PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Lingüista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lingüista. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de agosto de 2022

NOAM CHOMSKY



@psicoletrazaragoza


Noam Chomsky, de nombre completo Avram Noam Chomsky, nació en Filadelfía en 1928, es un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. Su faceta de activista político salió a la luz a partir de su radical oposición a la guerra de Vietnam. Es autor de numeros libros sobre gramática, lingüística y pensamiento político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y a la política exterior de los EE.UU. En este sentido, Noam Chomsky se ha convertido en una de las voces más influyentes de la izquierda norteamericana. Según el New York Times es «el más importante de los pensadores contemporáneos»


"Los derechos no se conceden, se conquistan".,,


"Para los poderosos, los crímenes son los que otros cometen".


"La mayor preocupación de la política exterior estadounidense es la de garantizar la libertad para robar y explotar".


"La gente a la que se honraba en La Biblia eran los falsos profetas. Aquellos a quienes nosotros llamamos los profetas era a quienes se encarcelaba y mandaba al desierto".

martes, 10 de agosto de 2021

Noam Chomsky sobre Internet

 


SOBRE LAS REDES SOCIALES

"La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela y la que permitió el telégrafo fue mucho mayor que la que generan las diferencias entre el correo tradicional e internet".

"Hace 150 años si mandabas una carta a Inglaterra, la respuesta podía demorar unos dos meses, porque viajaría en barco, y quizás ni siquiera llegaría a su destino".

"Cuando surgió el telégrafo la comunicación se volvió prácticamente instantánea, y ahora que tenemos internet es sólo un poco más rápida".

Internet vs. bibliotecas

"Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet".

"Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living, pero la información ya estaba allí, cruzando la calle".

"La diferencia entre internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca y una biblioteca... En la biblioteca además al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación".

"Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad".

¿Más unidos o más separados?

"Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?"

"Yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque está separando a la gente, construyendo relaciones superficiales".

"En vez de hablar con las personas cara a cara, de conocerlas a través de la interacción, hay una especie de carácter casual de esta cultura en desarrollo".

"Conozco adolescentes que creen que tienen cientos de amigos, cuando en realidad están muy aislados".

"Cuando escriben en Facebook que mañana tienen un examen, alguien les responde 'espero que te vaya bien' y conciben eso como amistad".

"Todavía no he visto ningún estudio, pero pienso que la nueva tecnología está aislando a las personas en un grado importante, está separándolas unas de otras".

¿Más o menos abiertos de mente?

"Internet entrega acceso instantáneo a todo tipo de ideas, opiniones, perspectivas, información. ¿Eso ha ampliado nuestras perspectivas o las ha hecho más estrechas?"

"Yo creo que ambas. Para algunos las ha ampliado. Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, internet puede ampliar tus perspectivas".

"Pero si te aproximas a internet de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto".

"La mayoría usa internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan muy rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas".

"Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros".

"Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista, y tú te vuelves más extremista y te separas más de los demás".

Sin secretos

"Sólo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información de las personas; información que yo creo que no deberían tener".

"Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte dirigiéndote en determinadas direcciones".

"Y creo que lo están haciendo en niveles que exceden a lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda".

"Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti".

¿Una tecnología neutra?

"Cuando los medios para hacer algo están disponibles y son fáciles de acceder, son tentadores y la gente, especialmente la más joven, tiende a usarlos".

"Internet es una tecnología que está disponible, hay mucha presión por usarla, todo el mundo quiere decir 'yo esto, yo lo otro'. Hay un componente de autovaloración".

"Pero también hay toneladas de publicidad... Internet se mercadea a sí misma como un medio para comunicarnos y conectarnos, y hasta cierto nivel, eso es cierto: puedo contactar amigos auténticos en diferentes partes del mundo, en India, en Medio Oriente, en Chile, en cualquier lugar".

"Y puedo interactuar con ellos de una forma que sería muy difícil por correo".

"Pero por otro lado, Internet también tiene el efecto opuesto. Es como cualquier tecnología: es básicamente neutra, puedas usarla en formas constructivas o dañinas. Las formas constructivas son reales, pero muy pocas".

viernes, 11 de diciembre de 2020

Noam Chomsky. La responsabilidad de los intelectuales

 


¿Cuál es la responsabilidad de los intelectuales?

En su nuevo libro, Noam Chomsky reúne dos ensayos distintos: el que escribió en 1967, al calor de la guerra de Vietnam, y el que firmó en 2011, tras el asesinato de Bin Laden. Los dos tratan, como explica en este texto inédito, del papel social que deben tener los expertos.

He aquí una pregunta que fue abordada de un modo muy instructivo en un ensayo clásico que Dwight Macdonald escribió en 1945, titulado La responsabilidad de los intelectuales. Ese texto es una sarcástica e implacable crítica a aquellos pensadores distinguidos que pontificaban sobre la “culpa colectiva” de los refugiados alemanes cuando éstos sobrevivían a duras penas entre las ruinas catastróficas de la guerra. Macdonald comparaba allí el desprecio farisaico que tan distinguidas plumas manifestaban hacia los desdichados supervivientes con la reacción de muchos soldados del ejército vencedor, que, reconocedores de la humanidad de las víctimas, se compadecían del sufrimiento de éstas. Y, sin embargo, los primeros son los intelectuales, no los segundos.

Macdonald concluía su ensayo con unas sencillas palabras: “Qué maravillosa es la capacidad de poder ver lo que se tiene justo delante”.

¿Cuál es, entonces, la responsabilidad de los intelectuales? Quienes entran en esa categoría disfrutan de ese relativo grado de privilegio que tal posición les confiere, lo que les brinda oportunidades superiores a las normales. Las oportunidades conllevan una responsabilidad, la cual, a su vez, implica tener que decidir entre opciones alternativas, algo que, a veces, puede entrañar una gran dificultad.

Así, una posible opción es seguir la senda de la integridad, lleve adonde lleve. Otra es aparcar esas preocupaciones y adoptar pasivamente las convenciones instituidas por las estructuras de autoridad. La tarea, en este segundo caso, se limita a seguir con fidelidad las instrucciones de quienes tienen las riendas del poder, a ser servidores leales y fieles, no como resultado de un juicio reflexivo, sino por una respuesta refleja de conformismo. Ésta es una forma muy sutil de eludir las complejidades morales e intelectuales inherentes a una actitud de cuestionamiento, y de rehuir las potenciales consecuencias dolorosas de esforzarse por que la bóveda del firmamento moral termine curvándose hacia la causa de la justicia.

Estamos familiarizados con esa clase de alternativas. Por eso distinguimos a los comisarios y los apparátchiki de los disidentes que asumen ese desafío y afrontan las consecuencias (unas consecuencias que varían en función de la naturaleza de la sociedad en cuestión). Muchos disidentes alcanzan la fama y un merecido reconocimiento, y el duro trato que reciben o recibieron es debidamente denunciado con fervor e indignación: ahí están Václav HavelAi WeiweiShirin Ebadi y otras figuras que componen una larga y distinguida lista. También es justo que condenemos a los apologistas de la sociedad mala, aquellos que no pasan de la ocasional crítica tibia a los “errores” de unos gobernantes cuyas intenciones califican global y sistemáticamente de benignas.

Hay otros nombres, sin embargo, que se echan en falta en la lista de los disidentes reconocidos: por ejemplo, los de los seis destacados intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, que fueron brutalmente asesinados por fuerzas salvadoreñas que acababan de recibir instrucción militar del Ejército estadounidense y actuaron siguiendo órdenes concretas de su Gobierno, satélite de Estados Unidos. De hecho, apenas si se les recuerda. Muy pocos conocen siquiera cómo se llamaban o guardan el menor recuerdo de aquellos sucesos. Las órdenes oficiales de asesinarlos no han llegado aún a aparecer en ninguno de los grandes medios de comunicación en Estados Unidos, y no porque fueran secretas: se publicaron con total visibilidad en los principales rotativos de la prensa española, por ejemplo.

No estoy hablando de algo excepcional. Se trata, más bien, de la norma. Aquellos hechos no tienen nada de inextricables. Son de sobra conocidos para los activistas que protestaron contra los horrendos crímenes promovidos por Estados Unidos en América Central, y también para los expertos que han estudiado el tema. En una de las entradas de The Cambridge History of the Cold War, John Coatsworth escribe que, desde 1960 hasta “la caída soviética en 1990, las cifras de presos políticos, de víctimas de torturas y de disidentes políticos no violentos ejecutados en América Latina superaron con mucho a las registradas en la Unión Soviética y sus satélites del este de Europa”.

Sin embargo, ese mismo panorama se dibuja justamente a la inversa según aparece tratado en los medios de comunicación y en las revistas de los intelectuales. Por poner sólo un ejemplo llamativo de los muchos posibles, diré que Edward Herman y yo mismo comparamos la cobertura que The New York Times había realizado del asesinato de un sacerdote polaco –cuyos asesinos fueron prontamente localizados y castigados– con la de los asesinatos de cien mártires religiosos en El Salvador –incluyendo al arzobispo Óscar Romero y a cuatro religiosas estadounidenses–, cuyos perpetradores permanecieron mucho tiempo ocultos a la justicia mientras las autoridades de Estados Unidos negaban los crímenes y las víctimas no recibían de su Gobierno más que el desprecio oficial. La cobertura informativa del caso del sacerdote asesinado en un Estado enemigo fue inmensamente más amplia que la dispensada al centenar de mártires religiosos asesinados en un Estado satélite de Estados Unidos, y también su estilo fue radicalmente diferente, muy en sintonía con las predicciones del llamado “modelo de propaganda” de explicación del funcionamiento de los medios de comunicación. Y ésta sólo es una ilustración entre muchas posibles de lo que ha sido un patrón constante a lo largo de muchos años.

También dentro del propio país hay diferencias terminológicas. Hubo, por ejemplo, intelectuales que protestaron contra la guerra de Vietnam por razones diversas. Por citar un par de destacados ejemplos que ilustran lo limitado que es el espectro de visión de la élite, el periodista Joseph Alsop se quejó en su día de que la intervención estadounidense estaba siendo demasiado contenida, mientras que Arthur Schlesinger replicó que una escalada probablemente no funcionaría y terminaría siendo demasiado costosa para nosotros. No obstante, añadió, “todos rezamos” por que Alsop tenga razón al considerar que la fuerza de Estados Unidos tal vez se imponga, y si lo hace, “puede que entonces todos reconozcamos la prudencia y el sentido de Estado del Gobierno estadounidense” para conseguir la victoria, aun a costa de dejar a aquel “desdichado país destruido y devastado por las bombas, calcinado por el napalm, convertido en un erial por los defoliantes químicos, reducido a ruinas y escombros”, y con un “tejido político e institucional” reducido a cenizas.

Y, sin embargo, a Alsop y a Schlesinger no se los llama “disidentes”. Más bien, se les considera un “halcón” y una “paloma”, respectivamente: dos figuras que marcan los extremos opuestos del espectro de lo que se entiende que es la crítica legítima a las guerras de Estados Unidos.

Por supuesto, también hay voces que caen fuera del espectro por completo, pero a ésas tampoco se las considera “disidentes”. McGeorge Bundy, consejero de Seguridad Nacional de Kennedy y de Johnson, dijo en un artículo para Foreign Affairs, una revista del establishment, que se trataba de “salvajes entre bastidores” que se oponen por principio a las agresiones estadounidenses, más allá de las cuestiones tácticas sobre su viabilidad y su coste.

Bundy escribió esas palabras en 1967, en un momento en que el implacablemente anticomunista historiador militar y especialista en Vietnam Bernard Fall, muy respetado por el Gobierno estadounidense y los círculos de opinión dominantes, temía que “Vietnam como entidad cultural e histórica […] esté corriendo peligro de extinción […] [ahora que] el campo se está muriendo literalmente bajo los impactos de la mayor maquinaria militar jamás desplegada contra un territorio de esa extensión”. Pero sólo los “salvajes entre bastidores” tenían la desfachatez de cuestionar la justicia de la causa estadounidense.

Al término de la guerra en 1975, intelectuales de todo el espectro de opinión dominante dieron sus interpretaciones de lo sucedido. Abarcaban todas las franjas del espectro Alsop-Schlesinger. Desde el extremo de las “palomas”, Anthony Lewis escribió que la intervención comenzó con una serie de “torpes esfuerzos bienintencionados” (“torpes” porque fracasaron, y “bienintencionados” por principio doctrinal, sin necesidad de demostración), pero hacia 1969 ya era obvio que la intervención era un error porque Estados Unidos “no podía imponer una solución sino a un precio demasiado costoso para sí mismo”.

Al mismo tiempo, los sondeos mostraban que en torno a un 70% de la población no consideraba que la guerra fuera “un error”, sino “intrínsecamente injusta e inmoral”. Pero, claro, como aquellos soldados de 1945 que empatizaban con el sufrimiento de los desdichados refugiados alemanes, los encuestados no son intelectuales.

Los ejemplos son los típicos. La oposición a la guerra alcanzó su pico máximo en 1970, después de la invasión de Camboya orquestada por el dúo Nixon-Kissinger. Justo entonces, el politólogo Charles Kadushin llevó a cabo un extenso estudio de las actitudes de los “intelectuales de la élite”. Y descubrió que, a propósito de Vietnam, éstos adoptaron una postura “pragmática” de crítica a la guerra por considerarla un error que acabó saliendo demasiado caro. Los “salvajes entre bastidores” ni siquiera contaban, perdidos entre el margen de error estadístico.

Puede que la mera servidumbre al poder no lo explique todo, desde luego. En ocasiones –muy escasas–, sí llegan a consignarse los hechos, aunque acompañados de un esfuerzo por justificarlos. En el caso de los mártires religiosos, el distinguido periodista estadounidense Nicholas Lemann, corresponsal de nacional de The Atlantic Monthly, revista de línea editorial “liberal” (de centroizquierda), aportó una explicación alternativa en una respuesta pretendidamente sarcástica a nuestro trabajo: “Esa discrepancia puede explicarse diciendo que la prensa tiende a concentrarse sólo en unas pocas cosas en cada momento concreto”, escribió Lemann, y “la prensa estadounidense estaba entonces centrada sobre todo en Polonia”.

La tesis de Lemann es fácil de contrastar examinando el índice de The New York Times, donde se puede ver que la duración de la cobertura informativa dispensada a los dos países fue prácticamente idéntica en ambos casos, e incluso un poco mayor en el de El Salvador. Pero, claro, en un contexto intelectual donde tienen cabida los “hechos alternativos”, detalles como ése poco parecen importar.

En la práctica, el término honorífico “disidente” está reservado a quienes son disidentes en Estados enemigos. A los seis intelectuales latinoamericanos asesinados, al arzobispo y a los otros muchos que, como ellos, protestan contra los crímenes de Estado en países satélites de Estados Unidos y son asesinados, torturados o encarcelados por ello, no se les llama “disidentes” (si es que llegan a ser mencionados siquiera).


Las guerras de Washington en Indochina fueron el peor crimen de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. El peor crimen del actual milenio es la invasión británico-estadounidense de Irak, con horrendas consecuencias en toda la región que aún distan mucho de llegar a un final. La élite intelectual también ha estado a su acostumbrada altura en esta ocasión. Barack fue muy elogiado por los intelectuales liberales de centroizquierda por posicionarse con las “palomas”. Según las palabras del presidente, “durante la última década, las tropas estadounidenses han realizado extraordinarios sacrificios para brindar a los iraquíes la oportunidad de reclamar para sí su futuro”, pero “la dura realidad es que todavía no hemos asistido al final del sacrificio americano en Irak”. La guerra fue un “grave error”, una “metedura de pata estratégica” con un coste más que excesivo para nosotros, una valoración que bien podría equipararse a la que muchos generales rusos hicieron en su día sobre la decisión soviética de intervenir en Afganistán.

Se trata de un patrón generalizado. No hace falta citar ningún ejemplo, pues hay sobrados estudios publicados al respecto, aunque éstos no parecen haber tenido el menor efecto en la doctrina de la élite intelectual.

De fronteras para dentro, no hay disidentes, ni tampoco comisarios ni apparátchiki. Sólo salvajes entre bastidores, por un lado, e intelectuales responsables –los considerados como los verdaderos expertos–, por el otro. La responsabilidad de los expertos la ha detallado uno de los más eminentes y distinguidos de todos ellos. Alguien es un “experto”, según Henry Kissinger, cuando “elabora y define” el consenso de su público “a un alto nivel” (entendiéndose como “público” aquellas personas que establecen el marco de referencia dentro del que los expertos ejecutan las tareas a ellos encomendadas).

Las categorías son bastante convencionales y se remontan al uso más temprano del concepto de “intelectual” en su sentido contemporáneo, durante la polémica del caso Dreyfus en Francia. La figura más destacada de los dreyfusards, Émile Zola, fue condenado a un año de cárcel por haber cometido la infamia de pedir justicia para el acusado en falso Alfred Dreyfus, y huyó a Inglaterra para evitar una pena mayor. Fue entonces duramente reprobado por los “inmortales” de la Academia Francesa. Los  dreyfusards eran auténticos “salvajes entre bastidores”. Eran culpables de “una de las excentricidades más ridículas de nuestro tiempo”, por decirlo con las palabras del académico Ferdinand Brunetière: “la pretensión de alzar a escritores, científicos, profesores y filólogos a la categoría de superhombres” que se atreven a “tratar de idiotas a nuestros generales, de absurdas a nuestras instituciones sociales, y de insanas a nuestras tradiciones”. Osaban entrometerse en asuntos que debían dejarse a los “expertos”, a “hombres responsables”, “intelectuales tecnocráticos y políticamente pragmáticos”, según reza la terminología contemporánea del discurso liberal de centroizquierda.

Pues bien, ¿cuál es, entonces, la responsabilidad de los intelectuales? Siempre pueden elegir. En los Estados enemigos, pueden optar por ser comisarios o por ser disidentes. En los Estados satélites de la política exterior estadounidense, en el período moderno, esa elección puede tener consecuencias indescriptiblemente trágicas para esas personas. En nuestro propio país, pueden elegir entre ser expertos responsables o ser salvajes entre bastidores.

Pero siempre existe la opción de seguir el buen consejo de Macdonald: “Qué maravillosa es la capacidad de poder ver lo que se tiene justo delante”, y tener simplemente la honradez de contarlo tal como es.

Rodrigo Córdoba Psicólogo Clínico Zaragoza. Psicoterapeuta. N° Col.:A1324    Teléfono: 653 379 269 Gran Vía 32. 3° izd.  Instagram: @psicoletrazaragoza                   Página Web: www.rcordobasanz.es

viernes, 4 de diciembre de 2020

Noam Chomsky y el Neoliberalismo

 


“El neoliberalismo destruyó a la política como refúgio de los más vulnerables”


Fuente:

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Entrevista a Noam Chomsky

 


El tipo de anarquismo en el que creo, y lo que está mal con los Libertarios

Noam Chomsky entrevistado por Michael S. Wilson

Se ha escrito tanto y discutido tanto acerca del Profesor Chomsky, que era un desafío pensar en algo nuevo para preguntarle, igual que cuando no se puede pensar en qué regalarle al abuelo para Navidad porque lo tiene todo.

Así que decidí ser un poco egoísta y preguntarle lo que siempre había querido preguntarle. Siendo un abierto anarquista viviente, de carne y hueso, yo quería saber cómo puede él alinearse con una posición política tan controvertida y marginal.

Michael S. Wilson: Usted es, -entre muchas cosas- un autoproclamado anarquista -anarcosindicalista, específicamente. La mayoría de la gente piensa que los anarquistas son punks marginados tirando piedras a las vidrieras, enmascarados lanzando bombas en forma de bola a gordos industriales. ¿Es esto una visión precisa? ¿Qué es la anarquía para usted?

Noam Chomsky: Bueno, el anarquismo es, en mi opinión, básicamente una especie de tendencia en el pensamiento humano que se manifiesta en diferentes formas en diferentes circunstancias, y tiene algunas características principales. Principalmente se trata de una tendencia que es sospechosa y escéptica de la dominación, la autoridad y jerarquía. Busca estructuras de jerarquía y dominación en la vida humana en todo los rangos, se extiende desde, digamos, las familias patriarcales hasta, por ejemplo, los sistemas imperiales, y se pregunta si esos sistemas están justificados. Asume que cualquier persona en una posición de poder y autoridad debe justificar esa posición. Su autoridad no es autojustificación. Deben dar una razón para su autoridad, una justificación. Y si no pueden justificar la autoridad, el poder y el control, que es el caso habitual, entonces la autoridad debe ser desmantelada y reemplazada por algo más libre y justo. Y, como yo lo entiendo, la anarquía es sólo esa tendencia. Toma diferentes formas en diferentes momentos.

El anarcosindicalismo es una variedad particular del anarquismo que pone especial atención, aunque no exclusivamente, al control sobre el trabajo, el lugar de trabajo, sobre la producción. Da por sentado que los trabajadores deben controlar su propio trabajo, las condiciones de trabajo, que deberían controlar las empresas en las que trabajan, junto con las comunidades, por lo que deberían estar asociados unos con otros en sociedades libres y democráticas. Esos deberían los elementos fundamentales de una sociedad libre. Y luego, ya sabe, las ideas se elaboran acerca de cómo eso debería manifestarse exactamente, creo que ese objetivo es el núcleo del pensamiento anarcosindicalista. Quiero decir que no es en absoluto el panorama que describiste – gente corriendo por las calles, rompiendo escaparates de las tiendas – el anarcosindicalismo es un diseño de una sociedad muy organizada, pero organizada desde abajo por la participación directa a todo nivel, con tan poco control y dominación como sea posible, tal vez ninguno.

Wilson: Con la aparente desaparición en curso del Estado capitalista, muchas personas están buscando otras maneras de ser exitosos, de dirigir sus vidas, y me pregunto qué diría usted que la anarquía y el sindicalismo tienen para ofrecer, que otras ideas, por ejemplo, el socialismo estatal – no han logrado ofrecer? ¿Por qué deberíamos escoger la anarquía, a diferencia de, digamos, el Libertarismo?

Chomsky: Bueno lo que se conoce como Libertarismo en los Estados Unidos, que es un fenómeno especial de Estados Unidos, permite un muy alto nivel de autoridad y dominación pero en las manos del poder privado: así que el poder privado se desata a hacer lo que quiera. La asunción es que por algún tipo de magia, el poder concentrado en manos privadas conducirá a una sociedad más libre y justa. En realidad eso se ha pensado en el pasado. Adam Smith, por ejemplo. Uno de sus principales argumentos para los mercados fue el clamor de que bajo las condiciones de perfecta libertad, los mercados conducirían a la igualdad perfecta. Bueno, ¡ya no tenemos ni que hablar de eso! Ese tipo de…

Wilson: Parece ser una afirmación continua hoy …

Chomsky: Sí, y bien ese tipo de libertarismo, en mi opinión, en el mundo actual, es sólo un llamado para algunos de los peores tipos de tiranía derivada, la tiranía privada impune. El anarquismo es muy diferente a eso. El anarquismo hace un llamamiento para la eliminación de la tiranía, todo tipo de tiranía. Incluyendo el tipo de tiranía que es inherente a las concentraciones de poder privadas. ¿Entonces por qué deberíamos preferilo? Bueno, yo creo que porque la libertad es mejor que la subordinación. Es mejor ser libre que ser un esclavo. Es mejor ser confiable para tomar tus propias decisiones que tener alguien más que toma decisiones y te obliga a observarlo. Quiero decir, no creo que realmente se necesite un argumento para eso. Parece… transparentemente claro.

Para lo que se necesita una discusión, y lo que se debería argumentar es, ¿cómo podemos proceder en esa dirección? Y hay un montón de maneras de hacerlo en la sociedad actual. Una forma, por cierto, es a través del uso del Estado, en la medida en que se controle democráticamente. Quiero decir, a la larga, a los anarquistas les gustaría ver el Estado eliminado. Pero existe, junto con el poder privado, y el Estado está, al menos en cierta medida, bajo el impacto y el control público – aunque podría ser mucho más. Y el Estado proporciona herramientas para limitar la fuerza mucho más peligrosa del poder privado. Normas de seguridad y salud en el lugar de trabajo, por ejemplo. O asegurarse de que las personas tienen una atención de salud decente, digamos, y muchas cosas así. No van a venir a través del poder privado. Muy por el contrario. Pero pueden venir a través del uso del sistema estatal bajo control democrático limitado… para llevar adelante medidas reformistas. Creo que esas son las cosas que hay que hacer. Deberíamos estar buscando mucho más allá – Una democratización real a mucho mayor escala. Y eso no es sólo posible pensarlo, nuestro objetivo es trabajar en ello. Así que uno de los principales pensadores anarquistas, Bakunin en el siglo 19, señaló que es muy factible construir las instituciones de una sociedad futura dentro de la actual. Y él estaba pensando en sociedades mucho más autocráticas que la nuestra. Y se ha hecho. Por ejemplo, las empresas controladas por los trabajadores -y la comunidad- son las semillas de una sociedad futura dentro de esta. Y esas empresas no sólo pueden desarrollarse, sino que están siendo desarrolladas actualmente. Hay un importante trabajo sobre esto realizado por Gar Alperovitz que está involucrado en los sistemas empresariales de todo el área de Cleveland que son controlados por los trabajadores y la comunidad. Hay un montón de discusiones teóricas de cómo podría funcionar, de diversas fuentes. Algunas de las ideas más elaboradas se encuentran en lo que se llama la “economía participativa”. Y hay otras. Se encuentran en nivel de planificación y desarrollo. Y en el nivel de aplicación práctica, hay pasos que se pueden tomar, mientras se presiona para superar lo peor … los grandes daños causados por la concentración del poder privado a través de la utilización del sistema estatal, mientras exista el sistema actual. Así que no hay escasez de medios para seguir.

En cuanto al Socialismo de Estado, depende de lo que uno quiera decir con ese término. Si se trata de la tiranía de la variedad bolchevique (y sus descendientes), no necesitamos detenernos ahí. Si se trata de un estado social democrático más expandido, entonces los comentarios anteriores aplican. Si es otra cosa, ¿entonces qué? Pondrá la toma de decisiones en manos de las personas y comunidades de trabajo, o en manos de alguna autoridad? Si es la segunda opción, entonces – una vez más – la libertad es mejor que la subyugación y requiere de una carga muy pesada de justificación.

Wilson: Muchas personas lo conocen a usted, debido al desarrollo del Modelo de Propaganda que describió junto a Edward Herman. ¿Podría describir brevemente ese modelo y por qué podría ser significativo para los estudiantes universitarios?

Chomsky: Bueno primero hay que mirar hacia atrás un poco – un pequeño marco histórico – volver a finales del siglo 19, principios del siglo 20, una buena dosis de libertad se ha ganado en algunas sociedades. En la cima de estas estaban de hecho los Estados Unidos y Gran Bretaña. De ninguna manera eran sociedades libres, pero para los estándares comparativos bastante avanzadas en este sentido. De hecho tan avanzadas, que “los sistemas de energía – estatales y privados – comenzaron a reconocer que estaban llegando a un punto en el que no podían controlar a la población por la fuerza tan fácilmente como antes, por lo que tendrían que recurrir a otros medios de control. Y esos medios son el control de las creencias y las actitudes. A partir de ahí se desarrolló la industria de relaciones públicas, que en esa época se describía a sí misma honestamente como una industria de propaganda.

El Manual de la Industria de Relaciones Públicas que escribió el gurú de la industria, Edward Bernays – que dicho sea de paso, no era un reaccionario, sino un liberal tipo Wilson-Roosevelt-Kennedy – en la década de 1920, fue titulado Propaganda. Y lo definió, con razón, como el objetivo de la industria. Dijo: Nuestro objetivo es asegurar que la “minoría inteligente” – y, por supuesto, cualquier persona que escribe sobre estas cosas es parte de la minoria inteligente, por definición, por estipulación-, sean las únicas personas capaces de dirigir las cosas, y existen esas grandes masas, las “masas sucias”, que, si se dejan solas sólo se meterán en problemas: así que, tenemos que, como él mismo dijo, “diseñar su consentimiento”, encontrar las formas de asegurar que ellos consientan nuestras órdenes y dominación. Y ese es el objetivo de la industria de las relaciones públicas. Y funciona de muchas maneras. Su negocio principal es la publicidad comercial. De hecho, Bernays construyó su reputación justamente en ese momento – en los años 20s – mediante la ejecución de una campaña publicitaria para convencer a las mujeres de fumar cigarrillos: las mujeres no estaban fumando, existe ese gran grupo de personas que la industria del tabaco no era capaz de matar, así que tenemos que hacer algo al respecto. Y dirigió exitosamente campañas con las que indujo a las mujeres a fumar: Eso sería, en términos modernos, lo correcto, ya sabe, esa es la manera de ser una mujer liberada moderna. Fue un gran éxito.

Wilson: ¿Existe una correlación entre esa campaña y lo que está sucediendo con la industria del petróleo y el cambio climático en este momento?

Chomsky: Estos son sólo algunos ejemplos. Estos son los orígenes de lo que se convirtió en una gran industria dedicada a controlar actitudes y opiniones. La industria del petróleo hoy en día, y de hecho el mundo de los negocios en general, se dedican a campañas similares para tratar de socavar los esfuerzos para hacer frente a un problema que es incluso mayor que el asesinato en masa que fue causado por la industria del tabaco. Fue un asesinato en masa y estamos frente a una amenaza, una amenaza seria, de un cambio climático catastrófico. Y no es broma. Y la industria petrolera trata de impedir las medidas para hacerle frente a corto plazo por sus propios intereses de lucro. Y eso incluye no sólo la industria del petróleo, sino la Cámara de Comercio Americana – líder en el cabildeo de negocios – y otros, que han declarado abiertamente que hacen… ellos no lo llaman propaganda … pero que financian campañas para convencer a la gente de que no hay amenaza real y no deberíamoshacer mucho al respecto, y que deberíamos concentrarnos en las cosas realmente importantes, como el déficit y el crecimiento económico – lo que ellos llaman “crecimiento” – y no preocuparnos por el hecho de que la especie humana está marchando hacia un acantilado que podría ser algo como la destrucción de la especie humana; o al menos la destrucción de la posibilidad de una vida digna para gran número de personas. Y hay muchas otras correlaciones.

De hecho en general, la publicidad comercial fundamentalmente es un intento de socavar los mercados. Deberíamos reconocer eso. Si usted ha tomado un curso de economía, sabe que los mercados, se supone, deben estar basados en que consumidores informados toman decisiones racionales. Eche una mirada al primer anuncio que aparezca en la televisión y pregúntese… ¿es ese el objetivo de la publicidad? No, no lo es. Su objetivo es crear consumidores desinformados que toman decisiones irracionales. Y estos mismos principios son las bases de las campañas políticas. Es más o menos lo mismo: Socavan la democracia al conseguir que la gente tome decisiones desinformadas e irracionales. Y esta es sólo una parte de la industria de relaciones públicas. Lo que Herman y yo estábamos discutiendo es otro aspecto de todo el sistema de propaganda que se desarrolló aproximadamente en esa época, y es eso de la “fabricación del consentimiento”, como se le llamaba, consentimiento para las decisiones de nuestros líderes políticos, o los líderes de la economía privada, para tratar de asegurar que las personas tengan las creencias correctas y que no traten de comprender la forma en que las decisiones se toman. Eso no sólo puede perjudicarles, sino que también daña a otros. Eso es propaganda en el sentido normal. Y por lo que estábamos hablando de los medios de comunicación y la comunidad intelectual del mundo en general, que está en gran medida dedicada a este. No es que las personas se vean así mismas como propagandistas, pero… ellos mismos están profundamente adoctrinados en los principios del sistema, lo que evita que perciban muchas cosas que están realmente justo en la superficie. Eso sería subversivo al poder si fuera entendido. Damos un montón de ejemplos y hay muchos más que se podrían mencionar hasta el momento actual, cruciales de hecho. Eso es una gran parte de un sistema general de adoctrinamiento y control que corre paralelo al control de actitudes y los compromisos consumistas … y otros dispositivos para controlar personas.

Usted ha hablado de los estudiantes antes. Pues uno de los principales problemas para los estudiantes de hoy – un gran problema – son matrículas muy elevadas. ¿Por qué nos tenemos matrículas completamente fuera de lugar comparado con los demás países, incluso con nuestra propia historia? En la década de 1950 los Estados Unidos era un país mucho más pobre de lo que es hoy en día, y sin embargo, la educación superior era más o menos gratis o a bajo costo o sin cargos para un gran número de personas. No ha un cambio económico años que justifique que ahora tengamos colegiaturas muy caras, mucho más que cuando éramos un país pobre. Y para remachar el clavo aún más claramente, si nos fijamos en las fronteras, México es un país pobre y sin embargo, tiene un buen sistema educativo con matrícula gratuita. Hubo un intento por parte del Estado mexicano para aumentar la matrícula, tal vez hace unos 15 años más o menos, y hubo una huelga estudiantil nacional que contó con un gran apoyo popular, y el gobierno dio marcha atrás. Ahora eso mismo ocurrió recientemente en Quebec, en nuestra otra frontera. Al otro lado del océano: Alemania es un país rico. Matrícula gratuita. Finlandia tiene el sistema de educación más alto del ranking mundial. Gratis… Prácticamente gratis. Así que no creo que se pueda argumentar que hay necesidades económicas detrás del increíble aumento de la matrícula. Creo que estas son decisiones sociales y económicas tomadas por las personas que establecen las políticas. Y estas decisiones van de la mano, en mi opinión, de una reacción que se desarrolló en la década de 1970 contra las tendencias liberadoras de la década de 1960. Los estudiantes llegaron a ser mucho más libres, más abiertos, estaban presionando contra a la guerra, por los derechos civiles, los derechos de las mujeres … y el país se estaba volviendo demasiado libre. De hecho, los intelectuales liberales condenaron esto, lo llamaron una “crisis de la democracia”: Tenemos que tener más moderación de la democracia. Pidieron, literalmente, un mayor compromiso con el adoctrinamiento de los jóvenes, su condena … Tenemos que hacer las instituciones responsables del adoctrinamiento de los jóvenes cumplan su trabajo, para evitar toda esta libertad e independencia. Y muchos cambios ocurrieron después de eso. No creo que tengamos suficiente documentación para demostrar las relaciones causales, pero se puede ver lo que pasó. Una de las cosas que sucedieron fue el control de los estudiantes – de hecho, el control de los estudiantes durante el resto de sus vidas, simplemente atrapándolos en deudas. Esa es una tecnología muy eficaz de control y adoctrinamiento. Y sospecho – aunque no lo puedo probar – pero sospecho que esa es en gran parte, la razón detrás de las altas colegiaturas. Muchas cosas sucedieron en paralelo además. Toda la economía ha cambiado de manera significativa para concentrar el poder, para socavar los derechos y la libertad de los trabajadores. De hecho, el economista que presidió la Reserva Federal en torno a los años de Clinton, Alan Greenspan – San Alan como era llamado entonces, el gran genio de la profesión económica que dirigía la economía, altamente honrado – orgullosamente testificó ante el Congreso que la base para la gran economía era que estaba ejecutando era lo que llamó “la creciente inseguridad de los trabajadores.” Si los trabajadores son más inseguros, no van a hacer cosas como pedir mejores salarios y mejores beneficios. Y eso es saludable para la economía desde un cierto punto de vista, el punto de vista que dice que los trabajadores deben ser oprimidos y controlados, y que la riqueza debe estar concentrada en unos pocos bolsillos. Así que sí, esa es una economía sana, y necesitamos incrementar la inseguridad en los trabajadores, e incrementar la inseguridad en los estudiantes, por razones similares. Creo que todas estas cosas se alinean como parte de reacción general – una reacción de ambos partidos, por cierto – contra las tendencias liberadoras que se manifiestaron en los años 60 y han continuado desde entonces.

Wilson: Finalmente, me pregunto si usted podría finalizar con algunos consejos para los estudiantes universitarios de hoy.

Chomsky: Hay un montón de problemas en el mundo de hoy, y los estudiantes se enfrentan a muchos de ellos, incluyendo los que he mencionado – el desempleo, la inseguridad, etcétera. Sin embargo, uno revisa el otro lado, ha habido progreso. En muchos aspectos las cosas son mucho más libres y avanzadas de lo que eran … no hace muchos años. Muchas cosas que eran realmente temas de lucha, incluso algunas que eran apenas mencionables en la década de 1960, están ahora … parcialmente resueltas. Cosas como los derechos de las mujeres, derechos de los homosexuales, la oposición a la agresión, la preocupación por el medio ambiente – que está muy lejos de donde debería estar, pero mucho más allá que en la década de 1960. Estas victorias para la libertad no fueron regalos desde arriba. Fueron ganadas por personas que lucharon en condiciones mucho más duras que las actuales. En la actualidad existe la represión estatal, pero no se puede comparar con, digamos, Cointelpro en los años 1960. La gente no sabe sobre eso debería leer y pensar para averiguarlo. Y eso deja un montón de oportunidades. Los estudiantes son relativamente privilegiados en comparación con el resto de la población. Ellos están en un período de sus vidas donde son relativamente libres. Bien, eso proporciona toda clase de oportunidades. En el pasado, esas oportunidades han sido aprovechadas por los estudiantes que con frecuencia han estado en la vanguardia del cambio progresista, y tienen muchas más oportunidades ahora. Nunca va a ser fácil. Habrá represión. Habrán repercusiones. Pero esa es la forma en la sociedad se mueve hacia adelante.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. Pensador. Tfno.: 653379269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: Página Web Psicólogo Zaragoza

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. N° Col.: A-1324 Teléfono: 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: Psicólogo Zaragoza