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Paz y Ciencia
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jueves, 14 de abril de 2022

LA SOMBRA

 




Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Tfno : 34 653 379 269 Instagram: @psicoletrazaragoza        Página Web: Conóceme 😉🌹💜


«La Sombra es uno de los arquetipos principales de lo inconsciente colectivo según la psicología analítica de Carl Gustav Jung.

Jung utilizó este término de dos modos diferentes:
1.- Por un lado, se puede definir como la totalidad de lo inconsciente …
2.- En segunda instancia, Sombra designa al aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo consciente no reconoce como propios. En este segundo sentido, la Sombra es la parte inferior de la personalidad, la suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas que no son asumidas por la consciencia por su incompatibilidad con la personalidad que predomina en nuestra psique. Estos contenidos rechazados no desaparecen, y cuando cobran cierta autonomía se constituyen en un agente antagonista del yo, que mina los esfuerzos de éste.

En el nivel del inconsciente personal la sombra pertenece al Yo. En el nivel de lo inconsciente  colectivo representa un arquetipo autónomo, y por tanto independiente del Yo fáctico. Dado que la sombra representa nuestros impulsos más primitivos, nuestra faceta instintiva animal como sumatorio de todo nuestro pasado evolutivo, las dificultades vitales encontradas generalmente en hombres y mujeres pueden deberse:

1.- O bien a una omisión o supresión de la sombra, imposibilidad que degenera en una revuelta de aquello que se pretende eliminar.
2.- O por el contrario, y desde el otro extremo, a una identificación con el arquetipo, con lo que el Yo queda a merced de la tempestad de lo inconsciente como el resquebrajado muro de una presa ante el desbordamiento del embalse que pretende vanamente contener.

De ahí que como parte fundamental de toda analítica se retome la sana virtud de volver al punto medio entre dos extremos: en este caso, el devenir consciente de la sombra.

«Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad consciente.» Carl Jung 

La sombra es un concepto que reúne todos los aspectos inconscientes positivos o negativos, son cualidades o atributos conocidos o poco conocidos del ego ya sean de origen individual o colectivo.

Nos resulta significativamente más sencillo ver estos aspectos en las demás personas que en nosotros mismos. Observar nuestras tendencias inconscientes en otros es lo que se denomina proyección.


La desventaja de la proyección de nuestra propia sombra es que una parte de nuestra personalidad permanece en el lado oscuro oculta a nuestra mirada de modo que no podemos integrarla a nosotros ni equilibrarla con nuestro lado consciente, sin mencionar la enorme conflictiva que nos puede generar en los vínculos el hecho de atribuir a otros nuestro propio aspecto sombrio. Este mecanismo proyectivo coarta la posibilidad de auntenticas relaciones humanas. Todos los aspectos que un ser humano rechaza, lo que no le gusta o no quiere pasa por una parte de su sombra, y es así cuando lo encuentra en el mundo exterior le genera angustia y repudio.


La sombra es también el primer arquetipo en la teoría Junguiana que deberá ser integrado con la personalida de modo que la iluminación de la sombra le permita al ser humano una mayor autenticidad consigo mismo y con los demás.

¿Cómo puede uno percibir su propia sombra?, mediante los sueños ya que el inconsciente puede expresarse más libremente incluso algunas veces nos enfrenta literalmente, a esto le denomina percepción de la sombra.


Generalmente en los sueños aparece la sombra como una persona con nuestro mismo sexo pero de un modo casi opuesto a como nosotros consideramos es nuestra personalidad, ya que actúa de un modo compensatorio. En los sueños se pueden apreciar laberintos, pasadizos, cuartos múltiples, bodegas oscuras, sótanos, entre otros paisajes.


El hecho de que la sombra se convierta en nuestro amigo o enemigo depende de nosotros, es decir, que no sólo representa aspectos negativos de nuestra personalidad sino que también oculta atributos que nos hacen falta en la vida para equilibrar de manera positiva nuestra forma de ser, por ejemplo, para una persona muy tímida, la sombra puede presentársele en el sueño como alguien muy atrevido y poco influenciable por la opinión ajena.


Confrontar, reconocer, integrar y trabajar la sombra no es un camino sencillo de transitar, sino que requiere de la persona una intensa dedicación emocional, atravechañar el mundo de las tinieblas para poder hacer consciente aspectos de nosotros mismos que se mantienen ocultos y así poder transitar lo que Carl Jung denomina el proceso de individuación.






JUNG Y SUS SOMBRAS

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza. 

+34 653 379 269 Gran Vía 32, 3° I zquierda


La sombra, una idea de la Psicología Analítica (también llamada Psicología Profunda) fundada por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), es un concepto que éste denominó como uno de los arquetipos esenciales del inconsciente personal. El arquetipo se refiere a la existencia de mitos universales repetidos a lo largo de la historia, temas culturales comunes e inconscientes de la humanidad (el denominado inconsciente colectivo); también se refiere a ciertas pautas de comportamiento adquiridos por vivencias individuales básicas. Son arquetipos la sombra, la máscara, el héroe, la bruja, el viejo sabio, el alma o el mal, por ejemplo. Jung afirmaba que la mente humana se compone de diferentes contrapuestos que generan tensión psicológica al oscilar entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la parte femenina y masculina de cada persona, etcétera, opuestos que siempre se implican mutuamente.

Qué es la sombra personalLa sombra representa el lado oscuro de nuestra personalidad, donde se esconden los instintos más primitivos de nuestro pasado evolutivo y los aspectos rechazados por nuestra mente consciente y social. Este lado oscuro se manifiesta en nuestros miedos, frustraciones e inseguridades cuando surge la confrontación entre nuestra identificación con ciertos valores que una cultura nos ha impuesto, y ciertas actitudes y rasgos inconscientes de nuestra personalidad que el Yo consciente rechaza por no reconocerlos como propios. La sombra personal es la parte psíquica de nuestra personalidad no asumida por nuestro consciente social predominante. Es el aspecto que consideramos negativo de nuestra personalidad que está contiguo a la conciencia y que no desaparece, se mantiene oculto y al acecho la mayor parte del tiempo, manifestándose cuando hay algún altercado molesto o situación conflictiva con los demás que genera emociones intensas; por ejemplo cuando sentimos una ira excesiva ante un simple reproche de alguna amistad íntima. A menudo tenemos sentimientos que nos resultan inaceptables socialmente y los desterramos de nuestro ego consciente para no sentirlos en nuestra cotidianidad, aunque de vez en cuando podemos percibir esa sombra inconsciente escondida detrás de nuestro rechazo inflexible hacia diferentes cuestiones personales, o detrás de sentimientos sutiles de culpabilidad e inseguridad.

La sombra personal se va desarrollando desde la infancia a partir de nuestras experiencias y aprendizaje social, donde vamos desechando aquellas ideas o conductas que no consideramos adecuadas según las normas morales y el contexto cultural en el que nos hemos educado. Cuando un niño tiene un pensamiento o conducta que cree que es inaceptable para la sociedad en que vive, sentirá un chispazo de ansiedad tan desagradable que termina reprimiendo o adormeciendo esa parte de sí mismo que considera prohibida. Y para rellenar ese vacío el infante crea un falso Yo, cuya función es mitigar el sufrimiento por la pérdida de su integridad original, su totalidad individual. Cada cultura esconde en un rincón oscuro diferentes ideas o cuestiones, como la sexualidad en las sociedades cristianas (la masturbación, el sexo prematrimonial, la homosexualidad, las fantasías sexuales,…), el rechazo a convivir con gente de distinta etnia o religión en ideologías nacionalistas por temor al contagio de la pureza de las tradiciones o de la raza, o tener alimentos tabú en ciertas religiones (comer cualquier tipo de carne para los budistas, carne de vaca para los hinduistas o carne de cerdo para los judíos, por ejemplo). Si a un niño le enseñan que existen “malos pensamientos”, le estarán inculcando un miedo moral hacia su propio universo mental interior, que tratará de anestesiar y extirpar de su experiencia interna. La gran mayoría de los seres humanos cargamos desde la infancia con una gran cantidad de sufrimiento inconsciente que no hemos sabido aliviar.

Como enseña la psicología en general, el diálogo frente a frente entre la conciencia y su sombra es una necesidad terapéutica. La mejor forma de integrar nuestras partes opuestas internas, de dar luz a nuestra sombra personal, es afrontarla y querer conocerla conscientemente, admitir que esas características y atributos negativos que negamos en nosotros realmente residen en la parte oscura de nuestra personalidad, que nuestra sombra contiene los aspectos más primitivos e inadaptados de nuestra naturaleza que hemos rechazado por motivos sociales, culturales y morales. Tener conciencia de nuestra sombra es un difícil reto moral, un conocimiento doloroso de adquirir, que comienza con “querer darse cuenta” de nuestra parte negativa que el ego ha rechazado: nuestra maldad, avaricia, codicia, envidia, celos…, para así hacer conscientes nuestros conflictos inconscientes. Así podremos aprender a adueñarnos de nuestras proyecciones y recobrar toda la energía y fortaleza que oculta nuestra sombra. Cuando descubrimos nuestro lado oscuro empezamos a relacionarnos con nuestro inconsciente (que va dejando de ser un desconocido) y vamos reorganizando nuestra personalidad y expandiendo nuestra identidad.


Hay que prestar atención a nuestros síntomas físicos y a nuestras neurosis para descubrir su lenguaje, sin tratar de interpretarlo y dejando al margen nuestras creencias. Si siento ansiedad debo aceptar que yo soy el único responsable de generarla, que mis pensamientos oscuros son los que causan mi tensión física. Debo ser plenamente consciente de mis temblores, taquicardias y estremecimientos, sentir mis latidos acelerados, mi respirar entrecortado, mi angustia vital. Aceptar que yo soy el único causante de mi malestar. Aceptar mi sombra, por ejemplo la ira, no significa actuar según sus mandatos (peleando, destrozando cosas, gritando…), sino ser consciente de mi rabia para después poder integrarla en mi mundo mental. Para conocer lo más posible mi totalidad individual debo examinar cuáles son mis límites, cuál es mi capacidad para hacer el bien y cuánto mal puedo llegar a realizar, y ser consciente de que ambos, el bien y el mal, forman parte de mi naturaleza.


Si asumo mis demonios internos (mis temores, decepciones, proyecciones y traumas del pasado), los puedo transformar en mis aliados al utilizar su energía psíquica para fines más positivos. Jung decía que no hay luz sin sombra ni totalidad psíquica libre de defectos, por lo que nuestra tarea en la vida no es que seamos perfectos sino completos, aceptándonos plenamente al integrar nuestra sombra en la personalidad para hacerla consciente y poder llegar a un acuerdo con ella, para poder controlar sus manifestaciones. Esta integración nos enriquece al complementarse los impulsos de la sombra con otros aspectos personales conscientes, y quizá podamos llegar a lo que Jung denominó el proceso de individuación, la autorrealización total y profunda de uno mismo.


“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad” -Carl Jung-


martes, 21 de diciembre de 2021

OSHO: CUERPO

 


"
Todavía no se puede comenzar con la meditación. Entre tú y la meditación hay una brecha. Puedes seguir aprendiendo técnicas para siempre, pero no será de ayuda porque aún no estás en el punto en el que el camino puede comenzar"
🌈Rodrigo Córdoba Sanz. Tno.: 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza

Aligerar el cuerpo

Para Occidente, hay que hacer muchas cosas nuevas, hay que concebir y experimentar muchas cosas nuevas. Yo mismo estoy intentando muchas cosas. Para mí, lo primero que se necesita es una catarsis. Una catarsis libera todo lo que está mal dentro de ti, todo lo que está reprimido interiormente.  Sacas fuera todas tus represiones, liberándolas. Ahora bien, muchas cosas nuevas tienen que ser añadidas a los métodos tradicionales – ¡una brecha de 2.000 años está allí! – y esta catarsis, para mí, es lo más importante que se tiene que añadir. Ante todo, tu cuerpo debe pasar por una renovación.

Cuando algo se reprime en el cuerpo, tú no eres consciente de ello. Entra en el inconsciente, nunca se es consciente. El cuerpo es dirigido por la mente inconsciente, no por la mente consciente. Todo el mecanismo del cuerpo es involuntario.

No puedes sentir si tus dedos han acumulado enojo en ellos porque si pudieras sentirlo, sería difícil vivir. Tus dedos se sentirían tan agobiados que te harían caer al suelo. Hay un mecanismo natural que te permite no sentir la ira reprimida en los dedos. No debes sentirla, debes olvidar que está ahí. Se convierte en parte de la estructura del cuerpo, pero la mente no tiene conciencia de ello.

La mente se da cuenta de algo en el cuerpo sólo cuando algo ha salido mal. Por ejemplo, normalmente no puedes sentir que tu sangre se está moviendo, pero si rompes una vena y la sangre fluye fuera de ella, puedes sentir el movimiento de la sangre. Sólo han pasado trescientos años desde que el ser humano descubrió que la sangre circula. Antes de eso no sabíamos que la sangre circula porque no se podía sentir. La circulación nunca se siente. No es algo consciente; el cuerpo simplemente continúa haciéndolo.

Todo el mecanismo del cuerpo funciona inconscientemente. No eres consciente de ello. Cada vez que algo pasa de la mente al cuerpo, pasa del consciente al inconsciente. El cuerpo está inconsciente. Si estás enojado eres consciente de la ira, pero no de los productos químicos que se liberan en el cuerpo. ¿Cómo puedes ser consciente de ello? Ya sea que expreses tu enojo o no lo expreses, no sabes qué sucede con esos químicos que se liberan en el torrente sanguíneo o con la energía particular que crea la agresión. Si no la has utilizado; debe permanecer en alguna parte. Desarrollas un complejo: la energía excitada se convierte en una parte de tu estructura muscular, se convierte en una parte de tu cuerpo.


Wilhelm Reich tuvo que contratar a dos guardaespaldas cuando estaba tratando a sus pacientes, porque cuando tocaba un punto particular en el cuerpo, el paciente se enloquecía. Muchos se volvían tan violentos que lo atacaban sin ninguna razón. Reich simplemente presionaba los dientes de una persona y de repente la persona se enojaba sin razón alguna. El cuerpo tiene una enorme variedad de puntos en los que muchas emociones han sido reprimidas.

En Inglaterra también hubo un hombre cuyas técnicas vale la pena leer. Si el Hatha Yoga ha de convertirse en una ciencia moderna ahora, entonces las técnicas de Wilhelm Reich y las de este segundo hombre, Alexander, tendrán que añadirse. Alexander trabajó con las posturas del cuerpo. Descubrió que alguien tiene una postura particular porque tiene una mente particular. Si se cambia la postura, la mente cambiará. O si se cambia la mente, la postura cambiará. Las dos tienen una profunda asociación.

En el pasado, en la India la gente nunca usaba sillas. Las sillas cambian tu postura corporal de maneras particulares. El Hatha Yoga no tiene una postura que te ayude si has estado sentado en sillas. No tiene técnicas para lidiar con esto porque las sillas no se usaban en tiempos pasados. Pero cuando te sientas en una silla, se crea una cierta postura y poco a poco esta se vuelve algo fijo en ti. Esto se tiene que cambiar, hay que volverse más natural, pero el Hatha Yoga no tiene ninguna técnica para provocar el cambio.

Los cuerpos occidentales tienen que ser estudiados de una manera diferente. Lo que has estado haciendo con tu cuerpo tiene que ser estudiado. Las posturas de las personas en una sociedad que no prohíbe la expresión de emociones serán diferentes de las posturas de las personas en una sociedad represiva. En una sociedad donde se puede llorar o reír fácilmente, sin inhibiciones, las personas tienen un tipo diferente de estructura corporal.

Cuando te ríes, no se trata simplemente de una risa. Todo tu cuerpo cambia. Si la sociedad en la que te has criado ha inhibido la risa, entonces tu abdomen tendrá una forma diferente que si te hubieras criado en una sociedad que fomenta la risa. Las personas criadas en ciertas sociedades no pueden reírse realmente porque la risa se ha inhibido. Su forma de hablar se ve afectada por esto; todo se vuelve antinatural, un manierismo Entonces no puedes respirar profundamente, porque si no puedes reír no puedes respirar profundamente. Y de la misma manera, si no puedes llorar fácilmente, no puedes respirar con facilidad. Todo en el cuerpo está interconectado.


jueves, 9 de diciembre de 2021

Arquetipo de Niño: JUNG


 


El arquetipo del niño. Carl Gustav Jung

Este texto forma parte de un artículo mucho más amplio, el cual aparece en el tomo 9/I de las Obras Completas "Los arquetipos y lo inconsciente colectivo". Aparecen aquí las principales características que encuentran su matriz en el arquetipo del niño. Debemos cuidarnos de confundir este arquetipo con la infancia real, con nuestro pasado. Si bien nuestra infancia se configura sobre el estructural arquetipo, este preexiste a la experiencia personal y abarca mucho más que lo que sentimos o dejamos de sentir en nuestra infancia. En el artículo original Jung hace la siguiente acotación: "Afirmaciones como «El motivo del niño es un recuerdo rudimentario de la primera infancia», y otras similares, no hacen más que dar por sentadas cosas que deberían ser demostradas. Pero si, modificando levemente este enunciado, declaramos: «El motivo del niño es una representación de ciertos aspectos olvidados de nuestra infancia», nos aproximamos más a la verdad. No obstante, dado que el arquetipo es siempre una imagen que incumbe a toda la raza humana y no sólo al individuo, tal vez fuera mejor decir: «El motivo del niño representa el aspecto preconsciente de la infancia de la psique colectiva»". Atendiendo esta advertencia podríamos percibir la infancia y al niño mismo como símbolo de aquellas vivencias que se personifican como una imagen interior de uno mismo, según la cual somos siempre niños.

EL ARQUETIPO DEL NIÑO

Carl Gustav Jung
(Esta traducción procede del libro Espejos del Yo, compilación de Christine Downing. Editorial Kairos. Barcelona 1998. Cuando ha sido necesario, he cambiado la palabra "Yo" por "Sí-Mismo", pues se trata de una desafortunada traducción del término Self, que atraviesa todo el libro)

El abandono del niño

El abandono, el estar a la intemperie, el peligro, etc., corresponden por un lado a las eventualidades de un nimio comienzo y por otro al nacimiento maravilloso y cargado de misterio. Lo dicho describe cierta vivencia psíquica creativa, que tiene por objeto la aparición de un contenido nuevo y todavía desconocido. En la psicología del individuo siempre hay en tales momentos una dolorosa situación de conflicto, en la que la conciencia no parece tener escapatoria, pues aquí siempre vale el tertium non datur [no hay un tercero].

«Niño» significa algo que crece hacia la independencia. No puede conseguirlo sin alejarse del origen; el abandono es pues una condición necesaria, no sólo un suceso eventual. El conflicto no será resuelto por la conciencia que permanece atrapada entre opuestos; por eso requiere un símbolo que indique la necesidad de alejarse del origen. Como el símbolo del niño fascina y conmueve a la conciencia, su efecto liberador la atraviesa y lleva a cabo la separación de la que la conciencia era incapaz.

El símbolo anticipa un incipiente estado de conciencia. Mientras éste no se realiza, el «niño» permanece como proyección mitológica, exigiendo repetición a través del culto y renovación a través del rito.

La invencibilidad del niño

Es una paradoja llamativa de todos los mitos del niño el que, por un lado, el «niño» se halle impotente ante enemigos poderosísimos y continuamente amenazado de aniquilación, y, por otro lado, disponga de poderes que exceden sobradamente lo humano. Tal afirmación está estrechamente relacionada con el hecho psicológico de que el «niño», por un lado, es sin duda «nimio», es decir, desconocido, «sólo un niño», y por otro lado es sin embargo divino. Contemplado desde la conciencia, se trata de un contenido aparentemente insignificante, sin un carácter liberador ni salvador. La conciencia se halla atrapada en su situación de conflicto, y los poderes que allí luchan parecen tan enormes que el «niño», como contenido aislado e incipiente, no guarda relación con ellos. Por eso es fácilmente desestimado y cae de nuevo en el inconsciente. Al menos así ocurriría si las cosas se comportaran de acuerdo con las expectativas conscientes. Pero el mito subraya que ése no es el caso, sino que al «niño» le corresponde una fuerza superior y pese a todos los peligros saldrá inesperadamente airoso. El «niño» nace del seno del inconsciente, engendrado en los cimientos de la naturaleza humana, o mejor aún, de la naturaleza viviente en general. Personifica poderes vitales que están más allá del limitado perímetro de la conciencia; personifica caminos y posibilidades de los que la conciencia, en su unilateralidad, nada sabe, y una globalidad que abarca las profundidades de la naturaleza. Representa el empuje más fuerte e inevitable de todo ser, es decir, el autorrealizarse. Estructurado con todos los poderes instintivos de la naturaleza, es incapaz de alternativas, mientras que la conciencia se halla atrapada en una supuesta capacidad de alternativas. El empuje y la compulsión a autorrealizarse es una ley de la naturaleza, y por tanto de una fuerza invencible, aunque su efecto al principio es nimio e improbable. Esta fuerza se manifiesta en las proezas del niño héroe.

La fenomenología del nacimiento del «niño» siempre apunta de regreso hacia un estado psicológico original de desconocimiento, de oscuridad o crepúsculo, de indistinción entre sujeto y objeto, de identidad inconsciente entre hombre y universo. De ese estado de indistinción procede el huevo de oro, que es tanto hombre como universo, y a la vez ninguno de ambos, sino un tercero irracional.

Los símbolos del Si-mismo se originan en las profundidades del cuerpo y participan de esa materialidad tanto como de la estructura de la percepción consciente. El símbolo es cuerpo viviente, corpus et anima; por eso el «niño» es una fórmula tan apropiada para el símbolo. La singularidad de la psique nunca llega, aunque se acerca, a realizarse completamente, y sin embargo constituye el fundamento indispensable de toda conciencia. Los «estratos» más profundos de la psique pierden su singularidad individual a medida que se adentran en la profundidad y oscuridad. Van hacia «abajo», es decir, se vuelven colectivos a medida que se aproximan a los sistemas funcionales autónomos, hasta universalizarse y extinguirse en la materialidad del cuerpo, o sea en las sustancias químicas. El carbono del cuerpo es en definitiva carbono. Y «hacia abajo» la psique es en definitiva «universo». En este sentido puedo dar toda la razón a Kerényi cuando dice que en el símbolo habla el universo mismo.

Cuanto más arcaico y «profundo», es decir, cuanto más fisiológico es el símbolo, tanto más colectivo y universal, tanto más «material» es. Cuanto más abstracto,diferenciado y específico es, tanto más se aproxima su naturaleza a la singularidad e individualidad consciente, tanto más se deshace de su universalidad. Finalmente, en la conciencia corre el peligro de convertirse en mera alegoría que no traspase el marco de la opinión consciente y se halla expuesto a todos los posibles intentos de explicación racionalista.

El hermafroditismo del niño

Es un hecho notable el que quizá la mayoría de los dioses cosmogónicos sean de naturaleza bisexual. El hermafrodita no significa otra cosa que una unión de los opuestos más fuertes y llamativos. Inicialmente esta unidad apunta de regreso hacia un estado primitivo del espíritu, en cuya madrugada las distinciones y oposiciones estaban aún poco separadas o completamente fusionadas. Sin embargo, a medida que aumenta la claridad de la conciencia, los opuestos se distinguen y escinden de modo creciente. Ahora bien, si el hermafrodita sólo fuera un producto de la indiferenciación primitiva, debería esperarse que quedara pronto eliminado con el desarrollo de la cultura. Pero esto no es de ningún modo así; por el contrario, en los niveles de cultura elevados y más altos, la fantasía se ha ocupado de esta idea una y otra vez.

Aquí ya no se puede tratar de la persistencia de un fantasma primitivo, de una originaria contaminación de opuestos. Antes bien, como podemos ver en las obras medievales, la idea originaria se ha convertido en símbolo de la unión constructiva de opuestos, un verdadero «símbolo unidor». En su significado funcional, el símbolo ya no señala hacia atrás, sino hacia delante, hacia una meta todavía no alcanzada. Despreocupado de su monstruosidad, el hermafrodita se ha convertido en un superador de conflictos y portador de sanación, significado que ya alcanzó en niveles relativamente tempranos de la cultura. Este significado vital aclara por qué la imagen del hermafrodita no se extinguió en los tiempos primigenios sino que, por el contrario, supo afirmarse a través de los milenios con una creciente profundización de su contenido simbólico. El hecho de que una representación tan tremendamente arcaica ascendiera a tal altura de significado no sólo indica la fuerza vital de las ideas arquetípicas, sino que también demuestra la validez de la afirmación de que el arquetipo media como unidor de opuestos entre los fundamentos del inconsciente y la conciencia. Tiende un puente entre la conciencia actual, amenazada de desarraigo, y la plenitud natural, inconsciente e instintiva de los tiempos primigenios. A través de esta mediación la unicidad, singularidad y unilateralidad de la conciencia individual actual se conecta de nuevo con las raíces naturales y tribales. El progreso y el desarrollo no son ideales que haya que rechazar; pero pierden su sentido cuando el hombre llega al nuevo estado sólo como un fragmento de sí mismo, olvidando todo su trasfondo y todo lo esencial en la sombra del inconsciente, en un estado de primitividad o de barbarie. La conciencia escindida de sus orígenes, incapaz de corresponder al sentido del nuevo estado, se hunde entonces con demasiada facilidad en una situación peor que aquella de la que la innovación pretendía liberarla -exempla sunt odiosa!

En el curso del desarrollo cultural, el ser primigenio bisexual se convierte en símbolo de la unidad de la personalidad, del Si-mismo, donde se apacigua el conflicto de opuestos. De este modo, el ser primigenio se convierte en la meta lejana de la autorrealización del ser humano, habiendo sido ya desde el principio una proyección de la plenitud inconsciente.

El niño como principio y final

El «niño» es a la vez un ser del principio y del final. El ser inicial estaba antes del hombre; el ser final está después del hombre. Psicológicamente, esta afirmación significa que el «niño» simboliza la esencia preconsciente y postconsciente del hombre. Su esencia preconsciente es el estado inconsciente de la más temprana infancia; la esencia postconsciente es una anticipación por analogía de lo que hay después de la muerte. En esta idea se manifiesta la esencia omniabarcante de la totalidad del alma. La totalidad no se halla nunca circunscrita a la conciencia, sino que abarca la indeterminada e indeterminable extensión del inconsciente. Así pues,empíricamente, la totalidad es de una extensión imprevisible, más antigua y más joven que la conciencia, a la que abarca en el tiempo y el espacio. Esto no es ninguna especulación, sino una experiencia inmediata del alma. Los procesos inconscientes no sólo acompañan, sino que a menudo guían, promueven o suspenden el proceso consciente. El niño tenía vida anímica antes de tener conciencia. El propio adulto todavía dice y hace cosas cuyo significado sólo más tarde entenderá -si puede. Y aun así, parece que las diga y haga a sabiendas. Nuestros sueños continuamente dicen cosas que están más allá de nuestra mentalidad consciente (por eso pueden ser tan útiles en la terapia de las neurosis). Nos llegan intuiciones y percepciones de fuentes desconocidas. Se nos presentan miedos, humores, intenciones y esperanzas cuyas causas no son claras. Estas experiencias concretas forman los pilares de los sentimientos, que nunca conocemos bastante, y dan lugar a la dolorosa suposición de que podemos darnos sorpresas a nosotros mismos.

El hombre primitivo no es ningún enigma para sí mismo. La cuestión acerca del hombre es siempre la última pregunta que el hombre plantea. El hombre primitivo tiene tanto contenido anímico fuera de la conciencia, que la experiencia de algo psíquico exterior a él le resulta mucho más familiar que a nosotros. La conciencia cercada por poderes psíquicos que la sostienen y amparan o que la engañan y amenazan es una experiencia primordial de la humanidad. Esta experiencia se ha proyectado en el arquetipo del niño, que expresa la totalidad del hombre. Es lo abandonado y expuesto a la intemperie, y a la vez lo divinamente poderoso; el comienzo nimio y dudoso y el final triunfante. El «niño eterno» en el hombre es una experiencia indescriptible, una incongruencia, una desventaja y una prerrogativa divina; algo imponderable que manifiesta la última palabra y no-palabra de una persona.

viernes, 15 de enero de 2021

Las entrañas de C.G. Jung

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com. Página Web: Psicólogo Clínico Zaragoza



A 57 años de su muerte, recordamos a Jung con la que tal vez sea la entrevista más emotiva y memorable que se tiene documentada en video.

Carl Jung es una de las personas que más han hecho para restaurar el alma en el mundo moderno e incrementar la conciencia del ser humano. O como dice esta memorable entrevista de la BBC : "La historia lo recordará como uno de los médicos más grandes de todos los tiempos".

Y es que Jung era psiquiatra, pero sabía, como uno de sus grandes precursores, el también suizo Paracelso, que "aquel que cura el alma es más grande que aquel que solo cura el cuerpo".

La entrevista fue realizada en su casa en el Lago Zurich en 1959, lugar en el que Jung construyó un pequeño castillo: la Torre de Bollingen, donde inscribió una serie de enigmáticas frases de alquimia y filosofía.

Es un placer ver a Jung a los 84 años hablar sobre su vida y su trabajo con una lucidez y una serenidad que muestran cómo sus experiencias se convirtieron en sabiduría.

Jung narra el primer momento en el que tomó conciencia de su propia individualidad, a los 11 años, lo que describe como "salir de una niebla" para decir con asombro y firmeza: "yo soy, yo sé que soy". Jung dice, ante la pregunta de si cree en Dios, que no necesita creer: "Sé".

Es fascinante notar cómo su interés infantil por la arqueología, como si fuera una señal de su propio daimon o por lo menos un heraldo de su vocación, se transformó en su estudio de la profundidad de la psique humana, específicamente de los arquetipos y el inconsciente colectivo, una forma de arqueología de la mente.

O ese "aspecto impersonal de la psique", como dice en la entrevista, al contar también cómo surgió su idea del inconsciente colectivo después de relacionar lo que le dijo un paciente esquizofrénico sobre el origen del viento en el Sol con una liturgia mitraica que encontró en un libro publicado posteriormente, la cual hacía exactamente la misma referencia pero que no podía haber sido consultada por su paciente ya que no existía una traducción antes de esa fecha.

"Hay partes de la psique que no están limitadas al tiempo y al espacio", explica Jung, por lo cual no podemos estar seguros de que la muerte es el final y es concebible que la psique siga existiendo en alguna forma de vida más allá del tiempo y el espacio. Esto está relacionado con su filosofía de que debemos de ver a la muerte como el objetivo, "la gran aventura que yace por delante", y no como algo de lo cual se debe huir.

https://youtu.be/eTBs-2cloEI  Entrevista de Jung a la BBC.

Pensar sobre la muerte, pensar de esta forma, "hace que nos sintamos mejor", dice Jung, haciendo eco de la idea de Sócrates de que la filosofía es esencialmente "una meditación sobre la muerte"; la muerte es lo que da significado a nuestra vida y nos coloca en el centro de la reflexión sobre la naturaleza del alma.

La parte climática de la entrevista viene cuando el periodista John Freeman le pregunta: "Mientras que el mundo avanza hacia mayor eficiencia técnica, parece cada vez más necesario que las personas se comporten colectiva y comunalmente, ¿cree usted que es posible que el máximo desarrollo del hombre sea sumergir su propia individualidad en una forma de conciencia colectiva?", a lo que Jung contesta:

"Eso es poco probable. Creo que habrá una reacción --una reacción se establecerá en contra de esta disociación comunal. ¿Sabes?, el hombre no soporta para siempre su anulamiento.

En algún momento, habrá una reacción, y la veo estableciéndose cuando pienso en mis pacientes, todos buscan su propia existencia y afirman su existencia en contra de una completa atomización hacia la nada o hacia la falta de significado [meaning]. El hombre no puede soportar una vida sin significado."

Así acaba de manera apropiada esta entrevista con una de las grandes enseñanzas de Jung: que el hombre necesita encontrar significado para poder continuar su camino en el mundo.

Sin significado no hay salud, no hay evolución, no hay crecimiento espiritual. Más allá de las necesidades materiales de subsistencia, la psique necesita también satisfacer sus necesidades y es capaz de subordinar a la materia con tal de conseguir lo que necesita.

De no encontrar este significado (o sentido, el término meaning admite ambas traducciones), ese alimento vital de la psique, la existencia se desvanece y marchamos como autómatas hacia el Leteo. Tal vez esto ocurre porque el significado es el campo a través del cual la psique habita en el mundo o, dicho de otra forma, el significado es la forma en la que el alma se hace manifiesta.

El significado es en el pensamiento de Jung, haciendo eco de la traducción de Richard Wilhelm, lo mismo que el Tao.





miércoles, 11 de marzo de 2020

La luz del mundo brilla a través del niño interior




El niño interior lleva consigo nuestra historia personal, y es el vehículo tanto de nuestros recuerdos del niño real como del niño idealizado del pasado. Es la cualidad verdaderamente viva de nuestro ser interior. En el alma, aquello que experimenta en nosotros a través de todos los ciclos vitales. Es la víctima. Y es el portador de la renovación a través del renacimiento, apareciendo en nuestras vidas siempre que nos desidentificamos y que nos abrimos camino.

La experiencia del proceso de renovación equivale a experimentar las posibilidades creativas del niño interior simbólico. "Morir" -esto es, entregarse a un período de transición- permite el nacimiento de nuevas posibilidades. "Renuncia a lo que tienes y recibirás", dice el proverbio latino. Cuando algo deja de ser, el niño aparece como una posibilidad interna que irrumpe en nuestro mundo pleno de ingenua vitalidad.

"Al proceso de morir psicológicamente, mientras uno todavía está vivo, sigue el renacimiento o la renovación psicológica", señala Ralph Metzner en su libro Las grandes metáforas de la tradición sagrada. Entonces nace un nuevo ser -una nueva manera de ser- imaginado como el resplandeciente niño simbólico. "El niño recién nacido todavía está vinculado al Tao, a la fuente de su vida y de su manifestación, motivo por el cual deberíamos emularlo", añade Metzer."Como dice Chuang Tsu: ¿Puedes ser como un recién nacido? El bebé llora todo el día, pero su voz nunca es ronca porque no ha perdido la armonía con la naturaleza".

Este niño eterno y verdaderamente vivo se encuentra en el corazón de nuestro ser esperando encarnarse en nuestros actos y nuestras actitudes. Y la luz del mundo brilla a través de él.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. NºCol.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

sábado, 20 de abril de 2019

Tu sombra

Todos tenemos un reverso de la media, aquello que no se ve pero que también nos pertenece. Se trata de lo que Jung llamaba persona, esto es, la parte del teatro griego que a través de una máscara se comunicaba.
Podemos verlo y comprobar que existe en todo animal humano. Sin duda hemos visto, en los últimos años, que el tipo duro puede esconder una persona sensible que se muestra en diferentes contextos. Tenemos varios yoes, como decían en Oriente hace miles de años. También nos podemos atrever a decir que tenemos varias identidades y que se plasman en diferentes contextos, con diferentes interlocutores.
Para ser personas completas tenemos que hermanarnos con nuestra sombra. Virginia Gawel, del Centro Transpersonal de Bs As, comenta en su actividad docente la siguiente anécdota "que le regalaron": una mujer muy bella y pasada un poco de peso había estado a punto de morir en el parto de su hijo. Era modelo y su preocupación era la próxima ropa que se compraría. Ella tuvo una experiencia cercana a la muerte que no sólo alumbró a una criatura que tiene 15 años, además, esa experiencia fue transformadora para su consciencia y decidió ir a Argentina a estudiar psicología, donde conoció a Virginia Gawel. Ahora se dedica a ser enfermera de pacientes terminales, es decir, al filo de la muerte y habrá terminado como Licenciada en Psicología.
Virginia Gawel reflexiona que, en ocasiones, una experiencia de esta magnitud puede revertir la perspectiva de la experiencia vital y conducirnos a otros caminos.
Nacemos como un círculo y podemos llegar a ser una esfera, completos, ahí surge un problema para pensar en otra ocasión. Cuando no estamos en la media de la población podemos estar, en un extremo, muy enfermos y, en el otro, ser personas esféricas, completas y haber alcanzado la cima de la espiritualidad de Maslow. Para ello no hace falta ser psicólog@ o psiquiatra, un pastor, un obrero, modista o comerciante puede serlo también, en definitiva la felicidad reside en encontrarnos y ser felices, siendo completos.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Zaragoza (Zona Centro).
Página Web: www.rcordobasanz.es
E-mail: rcordobasanz@gmail.com
Teléfono: 653 379 269

domingo, 22 de enero de 2017

Sombra y Conciencia



Desde la fundación de la psicoterapia, un trabajo entre dos para aliviar y curar al paciente, el objetivo era "hacer consciente lo inconsciente", según Freud. Jung prefería denominar "nuestro encuentro con la sombra".
En paralelo a este proceso de develamiento, la construcción de una relación interpersonal es esencial. La psicoterapia equivale tanto a la relación con uno mismo, por el sendero de ir arrancándole oscuridad su señorío.
Freud suscitó la necesidad teórica de la comprensión histórica de los pacientes, para hacer viable el movimiento de arrojar luz a la oscuridad, como diría Jung. Se trata de un conocimiento para "tomar conciencia" capaz de producir significados. Esto implica una concepción que deja atrás el antagonismo entre situación e historia, y que enfoca su tarea a incluir en sus reflexiones la totalidad de la relación del paciente.
Al revisar las diferentes versiones  sobre el proceso de "darse cuenta" podemos apreciar el acuerdo en torno de que el producto de su actividad engendra una progresiva inclusión, un proceso anteriormente disociado. En suma, se crece uniendo lo que estaba separado.
Tal dinámica comporta pensar que lo denominado "nuestra sombra" implica una relación lógica (no espacial) que abarca todos los aspectos que la persona rechaza de sí misma y, puesto que no los admite dentro de sí, el proceso de individuación no puede cumplirse. Para que esto suceda se hace ineludible la integración del todo del individuo.
La sombra representa, pues, nuestra cara oculta y excluida, a la cual Jung se refiere como "nuestra hermana de la oscuridad, que aunque invisible forma parte de nuestra totalidad".
Este reino inconsciente es atemporal y está regido por una lógica que evade las leyes de la causalidad, y su constitución está nutrida por la presencia de una operación psicológica que Freud describe como represión. Dispositivo inherente a la vida psíquica, que opera tanto en la filogenia como de la ontogenia. En el primer caso, este acontecimiento se ubica en el momento del paso hipotético de la naturaleza a la cultura, en el segundo, se despliega en torno de los procesos que, desde el nacimiento en adelante, actúan como los responsables de suprimir los contenidos rechazables y dolorosos para la conciencia. En este sentido, la represión funciona como defensa aunque en contra del crecimiento, maduración emocional, autorrealización e individuación.
La sombra, en este caso, va creciendo, manteniendo lejos de la conciencia los elementos que pueden ayudar a sanar. Dice Jung: "El consciente se puede amaestrar como un papagayo, no, sin embargo el inconsciente". Por esta razón, San Agustín ha expresado su agradecimiento a Dios por no haberle hecho responsable de sus sueños".
Como consecuencia de esta lucha por sujetar a la sombra, por una parte el Yo se va empobreciendo en sus capacidades creativas, y por otra, lo reprimido retorna, de manera deformada como síntomas, sueños y vínculos. Es justamente mediante la observación de estas figuras como podemos interpretar el tenor de lo ocultado. Por tanto, mientras la sombra permanece, el hombre se ve esclavizado a sus dictados e impedido de sanar los desgarrones de su integración. Por eso el camino para sanar esta herida consiste en enfrentar la sombra y abrazarla.
A partir de este lugar, la función del terapeuta consiste en ser "partero" de la sombra del paciente. Ayudarlo a que dé luz aquello que se mantiene en la oscuridad del inconsciente y que lo preña de padecimientos psicofísicos y desdichas vinculares. Un parto, en general, similar al propio y "natural" de las mujeres, aunque no siempre doloroso. Sí existe un dolor evolutivo que hace avanzar y que, luego de pasado, invade de gozo y disminuye la ignorancia.
Desde el punto de vista del terapeuta involucrado en el marco de la relación terapéutica con el paciente, a quien está ayudando a enfrentarse con su sombra, vale aquí la reflexión de Nietzsche: "Hay casos en que los psicólogos somos los caballos. Nos asustamos de nuestra propia sombra, que se mueve delante de nosotros. El psicólogo tiene que apartarse de su ego para ver". Para ver su lado oscuro y temido.
Es interesante reseñar que cuando la persona ha superado su sombra se vuelve más compasiva, ya que para desplegar este sentimiento necesita haber vivido la experiencia de atravesar un dolor, padecido en carne propia, y sobre el cual haya prevalecido.
Así, el encuentro con la sombra -que nunca es casual, que siempre es sincronístico, que siempre sucede como parte de un trabajo, aun cuando no sepamos lo que estamos haciendo- forma parte del proceso más global de la evolución. Por lo tanto, como estamos destinados a tener que aprender y evolucionar, somos forzados a toparnos con la sombra. Más tarde o más temprano, según la disposición de nuestra personalidad a aceptar los dictados de nuestra alma.
El hacernos uno con la sombra, supone estar realizando un trabajo para el desarrollo en nuestro mundo, alcanzar mayor compasión, más sabiduría sobre nosotros mismos y, especialmente un dominio de nuestros talentos y nuestras fuerzas, que dejan de actuar enajenados, alienados por la conciencia, para ponerse al servicio de la unidad del amor.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Encuentro con la Sombra



"El mal de nuestro tiempo consiste en la pérdida de la conciencia del mal" Krishnamurti

"Todo lo que reprimimos nos debilita hasta el momento en que descubrimos que también constituía una parte de nosotros mismos" Robert Frost

"¡Si todo fuera tan sencillo! Si en algún lugar existieran personas acechando para perpetrar iniquidades bastaría con separarlos de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien del mal pasa por el centro mismo del corazón de todo ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su corazón?"
Alexander Solzhenitsyn

Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino. Carl Gustav Jung

Cada uno de nosotros lleva consigo una persona afable y una entidad tenebrosa. Un "Doctor Jeckyll" y "Míster Hide". Bajo la máscara del Yo consciente se ocultan todo tipo de emociones y conductas negativas: rabia, celos, resentimiento, codicia, lujuria, mentira, tendencias asesinas y suicidas... Este territorio inexplorado de nosotros mismos es conocido en psicología como la sombra personal.
Todo el mundo tiene una sombra, contrapartida de su ego. Una sombra que comienza ya a desarrollarse en la infancia, a través de la educación, cuando negamos la parte oscura de nosotros mismos y finjimos identificarnos con nuestros ideales. Una sombra que permanece siempre al acecho y que emerge con fuerza en cualquier momento. Así, por ejemplo, cuando sentimos un inexplicable sentido de apatía hacia alguien, o cuando descubrimos un rasgo inaceptable en nosotros mismos, o cuando repentinamente nos invade el odio, la envidia, la vergüenza.
Encontrar la propia sombra, enfrentarse con ella, aprovechar su poderosa energía, todo ello pertenece a la autorrealización más profunda del ser humano.
Ya dijo Jung que uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad.

Una autorevelación de Connie Zweig:

[...] "Después de haber atravesado un período de profunda desesperación, estoy comenzando a sentirme más completa, experimento una expansión de mi naturaleza y mi relación con los demás es mucho más profunda que antes.
Cuando hace unos veinte años me encontraba en la cúspide de la soberbia espiritual mi madre me dijo, en cierta ocasión, que admiraba mi amor por la humanidad pero que dudaba un tanto de mi afecto por los seres humanos individuales. La aceptación gradual de los impulsos más oscuros de mi ser ha favorecido el desarrollo auténtico de mi compasión. Hace un tiempo, desdeñaba a las personas normales, llenas de deseos y contradicciones, hoy, en cambio, me parecen algo extraordinario.
Para que mi vida externa no quedara destrozada y no tuviera que desechar el estilo creativo de mi vida que tanto me gustaba busqué una forma simbólica de favorecer el alumbramiento de mi sombra... Existe un ritual de iniciación en el que, a los diecisiete años, los balineses liman sus colmillos para exorcisar los demonios de la ira, los celos, el orgullo y la avaricia después del cual el individuo se siente purificado y renovado. Lamentablemente, sin embargo, hace mucho tiempo que nuestra cultura ha dejado de prestar atención a este tipo de ceremonias de iniciación.

Varias Fuentes
Rodrigo Córdoba. Psicólogo y Psicoterapeuta
Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. Edición a cargo de C. Zweig y J. Abrams. Kairós

miércoles, 28 de agosto de 2013

La Sombra

https://www.youtube.com/watch?v=Cw1Tr0_ZY1Q&feature=youtube_gdata_player  BREAKTHOVEN

La sombra es todo lo que el individuo rechaza de sí mismo, es aquello de lo que no es consciente. La sombra y todo el psiquesoma se combinan.

No hay separación entre cuerpo y mente. Los médicos hacen disociaciones operativas para curar un órgano.
El alma alberga el psiquesoma, la trayectoria vital y las circunstancias. Todas las variables posibles.
La enfermedad es siempre una parte de la sombra que se introduce en la materia, indicando lo que me falta, lo que rechacé, lo que olvidé, lo que desprecié.

Podemos ver solo la sombra si está proyectada, como en el espejo, en el cuerpo.
La enfermedad siempre nos muestra el otro polo, la parte oculta que preferimos desconocer.

La enfermedad trae a la luz de la conciencia lo que está relegado a la sombra, y así nos convierte en seres un poco más auténticos, sinceros, vulnerables y verdaderos.

Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta
ZARAGOZA

jueves, 28 de junio de 2012

Miscelánea Abisal




"Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones." Antoine De Saint Exupery
DERECHOS, 4 de Julio 1776, VALORES, VIRTUDES...
"Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad."


Jung agregó un cuarto elemento a la estructura realizada por Freud:
Ello, Yo, Súper Yo, Sombra

Para Jung, la persona representa nuestra imagen pública, es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo.


Sombra.

"Todo eso que eres y te molesta de ti, reflejándolo en otros. Lo que ves en otros, lo detestas aunque esté en ti, deriva de un pasado pre humano, nuestras preocupaciones se limitaron a sobrevivir. Seria entonces el lado obscuro del “Yo”, nuestra parte negativa o diabólica, pero la sombra es amoral (ni buena ni mala) solo animal."

Carl Gustav Jung (1875-1961)

Cuídate de tu sombra, sabes que la tienes, tendemos a ver los defectos en los demás y obviar o quitarle importancia a los nuestros, cuando si reflexionásemos sobre ellos, veríamos que también adolecemos de ellos, aprende de ti mismo, y podrás ayudar a los demás, sin estigmatizarlos por tus propios errores

RESILIENCIA
"las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia, En general, se considera que es un constructo multifactorial con tres componentes principales: compromiso, control y reto."


"A pesar de traumas graves, incluso muy graves, o de desgracias más comunes, la resiliencia parece una realidad confirmada por muchísimas trayectorias existenciales e historias de vida exitosas. De hecho, por nuestros encuentros, contactos profesionales y lecturas, todos conocemos niños, adolescentes, familias y comunidades que "encajan" shocks, pruebas y rupturas, y las superan y siguen desenvolviéndose y viviendo -a menudo a un nivel superior- como si el trauma sufrido y asumido hubiera desarrollado en ellos, a veces revelado incluso, recursos latentes y aun insospechados".
(Michel Manciaux. La resiliencia: ¿mito o realidad)