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Paz y Ciencia
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lunes, 6 de febrero de 2023

LAS CARTAS DEL MONJE QUE VENDIÓ SU FERRARI


Más de 5 millones de libros vendidos en todo el mundo. Uno de los autores más leídos del planeta nos ofrece la imponente historia de Jonathan y de cómo aprende a vivir de verdad. Jonathan Landry está cada vez más agobiado por su trabajo y por su fracasa

Las cartas secretas del monje que vendió su Ferrari descubre revelaciones sobre cómo recuperar tu poder personal y entregarte sin miedo a tus sueños.Jonathan Landry está cada vez más agobiado por su trabajo y por su matrimonio fracasado. Un día su madre le pide que se reúna urgentemente con su tío, Julian Mantle, a quien casi no conoce. Hace años Julian, un abogado de gran éxito, decidió vender todas sus posesiones, incluido su flamante Ferrari, y se refugió en un monasterio del Himalaya.Ahora Julian necesita la ayuda de Jonathan. Le ruega que viaje a diferentes lugares del mundo para recoger nueve talismanes, cada uno acompañado de una carta. Estas contienen los secretos extraordinarios que Julian descubrió como monje y que pueden salvar vidas.El viaje singular de Jonathan incluirá visitas a los salones de tango de Buenos Aires, a las catacumbas encantadas de París, a los rascacielos ultramodernos de Shanghái y al desierto místico de Sedona.El autor de El monje que vendió su Ferrari nos ofrece la historia imponente de Jonathan y de cómo aprende a vivir de verdad.«No hay personas vivas que estén de más en este mundo. Cada uno de nosotros está aquí por un motivo, por un propósito especial, para cumplir una misión. Sí, construye una vida hermosa para ti y para quienes amas. Sí, sé feliz y pásalo muy bien. Y sí, ten éxito. Siempre siguiendo tus principios y no tanto los que te sugiere la sociedad. Pero, sobre todas las cosas, sé importante. Haz que tu vida trascienda, sé útil. Y sé de utilidad al máximo número de personas. Es la forma en que cada uno de nosotros puede pasar del reino de lo común a las alturas de lo extraordinario.»Reseña:«Los libros de Robin Sharma ayudan a personas de todo el mundo a vivir una vida extraordinaria.»
Paulo Coelho, autor de El alquimista.

lunes, 14 de marzo de 2022

DAGEN ZEN

 



𝙀𝙡 ú𝙣𝙞𝙘𝙤 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙤 𝙙𝙚 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙚𝙧𝙫𝙖𝙧 𝙚𝙡 𝙝𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙨𝙪 𝙡𝙞𝙗𝙚𝙧𝙩𝙖𝙙 𝙚𝙨 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 𝙨𝙞𝙚𝙢𝙥𝙧𝙚 𝙙𝙞𝙨𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙖 𝙢𝙤𝙧𝙞𝙧 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡𝙡𝙖”. “𝙇𝙖 𝙘𝙞𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙣𝙤 𝙣𝙤𝙨 𝙝𝙖 𝙚𝙣𝙨𝙚ñ𝙖𝙙𝙤 𝙖ú𝙣 𝙨𝙞 𝙡𝙖 𝙡𝙤𝙘𝙪𝙧𝙖 𝙚𝙨 𝙤 𝙣𝙤 𝙡𝙤 𝙢á𝙨 𝙨𝙪𝙗𝙡𝙞𝙢𝙚 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙞𝙣𝙩𝙚𝙡𝙞𝙜𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖”. “𝘼 𝙡𝙖 𝙢𝙪𝙚𝙧𝙩𝙚 𝙨𝙚 𝙡𝙚 𝙩𝙤𝙢𝙖 𝙙𝙚 𝙛𝙧𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙘𝙤𝙣 𝙫𝙖𝙡𝙤𝙧 𝙮 𝙙𝙚𝙨𝙥𝙪é𝙨 𝙨𝙚 𝙡𝙚 𝙞𝙣𝙫𝙞𝙩𝙖 𝙖 𝙪𝙣𝙖 𝙘𝙤𝙥𝙖”.🌹

El mandarín Zhangzhuo fue un discípulo laico de Shishuang. Después de alcanzar el despertar, compuso el siguiente poema:

«La clara luz ilumina serenamente todas las existencias.
Todos los seres, santos o vulgares, viven en mí.
Cuando una imagen no aparece, el cuerpo total emerge.
Al menor movimiento de los seis sentidos, la mente se nubla.
Querer eliminar las perturbaciones agrava la enfermedad.
Negar la realidad es igualmente pernicioso.
Así pues, fluye sin obstáculos con las circunstancia del mundo.
Nirvāṇa y saṃsāra son flores en el cielo».


«La clara luz ilumina serenamente todas las existencias». Esta clara luz es la sala de los monjes, la sala del Buda, la cocina y las tres puertas del templo. Todas las existencias son la realización de la clara luz y la clara luz es la realización de todas las existencias.

«Todos los seres, santos o vulgares, viven en mí». No es que no haya seres santos y seres vulgares, sino que no debemos insultarles mediante la discriminación.

«Cuando una imagen no aparece, el cuerpo total emerge». Las imágenes aparecen una a una. Este estado es inevitablemente no-nacimiento y la manifestación total del cuerpo completo. Por esta razón se dice que ninguna imagen aparece.

«Al menor movimiento de los seis sentidos, la mente se nubla». A pesar de que los seis órganos sensoriales son los ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente, no siempre son dos por tres, pueden ser tres y tres, antes y después.

«Movimiento» es como el monte Sumeru, como la Tierra, como los seis órganos sensoriales y como el menor movimiento mismo. Puesto que el movimiento es como el monte Sumeru, el no-movimiento es también como el monte Sumeru. Por ejemplo, el monte Sumeru produce nubes y agua.

«Querer eliminar las perturbaciones agrava la enfermedad». Hasta el momento no hemos estado libres de la enfermedad; hemos padecido la soberbia de querer llegar a ser Buda y el sarampión de querer llegar a ser ancestros. La idea de eliminar la enfermedad es una enfermedad que agrava todavía más la dolencia. El momento proceso en que surge el pensamiento de eliminación es, en sí mismo, una perturbación. La enfermedad y la eliminación de la enfermedad son coexistentes y, al mismo tiempo, están más allá de la coexistencia. Las perturbaciones siempre llevan incluido el dharma de su disolución.


«Negar la realidad es igualmente pernicioso». Dar la espalda a la realidad es pernicioso. Dar la cara a la realidad es pernicioso. La realidad es a la vez «dar la espalda» y «dar la cara». Tanto en el lado «espalda» como en el lado «cara» se encuentra la realidad. ¿Quién puede darse cuenta de que lo «pernicioso» es también la realidad?


«Así pues, fluye sin obstáculos en las circunstancias del mundo». Las circunstancias producen continuamente nuevas circunstancias y la fluidez genera fluidez. A este estado se le llama sin obstáculo. Para conocer el obstáculo y el no-obstáculo debes estudiarlos con mirada no-obstaculizada.


«Nirvāṇa y saṃsāra son flores en el cielo». El nirvāṇa es el estado annutara-samyak-sambodhi (el Supremo y Perfecto Despertar). Este estado es la morada de los ancestros budistas y de sus discípulos. Saṃsāra es «el cuerpo real del ser humano». Nirvāṇa y saṃsāra son la realidad y al mismo tiempo son flores en el cielo. Las raíces y los tallos, las ramas y las hojas, las flores y los frutos, el resplandor y los colores de las flores en el vacío, son, cada uno, la floración de las flores en el cielo. Las flores en el cielo dan siempre frutos en el cielo y extienden las semillas del cielo. Puesto que el triple mundo en el que estamos viviendo ahora es cinco pétalos abiertos de las flores en el cielo, «lo mejor es percibir el triple mundo como triple mundo».


El triple mundo es la «forma real de todos los dharmas», es «la forma florecida de todos los dharmas». Todos los dharmas innumerables son flores en el cielo y son frutos en el cielo. Tenemos que darnos cuenta, a través de la experiencia, de que son parecidos al ciruelo y al sauce, al durazno y al albaricoquero.

lunes, 7 de marzo de 2022

ARISTÓTELES

 


INSTAGRAM: @psicoletrazaragoza


Aristóteles nació en el año 384 a.C. en una pequeña localidad macedonia cercana al monte Athos llamada Estagira, de donde proviene su sobrenombre, el Estagirita. Su padre, Nicómaco, era médico de la corte de Amintas III, padre de Filipo y, por tanto, abuelo de Alejandro Magno. Nicómaco pertenecía a la familia de los Asclepíades, que se reclamaba descendiente del dios fundador de la medicina y cuyo saber se transmitía de generación en generación. Ello invita a pensar que Aristóteles fue iniciado de niño en los secretos de la medicina y de ahí le vino su afición a la investigación experimental y a la ciencia positiva. Huérfano de padre y madre en plena adolescencia, fue adoptado por Proxeno, al cual pudo mostrar años después su gratitud adoptando a un hijo suyo llamado Nicanor.

 

En el año 367, es decir, cuando contaba diecisiete años de edad, fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón. No se sabe qué clase de relación personal se estableció entre ambos filósofos, pero, a juzgar por las escasas referencias que hacen el uno del otro en sus escritos, no cabe hablar de una amistad imperecedera. Lo cual, por otra parte, resulta lógico si se tiene en cuenta que Aristóteles iba a iniciar su propio sistema filosófico fundándolo en una profunda critica al platónico. Ambos partían de Sócrates y de su concepto de eidos, pero las dificultades de Platón para insertar su mundo eidético, el de las ideas, en el mundo real obligaron a Aristóteles a ir perfilando términos como «sustancia», «esencia» y «forma» que le alejarían definitivamente de la Academia. En cambio es absolutamente falsa la leyenda según la cual Aristóteles se marchó de Atenas despechado porque Platón, a su muerte, designase a su sobrino Espeusipo para hacerse cargo de la Academia. En su condición de macedonio Aristóteles no era legalmente elegible para ese puesto.

 

Alejandro Magno en el horizonte

 

A la muerte de Platón, ocurrida en el 348, Aristóteles contaba treinta y seis años de edad, habla pasado veinte de ellos simultaneando la enseñanza con el estudio y se encontraba en Atenas, como suele decirse, sin oficio ni beneficio. Así que no debió de pensárselo mucho cuando supo que Hermias de Atarneo, un soldado de fortuna griego (por más detalles, eunuco) que se habla apoderado del sector noroeste de Asia Menor, estaba reuniendo en la ciudad de Axos a cuantos discípulos de la Academia quisieran colaborar con él en la helenización de sus dominios. Aristóteles se instaló en Axos en compañía de Xenócrates de Calcedonia, un colega académico, y de Teofrasto, discípulo y futuro heredero del legado aristotélico.

 

El Estagirita pasaría allí tres años apacibles y fructíferos, dedicándose a la enseñanza, a la escritura (gran parte de su Política la redactó allí) y a la reproducción, ya que primero se casó con una sobrina de Hermias llamada Pitias, con la que tuvo una hija. Pitias debió de morir muy poco después y Aristóteles se unió a otra estagirita, de nombre Erpilis, que le dio un hijo, Nicómaco, al que dedicaría su Ética. Dado que el propio Aristóteles dejó escrito que el varón debe casarse a los treinta y siete años y la mujer a los dieciocho, resulta fácil deducir qué edades debían tener una y otra cuando se unió a ellas.

 

Tras el asesinato de Hermias, en el 345, Aristóteles se instaló en Mitilene (isla de Lesbos), dedicándose, en compañía de Teofrasto, al estudio de la biología. Dos años más tarde, en el 343, fue contratado por Filipo de Macedonia para que se hiciese cargo de la educación de su hijo Alejandro, a la sazón de trece años de edad. Tampoco se sabe mucho de la relación entre ambos, ya que las leyendas y las falsificaciones han borrado todo rastro de verdad. Pero de ser cierto el carácter que sus contemporáneos atribuyen a Alejandro (al que tachan unánimemente de arrogante, bebedor, cruel, vengativo e ignorante), no se advierte rasgo alguno de la influencia que Aristóteles pudo ejercer sobre él. Como tampoco se advierte la influencia de Alejandro sobre su maestro en el terreno político, pues Aristóteles seguía predicando la superioridad de las ciudades estado cuando su presunto discípulo estaba poniendo ya las bases de un imperio universal sin el que, al decir de los historiadores, la civilización helénica hubiera sucumbido mucho antes.

 

La vuelta a casa

 

Poco después de la muerte de Filipo, Alejandro hizo ejecutar a un sobrino de Aristóteles, Calístenes de Olinto, a quien acusaba de traidor. Conociendo el carácter vengativo de su discípulo, Aristóteles se refugió un año en sus propiedades de Estagira, trasladándose en el 334 a Atenas para fundar, siempre en compañía de Teofrasto, el Liceo, una institución pedagógica que durante años habría de competir con la Academia platónica, dirigida en ese momento por su viejo camarada Xenócrates de Calcedonia.

 

Los once años que median entre su regreso a Atenas y la muerte de Alejandro, en el 323, fueron aprovechados por Aristóteles para llevar a cabo una profunda revisión de una obra que, al decir de Hegel, constituye el fundamento de todas las ciencias. Para decirlo de la forma más sucinta posible, Aristóteles fue un prodigioso sintetizador del saber, tan atento a las generalizaciones que constituyen la ciencia como a las diferencias que no sólo distinguen a los individuos entre sí, sino que impiden la reducción de los grandes géneros de fenómenos y las ciencias que los estudian. Como él mismo dice, los seres pueden ser móviles e inmóviles, y al mismo tiempo separados (de la materia) o no separados. La ciencia que estudia los seres móviles y no separados es la física; la de los seres inmóviles y no separados es la matemática, y la de los seres inmóviles y separados, la teología.

 

Platón y Aristóteles en La Escuela de Atenas, de Rafael

 

La amplitud y la profundidad de su pensamiento son tales que fue preciso esperar dos mil años para que surgiese alguien de talla parecida. Y durante ese período su autoridad llegó a quedar tan establecida e incuestionada como la que ejercía la Iglesia, y tanto en la ciencia como en la filosofía todo intento de avance intelectual ha tenido que empezar con un ataque a cualquiera de los principios filosóficos aristotélicos.

 

Sin embargo, el camino seguido por el pensamiento de Aristóteles hasta alcanzar su actual preeminencia es tan asombroso que, aun descontando lo que la leyenda haya podido añadir, parece un argumento de novela de aventuras.

 

 

La aventura de los manuscritos

 

Con la muerte de Alejandro, en el 323, se extendió en Atenas una oleada de nacionalismo (antimacedonio) desencadenado por Demóstenes, hecho que le supuso a Aristóteles enfrentarse a una acusación de impiedad. No estando en su ánimo repetir la aventura de Sócrates, Aristóteles se exilió a la isla de Chalcis, donde murió en el 322. Según la tradición, Aristóteles le cedió sus obras a Teofrasto, el cual se las cedió a su vez a Neleo, quien las envió a casa de sus padres en Esquepsis sólidamente embaladas en cajas y con la orden de que las escondiesen en una cueva para evitar que fuesen requisadas con destino a la biblioteca de Pérgamo.

 

Muchos años después, los herederos de Neleo se las vendieron a Apelicón de Teos, un filósofo que se las llevó consigo a Atenas. En el 86 a.C., en plena ocupación romana, Sila se enteró de la existencia de esas cajas y las requisó para enviarlas a Roma, donde fueron compradas por Tiranión el Gramático. De mano en mano, esas obras fueron sufriendo sucesivos deterioros hasta que, en el año 60 a.C., fueron adquiridas por Andrónico de Rodas, el último responsable del Liceo, quien procedió a su edición definitiva. A él se debe, por ejemplo, la invención del término «metafísica», título bajo el que se agrupan los libros VII, VIII y IX y que significa, sencillamente, que salen a continuación de la física.

 

Con la caída del Imperio romano, las obras de Aristóteles, como las del resto de la cultura grecorromana, desaparecieron hasta que, bien entrado el siglo XIII, fueron recuperadas por el árabe Averroes, quien las conoció a través de las versiones sirias, árabes y judías. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogían, sólo se han salvado 30, que vienen a ocupar unas 2.000 páginas impresas. La mayoría de ellas proceden de los llamados escritos «acroamáticos», concebidos para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, todas las obras publicadas en vida del propio Aristóteles, escritas para el público general en forma de diálogos, se han perdido.

 

Aristóteles se ha significado como uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos y ha sido uno de los pilares del pensamiento occidental. Sus obras, escritas hace más de dos mil trescientos años, siguen ejerciendo una influencia notable sobre innumerables pensadores contemporáneos y continúan siendo objeto de estudio por parte de múltiples especialistas. La filosofía de Aristóteles constituye, junto a la de su maestro Platón, el legado más importante del pensamiento de la Grecia antigua.

 

Pese a ser discípulo de Platón, Aristóteles se distanció de las posiciones idealistas, para elaborar un pensamiento de carácter naturalista y realista. Frente a la separación radical entre el mundo sensible y el mundo inteligible planteada por las doctrinas platónicas, defendió la posibilidad de aprehender la realidad a partir de la experiencia. Así pues, en contra de las tesis de su maestro, consideró que las ideas o conceptos universales no deben separarse de las cosas, sino que estaban inmersos ellas, como forma específica a la materia. Por estos motivos, otorgó gran importancia a los estudios científicos y a la observación de la naturaleza. Sin embargo, las preocupaciones de Aristóteles no se dirigieron únicamente al estudio especulativo de las cosas y sus causas, sino que también se centraron en cuestiones de lógica formal, moral, política y estética. De acuerdo con las fuentes antiguas, el filósofo griego escribió 170 obras, aunque sólo 30 se han conservado hasta nuestros días.

 

La metafísica

 

La preocupación metafísica de Aristóteles es a la vez crítica, con respecto a la de su maestro Platón, y constructiva, puesto que se propone una nueva sistematización. Lo que pretende con la metafísica es llegar a saber "de los principios y de las causas primeras". Aborda los temas de la metafísica en lo que él llama "filosofía primera", ciencia que considera el ser en cuanto ser. Por ocuparse de las primeras y verdaderas causas, puede ser considerada igualmente ciencia de lo divino, ciencia teológica (Theoldgiké épistéme).

 

La vida de Aristóteles contada en una miniatura medieval

 

Aristóteles rechaza la teoría platónica de las Ideas separadas de los entes de este mundo. Lo verdaderamente existente no son los "reflejos" de las Ideas, sino los entes individuales, captados por la inteligencia y en los que reside el aspecto universal. En todo ser se da la sustancia (ousìa, esencia de cada ente individual subsistente en sí mismo) y el accidente (cualidad que no existe en sí misma sino en la sustancia). Las sustancias sensibles se hallan constituidas por dos principios: materia, que dice de qué está hecha una cosa, y forma, disposición o estructura de la misma.

 

Para explicar el cambio se vale de las nociones de acto y potencia, determinaciones primeras del ser. Ahora bien, con estas dos nociones sabemos cómo suceden los cambios o movimientos, pero no sabemos por qué. Esto lo conocemos mediante las razones o causas del cambio, que Aristóteles concretiza en cuatro: causa material, causa formal, causa eficiente y causa final (o teleológica). Esta última es de gran importancia para el Estagirita, ya que está convencido de que todo existe para cumplir un fin, pues todo, por su propia inmanencia, busca su intrínseca perfección.

 

 


La ciencia metafísica de Aristóteles culmina en la teología, la cual se ocupa del ser que existe per se, o sea, el ente en su sentido más pleno, la forma pura sin materia. Para probar la existencia de ese ser, apela a varios argumentos: "Entre las cosas que existen una es mejor que la otra; de allí que exista una cosa óptima, que debe ser la divina". Su argumento más conocido es el denominado de predicamento cosmológico: las cosas de este mundo son perecederas, y por lo tanto sufren cambio; este cambio acaece en el tiempo. Cambio y tiempo son, pues, imperecederos; mas para que se produzca el cambio o movimiento eterno ha de existir una sustancia eterna capaz de producir ese movimiento. Pero no podemos retrotraernos al infinito para buscar las causas de las causas, por lo que debemos llegar a unPrimer Motor inmóvil. Este motor es Dios, concebido por Aristóteles como fuerza inmaterial inalterable. Ese Ser, sin embargo, no aparece en Aristóteles como creador del mundo, porque éste es eterno.


 


Alma y conocimiento


 


Todos los seres vivos se presentan a Aristóteles como poseedores de alma (psyché), con lo cual se distinguen de los seres inanimados o inorgánicos. Distingue tres clases de alma: vegetativa (propia de las plantas, pero presente también en los animales y en el hombre), sensitiva (propia de los animales y del hombre), racional (exclusiva del hombre). Ésta tiene tres características: es causa del movimiento del cuerpo, conoce y es incorpórea.


 


Con respecto al conocimiento, Aristóteles no admite las doctrinas de Platón, ni tampoco el innatismo. La mente al nacer es "tamquam tabula rasa", en la que nada hay escrito. El conocimiento comienza en los sentidos, como nos demuestra la experiencia. Las captaciones de los sentidos son aprehendidas por el intelecto, generándose así el concepto. De esta forma llegamos al conocimiento suprasensible.


 


Ética


 


La ética de Aristóteles tiene un fin que se resume en la búsqueda de la felicidad. Para algunos, la felicidad consiste en los placeres; para otros, en las riquezas; pero el hombre sabio la busca en el ejercicio de la actividad que le es propia al hombre, es decir, en la vida intelectiva. Ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes, con tal de que no impida la contemplación de la verdad. Sobre esta base desarrolla Aristóteles el concepto de virtud. La virtud consiste en el justo medio. Lo que quiere dar a entender es que el actuar del hombre debe estar regido por la prudencia o regla recta. Hay dos modalidades de virtud: las dianoéticas (que se refieren al ejercicio de la inteligencia) y las éticas (que se refieren a la sensibilidad y los afectos). Todas las virtudes son hábitos que se adquieren por medio de la repetición. La virtud por excelencia es la justicia, la cual consiste en el acatamiento de las leyes y en el respeto a los demás ciudadanos.


 


Política


 


Para Aristóteles el hombre es un "animal político" por naturaleza. Sólo los animales y los dioses pueden vivir aislados. La fuerza natural hacia la reproducción y la conservación inclina a los hombres a vivir unidos, primero en la familia, luego en la aldea (unión de varias familias) y finalmente en la ciudad-estado (ni muy pocos, ni demasiados habitantes). El buen funcionamiento de una ciudad-estado no se asegura solamente por aunar voluntades hacia un mismo fin; se requiere también de leyes sensatas y apropiadas que respeten las diferencias y eduquen a los ciudadanos para la responsabilidad civil dentro de la libertad (Aristóteles, en su mentalidad clasista griega, no concibe el derecho de ciudadanía ni para las mujeres ni para los esclavos).


 



Aristóteles estudiando la naturaleza


 


Existen tres formas de legítimo gobierno: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de los mejores) y república (gobierno de muchos). A esas formas rectas de gobierno se oponen la tiranía, la oligarquía y la democracia (Aristóteles entiende por "democracia" el gobierno de los pobres). No se puede decir cuál de las tres es mejor, pues la teoría concreta para un pueblo hay que deducirla de una indagación objetiva de las varias formas históricas de gobierno, y definir según las circunstancias cuál es más conveniente para un determinado estado (Aristóteles recogió y estudió las constituciones de 158 estados). En principio, toda forma de gobierno es buena si quien gobierna busca el bien de los gobernados.


 


Su influencia


 


Durante mucho tiempo, el pensamiento aristotélico se vio eclipsado por el prestigio de las doctrinas de Platón. En época de la Roma cristianizada, el naturalismo y el realismo de Aristóteles eran despreciados y se privilegiaban las lecturas neoplatónicas de Plotino y Beocio. Debido al espiritualismo que caracterizó al pensamiento medieval, las doctrinas de Platón gozaron de preeminencia hasta el siglo XII.


 


Los filósofos árabes -y, particularmente, Avicena y Averroes- contribuyeron a que el pensamiento aristotélico fuese de nuevo objeto de atención en Occidente. El creciente interés por la naturaleza mostrado por el pensamiento cristiano en la Baja Edad Media hizo posible que la obra de Aristóteles fuese estudiada. Roger Bacon y Alberto Magno reivindicaron el pensamiento de este filósofo, y Santo Tomás de Aquino lo transformó en la base de la teología cristiana.


 


Los estudios de la escuela de Florencia, Francis Bacon y Galileo quebrantaron la autoridad aristotélica. Sin embargo, los escritos del filósofo griego continuaron ejerciendo influencia sobre diversas corrientes de pensamiento modernas, como el idealismo, el neoescolasticismo, el conductismo y el dinamismo de Bergson, entre otras.

lunes, 28 de febrero de 2022

BERT HELLINGER. TERAPIA SISTÉMICA

 



Bert Hellinger es un pedagogo y terapeuta alemán con una amplia formación psicoanalítica, filosófica y científica. A principios de los ochenta desarrolló un método muy innovador, el método de las constelaciones familiares, basándose en la observación de unas leyes que operan en los sistemas humanos –la familia, los grupos sociales, las instituciones, etc.– y que él llamó «órdenes del amor» (Hellinger, 2001). Estas leyes tratan de reducir el desorden de los sistemas a fin de que sean más funcionales y operativos en sus funciones, y a fin de restablecer el equilibrio y que cada persona encuentre el lugar que le permita desarrollar su destino.

Los grupos humanos se rigen por patrones innatos, a los cuales se van añadiendo todos aquellos que se van construyendo en la interacción cotidiana. Para compensar desequilibrios, cada familia construye una conciencia formada por los hechos significativos que han ocurrido, creencias, valores y maneras de hacer y de posicionarse que aseguran su supervivencia y pertenencia al sistema.

La familia es un sistema abierto que tiene unas leyes de funcionamiento que afectan a todos sus miembros, de forma consciente e inconsciente. El cambio en un miembro afecta a todos los demás, ya que están interconectados. Los sistemas familiares y sociales tienden a autorregularse para asegurar su supervivencia, se nutren y se vinculan con otros sistemas, llegando a constituir clanes, grupos, comunidades, etc. enriquecidos por innombrables virtudes y, al mismo tiempo, limitados por numerosos conflictos, desórdenes que vamos tejiendo a lo largo del tiempo. Estos órdenes son leyes naturales que operan en todos los grupos humanos. Su transgresión será el origen de los conflictos y discordias que se pueden manifestar como patologías individuales, familiares, grupales y sociales.

Cada ser humano lleva consigo una información hereditaria que está impresa en lo más profundo de su ser, que subyace en el inconsciente colectivo de los sistemas a los que pertenece y marca a cada persona de una forma particular.

Estos órdenes del amor que ha observado Bert Hellinger son las condiciones para que fluyan las relaciones y la vida y pueden resumirse en lo siguiente:

  • La vinculación y el derecho a la pertenencia. Cada persona tiene la necesidad de estar vinculada al sistema al que pertenece. Los miembros de un sistema tienen derecho a la pertenencia. El no reconocimiento del lugar que ocupa un miembro (exclusión, rechazo, desprecio, olvido) tiene consecuencias sistémicas, como pueden ser la identificación o repetición de patrones a través de varias generaciones.
  • El equilibrio entre el dar y el recibir. Todos los sistemas humanos tienen la tendencia y la necesidad de equilibrarse. Toda relación es un equilibrio, pero es diferente entre iguales. Entre un hombre y una mujer debe existir un equilibrio entre el dar y el recibir para que la relación funcione. Entre padres e hijos existe un desnivel natural, no se consigue el equilibrio en la misma medida, ya que los primeros dan más, y los segundos reciben más. Los hijos nunca pueden dar a los padres lo que recibieron de éstos, sino que crecerán y abandonarán el hogar familiar para dar a otros lo que recibieron. Así fluye la vida. También la relación entre maestros y alumnos es una relación entre no iguales.
  • Hay unas reglas, unas leyes y unas jerarquías según el tiempo. Quien estuvo antes tiene prioridad sobre el que viene después; quien tiene más responsabilidad en un sistema, tiene un lugar prioritario. Así, los padres ocupan el primer lugar, seguidos de los hijos, por orden de edades, y lo mismo ocurre entre los hermanos.
  • El método creado por Bert Hellinger es fenomenológico y permite acceder a la información inconsciente de un determinado sistema y detectar dónde están los desórdenes y las transgresiones. Favorece «soluciones» que ordenan el sistema, reencontrando los órdenes del amor antes citados.

    Aplicación de los órdenes del amor al contexto educativo

    La aplicación de la perspectiva sistémica en el ámbito educativo requiere observar cómo deben integrarse en el mismo los principios que sustentan los órdenes del amor a fin de conseguir el objetivo perseguido. Así pues, hay que atender a lo siguiente:

    La importancia del orden, qué fue antes y qué después, una mirada transgeneracional, la importancia de la vinculación con las generaciones.

    • El valor de la inclusión de todos los elementos del hecho educativo.
      El peso de las culturas de origen, que tienen que ver con las lealtades a los contextos de los que provenimos.
    • La importancia de las interacciones dentro del sistema (cualquier elemento disfuncional puede afectar al resto de elementos).
    • Los órdenes y desórdenes. La mayoría de las veces operan de forma inconsciente. Se trata de identificar los desórdenes y poner la mirada en las soluciones que pueden hacer más funcional y operativo el sistema favoreciendo el aprendizaje y el bienestar de todos los participantes en el hecho educativo.

miércoles, 16 de febrero de 2022

EPICTETO. Estoicismo

 


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Parte del perdurable atractivo y de la difundida influencia del filósofo griego Epícteto (ca. 55-135 d.C.) es que no se preocupó por hacer una distinción entre los filósofos profesionales y la gente corriente, sino que ofreció su mensaje con claridad y celo a todos los que estuviesen interesados en vivir una vida moralmente despierta.

Sin embargo, Epicteto creía firmemente en la necesidad de entrenarse para ir refinando gradualmente el carácter y la conducta. El progreso moral no es el dominio natural de las gentes de alcurnia, ni tampoco algo que se obtiene por casualidad o por suerte, sino el resultado de trabajar sobre nosotros mismos, día a día.

Siguiendo el espíritu democrático de la doctrina de Epícteto, hemos extractado del pequeño volumen  Manual de Vida algunas ideas principales del gran filósofo estoico, utilizando un lenguaje y unas imágenes adaptadas a nuestra época. Son ideas contenidas en el Enchiridion y los Discursos, los únicos documentos existentes que reúnen la filosofía de Epícteto.  E propósito es  comunicar el espíritu, pero no necesariamente la letra, de su doctrina. ad.

Epícteto comprendió bien la elocuencia de la acción. Exhortó a sus estudiantes a evitar las argumentaciones meramente ingeniosas y aplicar activamente su doctrina a las circunstancias concretas de la vida cotidiana. Por consiguiente, el Manual de Vida es un esfuerzo por expresar el núcleo del pensamiento de Epícteto de una manera actualizada y provocadora, que inspire a los lectores no sólo a la contemplación, sino a introducir en su vida esos pequeños y sucesivos cambios que conduce a la dignidad personal y a una vida noble.

 

EL ESPIRITU DE EPICTETO

 

¿Cómo puedo vivir una vida feliz, realizada? ¿Cómo puedo ser una persona buena? Responder a estas dos preguntas fue la única pasión de Epícteto, el influyente filósofo estoico nacido en la esclavitud cerca del año 55 d.C., en Hierápolis, Frigia, en los extremos orientales del Imperio Romano.

Sus enseñanzas, cuando las despojamos de sus antiguos ornamentos culturales, poseen una extraordinaria pertinencia para nuestra época. En ocasiones, su filosofía suena como lo mejor de la psicología contemporánea, y algo como la “Oración de la serenidad”, que recitan los alcohólicos y que caracteriza la etapa de la recuperación: “Concédeme la serenidad de aceptar lo que no puedo cambiar, el valor de cambiar lo que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia”, podría incluirse sin dificultad aquí. En efecto, es posible que el pensamiento de Epícteto sea una de las fuentes de la moderna psicología de la realización personal, puesto que sus enseñanzas han ejercido una enorme influencia sobre los principales pensadores del arte de vivir durante casi dos milenios (aunque su pensamiento es menos conocido hoy en día, debido a la menor importancia que se le concede a la educación clásica).

No obstante, en algunos aspectos importantes Epícteto es muy tradicional y poco contemporáneo. Mientras que nuestra sociedad – en la práctica, si no siempre de manera explícita – considera los logros profesionales, la riqueza, el poder y la fama como algo deseable y admirable, Epícteto consideraba tales cosas como algo insignificante y ajeno a la verdadera felicidad. Lo que importa, en realidad, es en qué tipo de persona nos convertimos, qué tipo de vida llevamos.


Para Epícteto, una vida feliz y una vida virtuosa son una y la misma cosa. La felicidad y la realización personal son consecuencias naturales de hacer lo correcto. A diferencia de muchos filósofos de su tiempo, a Epícteto le preocupaba menos comprender el mundo, que identificar los pasos específicos que conducen a la búsqueda de la excelencia moral. Parte de su genio es el énfasis que pone sobre el progreso moral, por encima de la perfección moral. Con una aguda comprensión de la facilidad con la que los seres humanos nos apartamos de vivir según nuestros más altos principios. Epícteto exhorta a sus discípulos a considerar la vida filosófica como una progresión de etapas que se aproxima gradualmente a los más preciados ideales de cada uno.


Para Epícteto la noción de la vida buena no consiste en seguir una lista de preceptos, sino más bien en armonizar nuestros actos y deseos con la naturaleza. Su objetivo no es realizar obras buenas para ganar el favor de los dioses y la admiración de los demás, sino alcanzar la serenidad interior, y con ella, una libertad personal perdurable. La bondad es una empresa de iguales oportunidades, disponible para cualquiera en cualquier momento: rico o pobre, culto o ignorante; y no el dominio exclusivo de los “profesionales de la espiritualidad”, tales como monjes, santos o ascetas.


Epícteto propuso una concepción de virtud sencilla, corriente y cotidiana en su expresión. Privilegió una vida de constante obediencia a la voluntad divina, por encima de un despliegue extraordinario, conspicuo o heroico de la bondad.


La fórmula de Epícteto para llevar una vida buena se centra en tres temas principales: el dominio de los deseos, el cumplimiento del deber y el aprendizaje de una clara manera de pensar con relación a nosotros mismos y a nuestras relaciones dentro de la gran comunidad de la humanidad.


Aún cuando Epícteto era un brillante maestro de la lógica y el debate, no hacía ostentación de sus excepcionales habilidades retóricas. Su actitud era la de un profesor alegre y humilde, que urgía a sus alumnos a tomar muy en serio el asunto de vivir sabiamente. Epícteto caminaba durante sus charlas, vivía con modestia en una choza y evitaba todo interés por la fama, la fortuna y el poder.

Cuando Epícteto era joven, su maestro, Epafrodito, el secretario administrativo de Nerón, lo llevó a Roma. Desde temprana edad, el joven y promisorio filósofo manifestó un talento intelectual superior, que impresionó de tal manera a Epafrodito que lo envió a estudiar con el famoso maestro estoico Musonio Rufus.  Epícteto se convirtió en el más célebre discípulo de Musonio Rufus, y con el tiempo fue liberado de la esclavitud.

Epícteto enseñó en Roma hasta el año 94, cuando el emperador Domiciano, amenazado por la creciente influencia de los filósofos, lo expulsó de la ciudad. Pasó el resto de su vida en Nicópolis, en la costa noroccidental de Grecia, donde fundó una escuela filosófica en la que enseñaba cómo vivir con mayor dignidad y serenidad.

Entre sus más distinguidos discípulos se encuentra el joven Marco Aurelio Antoninus, quien llegó a gobernar el Imperio Romano y escribió las famosas Meditaciones, cuyas raíces estoicas se remontan a la doctrina moral de Epícteto. Epícteto murió alrededor del año 135 en Nicópolis.

Si quieres probar tu resistencia, hazlo para ti mismo, no para los demás

No nos hinchemos de orgullo si conseguimos satisfacer nuestras necesidades a bajo costo.  La primera tarea de quien desea vivir sabiamente, es liberarse de los límites del egoísmo.

Consideremos cuánto más austeros que nosotros son los pobres, y cómo soportan las tribulaciones con mayor fortaleza.  Si queremos desarrollar la capacidad de vivir sencillamente, hagámoslo para nosotros mismos, en silencio, y no para impresionar a los demás.

 

La decencia y la belleza interior valen más que las apariencias

Las mujeres se ven especialmente agobiadas por la atención que reciben a causa de su apariencia.  Desde su juventud, son aduladas por los hombres o juzgadas únicamente en términos de su apariencia externa.

Infortunadamente, esto puede llevar a una mujer a creer que sólo está hecha para dar placer a los hombres, y entonces sus verdaderas dotes interiores tristemente se atrofian.  Puede sentirse obligada a dedicar mucho tiempo y esfuerzo a aumentar su belleza exterior y a distorsionar su ser natural para agradar a otros.

Es triste ver que mucha gente –tanto hombres como mujeres- pone toda su atención en el manejo de su apariencia física y de la impresión que causa en los demás.

Quienes buscan vivir una vida sabia llegan a comprender que, aunque el mundo pueda recompensarnos por razones equivocadas o superficiales –tales como nuestra apariencia física, la familia de la que provenimos y cosas semejantes-  lo que importa en realidad es quiénes somos en nuestro interior y en qué tipo de persona nos estamos convirtiendo.


Sé discreto en tu conversación


Darse importancia no es la forma de ser del verdadero sabio.  Nadie disfruta de la compañía de un fanfarrón.  Por consiguiente, no agobiemos a los demás con relatos dramáticos acerca de nuestras hazañas; a nadie le importan tanto nuestras historias y aventuras dramáticas, aún cuando las soporten por un tiempo por amabilidad.  Hablar con frecuencia y en exceso de nuestros propios logros es fatigante y pomposo.


No es preciso ser el payaso del grupo; tampoco necesitamos recurrir a otros métodos indelicados para convencer a los demás de que somos inteligentes, sofisticados o afables.


Las conversaciones agresivas, triviales u ostentosas deben evitarse; ellas sólo nos rebajan en la estima de nuestros conocidos.


Muchas personas condimentan su conversación con obscenidades para comunicarle fuerza e intensidad a su discurso, o para incomodar a los demás.  Rehusemos participar en tales conversaciones.  Cuando la gente que nos rodea comience a deslizarse hacia conversaciones indecentes y desprovistas de propósito, abandonemos el lugar si es posible, o al menos, guardemos silencio y dejemos que nuestra seriedad muestre que este tipo de conversaciones soeces nos ofende.


 


Compórtate con dignidad


Comportémonos siempre como si fuésemos personas distinguidas, independientemente del lugar en que nos encontremos.


Aun cuando el comportamiento de mucha gente es dictado por lo que sucede a su alrededor, sigamos patrones más elevados.  Preocupémonos por evitar fiestas o juegos donde la parranda y la juerga irresponsable sean la norma.  Si nos encontramos en un evento público, permanezcamos aferrados a nuestros propósitos e ideales.


 Define claramente qué tipo de persona deseas ser

¿Qué tipo de persona deseamos ser? ¿Cuáles son nuestros ideales personales? ¿A quién admiramos? ¿Cuáles son los rasgos especiales de las personas a las que quisiéramos imitar?

Es tiempo de dejar de ser imprecisos.  Identifiquemos claramente qué tipo de persona deseamos llegar a ser.  Si llevamos un diario, escribamos en él a qué aspiramos, para poder tomar como referencia esta auto-definición.  Describamos con precisión la actitud que deseamos adoptar para poder mantenerla cuando estemos solos o en compañía de otras personas.

 

Habla solamente con buena intención

Se presta mucha atención a la importancia moral de nuestros actos y sus efectos.  Pero quienes buscan vivir una vida superior también llegan a comprender el poder moral de las palabras.

Uno de los signos más claros de una vida sabia es la atención que se concede a las palabras.  Perfeccionar nuestra manera de hablar es una de las piedras angulares de un programa espiritual auténtico.

En primer lugar y ante todo, pensemos antes de hablar para asegurarnos de que hablamos con buena intención.  La charlatanería es una falta de respeto para con los demás.  El revelarnos a los otros con ligereza es una falta de respeto para con nosotros mismos.  Muchas personas se sienten impulsadas a expresar cualquier sentimiento, pensamiento o impresión pasajera que tienen, vacían el contenido de sus mentes al azar, y sin prestar atención a las consecuencias.  Esto es peligroso, tanto desde el punto de vista práctico como desde el punto de vista moral.  Si comentamos  toda idea que nos viene a la mente –importante o no- malgastamos en la corriente trivial de la conversación sin sentido ideas que poseen verdadero valor.  El habla descuidada es como un vehículo que pierde el control y se precipita en una zanja.

Si es necesario, guardemos silencio la mayor parte del tiempo o hablemos poco.  Hablar no es bueno ni malo en sí mismo, pero es tan común que la gente hable sin cuidado, que es preciso estar en guardia.  Las conversaciones frívolas son dañinas; además, no es decoroso ser un parlanchín.

Debemos participar en las discusiones cuando la ocasión social o profesional lo exija, pero debemos cuidarnos de que el espíritu e intención de la discusión, y su contenido, valgan la pena.  El parloteo es seductor; no nos dejemos atrapar por él.

No es necesario restringirnos a hablar sobre elevados temas todo el tiempo, pero debemos ser conscientes de que el parloteo que pasa por una discusión de valor tiene un efecto corrosivo sobre nuestros propósitos superiores.  Cuando conversamos acerca de cosas triviales, nos volvemos triviales, pues nuestra atención es acaparada por tales asuntos, y nos convertimos en aquello a lo que prestamos atención. 

Nos tornamos mezquinos cuando participamos en discusiones acerca de otras personas.  En especial, debemos evitar culpar, elogiar o comparar unas personas con otras.

Cuando advirtamos que la conversación en la que participamos degenera en palabrería, tratemos, en la medida de lo posible, de reorientarla hacia temas más constructivos.  Pero si nos encontramos entre personas extrañas e indiferentes, limitémonos a permanecer en silencio.

Seamos de buen talante y disfrutemos de una buena sonrisa cuando sea conveniente, pero evitemos el tipo de risotadas descontroladas que degeneran con facilidad en vulgaridad o malevolencia.  Riamos con, pero nunca de.

Cuando sea posible, evitemos hacer promesas vanas.

 

Evita adoptar las opiniones negativas de los demás

Las ideas y los problemas de los demás pueden ser contagiosos.  No nos abrumemos adoptando involuntariamente actitudes negativas e improductivas a través de nuestra relación con otras personas.

Si encontramos a un amigo abatido, a un pariente en duelo o a un colega que ha sufrido un súbito revés de fortuna, cuidémonos de no afligirnos por el aparente infortunio.  Recordemos. “Lo que hiere a esta persona no es el acontecimiento en si mismo, pues otra persona podría ni sentirse oprimida por esta situación en absoluto.  Lo que le duele a esta persona es la respuesta que ella ha adoptado ciegamente”.

No es una demostración de amabilidad o amistad hacia las personas por quienes sentimos afecto, apoyarlas para que se complazcan en sentimientos obstinados y negativos. Nos ayudamos más nosotros mismos y a los demás si permanecemos distantes y evitamos las reacciones melodramáticas.

Mas si conversamos con alguien que está deprimido, herido o frustrado, seamos amables y escuchémoslo con simpatía; sólo cuidémonos de no dejarnos llevar por su abatimiento.

 

Concéntrate en tu deber principal

Hay un tiempo y un lugar para la diversión y el esparcimiento, pero nunca debemos permitir que ellos invaliden nuestros verdaderos propósitos. Si estuviésemos en un viaje y el barco anclara en un puerto, podríamos ir a la playa por agua y hallar una concha o una planta. Pero debemos ser cuidadosos; estemos atentos al llamado del capitán. Mantengamos nuestra atención puesta en el barco; distraernos con nimiedades es lo más sencillo del mundo.  Si el capitán nos llama, debemos estar dispuestos a abandonar estas distracciones y acudir de inmediato, sin siquiera mirar atrás.

Evita adoptar las opiniones negativas de los demás

Las ideas y los problemas de los demás pueden ser contagiosos.  No nos abrumemos adoptando involuntariamente actitudes negativas e improductivas a través de nuestra relación con otras personas.

Si encontramos a un amigo abatido, a un pariente en duelo o a un colega que ha sufrido un súbito revés de fortuna, cuidémonos de no afligirnos por el aparente infortunio.  Recordemos. “Lo que hiere a esta persona no es el acontecimiento en si mismo, pues otra persona podría ni sentirse oprimida por esta situación en absoluto.  Lo que le duele a esta persona es la respuesta que ella ha adoptado ciegamente”.

No es una demostración de amabilidad o amistad hacia las personas por quienes sentimos afecto, apoyarlas para que se complazcan en sentimientos obstinados y negativos. Nos ayudamos más nosotros mismos y a los demás si permanecemos distantes y evitamos las reacciones melodramáticas.

Mas si conversamos con alguien que está deprimido, herido o frustrado, seamos amables y escuchémoslo con simpatía; sólo cuidémonos de no dejarnos llevar por su abatimiento.