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lunes, 2 de mayo de 2022

PERVERSOS NARCISISTAS

 



Son seres muy muy dañinos, capaces de devastar por completo a sus víctimas, de arrastrarlas a un infierno de dolor y sufrimiento, de machacarlas por completo, de empujarlas incluso a cometer suicidio. De cara a la galería suelen dar buena imagen, pero con sus presas resultan absolutamente demoledores, tan nocivos que en algunos casos pueden llegar a ser letales. Rara vez utilizan la violencia física, pero son expertos en manipular el lenguaje, en darle la vuelta a las palabras, en herir con una simple frase.

Están en todos lados: en la oficina, en el puesto de trabajo, en los colegios, en el hogar... Son esos jefes que se ensañan con algunos de sus empleados, esos padres que acribillan a sus propios hijos, esos profesores que tienen en un puño a este o aquel alumno, esas personas en apariencia encantadoras y que, sin embargo, destrozan la vida de sus compañeros sentimentales. La psiquiatría tiene un nombre para ese tipo de individuos: son los perversos narcisistas.


Fue el psicoanalista francés Paul-Claude Racamier quien en la década de 1950 acuñó el término y el concepto «perverso narcisista». Lo definió como alguien con la necesidad, la capacidad y el placer de protegerse de sus propios conflictos internos con el peculiar método de machacar a otra persona. Y ahora ha sido otro psicoanalista francés, Jean-Charles Bouchoux, quien ha popularizado el término, de la mano de un ensayo titulado precisamente así, Los perversos narcisistas, que ha arrasado en Francia, donde lleva más de 200.000 ejemplares vendidos. El libro, que no sólo destapa quiénes son los perversos narcisistas con ejemplos reales, sino que también revela cómo actúan y cómo deshacerse de ellos, ha visto recientemente la luz en España de la mano de la editorial Arp


Para empezar, conviene saber que el perverso narcisista es alguien que utiliza el vínculo familiar, profesional, académico o amoroso para someter al otro. Porque para poder triturar a alguien es necesario que exista un vínculo fuerte. El perverso narcisista necesita proximidad con su víctima para poder actuar, y por eso mismo hará de todo para impedir que ésta se aleje de él.


Son personas frías, que no conocen la culpabilidad y que no dudan en señalar a los demás como responsables de todas sus desgracias. «Hace cargar a los demás con lo que debería ser su rabia, su miedo, su culpabilidad. O, dicho de otro modo, con su locura», en palabras de Bouchoux.

El perverso narcisista es alguien que no soporta sus propios conflictos internos y se los endosa a otro. De hecho, la palabra perversión proviene del latín per vertare, un término que significa invertir, cambiar el sentido. Y eso es precisamente lo que hacen los perversos narcisistas: expulsar sus conflictos internos endosándoselos a su víctima y haciendo cargar a ésta con su culpabilidad.

Su comportamiento cambia en función de las personas que les rodean y del contexto en el que se encuentren. En sociedad despliegan sus encantos y suelen parecer amables, cuando no directamente adorables. Son capaces de fingir compasión y de caer simpáticos. Son seductores y, si es necesario, pueden mostrarse sumamente serviciales, sobre todo, si con eso esperan lograr algo a cambio. Pueden ser tipos de apariencia tranquila, porque de hecho están tranquilos: tienen una víctima sobre la que descargar toda su rabia y resentimiento.

Son personas frías, que no conocen la culpabilidad y que no dudan en señalar a los demás como responsables de todas sus desgracias. «Hace cargar a los demás con lo que debería ser su rabia, su miedo, su culpabilidad. O, dicho de otro modo, con su locura», en palabras de Bouchoux.


El perverso narcisista es alguien que no soporta sus propios conflictos internos y se los endosa a otro. De hecho, la palabra perversión proviene del latín per vertare, un término que significa invertir, cambiar el sentido. Y eso es precisamente lo que hacen los perversos narcisistas: expulsar sus conflictos internos endosándoselos a su víctima y haciendo cargar a ésta con su culpabilidad.


Su comportamiento cambia en función de las personas que les rodean y del contexto en el que se encuentren. En sociedad despliegan sus encantos y suelen parecer amables, cuando no directamente adorables. Son capaces de fingir compasión y de caer simpáticos. Son seductores y, si es necesario, pueden mostrarse sumamente serviciales, sobre todo, si con eso esperan lograr algo a cambio. Pueden ser tipos de apariencia tranquila, porque de hecho están tranquilos: tienen una víctima sobre la que descargar toda su rabia y resentimiento.

La comunicación paradójica es otra de las armas favoritas de los perfectos narcisistas. Es una técnica que le permite desorientar al otro, enredarlo en un laberinto de informaciones contradictorias e impedir de ese modo que pueda tomar distancia, pensar y reaccionar de forma sana. Los típicos: «Te quiero, pero no te soporto», «Quiero dejarte, pero no puedo vivir sin ti», etcétera, etcétera.


En realidad, todos echamos mano en alguna que otra ocasión de la comunicación paradójica. Pero un perverso narcisista la emplea como arma recurrente para desvalorizar y debilitar a su víctima, que en un momento dado ya no sabe dónde está la realidad y dónde la mentira. La presa del perverso narcisista se muestra confundida mientras que su agresor sabe muy bien dónde se encuentra y cómo se encuentra: omnipotente. Además, los perversos narcisistas suelen elegir como víctimas a personas con falta de confianza o baja autoestima, bien por circunstancias de su infancia o porque se encuentran en una situación de especial tensión e incertidumbre, como, por ejemplo, tener un nuevo empleo.


¿Qué hacer ante uno de ellos? Bouchoux es rotundo: poner distancia de inmediato, sin darse más plazo. Sólo así, saliendo de la órbita que le impone a su víctima el perverso narcisista, ésta se dará cuenta de la locura de aquel.


El problema es que el agresor lo sabe, así que hará todo lo posible para que su presa no pueda alejarse y analizar la situación con racionalidad. Por eso, trata de impedir que la víctima frecuente a personas que podrían hacerle ver el aspecto anormal de su relación.


Precisamente por eso, Bouchoux señala que es muy importante que la víctima se ponga en manos de una persona neutral y cordial, quien no dudará en ayudarle a ver la realidad tal como es y en nombrar al perverso como tal. Porque la comunicación paradójica, las agresiones violentas, la desvalorización del otro seguida de la seducción, suman a la víctima en un estado tal de confusión que provoca que no sea capaz de ver la realidad por sí sola. De hecho, es tal el daño que hacen los perversos narcisistas que quienes consiguen librarse de sus garras presentan con frecuencia síntomas de estrés post traumático semejantes a los que muestran quienes han pasado por una guerra o una catástrofe.


Pero no es fácil alejarse de un perverso narcisista. Para un niño, por ejemplo, es más fácil separarse de unos padres suficientemente buenos que de unos padres que no lo han sido. Y para los adultos resulta más sencillo pasar por la ruptura de alguien de quien se tiene una buena imagen que de la de alguien que no.


«El perverso está enfermo, nunca podrá funcionar de otra manera. El mejor regalo que podemos hacerle es dejarle», sentencia Bouchoux.


miércoles, 15 de septiembre de 2021

Joan Garriga: Confiar en uno mismo

 

INSTAGRAM: @PSICOLETRAZARAGOZA

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza. Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es


Confiar en uno mismo consiste en saber, con mente, cuerpo y alma que algo nos es posible y nos es merecido. Sin embargo, la verdadera confianza únicamente podemos disfrutarla en su justa medida, en el equilibrado fiel de la balanza. Algunos, por ejemplo padecen déficit de confianza, y sabiendo o pudiendo más de lo que creen, se quedan cortos y cautos en sus acciones. Arriesgan poco, por debajo de lo que pueden. Entregan menos de lo que tienen y escatiman lo que atesoran. Más que humildes son cobardes y deberían reconocerse mayor grandeza. Otros, por el contrario, padecen exceso de confianza, y sabiendo o pudiendo poco sobre algo, se encaraman en lo alto de un personaje inventado, y van más allá de sus conocimientos, capacidades y límites, pasando gato por liebre, causando estropicios o dañándose a ellos mismos. Arriesgan por encima de lo que pueden y la realidad les confronta con su verdad interior y les devuelve a sus límites. Deben aprender humildad. Por tanto, la tarea consiste en saber con nitidez lo que nos es posible y merecido, matriz de la confianza.

En la vida hay momentos en los que la mayoría podemos caer en estados de confusión y verlo todo negro, en los que nos asaltan las dudas sobre si conseguiremos lo que queremos, o si somos capaces de lograr aquello que nos proponemos o llegar a ser lo que queremos ser. Nos asaltan pensamientos invalidantes del tipo: ‘no voy a ser capaz’, ‘no tengo las habilidades para conseguir lo que me proponga’ o ‘no lo merezco’ o ‘no es posible para mí’.

A veces creemos que no somos tan buenos, inteligentes y dotados para llegar a lograr nuestras metas. Esto suponiendo que estemos en un momento en el que sabemos lo que queremos. Son situaciones en las que estamos en contacto con el miedo e incluso nos quedamos paralizados, sin atrevernos a enfrentar la vida y dudamos de nosotros mismos.

Una de las causas profundas de esta desconfianza es el concepto, muy arraigado en nuestra cultura, de que las cosas están bien o están mal, de que somos buenos o malos. Es decir, dividimos el mundo entre lo correcto y lo incorrecto, y nos enjuiciamos y condenamos a nosotros mismos. No nos dejamos ser lo que somos, con todas nuestras partes y no confiamos en que nuestra manera de hacer las cosas puede ser tan válida como cualquier otra. Nos ponemos exigentes en que deberíamos ser de una manera determinada, normalmente nos exigimos ser perfectos. En que consiste esta perfección, básicamente en que no tenemos que tener partes oscuras, aquellas que nosotros consideramos como negativas. Para algunos es no ser agresivos, ni miedosos, ni lujuriosos, para otros es no ser débiles, ni frágiles; para la mayoría es ser bondosos y querer a los demás. La realidad es que tenemos miedo, nos enfadamos y nuestras pasiones y deseos nos arrastran a veces, y que hay algunas cosas con las que no podemos y otras que nos hacen sentir vulnerables ¿que hacemos con estas emociones y estas necesidades? Renegar de ellas e intentar ocultarlas, reprimirlas y negarlas, decir que ya no voy a ser así nunca más. Este es el error que cometemos, en nuestro interior sabemos que aunque las neguemos siguen estando ahí y nos sentimos incapaces y no confiamos en nosotros. Aunque sabemos que esto forma parte de nosotros y que estamos haciendo mucha fuerza para reprimir ciertas actitudes. Sabemos que no somos como el ideal de perfección que queremos ser y no confiamos en nosotros mismos. Hemos aprendido a perseguirnos, a no aceptarnos como somos. Al enajenarnos de nuestra verdadera realidad perdemos nuestros puntos de apoyo. La realidad es que somos un todo muy complejo de valores, actitudes y capacidades.

Desde la terapia Gestalt creemos que estamos formados por conjuntos de polaridades, es decir de actitudes y capacidades que aun pareciendo opuestas, conviven dentro de nosotros y cumplen funciones útiles. Yo soy agresivo y a la vez soy pasivo, yo soy amable y a la vez desagradable, yo soy tierno y a la vez frío. Cuando no queremos asumir alguna de estas cualidades y la negamos, entonces empezamos a desconfiar de nosotros mismos. Si nos aceptamos tal y como somos creyendo que estas características que tenemos nos pueden ser útiles en algún momento, y que seguramente nos pueden servir para poder adaptarnos mejor a la realidad y a los diferentes contextos, entonces es más fácil que confiemos en nosotros y en nuestra naturaleza. Si que podemos darnos cuenta que algunas de nuestras partes pueden ser perjudiciales para nosotros y para los otros en algún momento, pero eso no significa, que neguemos que existen, sino que tenemos que aprender a canalizarlas para poderlas utilizar de forma adecuada.

Es común en personas que no pueden confiar en ellas, el hecho de haber recibido mensajes muy contradictorios o negativos, especialmente durante su infancia. “Eres la peste”, “estas poseído por el diablo”, “eres un castigo divino”, “eres malo, dios te castigará”, “eres mas malo que Barrabás”. Son frases que algunos clientes de terapia han escuchado de sus padres cuando eran pequeños. ¿Qué clase de concepto de si mismos han desarrollado estos hijos? Primero, que tenían algo malo en su interior, y después, que fuera de ellos reside un poder que los juzga, que sabe cual es el bien y el mal. ¿Como pueden confiar estas personas en si mismas cuando son mayores? Lo tendrán bastante difícil. Si sus padres no confiaron en ellos, como van a poder hacerlo ellos en si mismos. Con suerte, a posteriori la vida les regalara experiencias en las que se podrán sentir validados o encuentros con personas constructivas a través de las cuales podrán cambiar sus valores interiores.

Otras veces la pérdida de confianza no tiene que ver con que a uno le hayan dicho cosas peyorativas sobre si mismo sino en que, precisamente, han recibido mensajes de excesiva e irreal valoración, del tipo eres el mejor en todo, o bien de sutil infravaloración, al impedirles sus propias experiencias o evitarles obstáculos que los podrían haber fortalecido. Por ejemplo, pueden haber sido sobreprotegidos. O quizá no les hayan dejado realizar la mayor parte de las tareas, y las han hecho por ellos, con la mejor de las voluntades, para que no tuvieran que esforzarse o para que no tuvieran que sufrir. En este caso también se puede construir una idea de uno mismo como incapaz. Frases como “no te subas….” “no corras…” “quédate aquí conmigo y no te pasara nada” “no hagas las cosas solo, me necesitas…”, “cuidado, te harás daño”, etc. son frases que hacen que la persona que las recibe construya un concepto pesimista y de incapacidad. Cuando sobreprotegemos, sin darnos cuenta, podemos señalar en el otro sus incapacidades para resolver la situación. No nos arriesgamos a que el otro pueda ver hasta donde es capaz de realizar y hasta donde no, para aprender tanto de los éxitos como de los fracasos. De hecho, ante los fracasos, muchos niños suelen intentarlo una y otra vez hasta que lo consiguen. Para aprender se necesita experimentar, para confiar hay que saber enfrentar tanto el éxito como el fracaso y saber manejar las situaciones de ganancia tanto como las de perdida, pues de ambas la vida nos proveerá.

Dejar que metan peligrosamente los dedos en el enchufe para saber que es una descarga eléctrica pero si es necesario permitir que resuelvan dificultades de su tamaño. Imaginemos un adolescente que nos se arriesga en sus relaciones para no recibir calabazas o quebraderos de cabeza. Lo mejor seria entregarlo a sus cuitas sin interferir. Por otro lado lo que ayuda a un niño es sentirse mirado como intrínsecamente bueno y bello tal como es, y así puede sentir que merece. Todo sin olvidar los limites tan necesarios que le permiten canalizar la verdadera fuerza y el instinto, y que una cierta disciplina es necesaria para poder expresar o contener una actitud que pueda se difícil o dañina.

Quizá la mejor educación en la confianza es la que nos confronta con problemas para que a través de la experiencia sintamos que algo es posible y merecido para nosotros, experiencias que nos enseñen la medida de los que somos capaces. Al final, la confianza va más allá de uno mismo, y la confianza en uno mismo sólo es la expresión de una confianza mayor y más abarcativa: la de que la vida tal como es, es buena, y que la guía una inteligencia más grande, aunque no siempre comprendamos sus tramas ni su lógica, especialmente cuando se manifiesta a través de lo desdichado. Una historia narra las peripecias de su protagonista que, al morir, se encuentra ante Dios, el cual le propone repasar toda su vida para decidir si tiene que ir al infierno o al cielo. Juntos repasan toda la vida y Dios encuentra que ha estado muy bien y que merece el cielo. Pero el protagonista le pregunta a Dios: – Disculpa que te plantee cierta duda. Mientras hacíamos el repaso de mi vida pude ver como caminabas a mi lado y te lo agradezco, siempre cuatro huellas en el camino, pero justo en los momentos más difíciles sólo había dos huellas, ¿Por qué me abandonaste en los peores momentos? A lo que Dios contesta: – Hombre de poca fe. Jamás te abandoné. Pero en los momentos más duros y tormentosos de tu vida te llevé en mis brazos, por eso sólo se veían dos huellas, las mías.

Confiar en uno mismo resulta por tanto un síntoma de confianza en la vida y en la naturaleza de las cosas tal como son.


CONFIANZA

Consejos prácticos

LA VIDA TIENDE A AUTORREGULARSE: En una semilla ya está todo el proyecto de árbol en que se va a convertir y se desarrollará, si se dan las condiciones necesarias. Este concepto de autorregulación de los organismos es muy importante en la terapia Gestalt. Se confía en una sabiduría propia de la naturaleza y de la realidad que siempre llega a un lugar bueno si no es interferida por nuestras pequeñas y humanas voluntades, o sea, por la tiranía del ego. Tener una visión más global de nuestra existencia y nuestra vida puede ayudarnos a tener más confianza, y si nos quedamos únicamente atrapados en los momentos difíciles no vamos a ver la globalidad.

EXISTEN DISTINOS ESTILOS EN LAS PERSONAS: Existen personas que tienen la referencia del valor dentro de ellas, o sea, ellas son la medida de ellas mismas, ellas son sus jueces y sus dirigentes, se fían de sí mismos, no necesitan el referente externo. Otros la tienen afuera y esperan de los demás la valoración o el juicio que les inyecte la confianza. En verdad son distintos estilos de carácter o tendencias de personalidad, esto no quiere decir que uno sea mejor que el otro.

PARA TENER CONFIANZA ES NECESARIO EL DIÁLOGO: Para encontrar la medida justa de la confianza necesitamos el diálogo que junta y enfrenta lo que nosotros vemos y pensamos, con lo que los demás ven y piensan. La confianza se asienta en el diálogo, huye del monólogo. Dictadores, mandamases, mandarines de distinto pelaje, sobresalen como gente con gran confianza en sí misma. Pero no resisten el diálogo que les puede cuestionar su frágil y engreída estructura. La verdadera confianza incluye al otro, lo toma en consideración.

SÉ CONSCIENTE DE TI MISMO: Para poder confiar es necesaria una conciencia clara de uno mismo. La desarrollamos cuando superamos la pereza de mirarnos y podemos reconocer y distinguir en nosotros lo que sí tenemos y nos corresponde y lo que no tenemos y no nos corresponde, lo que sí somos y lo que no somos. Por ejemplo es absurdo tener confianza en ganar una competición de natación cuando apenas sabemos nadar. Esto sería manía, algo iluso, más que confianza. Pero también es tonto pretender que uno es un nadador mediano cuando acaba de ganar la medalla olímpica.

TEN EL CORAJE DE ARRIESGAR: La confianza se asienta en la capacidad de tener coraje, es decir, tener la valentía de dar lo que si tenemos, de arriesgarnos en esta dirección: podemos competir si realmente somos buenos nadadores. De hecho no sólo podemos, incluso debemos. Lo que la vida nos da, nuestros dones y talentos, nos los da para que los entreguemos. La vida nos obliga a dar lo que tenemos, a entregar lo que somos. ¿Podemos imaginar a Dalí o Picasso sin crear y pintar? La vida les dio el talento o el genio y ellos quedan obligados a cultivarlo y entregarlo. La confianza necesita de la valentía de ponerse a prueba, de evidenciarse, de entregarse y estar disponible, permitiendo que los demás nos devuelvan también la medida de cómo somos percibidos y recibidos.

SER AUTÉNTICO AYUDA: La confianza se asienta en la autenticidad que nos hace ser honestos en lugar de pretenciosos, y no pasar de contrabando un buen vestido en una mala percha, y reconocer nuestros límites. ¿Podemos imaginar a Dalí tratando de ser campeón de waterpolo? La confianza, cuando es de barro, se asienta en la pretensión de que nuestro personaje capitanea el barco en lugar de nuestra verdadera identidad.

EDUCA A TUS HIJOS EN CONFIANZA: En origen la confianza viene de afuera. Gota a gota la confianza se asienta en nosotros mismos a través de la valoración, el aprecio y la ecuanimidad de los demás. Por eso es importante que los Padres sean justos y ecuánimes, que no creen falsas expectativas, que no hagan sentir a sus hijos que son los mejores en todo ni tampoco los peores en todo, que no los llenen de tareas imposibles, que los confronten con sus destrezas y méritos, que los expongan a los obstáculos y problemas para que puedan sentir lo que pueden y merecen, que los inciten a los aprendizajes y las tareas para el logro de las cosas. Es adecuado también que los Padres muestren a sus hijos los límites, que los confronten con amor y claridad.

A VECES ASOCIAMOS EL ÉXITO CON LA CONFIANZA: La confianza se asocia al éxito y muchos persiguen el éxito, tenga que ver o no con la expresión de sí mismos. Pero se puede tener éxito con y sin confianza. Me parece que la confianza se expresa en algo tan esencial como “hacer lo que hay que hacer” y “dar lo que hay que dar” y “recibir lo que hay que recibir”, según la expresión de Prajnanpad, un conocido sabio hindú. El éxito, por tanto no es lo importante, sino sólo la consecuencia de hacer lo que hay que hacer. Uno hace lo que tiene que hacer ni más ni menos. Y además lo hace de una manera inevitable. A menudo la consecuencia de hacer lo que hay que hacer es el éxito en algún campo, en ser madre por ejemplo, o carpintero o jardinero, o músico o actor o cineasta, etc. Pero el mayor éxito de todos siempre es el de haber sido un ser humano que fue significativo para los demás.

Joan Garriga
Agosto 2007

domingo, 29 de agosto de 2021

Reseña Byung-Chul Han


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es.                Instagram: @psicoletrazaragoza

Byung-Chul Han nació en Corea del Sur en 1959. Filósofo y teórico de la cultura, ha desarrollado su carrera como académico en la Universidad de Berlín.

Estudió metalurgia en la Universidad de Corea, en Seúl. Luego, para conseguir el apoyo de sus padres, con la excusa de prolongar sus estudios de ingeniería, en la década de 1980 se trasladó a Alemania para estudiar filosofía, sin saber el idioma. En 1994 obtuvo el doctorado en filosofía con una tesis sobre Martin Heidegger.

En el año 2000, se incorporó al Departamento de Filosofía de la Universidad de Basilea, donde completó su habilitación para ser docente universitario. En 2010 se convirtió en miembro de la facultad de la Universidad de Artes y Diseño de Karlsruhe. Y en 2012 consolida su carrera académica como profesor de filosofía y estudios culturales en la Universidad de Berlín.  

Autor prolífico,  al punto de publicar una o dos obras al año desde 2007 a la fecha (aunque tiene varias publicaciones anteriores, desde 1999). En ellas, se orienta fundamentalmente a identificar los modos de construcción y deconstrucción de las prácticas contemporáneas, valores sociales y normas culturales del capitalismo en su modelo neoliberal.

Para entregar algunos elementos con los que comprender sus planteamientos, reseñaremos brevemente los libros “En el enjambre”, de 2013, y “Psicopolítica”, de 2014, en tanto que son una excelente síntesis de las obras anteriores y un anticipo de las postreras.  

En el enjambre

Se trata de un texto breve y de fácil lectura, por lo que se transformó rápidamente en un best seller. Entre las materias que aborda se encuentran: las redes sociales, la revolución digital y el internet, especialmente del sentido del vertiginoso crecimiento del mundo digital y de los medios electrónicos.

Para Byung-Chul Han vivimos un cambio de paradigma caracterizado por la falta de distancia, donde lo privado se hace público, es decir, la comunicación deshace las distancias y fomenta una exhibición de lo privado. A lo que se suma el hecho de que todo es imagen, cámara y anonimato. Paradojalmente, también hay una exacerbación de los afectos, las emociones, las vivencias personales…   

Actualmente, todos seriamos consumidores y producto a la vez. El medio digital hace de la gente productores activos. Su opinión se presenta sin intermediario, mutando la representación en presentación directa. El medio digital genera, asimismo, apariencia de cercanía. Pero, en el fondo, nos aparta del otro, nos quita el tacto y el contacto. Hemos pasado de la acción al tecleo, al acto de un clic. 

Se trata de la primacía de la imagen. Imágenes domesticadas en tanto que consumibles, que pierden, de este modo, su capacidad de decir la verdad.

Esto es expresión de la decadencia de la cultura y la erosión del respeto recíproco. En el enjambre digital no se tiene alma, ni espíritu; se es puro individuo aislado. Estamos en el anonimato, pero no es que seamos nadie, somos alguien anónimo, sin un nosotros…

El enjambre es, entonces, fugaz, y no desarrolla energía política. Es puro bullicio, que aparta el silencio. Por esta razón, las oleadas de indignación social movilizadas los últimos años, no tienen la capacidad de reconfigurar el espacio público. La indignación multitudinaria no puede escapar de la individualidad. Es multitud sin interioridad, aglomeración sin congregación. No hay multitud cooperativa, hay soledad.

Por todo esto, para Byung-Chul Han hay que redefinir y repensar la soberanía en tiempos de la red. Si se trata de soberanía, se trata, por lo tanto, del ciudadano. Pero en la actualidad el ciudadano se ha vuelto un consumidor. Consumidor que, por lo demás, está sometido al cansancio, al desgaste, al shock que genera el exceso de información. La fatiga es el síndrome de la época.

Ante aquello, Byung-Chul Han sólo vislumbrará la misma propuesta de Heidegger, que es, a la vez, la de Carl  Schmitt: volver al misterio y su silencio, que son lo opuesto a la sociedad de la información.

Una característica del enjambre es la hiperconexión de la comunicación digital, que es la base para la vigilancia y el control. En este punto, plantea su concepto de “psicopolítica”, que es la vigilancia, el control, pero no de lo exterior hacia lo interior (como el biopoder foucaultiano), sino desde el interior mismo. La psicopolítica mueve a los hombres no desde fuera sino desde dentro. Es el paso del big brother orwelliano (de la novela “1984”) al big data. El psicopoder lee los propios pensamientos y los controla. Y en este sentido, el big data es más eficiente que el big brother. El psicopoder supera al biopoder de Michael Foucault.

Psicopolítica

A pesar de que parecen temas complejísimos, la lectura de las obras de Byung-Chul Han son sencillas y breves, agradables y hasta entretenidas. A la vez, detecta muy bien las problemáticas contemporáneas y mantiene cierta profundidad analítica.

En “Psicopolítica”, el autor surcoreano, plantea que la libertad, hoy, se ha convertido en coacción. Y en medio del enjambre de la red digital, la libertad es ilimitada. El neoliberalismo, que es el modelo político, económico y cultural que domina la actualidad, es una mutación del capitalismo que transforma al trabajador en empresario, en emprendedor, y lleva al individuo a explotarse a sí mismo. Este en el sujeto neoliberal.  

El neoliberalismo ha logrado transferir la vigilancia del big brother a los propios individuos por medio del big data. En la vigilancia neoliberal el sujeto se expone y de este modo se autovigila y se transparenta. La transparencia, dice Byung-Chul Han, es un dispositivo neoliberal, con el que se desinterioriza a la persona. Con suficientes datos se podría entender todo. El smartphone, por ejemplo, es un aparato de vigilancia y confesionario móvil.

El poder adquiere una forma permisiva, ofrece un marco para la libertad, no opera de frente contra la voluntad, no reprime sino que seduce. El botón de “like” es el símbolo del capitalismo neoliberal.

El poder disciplinario utilizaba la reclusión, por medio de instituciones como la cárcel, el manicomio, la familia, la escuela, etc. Aquellos son los dominios de la biopolítica. Pero ahora se ha dado un paso a la psicopolítica. Se ha ido más allá de Foucault y su poder disciplinar, el biopoder…

Optimización, competencia, iniciativa, rendimiento, son algunos de los mecanismos de la psicopolítica. Dominar por medio de la deuda es otro. Y es que el régimen neoliberal explota la psique. El big data reemplaza a la estadística… Otras formas refinadas de explotación de la psicopolítica son: el couching, los gimnasios, las teorías y talleres de inteligencia emocional, los seminarios, el liderazgo empresarial, las terapias de autoayuda, la optimización personal, la autoexplotación, la búsqueda de rendimiento. La psicopolítica busca agradar en vez de someter.

Por todo esto, el neoliberalismo es el capitalismo de la emoción, de la explotación de las emociones, de los recursos para aumentar la productividad y el rendimiento. Si la racionalidad sería coacción de la sociedad disciplinaria, por el contrario, la emocionalidad sería una expresión de la subjetividad libre. Es la dictadura de la emoción y los modelos emocionales para maximizar el consumo: no consumimos “cosas”, sino emociones y experiencias.

No obstante, constata Byung-Chul Han, todo esto nos lleva al agotamiento, la depresión, el colapso. Vuelve a aparecer, entonces, la necesidad de misterio y de silencio.

viernes, 27 de agosto de 2021

Eichman en Jerusalén

 

Hannah Arendt banalidad mal

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta Psicólogo Clínico. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es                Instagram: @psicoletrazaragoza

14 de octubre de 1906. Nace en el clímax del II Reich alemán Hannah Arendt, teórica de la banalidad del mal. Una mujer judía que terminaría falleciendo (1975) en Nueva York y que se convertiría en una de las teóricas políticas alemanas (con atisbos de filósofa) más importantes del siglo XX. Víctima del antisemitismo nazi de 1933, Arendt pasó parte de su vida como apátrida entre 1937 y 1951, cuando el Gobierno de Alemania le quitó la nacionalidad (que más tarde le entregaría Estados Unidos).

Arendt fue un personaje que, a pesar de que se estudie como filósofa política, ella misma rechazaba ser relacionada con la reflexión filosófica. Le gustaba describirse como “teórica política”, pero obras como La condición humana y su constante crítica a otros pensadores han terminado por situarla en el prisma filosófico.

Pero, ¿qué ha convertido a Hannah Arendt en una de las pensadoras más importantes del Siglo XX?

La banalidad del mal, Hannah Arendt y por qué se permiten atrocidades

Seguramente, la obra más conocida de Arendt es Eichman en Jerusalén. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Adolf Eichman, el que fuera responsable de la logística para la organización y distribución de los campos de concentración, huyó a Argentina para evitar un Tribunal de Guerra. Finalmene, en 1961, Eichman fue secuestrado y juzgado en Jerusalén, saltándose todo el derecho internacional. Entonces, The New Yorker pidió a Hannah Arendt que realizara una crónica del juicio.

Fue a partir de este suceso que Arendt redactó el que, seguramente, sea su ensayo más conocido: Eichman en Jerusalén. En él, la alemana no solo describió el proceso del juicio minuciosamente, sino que se planteó una pregunta esencial: ¿por qué Eichamn no parecía malvado si, lo que había permitido y en lo que había contribuido, era a todas luces un horror?

Arendt ve a Eichman como una persona absolutamente normal: consciente de lo que ha hecho, nunca lo niega pero que tampoco ve nada intrínsecamente malo en los actos que ha realizado. “Cumplía órdenes de Estado”, defendía el alemán quien, además, alegaba la condición de “buen ciudadano” que cumplía aquello que se encomendaba. Y sobre esto, Arendt definió “la banalidad del mal” (depende de la traducción, se puede encontrar de otra forma).

En primer lugar, la banalidad, en tanto que es poco trascendente, no lo sitúa sobre el hecho que “es horrible”, sino sobre el por qué Eichman lo permite o contribuye a ello. Para Arendt, el que el acusado no sustente sus actos en fuertes convicciones ideológicas o morales resulta, incluso, más aterrador que el mismo hecho en sí. ¿Por qué una persona normal, que ni es malvada ni tiene mayores pretensiones que las de cumplir órdenes, se involucra en tamaña maldad?

Por una incapacidad de juicio. Arendt distingue entre conocimiento y pensamiento; el primero es la acumulación de saberes y técnicas, la conceptualización de lo aprendido mientras que el segundo lo define como una suerte de constante diálogo interno en el que, en la íntima soledad, uno juzga sus propias acciones. Eichman carecía de “pensamiento”, o al menos no lo ejercitaba mientras orquestaba el traslado de miles de judíos para ser ejecutados. Esto lo situaba como un “nuevo agente del mal” que, sin parecerse en nada a los más convencidos ideológicamente, se entremezclaban en una masa desideologizada y sin reconocimiento que contribuye (activa o pasivamente) al “horror”.

El peligro no es constante

Arendt distingue – dentro de la incapacidad del juicio – entre tres grupos: los nihislitas, que con la creencia de que no hay valores absolutos se sitúan en las esferas de poder; los dogmáticos, que se aferran a una postura heredada; y los “ciudadanos normales”, similar al hombre-masa que estableció Ortega y Gasset, el grupo mayoritario que asume las costumbres de su sociedad como “buenas” de una manera acrítica.

Todos los grupos carecen del pensamiento definido por Arendt. La alemana defendió que el nazismo se alimentó, y fue alentado, por estos tres grupos, lo que permitía que el grueso del país pudiera realizar los “horrores” contra la Humanidad.

Aun así, Arendt explica que esta ausencia de diálogo interno no es un mal de por sí y menos aún conlleva ningún acto, a priori, malo. Es en situaciones extremas, como el auge y establecimiento del nazismo en Alemania, en las que esta banalidad del mal reluce como complicidad e incluso simpatía con los “horrores”.

Las condiciones humanas: Hannah Arendt y la banalidad del mal

Discípula de Heidegger y Karl Jasperts, el pensamiento de Hannah Arendt se puede acercar al pensamiento del existencialismo moderno. En su obra más representativa (entre otras), La condición humana, la pensadora alemana realiza un estudio sobre el estado de la humanidad en los tiempos que le son dados.

Arendt define la “condición humana” como aquello que le determina, negando la “naturaleza humana” como primer referente. Arendt destaca “tres actividades fundamentales” sobre las que se irgue esta condición: labor, trabajo y acción; todas ellas englobadas en el concepto “vita activa”.  Cada una de estas corresponde a una condición: biológica, mundana y pluralidad.

La labor (actividad de lo biológico) es aquello que, en resumen, se refiere a las necesidades más básicas del individuo (comer, reproducirse…); el trabajo (actividad de lo mundano) es una creación autónoma que puede estar evocada a fines que no son propios de la vida; y la acción, que es la actividad de la pluralidad, la sitúa como la más humana de todas. Esta acción es el ejercicio pleno de la existencia y de la libertad de la persona que solo se presenta como “se actúa” y que es la causa de la actividad política.

jueves, 4 de marzo de 2021

Ansiedad. Pandemia silenciosa

 


Rodrigo Córdoba. Psicólogo clínico y Psicoterapeuta. Online Y Presencial (Gran Vía) Teléfono Contacto: +34 653 379 269.            Instagram: @psicoletrazaragoza.                  Twitter: @psicoletra

La ansiedad, la pandemia silenciosa que asola el planeta

Diferentes estudios alertan de un incremento de los cuadros de angustia y depresión debido a la crisis sanitaria



España vive una segunda pandemia, de momento, silenciosa, como es la ansiedad y la depresión, desencadenadas ambas por el Covid-19 y acentuada por el horizonte tan oscuro que presenta esta segunda ola, que no parece tener fin. Según una encuesta elaborada por el Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona entre más de 5.000 participantes dos semanas después del confinamiento total del país, el 65% de la población aseguró que padecía ansiedad o síntomas depresivos.

Según otro estudio elaborado, entre abril y junio por la consultora Affor entre más de un millar de participantes, el 42% de los trabajadores sufre síndrome de ansiedad, el 27,73% describe que su salud ha empeorado a causa de la crisis sanitaria, y el 67,58% asegura que requeriría realizar una valoración detallada desde el área de salud ocupacional ante este tipo de inquietud y abatimiento. En el caso de los profesores, el 54%, padece algún trastorno de este tipo en su vuelta a las aulas. El escenario ha empeorado desde entonces: los rebrotes aumentan a diario, las comunidades autónomas cierran fronteras, se imponen toques de queda, cierres de bares y restaurantes, se limitan las reuniones familiares y sociales, y países como Francia y Alemania, aunque este último parecía que tenía controlada la situación, toman medidas drásticas de confinamiento total.

A esto se añaden otros factores, como el temor a sufrir contagio o superar la enfermedad, preocupación por los mayores, miedo laboral, en caso de pérdida del trabajo o de empeoramiento de la situación económica, además del ritmo frenético que suponen el teletrabajo o la teleducación. Todo ello genera el caldo de cultivo perfecto para las enfermedades mentales, que poco a poco y sin hacer ruido se van apoderando de la mermada calidad de vida y de la salud mental de los ciudadanos. “Es una respuesta habitual cuando se impide hacer vida normal, lo preocupante es cuando el problema es patológico. El covid nos está afectando de pleno. Es algo nuevo, desconocido y genera respeto, porque además no tiene autolimite, sigue estando ahí”, explica Lorenzo Viniegra, director general de Schwabe Farma Ibérica, laboratorio que busca soluciones para esa secuela de la que nadie habla, pero que ya padece un tercio de la población.

Uno de los colectivos más afectado, emocionalmente agotado, son los sanitarios: el 80% manifiesta estar derrotado por la crisis del coronavirus. Precisamente, para ayudar a combatir la ansiedad, el Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP) ha puesto en marcha una iniciativa de formación y apoyo para ayudar a gestionar el estrés y la ansiedad que pueda experimentar el personal sanitario. Otro factor que influye en el desánimo es la expectativa que había puesta en la vacuna, algo que parecía inminente y que cada vez se retrasa más. Ya lo advirtió la semana pasada, en el ámbito económico, el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, durante su exposición en el Congreso Directivos CEDE, celebrado en Valencia, donde aseguró que la solución del tratamiento está “creando una expectativa que ya veremos si se hace realidad, y pensar solo en la vacuna nos hace fatalistas”. Para el ejecutivo, lo importante es focalizarse en otras capacidades y prioridades, como salvar vidas y crear puestos de trabajo.

La misma opinión la manifestó el presidente de Mercadona, Juan Roig, que en el mismo escenario aseguró que para salir de esta crisis hay que “hablar menos de la vacuna y apoyarse en las fortalezas y no en las debilidades”. Todo esto se puede trasladar al ámbito individual. Porque una vacuna, aclara Viniegra, “tarda mucho en descubrirse, siempre hay mucha incertidumbre sobre la solución, lo que provoca este tipo de decaimiento, agudizado por el drama de la economía y por el hecho de que el ser humano es gregario, cuando te aíslan te meten el miedo en el cuerpo”.

Todos estos impactos generados por la pandemia hacen que las personas sean cada vez más vulnerables. “Se tiene miedo a la repercusión económica que puede tener todo esto en nuestras vidas, a los cambios en la situación laboral, a los ERTE, esto genera diferentes trastornos, además de la hipocondría, que es una preocupación excesiva por la salud, como los ataques de pánico, la agorafobia, el miedo a salir de casa... Pero lo más importante es identificar lo que sentimos porque puede ser cansancio o fatiga, y no algo patológico”, explica Dafne Cataluña, psicóloga y fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, que recomienda mantener una serie de hábitos saludables, como mantener horarios fijos de comidas, disciplina a la hora de dormir, “ya que hace que el sueño, algo muy importante, no se vea afectado”.

Sobre este tema ahonda el profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Miguel Ángel Hernández, que acaba de publicar el ensayo El don de la siesta (Editorial Anagrama), en el que analiza el poder terapéutico de esta costumbre, asociada con la pereza y la ociosidad, que contraviene uno de los principios fundamentales del mundo moderno, como es la pulsión productiva.

Sin embargo, desde hace unos años este hábito se ha transformado en una herramienta central de la productividad, una rutina saludable, un imperativo del bienestar, e incluso una práctica cool, vendible y consumible. “Parece una cuestión banal, pero estamos encerrados en casa y no tenemos tiempo, por lo que debemos establecer una nueva relación con el cuerpo”, explica Hernández, quien cree que con esta pandemia ocurre que el tiempo se ha parado, “tenemos más incertidumbre, y parece que habitamos un tiempo sin sentido, parece que el futuro no va a llegar y vivimos un presente dilatado, con angustia por lo que nos está pasando y nos puede pasar”.

Para aliviar este malestar, reivindica la siesta, como un momento de desconexión, de estar con uno mismo y dejar a un lado la saturación que se vive en este momento. De hecho, en empresas de Silicon Valley está bien visto echar una cabezada en algún momento del día. “Compañías como Google, Apple o Pepsi, desde hace tiempo han tomado conciencia de la importancia de tener un momento para descansar, y de hecho han convertido las oficinas en espacios similares a un hogar para ello. Y lo que es cierto es que cuando dormimos nos recuperamos”, añade Hernández.

Artículo Externo: EL PAÍS