PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta psicólogos en Zaragoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicólogos en Zaragoza. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de julio de 2020

El Triunvirato del Amor



Claudio Naranjo insiste en la importancia de entender el amor como un todo que reúne a tres tipos de amor: el amor admirativo, el amor compasivo y el amor erótico.

Así, muchas veces tendemos a confundir un amor con los otros o pensar que con sólo uno de los tres amores ya es suficiente para vivir felices. La realidad es que, aunque sea en pequeñas dosis, nos viene muy bien experimentar este triunvirato amoroso y no quedarnos sólo con lo que nos resulta más cómodo.

De esta forma, hay gente que tiende a estar muy bien en lo erótico en lo dionisiaco, pero no les digas nada de agachar la cabeza y  admirar.

Otros son muy bondadosos y compasivos, son cuidadores natos, pero en la parte más erótica no ponen mucho empeño.

Y, finalmente, otros sí que tienden a mirar hacia arriba y admirar, saben ver lo más grande (muchas veces es gente muy espiritual) pero se olvidan de lo mundano, de ellos mismos… de satisfacer sus verdaderas necesidades.

En fin, que como decimos, en la compensación de los tres amores suele estar la magia del asunto.

“(…) Eros (o amor-deseo), caritas (o amor-dar) y philia (o amor-admirativo) pueden caracterizarse como amor de hijo, amor de madre y amor de padre, y se relacionan predominantemente con la primera, segunda y tercera persona que distingue la estructura de nuestro lenguaje: el amor deseo, con su anhelo de recibir, privilegia al yo, en tanto que el amor ágape es un amor al tú, y el amor-admiración proyecta la experiencia de valoración más allá de la experiencia del yo-tú, en una personificación de lo trascendente o una simbolización del valor puro: ÉL. Se puede también decir que el amor al yo acoge al animal interior que hay en nosotros, criatura de deseos, mientras que el amor al tú encara al prójimo como persona o ser humano y el amor-admiración encuentra su verdadero objeto en lo divino, ya sea, en una dimensión universal o en la experiencia de la divinidad encarnada.»

EL AMOR ADMIRATIVO

“(…) Hay un amor que tiene que ver con la amistad y que no es necesariamente protector ni entraña una búsqueda de placer, sino que tiene que ver con el aprecio, con la admiración, con el respeto y con los ideales. La estimación no es erótica ni generosa, es una tercera cosa y los griegos la llaman philia. Es lo que uno busca en la amistad, lo que uno encuentra en cada persona a quien valora, sólo que hay una gradiente que va de la aceptación a la estima y el respeto, a la admiración y, por último, a la adoración.

Hay amistades interesadas como la que se dan entre dos a quienes les gusta jugar tenis; se utilizan mutuamente, pues cada uno sirve al otro respecto a la satisfacción de un gusto.

Hay amistades manipulativas también, en que en nombre de la amistad se trata de obtener otras cosas; pero la verdadera amistad es una en la que el uno se interesa por el otro porque el otro tiene alguna cualidad espiritual o humana admirable que estimula el propio crecimiento. (…) es el amor más propiamente humano.»


“(…) Si pensamos en la forma de amor que mueve a Aquiles y a los demás héroes homéricos, que tanto exaltaban la gloria de morir en la batalla, diremos sin duda que se trata de amor admirativo; pero no se trata ya tanto de esa capacidad amorosa que se expresa en el reconocimiento del valor del otro y que implica una capacidad de devoción, sino de una sed de reconocimiento, y el correspondiente afán de sacrificarlo todo a la fama. Aquiles es, en otras palabras, un monstruo de narcisismo: con el prestigio de héroe incomparable y, a la vez, con la sed de triunfo competitivo personal que le arrastran a actos de suprema inhumanidad.”

EL AMOR ERÓTICO

“(…) hay un amor erótico o instintivo que en el mundo Cristiano ha sido amor muy prohibido, demonizado y hasta criminalizado.

La vergüenza sexual no es intrínseca a la naturaleza humana, y personalmente comparto con Freud y Reich la noción de que muchos de los problemas que la gente tiene derivan de la sexualidad prohibida y del sentir que parte de su dotación instintiva sea algo horrible e inconfesable.»


“(…) El niño, entonces, sintiendo que debería gustarle la postergación de sus preferencias u opiniones, no tiene más que desvincularse de su propio sentido del placer o desagrado. Debe, entonces, distanciarse de su cuerpo (y de sus emociones verdaderas) en aras de lo que le debe gustar y lo que debería sentir. En vista de tal posesión emocional se comprende, entonces, que la prohibición del placer, o por lo menos desvalorización de lo instintivo y lo erótico, sea intrínseca al mantenimiento del autoritarismo.”

EL AMOR COMPASIVO

“(…) El tipo de amor que en la literatura cristiana se llama agape o caridad es el que se expresa como generosidad y bondad y tal es el «amor al prójimo» que caracteriza no sólo el camino cristiano sino a las enseñanzas de todas las religiones.

Culmina esta forma de amor en la compasión, característica de seres que han llegado lejos en el camino, pero que es también intrínseco a la experiencia humana puesto que está presente ya en la experiencia de la maternidad. Y no sólo los humanos, sino todos los mamíferos exhiben también la conducta maternal que expresa un amor protector, auxiliador y potencialmente sacrificado.»


“(…) Pero está claro que enarbolar el ideal de la compasión no es lo mismo que ser compasivo: más bien contribuyen nuestros ideales a que, sintiéndonos virtuosos por sólo adorarlos, descuidemos serles fieles con nuestros actos. Sirva de ejemplo cómo el acto de rezar a María -encarnación simbólica de la misericordia divina- en nada disminuyó la brutalidad de los Cruzados. Así, el ideal cristiano de amor, defendido como  bandera de la civilización cristiana, no ha proyectado sino un pálido reflejo sobre el corazón crecientemente endurecido de la misma.”

miércoles, 22 de julio de 2020

La Lucidez del Pesimismo




Arthur Schopenhauer, el padre del pesimismo metafísico, es uno de los filósofos más populares en España e Hispanoamérica; nuevos libros recientes vienen a vivificar su presencia en las librerías.


Es curioso el breve ensayo —aunque sustancial— del singular escritor francés Michel Houellebecq (1958). Este, al igual que les sucediera a Nietzsche, Thomas Mann o al austriaco Thomas Bernhard, quedó fascinado por el encuentro con las obras de Schopenhauer, allá por los años ochenta del siglo XX. El autor de novelas tan nihilistas como El mapa y el territorio o Sumisión vio en el pensador alemán un alma afín, desa­sosegada por la búsqueda de la verdad y desengañada del ser humano: “Ningún novelista, ningún moralista ni ningún poeta me habrá influido tanto como Schopenhauer”, afirmó. Por eso intentó traducir al francés algunos textos suyos, y de ahí nació este ensayo. Al final, sólo seleccionó un puñado de pasajes favoritos y los comentó.

 

Houellebecq da en el clavo con sus claras interpretaciones, que sirven tanto para los conocedores como para los neófitos; es posible que después de leer estas páginas haya quien corra a buscar El mundo como voluntad y representación, la obra capital de Schopenhauer (que cumple 200 años en noviembre de 2018); o Parerga y paralipómena, que contiene los célebres Aforismos sobre el arte de saber vivir, muy admirados por Houellebecq, por lo general editados como libro independiente.

Para olvidarse de la felicidad

Schopenhauer afirmó que la existencia es sufrimiento, y también que la contemplación estética de las cosas y los hechos del mundo nos proporciona un estado de beatitud que aleja los males inherentes al tremendo hecho de vivir. El arte es liberador, gracias a la paz que nos proporciona la belleza artística olvidamos los pesares; o los transforma de tal manera que nos recompensa con placer y deseos de acciones buenas y sensatas. Para Houellebecq esta prometedora visión estética es “tan simple como profundamente original”. Comenta también el concepto de “voluntad”, que debe entenderse “alejado del psicologismo”. La voluntad, según Schopenhauer, es el sustrato íntimo intangible que da cohesión a la totalidad de las cosas y los seres del mundo. Desde la ley de la gravedad hasta el eterno devorarse sin sentido de unas especies a otras en el que consiste la vida animal, “todo es voluntad”. Y tanto las grandes tragedias colectivas como las adversidades individuales tienen que ver con este oscuro concepto, definido como deseo infinito anhelante de satisfacción; Freud se inspiró en esa fuente para sus concepciones del “ello” y el inconsciente.

Para olvidarse de la felicidad

Finalmente, el misántropo irredento que es Houellebecq destaca como lo mejor de Schopenhauer el orgullo con el que proclamaba que la mayor riqueza del hombre de genio radica en su propio interior; este goce —escribió el pesimista— se asemeja “al cálido refugio invernal en medio de la gélida noche del mundo”. Y añadía que, a tenor de “la necedad que reina por doquier en la sociedad”, desde siempre las personas excelsas, toda vez que sus necesidades básicas estén cubiertas, se consagraron a ocupaciones sin utilidad aparente, pero que impulsan el saber y el avance de las ciencias y las artes; pues el trabajo intelectual es el cénit de la vida feliz.

fsta última idea pertenece a los mencionados Aforismos sobre el arte de saber vivir, cuya base inicial se halla esbozada en el libro que publica Nórdica en nueva traducción: El arte de ser feliz. Schopenhauer nunca lo publicó, pues sólo era el borrador temprano de su filosofía práctica posterior. El erudito italiano Franco Volpi lo recuperó de entre los inéditos del filósofo, le puso título y lo editó como si fuera un “tratado” completo. En castellano apareció en 1998, en edición bilingüe (Herder). En esta nueva versión hubiera sido deseable un prólogo en el que se aclarase esto.

Para olvidarse de la felicidad

Las “reglas” que contiene este supuesto tratado no van dirigidas en puridad a encontrar “la felicidad”, en la que Schopenhauer jamás creyó como absoluto, sino “a ser menos desdichados en este mundo”. Aristóteles, Séneca, los moralistas franceses y Gracián inspiraron la esencia de tales ideas. El “justo medio”, la fe en uno mismo, el olvido de las quimeras que nos intimidan y nos impiden gozar del presente, la desconfianza prudente en los demás o el cultivo de un sano egoísmo son algunos de los reguladores para vivir bien que propuso Schopenhauer.

Más pensamientos suculentos de este tipo, sobre cómo desenvolverse mejor en la vida, y reflexiones filosóficas sobre la muerte y el sufrimiento y otros temas afines, todos de profundo humanismo y honda metafísica, quedan reflejados en la nueva antología de fragmentos breves y aforismos extraídos de las obras de Schopenhauer que publica Alianza (no hay que confundirla con la que en 1995 apareció en Edhasa, de título casi similar, cuyo autor fue Andrés Sánchez Pascual). También Alianza recupera muy remozada una obra de invitación a la lectura de Schopenhauer de 2001, útil para adentrarse en su pensamiento.

Para olvidarse de la felicidad

El libro del filósofo y sociólogo alemán Georg Simmel presenta cuatro textos críticos con el pesimismo. Schopenhauer decía que bastaba comparar el dolor que siente un animal mientras es devorado por otro con cualquiera de los placeres del mundo para darse cuenta de que la intensidad del dolor es siempre mayor que la del placer. Afirmaba que el sufrimiento domina todo, es lo positivo; y que el placer es sólo la negación del sufrimiento, lo negativo. Simmel desmonta esta tesis a la vez que descifra los rasgos señeros del carácter pesimista. Dice con razón que es más fácil negar y destruir que construir, y que suele tener más adeptos quien niega que quien ve las cosas por su lado mejor. Apostilla que Schopenhauer fue “el tipo más arrogante de cuantos escritores han existido sobre la faz de la tierra”. Simmel se tomó muy en serio al filósofo y quiso rebatirlo con gran seriedad.oy, las ideas del viejo pesimista, clásicas en su rigor, causan más goce que pesar, y hasta sirven para animar a los tristes, porque entre otras cosas enseñó que para ser felices debemos olvidarnos de la felicidad.

En presencia de Schopenhauer. Michel Houellebecq. Traducción de Joan Riambau Möller. Nuevos Cuadernos Anagrama, 2018. 96 páginas. 7,90 euros.

El arte de ser feliz. Arthur Schopenhauer. Traducción de Isabel Hernández. Ilustraciones de Elena Ferrándiz. Nórdica, 2018. 120 páginas. 19,50 euros.

Parábolas y aforismos. Arthur Schopenhauer. Selección y traducción de Carlos Javier González Serrano. Alianza Editorial, 2018, 176 páginas, 9,50 euros.

Schopenhauer: la lucidez del pesimismo. Roberto R. Aramayo. Alianza, 2018. 272 páginas. 9,50 euros.

Sobre el pesimismo. Georg Simmel. Traducción de Fernando García Mendívil. Prólogo de Fernando Savater. Sequitur, 2017. 80 páginas. 8 euros.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

Psicoterapeuta N° Col.: A-1324

Teléfono: (34) 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: www.rcordobasanz.es


miércoles, 1 de julio de 2020

Jiddu Krishnamurti: La mente silenciosa



LA MENTE SILENCIOSA

 

¿Qué es la realidad? ¿Qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que sabéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, con seguridad, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, debe comprenderse el proceso del tiempo, que es el pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Este es todo el pasado de la mente; la mente misma es el pasado, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, no ser forzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, moldeada, encuadrada y mantenida en silencio, no es una mente serena. Puede que durante un tiempo consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo llega cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento, empieza el silencio.

 

Sólo cuando la mente está e completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino radicalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede llegar lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente pueda experimentar; sólo puede experimentarse el silencio, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es liberación del pasado, de los conocimientos, de los recuerdos conscientes y de los inconscientes; y cuando la mente está silenciosa del todo, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Este estado no es un estado para recordar; no hay entidad alguna que recuerde, que experimente.

 

Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que sea, es algo que se crea de instante en instante; y esto ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando imponemos una disciplina a la mente de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo llega cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún proceso de sí misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces se manifiesta lo eterno.


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

Teléfono: 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: www.rcordobasanz.es

 


martes, 21 de abril de 2020


Mientras el hombre habite la Tierra siempre habrá desavenencias y conflictos. Si para evitar dichas diferencias hacemos uso de la violencia, nuestra vida cotidiana se verá teñida diariamente por ésta y el resultado será terrible. A decir verdad, es imposible dirimir las diferencias a través de la violencia. La violencia sólo conduce al aumento del resentimiento y la insatisfacción.

La no-violencia significa diálogo, es decir utilizar el lenguaje para comunicarse. Dialogar significa comprometerse: escuchar otros puntos de vista y respetar los derechos de los demás con un espíritu de reconciliación. A través del diálogo no hay ganadores ni vencedores. En la actualidad, en la medida en que el mundo va reduciéndose paulatinamente, los conceptos "nosotros" y "vosotros" resultan obsoletos. Si nuestros intereses fueran independientes del resto de los demás, cabría la posibilidad de que alguien se alzará como ganador en detrimento del perdedor, pero dado que todos dependemos los unos de los otros, nuestros, nuestros intereses y los de los demás están interrelacionados. Así pues,lograr una victoria absoluta es del todo imposible. Tenemos que compartir nuestros intereses en un 50 por ciento o, de no ser posible, en un 60 y un 40 por ciento. Si no somos ecuánimes, la reconciliación jamás será posible.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo.
N° Col.: A-1324 Psicoterapeuta
Teléfono Spain (+34) 653379269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

jueves, 26 de marzo de 2020

La Ansiedad




La ansiedad es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, inconcreto, que, a diferencia del miedo, tiene una referencia explícita. Comparte con el anterior la impresión interior de temor, de indefensión, de zozobra. Pero mientras en el miedo esto se produce por algo, en la angustia (o ansiedad) se produce por nada, se difuminan las referencias. De ahí que podamos decir, simplificando en exceso los conceptos, que el miedo es un temor con objeto, mientras que la ansiedad es un temor impreciso carente de objeto exterior. 

El temor indefinido se experimenta como anticipación de lo peor. Es decir, el futuro, cargado de malos presagios, se precipita sobre el presente provocando una anticipación temerosa llena de incertidumbres. Y así como en el miedo se utilizan medidas racionales para escapar, ya que existe una referencia externa, en la ansiedad no se puede seguir ese camino, ya que lo indefinido de su objeto pone esa nota etérea y desdibujada hacia la cual no puede uno dirigirse. Por eso, la ansiedad está dominada por la perplejidad. Hay mucho en ella de sorpresa.

De otra parte, el impacto de la ansiedad va a provocar una distorsión de toda la psicología del sujeto, la cual podría quedar expresada como una alteración en el sentido etimológico de la palabra: la de sentirse traído y llevado y tiranizado por lo otro, por ese temor extenso, confuso y farragoso.

La ansiedad es una manifestación esencialmente afectiva. Esto quiere decir que se trata de una vivencia, de un estado subjetivo o de una experiencia interior, que podemos calificar de emoción, con las características apuntadas para la misma. A esto se añade un estado de activación neurofisiológica (arousal en término anglosajón), que consiste en una puesta en marcha de los mecanismos que controlan la vigilancia. La consecuencia va a ser ese estado de alteración antes mencionado y que en términos de la psicología empírica denominamos hipervigilancia. La psicofisiología aquí seguida es similar a la del miedo, y no es otra cosa que una defensa organizada frente a estímulos que rompen el equilibrio fisiológico.

Al mismo tiempo, esta ansiedad es adaptativa, ya que ayuda a enfrentarse (si su intensidad no es excesiva) a ciertos requerimientos y exigencias concretos de la vida. Esto entra de lleno dentro del campo de la motivación. Ahora bien, la ansiedad libre y flotante del neurótico fásico es ya otra cosa y tiene otra lectura: no es adaptativa, antes al contrario, provoca respuestas de evitación e inhibición, manteniendo un estado de alerta de forma prolongada, sin que ya sea realmente necesario.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es



lunes, 9 de marzo de 2020

Todos hemos sido niños



Nuestro niño interior posee el espíritu de la verdad, de la espontaneidad y la autenticidad absoluta. Sus acciones manifiestan la naturalidad que hay en nosotros, la capacidad de actuar adecuadamente y la aptitud para resolver cualquier situación. Culver Barker, un psicólogo británico, observó la importancia de conocer al niño interior, de relacionarse con él de modo consciente y de afianzarse gracias a él. A este respecto escribió:

"Cuando hablo del niño interior me refiero a ese aspecto del adulto que todavía refleja algunas de las cualidades del niño divino... Cuando, por el motivo que sea, no somos consciente de él, cuando no estamos en contacto con él, esta fuerza contiene en potencia toda actividad destructiva o constructiva. Toda la dinámica creativa de la personalidad humana, toda su fuerza motriz, está circunscrita a él".

"Sólo cuando escucho la voz del niño que hay en mi interior", dice la célebre psicoanalista suiza Alice Miller, "puedo sentirme auténtica y creativa".

La voz del niño es fundamental en el proceso de llegar a ser nosotros mismos. La individuación, el proceso de desarrollo de la propia personalidad a lo largo de la vida, está ligada -y gira en torno a- la identidad singular del yo infantil. Von Franz concuerda con Miller en este aspecto cuando señala que: "El niño interior es la parte auténtica, y la parte auténtica en nuestro niño interior es la que sufre... Muchos adultos escinden esta parte de sí mismos y por ello no alcanzan la individuación, ya que sólo si se le acepta, y se acepta con ella el sufrimiento que conlleva, puede tener lugar el proceso de individuación".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobaasanz.es

jueves, 20 de febrero de 2020

Señales de la Ansiedad



Ansiedad. ¿Aliada o enemiga?

La ansiedad per se no es negativa. De hecho, puede ser una buena aliada para lograr  cosas en la vida, grandes y pequeñas. Como llegar puntual a una cita, aprobar esa asignatura que se te atraviesa, sacarse una carrera universitaria o ganar el torneo de Wimbledon. La ansiedad también está vinculada a la atención: nos pone en alerta, nos hace pensar más deprisa, ser más ágiles y relacionar conceptos.

"Todos los expertos señalan que un grado mínimo o moderado de ansiedad es necesario para la supervivencia, para afrontar de forma adecuada determinados retos y tareas que se nos aparecen", asegura la pedagoga Eva Bach. "La ansiedad puede esconder una gran amiga o una gran enemiga; lo que hay que saber es gestionarla, regularla. Eso es algo fundamental que los padres deben tener en cuenta", añade la psicóloga Mireia Trias. La ansiedad nos previene tanto de peligros físicos como de psicológicos, nos ayuda a ver nuestros límites: "Gracias a ella nos ponemos el casco cuando vamos en moto, pero también, por miedo a hacer el ridículo, por ejemplo, nos lo pensamos dos veces antes de hablar o nos preparamos muy bien la charla", resume el doctor Francisco Xavier Méndez Carrillo, experto en psicología infantil.

Aún hay más. La ansiedad también es clave para activar los lazos sociales. En su libro, Apuntes para una psicopatología basada en la relación (Ed. Herder), el psiquiatra Jorge L. Tizón explica que esta emoción es fundamental para activar la empatía. La ansiedad, escribe: "Promueve o estimula conductas de apego, solidaridad y defensa mutua para supervivencia del individuo y de la especie". Las emociones, como la compasión y la ansiedad, que se despiertan al oír el llanto por hambre o en busca de consuelo de un niño, por ejemplo, nos empujan a ayudarlo: "Ponen en marcha nuestro sistema emocional de cuidados y el de la indagación".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
Zaragoza. Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es


miércoles, 5 de febrero de 2020

Comienzo de la entrevista inicial




A lo largo de años de experiencia, hemos observado que la terapia comienza con el primer contacto con el paciente -sea éste telefónico o en la consulta del terapeuta. El terapeuta intenta establecer una relación personal relajada con el paciente, sin por ello perder de vista las evidentes diferencias de rol; el hecho de que el paciente es un individuo con problemas que busca la ayuda de un experto. El establecimiento de la relación, la recogida de la información relevante y la aplicación de técnicas cognitivas específicas pueden quedar determinadas ya desde la entrevista inicial.

Muchos terapeutas encuentran conveniente comenzar la entrevista con una pregunta como,"¿Qué sentimientos le produce acudir a un terapeuta?" o "¿Qué sentimientos ha experimentado ante la idea de venir hoy aquí?". Muchos pacientes responden con expresiones de ansiedad o pesimismo. En estos casos, el terapeuta puede investigar algunos de los pensamientos automáticos que se encuentren detrás de estos sentimientos desagradables mediante preguntas como,"¿Recuerda lo que ha pensado en la sala de espera o en el camino desde su casa hasta aquí?" o "¿Qué esperaba usted que ocurriese al llegar aquí?". Por el mero hecho de compartir sus expectativas con el terapeuta, el paciente puede facilitar el camino hacia una relación de colaboración y ayuda eficaz.

Psicólogo y Psicoterapeuta. Col.: A-1324
Consulta: Gran Vía 32, 3º Izquierda.
Página Web: www.rcordobasanz.es
Teléfono: 653 379 269


miércoles, 29 de enero de 2020

La Rebelión del Talento




¿Quién puede negar que cada año parece más intenso el esfuerzo que medios, instituciones, colectivos, y centros de formación hacen por concienciar a familias, docentes -y con suerte también a técnicos y políticos de la administración-, de la necesidad de transformar la educación? ¿Qué docente no se reconoce saturado, desbordado y desorientado por la cantidad de “innovaciones” que surgen aquí y allá, de formaciones a las que voluntaria o involuntariamente asiste? ¿Qué familia no está ya embarcada en la búsqueda del cole más “in” para sus hijos?
Pero.. ¿quién no reconoce que a pesar de todo, todo sigue igual? ¿O incluso estemos yendo a peor? Los centros se llenan de programas. Certificado bilingüe, apple, google, de aprendizaje cooperativo o aprendizaje por proyectos. Y cuando aún no hemos entendido y aplicado los primeros, ya estamos inmersos en una carrera por ser los “early birds” de la innovación educativa, y llenamos nuestro vocabulario y discursos con nuevas propuestas como “aprendizaje y servicio”, “paisajes de aprendizaje”, “aprendizaje basado en el pensamiento”… y aunque viejo pero siempre alejado de las aulas, “multinivel, emprendimiento y creatividad”.
Los eventos de “innovación educativa” se llenan y cada vez sus aforos y frecuencia son mayores. Reflejo, sin duda de la demanda existente. De la necesidad de los docentes por encontrar el mensaje, la idea, la propuesta, que le permita resolver los frenos que encuentra para garantizar eso que le dicen que es su responsabilidad: atender a todos. Pero por encima de todo, atender a un modelo estructurado, rígido, y homogeneizante, en un sistema funcional sin apoyos, sin cooperación y sin herramientas compartidas. Sin embargo, también la decepción y la desorientación aumenta.
Entonces, ¿qué encontramos en estos (algunos, no todos) “movimientos innovadores”?. Gadgets. Sí, cacharros tecnológicos. Queda mejor decir “techno devices and apps”.. pero en definitiva son cacharros. Caramelos y juguetes que pretenden hacernos creer que innovar en educación fue en su momento cambiar el tintero por un boli, y hoy, el boli por una tablet. Este es el nivel de la innovación que nos quieren hacer “comprar”.
Llamativas aplicaciones que en lugar de mostrar fotos 2D como hacen los libros de texto, nos las muestran en 3D, y que en lugar de los dibujos de caritas de niños de los libros, el narrador es un personaje de otra galaxia. O que evita a los niños leer las preguntas porque ya se las lee el sistema de voz. Pizarras digitales que retan al docente a preparar increíbles presentaciones con fantásticas aplicaciones que ponen de manifiesto, que sí, que nuestros docentes son creativos, pero aún no han entendido que la creatividad a estimular es la de sus alumnos. Que todo ese esfuerzo que hacen por esas presentaciones dinámicas y coloridas, mejora la comprensión y atractivo del contenido y es un esfuerzo valioso, pero no suficiente.
No, no soy una troglodita. Creo en la tecnología, y en cómo ésta nos abre el camino hacia la personalización del aprendizaje y más allá, hacia la gestión del mismo. Ella nos facilita y permite plantear objetivos personalizados de aprendizaje para cada alumno, construir un perfil de alumnos y combinar éstos en agrupamientos que generen sinergias de aprendizaje alrededor de áreas y fortalezas comunes o complementarias, trazar el desarrollo y avance de los alumnos, a lo largo de todos sus años de escolarización, compartir la información de curso a curso, de asignatura a asignatura, de docente a docente, y de éstos hacia las familias y viceversa. Nos permite dar un feedback continuo y personalizado a cada alumno que le permita entender y mejorar sus propias estrategias de aprendizaje, aplicación y transferencias del mismo y aportarle en cada momento, las herramientas que necesita para ir siempre un paso más allá y lograr sus objetivos. Nos permite al fin, personalizar la educación en los contextos actuales de ratio y recursos.
Es lo que se hace en una gran empresa. Contar con sistemas informáticos (“innovación” que existe desde hace unos 50 años, década arriba o abajo según el país), para registrar el perfil de sus trabajadores, sus capacidades, formación, fortalezas, perfil psicológico, personal y familiar, aspiraciones, y motivaciones, para desarrollar un plan de carrera compartido y coordinado, con el objetivo de mantener elevada su motivación e implicación y, por tanto, su desempeño y capacidad para aportar al proyecto común. Permite a los responsables gestionar, no a 25 o 40 alumnos, sino a miles y a kms de distancia. Se llama gestión de recursos humanos, existe en las empresas desde hace dos siglos, y desde hace 20 años, centrado en la gestión del talento.
Talento en que la escuela no parece creer, y desde luego, no está orientada a atender. Pregunta a cuántos docentes conozcas sobre su labor. Muy pocos dirán “desarrollar el talento de mis alumnos” y casi todos responderán, de un modo u otro “mi función es que los niños se aprendan los temas”.. (para qué les sirve, cómo los transforma o lo que hagan con ellos, no parece ser importante)

Entonces, ¿no innovamos?

La innovación en las escuelas es un clamor. Raro es el docente que no se considera innovador. Cada uno ha elegido su método, sus herramientas, sus enfoques. Y muchos además dedican su tiempo a divulgarlas para aplauso de esa comunidad virtual docente que coopera en las redes, mientras trabaja aislada en los centros.
Sólo que hemos limitado esa innovación a incorporar tecnología que sustituye al docente en la elaboración y transmisión de contenidos, mientras mantiene al alumno en una actitud pasiva de aprendizaje basado en la acumulación de esos contenidos, en seleccionar la respuesta adecuada, y pasar al siguiente tema, al mismo tiempo que los demás, con la misma profundidad, enfoque y complejidad.
Y por eso, cuando aún ni siquiera hemos conseguido concienciar a toda la comunidad educativa de la importancia y urgencia de un “cambio educativo”, más urgente que el climático, político y cultural, pues es la educación la que aporta las herramientas necesarias para que las jóvenes generaciones enfrenten los retos del futuro y transformen nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía y nuestros sistemas de forma creativa -que ya está bien de aplicar siempre las mismas recetas fallidas-, se alzan ya las conciencias “anti-innovación”, tildando de demagogia todo aquello que propone un cambio.
Cuando aún apenas hemos avanzado, ya algunos nos piden reflexionar para ir más despacio aún, o para no moverse hasta no estar seguros. Buscando, claro, la seguridad de sus pasos, la rentabilidad de sus esfuerzos, pero obviando, o planteándolo como un “daño colateral menor”, los efectos de la inacción en nuestro alumnado. “A nosotros nos ha ido bien así”, “este sistema ha democratizado el acceso a la Universidad”, “mi hijo o hija ha aprendido así y ahora esta estudiando ingeniería, medicina, arquitectura,.. tan malo no es el sistema”
Y aquí es donde se nos revela el problema. El objetivo no ha variado. Queríamos cambiar los métodos, ajustándolos y probando su eficacia en la medida en que éstos nos garantizaban el ajuste al sistema organizativo, que tampoco estamos dispuestos a cambiar, y al “noble” objetivo de que nuestros alumnos saquen los mejores resultados en las pruebas estandarizadas, y accedan con notas de honor, a las carreras más “techno” posibles. Que el niño “tenga carrera” es la prueba de que nuestro sistema “funciona” y que, por tanto, no hay nada que cambiar. Y mientras nuestras universidades sigan llenas de estudiantes, nuestra misión se habrá cumplido. Lo estamos haciendo “bien”.
Pero lo cierto es que nos estamos engañando. Disfrazando el objetivo de la educación, vendiendo a nuestra juventud el mismo engaño que nosotros compramos. Sácate una carrera, nos dijeron, y sácatela en aquello que más se demande, sea o no tu pasión.. y además sácatela en un centro oficial, para que puedas acceder a una oposición, y tendrás el futuro asegurado.
Funcionó para la generación del “Baby Boom” porque vivieron en una época de expansión económica y escasez de profesionales, de “cuello blanco”. Pero fue una promesa incumplida para un elevado porcentaje de la generación X, una decepción para los Milennials que ven como sus títulos apenas les servían para obtener puestos de becarios, la Generación Z ya ni siquiera se cree esta promesa, y nuestros “Alpha Gen” transitarán por las aulas conscientes del tiempo perdido que eso les supone, si nada cambia.
Psicólogo Zaragoza Col.: A-1324
Tfno.: +34 653 379 269
Instagram: psicoletrazaragoza 

miércoles, 22 de enero de 2020

Evitar etiquetas y diagnósticos


El terapeuta debe ver al paciente como una persona que tiene problemas específicos o que mantiene creencias irracionales, nunca como una persona irracional o que tiene un carácter anormal. En este sentido hay que evitar etiquetas peyorativas, que influyen en el paciente y en la relación terapéutica. Aún más, ese tipo de actitudes negativas generales impiden la consideración y definición de los problemas específicos y la prescripción de soluciones específicas.

Los pensamientos negativos crónicos de los pacientes depresivos pueden convertirse fácilmente en fuente de irritación para el terapeuta. Este puede verse tentado en muchas ocasiones de culpar a los pacientes por sus "recitales de síntomas crónicos' o "por su falta de voluntad". Estos pacientes suelen ser calificados por los demás, incluido el terapeuta, como personas que se quejan constantemente...
Es mejor suponer que, si pudiera elegir, el paciente preferiría ser menos desvalido, más independiente y menos pasivo. Cuando el paciente no intenta realizar alguna tarea que se le ha propuesto, olvida las citas, o minusvalora sus capacidades, el terapeuta experimentado buscará cogniciones o actitudes que puedan estar generando esta conducta regresiva. El terapeuta debe tomar las cogniciones negativas como un componente típico de la depresión, nunca como una característica inherente al paciente.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo A-1324

www.rcordobasanz.es


domingo, 7 de abril de 2019

Esquizofrenia

MICHEL FOUCAULT

La división del sujeto se ha ensanchado y profundizado durante la modernidad. Sometida a tensiones distintas en el dominio del deseo y del pensamiento, ha forjado una locura nueva, un desgarro inédito que coincide con lo que hoy identificamos como esquizofrenia. Según ha avanzado en nuestra época el grado de intimidad y el individualismo de los ciudadanos, o se han transformado las fórmulas educativas, la administración de los duelos, los ideales familiares y colectivos, los estilos de crianza y de educación, la intensidad del apego e incluso la relación con Dios -por aludir a algunos aspectos relevantes que nos afectan de forma personal-, la identidad se ha visto comprometida de una manera distinta y la manifestación de su fracaso ha hecho posible que cristalice esa forma de locura que conocemos como esquizofrenia en la cultura occidental.

Este reconocimiento histórico de la locura tiene como principal consecuencia la crisis de la etiología. La convicción de que una oscuridad creciente oculta irremediablemente las causas de la enfermedad. Si la psicosis en general, o la esquizofrenia como representación particular más genuina, derivan de una llaga en el sujeto que varía en función del discurrir de las épocas, entonces podemos sostener que el conjunto de sus malestares nunca serán entendidos ni reducidos a explicación o causalidad. Esto es así porque la lesión subjetiva compromete a la división del sujeto que, siendo diferente en cada franja histórica, con el paso del tiempo va mostrando aspectos nuevos que obligatoriamente escapan a la perspectiva del observador, cegado siempre por la propia escisión que trata de analizar. Bajo la influencia de esta idea, que nos sume en una permanente inseguridad, Foucault definió la historia como aquello que nos aleja irremediablemente de nosotros mismos. La historia se interpone ante el sujeto y le impide verse al completo desde el presente, al tiempo que la esquizofrenia, que es el resultado actual de esa ceguera, se convierte en la locura con que los hombres contribuyen a la modernidad. Por un lado se nos revela como hecho histórico y por otro nos huye como acontecimiento sometido a la causalidad.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Zaragoza. C/ José María Lacarra 27, 2C (Zona Centro).
E-mail: rcordobasanz@gmail.com
Página Web: www.rcordobasanz.es