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Paz y Ciencia
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viernes, 7 de abril de 2023

GURDJIEFF


1. Fija tu atención en ti mismo; sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir; agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes; si lo haces, te mientes y robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cúmplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.

21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión, ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos; cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.
39. Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.
40. No actúes por reacción a lo que digan, bueno o malo, de ti.
41. Transforma tu orgullo en dignidad.
42. Transforma tu cólera en creatividad.
43. Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44. Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45. Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas; adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pídele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie; sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo; mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en el que habites, consagra siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio, no resaltes tus esfuerzos.

domingo, 31 de julio de 2022

PIZARNIK. Correspondencia Psicoanalista


Carta de Alejandra Pizarnik a León Ostrov (carta 12)



IG: @psicoletrazaragoza


Carta N.º 12[24]


 Querido León Ostrov, gracias, como siempre, por sus palabras. Cuanto a las que mencionan la posibilidad de un nuevo psicoanálisis, aún no, aún no puedo, aún no quiero, y aunque lo quisiera, alguien en mí no lo quiere. Usted comprende, ¿verdad?

 La fecha de la probable partida, la fecha anual, mi primer año en París, pasó imperceptible. En verdad, París es el pretexto, el lugar de ensayo, sólo por ver si puedo vivir, aprender a vivir. Me quedo. Las dificultades aumentan. Son materiales ahora. Mejor dicho, la antigua imposibilidad, mi vocación de intocada se concreta en las experiencias de cada día. Tensión a toda hora. La cuestión de siempre: destrucción o creación, sí y no. Me repito la frase aquella que leí hace mucho: «Le seul rémède contre la folie c’est l’innocence des faits». Felizmente no ha muerto el humor y no deja de divertirme mi vida cotidiana en la que mi torpeza actúa y transforma todo en un viejo film de Chaplin. Así es como me resistí durante muchos meses a lavarme la ropa (me compraba cosas nuevas) lo que me impidió suicidarme porque qué poeta se dejaría manosear sus valijas de muerto si hay en ellas ropa no lavada. Pero luego establecí premios para mi particular beneficio: un libro, alguna reproducción. Felizmente descubrí cierto jabón en polvo que contiene juguetes en el fondo de cada caja. Es verdad que en París hay todo para todos.

 Mi nuevo trabajo es por ahora fácil y llevadero. Algunas cartas y un poco de corrección de estilo (a veces). Como la revista es esencialmente política (made in USA) y como yo execro esas cuestiones, trato de no hablar allí de literatura ni de poesía.

 Me dice usted que no le hablo de mis poemas. Es curioso pero hace tiempo que no deseo comentarlos ni mostrarlos ni publicarlos. De pronto me di cuenta de lo que es la poesía, quiero decir, leyendo y releyendo poetas muy distintos sentí cierto ritmo, cierta iluminación, cierta vivencia distinta del lenguaje. Mis últimos poemas son lo mejor que hice. (Y qué hice). Pero no me contentan. Confieso tener miedo. Sé que soy poeta y que haré poemas verdaderos, importantes, insustituibles, me preparo, me dirijo, me consumo y me destruyo. Es mi fin. Y no obstante corro peligro. Tal vez si me encerraran y me torturaran y me obligaran mediante horribles suplicios a escribir dos poemas maravillosos por día, los haría. Estoy segura de ello. Tal vez yo no busco un maestro, busco un verdugo. También esto estoy segura que lo comprende.

 Y hablando de mi vocación de objeto sigo dándome en holocausto a la sombra de la Madre. Mi pasión por esa periodista persiste. La encontré por azar varias veces. Un ser casi despreciable, que no sabe nada ni comprende nada de las cosas serias e importantes [...]

martes, 1 de febrero de 2022

BERTRAND RUSSELL: MADEJA

 



Fragmento de Los problemas de la filosofía. Bertrand Russell.

Habiendo llegado al final de nuestro breve resumen de los problemas de la filosofía, bueno será considerar, para concluir, cuál es el valor de la filosofía y por qué debe ser estudiada. Es tanto más necesario considerar esta cuestión, ante el hecho de que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil, con distinciones que se quiebran de puro sutiles y controversias sobre materias cuyo conocimiento es imposible.

Esta opinión sobre la filosofía parece resultar, en parte, de una falsa concepción de los fines de la vida, y en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que la filosofía se esfuerza en obtener. Las ciencias físicas, mediante sus invenciones, son útiles a innumerables personas que las ignoran totalmente: así, el estudio de las ciencias físicas no es sólo o principalmente recomendable por su efecto sobre el que las estudia, sino más bien por su efecto sobre los hombres en general.

Esta utilidad no pertenece a la filosofía. Si el estudio de la filosofía tiene algún valor para los que no se dedican a ella, es sólo un efecto indirecto, por sus efectos sobre la vida de los que la estudian. Por consiguiente, en estos efectos hay que buscar primordialmente el valor de la filosofía, si es que en efecto lo tiene.

La filosofía, como todos los demás estudios, aspira primordialmente al conocimiento. El conocimiento a que aspira es aquella clase de conocimiento que nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Pero no se puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente grande en su intento de proporcionar una respuesta concreta a estas cuestiones. Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador, o a cualquier otro hombre de ciencia, qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar. Pero si hacemos la misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los de las otras ciencias. Verdad es que esto se explica, en parte, por el hecho de que, desde el momento en que se hace posible el conocimiento preciso sobre una materia cualquiera, esta materia deja de ser denominada filosofía y se convierte en una ciencia separada. Todo el estudio del cielo, que pertenece hoy a la astronomía, antiguamente era incluido en la filosofía; la gran obra de Newton se denomina Principios matemáticos de la filosofía natural. De un modo análogo, el estudio del espíritu humano, que era, todavía recientemente, una parte de la filosofía se ha separado actualmente de ella y se ha convertido en la ciencia psicológica. Así, la incertidumbre de la filosofía es, en una gran medida, más aparente que real; los problemas que son susceptibles de una respuesta precisa se han colocado en las ciencias, mientras que sólo los que no la consienten actualmente quedan formando el residuo que denominamos filosofía.

Para resumir nuestro análisis sobre el valor de la filosofía: la filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera, sino más bien por el valor de los problemas mismos…

Sin embargo, esto es sólo una parte de la verdad en lo que se refiere a la incertidumbre de la filosofía. Hay muchos problemas —y entre ellos los que tienen un interés más profundo para nuestra vida espiritual— que, en los límites de lo que podemos ver, permanecerán necesariamente insolubles para el intelecto humano, salvo si su poder llega a ser de un orden totalmente diferente de lo que es hoy. ¿Tiene el Universo una unidad de plan o designio, o es una fortuita conjunción de átomos? ¿Es la conciencia una parte del Universo que da la esperanza de un crecimiento indefinido de la sabiduría, o es un accidente transitorio en un pequeño planeta en el cual la vida acabará por hacerse imposible? ¿El bien y el mal son de alguna importancia para el Universo, o solamente para el hombre? La filosofía plantea problemas de este género, y los diversos filósofos contestan a ellos de diversas maneras. Pero parece que, sea o no posible hallarles por otro lado una respuesta, las que propone la filosofía no pueden ser demostradas como verdaderas. Sin embargo, por muy débil que sea la esperanza de hallar una respuesta, es una parte de la tarea de la filosofía continuar la consideración de estos problemas, haciéndonos conscientes de su importancia, examinando todo lo que nos aproxima a ellos, y manteniendo vivo este interés especulativo por el Universo, que nos expondríamos a matar si nos limitáramos al conocimiento de lo que puede ser establecido mediante un conocimiento definitivo.

Verdad es que muchos filósofos han pretendido que la filosofía podía establecer la verdad de determinadas respuestas sobre estos problemas fundamentales. Han supuesto que lo más importante de las creencias religiosas podía ser probado como verdadero mediante una demostración estricta. Para juzgar sobre estas tentativas es necesario hacer un examen del conocimiento humano y formarse una opinión sobre sus métodos y limitaciones. Sería imprudente pronunciarse dogmáticamente sobre estas materias; pero si las investigaciones de nuestros capítulos anteriores no nos han extraviado, nos vemos forzados a renunciar a la esperanza de hallar una prueba filosófica de las creencias religiosas. Por lo tanto, no podemos alegar como una prueba del valor de la filosofía una serie de respuestas a estas cuestiones. Una vez más, el valor de la filosofía no puede depender de un supuesto cuerpo de conocimientos seguros y precisos que puedan adquirir los que la estudian.

De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una, larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas.

Desde el momento en que empezamos a filosofar, hallamos, por el contrario, como hemos visto en nuestros primeros capítulos, que aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre. Así, el disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración, presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar.

Aparte esta utilidad de mostrarnos posibilidades insospechadas, la filosofía tiene un valor —tal vez su máximo valor— por la grandeza de los objetos que contempla, y la liberación de los intereses mezquinos y personales que resultan de aquella contemplación. La vida del hombre instintivo se halla encerrada en el círculo de sus intereses privados: la familia y los amigos pueden incluirse en ella, pero el resto del mundo no entra en consideración, salvo en lo que puede ayudar o entorpecer lo que forma parte del círculo de los deseos instintivos. Esta vida tiene algo de febril y limitada. En comparación con ella, la vida del filósofo es serena y libre. El mundo privado, de los intereses instintivos, es pequeño en medio de un mundo grande y poderoso que debe, tarde o temprano, arruinar nuestro mundo peculiar. Salvo si ensanchamos de tal modo nuestros intereses que incluyamos en ellos el mundo entero, permanecemos como una guarnición en una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide escapar y que la rendición final es inevitable. Este género de vida no conoce la paz, sino una constante guerra entre la insistencia del deseo y la importancia del querer. Si nuestra vida ha de ser grande y libre, debemos escapar, de uno u otro modo, a esta prisión y a esta guerra

Un modo de escapar a ello es la contemplación filosófica. La contemplación filosófica, cuando sus perspectivas son muy amplias, no divide el Universo en dos campos hostiles: los amigos y los enemigos, lo útil y lo adverso, lo bueno y lo malo; contempla el todo de un modo imparcial. La contemplación filosófica, cuando es pura, no intenta probar que el resto del Universo sea afín al hombre. Toda adquisición de conocimiento es una ampliación del yo, pero esta ampliación es alcanzada cuando no se busca directamente. Se adquiere cuando el deseo de conocer actúa por sí solo, mediante un estudio en el cual no se desea previamente que los objetos tengan tal o cual carácter, sino que el yo se adapta a los caracteres que halla en los objetos. Esta ampliación del yo no se obtiene, cuando, partiendo del yo tal cual es, tratamos de mostrar que el mundo es tan semejante a este yo, que su conocimiento es posible sin necesidad de admitir nada que parezca serle ajeno. El deseo de probar esto es una forma de la propia afirmación, y como toda forma de egoísmo, es un obstáculo para el crecimiento del yo que se desea y del cual conoce el yo que es capaz. El egoísmo, en la especulación filosófica como en todas partes, considera el mundo como un medio para sus propios fines; así, cuida menos del mundo que del yo, y el yo pone límites a la grandeza de sus propios bienes. En la contemplación, al contrario, partimos del no yo, y mediante su grandeza son ensanchados los límites del yo; por el infinito del Universo, el espíritu que lo contempla participa un poco del infinito.

Por esta razón, la grandeza del alma no es favorecida por esos filósofos que asimilan el Universo al hombre. El conocimiento es una forma de la unión del yo con el no yo; como a toda unión, el espíritu de dominación la altera y, por consiguiente, toda tentativa de forzar el Universo a conformarse con lo que hallamos en nosotros mismos. Es una tendencia filosófica muy extendida la que considera el hombre como la medida de todas las cosas, la verdad hecha para el hombre, el espacio y el tiempo, y los universales como propiedades del espíritu, y que, si hay algo que no ha sido creado por el espíritu, es algo incognoscible y que no cuenta para nosotros. Esta opinión, si son correctas nuestras anteriores discusiones, es falsa; pero además de ser falsa, tiene por efecto privar a la contemplación filosófica de todo lo que le da valor, puesto que encadena la contemplación al yo. Lo que denomina conocimiento no es una unión con el yo, sino una serie de prejuicios, hábitos y deseos que tejen un velo impenetrable entre nosotros y el mundo exterior. El hombre que halla complacencia en esta teoría del cono cimiento es como el que no abandona su círculo doméstico por temor a que su palabra no sea ley.

La verdadera contemplación filosófica, por el contrario, halla su satisfacción en toda ampliación del no yo, en todo lo que magnifica el objeto contemplado, y con ello el sujeto que lo contempla. En la contemplación, todo lo personal o privado, todo lo que depende del hábito, del interés propio o del deseo perturba el objeto, y, por consiguiente, la unión que busca el intelecto. Al construir una barrera entre el sujeto y el objeto, estas cosas personales y privadas llegan a ser una prisión para el intelecto. El espíritu libre verá, como Dios lo pudiera ver, sin aquí ni ahora, sin esperanza ni temor —fuera de las redes de las creencias habituales y de los prejuicios tradicionales —serena, desapasionadamente, y sin otro deseo que el del conocimiento, casi un conocimiento impersonal, tan puramente contemplativo como sea posible alcanzarlo para el hombre. Por esta razón también, el intelecto libre apreciará más el conocimiento abstracto y universal, en el cual no entran los accidentes de la historia particular, que el conocimiento aportado por los sentidos, y dependiente, como es forzoso en estos conocimientos, del punto de vista exclusivo y personal, y de un cuerpo cuyos órganos de los sentidos deforman más que revelan. El espíritu acostumbrado a la libertad y a la imparcialidad de la contemplación filosófica guardará algo de esta libertad y de esta imparcialidad en el mundo de la acción y de la emoción. Considerará. sus proyectos y sus deseos como una parte de un todo, con la ausencia de insistencia que resulta de ver que son fragmentos infinitesimales en un mundo en el cual permanece indiferente a las acciones de los hombres. La imparcialidad que en la contemplación es el puro deseo de la verdad, es la misma cualidad del espíritu que en la acción se denomina justicia, y en la emoción es este amor universal que puede ser dado a todos y no sólo a aquellos que juzgamos útiles o admirables. Así, la contemplación no sólo amplia los objetos de nuestro pensamiento, sino también los objetos de nuestras acciones y afecciones; nos hace ciudadanos del Universo, no sólo de una ciudad amurallada, en guerra con todo lo demás. En esta ciudadanía del Universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación del vasallaje de las esperanzas y los temores limitados.

Para resumir nuestro análisis sobre el valor de la filosofía: la filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera, sino más bien por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra el espíritu a la investigación; pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía contempla, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con el Universo que constituye su sueño.


THICH NHAT HANH: POEMA

 


Este cuerpo no es mío.
No estoy limitado por este cuerpo.
Yo soy vida infinita.
Nunca he nacido y nunca moriré.
Observo al océano y al cielo tupido de estrellas,
Manifestaciones de mi verdadera mente maravillosa.
Yo soy libre desde antes que existiera el tiempo.
Nacimiento y muerte son sólo puertas por las que todos pasamos,
umbrales sagrados en nuestro viaje.
Nacimiento y muerte son el juego de esconderse y encontrarse.
Así que ríe conmigo,
Toma mi mano.
Digamos adiós uno al otro
para volvernos a encontrar pronto.
Mañana nos encontraremos nuevamente.
Nos encontraremos en el núcleo de cada momento.
Nos volveremos a encontrar en todas las forma de vida.
THICH NHAT HANH

viernes, 21 de enero de 2022

ALEJANDRA PIZARNIK EN DIVÁN




 

La frase que da título a este trabajo[1] ha sido tomada del diario de la escritora argentina Alejandra Pizarnik, anotada el 24 de octubre de 1957; ahí hablaba acerca de los estados de  angustia que le impedían sentir la poesía; de la angustia producida por fracasar en su intento de comunicarse con los otros. Sus Diarios, obra publicada como un texto y que reúne 17 años de su vida, refleja tanto sus vivencias como sus miedos, sus fantasmas y dos de los temas que la obsesionaban: la locura y la muerte. 

Con amplio reconocimiento en vida; varios libros publicados, siete de ellos de poesía y uno de prosa poética, de los cuales, Árbol de Diana de 1962, fue  prologado por Octavio Paz. Se hizo también acreedora a las becas más importantes para un escritor, la Guggenheim (1969), la Fullbright (1971) y la Rockefeller. Llamada cariñosamente “bicho”[1] por Julio Cortázar, con quien sostuvo una estrecha amistad. Poseedora de una prosa admirable y una maravillosa poesía. Vivió durante cuatro años en París, lugar mítico para muchos, donde estuvo en contacto con otros escritores, si bien su estancia en esa ciudad no fue fácil. No obstante, nada bastó para llenar el vacío, la carencia de la que se dolía con frecuencia, para “salvarla” del dolor de existir. El 25 de septiembre de 1972, a los 36 años, con una importante trayectoria dentro de la literatura y una incursión por la pintura, tras varios intentos previos por quitarse la vida, muere a consecuencia de una sobredosis de Seconal.

“…«Esta es Alejandra, la niña más dotada del mundo. Tiene todo lo que Dios puede conceder a un ser humano… y sin embargo, está siempre triste»”[2], dijo a modo de presentación uno de sus amigos, cuya expresión es registrada en el diario el 24 de agosto de 1955.

El nombre de Alejandra Pizarnik se suma al de otras escritoras o poetas que optaron por el suicidio como fueron Virginia Woolf o Alfonsina Storni, a quienes pareciera no haberles alcanzado la escritura para “librarse” de esa muerte. Como si escribir, y muy bien, no hubiera sido suficiente para “exorcizar”, textualmente, sus propios demonios.

Alejandra Pizarnik se ha convertido en emblema para críticos y estudiosos de su obra; en un personaje que atrae la atención de aquellos que se sienten seducidos por el enigma de la poeta suicida. Aunque no es este el punto que me parece más interesante de abordar sino otro: el de su deseo de escribir la “prosa perfecta”. Uno de los temas a los que dedicó los últimos años de su vida y que constituyó para ella un punto de imposibilidad y de fracaso.

Al respecto,  Cristina Rivera Garza, quien utiliza fragmentos de su poesía como un elemento importante dentro de la trama de su novela La muerte me da, anota: “La prosa, en el sentido pizarnikiano, no es la anécdota ni el contenido del relato sino algo más, algo que, de manera breve y sublime, ella se cree incapacitada para escribir. Se trata de una prosa que, incluso, pone en tela de juicio la capacidad comunicativa de la misma. Una idea que cuestiona la supuesta habilidad intrínseca de la prosa para transmitir significado…”[3] Y más adelante, agrega: “Como si el anhelo de la prosa, que sabe imposible, fuera más anhelo en su propia imposibilidad […] Como si le diera gusto fracasar. Como si ese fracaso constituyera, al fin y al cabo, el guiño victorioso de su anhelo...”[4]

Cada palabra, cada frase, eran objeto de cuestionamiento, de crítica, de su propia autora, quien no estando satisfecha con lo que decía, creía que podía siempre decirlo de otra manera.

Para Ana Becciú, editora de los Diarios (2005), la escritura de estos se halla directamente “…relacionada con la búsqueda de una prosa, con la ambición de dotarse de un lenguaje concreto que le permita un día escribir una novela”.[5] Y este deseo es descrito por Pizarnik en términos de brevedad, claridad y belleza: “…lo que yo quisiera es escribir un libro muy, muy breve. Algo muy hermoso y muy breve. No una novela sino una crónica. Pero la imagino en una prosa simple y cristalina, aunque admitiendo todas las complejidades, en fin, aquella prosa que no sabría nunca escribir”.[6] “…Un libro en prosa que no fuera una novela sino una casa”[7]; un libro que la mantuviera por mucho tiempo construyendo su propia morada.

Puntualizo algunas cuestiones que me permitan hacer una personal lectura, desde el discurso psicoanalítico, sobre Alejandra Pizarnik.

Freud hace en El creador literario y el fantaseo, de 1908, una analogía entre el juego infantil y el oficio del poeta, pues éste, al igual que el niño, “…crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio…” pues “…lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva”.[8] Asimismo, señala que gracias a la irrealidad de este mundo inventado por el poeta, muchas de las cosas que, de ser reales no provocarían un goce, pueden suscitarlo por medio de la fantasía; y lo contrario, muchas excitaciones que pueden resultar penosas, se transforman en fuentes de placer para quienes lo leen.

(Fragmento)

viernes, 8 de octubre de 2021

Trastorno Borderline Límite

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es.                      Instagram: @psicoletrazaragoza

Charles Rycroft en su Diccionario crítico del psicoanálisis, en 1968 caracterizó al fronterizo como “un paciente que está en el límite entre neurosis y psicosis, tanto como aquel cuya psicopatología desafía la categorización o aquel cuyos mecanismos son psicóticos, pero cuya conducta no justifica que sea tratado como psicótico."


Los trastornos limítrofes de la personalidad o también llamados <Borderlines> constituyen hoy día una categoría diagnóstica controversial. Para algunos es considerada un trastorno ubicado al borde de las psicosis y para otros simplemente lo consideran una patología neurótica que utiliza mecanismos mentales narcisistas. Esta categoría diagnóstica originada en USA, bajo la iniciativa de Otto Kernberg, terminó por integrarse a la terminología usual europea y latino americana.

Es necesario comenzar por aclarar que en la clínica psicoanalítica no trabajamos, como ocurre en clínica psiquiátrica, con el concepto nosológico de borderline, ni tampoco con el concepto de trastornos de personalidad. Como Uds. pueden observar con este planteamiento, dejo claro que existe una importante diferencia teórica entre ambas concepciones clínicas.

Desde la clínica psiquiátrica

La clínica psiquiátrica actual se fundamenta en la fenomenología y la epidemiología. Es decir primero en los síntomas que los pacientes nos narran y segundo en la edad del paciente, la forma de inicio de los síntomas, los factores desencadenantes del problema y la evolución de la enfermedad. Toda esta información nos ayuda para poder clasificar y ubicar en la taxonomía psiquiátrica la patología en cuestión. Como psiquiatras la ayuda efectiva al paciente va a depender del diagnóstico que hagamos. Esta clínica psiquiátrica va a respetar lo que llamamos el modelo médico, en donde el tratamiento adecuado va a depender de un diagnóstico preciso. Por esta razón, en clínica psiquiátrica la taxonomía es fundamental. Pero resulta ser que en esta clínica encontramos algunos síntomas que no corresponden con las exigencias precisas del criterio de diagnóstico que aparece en los manuales de diagnóstico [DSM-IV o en el ICD-10]. Por eso es necesario ubicarlos en una forma muy general como: Trastornos de la personalidad, clave 301 y en una forma más precisa de acuerdo al síntoma que en particular presentan estos pacientes. Así encontramos los once tipos de trastornos de personalidad descritos en el DSM-IV: como son los Esquizoides, Antisociales, Histriónicos, Borderlines, Evitativos, Obsesivos etc.

Desde la clínica psicoanalítica

La clínica psicoanalítica se fundamenta en el tipo de mecanismos mentales inconscientes que utiliza el sujeto. Esta clínica no se basa en los síntomas. Se fundamenta en una teoría del aparato mental, en donde las partes de la psique están en relación unas con las otras. Esa relación entre las partes, determina diferentes formas de relación del sujeto con el mundo. Estas diferentes formas de relación con el mundo, que producen un sufrimiento al sujeto, ciertamente van constituir los síntomas. Pero un mismo síntoma puede provenir de las diversas formas en la cual se encuentra organizada la psique. Es decir, un mismo síntoma puede provenir de diversas patologías. Por lo tanto el síntoma por si mismo, no es suficiente para entender lo que está pasando y mucho menos para diagnosticar una enfermedad. Por ejemplo un pensamiento delirante o una alucinación visual o auditiva pueden provenir de una estructura psicótica desestabilizada [esquizofrénica] o de una estructura histérica de tipo narcisista. Lo que más interesa en clínica psicoanalítica es escuchar al otro, sin ejercer ningún juicio moral, ni de valor. El discurso del paciente inevitablemente nos hablará de sus síntomas y de sus dificultades. Al escucharlo podremos deducir el tipo de mecanismos mentales que está usando, deducir el tipo de angustia que está presente, el lugar que ocupa el falo [como metáfora] en las relaciones entre las partes y el tipo de relación de objeto que esta presente. Con esta información que es de naturaleza invisible, basada en una teoría, construimos una hipótesis diagnóstica de la estructura psíquica inconsciente en cuestión. Por eso decimos que las estructuras clínicas inconscientes se organizan siguiendo la lógica del Falo, la lógica de la angustia y el tipo de relación de objeto. Esos son los mecanismos psíquicos que nos orientan en el diagnóstico de la estructura.

Trastornos de personalidad

En la clínica psicoanalítica todas las patologías mentales son consideradas trastornos de la personalidad, ya que es la personalidad en sí misma, la que está afectada. Una psicosis o una histeria en el fondo son trastornos de la personalidad. Está claro que cada sujeto mostrará su forma de organizarse mentalmente y por lo tanto aparecerá desde el punto de vista de los síntomas con diferentes variaciones dentro de una misma estructura psíquica.

Estructuras clínicas inconscientes

En la clínica psicoanalítica estructural se conciben solamente tres estructuras psíquicas inconscientes posibles con sus correspondientes mecanismos psíquicos constitutivos para cada una. Me refiero a las estructuras psicótica, neurótica y perversa. La estructura psicótica refiere a la esquizofrenia, con o sin, síntomas de desestabilización [crisis psicótica], la estructura neurótica refiere a la histeria, con todas sus variantes y a las obsesiones, también con sus variantes propias. Luego la estructura perversa la cual refiere exclusivamente a las perversiones sexuales verdaderas. Hay que diferenciarlas de los rasgos sexuales perversos que aparecen, como síntomas, en la vida sexual de las estructuras neuróticas y psicóticas.

Estructura y síntoma

Ciertas entidades nosológicas de la clínica psiquiátrica, como pueden ser las fobias, los trasgresores de la ley [antisociales, personalidades psicopáticas o psicopatías] y las depresiones en sus diferentes variantes, van a aparecer como síntomas en cualquiera de las tres estructuras fundamentales que he mencionado y no constituyen estructuras psíquicas. Por lo tanto las fobias, las psicopatías y las depresiones, no se consideran en psicoanálisis estructuras psíquicas en si mismas. Son simples síntomas de alguna de las tres estructuras posibles. Así pues, una neurosis ya sea histérica u obsesiva o una psicosis esquizofrénica, puede tener manifestaciones fóbicas, depresivas o psicopáticas.

Dos formas de organizarse la mente

Es importante aclarar que dentro de las tres estructuras psíquicas posibles, organizadas según sean su historia de infancia, van a existir dos formas fundamentales de organizarse. Estas dos variantes van a producir un enorme efecto en la forma como el sujeto se relaciona con el mundo y por lo tanto con el tipo de síntoma que producirán.

(a) Una forma va a organizarse con predominio de los mecanismos narcisistas [imaginarios], es decir funciona con mecanismos mentales propios primitivos de esa época temprana de la vida: negación, omnipotencia, proyecciones [masivas y rápidas], identificaciones proyectivas [exageradas], adhesión y fusión al objeto, angustia de aniquilación, etc.

(b) La otra forma se organiza a predominio de los mecanismos Edípicos [simbólicos], es decir, con mecanismos propios del período Edípico, predominio de los: mecanismo de la represión, angustias de separación o de castración [fracaso], con discriminación clara con el objeto.

Así encontramos que no es lo mismo una Histeria a predominio narcisista [N/e], que una histeria a predominio Edípico [n/E]. La primera, a predominio narcisista, corresponde a lo que en clínica psiquiátrica se llama patología Borderline. La segunda, a predominio Edípico [simbólico] corresponde a una histeria clásica con o sin síntomas dramáticos conversivos o disociativos, que aparecen como efecto de un desbordamiento de la angustia de castración.

Sobre el problema de la etiología

Es necesario agregar que en relación al enfoque particular psicoanalítico de los Trastornos de Personalidad, aparece una diferencia adicional que existe entre las clínicas Psiquiátrica y Psicoanalítica. Esta diferencia adicional está en el problema de la causalidad de las estructuras o llamada en clínica Psiquiátrica <la etiología> de las enfermedades.

(a) La clínica Psiquiátrica actual moderna, como ya he dicho, se apoya en el manual de diagnostico estadístico (DSM-IV). Este manual define los requisitos mínimos para catalogar correctamente las entidades nosológicas. Estos requisitos se refieren principalmente al tipo de síntomas presentes en las diferentes patologías. Así pues, esta clasificación de la clínica Psiquiátrica no va a tomar en cuenta la causa de la enfermedad como elemento diagnóstico. En una época, al inicio de los años noventa, se decía que este nuevo instrumento de diagnóstico psiquiátrico era neo-Kraepelin. Luego se corrigió y se dijo que era más bien neo-Esquirol, ya que el modelo introducido por Kraepelin en Alemania a finales del siglo diecinueve, si tomaba en cuenta la etiología de las enfermedades para su clasificación. No sucedió así con el modelo diagnóstico que introdujo Esquirol en Francia, donde él se refería exclusivamente a lo fenomenológico de los síntomas y no tomaba en cuenta la etiología para establecer el diagnóstico. Los norteamericanos utilizaron los modernos recursos epidemiológicos para elaborar su nuevo modelo diagnóstico basado en una mayor precisión estadística de los síntomas, sin tomar en cuenta la causa de las enfermedades para el diagnóstico. Este modelo diagnóstico se impuso por su utilidad en el tratamiento psiquiátrico moderno farmacológico, ya que ahora existe un nuevo paradigma psiquiátrico que relaciona de forma univoca el diagnóstico psiquiátrico con la neurofisiología específicamente la alteración de los neurotransmisores. A cada entidad nosológica le corresponde una alteración neurofisiológica particular, la cual es corregida por un psicofármaco específico.

(b) La clínica Psicoanalítica que utiliza el concepto teórico de las estructuras clínicas inconscientes, incluye y utiliza, una propuesta de causalidad para las estructuras. Así pues esta propuesta psicoanalítica, el nuevo paradigma psicoanalítico, plantea que existen tres formas de instalarse una patología en la psique:

(a) Por un déficit psíquico (o defecto estructural)

(b) Por un trauma psíquico

(c) Por un conflicto psíquico

(a) El defecto estructural refiere a diversos tipos de déficit que ocurren en la constitución temprana del sujeto. Así aparece la posibilidad de déficit narcisistas o déficit Edípicos. Estos déficit no pueden ser restituidos [ad integrum] en una etapa posterior de la vida. Hay que aprender a vivir con ellos.

(b) El Trauma Psíquico refiere a la incapacidad del Yo de tramitar o asimilar en su sistema el montante de estímulos originados por la cadena significante en un momento dado. La significación del trauma puede ser modificada a través del conocimiento y de la re-significación del hecho traumático, esto ocurre a través del diálogo durante la cura analítica.

(c) El conflicto psíquico refiere a un concepto dinámico de dos fuerzas que se oponen. Tiene que ver con la dialéctica de la pulsión, del deseo y de los ideales que son tramitados a través de la parte inconsciente del SuperYo que instala la prohibición. Estos conflictos pueden resolverse a través del conocimiento y de la re-significación de los Ideales del sujeto, cosa que ocurre durante la cura analítica.

Diferencias sutiles en la clínica

Todos los sujetos tienen algo de cada una de las tres noxas fundamentales descritas mas arriba. No es posible no tenerlas. Estas noxas no son excluyentes una con la otra. Las consecuencias del defecto, del trauma o del conflicto van a producir diferencias clínicas en cada una de las tres estructuras clínicas inconscientes descritas. Los trastornos de la personalidad de la clínica Psiquiátrica del DSM-IV llámense esquizoides, histriónicos, evitativos, obsesivos etc., en clínica psicoanalítica no son más que variaciones de las tres estructuras inconscientes posibles que he descrito ligeramente en las líneas precedentes.

Clínica de los borderlines

En Clínica psicoanalítica consideramos estos pacientes, que presentan una sintomatología psiquiátrica borderline, como estructuras neuróticas de tipo histérica a predominio narcisista [N/e]. Son neurosis graves con predominio de defectos narcisistas, huecos psíquicos en la estructura, especialmente en el área del imaginario, que no evolucionan a una esquizofrenia [eso no es posible] pero pueden presentar episodios psicóticos transitorios. Es necesario aclarar que estos borderlines pueden tener y presentar, como toda neurosis, un episodio psicótico transitorio. Antiguamente, anterior al DSM-IV, en los tiempos de Adolf Meyer [1940] se llamaban psicosis funcionales transitorias y así las diferenciaban de las psicosis esquizofrénicas.

Estos defectos estructurales no son curables, en el sentido de erradicables, pero se alivian con la instalación de nuevos síntomas que taponan el hueco estructural. Estos nuevos síntomas son suplencias, también llamados síntomas-grapa los cuales deben ser respetados en la cura. Me refiero a un síntoma, tal como como la aparición de nueva pertenencia a un grupo religioso, social o político particular, envolvente e incluyente, cierta tendencia al deporte compulsivo o al trabajo en exceso compulsivo. A veces el consumo no grave de drogas o exceso de peso benigno o una bulimia no grave, todos estos pueden considerarse como síntomas-grapa [que engrapan los tres órdenes RSI] propios de una neurosis narcisista grave [borderline] cuyos síntomas-grapa hay que cuidar y mantener.

Ahora es necesario pasar el estudio detallado de los mecanismos mentales primitivos narcisistas, que se encuentra en la neurosis graves narcisistas [borderline].

El problema con este paradigma borderline

Para la psiquiatría se trata de un grupo de trastornos ubicados entre las neurosis y las psicosis. Se trata de una patología grave que no evoluciona hacia la psicosis. Ni tampoco hacia algún tipo benigno de neurosis. En este paradigma borderline vamos a encontrar un serio problema.

El problema está, en que desde el punto de vista del psicoanálisis, dicha patología limítrofe o Borderline, es concebida como una estructura neurótica. Con esto quiero decir una estructura psíquica inconsciente que se fundamenta en el mecanismo básico de la represión. Como sabemos la estructura psicótica se fundamenta en otro mecanismo básico: la forclusión del nombre del padre. La estructura perversa por su parte, se fundamenta en el mecanismo básico de la desmentida de la diferencia anatómica de los sexos (Lacan, J., 1956).

Ahora bien, con el efecto favorable de la terapia, no es posible que un sujeto pase, de una estructura inconsciente a otra. Estas estructuras se constituyen en la temprana infancia y son permanentes. Los cambios ocurridos por la acción terapéutica del psicoanálisis, son cambios que ocurren dentro de la estructura. Así encontramos que la patología limítrofe o borderline, se ubica dentro de una patología neurótica grave, con predominio de mecanismos narcisistas. Considero que las dificultades mentales y las particularidades de los mecanismos psíquicos que voy a describir a continuación son de común hallazgo en nuestra práctica cotidiana con este tipo de sujeto limítrofe o llamados borderline. Esta lista de mecanismos que aquí les ofrezco es producto de mi experiencia. Puede ser que otros analistas agreguen algún mecanismo adicional que no he incluido en mi lista.

1 Vacío Interior

Refiere a una sensación de vacío que tiene el sujeto. Este vacío es algunas veces descrito como un vacío existencial otras veces es descrito como un vacío físico, una sensación de vacío en el pecho, indescriptible. Este vacío se calma cuando aparece el apego a un objeto. Por esta razón este tipo de sujeto borderline desarrolla un tipo especial de relación de objeto con predominio fusional [apego patológico al objeto]. Debo referirlos a la lectura de los capítulos presentados anteriormente sobre <La soledad> y <El vacio> en el cual se describe con más detalle el fenómeno del vacío interior.

La teoría psicoanalítica plantea, que el origen de este vacío interior, proviene de graves insuficiencias en la relación temprana madre hijo. Como sabemos el proceso de identificaciones tempranas del niño con su madre va a dar origen a la formación de un Yo primitivo. La textura de ese Yo temprano se va a formar con las progresivas identificaciones de experiencias gratificantes y frustrantes. La deficiencia en estas identificaciones, por incapacidad de la continencia y del reverie materno, va a dejar un efecto de hueco o vacío en la textura de ese Yo primitivo. Todo sujeto tendrá una cuota inevitable de deficiencia de la función materna y por lo tanto un vacío o hueco que corresponde con ese período narcisista del desarrollo. La magnitud de ese hueco o vacío narcisista varía según las experiencias tempranas que haya tenido cada sujeto.

2 Demanda de reconocimiento

Normalmente el niño recibe un primer reconocimiento cuando su llanto es transformado por el otro en un mensaje. Así, su grito recibe un sentido que ha otorgado el otro cuando su necesidad básica es satisfecha. Esta dialéctica de reconocimiento es llamada la primera afirmación. Los sujetos con una deficiencia narcisista tienen dificultades con esta demanda de reconocimiento. Las personalidades limítrofes [borderlines] por la magnitud de su hueco y por la insuficiencia de reconocimiento en épocas tempranas del desarrollo, son muy sensibles y muy necesitados en la vida adulta a este reconocimiento que otorga el otro y que va a confirmar su percepción de la realidad. Estos sujetos cuando son adolescentes y adultos requieren de recibir del otro una reconfirmación de sus observaciones de la realidad. Cuando no la obtienen, por ser negada, contrariada o desmentida el sujeto va a desatar estados afectivos inesperados e involuntarios de violencia, agitación, angustia o llanto. En la clínica se observa estados afectivos inesperados que parecieran no tener causa justificada. Corresponde con la llamada: Labilidad afectiva de la patología limítrofe.

Es importante no confundir este mecanismo de reconocimiento con la necesidad de aceptación que muestra el neurótico benigno, que regula mucho de su autoestima con una aprobación proveniente del otro, de sus propuestas o actos. La no obtención de la aprobación del otro produce una desilusión y una desconfianza en sí-mismo. A veces desencadena estados de tristeza.

3 Tipo de relación de Objeto

El tipo de relación de objeto que vamos a observar en los estados limítrofes [Borderlines] consiste en presentar una relación con exagerado apego al objeto. Sabemos que este vacío interior se alivia con este apego al objeto. Así, vamos a observar una tendencia a la fusión Self objeto, en donde el sujeto muestra una pobre o muy limitada capacidad de discriminación con el objeto. Lo que le ocurre al sujeto pareciera que le ocurre al objeto y viceversa. Esta necesidad de apego explica las dificultades que aparecen en los momentos de separación del objeto. Así en las separaciones, aparecen estados afectivos inesperados: angustia, tristeza, miedo, pánico y a veces serias dificultades para continuar con la vida cotidiana.

Cuando la separación del objeto tiene características de pérdida de objeto, por muerte, divorcio, migración etc., el sujeto limítrofe [Borderline] va a mostrar su incapacidad de tolerar el vacío interior con la aparición de un colapso mental. La vida parece que pierde sentido para el sujeto. Pueden aparecer deseos de muerte e ideas suicidas. Este efecto de colapso psíquico, como consecuencia de la pérdida de objeto, se recupera rápidamente al aparecer otro objeto de apego.

4 Discurso de dominio

Este problema surge como una consecuencia de la instalación de un vacío interior en la textura del Yo. El apego excesivo al objeto, que tiene el propósito de aliviar el vacío interior, produce un efecto en la manera como el discurso del otro se impone al sujeto. Lacan describió en 1968 su teoría de los cuatro discursos. Allí plantea el discurso de Amo. Lo describe como un discurso enunciado por el propio sujeto, en el cual, solo después de ser emitido, es que se revela la naturaleza inconsciente del discurso. No es un discurso voluntario, es más bien efecto del inconsciente. El sujeto que habla, como productor del enunciado, se coloca sin darse cuenta, en el lugar del S1 del significante Amo. Cree imponer un saber al otro. Este discurso del Amo, no tiene nada que ver con el discurso de dominio propio del Borderline.

El discurso de dominio se refiere al efecto que tiene la palabra del otro en el sujeto. Su apego al objeto es tal que la palabra del otro, es ley. Esto implica un espejismo [una ilusión] es decir, una sumisión equivocada del sujeto, al otro. Para el sujeto limítrofe narcisista [Borderline], la simple opinión del otro, es una orden a cumplir y a obedecer. Mientras existe el apego excesivo al objeto, el sujeto no puede escapar de la dialéctica del discurso de dominio. Esto es algo a tomar muy en cuenta a la hora de producirse la intervención del analista. La interpretación analítica que invita al analizante a explorar y descubrir por si-mismo, lo oculto en su inconsciente, se puede convertir en una orden del analista. En una imposición. El sujeto en su inescapable apego al objeto, se revela, se disgusta, con este discurso de dominio del cual no puede escapar. Por esta vía puede aparecer una reversión de la perspectiva, una reacción terapéutica negativa, un impasse analítico o una explosión afectiva descontrolada.

Existe otra forma de discurso de dominio, con el cual tengo mis dudas de que se trate de sujetos limítrofes [Borderlines] y por lo tanto neuróticos. Me refiero a los sujetos con una estructura psicótica verdadera compensada, aquellos sujetos que poseen una buena suplencia, con un síntoma grapa, es decir, han instalado con éxito un cuarto nudo y que por lo tanto funcionan como neuróticos, sin serlos. El mecanismo al que me refiero es el siguiente. El sujeto cree leer los pensamientos y deseos del otro, cree saber lo que el otro está pensando y deseando. El sujeto le otorga certeza a esta lectura subjetiva del otro y desde allí se siente dominado y sometido por esos supuestos pensamientos y deseos. Se siente esclavizado por el otro. Este otro que no ha abierto su boca, para pronunciar palabra. He observado varias veces este fenómeno y no parece desencadenar un episodio psicótico.

Si este hecho clínico desencadena rechazo al analista, puede aparecer en el paciente una reversión de perspectiva no muy duradera y se revierte nuevamente al poco tiempo. Conservan intacto el apego excesivo al objeto. El analista tiene que tener particular cuidado con este tipo de analizantes. Me refiero en el momento de aparecer la intervención del analista. Mi experiencia me indica que es de mayor utilidad ofrecer una extra capacidad de continencia silenciosa, una función reverie ampliada y devolver interpretando o señalando con particular claridad y simplificación. Reformulando las ideas dos veces si es necesario. Ya que sabemos que este tipo de analizante no podrá escaparse a la vivencia de un discurso de dominio.

5 La segunda piel

En algunos casos, más graves aún, la relación de objeto de dependencia que aparece por efecto del apego, se encuentra obstaculizada. Esta barrera aparece por una dificultad especial en la capacidad para hacer introyecciones e identificaciones. En estos casos no se establece fácilmente el apego, la dependencia al objeto, ni la tendencia a la fusión objetal.

En estos casos la dificultad de introyección e identificación hace que las distintas partes de la personalidad se vivencian como si estuvieran carentes de una fuerza capaz de unirlas. Esta función, de un algo que une, unifica o contiene, las partes de psiquismo primitivo, depende de la introyección temprana por el bebé de un objeto externo contenedor. El objeto óptimo para crear esta función es el pezón o su sustituto dentro de la boca, junto con la madre que le habla, le carga, le ve y le huele de una forma aceptante y conocida. Esto da origen, a la aparición en el bebé, de la vivencia de un espacio interno psíquico apto para las introyecciones, identificaciones y vínculo objetal. Cuando esto falla, aparece lo que llamamos estados de no integración psíquica, propio de los sujetos que luego se diagnosticaran como limítrofes [Borderlines].

Esther Bick en Londres fué la primera que en 1968 describió estos estados psíquicos. Posteriormente en 1980 fué Didier Anzieu en Paris quien amplió estos trabajos. El sujeto adulto que sufre de estados o episodios de no-integración, va a describir los intensos momentos de angustia que aparecen en la soledad de la noche y que se calman con la sensación que ofrece las sábanas muy apretadas sobre el cuerpo. Como si estas sábanas o una chaqueta de cuero estrecha o un abrazo muy apretado sobre el cuerpo, contuvieran las partes fragmentadas de la mente. A este fenómeno Esther Bick le llamó la segunda piel.

6 Los estados adhesivos

Fueron descritos independientemente por José Bleger en 1967 y por Herbert Rosemfeld en 1969 y luego ampliadas por Donald Meltzer en 1975. Refieren a una estructura de personalidad que parece carecer de interioridad, no tiene capacidad de discriminación Self-objeto, y además muestra tener muchas dificultades y limitaciones en el uso de los mecanismos de introyección y de identificación introyectiva. No parecen tener la interioridad [espacio psíquico interno] que sea apto para ubicar las necesarias introyecciones que van a permitir el progresivo desarrollo de la personalidad. Pareciera que las introyecciones, al no encontrar ese espacio interno, se ubican en la superficie de la personalidad. Pasan a ser frágilmente sostenidas por el otro. Por eso el estado de integración psíquica es muy vulnerable y la relación con el objeto presenta ausencia de límites. En su necesidad de supervivencia, el sujeto se pega de tal manera y con tal insistencia al objeto, que sugiere la adhesión Self-objeto. Tal como se pega una estampilla a un sobre postal. En la clínica fenomenológica se observa el sujeto pegado, adherido como un parásito al objeto. El paciente se apega totalmente al objeto analista y a otros objetos significativos, esto hace, que éste objeto sea vivenciado como responsable de la vida del sujeto. Vive la vida del otro y el otro responde por su vida. A veces el sujeto se percibe a sí mismo como muy pasivo, con aspectos muertos en su psique. Usa la vitalidad y la fuerza de vida del objeto de apego como fuente de supervivencia. Aquí aparece una paradoja. Este pegoteo con el objeto origina muchas veces una fuerte hostilidad al mismo objeto [ya que percibe que la vida está fuera de él]. Es decir una envidia al otro, a la fuente de vida, que el mismo no posee. Recordemos al gran cineasta Luis Buñuel cuando le hacía decir a Viridiana: …el hombre nunca perdona a quién le ayuda.

Rosenfeld la llamaba estructura narcisista omnipotente, con relaciones objetales adhesivas. Bleger previamente la había llamado estructura gliscocárica de ambigüedad, con relaciones objetales parasitarias. Ambas descripciones se fundamentan en las consecuencias de la imposibilidad que encuentra el sujeto de introyectar en el inicio de la vida, un objeto contenedor, capaz de unificar los fragmentos rudimentarios de la personalidad y crear [inaugurar] la vivencia de un espacio psíquico interno [por deficiencia grave de la función reverie materna]. Esta deficiencia de la función reverie es provocada por dificultades graves en la psique materna y también dificultades en el aparato mental rudimentario que trae el bebé de nacimiento. Me refiero a la posible presencia de problemas orgánicos del bebé o dificultades variadas de deficiencias cognitivas y sensoriales. De cualquier forma, las consecuencias que se observan en la clínica son las siguientes: angustia flotante, apego adhesivo al objeto, intolerancia a la separación y un sentimiento de tener aspectos muertos en la personalidad.

7 Características de la vida sexual

Las dificultades tempranas que tienen las personalidades limítrofes [Borderline] van a incluir dificultades en el sentimiento de identidad sexual. Todos sabemos que la convicción de identidad sexual se adquiere temprano en la vida. Esta convicción de identidad sexual normalmente después de los cinco años es irreversible. La asignación de la identidad sexual proviene del discurso de los padres que van a nominar a su prole como niño o niña según sea el imperativo de su deseo. Generalmente este deseo coincide con la realidad anatómica del bebé. Así, en la mayoría de los casos, la realidad anatómica y el deseo de los padres afortunadamente coinciden y el niño se sabe y se reconoce a sí mismo como varón o hembra.

Posteriormente ya a los cuatro años con el drama sentimental Edípico va a aparecer la elección de objeto sexual. Este objeto elegido inconsciente e involuntario, será el objeto del deseo sexual. El objeto que va a satisfacer la pulsión. Así al escoger el objeto de deseo, el sujeto se orienta hacia la heterosexualidad o hacia la homosexualidad. Como ya dije, esta escogencia de objeto sexual se realiza durante el período del drama Edípico. La relación sentimental, el romance Edípico que tiene el niño o la niña con los padres es crucial para el tipo de escogencia de objeto sexual que tendrá lugar en ese período del desarrollo.

La personalidad limítrofe [Borderline], que como ya vimos, tiene tantas dificultades en la relación con el objeto y deficiencias con los mecanismos de introyección y de identificación introyectiva, que claramente nos permite pensar, que en estos casos vamos a encontrar un sujeto con serias dificultades en su capacidad de establecer un sentimiento de identidad sexual que tenga estabilidad y convicción. Igual dificultad va a encontrar con su escogencia de objeto sexual. Así pues, en estos casos vamos a encontrar que no hay convicción, ni certeza en la identidad sexual, ni tampoco en la escogencia de objeto sexual. Es cierto que disfrutan del sexo, siempre y cuando se cumplen ciertas condiciones que son particulares para cada caso. Esto va a permitir tener una capacidad orgástica. Sin embargo su funcionamiento sexual dependerá mucho de las condiciones impuestas por la demanda del otro. Sus sentimientos de ser hombre o mujer pueden variar según sea el pedido del otro. Sus actos homosexuales o heterosexuales también dependerán de la demanda del otro. Por lo tanto encontramos en la clínica lo que se ha llamado: una labilidad de la orientación sexual.

8 El sistema de ideales

Sabemos que el sistema de ideales del cualquier sujeto va a depender de la constitución de ambos: del ‘Yo ideal’ y del ‘Ideal del Yo’. Estos sistemas de ideales inconscientes y la censura consciente se forman, es decir se constituyen, en el la infancia temprana del niño con su correspondiente particularidad. El primero, el ‘Yo ideal’ corresponde al período narcisista o imaginario de la constitución del sujeto. Tiene características tiránicas, inflexibles y crueles, en la imposición de sus valores e ideales. Aquí es este sistema aplica la ley del todo o nada, del ojo por ojo, sin otras consideraciones, ni factores atenuantes. El segundo sistema de ‘Ideal-del-yo’ se constituye durante el período Edípico o simbólico de la constitución del sujeto. Aquí aplica la ley de la tolerancia, de la presencia de los factores atenuantes y agravantes en la aplicación de los valores e ideales.

Estas leyes de tolerancia o intolerancia se las aplica automática e inconscientemente el sujeto a sí mismo. El sujeto es el primer objetivo de sus ideales y luego las aplica a los otros, al mundo. Normalmente el sujeto tiene ambos sistemas operativos. En los momentos de mayor integración de la personalidad, opera y predomina el sistema del ‘Ideal del yo’. Es decir un sistema que no tiene esa crueldad y que muestra una capacidad de tolerancia a ‘la pequeña diferencia’. En los momentos de crisis, que produce una regresión y de serios conflictos psíquicos, pasa a predominar el ‘Yo ideal’ cruel e intolerante. El sujeto sufre y se mortifica a sí mismo y a los demás sin poder evitarlo.

El sujeto con un trastorno limítrofe [B borderline]de la personalidad, con sus ya mencionadas dificultades con los mecanismos introyectivos tempranos, va a tener problemas en el progresivo establecimiento del sistema de ideales. Por lo tanto estas personas van a presentar un predominio del sistema de ideales más primitivo. Es decir van a funcionar con predominio del ‘Yo ideal’ narcisista cruel. Esto significa una tendencia a ser crueles e intolerantes consigo mismos, insistiendo en la búsqueda de una perfección ideal imposible.

Igual van a aplicar estos valores primitivos fundamentalistas a su relación con el mundo. Estos mecanismos de ideales son automáticos e inconscientes. Provocan intensos sentimientos de culpabilidad inconsciente con gran sufrimiento. Estos sentimientos de culpa que son efectos del ‘Yo ideal’ narcisista, en su búsqueda de alivio, dan origen muchas veces a intensos deseos de auto y hetero castigo, el alivio proviene de la redención y el perdón logrado por medio del castigo o penitencia. A diferencia, los sentimientos de culpa provenientes del ‘Ideal del yo’ Edípico, buscan el alivio a través de la reparación del daño ocasionado. El sujeto con un trastorno limítrofe [Borderline] de la personalidad, que sufre de sentimientos de culpa provenientes de los efectos del ‘Yo ideal’ cruel narcisista, va a buscar alivio en el castigo. Buscará la pérdida y destrucción de su patrimonio, de sus relaciones amorosas, familiares y sociales. Otras veces el sentimiento de culpa inconsciente es tan intenso y cruel que aparecen los deseos de muerte y los intentos de suicidio. Se trata de un sufrimiento innecesario e insensato.

9 La Reversión de la perspectiva

Este concepto fue introducido al psicoanálisis por Wilfred Bion en 1963 en su libro Elementos de Psicoanálisis. El sujeto pasa involuntaria e inesperadamente a ver las cosas de la vida y de tener relaciones objetales de una cierta manera, pasa a a verlas de la manera opuesta. Es decir, revierte la perspectiva. Bion decía, que la reversión de la perspectiva, es una forma especial de pensamiento que aparece cuando se trata de evitar el dolor mental, y la ubicaba como un mecanismo de la parte psicótica de la personalidad. Dice que se fundamenta en el mecanismo psíquico del splitting (disociación) de tipo estático. Uno de los puntos de vista quedaría disociado, reprimido en forma más permanente, por eso lo llama estático. Este mecanismo de la reversión de la perspectiva, tiene el propósito de lograr algún nuevo tipo de equilibrio mental y que con lleve a una disminución del dolor psíquico.

Bion ejemplificaba este mecanismo con la figura gráfica que ayuda a mostrar la presencia simultánea del fondo y la forma. Son dos siluetas de caras. Una frente a la otra, que configuran a la vez un jarrón. Dependiendo de lo que uno privilegie, verá las dos caras o verá el jarrón. Es decir, depende de la perspectiva o punto de vista. Los sujetos con un trastorno limítrofe (Borderline) presentan con frecuencia y en forma dramática estos cambios de reversión de la perspectiva. El analista que era idealizado, sabio y conocedor de los secretos de la felicidad, pasa a ser repentinamente un ser despreciado, egoísta y malvado. El sujeto limítrofe se ubica en esta perspectiva y no se mueve de ella. Los nuevos acontecimientos van a ser leídos y entendidos de tal manera, que siempre van a confirmar su punto de vista, su perspectiva. El problema está en que la perspectiva deja de ser reversible. El sujeto no puede colocarse en el punto de vista del otro. Su propia perspectiva tiene certeza y el asunto está cerrado, concluido. Los acontecimientos psíquicos que precipitan una reversión de la perspectiva de esta naturaleza, están relacionados con la dialéctica de la angustia y de la frustración. A veces desencadenado por ausencia de la dialéctica del reconocimiento, por la presencia de un discurso de dominio o por un malentendido.

10 Control de los impulsos

El sujeto humano tiene que domesticar sus pulsiones para poder entrar en el mundo civilizado. El infante humano tiene que renunciar a los fuertes deseos incestuosos, magnicidas y fratricidas. La renuncia a estos deseos humanos, por vía de la represión, inaugura la entrada del sujeto en la neurosis, la cultura y la civilización. Sin embargo será inevitable que esta renuncia produzca en el sujeto su efecto: un malestar con la cultura. Ese malestar lo llevábamos todos con tal de vivir en un mundo organizado y civilizado. La represión constituye el mecanismo mental fundamental que sostiene a la neurosis. Para que sea posible el mecanismo de la represión se requiere de un sujeto que ha superado el período narcisista. Para esto se requiere que la madre haya introducido la metáfora del padre [función paterna] en la psique del niño. Esto quiere decir que la función paterna ha logrado romper la intensa dupla imaginaria madre-hijo y ha introducido al niño en el nuevo orden edípico. El vínculo de dos pasa a ser de tres. Así se inaugura el orden simbólico. El Yo que emerge de esta operación es un Yo capaz de sostener la represión, a pesar de la insistencia e intensidad del deseo y la pulsión que lo invitan constantemente a hacer lo contrario.

El sujeto con un trastorno limítrofe [Borderline] de la personalidad ha logrado a duras penas, obstaculizado por las dificultades que tiene con los mecanismos de introyección e identificación, romper la dupla madre-hijo. Es decir el sujeto limítrofe [Borderline] ha pasado al edipo, pero con un predominio narcisista/imaginario (N/e). Esto quiere decir que la insuficiencia narcisista de la función reverie materna a sido demasiado grande. Esto es lo que deja un enorme hueco constitutivo narcisista que es irreparable. El Yo que emerge de esta operación es un yo que no tendrá la suficiente fortaleza para mantener la represión. La fuerza de la insistencia pulsional vence al Yo, y aparecen actos y conductas inaceptables para el orden personal, familiar y social. En la clínica fenomenológica o clínica de los síntomas vamos a encontrar una pobreza en el control de los impulsos. El deseo y la pulsión sexual y agresiva encuentran una debilidad en las fuerzas de la represión. Aparecen con frecuencia actos que violan las reglas personales, las costumbres familiares y leyes sociales del propio sujeto. A veces estos actos están en conflicto con sus propios valores e ideales, dando origen a intensos sentimientos de culpabilidad.

11 Compulsiones y adicciones

La angustia que origina el vacío interior que tiene este tipo de personas con trastornos limítrofes de la personalidad, los o las lleva a buscar muchas formas de aliviarla. El apego al objeto es una de ellas. El consumo de drogas es otra manera. Cuando el hueco correspondiente al período narcisista es muy grande, la adicción es entonces muy severa y el sujeto recae una y otra vez después de que se han intentado diversos tipos de tratamiento e intentos de rehabilitación. Estas adicciones pueden ser al alcohol, marihuana, cocaína, heroína y otros tipos. Son llamados los ‘adictos graves’. Es oportuno aclarar que no todo consumo de drogas, ni toda adicción, es debida a la patología limítrofe [Borderline].

Otra manera de aliviar la angustia del vacío interior está en la patología de la alimentación: la bulimia o su contraparte la anorexia. En estos casos con patología limítrofe se muestran de difícil recuperación. Para lograr la recuperación y evitar la recaída, es necesario ofrecer una alternativa válida que alivie la angustia. Generalmente se trata de la aparición de otro síntoma más benigno: apego a un objeto, a un grupo, o a una institución. Pero igualmente, no toda bulimia o anorexia se debe a la patología limítrofe [Borderline].

Otra forma de aliviar la angustia del vacío interior está en la instalación de una actividad compulsiva sexual. Hombres y mujeres por igual encuentran en la sexualidad compulsiva un alivio de la angustia. El acto sexual ofrece una intimidad psíquica y una intensidad física extraordinaria a ambos cuerpos. La sensación y el sentimiento de penetrar en el interior del cuerpo del otro, o de ser penetrada y sentir la llenura del vacío vaginal durante el acto sexual y además la presencia del intenso sentimiento de ser deseado o deseada, producen un alivio al vacío interior y a la angustia que de él deriva. Por lo tanto, la conocida oferta de alivio que ofrece el acto sexual, unido a lo intolerable de la angustia y a la pobreza del control de impulsos, nos explica la tendencia a una sexualidad compulsiva que tiene este tipo de personas.N