado" (41). Siendo sensibles, estando atentos, sin un yo, siendo inteligentes, libres de pensamientos, somos religiosos. "Ser religioso significa ser tan consciente sin elección alguna que lo conocido no interviene, aun cuando lo conocido actúe donde y cuando tenga que hacerlo" (41). Esto significa ir más allá del pensamiento y la mente y seguir siendo capaz de actuar de una manera sana, de vivir en el mundo que es creado por la mente. Esta es la comprensión del pensamiento y la mente: la verdadera religión es "reunir toda la energía para averiguar cuál es el lugar del pensamiento, cuáles son sus limitaciones, e ir más allá de él." [4] La mente es pensamiento, y el problema es, pues, con la mente. "Llegar a este punto no teóricamente, sino verlo en realidad es la forma más alta de inteligencia." Calmar la mente, el cerebro, es estar completamente despierto, y "cuando el cerebro está completamente despierto no hay fragmentación, ni separación, ni dualidad.... Esta quietud es la más alta forma de inteligencia " (87). Y la inteligencia no le pertenece a nadie, "es completa e inmaculada", "desafía la descripción" y "no tiene cualidades". "Esto es conciencia, esto es atención, esto es amor, esto es lo supremo" (88).

La inteligencia nos permite actuar correctamente. Ya que "nosotros" no somos, solo la inteligencia actúa (40). "Esta acción de ver sin elección es la acción del amor. La vida religiosa es esa acción, todo vivir es esa acción y la mente religiosa es esa acción. Por lo tanto la religión, la mente, la vida y el amor son uno" (42). Este tipo de ecuación en forma generalizada es inevitable en una visión no dualista de la vida. Todo, entonces, es acción, movimiento. El aprender, dice Krishnamurti "es su propia acción". "Puede haber un actuar en el mismo momento de aprender. Es decir, aprender es actuar" (144). Esta acción es acción pura, verdadera, correcta, es acción perfecta. La verdadera acción "no es una acción acorde a una idea "[5]. "Si es imaginaria, personal, de acuerdo con una idea o concepto, deja de ser una acción correcta"[6]. Esta es solo una acción del centro que, creada por el pensamiento fragmentario, es un fragmento, como todo lo creado por el pensamiento ― religión, creencia, ideología, incluso el "mundo". "Si esto es visto de inmediato, muy claramente, entonces seremos capaces de descubrir qué es la acción correcta y precisa en la que no hay imaginación, ni pretensión, nada más que lo real"[7]. La acción con idea es esfuerzo, lucha, devenir, lo que crea un actor y un resultado final. Cuando no hay final, no hay propósito ― solo acción, puramente actuar ― no hay actor, ningún centro al que se vincule la acción. Este nuevo estado de acción es un estado de experimentar "sin experiencia ni experimentador. Esto es acción atenta, sin auto-consciencia, sin yo. Es experiencia porque hay consciencia (aunque no es reflexiva) del movimiento de la vida, que es acción. La actividad sin centro es cuando el actor deja de ser y simplemente fluye con lo que es. Solo cuando hay amor cesan las ideas, y entonces hay acción verdadera.

¿Y qué es el amor? "El pensamiento no es amor" (75). "La libertad es amor", y la libertad "viene con la comprensión de toda la estructura y naturaleza del centro" (75). El amor solo viene cuando hay abandono ― "el sentido de no ser coartado, de no tener ninguna restricción, ni ninguna resistencia", que es meramente libertad. "Solo tiene amor quien se abandona a sí mismo, quien se olvida de sí mismo por completo y, por lo tanto, facilita el estado de belleza creativa". Sin embargo, la austeridad es necesaria para evitar que esta libertad sea caótica. La austeridad es ser simple, satisfacerse con poco, es "cuando la mente es capaz de experimentar infinitamente ― cuando tiene experiencia, y sin embargo permanece muy simple", cuando no deviene en nada sino simplemente es. Esta acción incausada es acción incondicionada. "El amor es lo único que es sin causa, que es libre; es belleza, es destreza, es arte, y sin amor no hay arte... El arte es la ausencia del 'yo'" así como "la destreza en acción es la ausencia del 'yo'". La ausencia del 'yo' en el vivir es amor y belleza, lo cual genera su propia destreza. Este es el arte supremo: vivir con destreza en todo el campo de la vida" (92).

El amor es libertad, libertad de uno mismo o de "mí", y vivir libremente es una vida hermosa. Sin embargo, ¿cómo estar libres de nosotros mismos, de nuestro condicionamiento, de nuestro pasado, de nuestra memoria, de nuestro pensamiento ― dándonos cuenta de que "cómo" es el camino equivocado para formular esta pregunta? Esto es muy sencillo: comprender que el "yo" es "la acción del corazón y la mente humanos", es "tanto lo colectivo como lo individual" ― darse cuenta de de él es comprenderlo, y comprenderlo es eliminarlo" (139). "El 'yo' termina cuando él mismo se da cuenta de que debe terminar" (137). "Al ver la verdad de la naturaleza del pensamiento y sus actividades, el pensamiento se calma" (33). "Ir más allá del pensamiento es conocer lo que es el pensamiento" (150). La comprensión viene de la atención, y cuando uno atiende a su "uno", a su aparente uni-dad, a su "yo" o "mí", entonces este "yo" se esfuma. El "yo" es solo la creación del pensamiento: tú solo piensas que "tú" eres. Observar es aprender, un aprender que "exige inteligencia y sensibilidad", un aprender que es su propia acción y disciplina, que es libertad (61). La disciplina es necesaria, sin embargo no la disciplina de practicar el ejercicio formal, que solo asfixia y aburre. Observar la mente en silencio "exige realmente una tremenda vigilancia y disciplina, el tipo de observación que trae su propia disciplina" (149). Esta vigilancia, atención, sensibilidad es la inteligencia que nos libera de nuestros centros artificiales, trayendo amor, belleza y unidad, y permite que la acción sea pura y que la percepción y el ver sean directos.

Todo esto suena muy bien, ¿no? La pregunta, "¿Es esta libertad y el resto posible?" es una pregunta natural, y parece que la respuesta sería, "Usted tiene que experimentar esta libertad por sí mismo para conocer la respuesta". Pero, el "yo" y "usted mismo" no puede experimentar lo que hemos hablado. No existe tal experiencia, en la medida en que la experiencia tiene un experimentador ― en la medida en que la experiencia es "como la conocemos". Todo debe cesar, sin que quede nada por ser experimentado. Pues lo que pensamos que es "todo" no es nada en absoluto, y lo que creemos que es "nada" lo que queda es realmente todo. En la medida en que "nosotros" podamos conocer y en la medida en que "nosotros" conozcamos, no hay ninguna realidad. Es precisamente por eso que la experiencia de libertad completa ― esta negación de todo, incluyendo al experimentador ― es tan terriblemente difícil. Para citar al maestro zen Huang-po:

Los hombres temen olvidar sus propias mentes, por miedo de caer en el vacío sin nada de donde agarrarse. Ignoran que el vacío no es realmente el vacío sino el verdadero reino del Dharma".

El Dharma es la Verdad.