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Paz y Ciencia
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miércoles, 9 de marzo de 2022

EPICTETO: MANUAL DE VIDA

 




Epicteto (55-135) fue un filósofo griego, de la escuela estoica. Nació en Hierápolis de Frigia (actual sudoeste de Turquía), pero desde su primera infancia vivió en Roma como esclavo, propiedad del liberto Epafrodito, de la casa de Nerón, quien lo inició en el estudio de la filosofía. Allí, una vez obtenida la libertad, fundó su primera escuela y conoció al filósofo Musonio Rufo, del que fue discípulo hasta que Domiciano expulsó a los filósofos de la ciudad.

Después de abandonar Roma, hacia el año 93, se estableció en Nicópolis, en el noroeste de Grecia, hasta donde atrajo a numerosos patricios romanos. Su vida fue siempre de una sencillez extrema. Habitó casas pequeñas, contando únicamente con lo imprescindible, y siempre dejaba la puerta abierta. Durante toda su vida comió lo que tenía a mano. No se casó nunca, pero compartió su vejez con una mujer que, a modo de ama de cría, lo ayudó a sacar adelante al hijo de un amigo caído en desgracia.

Al igual que muchos otros maestros antiguos decidió no escribir y desarrollar su pensamiento en un auténtico y cotidiano diálogo con sus alumnos. Sus enseñanzas nos han sido transmitidas por su discípulo Flavio Arriano, quien las recogió en las Disertaciones o Diatribas (ocho libros, cuatro de los cuales han llegado hasta nosotros), y en la selección Pensamientos, conocida como Enchiridion o Manual de Epicteto.

La doctrina de Epicteto une al rigor de la moral cínica la teoría estoica del "logos" divino que gobierna el mundo según un plan racional. El tema central de Epicteto reside en la distinción que hace entre lo que depende exclusivamente de nosotros, y que constituye nuestro yo, y lo que está fuera de nosotros y que constituye el mundo. De una parte, la razón; de otra, las cosas. Este es el tema del libro de las Disertaciones. El Manual desarrolla el concepto de libertad que adquiere el hombre cuando por medio de la razón logra ubicarse más allá de cualquier engaño, de cualquier complacencia, de cualquier dolor, de cualquier sentimiento y de la misma vida. Así se entiende el valor de la célebre fórmula estoica "sustine et abstine" ("soporta con dolor y abstente de los bienes aparentes").

Sobre aquello que no podemos decidir, o no depende de nosotros, no debemos preocuparnos ni dedicarle esfuerzos inútiles, pues está en manos del Hado o de la providencia divina. De hecho, sólo depende de nosotros el buen uso de las representaciones, es decir, aceptar que las cosas son como son y nada más, y el recto ejercicio de la voluntad. Sólo Dios es enteramente libre y nuestra libertad consiste en la plena aceptación de sus designios, lo que nos da la tranquilidad de saber que todo está bajo su dependencia: el único mal está en nuestra voluntad. La esencia de esta voluntad es el querer la virtud y, para lograrla, es preciso: ordenar los deseos según la razón, el cumplimiento escrupuloso del deber y el control de los juicios según las reglas lógicas. A ello deben unirse la templanza, la castidad, la modestia y la veracidad.

Epicteto subraya la necesidad de proteger nuestra alma de las pasiones y de las apetencias de las cosas externas, ya que la verdadera esclavitud es la de los deseos. En el aspecto político, Epicteto defendía un pleno cosmopolitismo, así como la igualdad de todos los hombres. El pensamiento de Epicteto tuvo una gran influencia sobre el emperador Marco Aurelio.

El elevado tono de su moral hizo nacer la leyenda de su conversión secreta al cristianismo.

De hecho, el Manual gozó de gran estima entre los místicos y ascetas cristianos. La fama de Epicteto fue grande, mereciendo, según Orígenes, más respeto en vida del que había gozado Platón.


miércoles, 16 de febrero de 2022

EPICTETO. Estoicismo

 


Instagram: @psicoletrazaragoza.  Zaragoza Gran Vía Y Online.                                            Página Web: www.rcordobasanz.es


Parte del perdurable atractivo y de la difundida influencia del filósofo griego Epícteto (ca. 55-135 d.C.) es que no se preocupó por hacer una distinción entre los filósofos profesionales y la gente corriente, sino que ofreció su mensaje con claridad y celo a todos los que estuviesen interesados en vivir una vida moralmente despierta.

Sin embargo, Epicteto creía firmemente en la necesidad de entrenarse para ir refinando gradualmente el carácter y la conducta. El progreso moral no es el dominio natural de las gentes de alcurnia, ni tampoco algo que se obtiene por casualidad o por suerte, sino el resultado de trabajar sobre nosotros mismos, día a día.

Siguiendo el espíritu democrático de la doctrina de Epícteto, hemos extractado del pequeño volumen  Manual de Vida algunas ideas principales del gran filósofo estoico, utilizando un lenguaje y unas imágenes adaptadas a nuestra época. Son ideas contenidas en el Enchiridion y los Discursos, los únicos documentos existentes que reúnen la filosofía de Epícteto.  E propósito es  comunicar el espíritu, pero no necesariamente la letra, de su doctrina. ad.

Epícteto comprendió bien la elocuencia de la acción. Exhortó a sus estudiantes a evitar las argumentaciones meramente ingeniosas y aplicar activamente su doctrina a las circunstancias concretas de la vida cotidiana. Por consiguiente, el Manual de Vida es un esfuerzo por expresar el núcleo del pensamiento de Epícteto de una manera actualizada y provocadora, que inspire a los lectores no sólo a la contemplación, sino a introducir en su vida esos pequeños y sucesivos cambios que conduce a la dignidad personal y a una vida noble.

 

EL ESPIRITU DE EPICTETO

 

¿Cómo puedo vivir una vida feliz, realizada? ¿Cómo puedo ser una persona buena? Responder a estas dos preguntas fue la única pasión de Epícteto, el influyente filósofo estoico nacido en la esclavitud cerca del año 55 d.C., en Hierápolis, Frigia, en los extremos orientales del Imperio Romano.

Sus enseñanzas, cuando las despojamos de sus antiguos ornamentos culturales, poseen una extraordinaria pertinencia para nuestra época. En ocasiones, su filosofía suena como lo mejor de la psicología contemporánea, y algo como la “Oración de la serenidad”, que recitan los alcohólicos y que caracteriza la etapa de la recuperación: “Concédeme la serenidad de aceptar lo que no puedo cambiar, el valor de cambiar lo que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia”, podría incluirse sin dificultad aquí. En efecto, es posible que el pensamiento de Epícteto sea una de las fuentes de la moderna psicología de la realización personal, puesto que sus enseñanzas han ejercido una enorme influencia sobre los principales pensadores del arte de vivir durante casi dos milenios (aunque su pensamiento es menos conocido hoy en día, debido a la menor importancia que se le concede a la educación clásica).

No obstante, en algunos aspectos importantes Epícteto es muy tradicional y poco contemporáneo. Mientras que nuestra sociedad – en la práctica, si no siempre de manera explícita – considera los logros profesionales, la riqueza, el poder y la fama como algo deseable y admirable, Epícteto consideraba tales cosas como algo insignificante y ajeno a la verdadera felicidad. Lo que importa, en realidad, es en qué tipo de persona nos convertimos, qué tipo de vida llevamos.


Para Epícteto, una vida feliz y una vida virtuosa son una y la misma cosa. La felicidad y la realización personal son consecuencias naturales de hacer lo correcto. A diferencia de muchos filósofos de su tiempo, a Epícteto le preocupaba menos comprender el mundo, que identificar los pasos específicos que conducen a la búsqueda de la excelencia moral. Parte de su genio es el énfasis que pone sobre el progreso moral, por encima de la perfección moral. Con una aguda comprensión de la facilidad con la que los seres humanos nos apartamos de vivir según nuestros más altos principios. Epícteto exhorta a sus discípulos a considerar la vida filosófica como una progresión de etapas que se aproxima gradualmente a los más preciados ideales de cada uno.


Para Epícteto la noción de la vida buena no consiste en seguir una lista de preceptos, sino más bien en armonizar nuestros actos y deseos con la naturaleza. Su objetivo no es realizar obras buenas para ganar el favor de los dioses y la admiración de los demás, sino alcanzar la serenidad interior, y con ella, una libertad personal perdurable. La bondad es una empresa de iguales oportunidades, disponible para cualquiera en cualquier momento: rico o pobre, culto o ignorante; y no el dominio exclusivo de los “profesionales de la espiritualidad”, tales como monjes, santos o ascetas.


Epícteto propuso una concepción de virtud sencilla, corriente y cotidiana en su expresión. Privilegió una vida de constante obediencia a la voluntad divina, por encima de un despliegue extraordinario, conspicuo o heroico de la bondad.


La fórmula de Epícteto para llevar una vida buena se centra en tres temas principales: el dominio de los deseos, el cumplimiento del deber y el aprendizaje de una clara manera de pensar con relación a nosotros mismos y a nuestras relaciones dentro de la gran comunidad de la humanidad.


Aún cuando Epícteto era un brillante maestro de la lógica y el debate, no hacía ostentación de sus excepcionales habilidades retóricas. Su actitud era la de un profesor alegre y humilde, que urgía a sus alumnos a tomar muy en serio el asunto de vivir sabiamente. Epícteto caminaba durante sus charlas, vivía con modestia en una choza y evitaba todo interés por la fama, la fortuna y el poder.

Cuando Epícteto era joven, su maestro, Epafrodito, el secretario administrativo de Nerón, lo llevó a Roma. Desde temprana edad, el joven y promisorio filósofo manifestó un talento intelectual superior, que impresionó de tal manera a Epafrodito que lo envió a estudiar con el famoso maestro estoico Musonio Rufus.  Epícteto se convirtió en el más célebre discípulo de Musonio Rufus, y con el tiempo fue liberado de la esclavitud.

Epícteto enseñó en Roma hasta el año 94, cuando el emperador Domiciano, amenazado por la creciente influencia de los filósofos, lo expulsó de la ciudad. Pasó el resto de su vida en Nicópolis, en la costa noroccidental de Grecia, donde fundó una escuela filosófica en la que enseñaba cómo vivir con mayor dignidad y serenidad.

Entre sus más distinguidos discípulos se encuentra el joven Marco Aurelio Antoninus, quien llegó a gobernar el Imperio Romano y escribió las famosas Meditaciones, cuyas raíces estoicas se remontan a la doctrina moral de Epícteto. Epícteto murió alrededor del año 135 en Nicópolis.

Si quieres probar tu resistencia, hazlo para ti mismo, no para los demás

No nos hinchemos de orgullo si conseguimos satisfacer nuestras necesidades a bajo costo.  La primera tarea de quien desea vivir sabiamente, es liberarse de los límites del egoísmo.

Consideremos cuánto más austeros que nosotros son los pobres, y cómo soportan las tribulaciones con mayor fortaleza.  Si queremos desarrollar la capacidad de vivir sencillamente, hagámoslo para nosotros mismos, en silencio, y no para impresionar a los demás.

 

La decencia y la belleza interior valen más que las apariencias

Las mujeres se ven especialmente agobiadas por la atención que reciben a causa de su apariencia.  Desde su juventud, son aduladas por los hombres o juzgadas únicamente en términos de su apariencia externa.

Infortunadamente, esto puede llevar a una mujer a creer que sólo está hecha para dar placer a los hombres, y entonces sus verdaderas dotes interiores tristemente se atrofian.  Puede sentirse obligada a dedicar mucho tiempo y esfuerzo a aumentar su belleza exterior y a distorsionar su ser natural para agradar a otros.

Es triste ver que mucha gente –tanto hombres como mujeres- pone toda su atención en el manejo de su apariencia física y de la impresión que causa en los demás.

Quienes buscan vivir una vida sabia llegan a comprender que, aunque el mundo pueda recompensarnos por razones equivocadas o superficiales –tales como nuestra apariencia física, la familia de la que provenimos y cosas semejantes-  lo que importa en realidad es quiénes somos en nuestro interior y en qué tipo de persona nos estamos convirtiendo.


Sé discreto en tu conversación


Darse importancia no es la forma de ser del verdadero sabio.  Nadie disfruta de la compañía de un fanfarrón.  Por consiguiente, no agobiemos a los demás con relatos dramáticos acerca de nuestras hazañas; a nadie le importan tanto nuestras historias y aventuras dramáticas, aún cuando las soporten por un tiempo por amabilidad.  Hablar con frecuencia y en exceso de nuestros propios logros es fatigante y pomposo.


No es preciso ser el payaso del grupo; tampoco necesitamos recurrir a otros métodos indelicados para convencer a los demás de que somos inteligentes, sofisticados o afables.


Las conversaciones agresivas, triviales u ostentosas deben evitarse; ellas sólo nos rebajan en la estima de nuestros conocidos.


Muchas personas condimentan su conversación con obscenidades para comunicarle fuerza e intensidad a su discurso, o para incomodar a los demás.  Rehusemos participar en tales conversaciones.  Cuando la gente que nos rodea comience a deslizarse hacia conversaciones indecentes y desprovistas de propósito, abandonemos el lugar si es posible, o al menos, guardemos silencio y dejemos que nuestra seriedad muestre que este tipo de conversaciones soeces nos ofende.


 


Compórtate con dignidad


Comportémonos siempre como si fuésemos personas distinguidas, independientemente del lugar en que nos encontremos.


Aun cuando el comportamiento de mucha gente es dictado por lo que sucede a su alrededor, sigamos patrones más elevados.  Preocupémonos por evitar fiestas o juegos donde la parranda y la juerga irresponsable sean la norma.  Si nos encontramos en un evento público, permanezcamos aferrados a nuestros propósitos e ideales.


 Define claramente qué tipo de persona deseas ser

¿Qué tipo de persona deseamos ser? ¿Cuáles son nuestros ideales personales? ¿A quién admiramos? ¿Cuáles son los rasgos especiales de las personas a las que quisiéramos imitar?

Es tiempo de dejar de ser imprecisos.  Identifiquemos claramente qué tipo de persona deseamos llegar a ser.  Si llevamos un diario, escribamos en él a qué aspiramos, para poder tomar como referencia esta auto-definición.  Describamos con precisión la actitud que deseamos adoptar para poder mantenerla cuando estemos solos o en compañía de otras personas.

 

Habla solamente con buena intención

Se presta mucha atención a la importancia moral de nuestros actos y sus efectos.  Pero quienes buscan vivir una vida superior también llegan a comprender el poder moral de las palabras.

Uno de los signos más claros de una vida sabia es la atención que se concede a las palabras.  Perfeccionar nuestra manera de hablar es una de las piedras angulares de un programa espiritual auténtico.

En primer lugar y ante todo, pensemos antes de hablar para asegurarnos de que hablamos con buena intención.  La charlatanería es una falta de respeto para con los demás.  El revelarnos a los otros con ligereza es una falta de respeto para con nosotros mismos.  Muchas personas se sienten impulsadas a expresar cualquier sentimiento, pensamiento o impresión pasajera que tienen, vacían el contenido de sus mentes al azar, y sin prestar atención a las consecuencias.  Esto es peligroso, tanto desde el punto de vista práctico como desde el punto de vista moral.  Si comentamos  toda idea que nos viene a la mente –importante o no- malgastamos en la corriente trivial de la conversación sin sentido ideas que poseen verdadero valor.  El habla descuidada es como un vehículo que pierde el control y se precipita en una zanja.

Si es necesario, guardemos silencio la mayor parte del tiempo o hablemos poco.  Hablar no es bueno ni malo en sí mismo, pero es tan común que la gente hable sin cuidado, que es preciso estar en guardia.  Las conversaciones frívolas son dañinas; además, no es decoroso ser un parlanchín.

Debemos participar en las discusiones cuando la ocasión social o profesional lo exija, pero debemos cuidarnos de que el espíritu e intención de la discusión, y su contenido, valgan la pena.  El parloteo es seductor; no nos dejemos atrapar por él.

No es necesario restringirnos a hablar sobre elevados temas todo el tiempo, pero debemos ser conscientes de que el parloteo que pasa por una discusión de valor tiene un efecto corrosivo sobre nuestros propósitos superiores.  Cuando conversamos acerca de cosas triviales, nos volvemos triviales, pues nuestra atención es acaparada por tales asuntos, y nos convertimos en aquello a lo que prestamos atención. 

Nos tornamos mezquinos cuando participamos en discusiones acerca de otras personas.  En especial, debemos evitar culpar, elogiar o comparar unas personas con otras.

Cuando advirtamos que la conversación en la que participamos degenera en palabrería, tratemos, en la medida de lo posible, de reorientarla hacia temas más constructivos.  Pero si nos encontramos entre personas extrañas e indiferentes, limitémonos a permanecer en silencio.

Seamos de buen talante y disfrutemos de una buena sonrisa cuando sea conveniente, pero evitemos el tipo de risotadas descontroladas que degeneran con facilidad en vulgaridad o malevolencia.  Riamos con, pero nunca de.

Cuando sea posible, evitemos hacer promesas vanas.

 

Evita adoptar las opiniones negativas de los demás

Las ideas y los problemas de los demás pueden ser contagiosos.  No nos abrumemos adoptando involuntariamente actitudes negativas e improductivas a través de nuestra relación con otras personas.

Si encontramos a un amigo abatido, a un pariente en duelo o a un colega que ha sufrido un súbito revés de fortuna, cuidémonos de no afligirnos por el aparente infortunio.  Recordemos. “Lo que hiere a esta persona no es el acontecimiento en si mismo, pues otra persona podría ni sentirse oprimida por esta situación en absoluto.  Lo que le duele a esta persona es la respuesta que ella ha adoptado ciegamente”.

No es una demostración de amabilidad o amistad hacia las personas por quienes sentimos afecto, apoyarlas para que se complazcan en sentimientos obstinados y negativos. Nos ayudamos más nosotros mismos y a los demás si permanecemos distantes y evitamos las reacciones melodramáticas.

Mas si conversamos con alguien que está deprimido, herido o frustrado, seamos amables y escuchémoslo con simpatía; sólo cuidémonos de no dejarnos llevar por su abatimiento.

 

Concéntrate en tu deber principal

Hay un tiempo y un lugar para la diversión y el esparcimiento, pero nunca debemos permitir que ellos invaliden nuestros verdaderos propósitos. Si estuviésemos en un viaje y el barco anclara en un puerto, podríamos ir a la playa por agua y hallar una concha o una planta. Pero debemos ser cuidadosos; estemos atentos al llamado del capitán. Mantengamos nuestra atención puesta en el barco; distraernos con nimiedades es lo más sencillo del mundo.  Si el capitán nos llama, debemos estar dispuestos a abandonar estas distracciones y acudir de inmediato, sin siquiera mirar atrás.

Evita adoptar las opiniones negativas de los demás

Las ideas y los problemas de los demás pueden ser contagiosos.  No nos abrumemos adoptando involuntariamente actitudes negativas e improductivas a través de nuestra relación con otras personas.

Si encontramos a un amigo abatido, a un pariente en duelo o a un colega que ha sufrido un súbito revés de fortuna, cuidémonos de no afligirnos por el aparente infortunio.  Recordemos. “Lo que hiere a esta persona no es el acontecimiento en si mismo, pues otra persona podría ni sentirse oprimida por esta situación en absoluto.  Lo que le duele a esta persona es la respuesta que ella ha adoptado ciegamente”.

No es una demostración de amabilidad o amistad hacia las personas por quienes sentimos afecto, apoyarlas para que se complazcan en sentimientos obstinados y negativos. Nos ayudamos más nosotros mismos y a los demás si permanecemos distantes y evitamos las reacciones melodramáticas.

Mas si conversamos con alguien que está deprimido, herido o frustrado, seamos amables y escuchémoslo con simpatía; sólo cuidémonos de no dejarnos llevar por su abatimiento.


viernes, 11 de febrero de 2022

Marco Aurelio

 



Marco Aurelio gobernó el Imperio romano con sabiduría y vigor. Escribiría Meditaciones mientras lideraba campañas militares, una obra en la que reflexiona sobre la vida y la muerte a través de los valores estoicos, valores que seguiría al pie de la letra, renunciando a los placeres carnales y defendiendo la virtud como único guía. El sabio emperador ofrece una receta para sobrellevar la incertidumbre moderna: no te preocupes por aquello que no puedes controlar. Los pensamientos construyen la realidad, la felicidad, si preguntas a un estoico, es tu responsabilidad. Meditaciones está compuesto por 12 libros. Más vigente que nunca, compartimos 21 fragmentos de un clásico.

 

Libro I.

1. De mi abuelo Vero: el buen carácter y la serenidad.

 

3. De mi madre: el respeto a los dioses, la generosidad y la abstención no solo de obrar mal, sino incluso de incurrir en semejante pensamiento; más todavía, la frugalidad en el régimen de vida y el alejamiento del modo de vivir propio de los ricos.

 

5. De mi preceptor: el no haber sido de la facción de los Verdes ni de los Azules, ni partidario de los parinularios ni de los escutarios; el soportar las fatigas y tener pocas necesidades; el trabajo con esfuerzo personal y la abstención de excesivas tareas, y la desfavorable acogida a la calumnia.

Libro IV.

3. Se buscan retiros en el campo, en la costa y en el monte. Tú también sueles anhelar tales retiros. Pero todo eso es de lo más vulgar, porque puedes, en el momento que te apetezca, retirarte en ti mismo. En ninguna parte un hombre se retira con mayor tranquilidad y más calma que en su propia alma. (…) Y denomino tranquilidad única y exclusivamente al buen orden. Concédete, pues, sin pausa, este retiro y recupérate. Sean breves y elementales los principios que, tan pronto los hayas localizado, te bastarán para recluirte en toda tu alma y para enviarte de nuevo, sin enojo, a aquellas cosas de la vida ante las que te retiras.

«Abarca pocas actividades, dice, si quieres mantener el buen humor.» Es preciso recapacitar personalmente en cada cosa: ¿no estará esto entre lo que no es necesario? Y no solo es preciso eliminar las actividades innecesarias, sino incluso las imaginaciones. De esta manera, dejarán de acompañarlas actividades superfluas.

 

32. Piensa, por ejemplo, en los tiempos de Vespasiano. Verás siempre las mismas cosas: personas que se casan, crían hijos, enferman, mueren, hacen la guerra, celebran fiestas, comercian, cultivan la tierra, adulan, son orgullosos, recelan, conspiran, desean que algunos mueran, murmuran contra la situación presente, aman, atesoran, ambicionan los consulados, los poderes reales. Pues bien, la vida de aquellos ya no existe en ninguna parte. (…) Y especialmente debes reflexionar sobre aquellas personas que tú mismo viste esforzarse en vano, y olvidaban hacer lo acorde con su particular constitución: perseverar sin descanso en esto y contentarse con esto.

 

51. Corre siempre por el camino más corto, y el más corto es el que discurre de acuerdo con la naturaleza. En consecuencia, habla y obra en todo de la manera más sana, pues tal propósito libera de las aflicciones, de la disciplina militar, de toda preocupación administrativa y afectación.

Libro V.

5. «No pueden admirar tu perspicacia.» Está bien. Pero existen otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: «No tengo dotes naturales.» Procúrate, pues, aquellas que están enteramente en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio a los placeres, la resignación ante el destino, la la necesidad de pocas cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad. ¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya, respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni de insuficiente aptitud? Con todo, persistes todavía por propia voluntad por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar, a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes naturales?


 


6. Existe cierto tipo de hombre que, cuando ha hecho un favor a alguien, está dispuesto también a cargarle en cuenta el favor; mientras que otra persona no está dispuesta a proceder así. Pero, con todo, en su interior, le considera como si fuera un deudor y es consciente de lo que ha hecho. Un tercero ni siquiera, en cierto modo, es consciente de lo que ha hecho, sino que es semejante a una vid que ha producido racimos y nada más reclama después de haber producido el fruto que le es propio, como el caballo que ha corrido, el perro que ha seguido el rastro de la pieza o la abeja que ha producido miel. Así, el hombre que hizo un favor, no persigue un beneficio, sino que lo cede a otro, del mismo modo que la vid se aplica a producir nuevos racimos a su debido tiempo.


 

Libro VI.

13. Al igual que se tiene un concepto de las carnes y pescados y comestibles semejantes, sabiendo que eso es un cadáver de pez, aquello cadáver de un pájaro o de un cerdo. (…) ¡Cómo, en efecto, estos conceptos alcanzan sus objetos y penetran en su interior, de modo que se puede ver lo que son! De igual modo es preciso actuar a lo largo de la vida entera, y cuando las cosas te dan la impresión de ser dignas de crédito en exceso, desnúdalas y observa su nulo valor, y despójalas de la ficción, por la cual se vanaglorian.

 


Libro VII

55. No pongas tu mirada en guías interiores ajenos, antes bien, dirige tu mirada directamente al punto donde te conduce la naturaleza del conjunto universal por medio de los sucesos que te acontecen, y la tuya propia por las obligaciones que te exige. Cada uno debe hacer lo que corresponde a su constitución. (…) Lo que prevalece en la constitución humana es la sociabilidad. En segundo lugar, la resistencia a las pasiones corporales, pues es propio del movimiento racional e intelectivo marcarse límites y no ser derrotado nunca ni por el movimiento sensitivo ni por el instintivo. Pues ambos son de naturaleza animal, mientras que el movimiento intelectivo quiere prevalecer y no ser subyugado por aquellos. En tercer lugar, en la constitución racional no se da la precipitación ni la posibilidad de engaño. Así pues, el guía interior, que posee estas virtudes, cumpla su tarea con rectitud, y posea lo que le pertenece.

 

Libro IX.

33. Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente.

 

Libro X.

8. 8. Después de asignarte estos nombres: bueno, reservado, veraz, prudente, condescendiente, magnánimo, procura no cambiar nunca de nombre, y, si perdieras dichos nombres, emprende su búsqueda a toda prisa. Por tanto, caso de que te mantengas en la posesión de estos nombres, sin anhelar ser llamado con ellos por otros, serás diferente y entrarás en una vida nueva. Porque el continuar siendo todavía tal cual has sido hasta ahora, y en una vida como esta, ser desgarrado y mancillado, es demasiado propio de un ser insensato, apegado a la vida y semejante a los gladiadores semidevorados que, cubiertos de heridas y de sangre mezclada con polvo, a pesar de eso, reclaman ser conservados para el día siguiente, a fin de ser arrojados en el mismo estado a las mismas garras y mordeduras. Embárcate, pues, en la obtención de estos pocos nombres. Y si consigues permanecer en ellos, quédate allí, como transportado a unas islas de los bienaventurados. Pero si te das cuenta de que fracasas y no impones tu autoridad, vete con confianza a algún rincón, donde consigas dominar, o bien, abandona definitivamente la vida, no con despecho, sino con sencillez, libre y modestamente, habiendo hecho, al menos, esta única cosa en la vida: salir de ella así.

 

Libro XI.

19. Debemos guardamos sin cesar de cuatro desviaciones del guía interior; y cuando las descubras, debes apartarlas hablando con cada una de ellas en estos términos: «Esta idea no es necesaria, esta es disgregadora de la sociedad, esta otra que vas a manifestar no surge de ti mismo.» Porque manifestar lo que no proviene de ti mismo, considéralo entre las cosas más absurdas. Y la cuarta desviación, por la que te reprocharás a ti mismo, consiste en que la parte más divina que se halla en ti, esté sometida e inclinada a la parte menos valiosa y mortal, la de tu cuerpo y sus rudos placeres.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Meditaciones. Marco Aurelio

 


Marco Aurelio (121-180), emperador romano, uno de los máximos exponentes del estoicismo tardío. Imagen: estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, de los Museos Capitolinos de Roma (Italia), de dominio público (Zanner), distribuida por Wikipedia.

Una de las máximas figuras del estoicismo fue el mismísimo emperador Marco Aurelio, autor de Meditaciones, un breve tratado destinado a cumplir un fin muy concreto: enseñarnos a vivir bien.

«Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa».
Meditaciones, 
Marco Aurelio

Dentro del mundo de la filosofía, existen libros de una mayor o menor utilidad práctica. Algunos tienen un lenguaje claro y ofrecen enseñanzas simples, concisas, que pueden mejorar nuestra vida si logramos asimilarlas correctamente. Meditaciones, del emperador romano Marco Aurelio, es uno de esos libros. Esta obra, que el emperador escribió para sí mismo como manera de recordar y tener a mano los principios de la filosofía que adoptó, el estoicismo, es uno de los mejores manuales de ética que nos ha dado la historia.

En él, Marco Aurelio nos explica, mediante párrafos cortos y un lenguaje muy cercano, cuáles son sus principios y las ideas que guiaron su vida, cuyo resultado no fue otro que pasar a la historia como uno de los mejores gobernantes que han existido. Es, por tanto, un libro de más que recomendable lectura, especialmente para aquellos que comienzan a acercarse al estudio de la filosofía o a aquellos que, por la razón que sea, están atravesando un momento difícil en su vida. Y es que si por algo se ha hecho famosa la filosofía estoica es por la tranquilidad de espíritu que ofrece. No es casualidad que cuando decimos que alguien se toma las cosas «con filosofía», por lo general nos referimos a las ideas de los filósofos de la Stoa (Zenon, Cleantes, Crisipo, Posidonio, Séneca, Epicteto, etc.).Marco Aurelio (121-180), emperador romano, uno de los máximos exponentes del estoicismo tardío. Imagen: estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, de los Museos Capitolinos de Roma (Italia), de dominio público (Zanner), distribuida por Wikipedia.

Una de las máximas figuras del estoicismo fue el mismísimo emperador Marco Aurelio, autor de Meditaciones, un breve tratado destinado a cumplir un fin muy concreto: enseñarnos a vivir bien


«Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa

Meditaciones, Marco Aureli


Dentro del mundo de la filosofía, existen libros de una mayor o menor utilidad práctica. Algunos tienen un lenguaje claro y ofrecen enseñanzas simples, concisas, que pueden mejorar nuestra vida si logramos asimilarlas correctamente. Meditaciones, del emperador romano Marco Aurelio, es uno de esos libros. Esta obra, que el emperador escribió para sí mismo como manera de recordar y tener a mano los principios de la filosofía que adoptó, el estoicismo, es uno de los mejores manuales de ética que nos ha dado la histori


En él, Marco Aurelio nos explica, mediante párrafos cortos y un lenguaje muy cercano, cuáles son sus principios y las ideas que guiaron su vida, cuyo resultado no fue otro que pasar a la historia como uno de los mejores gobernantes que han existido. Es, por tanto, un libro de más que recomendable lectura, especialmente para aquellos que comienzan a acercarse al estudio de la filosofía o a aquellos que, por la razón que sea, están atravesando un momento difícil en su vida. Y es que si por algo se ha hecho famosa la filosofía estoica es por la tranquilidad de espíritu que ofrece. No es casualidad que cuando decimos que alguien se toma las cosas «con filosofía», por lo general nos referimos a las ideas de los filósofos de la Stoa (Zenon, Cleantes, Crisipo, Posidonio, Séneca, Epicteto, etc.).

Meditaciones, que el emperador Marco Aurelio escribió para sí mismo, es uno de los mejores manuales de ética que nos ha dado la historia

El lector atento podrá encontrar en esta obra, además, ideas presentes en otros movimientos filosóficos de enorme influencia —como el taoísmo o el budismo orientales o el pensamiento de Heráclito y los cínicos—, así como un sinnúmero de consejos prácticos aplicables a su propia vida. Y es que algunos conceptos del estoicismo siguen tan vigentes hoy como la primera vez que fueron expuestos hace ya miles de años.

Para Marco Aurelio, como para el resto de los estoicos, hay un elemento fundamental que define todos los demás aspectos de su filosofía: el determinismo. El ser humano no es libre, sino que la vida de cada uno está perfectamente prefijada por su destino. No importa aquello que hagamos, ni aquello que vivamos o las elecciones que tomemos: todo está ya escrito de antemano. No solo eso, sino que es así para bien. Es la naturaleza humana, en perfecta sintonía con la voluntad divina, la que establece cuál será el curso de nuestra vida.

Puesto que esta está determinada, lo único que hemos de hacer nosotros es actuar conforme a nuestra naturaleza, es decir, respetando nuestro destino. No existe alternativa, y si la perfecta inteligencia de la naturaleza nos lo ha impuesto es porque así es como ha de ser.

Podemos observar, por todo lo anterior, que en el libro Marco Aurelio hace una encendida apuesta por simplificar nuestra existencia. Fuera preocupaciones, objetivos y dolores. No nos harán vivir mejor y, además, no se adecuan a nuestra naturaleza humana. Huyamos de los placeres, de los apegos y de las opiniones de quienes nos rodean. No importan. Todo está trazado ya, incluso para aquellos que no lo creen.

¿Perder el tiempo discutiendo? ¿Para qué? Si alguien tiene voluntad de oírte, podrás persuadirlo tranquilamente; si no, aléjate. Tu vida es muy breve, aprovéchala siendo un hombre de bien.

¿Buscas descanso? No viajes o te refugies en la soledad de la naturaleza. No lo necesitas, porque existe un lugar donde están todas las respuestas y la paz que anhelas: tu interior. Esto es así porque tienes en ti mismo la razón, la cualidad divina que te conecta con el universo. Olvida lo externo, no es importante. Lo externo no lo puedes controlar, no depende de tu voluntad. Lo único que de verdad importa es aquello que nadie te puede quitar: tu mente. Domínala y ella dominará tus acciones, instándote a vivir racionalmente, único objetivo del ser humano. Todo lo demás te será dado por añadidura.

Lo único que importa es aquello que nadie puede quitarte: tu mente

El buen vivir

De este modo vivir bien es realmente muy fácil. Y precisamente en esa sencillez está la paz espiritual. No es extraño que el estoicismo encontrara su hueco en los periodos convulsos de nuestra historia. Muchos han sido los hombres, filósofos o no, que han tomado los principios de la ética estoica como guía. Frente a otras escuelas filosóficas que nos cargan con la responsabilidad de nuestra vida, poniendo sobre nuestras espaldas el peso de todo aquello que nos acontece, el estoicismo nos ofrece una alternativa liberadora.

¿Filosofía para débiles que quieren escurrir el bulto? Tal vez…, si es que podemos considerar débiles a quienes, como Marco Aurelio o Epicteto, fueron capaces de alcanzar el máximo dominio de sí mismos, lo cual, por cierto, es algo muy parecido a ser verdaderamente libre.

13 citas para la felicidad y la tranquilidad

  1. «Acuérdate de esto siempre: para vivir felizmente basta con muy poco».
  2. «El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele».
  3. «Es ridículo no intentar evitar tu propia maldad, lo cual es posible, y en cambio intentar evitar la de los demás, lo cual es imposible».
  4. «La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella».
  5. «No desprecies la muerte, acéptala de buen grado, porque forma parte de lo establecido».
  6. «No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad».
  7. «Recuerdo a los hombres famosos del pasado: Alejandro, Pompeyo, Julio César, Sócrates y tantos otros; y me pregunto: ¿dónde están? ¡Cuánto han luchado, para luego morir y volverse tierra!».
  8. «Pronto me llegará la orden: te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca…».
  9. «En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma».
  10. «Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad».
  11. «Vive una buena vida. Si hay dioses y son justos, te darán la bienvenida en base a las virtudes por las que has vivido. Si no hay dioses, habrás vivido una vida noble que perdurará en la memoria de tus seres queridos. Y si hay dioses, pero son injustos, entonces no debes querer adorarlos».
  12. «Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza».
  13. «No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino pende de un hilo. Mientras estés vivo, hazte bueno».13 citas para la felicidad y la tranquilidad
  14. «Acuérdate de esto siempre: para vivir felizmente basta con muy poco».
  15. «El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele».
  16. «Es ridículo no intentar evitar tu propia maldad, lo cual es posible, y en cambio intentar evitar la de los demás, lo cual es imposible».
  17. «La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella».
  18. «No desprecies la muerte, acéptala de buen grado, porque forma parte de lo establecido».
  19. «No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad».
  20. «Recuerdo a los hombres famosos del pasado: Alejandro, Pompeyo, Julio César, Sócrates y tantos otros; y me pregunto: ¿dónde están? ¡Cuánto han luchado, para luego morir y volverse tierra!».
  21. «Pronto me llegará la orden: te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca…».
  22. «En ninguna parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma».
  23. «Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad».
  24. «Vive una buena vida. Si hay dioses y son justos, te darán la bienvenida en base a las virtudes por las que has vivido. Si no hay dioses, habrás vivido una vida noble que perdurará en la memoria de tus seres queridos. Y si hay dioses, pero son injustos, entonces no debes querer adorarlos».
  25. «Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza».
  26. «No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino pende de un hilo. Mientras estés vivo, hazte bueno».
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico
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