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Paz y Ciencia
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sábado, 7 de enero de 2023

TRASTORNOS DISOCIATIVOS


Hay que señalar que los momentos ocasionales de despersonalización son normales y ocurren a muchas personas, por lo que el trastorno como tal solo se produce cuando los episodios de despersonalización son recurrentes o prolongados. 

¿Cómo se tratan los Trastornos Disociativos?

La psicoterapia es el tratamiento más usado y más efectivo. No debemos olvidar que el tratamiento dependerá del tipo de trastorno disociativo que se padezca, además del hecho de que cada persona es diferente, aun cuando tengan un mismo tipo de trastorno disociativo.

Las terapias que tienen mejores efectos a largo plazo son las que trabajan sobre los síntomas disociativos, donde existen varios tipos de abordajes según el objetivo que se plantee. Los tres tipos de abordajes para tratar los trastornos disociativos son los siguientes:

  • Integracionistas. En estas terapias, el objetivo es la integración de las partes disociadas
  • Focalizados en la personalidad. Aquí, el objetivo es buscar no una integración de las personalidades, sino una optimización a la hora de organizarse internamente.
  • Adaptacionalistas. Estas terapias no abordan las personalidades, sino que son más pragmáticas; se centran en la mejora del funcionamiento del paciente disminuyendo sus síntomas.

lunes, 2 de mayo de 2022

CAMUS: EXISTENCIALISMO

 




No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar

La mayoría de las frases de Albert Camus dejan ver su espíritu rebelde y libertario, algo que lo caracterizó desde muy temprana edad. Este escritor, nacido en la Argelia francesa en 1913, fue uno de los más destacados novelistas, periodistas y filósofos del siglo XX.

Camus perdió a su padre antes de cumplir un año, debido a la guerra. Creció en medio de una gran pobreza y logró estudiar gracias a una beca que les daban a los hijos de los veteranos caídos. Con todo, llegó a obtener el Premio Nobel de Literatura a sus 44 años.

“Todos los especialistas de la pasión nos lo dicen: no hay amor eterno si no es contrariado. No hay pasión sin lucha”.


-Albert Camus


En muchas de las frases de Albert Camus se ve reflejada la influencia de Schopenhauer y de Nietzsche. Sin embargo, Camus se definió como un anarquista. En su pensamiento y su obra el tema central es lo absurdo de la existencia


jueves, 14 de abril de 2022

LA SOMBRA

 




Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Tfno : 34 653 379 269 Instagram: @psicoletrazaragoza        Página Web: Conóceme 😉🌹💜


«La Sombra es uno de los arquetipos principales de lo inconsciente colectivo según la psicología analítica de Carl Gustav Jung.

Jung utilizó este término de dos modos diferentes:
1.- Por un lado, se puede definir como la totalidad de lo inconsciente …
2.- En segunda instancia, Sombra designa al aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo consciente no reconoce como propios. En este segundo sentido, la Sombra es la parte inferior de la personalidad, la suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas que no son asumidas por la consciencia por su incompatibilidad con la personalidad que predomina en nuestra psique. Estos contenidos rechazados no desaparecen, y cuando cobran cierta autonomía se constituyen en un agente antagonista del yo, que mina los esfuerzos de éste.

En el nivel del inconsciente personal la sombra pertenece al Yo. En el nivel de lo inconsciente  colectivo representa un arquetipo autónomo, y por tanto independiente del Yo fáctico. Dado que la sombra representa nuestros impulsos más primitivos, nuestra faceta instintiva animal como sumatorio de todo nuestro pasado evolutivo, las dificultades vitales encontradas generalmente en hombres y mujeres pueden deberse:

1.- O bien a una omisión o supresión de la sombra, imposibilidad que degenera en una revuelta de aquello que se pretende eliminar.
2.- O por el contrario, y desde el otro extremo, a una identificación con el arquetipo, con lo que el Yo queda a merced de la tempestad de lo inconsciente como el resquebrajado muro de una presa ante el desbordamiento del embalse que pretende vanamente contener.

De ahí que como parte fundamental de toda analítica se retome la sana virtud de volver al punto medio entre dos extremos: en este caso, el devenir consciente de la sombra.

«Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad consciente.» Carl Jung 

La sombra es un concepto que reúne todos los aspectos inconscientes positivos o negativos, son cualidades o atributos conocidos o poco conocidos del ego ya sean de origen individual o colectivo.

Nos resulta significativamente más sencillo ver estos aspectos en las demás personas que en nosotros mismos. Observar nuestras tendencias inconscientes en otros es lo que se denomina proyección.


La desventaja de la proyección de nuestra propia sombra es que una parte de nuestra personalidad permanece en el lado oscuro oculta a nuestra mirada de modo que no podemos integrarla a nosotros ni equilibrarla con nuestro lado consciente, sin mencionar la enorme conflictiva que nos puede generar en los vínculos el hecho de atribuir a otros nuestro propio aspecto sombrio. Este mecanismo proyectivo coarta la posibilidad de auntenticas relaciones humanas. Todos los aspectos que un ser humano rechaza, lo que no le gusta o no quiere pasa por una parte de su sombra, y es así cuando lo encuentra en el mundo exterior le genera angustia y repudio.


La sombra es también el primer arquetipo en la teoría Junguiana que deberá ser integrado con la personalida de modo que la iluminación de la sombra le permita al ser humano una mayor autenticidad consigo mismo y con los demás.

¿Cómo puede uno percibir su propia sombra?, mediante los sueños ya que el inconsciente puede expresarse más libremente incluso algunas veces nos enfrenta literalmente, a esto le denomina percepción de la sombra.


Generalmente en los sueños aparece la sombra como una persona con nuestro mismo sexo pero de un modo casi opuesto a como nosotros consideramos es nuestra personalidad, ya que actúa de un modo compensatorio. En los sueños se pueden apreciar laberintos, pasadizos, cuartos múltiples, bodegas oscuras, sótanos, entre otros paisajes.


El hecho de que la sombra se convierta en nuestro amigo o enemigo depende de nosotros, es decir, que no sólo representa aspectos negativos de nuestra personalidad sino que también oculta atributos que nos hacen falta en la vida para equilibrar de manera positiva nuestra forma de ser, por ejemplo, para una persona muy tímida, la sombra puede presentársele en el sueño como alguien muy atrevido y poco influenciable por la opinión ajena.


Confrontar, reconocer, integrar y trabajar la sombra no es un camino sencillo de transitar, sino que requiere de la persona una intensa dedicación emocional, atravechañar el mundo de las tinieblas para poder hacer consciente aspectos de nosotros mismos que se mantienen ocultos y así poder transitar lo que Carl Jung denomina el proceso de individuación.






domingo, 10 de abril de 2022

PLATÓN: Mito de la Caverna

 




La obra clave de Platón, La República, en el capítulo séptimo encontramos el renombrado Mito de la Caverna, el cuál analizamos en el presente trabajo. Aunque en la concepción platónica del cosmos, la libertad humana como problema, no aparece, por lo menos desde un análisis frontal, intentaremos visualizar e interpretar los elementos que aparecen sobre la libertad en dicho mito. Es de reconocer que el concepto de libertad es muy amplio ya que se puede abordar desde diferentes aristas, como son: posibilidad de autodeterminación, elección, acto voluntario, espontaneidad, margen de indeterminación, ausencia de interferencia, liberación frente a algo, para algo, realización de una necesidad. Pero de acuerdo a la esfera de acción o alcance de esta, se ha hablado de libertad privada o personal, pública, política, social, de acción, de palabra, de idea, moral, entre otras aseveraciones.[1]

Si bien es cierto que Platón, cuando utiliza la alegoría de la Caverna lo que persigue es dar respuesta fundamentalmente al problema del conocimiento humano, es decir, ¿por qué conocemos?, ¿cómo sabemos que lo que conocemos es real?, y a pesar de que este mito se ha estudiado básicamente sobre los distintos grados ontológicos de la realidad, sobre lo que simboliza los grados del conocimiento, o en relación al aspecto ascético, místico y teológico y por último la concepción política[2]. Como lo muestra dicha narración, que como recurso pedagógico solo trata de mostrar un mensaje, pero si nos quedamos en el relato que es exactamente lo que haremos, encontraremos rasgos sobre la libertad.

El mito inicia:

Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos[3].

Veamos, el fragmento mencionado nos habla de individuos sujetos por cadenas desde su niñez, implicando esto, de hombres que están coaccionado, de ciertos tipos de libertad, que para no hacer una lista interminable podemos resumirlas en una libertad en cuanto posibilidad de elección, de auto determinarse, de disponibilidad, natural, política, personal, necesidad, posibilidad, entre otros significados.

Los hombres que aparecen mencionados en el Mito, no han tenido posibilidad de elección en cuanto que su estado de estar inmovilizados de piernas y cuellos, obligados a ver siempre hacia un lugar específico. Lo que sería lo mismo mirar solo una parte de la realidad, es decir, que tienen interferencias que no les permite elegir otra postura que al mismo tiempo contribuya a obtener un conocimiento total de la realidad que le circunda. No podemos aprehender la realidad a no ser que podamos tomar distancia de ella, en el sentido de que al ser humano conocer la realidad en cuanto a tener un contacto perceptivo de esta, la aprehenda, pero como lo que no se analiza en su totalidad o por lo menos en la totalidad de nuestra finitud humana, no puede ser aprehendida y hacer de ella su realidad, por lo tanto, estos hombres no analizan su realidad.

Por lo que los hombres cavernarios no tienen posibilidad de elección, y más aún, otros han elegido por ellos al colocarlos en tal situación, pero podríamos preguntarnos y estos hombres ¿al elegir permanecer en su estado ya no están eligiendo? En otras palabras, ¿al no elegir no estarían eligiendo? Y por ende ¿tienen posibilidad de elección? A las dos primeras preguntas, que en el fondo tienen el mismo objetivo, podemos decir, que los hombres no eligieron estar en dicha situación, sino que otros los han puesto en dicho estado, los cavernarios no han aceptado tal situación ya que no se le ha preguntado, desde niño se le ha colocado y por costumbre permanecen en dicha postura.

Ocurre lo mismo con los elefantes que son llevados a los circos desde pequeños, los atan a una pequeña estaca la cual le muestran más resistencia que la fortaleza que ellos poseen. Los paquidermos al desarrollarse y crecer, sus fuerzas aumentan hasta tal punto que podrían despegar las estacas del suelo, sin embargo, como por costumbre lo intentaron muchas veces y no pudieron, se adaptaron a estar amarrados a la estaca. Lo mismo ocurre con los hombres de la Caverna, al no poder ni siquiera mirar hacia los lados no eligen mirar al frente, es que están conminado a mirar hacia al frente por lo tanto no tienen posibilidad de elección. Pero preguntémonos algo más ¿el hecho de mirar hacia delante no están eligiendo mirar? ¿Por qué muy bien pudieran elegir no mirar y cerrar los ojos? ¿No estarían de esta forma eligiendo?

Veámoslo, al estar encadenados desde niños y obligados a mirar hacia al frente, acostumbrados a observar las sombras, la realidad de dichos individuos son las sombras, por lo tanto, ellos no tienen ni siquiera la posibilidad de elegir mirar o no mirar, porque están haciendo lo que ellos creen que es lo correcto, mirar su realidad. No hacen uso de su condición de ser racional que es lo que le puede dar la libertar natural, por ser la razón una facultad natural de los seres humanos, ellos no pueden hacer uso racional de su condición de esclavos, ya que no han sido formados para utilizar las herramientas que poseen, en este caso, la razón y están por ende coartados de ser hombres sabios que sería lo que le permitiría ser libres.

Los cavernarios no poseen la posibilidad de regir sus propios destinos, ya otros han elegido por ellos, porque, aunque un individuo que pertenezca a una comunidad y deba estar sometido a las leyes y normas de dicha sociedad, se le permite abandonar por un tiempo su ‘negocio’ para dedicarse al ‘ocio’, es decir, a la reflexión, al estudio. Que cuando esto ocurre el individuo asume su libertad, el individuo mismo se lo toma como un derecho, entonces su libertad consiste, o va en camino de consistir, en una separación de la comunidad, acaso fundada en la idea de que hay en el sujeto una realidad, que no es, ‘social’, sino plenamente ‘personal’.

En este sentido los hombres de la Caverna no poseen libertad personal, ya que esta consiste en disponer de sí mismo y este disponer no es posible a menos que uno se haya liberado de lo externo, lo cual puede llevarse a cabo únicamente cuando se reducen a un mínimo lo que se consideraba antes como necesidad. Los cavernarios no tenían la capacidad de tener la mínima conciencia de necesidad, a pesar de gozar del privilegio de poseer un alma racional. Al no tener libertad personal, entonces carecen de libre albedrío.

Por  eso el problema aquí no es tanto el de lo que podría hacer el hombre, sino más bien el de cómo puede el hombre usar de su libre albedrío para ser realmente libre. Por lo tanto, no basta con saber lo que es el bien, sino que es necesario inclinarse hacia él. Cuando Aurelio agrega un nuevo elemento, como reconciliar la libertad de elección con la presciencia divina. El cual él lo hace afirmando que el hombre posee una voluntad y que se mueve a esto o aquello es una experiencia personal, pero que Dios sabe lo que el hombre voluntariamente hará, lo que no elimina que el hombre haga esto o aquello. Esto es considerado como el misterio de la Libertad. Aclarando que la presciencia de Dios no equivale a una determinación de los actos voluntarios de tal suerte que los convierta en involuntarios.

Al hombre desencadenado se le presenta un dilema, rescatar a los que están encadenados o no, pero cabe preguntarnos ¿ya él es libre para liberar?, y ¿si no se logra convencer de que ayude a los encadenados? Lo primero que hay que establecer es si éste individuo tiene conciencia de que es libre, porque de no ser así se le está obligando a ser libre y si no se logra concienciar sobre su supuesta libertad, entonces lo estamos encadenando dos veces en el sentido de que queremos liberarlo y al mismo tiempo lo estamos encadenando, es decir, lo estamos obligando a ser libre, le coaccionamos para que sea libre.

Pero vamos a suponer que logramos convencerlo de que es libre y no elige desencadenar a los demás que son sus compañeros desde niños, entonces ha usado su libre albedrío, su capacidad de elegir, para el mal, mal fundamentado en los planteamientos anteriores. Por lo tanto, no es libre. Pero vamos un poco más lejos, supongamos que libere a los individuos, es decir, que use su libre albedrío para el bien, ¿son libres los desencadenados?, ¿Es libre el que desencadena? A la primera cuestionante, diríamos que no son libres los desencadenados ya que han sido sueltos por una persona que no es libre, y la libertad solo proviene de la libertad, de individuos libres. Como el sujeto desencadenado no lo hizo por sí mismo, o no se le dieron las herramientas para lograrlo no se puede considerar libre, por lo tanto, todas las acciones hacia esos individuos no los hace libre. Y si él no es libre, no puede liberar.

Según Santo Tomás de Aquino, el hombre goza de libre albedrío o libertad de elección. Tiene voluntad, la cual es libre de coacción; pero el estar libre de coacción es una condición y no es toda la voluntad. Es menester, en efecto que algo mueva la voluntad. Ello es el intelecto, el cual aprehende el bien como objeto de la voluntad. Parece de este modo que la libertad quede eliminada. Pero lo que ocurre es que no se reduce al libre albedrío; la libertad propiamente dicha es lo que se ha llamado una ‘espontaneidad’. Esta consiste en seguir el movimiento natural propio de un ser, en el caso del hombre radica en seguir el movimiento hacia el bien. La libertad no consiste únicamente en elegir, ni mucho menos, en elegirse a sí mismo, si no más bien en elegir algo trascendente, porque el hombre puede elegir mal, y peor aun elegir el mal, por ello el hombre necesita de la ayuda de Dios para poder elegir algún bien o el bien.

Optar por algo trascendente es para Santo Tomás, elegir a Dios, pero como para los griegos el mundo es eterno, no ha sido creado, por lo tanto, para Platón el concepto de Dios como creador no cabe. Por ello los griegos concebían a Zeus como un ordenador, por lo tanto, se descarta que lo trascendental que podrían elegir los cavernarios bajo ningún concepto podría ser Dios. Empero, lo trascendente que pueden elegir sería en este caso la felicidad, cosa que no puede obtenerse si no se es libre.

Como podemos ver, según Santo Tomás de Aquino, la libertad se reduce en elegir algo trascendente, Dios, el Dios creador, y como los cavernarios no tenían concepto sobre un Dios creador, entonces no pueden ser libre, y mucho menos podrán ser felices, porque si no tienen concepto de un Dios creador no pueden ser libres, y si no conocen la libertad tampoco pueden ser felices. Por ende, según el Aquinate los hombres del mito de la Caverna no son libres.


viernes, 4 de febrero de 2022

THAY: "TIPS" BUDISTAS

 


🌈PSICÓLOGO Y PSICOTERAPEUTA

Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 34 653 379 269

1.- No seas idólatra ni te ates a ninguna doctrina, teoría o ideología, incluso a las Budistas. Todos los sistemas de pensamiento son medios de guía; no son la verdad absoluta.

2.- No creas que el conocimiento que tienes en este momento es la verdad inmutable, absoluta. Evita ser de mentalidad estrecha y atarte a los puntos de vista presentes. Aprende y practica el desapego de los puntos de vista para estar abierto a recibir los puntos de vista de los demás. La verdad se encuentra en la vida y no meramente en el conocimiento conceptual. Prepárate para aprender a través de toda la vida y a observar la realidad en ti mismo y en el mundo en todo momento.

3.-No fuerces a los demás, ni siquiera a los niños, por ningún medio en absoluto, a adoptar tus puntos de vista, ya sea por autoridad, amenaza, dinero, propaganda o incluso educación. Sin embargo, por medio del diálogo compasivo, ayuda a los demás a renunciar al fanatismo y la estrechez.

4.-No evites el contacto con el sufrimiento ni cierres tus ojos ante el sufrimiento. No pierdas la conciencia de la existencia del sufrimiento en la vida del mundo. Encuentra maneras para estar con aquellos que están sufriendo por todos los medios, incluyendo el contacto personal y las visitas, imágenes, sonido. Por tales medios, despierta tú mismo y a los demás a la realidad del sufrimiento en el mundo.

5.-No acumules riqueza mientras millones están hambrientos. No tomes como el objetivo de tu vida a la fama, el provecho, la riqueza o el placer sensual. Vive simplemente y comparte el tiempo, la energía y los recursos materiales con quienes están en necesidad.

6.-No mantengas ira u odio. Tan pronto como surgen la ira y el odio, practica la meditación sobre la compasión para comprender profundamente a las personas que han causado ira y odio. Aprende a ver a los otros seres con los ojos de la compasión.

7.-No te pierdas en la dispersión y en el ambiente que te rodea. Aprende a practicar la respiración para recuperar la compostura del cuerpo y la mente, para practicar la atención, y para desarrollar la concentración y la comprensión.

8.- No pronuncies palabras que puedan crear discordia y causar ruptura en la comunidad. Haz todos los esfuerzos para reconciliar y resolver todos los conflictos, aunque sean pequeños.

9.- No digas cosas falsas por el bien del interés personal o para impresionar a las personas. No pronuncies palabras que causen desviación y odio. No difundas noticias que no sabes si son ciertas. No critiques o condenes cosas de las que no estás seguro. Habla siempre verdadera y constructivamente. Ten el valor de hablar sobre situaciones de injusticia, aun cuando hacerlo pueda amenazar tu propia seguridad.

10.- No uses a la comunidad Budista para ganancia o provecho personal, ni transformes tu comunidad en un partido político. Una comunidad religiosa debe, sin embargo, tomar una actitud clara contra la opresión y la injusticia, y debe esforzarse por 

lunes, 31 de enero de 2022

OSHO : PURO FUEGO

 



Concéntrate en el fuego

En la vida no hay nada seguro excepto la muerte. 
 
En segundo lugar, la muerte no se va a producir finalmente; ya se está produciendo. Es un proceso. Tal como la vida es un proceso, la muerte es un proceso. Creamos el ahora, pero la vida y la muerte son simplemente tus dos pies, tus dos piernas. La vida y la muerte son ambas un proceso. Tú estás muriendo a cada momento. 
 
Déjame ponértelo de esta manera: cada vez que inhalas eso es vida, y cada vez que exhalas, eso es muerte. 
 
Durante quince minutos, exhala profundamente. Siéntate en una silla o en el suelo, exhala profundamente y, al exhalar cierra los ojos. Cuando el aire salga, tú entras. Y, luego, deja que el cuerpo inhale, y cuando el aire penetre, abre los ojos y sal. Es justamente lo contrario: cuando el aire sale, tú entras; cuando el aire entra, tú sales. 
 
Cuando exhalas, se crea espacio interiormente, porque la repiración es vida. Cuando exhalas profundamente estás vacío, la vida ha salido. En cierta forma estás muerto, por un momento estás muerto. En ese silencio de la muerte ve hacia adentro. El aire se mueve hacia fuera: cierra los ojos y ve hacia adentro. El espacio está allí y tú puedes ir fácilmente. En el término de quince minutos te sentirás tan profundamente relajado que estarás listo para practicar la técnica. 
 
Recuéstate boca arriba. Primero imagínate que estás muerto; el cuerpo es como un cadáver. Recuéstate y entonces lleva tu atención a los dedos de los pies. Con los ojos cerrados ve hacia adentro. Lleva tu atención a los dedos de los pies y siente que el fuego está subiendo desde allí hacia arriba; todo se está quemando. A medida que el fuego sube, tu cuerpo va desapareciendo. Empieza por los dedos de los pies y ve subiendo. 
 
¿Por qué se empieza por los pies? Será más fácil, porque los dedos de los pies están muy lejos de tu yo, de tu ego. Tu ego existe en la cabeza. No puedes empezar por la cabeza, será muy difícil, así que empieza desde un punto muy lejano. Los dedos de los pies son el punto más alejado del ego. Empieza a arder desde allí. Siente que los dedos de los pies se queman, solo quedan cenizas y luego desplázate lentamente, quemando todo lo que el fuego encuentra. Cada parte, las piernas, los muslos, desaparecerán. Y continúa mirando que se han convertido en cenizas. El fuego sube hacia arriba y las partes que ha recorrido ya no están, se han convertido en cenizas. Sigue hacia arriba y, finalmente, la cabeza desaparece. Todo se ha convertido...el polvo se ha convertido en polvo. 
 
Tú seguirás siendo simplemente el testigo en la colina. El cuerpo estará allí, muerto, quemado, en cenizas, y tú serás el observador, tú serás el testigo. Ese testigo no tiene ego. 
 
Esta técnica te llevará por lo menos tres meses. Continúa practicándola. No va a suceder en un día, pero un día verás realmente el cuerpo reducido a cenizas. Entonces puedes observar. 
 
Osho: Tomado de El Libro de los Secretos

viernes, 21 de enero de 2022

ALEJANDRA PIZARNIK EN DIVÁN




 

La frase que da título a este trabajo[1] ha sido tomada del diario de la escritora argentina Alejandra Pizarnik, anotada el 24 de octubre de 1957; ahí hablaba acerca de los estados de  angustia que le impedían sentir la poesía; de la angustia producida por fracasar en su intento de comunicarse con los otros. Sus Diarios, obra publicada como un texto y que reúne 17 años de su vida, refleja tanto sus vivencias como sus miedos, sus fantasmas y dos de los temas que la obsesionaban: la locura y la muerte. 

Con amplio reconocimiento en vida; varios libros publicados, siete de ellos de poesía y uno de prosa poética, de los cuales, Árbol de Diana de 1962, fue  prologado por Octavio Paz. Se hizo también acreedora a las becas más importantes para un escritor, la Guggenheim (1969), la Fullbright (1971) y la Rockefeller. Llamada cariñosamente “bicho”[1] por Julio Cortázar, con quien sostuvo una estrecha amistad. Poseedora de una prosa admirable y una maravillosa poesía. Vivió durante cuatro años en París, lugar mítico para muchos, donde estuvo en contacto con otros escritores, si bien su estancia en esa ciudad no fue fácil. No obstante, nada bastó para llenar el vacío, la carencia de la que se dolía con frecuencia, para “salvarla” del dolor de existir. El 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, con una importante trayectoria dentro de la literatura y una incursión por la pintura, tras varios intentos previos por quitarse la vida, muere a consecuencia de una sobredosis de Seconal.

“…«Esta es Alejandra, la niña más dotada del mundo. Tiene todo lo que Dios puede conceder a un ser humano… y sin embargo, está siempre triste»”[2], dijo a modo de presentación uno de sus amigos, cuya expresión es registrada en el diario el 24 de agosto de 1955.

El nombre de Alejandra Pizarnik se suma al de otras escritoras o poetas que optaron por el suicidio como fueron Virginia Woolf o Alfonsina Storni, a quienes pareciera no haberles alcanzado la escritura para “librarse” de esa muerte. Como si escribir, y muy bien, no hubiera sido suficiente para “exorcizar”, textualmente, sus propios demonios.

Alejandra Pizarnik se ha convertido en emblema para críticos y estudiosos de su obra; en un personaje que atrae la atención de aquellos que se sienten seducidos por el enigma de la poeta suicida. Aunque no es este el punto que me parece más interesante de abordar sino otro: el de su deseo de escribir la “prosa perfecta”. Uno de los temas a los que dedicó los últimos años de su vida y que constituyó para ella un punto de imposibilidad y de fracaso.

Al respecto,  Cristina Rivera Garza, quien utiliza fragmentos de su poesía como un elemento importante dentro de la trama de su novela La muerte me da, anota: “La prosa, en el sentido pizarnikiano, no es la anécdota ni el contenido del relato sino algo más, algo que, de manera breve y sublime, ella se cree incapacitada para escribir. Se trata de una prosa que, incluso, pone en tela de juicio la capacidad comunicativa de la misma. Una idea que cuestiona la supuesta habilidad intrínseca de la prosa para transmitir significado…”[3] Y más adelante, agrega: “Como si el anhelo de la prosa, que sabe imposible, fuera más anhelo en su propia imposibilidad […] Como si le diera gusto fracasar. Como si ese fracaso constituyera, al fin y al cabo, el guiño victorioso de su anhelo...”[4]

Cada palabra, cada frase, eran objeto de cuestionamiento, de crítica, de su propia autora, quien no estando satisfecha con lo que decía, creía que podía siempre decirlo de otra manera.

Para Ana Becciú, editora de los Diarios (2005), la escritura de estos se halla directamente “…relacionada con la búsqueda de una prosa, con la ambición de dotarse de un lenguaje concreto que le permita un día escribir una novela”.[5] Y este deseo es descrito por Pizarnik en términos de brevedad, claridad y belleza: “…lo que yo quisiera es escribir un libro muy, muy breve. Algo muy hermoso y muy breve. No una novela sino una crónica. Pero la imagino en una prosa simple y cristalina, aunque admitiendo todas las complejidades, en fin, aquella prosa que no sabría nunca escribir”.[6] “…Un libro en prosa que no fuera una novela sino una casa”[7]; un libro que la mantuviera por mucho tiempo construyendo su propia morada.

Puntualizo algunas cuestiones que me permitan hacer una personal lectura, desde el discurso psicoanalítico, sobre Alejandra Pizarnik.

Freud hace en El creador literario y el fantaseo, de 1908, una analogía entre el juego infantil y el oficio del poeta, pues éste, al igual que el niño, “…crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio…” pues “…lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva”.[8] Asimismo, señala que gracias a la irrealidad de este mundo inventado por el poeta, muchas de las cosas que, de ser reales no provocarían un goce, pueden suscitarlo por medio de la fantasía; y lo contrario, muchas excitaciones que pueden resultar penosas, se transforman en fuentes de placer para quienes lo leen.

(Fragmento)

viernes, 29 de octubre de 2021

Alejandra Pizarnik: AMOR y Creatividad

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es                  Instagram: @psicoletrazaragoza


Yo no sé lo que es el amor, ¿lo sabes tú? Me deslizo por sus cuatro letras y vuelvo al principio. Entonces me escondo en la poesía, el arte que ofrece respuestas. Igual que Alejandra Pizarnik, yo «no quiero ir / nada más / que hasta el fondo». Pienso, de todos modos, una cosa que ella le escribió a Francisco Porrúa, a modo de tregua. Le dijo: «Si no entiendo / si vuelvo sin entender, / habré sabido qué cosa es / no entender». Así que volveremos, aun fracasando, con alguna certeza de este viaje, de esta inmersión acuática hacia las paredes de coral del amor que nos prometieron. La poeta argentina será nuestra primera guía.

"El otro al que ama Pizarnik no necesariamente se encarna en otro cuerpo, sino que muchas veces vive al otro lado del espejo"

«¿Y quién no tiene un amor? / ¿Y quién no goza entre amapolas?», se pregunta una joven Pizarnik en Las aventuras perdidas. Es verdad que todos lo tenemos. Estamos abrazados por ese lazo común, por esa calidez eventual que disfrutamos una vez y añoramos el resto de nuestras vidas. El tiempo de enamorarse es un tiempo primigenio, ajeno a los días, una cosa inconcebible, infantil. Ella lo describe así: «Jardín recorrido en lágrimas / habitantes que besé / cuando mi muerte aún no había nacido«. No hay lugar para la muerte en esos instantes previos, en los que la vida burbujea; no lo hay siquiera para la joven Alejandra Pizarnik, que deletreará después las letras del verbo morir hasta gastar las tintas del mundo entero. Pero primero: «Hemos dicho palabras / palabras para despertar muertos / palabras para hacer un fuego, / palabras donde poder sentarnos / y sonreír». Primero uno es feliz.

El amor escapa de la soledad, aunque abraza la individualidad. El otro al que ama Pizarnik no necesariamente se encarna en otro cuerpo, sino que muchas veces vive al otro lado del espejo. Lo que ella quiere, lo que exige, es no estar sola nunca más: «Yo no sé de pájaros / no conozco la historia del fuego. / Pero creo que mi soledad debería tener alas«. Tiene esperanza la joven poeta argentina, en la víspera de los años 60, de que esa sombra, La sombra, se disipe por fin y le permita respirar. Observa el mundo y percibe la negrura penumbrosa, pero todavía hay luces centelleando.

Así que escribe poemas tan hermosos como este: «El principio ha dado luz al final / Todo continuará igual / Las sonrisas gastadas / El interés interesado / Las preguntas de piedra en piedra / Las gesticulaciones que remedan amor / Todo continuará igual / Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo / porque aún no les enseñaron / que ya es demasiado tarde«. A ella no le interesan las grandes palabras. No existe el nunca en la mente de Alejandra Pizarnik. Ella es una mujer decidida a batirse en duelo hasta las últimas consecuencias. «Y con las manos embarradas / golpeamos a las puertas del amor». ¡Caeremos de vuelta al barro y seguiremos golpeando, sépanlo bien!

Algo se quiebra, sin embargo, en Árbol de Diana. Se abren las páginas del libro y se escucha el crujido. Quizá es demasiado barro, pensamos. Ella, la «niña que en vientos grises / vientos verdes aguardó», escribe al final de su vida lo siguiente: «He sentido amor y lo maltrataron, sí, a mí que nunca había querido». Se piensa a sí misma como «la que no supo morirse de amor y por eso nada aprendió«. Quizá todo eso viva en la rotura que existe en ese poemario frágil, huidizo que es Árbol de Diana. Un poemario en el que pronto dice lo que busca: «Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome». Es ese amor del espejo el que se va, izando las velas, mar adentro, desapareciendo entre la niebla.

"Y vuelve la esperanza. Está ahí de nuevo la Pizarnik de las manos embarradas, que golpea a las puertas del amor, que mira fijamente a las rosas"

En este libro se produce la primera fase del desdoblamiento de la Alejandra Pizarnik conocida. Ahora no hay una, sino que son dos, y alrededor de ellas vive el silencio. Entonces se acerca al espejo y dice: «Cuando vea los ojos / que tengo en los míos tatuados». ¡De quién son esos ojos sino míos! ¿Dónde está el amor? ¿Qué es, siquiera, el amor? Alejandra Pizarnik sigue preguntándoselo. Yo no lo sé, ¿lo sabes tú? Entonces se gira hecha una furia, como recuperando la compostura, lanza un alarido brutal que recorre la tierra y la hace temblar, saltan pequeñas piedras, se levantan del suelo, vuelven a caer. Escribe: «Una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo, / la rebelión consiste en mirar una rosa / hasta pulverizarse los ojos«. Y vuelve la esperanza. Está ahí de nuevo la Pizarnik de las manos embarradas, que golpea a las puertas del amor, que mira fijamente a las rosas. Es «un agujero en la noche / súbitamente invadido por un ángel».

El otro regresa, entonces, en su expresión física, cárnica, material. Se extinguen por un momento las sombras; la poeta argentina le pierde el miedo a los espejos y se inspira en un dibujo de Paul Klee para cantar: «Cuando el palacio de la noche / encienda su hermosura / pulsaremos los espejos / hasta que nuestros rostros canten como ídolos». Son los versos más luminosos de Alejandra Pizarnik, los que abren Los trabajos y las noches. Mirad el primer poema de este libro, ¡decidme si no es este un canto de amor desabrido!: «Tú eliges el lugar de la herida / en donde hablamos nuestro silencio. / Tú haces de mi vida / esta ceremonia demasiado pura«.

"Después llega la sed, llegan las jaulas metálicas, la muerte de su padre, La extracción de la piedra de la locura"

Pizarnik, consciente entonces de la sombra que la ha acechado, comienza a guardarse en esa otra persona, la que se coloca delante sin necesidad de espejos. A ella le dice —o casi le suplica—: «Recibe este rostro mío, mudo, mendigo. / Recibe este amor que te pido. / Recibe lo que hay en mí que eres tú«. Comienza entonces una batalla por integrarse en ese fulgor, por desalojar la exigencia ancestral según la cual su fuero interno la conduce inevitablemente hacia una verbalización del sentir. Sus poemas de entonces buscan crear formas silenciosas, gritan lo siguiente: ¡no quiero decir nada! Y eso no está mal si estás enamorado. «Del combate con las palabras ocúltame«, le pide.

¡Y entonces se va, quienquiera que sea! ¡Se escurre! Ella recuerda: «Tú hiciste de mi vida un cuento para niños / en donde naufragios y muertes / son pretextos de ceremonias adorables». El amor es, pues, un cuento para niños, hasta que se termina. Entonces se acaba la niñez. En el poema que da título al libro, Alejandra Pizarnik se lamenta: «He sido toda ofrenda / un puro errar / de loba en el bosque / en la noche de los cuerpos / para decir la palabra inocente«. ¡Ah, inocente el que ama! En el anochecer de ese mismo poemario, la escritora argentina vuelve a rehacerse milagrosamente y exhala un último: «Y aún me atrevo a amar / el sonido de la luz en una hora muerta». Después llega la sed, llegan las jaulas metálicas, la muerte de su padre, La extracción de la piedra de la locura.

"En el delirio, mira atrás y recuerda los días del tacto, cuando las manos ejercitaban el amor antes que la memoria. Y sabe que aquella persona todavía está dentro de ella"

Ese último poema de Los trabajos y los días es el cierre de la Pizarnik esperanzada. Después, en sus dos últimos libros, su vínculo con el amor oscila entre una cáscara de desprecio y la vulnerabilidad del que pide auxilio: «Manos crispadas me confinan al exilio. / Ayúdame a no pedir ayuda. / Me quieren anochecer, me van a morir. / Ayúdame a no pedir ayuda». En La extracción de la piedra de la locura regresan las sombras, regresa la soledad de tinieblas que la acechaba. Y regresa lo sospechado: «He tenido muchos amores —dije— pero el más hermoso fue mi amor por los espejos«.

La Alejandra Pizarnik de sus últimos años de vida ejercita la poesía como un acto de huida. Abre así El infierno musical: «Y qué es lo que vas a decir / voy a decir solamente algo / y qué es lo que vas a hacer / voy a ocultarme en el lenguaje / y por qué / tengo miedo». Ahí, en ese poema, se descubre claramente el desdoblamiento fáctico de su personalidad; ella misma conversa con su yo asustado, y le pregunta, mas no consigue arrancarle un consuelo. Entonces, en el delirio, mira atrás y recuerda los días del tacto, cuando las manos ejercitaban el amor antes que la memoria. Y sabe que aquella persona todavía está dentro de ella. «El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara».

¿Sabes ya lo que es el amor? Yo creo tener algunas pistas. Una joven Pizarnik escribió: «Escribes poemas / porque necesitas / un lugar / en donde sea lo que no es». Así que el amor debe ser algo parecido: una huida de la crueldad, un abismo limpio. Un lugar en el que vivir tranquilos, quizá. Allí cantaremos y bailaremos, «y nos iremos como se va la oscuridad / en la madrugada de las plegarias infantiles». Entonces gritabas desde la cama a mamá, porque el miedo invade al niño en la penumbra. Ella presionaba el interruptor. Se hacía la luz.


miércoles, 6 de octubre de 2021

Psicoterapias para el TLP

 


El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es una enfermedad compleja tanto en su diagnóstico, como en su tratamiento. En gran medida, esto se debe a que los estudios de esta enfermedad son más recientes que los de otras enfermedades.

A pesar de lo reciente, es posible afirmar que existen en la actualidad tipos de terapia y técnicas recomendadas para el tratamiento del Trastorno Límite de la Personalidad. Lo primero que podemos decir del tratamiento de esta enfermedad es que en muchas ocasiones incluye un componente psicofármacos (medicación), que suelen utilizarse para controlar algunos de los síntomas del Trastorno Límite como podría ser la depresión. En cualquier caso, se necesitará de un proceso de terapia, ya que es la única forma de tratar efectivamente el Trastorno Límite.

Además, en todos los casos, puede llegar a ser una enfermedad confusa, por lo cual debe ser el psicólogo o psiquiatra quien la diagnostique a través de un proceso de terapia y quien determine el tratamiento que más se ajusta a la persona que recibirá el tratamiento. 

Tipos de Terapia recomendadas para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

Los tipos de psicoterapia que se utilizan y han demostrado su efectividad para el tratamiento del TLP son:

Terapia Cognitiva-Conductual (TCC) para el tratamiento del Trastorno Límite

La Terapia Cognitiva-Conductual (TCC) surge, como su nombre indica, como un derivado natural de los hallazgos de la psicología cognitiva y la psicología conductual. Y coge como puntos principales de intervención: la cognición y el comportamiento humano.

Es la manera de entender cómo piensa uno acerca de sí mismo, de otras personas y del mundo que le rodea, y cómo lo que cada uno hace afecta a sus propios pensamientos y sentimientos. Se centra en el individuo, en las características y habilidades de la persona.

Esta terapia puede ayudar al tratamiento de las personas con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) a identificar y cambiar los comportamientos que hay ocultos en la percepción de sí mismo y de los demás, así como los problemas de la interacción con los demás. Se centra en modificar los comportamientos y pensamientos que gestionan el problema psicológico que se quiere tratar.

También a reducir los síntomas de cambios de estado de ánimo y de ansiedad, y reducir el número de comportamientos suicidas o de conductas autodestructivas.

Terapia Dialéctica-Conductual (TDC) para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La Terapia Dialéctica-Conductual (TDC) fue desarrollada con el objetivo de atender las conductas autolesivas y suicidas de personas con TLP, debido a la gran reactividad emocional y falta de regulación. Se centra en el concepto de conciencia o reconocimiento, y en estar atento a las situaciones actuales.

La TDC enseña habilidades para controlar las emociones intensas, reduce los comportamientos autodestructivos y mejora las relaciones y la motivación. También, aumenta las capacidades relativas a la regulación emocional y el centrarse en el aquí y ahora.

La diferencia de esta terapia en comparación con la Terapia Cognitiva-Conductual es que esta se acerca a un enfoque basado en el comportamiento. Busca un equilibrio entre el cambio y la aceptación de las creencias y comportamientos. Incluye terapia grupal e individual diseñada únicamente para tratar el Trastorno Límite de la Personalidad.

Terapia Centrada en Esquemas para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La Terapia Centrada en Esquemas surge como una alternativa para afrontar los trastornos psicológicos crónicos consolidados, considerados difíciles de tratar (incluido el TLP).

Es una psicoterapia integradora que combina los elementos de la Terapia Cognitiva-Conductual con otras formas de psicoterapia que se enfocan en cambiar los esquemas o la forma en que las personas se ven a sí mismas, promoviendo una forma de vida positiva y saludable. Se puede realizar individualmente o en grupo.

La característica más destacada es que ofrece, tanto al terapeuta como al paciente, un marco integrador que le sirve para organizar y comprender patrones profundos y autoderrotistas de pensamiento, conducta, sentimiento y de relaciones con los demás, denominado “esquemas disfuncionales tempranos”.

Este enfoque se basa en la idea de que el Trastorno Límite de la Personalidad se deriva de una imagen propia disfuncional, posiblemente causada por experiencias negativas durante la niñez, que afecta la forma en que las personas reaccionan a su entorno, interactúan con otros y lidian con los problemas o con el estrés en su vida adulta.

Terapia Basada en la Mentalización (TBM) para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La Terapia Basada en la Mentalización (TBM) está sustentada sobre todo en la teoría del apego y desarrollada para el abordaje del TLP. Coloca a la mentalización en el centro del tratamiento.

Tiene como objetivo estimular la mentalización en las relaciones de afecto: sesiones de familia, de grupo y sesiones individuales de psicoterapia, ya que ésta puede perderse y es necesario mantenerla.

Se centra en optimizar y favorecer el uso de la capacidad de mentalización, basada en la relación del paciente con otros miembros de su familia, en su capacidad para mentalizar su propia experiencia y de los demás, y en particular en situaciones en las cuales esta capacidad falla. Implica poder dar sentido a las emociones y sentimientos del paciente.

Queda demostrado que las historias que cuentan los pacientes con TLP reflejan que prevalece el afecto inseguro, más concretamente, del estilo desorganizado. No obstante, a través de esta mayor conexión entre sentimientos y pensamientos, se consigue un comportamiento propio más adecuado, así como unas relaciones más satisfactorias con los demás.

Terapia de Grupo para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La Terapia de Grupo es un espacio de encuentro, en el que los asistentes comparten sus experiencias, sus pensamientos y sus emociones con el fin de proseguir con el proceso tanto personal como social que han iniciado.

La Terapia de Grupo ha demostrado grandes mejoras en el tratamiento psicológico. Sin embargo, en el caso del Trastorno Límite de la Personalidad, debe ser un profesional de la Salud Mental el que dicte si el paciente debe entrar en una terapia de grupo, ya que será necesario antes comenzar con un proceso de terapia individual.

La mejor manera de comenzar la terapia grupal es a partir de una base de confianza entre los asistentes. No obstante, este es el momento en el que los miembros pueden sentir dudas sobre los beneficios que pueden obtener del grupo. Es ahí cuando comienza el trabajo, reuniendo problemas y respuestas a esos problemas. Finalmente, se producen unos avances que se comparten entre todos los miembros del grupo.

 

Técnicas recomendadas para el tratamiento del Trastorno Límite de la Personalidad

Dentro las técnicas recomendadas para el Trastorno Límite de Personalidad, destaca la técnica EMDR y el mindfulness, así como el uso de otras terapias como psicodrama, musicoterapia y arteterapia en pacientes con esta patología.

EMDR para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

El EMDR consiste en que el propio paciente pueda comprender por lo que ha pasado, aceptar las situaciones desagradables y traumáticas, y poder procesar estas experiencias para superarlas, a través de procedimientos estructurados como movimientos oculares u otras formas de estimulación. El objetivo de la técnica EMDR (Eye Movement Desensibilization and Reprocessing), es que el paciente de TLP pueda procesar la información sobre aquello que le ocurre, llevándolo a una “resolución adaptativa”. Esto significa, reducir los síntomas, cambiar sus creencias y mejorar en su vida cotidiana.

Mindfulness para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

El mindfulness es una práctica que nos ayuda a tomar conciencia de las facetas de nuestra experiencia en el momento presente “el aquí y el ahora”. Se utiliza principalmente en la Terapia Dialéctica-Conductual (TDC) para ayudar al paciente a regular sus emociones de manera más efectiva.

También ayuda a la persona a aumentar el control de la atención, puesto que uno de los problemas más relevantes desde el ámbito cognitivo en los afectados de TLP es la atención dividida y las preocupaciones. Asimismo, se incrementa la conciencia de la experiencia privada con su ser interior, la disminución de las acciones impulsivas y se fomenta la autovalidación.

Psicodrama para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

El psicodrama establece que todos somos artistas a la vez que protagonistas de nuestras vidas. La espontaneidad puede ser el camino a la adaptación y bienestar del paciente.

En este método de psicoterapia, los pacientes interpretan/actúan los acontecimientos históricos y psicológicos relevantes de su vida en vez de simplemente hablar sobre ellos.

Hay que tener en cuenta que los pacientes con un Trastorno Límite de la Personalidad son bastante vulnerables emocionalmente, por lo cual es preferible realizar varias entrevistas preliminares con estos pacientes con el fin de determinar el momento en el que sería factible cualquier tipo de intervención.

Musicoterapia para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La musicoterapia consiste en usar la música y sus elementos (sonido, ritmo, melodía y armonía) para facilitar la comunicación, el aprendizaje, el movimiento y las necesidades de todo tipo (emocionales, sociales, mentales, etc).

Esta terapia conecta con el cerebro de la persona, y ayuda a mejorar los síntomas característicos del Trastorno Límite de la Personalidad como la ansiedad o la depresión. Se puede realizar mediante la improvisación o composición de una pieza nueva, recreación de una pieza musical ya compuesta o escucha de música ya creada.

Es necesaria ya que previene el aislamiento del paciente y mejora sus capacidades sociales y de autoestima.

Arteterapia para el tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad

La arteterapia utiliza las artes plásticas como medio de comunicación: para recuperar o mejorar la salud mental y sanar trastornos psicológicos, miedos, bloqueos personales, traumas del pasado u otro tipo de trastornos. Las razones por las que esta terapia se usa cada vez más entre profesionales se deben a que genera un espacio de salud y bienestar en los pacientes, produce un auténtico conocimiento de la persona consigo misma, es un impulso para saber expresarnos y exteriorizar lo que pensamos, provoca un autoconocimiento de tu persona y permite corregir los comportamientos inadecuados.

En definitiva, saber a ciencia cierta cuáles son los tipos de terapia y técnicas más recomendados para tratar el Trastorno Límite de la Personalidad no es una tarea sencilla. Sin embargo, se ha establecido que la Terapia dialéctica conductual (TDC) y el resto de terapias psicodinámicas aquí nombradas son las más eficaces.

De igual forma, hay que recordar que no todas las técnicas son apropiadas para todos los casos de Trastorno Límite, puesto que dentro de esta enfermedad existen diferentes perfiles y además, se debe tener el cuenta el contexto de cada caso; de ahí que sea tan importante siempre contar con un profesional y si es especializado en Trastorno Límite, mucho mejor aún.