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viernes, 16 de noviembre de 2012
Homo consumens
[...] Se crean nuevas necesidades artificiales y se manipulan los gustos del hombre.(El carácter del homo consumens en sus formas más extremas constituye un conocidísimo fenómeno psicopatológico. Se encuentra en muchos casos de personas deprimidas o angustiadas que se refugian en la sobrealimentación, las compras exageradas o el alcoholismo para compensar la depresión y la angustia ocultas). La avidez de consumir (una forma extrema de lo que Freud llamó el "carácter oral receptivo") se está convirtiendo en la fuerza psíquica predominante de la sociedad industrial contemporánea. El homo consumens se sumerge en la ilusión contemporánea. El homo consumens se surmerge en la ilusión de felicidad, en tanto que sufre inconscientemente los efectos de su hastío y su pasividad. Cuanto mayor es su poder sobre las máquinas, mayor es su impotencia como ser humano; cuanto más consume más se esclaviza a las crecientes necesidades que el sistema industrial crea y maneja. Confunde emoción y excitación con alegría y felicidad, y comodidad material con vitalidad; el apetito satisfecho se convierte en el sentido de la vida, la búsqueda de esa satisfacción, en una nueva religión. La libertad para consumir se transforma en la esencia de la libertad humana.
Este espíritu de consumo es precísamente lo contrario del espíritu de una sociedad socialista tal como lo imaginó Marx. Él percibió claramente el peligro inherente al capitalismo. Su meta era una sociedad en la cual el hombre sea mucho, no en la cual tenga o use mucho. Quería liberar al hombre de las cadenas de su apetito material, para que pudiera estar totalmente despierto, vivo y sensible, y para que no fuese el esclavo de su codicia. "La producción de demasiadas cosas útiles -escribió- deriva en la creación de demasiadas personas inútiles". Desea abolir la pobreza extrema, porque esta impide que el hombre alcance su plena dimensión humana; pero también quería evitar la riqueza extrema, en cuyo ámbito el individuo se convierte en prisionero de su avidez. Su objetivo no era el consumo máximo, sino el óptimo, la satisfacción de aquellas necesidades humanas genuinas que sirven de medios para una vida más plena y más rica.
Una de las ironías de la historia consiste en que el espíritu del capitalismo, la satisfacción del apetito material, esté conquistando a los países comunistas y socialistas que, gracias a su economía planificada, podrían contenerlo. Este proceso tiene su propia lógica: la riqueza material del capitalismo impresionó inmensamente a aquellos países más pobres de Europa donde había triunfado el comunismo, y la victoria del socialismo se identificó con la competencia exitosa con el capitalismo, dentro del espíritu de este. El socialismo corre el peligro de degenerar en un sistema capaz de lograr que los países más pobres sean más pobres se industrialicen más rápidamente que el capitalismo, omitiendo convertirse en una sociedad en la cual la meta principal sea el desarrollo del hombre y no de la producción económica. El desarrollo de esta última ha sido alentado por el hecho de que el comunismo soviético, al aceptar una versión grosera del "materialismo" de Marx, perdió contacto, lo mismo que los países capitalistas, con la tradición espiritual humanista que tuvo en Marx a uno de sus más destacados representantes.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática
Este email ha sido promovido por el desbarajuste, o mejor dicho, el dolor sentido al ver que el país que figura en mi DNI trata a los diferentes con ese sadismo. Los guardianes del orden han demostrado tener órdenes de desordenados y estos, a su vez, órdenes de terroristas de guante blanco. Rodrigo Córdoba Sanz.
NOAM CHOMSKY: LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del
público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales” (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).
2. Crear problemas, después ofrecer soluciones.
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir.
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar
engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).
6. Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto, malhablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor delculto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…
9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus
capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años,los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayor parte los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
http://www.youtube.com/watch?
http://youtu.be/c56l0bf2Jb0 10 estrategias según Noam Chomsky: Psicólogo y Pionero en Lingüística,así como luchador en los derechos sociales. Explicado de forma más elaborada.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Carácter Social y Homo Consumens
[...] La revisión de la teoría de Freud acerca de la libido, que constituye la base de su concepto de carácter, fue la premisa para la formulación del concepto de carácter social plasmado por la práctica vital en cualquier sociedad plasmado por la práctica vital en cualquier sociedad dada. La teoría de la libido está arraigada en el concepto mecanicista del hombre como máquina, donde la libido (además del instinto de conservación) actúa como fuente de energía, gobernada por el "principio del placer", o sea, la reducción de la tensión incrementada de la libido a su nivel normal. Chocando con este concepto, intente demostrar (especialmente en Man for Himself) que las diversas tendencias del hombre, que es primordialmente un ser social, se desarrollan como consecuencia de su necesidad de "asimilar" (cosas) y de "socializar" (con gente), y que las formas de asimilación y socialización que constituyen sus pasiones principales dependen de la estructura social en la cual él vive. En este concepto se interpreta al hombre como un ser caracterizado por sus tendencias pasionales hacia los objetos -hombres y naturaleza- y por su necesidad de relacionarse con el mundo.
El concepto de carácter social ofrece respuesta a importantes problemas que la teoría marxista no analizó a fondo.
1) ¿Cuál es la causa por la cual una sociedad logra asegurarse la lealtad de la mayoría de sus miembros, aunque estos sufran bajo el sistema y aunque su razón les diga que la lealtad a ella los perjudica? ¿Por qué su interés real como seres humanos no triunfó sobre sus intereses ficticios engendrados por todo tipo de influencias y lavados de cerebro ideológicos? ¿Por qué su conciencia de su situación de clase y de las ventajas del socialismo no fue tan eficaz como lo supuso Marx? La respuesta a este interrogante reside en el fenómeno del carácter social. Cuando una sociedad ha logrado moldear la estructura de carácter del hombre común de modo tal que le guste hacer lo que debe hacer, este se siente satisfecho con las condiciones que le impone la sociedad. Tal como dijo en una oportunidad uno de los personajes de Ibsen: "Puede hacer todo lo que quiere porque solo quiere lo que puede hacer". Es innecesario aclarar que un carácter social que, por ejemplo, está satisfecho con la sumisión, es un carácter mutilado. Pero mutilado o no, cumple los requisitos de una sociedad que necesita de hombres sumisos para funcionar adecuadamente.
2) El concepto de carácter social también sirve para explicar el nexo entre la base material de una sociedad y la "superestructura ideológica". A menudo se ha interpretado a Marx como si este hubiera dicho que al superestructura ideológica no era nada más que el reflejo de la base económica. Esta interpretación no es correcta; pero lo cierto es que la teoría de Marx no explicó suficientemente la naturaleza de la relación entre base y superestructura. Una teoría psicológica dinámica puede demostrar que la sociedad produce el carácter social, y que el carácter social tiende a producir ideas e ideologías que se adaptan a él y que lo nutren, y a aferrarse a ellas. Sin embargo, no es solo la base económica la que crea un determinado carácter social que, a su vez, crea ciertas ideas. Las ideas, una vez creadas, también influyen sobre el carácter social, e inmediatamente, sobre la estructura socioeconómica. Lo que destaco aquí es que el carácter social es el intermediario entre la estructura socioeconómica y las ideas y los ideales que prevalecen en una sociedad. Es el intermediario en ambas direcciones: desde la base económica hacia las ideas y desde las ideas hacia la base económica.
3) El concepto de carácter social puede explicar cómo una sociedad utiliza la energía humana, lo mismo que cualquier otra materia prima, para sus necesidades y sus fines. El hombre, en verdad, es una de las fuerzas naturales más maleables; se lo puede utilizar prácticamente para cualquier fin; se lo puede hacer odiar o cooperar, someterse o erguirse, disfrutar con el sufrimiento o con la felicidad.
4) En tanto que todo lo dicho es cierto, también es cierto que el hombre solo puede resolver el problema de su existencia con el pleno despliegue de sus poderes humanos. Cuanto más mutila una sociedad al hombre, tanto más se deteriora a este, aunque conscientemente esté satisfecho con su suerte. Pero inconscientemente está disconforme, y esta misma disconformidad es el elemento que lo impulsa eventualmente a cambiar las formas sociales que lo mutilan. Si no lo logra, su tipo particular de sociedad patógena se extinguirá. El cambio y las revoluciones sociales no emanan solo de nuevas fuerzas productivas que entran en conflicto con formas antiguas de organización social, sino también del choque entre condiciones sociales inhumanas y las inalterables necesidades del hombre. Se puede hacer casi cualquier cosa a un hombre, pero solo casi. La historia de la lucha del hombre por la libertad es la expresión más reveladora de este principio.
5) El concepto de carácter social no es solo un elemento teórico que se presta para la especulación de tipo general, sino que es también útil e importante para los estudios empíricos que se proponen descubrir cuál es la incidencia de diversos tipos de "carácter social" en una sociedad o en una clase social dada. Suponiendo que se defina el "carácter campersino" como individualista, ahorrativo, obstinado, poco proclive a la cooperación, con escaso sentido del tiempo y la puntualidad, este síndrome de rasgos no constiuye de manera alguna una suma de rasgos diversos, sino una estructura cargada de energía. Si se intentara cambiarla, esta estructura se resistiría vigorosamente, ya sea recurriendo a la violencia o al obstruccionismo silencioso, y ni siquiera las ventajas económicas darían resultado fácilmente. El síndrome debe su existencia a la norma común de producción que ha caracterizado la vida campesina durante miles de años. Lo mismo se aplica a una clase media en decadencia, ya se trate de aquella que llevó a Hitler al poder, o de los blancos pobres del Sur de los Estados Unidos. La falta de toda forma de estímulo cultural positivo; el resentimiento contra su situación particular, que es la de los postergados por los movimientos evolutivos de su sociedad; el odio contra aquellos que destruyeron las imágenes que en otra época los llenaron de orgullo, crearon un síndrome del carácter que está integrado por el amor a la muerte (necrofilia), la intensa y maligna fijación en la sangre y el suelo, y un violento narcisismo de grupo (que se expresa en un nacionalismo y un racismo vigoroso)...
6) La aplicación más importante del concepto de carácter social consiste en distinguir el carácter social futuro de una sociedad socialista, tal como la imaginó Marx, del carácter social de capitalismo del siglo XIX, con su deseo primordial de poseer propiedad y riqueza, y del carácter social del siglo XX (capitalista o comunista), que se impone cada vez más en las sociedades muy industrializadas: el carácter del homo consumens.
El homo consumens es el hombre cuyo objetivo fundamental no es principalmente poseer cosas, sino consumir cada vez más, compensando así su vacuidad, pasividad, soledad y ansiedad interiores. En una sociedad caracterizada por empresas gigantescas, y por desmesuradas burocracias industriales, gubernamentales y sindicales, el individuo, que no tiene el control sobre las circunstancias de su trabajo, se siente impotente, solo, aburrido y angustiado. Al mismo tiempo, la necesidad de lucro de las grandes industrias de consumo recurre a la publicidad y lo transforma en un hombre voraz, un lactante a perpetuidad que desea consumir más y más, y para el que todo se convierte en artículos de consumo: los cigarrillos, las bebidas, el sexo, el cine, la televisión, los viajes, e incluso la educación, los libros y las conferencias.
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia". Paidós. 2011, Barcelona. Pp.: 28-33
EN TU ANGOSTO SILBIDO ESTÁ TU QUID: MIGUEL HERNÁNDEZ
En tu angosto silbido está tu quid,
y, cohete, te elevas o abates;
de la arena, del sol con más quilates,
lógica consecuencia de la vid.
Por mi dicha, a mi madre, con tu ardid,
en humanos hiciste entrar combates,
Dame, aunque se horroricen los gitanos,
veneno activo el más, de los manzanos.
http://youtu.be/54XztbNJ87g Enya -Fairytale-
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Carácter Social-Falso Yo-Freud-Marx
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida, están completamente locos.
[...] Freud consideró que el carácter era la manifestación relativamente estable de diversos géneros y tendencias de la libido, o sea, de energía psíquica orientada hacia determinados objetivos y emanada de determinadas fuentes. En sus conceptos de los caracteres oral, anal y genital, Freud presentó un nuevo modelo de carácter humano que explicaba el comportamiento como la expresión de nítidas tendencias pasionales; Freud supuso que la orientación e intensidad de estas tendencias resultaba de experiencias de la primera infancia vinculadas con las "zonas erógenas" (boca, ano, órganos genitales), y descartando los elementos físicos, el comportamiento de los padres era el principal responsable del desarrollo de la libido.
El concepto de CARÁCTER SOCIAL se refiere a la matriz de la estrutura caracterológica común a un grupo. Presume, que el factor fundamental para la formación del "carácter social" es la práctica de la vida tal como es constituida por la forma de producción y por la estratificación social resultante. El "carácter social" es aquella estructura particular de energía psíquica que una sociedad dada plasma con el propósito de que resulte útil para el funcionamiento de esa misma sociedad dada. La persona media debe querer hacer aquello que debe hacer para desempeñarse en una forma que permita que la sociedad utilice sus energías para sus propios fines. En el proceso social la energía del hombre solo se presenta parcialmente en forma de simple energía física (trabadores que labran la tierra o construyen caminos); y parcialmente en formas específicas de energía psíquica...
El capitalismo solo funciona con hombres ávidos por trabajar, disciplinados y puntuales, cuyo mayor interés consiste en el lucro monetario, y cuyo principio fundamental en la vida consiste en el beneficio económico que deriva de la producción y el intercambio. En el siglo XIX el capitalismo necesitaba de hombres partidarios del ahorro; a mediados del siglo XX necesita de hombres frenéticamente interesados en gastar y consumir. El carácter social representa la forma en que se moldea la energía humana para aprovecharla como fuerza productiva en el proceso social.
El carácter social es reforzado por todos los meios de influencia accesibles a una sociedad: sus sitema educativo, su influencia, su religión, su literatura, sus canciones, sus métodos familiares para criar a los niños. Este último aspecto es tan importante porque una gran parte de la estructura de carácter de los individuos se forma en los cinco o seis primeros años de vida. Pero la influencia de los padres no es esencialmente indiidual o accidental, como suponen los psicoanalistas clásicos; los padres son primordialmente los agentes de la sociedad, tanto por su propio carácter como por sus métodos educativos; se diferencian los unos de los otros solo en grado mínimo, y generalmente estas diferencias no disminuyen la influencia que tienen en la creación de la matriz socialmente deseable del carácter social [...]
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia". Paidós, 2011, Barcelona. Pp.:24-28
http://youtu.be/TruavyQFPUo No pienses de más -Jorge Drexler-
http://youtu.be/1sSrzSE8w-A Le long de la route -ZAZ-
http://youtu.be/FMB64p11bxs Esos locos que corren.
http://www.psicoletra.blogspot.com.es/2012/09/gracias-los-que-llaman-locos.html
http://youtu.be/bbdSUUdU53c Norah Jones
http://youtu.be/nmAI6V6MrQE Metallica Full Concert HD Nimes 2009
sábado, 1 de septiembre de 2012
Sonda al Alma con ciencia, música y poesía
YO ESTOY LISTA PARA TRASCENDER. CHAVELA VARGAS
El tipo de psicología necesaria para complementar el análisis de Marx era la que habría de crear Freud, aunque a esta le faltaran aun muchas revisiones. El psicoanálisis es, en primer término, una psicología dinámica. Tratar con fuerzas psíquicas, que motivan la conducta humana, los sentimientos, las ideas. No siempre se pueden percibir estas fuerzas como tales; hay que deducirlas de los fenómenos observables, y hay que estudiarlas en sus contradicciones y transformaciones.
La psicología apta para servir al pensamiento marxista debe ser aquella capaz de entender la evolución de estas fuerzas psíquicas como un proceso de interacción constante entre las necesidades del hombre y la realidad social e histórica en la cual este participa. Debe ser, desde sus primeros comienzos, una psicología social. Eventualmente, debe ser una psicología crítica, sobre todo crítica de la conciencia del hombre.
El psicoanálisis de Freud llena estas condiciones capitales, aunque ni la mayoría de los freudianos ni los marxistas percibieron su relevancia. Son evidentes las razones que obstaculizaron este contacto desde ambos bandos. Los marxistas insistieron en su tradición de ignorar la psicología; Freud y sus discípulos elaboraron sus ideas dentro del marco del materialismo mecanicista, que resultó perjudicial para el desarrollo de los grandes descubrimientos de Freud, e incompatible con el "materialismo histórico".
Mientras tanto, ocurrieron nuevos hechos. El más importante de ellos fue el renacimiento del humanismo marxista. Hemos sido testigos del hecho de que muchos socialistas marxistas, especialmente de los países socialistas más pequeños, pero también sus colegas de Occidente, tomaron conciencia de que la teoría marxista ha menester de una teoría psicólogica del hombre; también comprendieron que el socialismo debe proporcionar al hombre el sistema de orientación y devoración que aquel necesita; que debe encarar los problemas de la identidad del significado y el objetivo de su vida. Debe construir el cimiento para normas éticas y para un desarrollo espiritual superiores a las frases vacías que estipulan que "lo bueno es aquello que sirve a la revolución" (el Estado obrero, la evolución histórica, etc.).
Simultáneamente, la oposición que se gestó en el campo psicoanálitico contra el mecanicista que subyace en el pen de Freud, impulsó a reevaluar con sentido crítico el psicoanálisis, y esencialmente la teoría de la libido. Gracias al pogreso que se produjo tanto en el pensamiento marxista como en el psicoanalítico, parece llegada la hora de que los marxistas humanistas reconozcan que el empleo de una psicología dinámica, crítica, socialmente orientada, tiene una importancia crucial para el mayor desarrollo de la teoría marxista y de la práctica socialista; que una teoría que tiene por centro al hombre no puede continuar prescindiendo de la psicología si no quiere perder contacto con la realidad humana [...]
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia". Paidós, 2011, Barcelona. Pp.: 23-25
Poema "A todos ellos" de Princesa Inca
"A
TODOS ELLOS"
PRINCESA INCA
"LA MUJER-PRECIPICIO"
A
los que se quedaron dormidos en el nunca,
a los que sueñan sus verdades y se las niegan,
a los que tienen mucho miedo,
y lloran por cualquier cosa
y se ocultan la cara de vergüenza.
A los tímidos,
a los solos, a los raros,
a los que dudan y dudan
y les llaman inmaduros, débiles,
A los que duermen en la fría cama del psiquiátrico,
a las madres que cogen la mano de su hijo ingresado,
os digo que no nos vendan verdades, que la verdad no existe,
la verdad y la razón son creaciones del hombre
para doler, para medir,
Hay que luchar contra el silencio,
y la ignorancia,
no somos enfermos.
Quién tiene la verdad absoluta, la realidad absoluta,
que la muestre, que la enseñe si puede,
es mentira, mentira, no existe.
A los que llevan cicatrices de haberse rajado las venas,
a los que consiguieron no rajárselas,
a los que les paraliza la angustia,
les paraliza para ser, amar , soñar,
a los que llaman vagos, idiotas, locos, débiles.
No escuchéis la voz de los que viven solo para tener
A los que, la ansiedad, les hace fumar dos paquetes diarios,
a los que no son sociables, ni aptos, ni lúcidos,
ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales,
a los que nunca superaran un test psicotécnico,
a los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacío,
a los que ahora están atados a una cama y no nos oyen,
a los psiquiatras que abrazan a sus pacientes
y pidieron alguna vez consejo a un esquizofrénico,
A los que tenemos certificado de disminución
y leemos a Lorca y a Nietszche y lo que haga falta,
a los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre,
a los que atravesamos cada día el túnel
agarrados aunque sea a las paredes negras,
a todos los que saben o quieren escucharnos,
y no se fían sólo de los manuales, libros, tesis,
estudios y estadísticas,
a los psicólogos que dan besos,
A los que hemos pasado ya el infierno y el cielo
y no queremos volver nunca más allí.
A los que roban dolor y devuelven sonrisas, dice Sabina.
Y sobretodo
a todas esas pupilas dilatadas de tanta química
que miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz más hermosa
a los que sueñan sus verdades y se las niegan,
a los que tienen mucho miedo,
y lloran por cualquier cosa
y se ocultan la cara de vergüenza.
A los tímidos,
a los solos, a los raros,
a los que dudan y dudan
y les llaman inmaduros, débiles,
A los que duermen en la fría cama del psiquiátrico,
a las madres que cogen la mano de su hijo ingresado,
os digo que no nos vendan verdades, que la verdad no existe,
la verdad y la razón son creaciones del hombre
para doler, para medir,
Hay que luchar contra el silencio,
y la ignorancia,
no somos enfermos.
Quién tiene la verdad absoluta, la realidad absoluta,
que la muestre, que la enseñe si puede,
es mentira, mentira, no existe.
A los que llevan cicatrices de haberse rajado las venas,
a los que consiguieron no rajárselas,
a los que les paraliza la angustia,
les paraliza para ser, amar , soñar,
a los que llaman vagos, idiotas, locos, débiles.
No escuchéis la voz de los que viven solo para tener
A los que, la ansiedad, les hace fumar dos paquetes diarios,
a los que no son sociables, ni aptos, ni lúcidos,
ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales,
a los que nunca superaran un test psicotécnico,
a los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacío,
a los que ahora están atados a una cama y no nos oyen,
a los psiquiatras que abrazan a sus pacientes
y pidieron alguna vez consejo a un esquizofrénico,
A los que tenemos certificado de disminución
y leemos a Lorca y a Nietszche y lo que haga falta,
a los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre,
a los que atravesamos cada día el túnel
agarrados aunque sea a las paredes negras,
a todos los que saben o quieren escucharnos,
y no se fían sólo de los manuales, libros, tesis,
estudios y estadísticas,
a los psicólogos que dan besos,
A los que hemos pasado ya el infierno y el cielo
y no queremos volver nunca más allí.
A los que roban dolor y devuelven sonrisas, dice Sabina.
Y sobretodo
a todas esas pupilas dilatadas de tanta química
que miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz más hermosa
"Que
no existe la locura sino gente que sueña despierta"
http://youtu.be/5D3GAPdM8jQ Chavela Vargas -La Llorona- En Santa Cruz de Tenerife, 2006.
http://youtu.be/XwyUxfoY10Y Joaquín Sabina -Por el Boulevard de los Sueños Rotos-
http://youtu.be/QTVZm4sOKKg Joaquín Sabina -Homenaje a Chavela Vargas-
http://youtu.be/sGpYJAnZ1QY Chavela, Sabina y Chavela "Soñando con soñar, a lo lejos alguien canta, a lo lejos"
http://youtu.be/PuP1bil-wIg Metallica -I Disappear- (Los viejos rockeros nunca mueren...)
http://youtu.be/NkL7-jwMUSo Metallinca -Nothing Else Matters-
miércoles, 29 de agosto de 2012
La Aplicación del Psicoanálisis Humanista a la Teoría de Marx
La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. Karl Marx (1818-1883)
El marxismo es un humanismo y su objetivo consiste en el pleno desarrollo de las potencialidades del hombre. No del hombre tal como se deduce de sus ideas o de su conciencia, sino del hombre verdadero que no vive en un vacío sino en un contexto social, el hombre que debe producir para vivir. Precisamente es el hecho de que el marxismo se interese por el hombre íntegro, y no por su conciencia, lo que diferencia al "materialismo" de Marx del idealismo de Hegel, así como de la deformación economista-mecanicista del marxismo.
La gran obra de Marx consistió en liberar las categorías económicas y filosóficas que se referían al hombre, de sus expresiones abstractas y alienadas, y en aplicar la filosofía y la economía ad hominem. Marx se preocupaba por el hombre, y su propósito consistía en liberar a este del predominio de sus intereses materiales, de la prisión que sus propias disposiciones y actos habían construido en torno de él. Si no se entiende esta preocupación de Marx, nunca se comprenderá ni su teoría ni la falsificación a la que esta fue sometida por muchos de los que dicen practicarla. Aunque la obra cumbre de Marx se titula El Capital, la misma estaba enfocada solo como un paso en su búsqueda total, y el estudio del capital, como una herramienta crítica que ayudaba a entender la condición mutilada del hombre en la sociedad industrial. Era una etapa de la gran obra que, si se hubiera escrito, quizá se habría titulado Acerca del hombre y la sociedad.
La obra de Marx, ya sea del "joven Marx" o la del autor de El Capital, está poblada de conceptos psicológicos. Esgrime conceptos tales como "esencia del hombre", "hombre mutilado", "alienación", "conciencia", "tendencias personales" e "independencia", para mencionar solo algunos de los más importantes. Sin embargo, contrastando con Aristóteles y Spinoza, que asentaron la ética sobre una psicología sistemática, la obra de Marx casi no contiene teorías psicológicas. Exceptuando algunas observaciones fragmentarias tales como la distinción entre impulsos fijos (como hambre y sexualidad) e impulsos flexibles de origen social, prácticamente no se encuentran elementos relevantes de psicología en los escritos de Marx ni en los de sus sucesores. La razón de esta ausencia no reside en la falta de interés o de talento para analizar los fenómenos psicológicos (los volúmenes que contienen la correspondencia no abreviada entre Marx y Engels revelan una capacidad para indagar profundamente las motivaciones inconscientes que honrará a cualquier eminente psicoanalista); reside en cambio el hecho de que en la época de Marx no existía una psicología dinámica que él pudiera aplicar a los problemas de los hombres, Marx murió en 1883; Freud empezó a publicar sus trabajos más de diez años después de la muerte de Marx [...]
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia". Paidós, 2011, Barcelona. Pp.: 21-23
viernes, 27 de julio de 2012
Sobre la Desobediencia: Conciencia autoritaria y humanística
CONCIENCIA "AUTORITARIA" y "HUMANÍSTICA"
[...] La palabra "conciencia" se utiliza para expresar dos fenómenos que son muy distintos entre sí. Uno es la "conciencia autoritaria", que es la voz internalizada de una autoridad a la que estamos ansiosos de complacer y temorosos de desagradar. La conciencia autoritaria es lo que la mayoría de las personas experimentan cuando obedecen a su conciencia. Es también la conciencia de la que habla Freud, y a la que llama superyó. Este superyó representa las órdenes y prohibiciones del padre internalizadas y aceptadas por el hijo debido al temor. Distinta de la conciencia autoritaria es la "conciencia humanística"; esta es la voz presente en todo ser humano e independiente de sanciones y recompensas externas. La conciencia humanística se basa en el hecho de que como seres humanos tenemos un conocimiento intuitivo de lo que es humano e inhumano, de lo que contribuye a la vida y de lo que la destruye. Esta conciencia sirve a nuestro funcionamiento como seres humanos. Es la voz que nos reconduce a nosotros mismos, a nuestra humanidad.
La conciencia autoritaria (superyó) es también obediencia a un poder exterior a mí, aunque este poder haya sido internalizado. Conscientemente creo que estoy siguiendo a mi conciencia; en realidad, sin embargo, he absorbido los principios del poder; justamente debido a la ilusión de que la conciencia humanística y el superyó son idénticos, la autoridad internalizada es mucho más efectiva que la que experimento claramente como algo que no forma parte de mí. La obediencia a la "conciencia autoritaria", como toda obediencia a pensamientos y poderes exteriores, tiende a debilitar la "conciencia humanística", la capacidad de ser uno mismo y de juzgarse a sí mismo.
También debe precisarse, que por otra parte, la afirmación de que la obediencia a otra persona es ipso facto sumisión, distinguiendo la autoridad "irracional" de la autoridad "racional". Un ejemplo de autoridad racional es la relación que existe entre alumno y maestro; uno de autoridad irracional es la relación entre esclavo y dueño. Ambas relaciones se basan en el hecho de que se acepta la autoridad de la persona que ejerce el mando. Sin embargo, desde el punto de vista dinámico son de naturaleza diferente. Los intereses del maestro y del alumno, en el caso ideal, se orientan en la misma dirección. El maestro se siente satisfecho si logra hacer progresar al alumno; si fracasa, ese fracaso es suyo y del alumno. El dueño del esclavo, en cambio, desea explotarlo en la mayor medida posible. Cuanto más obtiene de él, más satisfecho está. Al mismo tiempo, el esclavo trata de defender lo mejor que puede sus reclamos de un mínimo de felicidad. Los intereses del esclavo y el dueño son antagónicos, porque lo que es ventajoso para uno va en detrimento del otro. La superioridad de uno sobre otro tiene una función diferente en cada caso; en el primero, es la condición de progreso de la persona sometida a la autoridad, y en el segundo es la condición de su explotación. Hay otra distinción paralela a esta: la autoridad racional lo es porque la autoridad, sea la que posee un maestro o un capitán de barco que da órdenes en una emergencia, actúa en nombre de la razón que, por ser universal, podemos aceptar sin someternos. La autoridad irracional tiene que usar la fuerza o la sugestión, pues nadie se prestaría a la explotación si dependiera de su arbitrario evitarlo.
¿Por qué se inclina tanto el hombre a obedecer y por qué le es tan difícil desobedecer? Mientras obedezco al poder del Estado, de la Iglesia o de la opinión pública, me siento seguro y prtegido. En verdad, poco importa cuál es el poder al que obedezco. Es siempre una institución, u hombres, que utilizan de una u otra manera la fuerza y que pretenden fraudulentamente poseer la omnisciencia y la omnipotencia. Mi obediencia se hace participar del poder que reverenció, y por ello me siento fuerte. No puedo cometer errores, pues ese poder decide por mí; no puedo estar solo, porque él me vigila; no puedo cometer pecados, porque él no me permite hacerlo, y aunque los cometa, el castigo es solo el modo de volver al poder omnímodo.
Para desobedecer debemos tener el coraje de estar solos, errar y pecar. Pero el coraje no basta. La capacidad de coraje depende del estado de desarrollo de una persona. Solo si una persona ha emergido del regazo materno y de los mandatos de su padre, solo si ha emergido como individuo plenamente desarrollado y ha adquirido así la capacidad de pensar y sentir por sí mismo, puede tener el coraje de decir "no" al poder, de desobedecer.
Una persona puede llegar a ser libre mediante actos de desobediencia, aprendiendo a decir no al poder. Pero no solo la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad; la libertad es también la condición de la libertad; la libertad es también la condición de la desobediencia. Si temo a la libertad no puedo atreverme a decir "no", no puedo tener el coraje de ser deobediente. En verdad, la libertad y la capacidad de desobediencia son inseparables, de ahí que cualquier sistema social, politico y religioso que proclame la libertad pero reprima la desobediencia, no puede ser sincero.
Hay otra razón por la que es tan difícil atraverse a desobedecer, a decir "no" a la autoridad. Durante la mayor parte de la historia humana la obediencia se identificó con la virtud y la desobediencia con el pecadoos. La razón es simple: hasta ahora, a lo largo de la mayor parte de la historia, una minoría ha gobernado a la mayoría. Este dominio fue necesario por el hecho de que pocas cosas buenas que existían solo bastaban para unos pocos, y los más debían conformarse con las migajas. Si los pocos deseaban gozar de las buenas cosas y, además de ello, hacer que los muchos los sirvieran y trabajran para ellos, se requería una condición: que los muchos aprendieran a obedecer. Sin duda, la obediencia puede estbalecerse por la mera fuerza. Pero este método tiene muchas desvetntajas. Constituye una amenaza constante de que algún día los muchos lleguen a tener los medios para derrocar a los pocos por la fuerza; además; hay muchas clsaes de trabajo que no pueden reaizarse apropiadamente si la obediencia solo se respalda en el miedo. Por ello la obediencia que solo nace del miedo de la fuerza debe transformarse en otra que surja del corazón del hombre. El hombre debe desear, e incluso necesitar obedecer, en lugar de solo temer la desobediencia. Para lograrlo, la autoridad debe asumir las cualidades del Sumo Bien, de la Suma Sabiduría; debe convertirse en omnisciente. Si esto sucede, la autoridad puede proclamar que la desobediencia es un pecado y la obediencia una virtud; y una vez proclamado esto, los muchos pueden aceptar la obediencia porque es buena, y detestar al desobediencia porque es mala, más bien que detestarse a sí mismos por ser cobardes. Desde Lutero hasta el siglo XIX se trataba de autoridades manifiestas y explícitas. Lutero, el Papa, los príncipes, tratan de sostenerlo, la clase media, los trabjadores, incluso los filósofos, trataban de derrocaras.
La lucha contra la autoridad en el Estado y también en la familia era a menudo la base misma del desarrollo de una persona independiente y emprendedora. La lucha contra la autoridad era inseparable de la inspiración intelectual que caracterizaa a los filósofos del Iluminismo y a los hombres de ciencia. Esta "inspiración crítica" se traducía en fe en la razón, y al mismo tiempo en duda respecto de todo lo que se dice o piensa, en tanto se base en la tradición, la superstición, la costumbre, la autoridad. Los principios sapere aude y de omnibus est dubitatum -"atrévete a usar tu sensatez" y "hay que dudar de todo"- eran característicos de la acitud quew permitía promovía la capacidad de decir "no".
El caso de Adolf Eichmann es simbólico de nuestra situación y tiene un significado que va mucho más allá del que les precocupaba a sus acusadores en el tribunal de Jerusalén. Eichmann es un símbolo del hombre-organización, del burócrata alienado para el cual hombres, mujeres y niños se han transformado en números. Pero lo que más impresiona respecto de este, es que después de relatados todos los hechos con su propia admisión, procedió con perfecta buena fe a alegar su inocencia. Está claro que si voviera a encontrarse en la misma situación, lo haría de nuevo. Y también lo haríamos nosotros -y lo hacemos.
El hombre-organización ha perdido su capacidad de desobedecer, ni siquiera se da cuenta del hecho de que obedece. En este punto de la historia, la capacidad de dudar, de criticar y de desobedecer puede ser todo lo que media entre la posibilidad de un futuro para la humanidad, y el fin de la civilizacion.
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia" Páidós, 2011, Madrid. Pp.:15-20
miércoles, 25 de julio de 2012
Obediencia Autónoma y Heterónoma
[...] Como para el mito hebreo de Adán y Eva, también para el mito griego de Prometeo toda la civilización humana se basa en un acto de desobediencia. Prometeo, al robar el fuego a los dioses, echó los fundamentos de la evolución del hombre. No habría historia humana si no fuera por el "crimen" de Prometeo. El, como Adán y Eva, es castigado por su desobediencia. Pero no se arrepiente ni pide perdón. Por el contrario, dice orgullosamente: "Prefiero estar encadenado a esta roca, antes que ser siervo obediente de los dioses".
El hombre continuó evolucionando mediante actos de desobediencia. Su desarrollo espiritual solo fue posible porque hubo hombres que se atrevieros a decir no a cualquier poder que fuera, en nombre de su conciencia y de su fe, pero además su evolución intelectual dependió de su capacidad de desobediencia -desobediencia a la autoridades que trataban de amordazar los pensamientos nuevos, y a la autoridad de acendradas opiniones según las cuales el cambio no tenía sentido.
Si la capacidad e desobediencia constituyó el comienzo de la historia humana, la obediencia podría muy bien, como he dicho, provocar el fin de la historia humana. No estoy hablando en términos simbólicos o poéticos. Existe la posibilidad, o incluso la probabilidad, de que la raza humana destruya la civilización y también toda la vida sobre la Tierra en los cinco o diez años próximos. Esto no tiene ninguna racionalidad ni sentido. Pero el hecho es que si bien estamso viviendo técnicamente en la Era Atómica, la mayoría de los hombres -incluida la mayoría de los hombres -incluida la mayoría de los están en el poder- viven aún emocionalmente en la Edad de Piedra; que si bien nuestras matemáticas, astronomía y ciencias naturales son del siglo XX, la mayoría de nuestras ideas sobre política, el Estado y la sociedad están muy rezagadas respecto de la era científica. Si la humanidad se suicida, será porque la gente obedecerá a quienes les ordenan apretar los botones de la muerte; porque obedecerá a las pasiones arcaicas de temor, odio y codicia; porque obedecerá a clisés obsoletos de soberanía estatal y honor nacional. Los líderes soviéticos hablan mucho de revoluciones y quienes estamos en el "mundo libre" hablamos mucho de libertad. Sin embargo, tanto ellos como nosotros desalentamos la desobediencia: en la Unión Soviética explícitamente y por la fuerza, y en el mundo libre implícitamente y con métodos más sutiles de persuasión.
Pero no quiero significar que toda desobediencia sea una virtud y toda obediencia sea un vicio. Tal punto de vista ignoraría la relación dialéctica que existe entre obediencia y desobediencia. Cuando los principios a los que se obedece y aquellos a los que se desobedece son inconciliables, un acto de obediencia a un principio es es necesariamente un acto de desobediencia a su contraparte, y viceversa. Antigona debe obedecer neecsariamente a las leyes de la humanidad. Si obedece a estas últimas, debe desobedecer a las primeras. Todos los mártires de la fe religiosa, de la libertad y de la ciencia han tenido que desobedecer a quienes deseaban amordarzarlos, para obedecer a su propia conciencia, a las leyes de la humanidad y de la razón. Si un hombre solo puede obedecer y no desobedecer, es un esclavo; si solo puede desobedecer y no obedecer, es un rebelde (no un revolucionario); actúa por cólera, despecho, resentimiento, pero no en nombre de una convicción o de un principio.
Sin embargo, para prevenir una confusión entre términos, debemos establecer un importante distingo. La obediencia a una persona, institución o poder (obediencia heterónoma) es sometimiento; implica la abdicación de mi autonomía y la aceptación de una voluntad o juicios ajenos en lugar del mío. La obediencia a mi propia razón o convicción (obediencia atuónoma) no es un acto de sumisión sino de afirmación. Mi convicción y mi juicio, si son auténticamente míos, forman parte de mí. Si los sigo, más bien que obedecer al juicio de otros, estoy siendo yo mismo; por ende, la palabra "obedecer" solo puede aplicarse en un sentido metafórico y con un significado que es fundamentalmente distinto del que tiene en el caso de la "obediencia heterónoma".
Erich Fromm: "Sobre la desobediencia". Paidós, 2011, Madrid. Pp.:12-15
http://youtu.be/BXWHLY8fkSc Chambao -Playas de Barbate-
martes, 24 de julio de 2012
Sobre la Desobediencia
El hombre ha evolucionado hasta ser el que es mediante actos de desobediencia. Tal es la tesis fuerte que Erich Fromm defiende en "Sobre la Dsobediencia". Nuestro desarrollo espiritual sólo se ha hecho posible a fuerza de existir personas que, a lo largo de la historia, se han atrevido a decir no a al poder establecido en nombre de su conciencia o de su fe.
La evolución intelectual del hombre depende, así, de su capacidad de desobediencia a las autoridades –que siempre han tratado de amordazar a los nuevos pensamientos y movimientos. “Si la capacidad de desobediencia constituyó el comienzo de la historia humana, la obediencia podría muy bien provocar el fin de la historia humana”, afirmación que queda comprobada de la mano del ejemplo del nazismo y el caso de Adolf Eichmann, Teniente Coronel de las SS que fundó su defensa tras la Segunda Guerra Mundial bajo el amparo de que “sólo obedecía órdenes”. Eichmann es símbolo del hombre-organización, del “burócrata alienado” para el que hombres, mujeres y niños sólo suponen números.
Las personas llegamos a ser libres fundamentalmente a través de actos de desobediencia; temer a la libertad es sinónimo de no atreverse a decir “no”. “En verdad –afirma Fromm–, la libertad y la capacidad de desobediencia son inseparables; de ahí que cualquier sistema social, político y religioso que proclame la libertad pero reprima la desobediencia, no puede ser sincero”.
El “hombre-organización” al que se refiere Fromm ha perdido la capacidad para desobedecer, y lo que es peor, ha sido expropiado de la potencia de darse cuenta de que lo único que hace es obedecer. “En este punto de la historia, la capacidad de dudar, de criticar y de desobedecer puede ser todo lo que media entre la posibilidad de un futuro para la humanidad, y el fin de la civilización”.
Erich Fromm pretende preguntarse en esta obra, donde se recogen una decena de artículos del autor, por qué se inclina tanto el hombre a obedecer y por qué le es tan difícil desobedecer. De hecho, mientras seguimos las directrices del Estado, la Iglesia o la opinión pública, tendemos a sentirnos más seguros y protegidos. “En verdad, poco importa cuál es el poder que obedezco. Es siempre una institución, u hombres, que utilizan de una u otra manera la fuerza y que pretenden fraudulentamente poseer la omnisciencia y la omnipotencia.
En un mundo turbulento como el nuestro, donde los poderes económicos predominan sobre los públicos y políticos, Fromm invita a evidenciar el hecho de que nuestra obediencia nos hace participar del poder al que incluso reverenciamos, razón por la que nos sentimos fuertes y arropados –pero, también y a la vez, razón por la que nos vemos impedidos a la hora de reflexionar sobre nuestras acciones. ¿Cómo salir de este juego al que todos jugamos de forma inconsciente? Fromm intenta descifrar esa cuestión a través de una obra en la que afronta numerosos temas, siempre encaminados a fomentar la acción fundada en nuestras convicciones y juicios propios, más allá del sometimiento a los poderes establecidos.
(Reseña publicada en el número 8 de la revista Filosofía Hoy).
LA DESOBEDIENCIA COMO PROBLEMA PSICOLÓGICO Y MORAL
Reyes, sacerdotes, señores feudales, patrones de indsutrias y padres han insistido durante siglos en que la obediencia es una virtud y la desobediencia es un vicio. Para presentar otro punto de vista, enfrentemos esta posición con la formulación siguiente: la historia humana comenzó con un acto de desobediencia, y no es improbable que termine por un acto de obediencia.
Según los mitos de hebreos y griegos, la historia humana se iauguró con un acto de desobediencia. Adán y Eva, cuando vivían en el Jardín del Edén, eran parte de la naturaleza; estaban en armonía con ella, pero no la trascendían. Estaban en la naturaleza como el feto en el útero de la madre. Eran humanos, y al mismo tiempo aún no lo eran. Al romper vínculos con la tierra y la madre, al cortar el cordón umbilical, el hombre emergió de una armonía prehumana y fue capaz de dar el primer paso hacia la independencia y la libertad. El acto de desobediencia liberó a Adán y a Eva y les abrió los ojos. Se reconocieron uno a otro como extraños y al mundo exterior como extraño e incluso hostil.
Su acto de desobediencia rompió el vínculo primario con la naturaleza y los trasnsformó en individuos. El "pecado original", lejos de corromper al hombre, lo liberó: fue el comienzo de la historia. El hombre tuvo que abandonar el Jardín del Edén para aprender a confiar en sus propias fuerzas y llegar a ser plenamente humano.
Los profetas, con su concepción mesiánica, confirmaron la idea de que el hombre habia tenido razón al desobedecer; que su "pecado" no lo había corrompido, sino que lo había liberado de las cadenas de la armonía prehumana. Para los profetas la historia es el lugar en que el hombre desarrolla sus capacidades de razón y de amor, hasta que crea una nueva armonía entre él, sus congéneres y la naturaleza. Esta nueva armonía se describe como "el fin de los días", ese período de la historia en que hay paz entre el hombre y el hombre, y entre el hombre y la naturaleza. Es un "nuevo" paraíso creado por el hombre mismo, y que solo pudo crear porque se vio forzado a abandonar el "viejo" paraíso como resultado de su desobediencia.
Erich Fromm: "Sobre la Desobediencia". Paidós, 2011, Madrid. Pp.: 11-12
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