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martes, 16 de febrero de 2021

" El Arte de ser Feliz"

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. N° Col.: A-1324 rcordobasanz@gmail.com Tfno.: 653 379 269 Página Web: www.rcordobasanz.es

SER FELICES

La felicidad esta en tu consciencia

Si estás dormido, el placer es la felicidad. Lo que llamamos «felicidad» depende de la persona. Para la persona dormida, las sensaciones placenteras son la felicidad. La persona dormida vive cambiando de un placer a otro. Se precipita de una sensación a otra. Vive para las pequeñas emociones; lleva una vida muy superficial. No tiene profundidad, no tiene calidad. Vive en el mundo de la cantidad.

Ser feliz es cosa tuya. Es una elección que tú haces, y realmente es así de simple. Nadie más que tú es responsable de su felicidad, y nadie más que tú puede elegir ser feliz.

La felicidad está en la naturaleza del ser humano. No tienes que preocuparte en absoluto por la felicidad; ya existe. Está en tu corazón; simplemente tienes que dejar de ser infeliz, tienes que detener el mecanismo de funcionamiento que crea la infelicidad.

Ahora es el único tiempo y aquí es el único espacio. Y de repente el cielo desciende sobre ti. Eso es la dicha. Eso es la verdadera felicidad.

Veamos las famosas reglas de Schopenhauer sobre la felicidad...

FELICIDAD SCHOPENHAUER

Reglas sacadas del «El arte de ser feliz»

Desde 1822, Schopenhauer comenzó a recopilar sentencias, máximas, apotegmas y reglas para vida de pensadores y escritores en un cuaderno especialmente previsto para ello. El resultado final es «El arte de ser feliz», una verdadera joya excluida de su legado filosófico al no ser grato buscar consejos sobre la felicidad entre las advertencias de un maestro del pesimismo.

REGLAS PARA LA FELICIDAD

Reglas para la felicidad de Schopenhauer

Regla Número 1

Todos entramos en mundo llenos de aspiraciones a la felicidad y al goce y conservamos la insensata esperanza de realizarlas, hasta que el destino nos atrapa rudamente y nos muestra que nada es nuestro, sino que todo es suyo. Luego viene la experiencia y nos enseña que la felicidad y el goce son meras quimeras que nos muestran una ilusión en las lejanías, mientras que el sufrimiento y el dolor son reales, que se manifiestan a sí mismos inmediatamente sin necesitar la ilusión y la esperanza.

Lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de no estropearlo con un anhelo incesante de felicidades imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar en manos del destino.

Regla Número 2

“Nunca serás feliz si te atormenta que algún otro es más feliz que tú” Séneca

“Cuando piensas cuántos se te adelantan, ten en cuenta cuántos te siguen” Séneca

No hay nada más implacable y cruel que la envidia: y sin embargo, ¡nos esforzamos incesante y principalmente en suscitar envidia!

Regla Número 3

Sólo podemos alcanzar con seriedad y fortuna un único propósito, trátese del placer, del honor, la riqueza, la ciencia, el arte o la virtud, si abandonamos todas las exigencias que le son ajenas, si renunciamos a todo lo demás. Por eso el mero querer, y también poder, por sí mismos aún no bastan, sino que un hombre también debe saber lo que quiere, y debe saber lo que puede hacer. Sólo así dará pruebas de su carácter, y sólo entonces puede realizar algo.

Sin embargo, envidiará a más de uno por su situación y circunstancias, cuando éstas solo son apropiadas para el carácter de esos otros y no para el suyo, y en las que se sentiría infeliz y ni siquiera las soportaría. Pues tal como el pez solo se siente bien en el agua, el pájaro en el aire y el topo debajo de la tierra, así todo ser humano sólo se siente bien en el ambiente que le es apropiado; por ejemplo, el aire de la corte no es respirable para cualquiera.

Cuando hemos reconocido de una vez por todas nuestros fallos y deficiencias lo mismo que nuestras características buenas y capacidades, y hemos puesto nuestras metas de acuerdo con ellas, conformándonos con el hecho de que ciertas cosas son inalcanzables, entonces evitamos de la manera más segura el sufrimiento más amargo, que es el descontento con nosotros mismos como consecuencia inevitable del desconocimiento de la propia individualidad, de la falsa presunción y la arrogancia que resulta de ella.

Regla Número 4

Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende.

Regla Número 5

Todo júbilo desmesurado se basa siempre en la ilusión de haber encontrado algo en la vida que de hecho no se puede hallar en ella, a saber, una satisfacción permanente de los deseos o preocupaciones que nos atormentan y que renacen constantemente. De cada una de estas ilusiones hay que retornar más tarde inevitablemente a la realidad y pagarla, cuando desaparece, con la misma cuantía de amargo dolor que tenía la felicidad causada por su aparición.

En este sentido se parece bastante a un lugar elevado al que se ha subido y del que sólo se puede bajar dejándose caer. Por eso habría que evitar las ilusiones, pues cualquier dolor excesivo que aparece repentinamente no es más que la caída desde semejante punto elevado, o sea, la desaparición de una ilusión que lo ha producido. Por consiguiente podríamos evitar ambos, si fuéramos capaces de ver las cosas siempre claramente en su conjunto y en su contexto y de cuidarnos de creer que realmente tienen el color con el que desearíamos verlas.

“Recuerda que en tiempos arduos hay que conservar la ecuanimidad, lo mismo que en buenos un ánimo que domina prudentemente la alegría excesiva” Horacio

“Pues mientras nos falta lo que deseamos, nos parece que supera a todo en valor; pero cuando fue alcanzado, se presenta otra cosa, y así siempre estamos presos de la misma sed, nosotros que anhelamos la vida” Lucrecio

Regla Número 6

Debemos vivir no como queremos, sino como podemos.

Regla Número 7

Hay que reflexionar a fondo sobre una cosa antes de emprenderla, pero, una vez que se ha llevado a cabo y se pueden esperar los resultados, no hay que angustiarse con repetidas consideraciones de los posibles peligros, sino desprenderse del todo del asunto, mantener el cajón del mismo cerrado en el pensamiento y tranquilizarse con la convicción de que en su momento se ha ponderado todo exhaustivamente. Si el resultado, no obstante, llega a ser malo, ello se debe a que todas las cosas están expuestas al azar y al error.

Regla Número 8

“El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor” Aristóteles

Regla Número 9

Cuando estamos alegres no debemos pedirnos permiso para ello con la reflexión de si a todas luces tenemos motivos para estarlo.

Nada hay que pueda sustituir tan perfectamente como la alegría a cualquier otro bien. Cuando alguien es rico, joven, bello y famoso, hay que preguntarse si además es alegre para enjuiciar su felicidad; mas a la inversa, si es alegre, no importa si es joven, viejo, pobre o rico: es feliz. Por ello debemos abrir todas las puertas a la alegría, cuando sea que llegue.

Regla Número 10

Se podría decir que buena parte de la sabiduría de la vida se basa en la justa proporción entre la atención que prestamos en parte al presente y en parte al futuro para que la una no pueda estropear a la otra.

Para no perder la serenidad de toda nuestra vida ante males inciertos o indefinidos, debemos acostumbrarnos a ver los primeros como si nunca llegaran y a los segundos como si con seguridad no acaecerían en el momento actual.

Regla Número 11

Un hombre que se mantiene sereno ante todos los accidentes de la vida, sólo muestra que sabe cuán inmensas y diversas son las posibles contrariedades de la vida y que, por eso contempla un mal presente como una pequeña parte de aquello que podría venir; y a la inversa, quien sabe esto último y lo tiene en cuenta, siempre mantendrá la serenidad.

Regla Número 12

Lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable; si lo conseguimos sabemos apreciarlo y nos cuidamos mucho de no estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con ansiosas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto, que de todos modos está en manos del destino, por mucho que forcejemos.

Regla Número 13

Hay que poner riendas a la fantasía. Si nos pintamos en la fantasía posibles sucesos felices y sus consecuencias, sólo nos hacemos la realidad aún más insoportable, construimos castillos en el aire y después los pagamos caros con la decepción. Pero el pintarse posibles infortunios puede tener consecuencias aún peores: puede convertir la fantasía, como dice Gracián, en nuestro verdugo casero.

Cuando alguna desventura ya nos amenaza realmente, a menudo la fantasía se dedica a recrearla pintándola siempre más grande, acercándola más y haciéndola más terrible de lo que es.

Regla Número 14

No hay que entregarse a grandes júbilos ni a grandes lamentos ante ningún suceso, porque la variabilidad de todas las cosas puede modificarlo por completo en cualquier momento; en cambio, disfrutar en todo momento el presente lo más alegremente posible: esta es la sabiduría de la vida. Pero la mayoría de las veces hacemos lo contrario: Los planes y las preocupaciones cara al futuro, o también la nostalgia del pasado nos ocupan tan plena y constantemente que casi siempre menospreciamos y descuidamos el presente. Y, sin embargo, sólo éste es seguro, mientras que el futuro y también el pasado casi siempre son diferentes de cómo los pensábamos. Engañándonos de esta manera, nos privamos de toda la vida.

Regla Número 15

Debemos poder abstraer, debemos pensar, arreglar, disfrutar, sufrir cada cosa en su momento, sin preocuparnos de todo lo demás; tener, por así decirlo, cajones para nuestros pensamientos, donde abrimos uno y cerramos todos los demás. Así, una grave preocupación no nos destruirá cualquier pequeño placer actual privándonos de todo sosiego; una reflexión no desplazará a otra; la preocupación por un asunto grande no alterará en todo momento la preocupación por cien asuntos pequeños.

Regla Número 16

El necio corre detrás de los placeres de la vida y se ve engañado, porque los males que quería evitar son muy reales; y si ha dado un rodeo demasiado grande para evitarlos abandonando algunos placeres innecesariamente, no ha perdido nada, porque todos los placeres son quimeras. Sería indigno y ridículo lamentarse de placeres perdidos.

Regla Número 17

Debemos intentar conseguir que veamos aquello que poseemos con la misma mirada como lo estaríamos mirando si alguien nos lo quitara; sea lo que sea, propiedad, trabajo, salud, amigos, esposa o hijos, la mayoría de las veces sólo sentimos su valor después de haberlos perdido.

Al mirar todo aquello que no poseemos solemos pensar ¿cómo sería si eso fuese mío?, y de este modo llegamos a sentir la falta. En lugar de ello, ante las cosas que poseemos deberíamos pensar a menudo ¿cómo sería si perdiera esto?.

Regla Número 18

Observar más a menudo a los que se encuentran peores que a los que parecen estar mejores en comparación con nosotros. Para nuestros verdaderos males no hay consuelo más eficaz que la observación de sufrimientos mucho más grandes de otros.

Regla Número 19

“La riqueza acorde con la naturaleza está delimitada y es fácil de conseguir. Pero la de las vanas ambiciones se derrama al infinito” Epicuro

Regla Número 20

La actividad, el emprender algo o incluso sólo aprender algo es necesario para la felicidad del ser humano. Quiere poner en acción sus fuerzas y percibir de alguna manera el éxito de estas actividades.

Por eso, durante largos viajes de recreo, uno se siente a veces muy infeliz. Esforzarse y luchar contra algo que se resiste es la necesidad más esencial de la naturaleza humana. La inmovilidad, que sería plenamente suficiente para el placer tranquilo, le resulta imposible; superar obstáculos es el placer más completo de su existencia, para él no hay nada mejor.

Regla Número 21

Al menos nueve décimos de nuestra felicidad se basan únicamente en la salud. Porque de ésta depende en primer lugar el buen humor. Donde está presente, parece que las circunstancias externas desfavorables y hostiles se soportan mejor que las más felices cuando un estado enfermizo nos pone de mal humor o nos angustia.

Lo que produce nuestra felicidad o desgracia no son las cosas tal como son realmente en la conexión exterior de la experiencia, sino lo que son para nosotros en nuestra manera de comprenderlas.

Con salud todo puede ser una fuente de placer. Por eso un mendigo sano es más feliz que un rey enfermo. De ello se sigue que la mayor de las necedades consiste en sacrificar la salud a lo que sea, adquisiciones, erudición, fama, promoción,…

Regla Número 22

Algo agradable a lo que hemos renunciado después de reflexionar, nos excita al verlo; un juicio nos hiere aunque conocemos su incompetencia; una ofensa nos enfurece aunque somos conscientes de su bajeza; la falsa apariencia de la presencia real de un peligro pesa más que cien buenas razones contra su existencia,…

Lo mejor es neutralizar una impresión por medio de otra contraria, por ejemplo, la impresión de una ofensa, por medio de encuentros con aquellos que nos tienen en alta estima; la impresión de un peligro que amenaza, por medio de la observación real de lo que actúa en contra de él.

Regla Número 23

El predominio del intelecto sobre la voluntad, puesto que ésta siempre causa mucho sufrimiento y poca felicidad verdadera, el gran vigor y capacidad del intelecto que expulsa el aburrimiento y hace al ser humano interiormente rico, que logra infinitamente más que todas las distracciones que la riqueza puede comprar, además, un ánimo contento y razonable, estas son las cosas que importan mucho.

Puesto que nuestra vida no es inconsciente como la de las plantas, sino consciente y tiene como base y condición una conciencia, es evidente que la condición y el grado de plenitud de esta conciencia es lo más esencial para una vida agradable o desagradable.

Regla Número 24

Habitualmente tratamos de serenar el gris del presente especulando sobre posibilidades favorables y nos inventamos cien esperanzas ilusas que todas ellas están preñadas de una decepción si permanecen incumplidas. En lugar de ello haríamos mejor en tomar todas las posibilidades malas como objeto de nuestra especulación, lo cual nos motivaría en parte a tomar precauciones para prevenirlas, en parte daría lugar a sorpresas agradables si no se cumplen.

Regla Número 25

Una de las insensateces mayores y más frecuentes es hacer amplios preparativos para la vida, no importa de qué tipo sean. En relación con ellos también se calcula al principio la plena duración de una vida humana a la que, sin embargo, sólo muy pocos alcanzan.

Pero además, aunque vivieran tanto tiempo, es demasiado corta para los planes, porque su realización siempre requiere más tiempo del que se suponía. Por añadidura, como todos los asuntos humanos, están expuestos al fracaso y a los obstáculos a tal punto que raras veces se los puede llevar a término; y, si, finalmente, se ha logrado todo, no se ha tenido en cuenta que el ser humano mismo cambia con los años y que no conserva todas las capacidades para los esfuerzos ni para disfrutar.

El propósito que uno ha perseguido trabajando toda su vida, le resulta imposible disfrutarlo en la vejez; no es capaz de llenar la posición alcanzada con tantos esfuerzos, es decir, las cosas llegan demasiado tarde para él. O, a la inversa, él llega demasiado tarde a las cosas si había querido lograr y realizar algo relevante, porque el gusto de la época ha cambiado, la nueva generación no se interesa por ello; otros se han anticipado por caminos más cortos.

«¿Por qué esfuerzas a tu espíritu demasiado débil para planes eternos?» Horacio

El motivo de esta frecuente equivocación es el natural engaño según el cual la vida, vista desde su comienzo, parece infinita, o cuando se mira atrás, desde el final del camino, parece extremadamente breve. Sin duda, este engaño tienen su lado bueno, porque sin él difícilmente se llegaría a hacer algo grande.

Regla Número 26

En realidad, uno sólo disfruta de sí mismo; si el yo mismo no vale mucho entonces todos los placeres son como los vinos deliciosos en una boca con regusto a hiel. Como los grandes enemigos de la felicidad humana son dos, el dolor y el aburrimiento, la naturaleza también dio a los seres humanos una protección contra ambos: contra el dolor (que mucho más frecuentemente es espiritual que físico) la felicidad, y contra el aburrimiento, el espíritu. Sin embargo, ambos no están emparentados y, en los grados más altos, probablemente incluso son incompatibles. El genio es pariente de la melancolía, y los ánimos muy alegres sólo tienen capacidades espirituales superficiales. Por eso, cuanto mejor una naturaleza está armada contra uno de estos males, tanto peor suele estarlo contra el otro. Ninguna vida puede permanecer del todo libre de aburrimiento y dolor.

Ahora bien, significa un favor del destino cuando un ser humano vive expuesto a aquel de los dos males contra el que la naturaleza le ha armado mejor, o sea, si manda mucho dolor allí donde hay mucha felicidad para soportarlo, y mucho ocio libre allí donde hay mucho espíritu; pero no a la inversa. Porque el espíritu hace sentir el dolor de manera doble y múltiple; y para una mente feliz sin espíritu, la soledad y el ocio sin ocupación son del todo insoportables.

Regla Número 27

Entre lo que uno tiene están principalmente los amigos. Mas esta posesión tiene la particularidad de que el poseedor tiene que ser en la misma medida propiedad del otro. En un libro de huéspedes del siglo XVII, que pertenecía a los reyes de Sajonia y se encuentra en el castillo de caza de Moritzburg, se puede leer:

Amor verdadero;
Amistad duradera;
Y todo lo demás, al diablo.

Regla Número 28

La felicidad no es cosa fácil. Es muy difícil encontrarla dentro de nosotros mismos, e imposible encontrarla en otra parte.

«Es difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible encontrarla en otro lugar».

Arthur Schopenhauer

domingo, 31 de enero de 2021

Trastorno Límite de Personalidad

 


Su nombre, trastorno límite de la personalidad, genera, para quienes no son expertos en la materia, cierta confusión y angustia, sensaciones que parecen minimizarse si se sustituye esa denominación por la de trastorno por inestabilidad emocional.

Se trata de un cuadro clínico que se presenta en el desarrollo de la personalidad, como una especie de inmadurez, y que se caracteriza por“cambios emocionales muy bruscos- inestabilidad afectiva- conductas impulsivas- accesos de ira o autolesiones- y un trastorno global de la identidad”, detalla a ELPLURAL.COM el doctor José Luis Carrasco, director científico de la Unidad de Personalidad y Comportamiento del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirónsalud de Madrid.

Todo ello implica enfrentamientos con la familia, fracaso escolar y adicciones, a las drogas o de tipo pasional-sexual. En algunos casos, además, “hay intentos de suicidio, cortes o ingesta de pastillas”, apunta este especialista.

Se trata y se cura

Es importante, sin embargo, tener en cuenta que el TLP “no es una forma de ser, sino un estado puntual, por lo que no es para toda la vida”, subraya este psiquiatra. Por tanto, “no se es un TLP, com tantas veces se afirma, sino que se tiene un TLP”. Esto implica que este trastorno se puede tratar y se puede curar.

La forma de abordarlo combina el tratamiento farmacológico y psicológico. “En las fases agudas, de mucha inestabilidad emocional y conductual, se emplean fármacos para disminuir los síntomas, los accesos de rabia o tristeza”, afirma el doctor Carrasco.

Es necesario templar esa impulsividad y agresividad que, “generalmente es contra ellos mismos, pero que otras muchas veces es también contra objetos, puertas o personas de su entorno cercano”, sostiene. No obstante, es importante dejar claro que esto no significa que las personas con TLP sean peligrosas.

La psicoterapia, por su parte, está enfocada a lo relativo a “la identidad, la inseguridad, la necesidad excesiva de estima, la empatía y la relaciones con los demás”, apunta este médico. Del mismo modo, se trabaja también a nivel familiar para “mejorar, desde el apego y la afectividad, las dinámicas y los conflictos que puedan existir”, añade.

Cuando el TLP se ha quitado, “cada uno es como es, pero eso ya no es un trastorno. El resto de síntomas desaparece”.

Poner límites

A los pacientes con Trastorno Límite de Personalidad es importante ponerles límites, aunque en este punto, el doctor Carrasco puntualiza que “como atodos los adolescentes”. “Son edades en las que tienden a saltárselos, pero son imprescindibles, porque “sin límites no hay desarrollo de la personalidad ”, insiste.

Este especialista del Hospital Ruber Juan Bravo recalca que “no deben confundirse los límites con las normas”. Los primeros “han de ser pocos, pero muy claros. Son induscutibles y hacen referencia a lo que no se puede hacer”, matiza.

Las segundas, necesarias, sobre todo, antes de la adolescencia, están más relacionadas con “la cultura, y los valores familiares y con lo que se debería hacer”, explica este psiquiatra, y “serían discutibles en todo caso en la adolescencia tardía”.

Factores desencadenantes

El TLP suele presentarse entre los 16 y los 22 años, que es “cuando vemos la mayoría de los casos, porque ya se manifiestan”, explica el doctor Carrasco. En él influyen distintos aspectos: factores de vulnerabilidad biológica, en parte heredados y en parte fruto del desarrollo de las áreas del sistema nervioso central relacionadas con la regulación de las emociones que se da en edades muy tempranas de la vida y factores externos, vinculados a la afectividad de los padres, el trato en el colegio y el consumo de cannabis entre los 13 y los 14 años.

Hay algunos casos de Trastorno Límite de Personalidad de aparición tardía,“personas que, teniendo cierta vulnerabilidad, se han ido adaptando porque les ha ido bien, pero que a raíz de algún acontecimiento que rompe algo, sufren un desmoronamiento de la personalidad”, apunta el director científico de la Unidad de Personalidad y Comportamiento de este centro madrileño. Ahora bien, “son los menos”.

Llegando al diagnóstico

Solo debe determinarse que un joven padece TLP cuando “se cumplen los criterios diagnósticos y se ha hecho un buen diagnóstico diferencial a través de evaluaciones y estudios de personalidad completo”, si bien es cierto que “comparte algunos síntomas con otros trastornos mentales”, concluye el doctor Carrasco. ARTÍCULO EXTERNO

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N° Col.: A-1324 Zaragoza. Teléfono: +34 653 379 269 rcordobasanz@gmail.com.                                Página Web: Psicólogo Zaragoza


sábado, 30 de enero de 2021

Siddhartha Gautama

 


Siddhartha Gautama o Buda, nos dejó un legado de gran sabiduría. Entre tantas, 13 consejos para aquellos que están experimentando tiempos difíciles. Hay, según Buda, una forma de vivir estos momentos, una manera más tranquila y el secreto tiene que ver con la actitud.

1. LAS COSAS SON LO QUE SON.
Nuestra resistencia a las cosas es la principal causa de nuestro sufrimiento. Esto sucede cuando nos resistimos a las cosas como son. Si no puedes hacer nada, relajarte. No luches contra la corriente, acéptalo o de lo contrario serás consumido en el sufrimiento.

2. SI CREES QUE TIENES UN PROBLEMA, TIENES UN PROBLEMA.
Ten en cuenta que todo lo que se ve a través de una perspectiva. En un determinado momento las cosas parecen difíciles, en otros no. Sabiendo esto, cuando tengas una dificultad escoge entenderla como un reto, una oportunidad de aprendizaje. Si lo ves como un problema, esta dificultad será sin duda un problema.

3. EL CAMBIO COMIENZA EN TI MISMO.
Su mundo exterior es un reflejo de su mundo interior. Tenemos la costumbre de pensar que todo estará bien cuando las circunstancias cambian. La verdad, sin embargo, es que las circunstancias cambiarán sólo cuando se produce este cambio dentro de nosotros.

4. NO HAY MAYOR APRENDIZAJE QUE EQUIVOCARSE.
El fracaso no existe!!! Entiende esto de una vez por todas. Todas las personas exitosas han fracasado varias veces. Disfruta de tus fracasos como una gran experiencia de aprendizaje. Si lo haces, la próxima vez estarás más cerca del éxito. El fracaso es siempre una lección de aprendizaje.

5. SI ALGO NO SUCEDE COMO ESTABA PREVISTO, SIGNIFICA QUE LO MEJOR ESTA POR LLEGAR.
Todo sucede a la perfección, incluso cuando las cosas van mal. A menudo, cuando miramos hacia atrás, nos damos cuenta de que lo que consideramos malo, de hecho, fue lo mejor que pudo haber pasado. Sin embargo, cuando funciona, sin duda estamos alineados con nuestro propósito de vida. El universo siempre trabaja a nuestro favor.

6. APRECIA EL PRESENTE.
Sólo tenemos el momento presente! Así que no lo dejes ir perdiendo el tiempo con el pasado. Apreciar tu momento presente, ya que es lo único importante. Es a partir de el cuándo crea que su vida futura.

7. DEJA EL DESEO DE LADO.
La mayoría de la gente vive la vida guiada por los deseos. Esto es extremadamente peligroso, un deseo no satisfecho se convierte en una gran frustración. La frustración desencadena una fuerte energía negativa y se retrae su crecimiento. Trata de entender que todo lo que necesita vendrá a ti para cultivar su felicidad incondicional.

8. COMPRENDE TUS MIEDOS Y SE AGRADECIDO.
El miedo es lo contrario del amor y es otra cosa que dificulta tu desarrollo. Sin embargo es importante, ya que proporciona una gran oportunidad para el aprendizaje. Cuando se vence el miedo, se vuelve más fuerte y confiado. Superar sus miedos requiere práctica, el miedo es sólo una ilusión y, sobre todo, es opcional.

9. EXPERIMENTA ALEGRIA.
Hay personas que disfrutan de todo lo que les sucede a ellos. Incluso en la peor situación, hay que reírse de sí mismos. Ellos son personas que ven el crecimiento en todo. Estas personas aprendieron que es importante centrarse en la alegría, no en las dificultades. El resultado es que atraen a situaciones mucho más felices que tristes.

10. NUNCA TE COMPARES CON LOS DEMAS.
Sólo se vino aquí con una misión propia. Y es tan importante como cualquier otra persona. Sin embargo, si no puedes evitar comparaciones, compararte con los que tienen menos que tú. Esta es una gran estrategia para darse cuenta de que siempre has tenido mucho más de lo que necesitas para ser feliz.

11. NO ERES UNA VICTIMA.
Siempre eres el creador de tu experiencia. Todo lo que te sucede es atraído por ti mismo y extremadamente necesario para tu aprendizaje. Cuando algo desagradable te suceda, da gracias y pregunta: “¿Por qué he atraído eso a mi vida?”, “¿Qué necesito para aprender de esta experiencia?”.

12. TODO CAMBIA.
Todo en esta vida es dinámico, todo cambia en un segundo. Así que no vivas lamentándote. Si no sabes qué hacer, no hagas nada. El universo no para de cambiar, crecer y expandirse, así que espera, porque todo pasará.

13. TODO ES POSIBLE.
Los milagros ocurren todos los días, y nosotros somos responsables de los mismos. Confía y cree eso. En la medida en que consigas un cambio de conciencia, encontrarás en ti el poder de realizar milagros.

Es el momento de cambiar y comprender su importancia, la posibilidad de que tienes que cambiar el mundo.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta. Zaragoza. Consulta Presencial y Online. Zaragoza. Gran Vía 32, 3° Izquierda. rcordobasanz@gmail.com                                    Página Web: +34 653 379 269

sábado, 16 de enero de 2021

Sobre Martin Seligman. Salud y Optimismo

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico Zaragoza. Psicoterapeuta. Psicoterapia TLO, Borderline, ansiedad, depresión, Terapia de Pareja. rcordobasanz@gmail.com              Página Web: Psicólogo Zaragoza. Ansiedad Depresión   Psicología Positiva. Martin Seligman.


La imagen de arriba resume lo que mucha gente entiende por optimismo: verlo todo de color de rosa (particularmente la tempestad). Tenemos la gran suerte de contar con 3 grandes investigadores, que han escrito sendos manuales para clarificar el concepto. Martin Seligman, que desde el 87 trabaja en sus teorías de la causación de la depresión a través del estilo explicativo optimista-pesimista, escribe Aprenda Optimismo. Maria Dolores Avia y Carmelo Vázquez escriben en el 98 Optimismo Inteligente, desde el cual además de enseñarnos en qué consiste el concepto y cómo incorporarlo en nuestras vidas, nos introduce en la Psicología Positiva a través de las Emociones, la felicidad, la esperanza o la resistencia ante el trauma.

Esa capacidad, no para desoír los peligros o las malas noticias, sino para tener esa sensación de que al final se superará lo negativo y a medio plazo, está demostrando ser otra de las grandes fuerzas de la Psicología Positiva, y tenemos datos muy importantes de qué beneficios trae la conducta o actitud optimista:

– capacidad  de influir en el curso de la enfermedad: relacionado con la percepción de autoeficacia. Como afirma Carver en sus estudios del 93 y 94: “el optimismo no lleva implícita la negación de la realidad… Es más, los estudios han mostrado que las estrategias de afrontamiento de problemas que utilizan los optimistas son, precisamente, aquellas dirigidas a enfrentarlos, mientras que los pesimistas tienden a evitarlos”. Se refiere aquí a la diferente estrategia de afrontamiento, donde los pesimistas suelen tender al afrontamiento basado en la emoción y los pesimistas afrontamiento basado en el problema.

– Shelley E. Taylor y su estudio de las ilusiones positivas en enfermos de sida y cáncer correlacionan positivamente con un aumento en la supervivencia comparada con la de aquellos que tenían una visión realista de su enfermedad. Parece bastante lógico, ya que si no tienes claro que tu vida va a mejorar, ¿qué tendencia de acción es de esperar?. El optimismo parece, por lo tanto, una especie de mecanismo motivador autóctono, un flotador que nos protege del posible hundimiento que provocaría el pensar que nuestra vida no va a mejorar.

– favorece una mejora de la salud física y mental. Mejor humor, más perseverancia a la hora de resolver tareas. Determina el modo de hacer frente a los problemas, situaciones estresantes o ambiguas, desafíos, incertidumbres.

Se ha criticado mucho al optimismo, sobre todo en el sentido de que cuando creemos que todo tenderá a la mejoría, sesgamos la realidad a nuestro favor y podemos poner en marcha conductas imprudentes: desatender nuestra salud, conducir temerariamente, invertir dinero sin evaluar previamente. Creo que difícilmente este tipo de ejemplos se pueden considerar bajo la etiqueta del optimismo. El que descuida su salud, por ejemplo, está reduciendo sus posibilidades de perdurar en esta vida, lo cual debe ser la antítesis del que piensa en tener una vida mejor, en tendencia hacia lo óptimo (optimismo). Lo que ocurre con los optimistas, precisamente, es un sesgo de la realidad “autosirviente”, que como en las investigaciones de Taylor en enfermos de sida y cáncer, demuestra que nos sirve para desatender la información que podría implicar un estado depresivo que nos llevaría a dejar de luchar contra la enfermedad activamente y con esperanzas de conseguirlo.

No es que el optimismo sea la solución a todos nuestros problemas, pero ¿lo es el pesimismo?, ¿incluso el realismo?. Si estamos ante una situación de catástrofe, por ejemplo, ¿qué haremos si pensamos que todo va a ir a peor?. ¿Y si creemos que no podemos hacer nada por cambiar (y menos por mejorar) la situación?. ¿Y si creo que puedo ayudar, puedo resolver o aplacar algunas de las consecuencias negativas?.

Existen dos perspectivas a la hora de estudiar el optimismo:

a) disposicional: (Scheier y Carver, 85) expectativas de las personas hacia el futuro (estable y general: ocurrirán cosas positivas). Aunque existen problemas, creen que al final habrá solución y por ello se esfuerzan más. Diseñan el test LOT-R (life orientation test)


– los optimistas afrontan basados en el problema (planificando, reinterpretando positivamente) y los pesimistas son más evitativos. Factor de buen pronóstico en la recuperación de pacientes hospitalizados (bypass) y menos re-hospitalización. Lo mismo con cáncer

– ante el pesimismo: más síntomas físicos y peor estado de salud física  (cita 25 vera)

Se traduce de este modelo la importancia de sentir que tenemos capacidad de control, (versus la indefensión aprendida, cuyos efectos tan negativos conocemos gracias al propio Seligman).

b) estilo explicativo: (Peterson y Seligman, 84), que se definen por 3 características:

1.- personalización o grado en que la persona se considera responsable de un suceso (internalidad/externalidad)

2.- permanencia o grado en que la causa de un suceso se mantiene en el tiempo (estabilidad/inestabilidad)

3.- persistencia (ubicuidad) o grado en que un aspecto de un suceso o de su explicación domina otros aspectos de la vida (globalidad/especificidad)

De acuerdo con esto, diferenciaríamos fácilmente los mensajes de las dos posturas:

Estilo Explicativo Pesimista: “Durará para siempre, lo va a socavar todo y es culpa mía, no hay nada que hacer”

Estilo Explicativo Optimista: “Ya pasará, no tiene por qué afectar a mi vida, no ha sido culpa mía, puedo manejarlo”

Profundizando en estas dos lecturas recomendadas veremos como, desde los hallazgos científicos, para nada se considera el Optimismo como la panacea y algo a usar en cualquier momento. Por ejemplo, Seligman deja muy claro que el pesimismo es conveniente a la hora de hacer inversiones económicas y por ejemplo si ejerces la abogacía tradicional (si planteas la peor de las posibilidades, puede que a tu cliente le indemnicen en mayor medida).



jueves, 14 de enero de 2021

Sincronicidad

 



Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico Zaragoza. Psicoterapeuta Integrador. Formado en Terapia Cognitiva, Psicoanálisis y Gestalt. Teléfono: 653 379 269 rcordobasanz@gmail.com.                   Instagram: @psicoletrazaragoza.                 Página Web: Rodrigo Córdoba. Psicólogo Zaragoza

A todos nos ha sucedido: de repente empezamos a ver de forma repetida un número, una letra, o pensamos intensamente en una persona a quien hace tiempo que no vemos y justo nos la encontramos o nos llama inesperadamente. Las sincronicidades son un fenómeno psicológico y filosófico del que se cuentan muchos ejemplos fascinantes.

Uno de los más célebres se atribuye al famoso actor galés Anthony Hopkins, quien hace años quiso empezar a prepararse para protagonizar la versión cinematográfica de la novela La chica de Petrovka, del escritor George Feifer. Como no había leído el libro, Hopkins salió un día de su casa de Londres y tomó el metro para ir a comprar en libro. Una tarea que le resultó imposible, pues el libro estaba agotado en todas las librerías de Charing Cross que visitó. Frustrado, el actor decidió regresar a su casa, y para ello volvió a tomar el metro en la estación de Leicester Square. Al ir a sentarse, se encontró con que alguien había dejado abandonado un libro sobre su asiento, un ejemplar viejo y plagado de anotaciones. Lo tomó y cuando leyó el título se quedó sin habla. Se trataba de La chica de Petrovka. Dos años después, durante el rodaje de la película, Hopkins conoció al autor de la novela, quien le contó que dos años antes le había dejado prestado a un amigo su ejemplar, que estaba lleno de anotaciones, pero que éste lo había perdido en el metro. Cuando Hopkins le mostró el libro que se había encontrado, ambos quedaron muy sorprendidos. Hopkins no solo había encontrado el libro que buscaba, sino que, además, se trataba del mismo ejemplar que había perdido Feifer.

El psiquiatra Carl Jung, el mayor estudioso de las sincronicidades, contó una de las más extraordinarias, relativa a una de sus pacientes. Una madre alemana fotografió a su bebé en 1914 y llevó la placa a revelar a una tienda de fotografía de Estrasburgo. Al poco, estalló la Primera Guerra Mundial, circunstancia que hizo imposible que esta madre pudiera recoger la fotografía. Dos años después, la mujer compró una placa de película en Munich, a kilómetros de distancia, en este caso para tomar una foto a su hija recién nacida. Al revelarla, el técnico descubrió una doble exposición: la fotografía de la niña estaba superpuesta con la primera foto que la mujer había tomado a su bebé en 1914. Por alguna razón, la placa original, adquirida en Estrasburgo, no había sido revelada y había sido revendida como si fuera virgen. La misma mujer, en dos ciudades distintas, había comprado la misma película para fotografiar a sus dos hijos recién nacidos.

La vida nos regala a menudo pequeños momentos mágicos que toman la forma de situaciones azarosas, felices coincidencias, reencuentros fortuitos o sincronicidades asombrosas a través de las que quizá intuimos una vía hacia lo extraordinario. Personas o circunstancias que surgen en el momento preciso en que las necesitamos, como si fueran señales del camino que debemos emprender.




Libertad o Seguridad


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. Psicoterapeuta. Psicología Clínica. Zaragoza. Teléfono: 653 379 269                                            E-mail: rcordobasanz@gmail.com.                  Página Web: Psicólogo Clínico Zaragoza      Instagram: @psicoletrazaragoza 


¿Libertad o seguridad? Parece que elegir una va en detrimento de la otra. Quizá no se pueda tener todo, pero somos libres para establecer nuestras prioridades.

Henry Mintzberg dijo que la vida se puede resumir en un paso: mientras un pie permanece firme y seguro en el suelo el otro pie explora con libertad y en el aire. La analogía sugiere cómo conciliar dos términos aparentemente opuestos –la libertad y la seguridad– en un todo continuo.

El concepto de seguridad, por sí solo, plantea una incongruencia similar, pues si en lo cotidiano la seguridad se define como la ausencia de riesgo, también expresa un estado de ánimo y de confianza que asociamos a la aventura.

Todos, en algún momento, hemos sentido el tironeo interior entre la curiosidad de explorar nuevos mundos y el temor a los riesgos que comporta adentrarse en terreno desconocido.

 Pero, ¿dónde está escrito que tengamos que escoger entre una vida libre o una vida segura? La importancia de conciliarlas y la lógica de la contradicción, a las que nos remitiremos más adelante, nos permite sumar y negociar sin tener que desdeñar ganancias o hacer renuncias no deseadas.

"En el fondo del mar se encuentran riquezas incalculables, pero si buscas seguridad, quédate en la costa". Con esos versos el poeta persa Saadi de Shiraz aludía a los tesoros internos que cada persona debe sacar a la superficie para convertirse en un ser único y completo.

Paradójicamente, el sentimiento de confianza es el motor que permite viajar al fondo de ese mar e integrar esas riquezas.

LAS FUENTES DE LA SEGURIDAD

La primera vinculación profunda que experimentamos es con los dos seres que nos dan la vida. Nos sentimos vinculados a la familia propia y a la que creamos. Más allá de esa red también tenemos necesidad de pertenecer conectados a un nivel más amplio: grupos, asociaciones, etnias, religiones…

Los seres humanos, al nacer, somos absolutamente vulnerables y dependiente durante años. De ahí las necesidades de protección, nutrición emocional o socialización que la familia proporciona, al margen del sentido de pertenencia.

La teoría del vínculo, expuesta por el psicólogo británico John Bowlby, afirma que el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus cuidadores –que dan respuesta a sus necesidades físicas y emocionales– es lo que le permite posteriormente desarrollar sus competencias, crecer y madurar.

A través del hecho de ser aceptado y protegido incondicionalmente el niño podrá explorar el mundo que le rodea, disfrutando de la seguridad emocional básica para un buen desarrollo de su personalidad.

¿QUÉ LIMITA LA LIBERTAD?

El ser humano alberga la esperanza de una vida significativa y rica en experiencias, y de ahí nace el deseo de libertad. El psicólogo y sociólogo Erich Fromm destaca la importancia de la libertad de actuar, es decir, de poder decidir qué hacer en función de un deseo legítimo.

Desde la infancia aprendemos a someter nuestro propio yo en beneficio de la familia o el grupo para sentirnos a salvo perteneciendo a ellos. Pero cuando una persona sofoca ese anhelo de ser ella misma se aleja también de su esencia curiosa. Las crisis aparecen, a menudo, cuando una parte de nosotros desea cambiar en detrimento de la otra.

La disyuntiva entre sentirse seguro y ser libre para actuar de manera diferente puede generar mucha tensión. Decimos "me gustaría X" o "debería Y", en vez de decir "quiero X" o "deseo Y".

Probablemente lo que nos llevaría al escenario temido sería el preguntarse: "¿qué necesito para poder hacerlo?" Quizá nos gustaría otro trabajo pero algo dentro de nosotros teme perderlo todo; o tal vez somos infelices en la relación de pareja pero la preferimos a la soledad.

De este modo, por ejemplo, podría ser que el deseo "me gustaría cambiar de trabajo" contenga la condición "sin ningún riesgo". O dejar una relación de pareja incluya la cláusula "sin equivocarme" o "sin dolor".

Puede que no sea fácil realizar un movimiento sin que surja el legítimo miedo a la pérdida; aun así, es preferible desenvolverse con el desencuentro y el miedo que ir encadenando renuncias y negaciones simplemente para adaptarse o ser aceptado.

COLABORANDO PARA AVANZAR: UN EJERCICIO DE NEGOCIACIÓN MENTAL

Hemos sido educados en la creencia de que las cosas son blancas o negras, descartando terceras elecciones. Pero existen otras posibilidades. Así es en nuestra inteligencia inconsciente: podemos ser valientes y miedosos al mismo tiempo, o sentirnos felices de estar tristes.

La lógica de la contradicción, a diferencia de la aristotélica, reconoce esa coexistencia en lo humano. Enfoques como la Psicología Positiva y la PNL (Programación Neurolingüística) enseñan que la mente responde a la negociación. Por ejemplo, si alguien que está a dieta se permite una pequeña transgresión placentera al día, quizá pueda mantenerse más tiempo cuidándose que si se muestra demasiado exigente, exponiéndose a abandonar la dieta agotado por el esfuerzo.

Ante una disyuntiva vital puede optarse por una tercera vía, no excluyente, que cambie la perspectiva de la situación. ¿Qué sería lo correcto: poder "crecer" o tener seguridad?

Podemos hacer cosas creativas para darnos cuenta de que la solución pasa por la colaboración: "esto y lo otro", en lugar de por la exclusión: «o esto o lo otro». Este enfoque formaría parte de lo que se ha dado en llamar lógica «no aristotélica», es decir, los contrarios pueden sumarse para conseguir un resultado diferente, nuevo.

La PNL propone un método interesante a fin de conciliar vías aparentemente opuestas. Para realizar esta propuesta necesitamos disponer de unos minutos en un lugar tranquilo.

  1. Identifica las partes que están en posiciones opuestas: Por ejemplo: "me gustaría ser más independiente pero tengo miedo de fracasar". Hay una parte "independiente" y otra, aparentemente contraria, que "me protege del fracaso".
  2. Busca el motivo. ¿Cuál es la intención de cada una de ellas? La parte independiente puede estar queriendo ser "yo mismo", mientras que la protectora puede estar pensando: «si fracaso, nadie me querrá», luego su intención es ser amada.
  3. Ofrece un reconocimiento por el servicio que cada una de las partes está haciendo. Incluso podemos solicitar a cada una que reconozca la intención de la otra.
  4. Acuerdo mutuo. Pidamos a las dos partes si pueden colaborar en encontrar nuevos comportamientos que nos permitan ser uno mismo y ser amados al mismo tiempo. Aunque no se nos ocurra nada de entrada, simplemente observemos qué ocurre con el problema a partir de ese momento. Si permitimos dejar la solución en manos de nuestro inconsciente, ¡es probable que los acontecimientos nos sorprendan!

RESOLVER EL DILEMA: EQUILIBRANDO SEGURIDAD Y LIBERTAD

La seguridad es una necesidad emocional básica y muchos de nuestros actos están en consonancia con ella. Permanecemos cautelosos –cada uno en su justa medida– para mantener la dosis de seguridad física y psicológica que nos proporciona bienestar.

Pero no podemos dejar de lado otras necesidades humanas que nos llevan a arriesgar, como por ejemplo crecer, sentirnos significativos o contribuir a la dosis de incertidumbre que nos alegra la vida.

Si el crecimiento implica la búsqueda de equilibrio entre libertad y seguridad, permitirse crecer significa exponerse a la propia deconstrucción. Las crisis podrían considerarse así como una suerte de desequilibrios por los que una persona discurre a fin de no quedarse estancada.

Algunas personas quedan atrapadas en el dilema entre libertad y seguridad con tanta resignación que es su cuerpo el que expresa la sensación de aprisionamiento que experimentan sus necesidades. La ansiedad u otros síntomas pueden ser entonces un aviso de que es preciso atender ciertas cuestiones pendientes. En algunos casos puede resultar útil pedir ayuda psicoterapéutica para poder pasar a otro estadio con mayor soltura.

Hay quien vivencia la parte de sí mismo que se muestra más prudente como represora y hostil a sus deseos, sin caer en la cuenta de que esa especie de Pepito Grillo interno intenta protegerla para que se sienta a salvo. Ese miedo a actuar puede ser una llamada a investigar qué facetas de la personalidad están enfrentadas, sin juzgarlas.

Puede ser útil ejercer como una especie de anfitrión que negocia con sus invitados. Y al tenerlos a todos en cuenta se comprueba que cada uno quiere cuidar de nosotros a su manera.

Otras veces la búsqueda de libertad puede poner en acción un exceso de intrepidez que nos ponga en peligro o deje desprotegidos a quienes nos rodean. La bella y triste película Nadie sabe, de Hirokazu Koreeda, retrata ese cuadro: una madre agobiada huye con su pareja en búsqueda de la libertad dejando solos a sus hijos durante meses.

INSATISFACCIÓN VITAL O RELACIONES QUE NO NOS LLENAN: ¿CÓMO SALIR DE ESE ESTADO?

Con frecuencia, el intento de mantener una presunta seguridad o la duda obsesiva respecto a si renunciar a ella se trasforma en resignación, evitación o desesperanza. Así ocurre con quienes llevan una doble vida por temor a las consecuencias que todo cambio encierra y a las pérdidas que toda elección supone. Quizás entonces surjan síntomas que indican que algo no va bien, o brote un malestar sin saber por qué.

Lo que ha pasado es que la solución que hasta entonces parecía eficaz –como evitar tomar partido, negar el conflicto o sublimarlo destructivamente– se ha acabado convirtiendo en el problema en la medida en que se apoderó de la persona.

También puede producirse un desencuentro con las personas a las que nos sentimos vinculadas o con las que existe un compromiso importante.

El paso a la adolescencia –un estadio de crecimiento– puede ser vivido como una amenaza por lo que conlleva de desestabilizador y crítico. Lo mismo ocurre en las parejas cuando entran en crisis por las dificultades relacionadas con su propio devenir, o con la superación de las etapas por las que pasa la familia (la crianza de los hijos, su independencia, etc.), o con las legítimas disparidades de ritmo en la evolución de cada miembro.

Uno de los espacios más habituales donde experimentar el conflicto entre la libertad y la seguridad suele ser la pareja.

Quien en la infancia no tuvo esa buena dosis de seguridad y aprendió a renunciar a su yo para ser querido, es probable que haga lo propio con la pareja, sojuzgando su deseo de libertad para actuar. La vulnerabilidad y el miedo a perder el amor del otro puede generar insatisfacción y dolor, o dar pie a relaciones patológicas.

Vivir prisioneros de los celos o negar los propios deseos conduce a la ira, la depresión o el resentimiento, todo ello con la intención de pretender una presunta seguridad, y perdiendo de vista que no es posible sostener una relación de pareja nutritiva y madura si está dominada por el miedo y la insatisfacción.

La psicoterapia puede ayudar a ampliar puntos de vista y a intervenir en los desencuentros, teniendo en cuenta a los implicados dentro de su contexto y circunstancias. Las intervenciones familiares y de pareja tratan de apoyar los recursos individuales y del grupo y de fomentar experiencias más gratificantes para encarar el futuro con mayor esperanza.

En el terreno individual y familiar la mejoría también puede pasar por la aceptación: aprender a vivir sin tantas certezas ni exigencias, ni siquiera la de poseer un alto grado de seguridad.

Si nuestras experiencias dejaron que desear, siempre nos queda futuro donde ampliar nuestros recursos. Arriesgarse a experiencias diferentes brindará mayor confianza frente a la incertidumbre que estancarse.

Un pie en el suelo y el otro en el aire es lo que nos permite caminar. Los dos pies en el suelo serían demasiada seguridad; los dos en el aire, una libertad temeraria.

Volviendo a la analogía del caminar, sería como si la sincronización necesaria entre nuestros pies simbolizara el engranaje del todo, la necesidad permanente de negociar y cuidar de las diferentes partes.

Dado que como personas y como padres contribuimos a aportar pertenencia, vínculos y seguridad a los demás, eso nos convierte en seres responsables de cuidarnos y de influir positivamente en nuestros círculos.

En el paso –cada uno en su propio estilo andariego– está el equilibrio que nos permite seguir nuestro propio camino y crecer en él.