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Paz y Ciencia
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miércoles, 1 de abril de 2020

El Estrés


El estrés es una de las situaciones más frecuentes del hombre moderno. En los países desarrollados lo padece más de la mitad de la población. Los orígenes de esta noción son muy antiguos. Ya Hipócrates, a quien se le considera el padre de la medicina, subrayó la existencia de un vis medicatrix naturae, un poder curativo de la naturaleza, es decir, la puesta en marcha de una serie de mecanismos biológicos, con el fin de defendernos de las agresiones provenientes del exterior.

El estrés es la respuesta del organismo a un estado de tensión excesiva y permanente que se prolonga más allá de las propias fuerzas. Se va a manifestar en tres planos: físico, psicológico y de conducta. Dicho de otra forma, lo que le ocurre al individuo con estrés es que está en unas condiciones de vida que le llevan al borde del agotamiento. Lleva acumulados un sobreesfuerzo constante, una tensión emocional y/o intelectual fuerte, un ritmo vertiginoso de vida, sin tiempo para nada. Aquí lo fundamental es el tipo de vida. Siempre abrumado, sobrepasado en las propias posibilidades, permanentemente desbordado, agobiado, sin un minuto libre, arrastrando un cansancio crónico. No hay tregua posible a demasiadas exigencias inaplazables.

Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
N° Col.: A-1324
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

sábado, 29 de febrero de 2020

Agorafobia




Mucha gente que ha sufrido una crisis de angustia (o ataque de pánico), experimenta después agorafobia. Aunque etimológicamente significa "miedo a los espacios abiertos" la agorafobia es, en realidad, el miedo a experimentar una situación de pánico en un lugar en el que tanto la ayuda como la huida no son posibles.

Las situaciones típicas de agorafobia pueden darse tanto estando a solas en el propio domicilio como viajando en transporte público, en restaurantes, entre multitudes, en centros comerciales, cines y supermercados.

Los manuales de Psicopatología de niños y adolescentes indican que, si bien este trastorno es más bien característico de la edad adulta: "Se sabe que suele iniciarse en la adolescencia, y es también relativamente frecuente que ocurra durante la niñez". El DSM-V establece que para diagnosticar una agorafobia los síntomas deben durar un mínimo de seis meses y que hay que tener en cuenta el contexto.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobsanz.es

Trastorno de Angustia (o Pánico)



La máxima expresión de la ansiedad se manifiesta a través de una crisis de ansiedad o de pánico, que aparece de forma repentina e inesperada. Los anglosajones utilizan el término "Panic Attack", esto es, "ataque de pánico", pero no responde correctamente a lo que aquí se describe. Su cualidad de impredecible es clave: el ataque de pánico se inicia bruscamente y alcanza su punto álgido, de miedo muy intenso, en los primeros cinco o diez minutos. La psicóloga Stefania Andreoli lo denomina como "el Séptimo de Caballería de la ansiedad" y aquellos que lo han sufrido aseguran que es algo que no desearían ni a su peor enemigo.

Entre los síntomas físicos se incluyen palpitaciones, temblores, vértigos y mareos, sudoración, escalofríos, sofocos, sensación de ahogo o falta de aliento. Entre los síntomas cognitivos: la sensación de peligro o muerte inminente, de irrealidad o despersonalización, el miedo a volverse loco y a perder el control. La periodista Sabina Pons describió que el mundo, al experimentar una crisis de angustia, se convierte en "una acuarela desdibujada".

Algunos especialistas consideran que los niños no poseen la madurez necesaria para experimentar los síntomas cognitivos citados. Es un trastorno más común en mujeres que en hombres (en una proporción de dos a uno).

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

viernes, 28 de febrero de 2020

Trastorno de Ansiedad Generalizada



 Implica la presencia de "ansiedad y preocupación excesiva y persistentes durante al menos seis meses". La ansiedad generalizada también se puede llamar "ansiedad flotante" o "crónica" porque, como se señala en los manuales de Psicopatología en niños y adolescentes: "Las sensaciones de ansiedad no pueden asociarse a ninguna situación particular", sino que poseen una elevada dosis de preocupación por posibles eventos en un futuro.

La CIE señala que para un diagnóstico de este tipo de trastorno han de darse, al menos, tres de los siguientes síntomas y que estos interfieran seriamente en la vida diaria de la persona:

- Preocupación excesiva por la calidad de los resultados escolares, deportivos y de otras actividades habituales.
- Preocupación excesiva por la salud física (pese a tener una buena salud) o por la posibilidad de hacerse daño. Si se pone enfermo o se lastima, preocupación más allá de la aprensión normal.
- Preocupación excesiva y anticipatoria con relación a temas como el dinero, la situación financiera, la puntualidad, el aspecto físico, los desastres naturales, etcétera.
- Una ansiedad "flotante" respecto a situaciones sin conexión con situaciones específicas.
- Necesidad constante de reafirmación y confianza de los otros pese a haberla ya recibido de forma reiterada y apropiada.
- Signos claros de tensión e incapacidad de relajarse o concentrarse, nerviosismo y dificultad para conciliar el sueño, palpitaciones, sudores y sequedad de boca.
- Quejas somáticas recurrentes (dolores de cabeza, de barriga) para los cuales no hay una base física real.

Según Anxiety Canada, hay varios factores -de carácter y de crianza- que inciden en el inicio del trastorno de ansiedad generalizada, entre los que destacan: niños que son de naturaleza inhibida, con tendencia al pesimismo, con padres sobreprotectores o poco amigos de los riesgos.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta Nº Col.: A-1324
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viernes, 21 de febrero de 2020

Ansiedad. El punto medio




¿Hasta qué punto la ansiedad es un problema o una virtud? También en la ansiedad la buena medida está en el término medio. "Te pongo un ejemplo de cero a cien. Si tenemos cien, es muy malo, pero tener cero es igual de perjudicial", ilustra Agnès Brossa. La ausencia de ansiedad es patológica, "porque no nos haría pensar en las consecuencias, no nos haría ni levantarnos por la mañana, ni cuidar nuestra higiene, nuestra alimentación y nuestros deberes laborales y como ciudadanos". En conclusión, la ansiedad debería estar entre el cincuenta por ciento de media. "Es tan malo tener mucha ansiedad como no tener ni un poco".

La psicóloga Maribel Martínez también es partidaria del término medio. Para evaluar la ansiedad de los hijos, explica: "Primero hay que pensar en esa línea roja, en la que la ansiedad es funcional. Como esos nervios de un hijo antes de un examen, que son absolutamente normales, sí, pero -puntualiza-, si puntuamos con él su nivel de ansiedad -del cero al diez, por ejemplo- y nos dice que tiene un ocho, pues, atención quizás habría que aspirar a un seis".

La frontera entre una ansiedad aliada o enemiga la marcan la tolerancia de cada uno a ella y la frecuencia de esa ansiedad. Sin olvidar el entorno cultural: hay sociedades -como la estadounidense- con más baja tolerancia a la ansiedad, mientras que hay otras -como las asiáticas o España hace cincuenta años-más resilientes.

La señal más clara entre la ansiedad normal y la patológica la marca el que la persona que la experimente deje de ser funcional, que la ansiedad interfiera en su día a día de tal manera que su vida cambie. Que, al superar el término medio según el baremo de cada uno, su ansiedad le resulte limitante y desagradable. Como resume el Child Mind Institute, la ansiedad se convierte en un trastorno cuando desarrollamos respuestas ansiosas desproporcionadas frente a cosas que la mayoría de nosotros afrontamos sin problema y nos ocurren cada día.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
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jueves, 20 de febrero de 2020

Señales de la Ansiedad



Ansiedad. ¿Aliada o enemiga?

La ansiedad per se no es negativa. De hecho, puede ser una buena aliada para lograr  cosas en la vida, grandes y pequeñas. Como llegar puntual a una cita, aprobar esa asignatura que se te atraviesa, sacarse una carrera universitaria o ganar el torneo de Wimbledon. La ansiedad también está vinculada a la atención: nos pone en alerta, nos hace pensar más deprisa, ser más ágiles y relacionar conceptos.

"Todos los expertos señalan que un grado mínimo o moderado de ansiedad es necesario para la supervivencia, para afrontar de forma adecuada determinados retos y tareas que se nos aparecen", asegura la pedagoga Eva Bach. "La ansiedad puede esconder una gran amiga o una gran enemiga; lo que hay que saber es gestionarla, regularla. Eso es algo fundamental que los padres deben tener en cuenta", añade la psicóloga Mireia Trias. La ansiedad nos previene tanto de peligros físicos como de psicológicos, nos ayuda a ver nuestros límites: "Gracias a ella nos ponemos el casco cuando vamos en moto, pero también, por miedo a hacer el ridículo, por ejemplo, nos lo pensamos dos veces antes de hablar o nos preparamos muy bien la charla", resume el doctor Francisco Xavier Méndez Carrillo, experto en psicología infantil.

Aún hay más. La ansiedad también es clave para activar los lazos sociales. En su libro, Apuntes para una psicopatología basada en la relación (Ed. Herder), el psiquiatra Jorge L. Tizón explica que esta emoción es fundamental para activar la empatía. La ansiedad, escribe: "Promueve o estimula conductas de apego, solidaridad y defensa mutua para supervivencia del individuo y de la especie". Las emociones, como la compasión y la ansiedad, que se despiertan al oír el llanto por hambre o en busca de consuelo de un niño, por ejemplo, nos empujan a ayudarlo: "Ponen en marcha nuestro sistema emocional de cuidados y el de la indagación".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
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