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Paz y Ciencia
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jueves, 19 de agosto de 2021

Umberto Eco: Sobre el fascismo




El término «fascismo» se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre podremos reconocerlo como fascista. Quítenle al fascismo el imperialismo y obtendrán a Franco o Salazar; quítenle el colonialismo y obtendrán el fascismo balcánico. Añádanle al fascismo italiano un anticapitalismo radical (que nunca fascinó a Mussolini) y obtendrán a Ezra Pound. Añádanle el culto la mitología celta y el misticismo del Grial (completamente ajeno al fascismo oficial) y obtendrán uno de los gurús fascistas más respetados, Julius Evola. A pesar de esta confusión, considero que es posible indicar una lista de características típicas de lo que me gustaría denominar «Ur-Fascismo», o «fascismo eterno». Tales características no pueden quedar encuadradas en un sistema; muchas se contradicen mutuamente, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para hacer coagular una nebulosa fascista. 

1. La primera característica de un Ur-Fascismo es el culto de la tradición. El tradicionalismo es más antiguo que el fascismo. No fue típico sólo del pensamiento contrarrevolucionario católico posterior a la Revolución Francesa, sino que nació en la edad helenística tardía como reacción al racionalismo griego clásico. En la cuenca del Mediterráneo, los pueblos de religiones diferentes (aceptadas todas con indulgencia por el Olimpo romano) empezaron a soñar con una revelación recibida en el alba de la historia humana. Esta revelación había permanecido durante mucho tiempo bajo el velo de lenguas ya olvidadas. Estaba encomendada a los jeroglíficos egipcios, a las runas de los celtas, a los textos sagrados, aún desconocidos, de algunas religiones asiáticas. Esta nueva cultura había de ser sincrética. «Sincretismo» no es sólo, como indican los diccionarios, la combinación de formas diferentes de creencias o prácticas. Una combinación de ese tipo debe tolerar las contradicciones. Todos los mensajes originales condenen un germen de sabiduría y, cuando parecen decir cosas diferentes o incompatibles, lo hacen sólo porque todos aluden, alegóricamente, a alguna verdad primitiva. Como consecuencia, ya no puede haber avance del saber. La verdad ya ha sido anunciada de una vez por todas, y lo único que podemos hacer nosotros es seguir interpretando su oscuro mensaje. Es suficiente mirar la cartilla de cualquier movimiento fascista para encontrar a los principales pensadores tradicionalistas. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos. La fuente teórica más importante de la nueva derecha italiana, Julius Evola, mezclaba el Grial con los Protocolos de los Ancianos de Sión, la alquimia con el Sacro Imperio Romano. El hecho mismo de que, para demostrar su apertura mental, una parte de la derecha italiana haya ampliado recientemente su cartilla juntando a De Maistre, Guénon y Gramsci es una prueba fehaciente de sincretismo. Si curiosean ustedes en los estantes que en las librerías americanas llevan la indicación New Age, encontrarán incluso a San Agustín, el cual, por lo que me parece, no era fascista. Pero el hecho mismo de juntar a San Agustín con Stonehenge, esto es un síntoma de Ur-Fascismo. 

2. El tradicionalismo implica el rechazo del modernismo. Tanto los fascistas como los nazis adoraban la tecnología, mientras que los pensadores tradicionalistas suelen rechazar la tecnología como negación de los valores espirituales tradicionales. Sin embargo, a pesar de que el nazismo estuviera orgulloso de sus logros industriales, su aplauso a la modernidad era sólo el aspecto superficial de una ideología basada en la «sangre» y la «tierra» (Blut und Boden). El rechazo del mundo moderno se camuflaba como condena de la forma de vida capitalista, pero concernía principalmente a la repulsa del espíritu del 1789 (o del 1776, obviamente). La Ilustración, la edad de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna. En este sentido, el Ur-Fascismo puede definirse como «irracionalismo». 

3. El irracionalismo depende también del culto de la acción por la acción. La acción es bella de por sí, y, por lo tanto, debe actuarse antes de y sin reflexión alguna. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas. Desde la declaración atribuida a Goebbels («cuando oigo la palabra cultura, echo la mano a la pistola») hasta el uso frecuente expresiones como «cerdos intelectuales», «estudiante cabrón, trabaja de peón», «muera la inteligencia», «universidad, guarida de comunistas», la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de Ur-Fascismo. El mayor empeño de los intelectuales fascistas oficiales consistía en acusar a la cultura moderna y a la intelligentsia liberal de haber abandonado los valores tradicionales.

4. Ninguna forma de sincretismo puede aceptar el pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir es señal de modernidad. En la cultura moderna, la comunidad científica entiende el desacuerdo como instrumento de progreso de los conocimientos. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.  

5. El desacuerdo es, además, un signo de diversidad. El Ur-Fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo de la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Ur-Fascismo es, pues, racista por definición.  

6. El Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Lo cual explica por qué una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas, por alguna crisis económica o humillación política, asustadas por la presión de los grupos sociales subalternos. En nuestra época, en la que los antiguos «proletarios» se están convirtiendo en pequeña burguesía (y los lumpen se autoexcluyen de la escena política), el fascismo encontrará su público en esta nueva mayoría. 

7. A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del «nacionalismo». Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos. De esta forma, en la raíz de la psicología Ur-Fascista está la obsesión por el complot, posiblemente internacional. Los secuaces deben sentirse asediados. La manera más fácil para hacer que asome un complot es apelar a la xenofobia. Ahora bien, el complot debe surgir también del interior: los judíos suelen ser el objetivo mejor, puesto que presentan la ventaja de estar al mismo tiempo dentro y fuera. En América, el último ejemplo de la obsesión del complot está representado por el libro The New World Order de Pat Robertson. 

8. Los secuaces deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos. Cuando era niño, me enseñaban que los ingleses eran el «pueblo de las cinco comidas»: comían más a menudo que los italianos, pobres pero sobrios. Los judíos son ricos y se ayudan mutuamente gracias a una red secreta de recíproca asistencia. Los secuaces, con todo, deben estar convencidos de que pueden derrotar a los enemigos. De este modo, gracias a un continuo salto de registro retórico, los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y demasiado débiles. Los fascismos están condenados a perder sus guerras, porque son incapaces constitucionalmente de valorar con objetividad la fuerza del enemigo. 

9. Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más bien, «vida para la lucha». El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente. Esto, sin embargo, lleva consigo un complejo de Harmaguedón: puesto que los enemigos deben y pueden ser derrotados, tendrá que haber una batalla final, de resultas de la cual el movimiento obtendrá el control del mundo. Una solución final de ese tipo implica una sucesiva era de paz, una Edad de Oro que contradice el principio de la guerra permanente. Ningún líder fascista ha conseguido resolver jamás esta contradicción. 

10. El elitismo es un aspecto típico de toda ideología reaccionaria, en cuanto fundamentalmente aristocrático. En el curso de la historia, todos los elitismos aristocráticos y militaristas han implicado el desprecio por los débiles. El Ur-Fascismo no puede evitar predicar un «elitismo popular». Cada ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los ciudadanos mejores, cada ciudadano puede (o debería) convertirse en miembro del partido pero no puede haber patricios sin plebeyos. El líder, que sabe perfectamente que su poder no lo ha obtenido por mandato, sino que lo ha conquistado con la fuerza, sabe también que su fuerza se basa en la debilidad de las masas, tan débiles que necesitan y se merecen un «dominador». Puesto que el grupo está organizado jerárquicamente (según un modelo militar), todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y cada uno de ellos desprecia a sus inferiores. Todo ello refuerza el sentido de un elitismo de masa.  

11. En esta perspectiva, cada uno está educado para convertirse en un héroe. En todas las mitologías, el «héroe» es un ser excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo es la norma. Este culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte: no es una coincidencia que el lema de los falangistas fuera «¡Viva la muerte!». A la gente normal se le dice que la muerte es enojosa, pero que hay que encararla con dignidad; a los creyentes se les dice que es una forma dolorosa de alcanzar una felicidad sobrenatural. El héroe Ur-Fascista, en cambio, aspira a la muerte, anunciada como la mejor recompensa de una vida heroica. El héroe Ur-Fascista está impaciente por morir, y en su impaciencia, todo hay que decirlo, más a menudo consigue hacer que mueran los demás. 

12. Puesto que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar, el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Éste es el origen del machismo (que implica desdén hacia las mujeres y una condena intolerante de costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad). Y puesto que también el sexo es un juego difícil de jugar, el héroe Ur-Fascista juega con las armas, que son su Ersatz fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente.  

13. El Ur-Fascismo se basa en un «populismo cualitativo». En una democracia los ciudadanos gozan de derechos individuales, pero el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político desde el punto de vista cuantitativo (se siguen las decisiones de la mayoría). Para el Ur-Fascismo los individuos en cuanto individuos no tienen derechos, y el «pueblo» se concibe como una cualidad, una entidad monolítica que expresa la «voluntad común». Puesto que ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad común, el líder pretende ser su intérprete. Habiendo perdido su poder de mandato, los ciudadanos no actúan, son llamados sólo pars pro toto a desempeñar el papel de pueblo. El pueblo, de esta manera, es sólo una ficción teatral. Para poner un buen ejemplo de populismo cualitativo, ya no necesitamos Piazza Venezia o el estadio de Nuremberg. En nuestro futuro se perfila un populismo cualitativo Televisión o Internet, en el que la respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos puede ser presentada o aceptada como la «voz del pueblo». En razón de su populismo cualitativo, el Ur-Fascismo debe oponerse a los «podridos» gobiernos parlamentarios. Una de las primeras frases pronunciadas por Mussolini en el parlamento italiano fue: «Hubiera podido transformar esta aula sorda y gris en un xivac para mis manipulas». De hecho, encontró inmediatamente un alojamiento mejor para sus manípulos, pero poco después liquidó el parlamento. Cada vez que un político arroja dudas sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la «voz del pueblo», podemos percibir olor de Ur-Fascismo. 

14. El Ur-Fascismo habla la «neolengua». La «neolengua» fue inventada por Orwell en 1984, como lengua oficial del Ingsoc, el socialismo inglés, pero elementos de Ur-Fascismo son comunes a formas diversas de dictadura. Todos los textos escolares nazis o fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la finalidad de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico. Pero debemos estar preparados para identificar otras formas de neolengua, incluso cuando adoptan la forma inocente de un popular reality-show. 

Después de haber indicado los posibles arquetipos del Ur-Fascismo, concédanme que concluya. La mañana del 27 de julio de 1943 me dijeron que, según los partes leídos por radio, el fascismo había caído y Mussolini había sido arrestado. Mi madre me mandó a comprar el periódico. Fui al quiosco más cercano y vi que los periódicos estaban, pero los nombres eran diferentes. Además, después de una breve ojeada a los títulos, me di cuenta de que cada periódico decía cosas diferentes y compré uno al azar, y leí un mensaje impreso en la primera página firmado por cinco o seis partidos políticos, como Democracia Cristiana, Partido Comunista, Partido Socialista, Partido de Acción, Partido Liberal. Hasta aquel momento yo creía que había un solo partido por cada país, y que en Italia sólo existía el Partido Nacional Fascista. Estaba descubriendo que en mi país podía haber diferentes partidos al mismo tiempo. No sólo esto: puesto que era un chico listo, me di cuenta enseguida de que era imposible que tantos partidos hubieran surgido de un día para otro. Comprendí, así, que ya existían como organizaciones clandestinas. El mensaje celebraba el final de la dictadura y el regreso de la libertad: libertad de palabra, de prensa, de asociación política. Estas palabras, «libertad», «dictadura» —Dios mío— era la primera vez en mi vida que las leía. En virtud de estas nuevas palabras yo había renacido hombre libre occidental. Debemos prestar atención a que el sentido de estas palabras no se vuelva a olvidar. El Ur-Fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces con trajes de civil. Sería muy cómodo, para nosotros, que alguien se asomara a la escena del mundo y dijera: «¡Quiero volver a abrir Auschwitz, quiero que las camisas negras vuelvan a desfilar solemnemente por las plazas italianas!». Por desgracia, la vida no es tan fácil. El Ur-Fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo. Vuelvo a darle la palabra a Roosevelt: «Me atrevo a afirmar que si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestro país» (4 de noviembre de 1938).



Libertad y liberación son una tarea que no acaba nunca. Que éste sea nuestro lema: «No olvidemos». Y permítanme que acabe con una poesía de Franco Forfini: 

En el pretil del puente

las cabezas de los ahorcados.

En el agua de la fuente

las babas de los ahorcados.

En el enlosado del mercado

las uñas de los fusilados.

En la hierba seca del prado

los dientes de los fusilados.

Morder el aire morder las piedras

nuestra carne no es ya de hombres.

Morder el aire morder las piedras

nuestro corazón no es ya de hombres.

Pero nosotros lo leímos en los ojos de los muertos

y en la tierra haremos libertad

pero apretaron los puños de los muertos

la justicia que se hará.

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Discurso pronunciado por Umberto Eco el 24 de abril de 1995 en la Universidad de Columbia, Nueva York, recogido después en Cinco escritos morales (Penguin Random House, 2010) y en Contra el fascismo (Lumen, 2018).

Traducción: Helena Lozano Miralles. 

miércoles, 7 de abril de 2021

Carlos Castilla del Pino: un psiquiatra en la RAE

 


Antes de que las universidades se convirtieran en un lugar de lectura de manuales y libros propios, es decir, de síntesis de ideas ajenas y de redundancia de las propias, se trataba de hacer llegar a los alumnos lo último que el conocimiento activo lanzaba a la discusión. Para mí, Carlos Castilla del Pino está vinculado con La incomunicación, una obra que tuvo repercusión en un momento en que se analizaban los mecanismos comunicativos sin que se hubiera acuñado la expresión “Sociedad de la información”. La leía como alumno de primer curso cuando apenas lleva algún tiempo en la calle y se debatía en las clases. ¡Felices tiempos aquellos en que leíamos tinta fresca!
La preocupación por la comunicación y la incomunicación era —mirando hacia atrás— una constante de la época, algo que podía percibir directamente en la época. Lo encontrabas, por ejemplo, en el cine de un Antonioni o de un Bergman, cuando diseccionaban las relaciones humanas, las relaciones en la pareja o en el conjunto familiar. Las palabras “comunicación”, “diálogo” o “incomunicación” salían a la superficie de cualquier tema propuesto. Con McLuhan o sin él. Y era lógico. Los conflictos generacionales que se acaban de producir en los sesenta en Estados Unidos y Europa, con una Francia con el Mayo del 68 todavía caliente; con la revolución sexual, que transformó las relaciones de pareja y la progresiva implantación del divorcio, obligaban a todos a poner los problemas enquistados, silenciados, encima de la mesas. Todo era problema de comunicación: los padres debían hablar con los hijos, las parejas entre sí, y los patronos con los obreros. La mitad de los sesenta y los setenta eran un movimiento permanente de comunicación: había que comunicarse con la palabra, el tacto, el gesto… ¡Hablen, tóquense, acaríciense, dialoguen…! Si todo era un problema de comunicación, de mecanismos represores y distorsionadores, de silencios y miedos…, el enemigo era la “incomunicación” y todo lo que tuviera que ver con ella. La mentira pasaba a ser el gran enemigo; el silencio, la gran barrera. La libertad estaba en una sociedad dialogante donde la liberación de la palabra haría volar por los aires gran parte de los problemas existentes. De ahí se pasó a comprobar que de la "comunicación" a la "información", iba un mundo.

De esa base surgieron gran parte de los estudios aplicados a la comunicación. Tuvimos ocasión de traer aquí el libro de Eva Illouz, Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo [ver entrada], en el que se daba cuenta precisamente de cómo el discurso de la psiquiatría americana se había aliado con el industrial al trasladar la idea terapéutica del diálogo a estructuras laborales como garantía del éxito de las organizaciones. Familias y empresas se debían construir sobre el diálogo, nos decía Illouz, para garantizar la fluidez de las relaciones internas, su buen estado de salud. El éxito de aquella obra de Castilla del Pino, con 13 ediciones ya, llegó en el momento justo; se preocupó de lo que preocupaba.
Carlos Castilla del Pino, fallecido en 2009, fue neurólogo y psiquiatra, profesor y profesional en duro ejercicio; también fue, desde 2003, miembro de Real Academia de la Lengua.
Los reencuentros con su obra han sido en los últimos años más frecuentes. No hace mucho, pude traerme de la Córdoba argentina una primera edición, en perfecto estado, de la Introducción a la hermenéutica del lenguaje (1972), encontrada en un ilustrado “almacén de libros” que los prometía para todos los bolsillos. También, recientemente, la primera de las obras póstumas aparecidas, Conductas y actitudes (2009), que el autor no pudo acabar de revisar por su fallecimiento. En esta obra señala lo que fue una de las orientaciones de su indagar:

Se puede decir que el sujeto, el ser humano en tanto que sujeto social, oscila entre la mutabilidad a que le obligan los procesos adaptativos al medio social que le rodea, y el equilibrio en la interioridad de sí mismo. La adaptación exige al sujeto versatilidad; para sí mismo el sujeto requiere estabilidad: adaptacionismo frente a fixismo, tener que ser-como frente a querer ser-quien.
La preeminencia de las actitudes entraña la sustitución de la mirada psicológica (y psicopatológica) por la antropológica en el sentido kantiano de este vocablo, representado hace años por Cassirer, y antes por Simmel, Max Weber; Richter, Dilthey e incluso Jaspers. La consideración antropológica supone partir del hombre como actor (para no usar el vocablo persona sino el de personaje que hay que componer en toda interacción social) (9)*


Del fragmento se desprende con claridad la idea de Castilla del Pino del ser humano, un “actor” sobre el escenario de la vida, con un papel escrito a medias por lo externo, que le dicta lo que puede decir, y su propia capacidad creativa que le apunta lo que quiere decir. El desequilibrio entre imposición y deseo es lo que provoca los conflictos, en un sentido, pero también da lugar a las distorsiones que el sujeto puede tener al construir su personaje, como ocurre con la impostura o el delirio, movimientos opuestos, tal como señala Castilla, en los que el sujeto se construye un personaje falso (impostura) o se cree su propio personaje falso (delirio).
Los lenguajes pasan a ser esenciales porque son la base del actor, su variedad y riqueza. Solo a través de la conversión en significante de todo somos capaces de mentir o de creernos nuestras mentiras. Tanto hacia los otros como hacia nosotros mismos, necesitamos lenguajes, gramáticas sobre las que articular nuestros propios signos en un discurso al que acabamos llamando “identidad”. De ahí ese enfoque antropológico que Castilla del Pino reclamaba para la mirada psicológica, que pasa a ser la de un espectador de las conductas en el escenario de la vida. La influencia de la fenomenología y la hermenéutica alemanas, sus influencias formativas, pasan a primer término y el universo humano pasa a ser simbólico y, por tanto, comunicativo y descifrable en sus signos, signos que intuitivamente comprendemos, pero que hemos de explicitar en sus códigos y gramáticas.
Nos llega ahora una obra de otra índole, Aflorismos**, una colección de pensamientos creada por el autor en los últimos años de su vida. No es una recopilación, sino un proyecto sistemático de construir una obra de esta forma breve, concisa:

Afloramiento. M. Efecto de aflorar.
Aflorar. 3. Dicho de algo oculto, olvidado o en gestación: Surgir, aparecer. (DRAE 2001)
Aflorismo. Algo que se me ocurrió, surgió o me apareció de manera más o menos inesperada.
Aflorismos. Pl. Colección de aflorismos.
Y como afloraron —en cualquier lugar, en cualquier momento—, los llamé, al comienzo del siglo en que estamos, aflorismo. No es disculpa; es mera información.
El aforismo concluye. El aflorismo comienza; no acaba donde concluye.** (15)

La sutileza de distinguir entre lo que “acaba” y lo que “comienza” no afecta al género literario, sino más bien al ánimo del que en él se expresa. La obra la constituyen 844 pensamientos, los “aflorismos”, oscilantes entre la frase de pocas palabras y el párrafo de cinco líneas.
Lejos de ser una manifestación del científico, Castilla del Pino trató de expresar las reflexiones suscitadas al hilo de la vida, aunque desconozcamos el motivo concreto que provocó el “afloramiento” de la idea, porque toda manifestación es respuesta ante lo que la vida nos propone. Lo que es experiencia aflora como formulación verbal, convertida en lenguaje, proceso en el que el sujeto se dice.
Los 844 pensamientos, en su variedad, se concentran en unos temas recurrentes que son fácilmente perceptibles como preocupaciones: “otro/s”, “escritura”, “mal”, “realidad”, “soledad”, “muerte”, “éxito”, “vida” y “Dios”.
No debe resultar chocante que aquí se concentren muchos de los temas que surgieron a lo largo de su vida profesional y de escritor. Por la visión que hemos expuesto anteriormente de sus planteamientos, la recurrencia del tema del otro y de la soledad son dos ejes importantes. El “otro” es, simultáneamente, oportunidad y trampa, fuente de satisfacción, pero también posibilidad de manipulación o anulación. Señala:

[239] La relación interpersonal: una amenaza. La menor de ellas, la posibilidad de ser engañado, de que quien está con nosotros se haga pasar por quien, con su conducta nos dice que es. (68)**

En esta idea se resume mucho de su teoría sobre el ser humano, sobre el drama comunicativo en que vivimos permanentemente. La incertidumbre es el estado natural del conocimiento y solo el necio vive en la certeza. De ahí que señale Castilla del Pino que será el delirante el único creyente convencido de sí mismo ya que se cree su propio personaje. Pero también señalará que esa amenaza constante, ese riesgo, es también necesario para el propio desarrollo. La teoría actoral supone que si no existen esos otros, convertidos en público, no existe motivación para el desarrollo de la personalidad. ¿Qué sentido tiene actuar, aún escribir la obra, si no hay un público presente capaz de dirigirnos con sus miradas? Así, escribirá:

[389] No soy; me hacen. Somos imaginados por los demás. (95)**

M. Atonioni: La notte (1961)
No es que seamos seres imaginarios, sino que acabamos actuando como los demás esperan de nosotros, es decir, tal como nos han imaginado. La profundidad de esa idea llega hasta los cimientos de la configuración social y de los sistemas de simbolización. Es la misma idea que recogimos de su obra anterior, esa necesidad adaptativa a los mecanismos sociales que son instrumentos de configuración del sujeto. Se ve también en estos planteamientos las líneas que llegan Castilla del Pino desde la filosofía fenomenológica e incluso, la cuestión sartriana de la mirada de los otros.
La soledad, otro de los temas recurrentes, se plantea como modo en el que se pueda vivir en un equilibrio en el que no se produzca la merma del sujeto ni su represión. Hay una soledad del que sabe vivir solo, de forma enriquecedora, y una soledad destructiva, anuladora, aburrida. La comunicación sigue siendo el camino natural de los sujetos, su necesidad social. Comprender al otro sigue siendo el gran reto:

[397] Comprender a alguien no es ponerse en su lugar (no es posible ni siquiera en sentido figurado). Es descubrir las reglas que le hicieron comportarse de ese modo. (96)**

Pero lejos de un sujeto nítido frente a los otros opacos, como ha sido habitual en la reflexión racionalista, que parte de la sinceridad, el ser humano es fabricante de muros y barreras, de distorsiones en las que el deseo se enmascara bajo las racionalizaciones
.
[329] El hombre es un enigma. ¿Y cómo no va a serlo, si, además de ocultar sus intenciones ante los otros, a veces hasta se las oculta a sí mismo? (84)**

I. Bergman: Cara a cara al desnudo ()
En la obra se ven las reflexiones que acompañan a la certidumbre de una vida que se agota. La trivialidad del éxito, la importancia de afrontar la muerte con serenidad, la mirada retrospectiva que busca los legados y las propuestas sintéticas sobre qué sentido y qué significa un vivir justificado en sus propias metas o ideales. Castilla del Pino escribe:

[536] El ideal en la vida sería éste: que todo lo que uno haga se pueda decir que es limpio. ¿Cómo sería el mundo si todos actuáramos limpiamente? (122)**

Sin embargo, casi todo se opone a esa limpieza. Por eso el deseo de mantenerla como ideal es importante. Casi nunca las cosas son del todo o nada.
El papel de la escritura —de todo arte—como supervivencia es otro de los temas recurrentes. La novela aparece muchas veces como una forma de aprendizaje paralelo respecto a la propia vida, con un valor añadido: la obra puede tener un sentido, la vida es devenir. El sentido se lo damos con nuestra mirada interpretante:

[96] En la autobiografía, la escritura es instrumento, no fin. En la poesía, la escritura es fin. Entre ambas se sitúa la novela, (40)**

Su formación científica y analítica —también fue autor de una novela— le lleva a valorar, como Zola, el fondo sobre la forma. Lo importante es lo que se dice y que se diga claramente. Lo otro es el estilo, pero no la sustancia. Le interesa dejar ideas antes que estilos. La escritura está al servicio del decir y el decir del comunicar.
Concluyamos con su forma de deseo de que sea la escritura la que mantenga vivo al que desaparece, una de sus ideas constantes, la de que se vive a través de la memoria de los otros, de su recuerdo. Desaparecemos verdaderamente, nos dice en varias ocasiones, cuando se mueren los que nos conocieron, cuando ya en nadie queda nuestro recuerdo vivo.

[768] Un libro: no hay mejor lápida que una portada con nuestro propio nombre. (166)**

Para los que quieran mantener vivo ese recuerdo y reflexionar sobre lo que él mismo reflexionó, Aflorismos es una buena oportunidad de conocer a Carlos Castilla del Pino, más allá de su escritura profesional o memorialística. Una obra para una lectura detallada y reflexiva, de degustación de los pensamientos y sus derivas. Como el mismo señaló, son solo un inicio.

*Carlos Castilla del Pino (2009). Conductas y actitudes. Tusquets, Barcelona.

** Carlos Castilla del Pino (2011). Aflorismos. Pensamientos póstumos. Tusquets, Barcelona. 189 pp. ISBN: 978-84-8383-351-3.



sábado, 14 de julio de 2012

Bodas del Tiempo: Eduardo Galeano




Eduardo Galeano nació en Montevideo, en 1940. Allí se inicó en el oficio periodístico publicando dibujos y crónicas en el semanario El Sol. Entre 1959 y 1963 fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época entre 1964 y 1966. Desde principios de 1973, durante los años de la dictadura militar uruguaya, estuvo exiliado en la Argentina -donde fundó y dirigio la revista Crisis- y en la costa catalana de España. A principios de 1985 regresó a Montevideo, donde actualmente vive, camina y escribe.
Es autor de varios libros. Galeano comete, sin remordimientos, la violación de las fronteras que separan los géneros literarios. A lo largo de una obra donde confluyen la narración y el ensayo, la poesía y la crónica, sus libros recogen las voces del alma y de la calle y ofrecen una síntesis de la realidad y su memoria. En dos ocasiones fue premiado por la Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura del Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de Washington, en EEUU, por su trilogía Memoria de Fuego. Fue el primer escritor galardonado con el premio Aloa, creado por los editores de Dinamarca, y con el Cultural Freedom Prize, otorgado por la fundación Lannan.



LAS TRAMPAS DEL TIEMPO

Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo desnudo de la cabe za a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:
-Lo único que te cambiaría es de domicilio.
Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían desnudos.
Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla cmo era. Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.
Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.

UNICUERPO

Con la ayuda de sus bastones blancos y unos cuantos tragos, ellos se abrían paso, mal que bien, por las callecillas de Tlaquepaque.
Parecía que estaban a punto de caerse, pero no: cuando tropezaba ella, le sostenía él; cuando él se bamboleaba, lo enderezaba ella. A dúo andaban, y a dúo cantaban. Se detenían siempre en el mismo lugar, a la sombra de los portales, y cantaban, con voz castigada, viejos corridos mexicanos del amor y de la guerra. Algún instrumento usaban, quizás una guitarra, no recuerdo, ayudando al desafío; y entre canción y canción, hacían sonar el cacharro donde recogían las monedas del respetable público.
Después, se iban. Precedidos por sus bastones, atravesaban el gentío bajo el sol y allá lejos se perdían, destartalados, rotosos, bien agarraditos el uno al otro, pegados el uno a otro en los vaivenes del mundo.

EL BESO

Antonio Pujía eligió, al azar, uno de los bloques de mármol de Carrara que había ido comprando a lo largo de los años.
Era una lápida. De alguna tumba vendría, vaya a saber de dónde, él no tenía la menor idea de cómo había ido a parar a su taller.
Antonio acostó la lápida sobre una base de apoyo, y se puso a trabajarla. Alguna idea tenía de lo que quería esculpir, o quizá no tenía ninguna. Empezó por borrar la inscripción: el nombre de un hombre, el año de nacimiento, el año del fin.
Después, el cincel penetró el mármol. Y Antonio encontró una sorpresa, que lo estaba esperando piedra adentro: la veta tenía la forma de dos caras que se juntaban, algo así como dos perfiles unidos frente a frente, la nariz pegada a la nariz, la boca pegada a la boca.
El escultor obedeció a la piedra. Y fue excavando, suavemente, hasta que cobró relieve aquel encuentro que la piedra contenía.
Al día siguiente, dio por concluido su trabajo. Y entonces, cuando levantó la escultura, vio lo que antes no había visto. Al dorso, había otra inscripción: el nombre de una mujer, el año del nacimiento, el año del fin.





Eduardo Galeano: "Las Bocas del Tiempo". Ed. Siglo XXI Biblioteca Eduardo Galeano, 206, Madrid. Pp.: 21-23




http://youtu.be/7pal-MduQ2g Bon Jovi -Thank you for Loving Me-
http://youtu.be/0kpi84S8KBc Whitney Houston -El Guardaespaldas-
http://youtu.be/8tuvz_9D7Ok Celine Dion -My Heart Will Go On
http://youtu.be/34prj3YNguM 7 Canciones Románticas.
http://youtu.be/Iw3gn1Ij7mQ Música francesa bajo el cielo de París.
http://youtu.be/rawsYQitKik Janis Joplin -Summertime- 1968
http://youtu.be/PpG56sQ8iwM Zaz.. Algunas Perlas