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sábado, 27 de agosto de 2022

ESCISIÓN. TLP/BORDERLINE

 


Instagram:@psicoletrazaragoza

ESCISIÓN

La escisión (splitting) es considerada el mecanismo más primitivo existente, puesto que se pone en marcha en los primeros momentos de vida del infante humano. En estos momentos iniciales, el niño necesita separar radicalmente lo gratificante de lo frustrante para ir organizando su mundo psíquico; si no lo hace así, caerá en una situación confusional y no podrá defenderse del peligro puesto que no sabrá de dónde procede. Es una estrategia defensiva básica el ser capaz de situar con exactitud lo bueno y lo malo, lo peligroso y lo inofensivo, lo placentero y lo displacentero. De esta forma sabremos qué hacer en cada momento, de dónde viene el peligro y nos podremos preparar para ello.

Desde una perspectiva cognitiva, A. Beck (1990) y M. Linehan (1993) se refieren a la escisión como pensamiento dicotómico o pensamiento del “todo o nada”, considerándola una de las distorsiones cognitivas más frecuentes del TLP. En este sentido, el pensamiento dicotómico tiende a ver la realidad en términos de categorías mutuamente excluyentes y no en un continuo. Dicho de una forma práctica: para un paciente TLP la realidad se distribuye en blanco y negro, buenos y malos, conmigo o contra mí, todo está escindido, distribuido en dos grupos extremos sin que haya zonas intermedias. De esta forma una persona puede ser amada u odiada, pero es inconcebible que pueda ser ambas cosas, no es posible que las personas tengamos aspectos amables y bruscos, no es posible que te quiera alguien que antes te ha echado una bronca...

De esta forma la evaluación de las situaciones según términos extremos lleva a respuestas emocionales y acciones también extremas, a cambios abruptos entre estados de ánimo opuestos permitiéndoles obviar información que no pueden tolerar. En este aspecto, el pensamiento típico del sujeto límite se expresaría de la siguiente forma:

“Algunas personas son buenas y todo respecto a ellas es perfecto. Otras personas son profundamente malas y deberían ser severamente culpadas y castigadas por ello” (Mason & Kreger, 1998, p. 55).

Pero la escisión, pensamiento dicotómico o del “todo o nada”, puede manifestarse en otras conductas perfectamente reconocibles en personalidades límite:

  • Con su dificultad de integrar los aspectos placenteros y displacenteros de la persona significativa, el color del sentimiento que tenga hacia él/ella vendrá dada por la última interacción que hayan tenido: si lo último que ha hecho con su pareja fue discutir, ésta (su pareja) será un ser absolutamente despreciable (y remarcamos absolutamente porque sus afirmaciones son tajantes, sin dejar resquicios, totalitarias).
  • Cuando hay un problema sólo hay una solución y, además, ésta es inmutable. No es fácil que estas personas puedan tener diferentes puntos de vista al mismo tiempo (aunque, como veremos, la inconstancia en su vida, ideas y opiniones es otra característica crucial).
  • Los esfuerzos suelen ser de tipo extremo: no son capaces de dedicar un espacio de tiempo a cada una de las tareas o cosas que tienen entre manos, sino que acometen una abandonando por completo las demás. Si están leyendo un libro, no hacen otra cosa hasta que lo acaban, o hasta que se cruza otra tarea y dejan inacabada la anterior (que suele ser lo más frecuente).
  • El sadismo y el masoquismo, tan frecuentes en estas personas, son reflejo también de aspectos escindidos del Yo.
  • Tienen la necesidad de que la naturaleza de las relaciones que mantienen con otras personas esté extraordinariamente bien definida: o es amiga/o de otra persona, o es su amante, o su compañero/a... pero no varias cosas a la vez.
  • Es un mecanismo de defensa que les ayuda a llevar mejor (temporalmente y a corto plazo) una situación que en ese momento es intolerable para ellos. Sin embargo es un tipo de pensamiento variable, que no está presente en todo momento, poniéndose en marcha sobre todo en situaciones de activación emocional.
  • Pero esa dicotomización no está sólo dirigida hacia el mundo exterior y hacia los demás, sino que estas personas también muestran visiones contradictorias coexistentes e imágenes de sí mismas que alternan de día en día o de hora en hora: por la mañana puede sentirse la reina del Universo, por la tarde la mujer más desgraciada y más sola, todo en función de que obtenga lo que necesita de los otros ya que su identidad se fundamenta en su relación con las personas significativas.
La escisión se produciría entre áreas o parcelas psíquicas, lo que impediría que coexistan opciones diferentes y es que “dividir el mundo en bueno y malo lo hace más fácil de entender” (Mason & Kreger, 1998, p. 57).


miércoles, 10 de febrero de 2021

Psicoterapia en TLP

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta Zaragoza Gran Vía 32, 3° izqda Página Web: Psicólogo  Zaragoza 

rcordobasanz@gmail.com 

Estudio sobre la eficacia de la Psicoterapia en el TLP

Psicoterapia en comparación con el tratamiento habitual

La psicoterapia redujo la gravedad de los síntomas del TLP y la tendencia suicida y puede reducir el daño autoinfligido y la depresión, mientras que también mejora la funcionalidad psicológica en comparación con el tratamiento habitual. La TDC puede ser mejor que el tratamiento habitual para reducir la gravedad del TLP y el daño autoinfligido y mejorar la funcionalidad psicosocial. Del mismo modo, la TBM parece ser más efectiva que el tratamiento habitual para reducir el daño autoinfligido, la tendencia suicida y la depresión. Sin embargo, todos estos hallazgos se basaron en evidencia de calidad baja y, por lo tanto, no se sabe con certeza si estos resultados cambiarían al añadir más ensayos. La mayoría de los ensayos no informó sobre los efectos adversos, y los que lo hicieron no encontraron ninguna reacción no deseada evidente después del tratamiento psicológico. La mayoría de los ensayos (64 de 75) fueron financiados por subvenciones de universidades, autoridades o fundaciones de investigación. Cuatro ensayos informaron de que no recibieron financiación. Para los ensayos restantes (7), no se especificó la financiación.

Psicoterapia versus lista de espera o ningún tratamiento

La psicoterapia fue más efectiva que la lista de espera para mejorar los síntomas del TLP, la funcionalidad psicosocial y la depresión, pero no hubo una diferencia clara entre la psicoterapia y la lista de espera para los desenlaces del daño autoinfligido y los relacionados con el suicidio.

Conclusiones

En general, la psicoterapia puede ser más efectiva que el tratamiento habitual para reducir la gravedad de los síntomas del TLP, el daño autoinfligido, los desenlaces relacionados con el suicidio y la depresión, mientras que mejora la funcionalidad psicosocial. Sin embargo, solo se encontró que la disminución de la gravedad de los síntomas del TLP estuvo a un nivel clínicamente importante. La TDC parece ser mejor para reducir la gravedad del TLP, y el daño autoinfligido y mejorar la funcionalidad psicosocial en comparación con el tratamiento habitual y la TBM parece ser más efectiva que el tratamiento habitual para reducir el daño autoinfligido y la tendencia suicida. Sin embargo, todavía no existe seguridad en cuanto a estos hallazgos ya que la calidad de la evidencia es baja.

Conclusiones de los autores: 

Las evaluaciones mostraron efectos beneficiosos en todos los desenlaces principales a favor de la psicoterapia adaptada al TLP en comparación con el TH. Sin embargo, solo el desenlace de la gravedad del TLP logró el límite definido por la MIREDIF para una mejoría clínicamente significativa. Los análisis de subgrupos no encontraron evidencia de una diferencia en las estimaciones de los efectos entre los diferentes tipos de terapias (en comparación con el TH) .

El análisis agrupado de la psicoterapia versus lista de espera o ningún tratamiento encontró una mejoría significativa en la gravedad del TLP, la funcionalidad psicosocial y la depresión al final del tratamiento, pero estos hallazgos se basaron en evidencia de calidad baja, y no se conoce la verdadera magnitud de estos efectos. No se encontró evidencia clara de diferencias en cuanto a los desenlaces del daño autoinfligido y los relacionados con el suicidio.

Sin embargo, en comparación con el TH, se observaron efectos a favor de la TDC para la gravedad del TLP, el daño autoinfligido y la funcionalidad psicosocial y, en el caso de la TBM, para el daño autoinfligido y la tendencia suicida al final del tratamiento, aunque todos se basaron en evidencia de calidad baja. Por lo tanto, no existe seguridad en cuanto a que estos efectos sean alterados al agregar datos adicionales.

domingo, 31 de enero de 2021

Trastorno Límite de Personalidad

 


Su nombre, trastorno límite de la personalidad, genera, para quienes no son expertos en la materia, cierta confusión y angustia, sensaciones que parecen minimizarse si se sustituye esa denominación por la de trastorno por inestabilidad emocional.

Se trata de un cuadro clínico que se presenta en el desarrollo de la personalidad, como una especie de inmadurez, y que se caracteriza por“cambios emocionales muy bruscos- inestabilidad afectiva- conductas impulsivas- accesos de ira o autolesiones- y un trastorno global de la identidad”, detalla a ELPLURAL.COM el doctor José Luis Carrasco, director científico de la Unidad de Personalidad y Comportamiento del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirónsalud de Madrid.

Todo ello implica enfrentamientos con la familia, fracaso escolar y adicciones, a las drogas o de tipo pasional-sexual. En algunos casos, además, “hay intentos de suicidio, cortes o ingesta de pastillas”, apunta este especialista.

Se trata y se cura

Es importante, sin embargo, tener en cuenta que el TLP “no es una forma de ser, sino un estado puntual, por lo que no es para toda la vida”, subraya este psiquiatra. Por tanto, “no se es un TLP, com tantas veces se afirma, sino que se tiene un TLP”. Esto implica que este trastorno se puede tratar y se puede curar.

La forma de abordarlo combina el tratamiento farmacológico y psicológico. “En las fases agudas, de mucha inestabilidad emocional y conductual, se emplean fármacos para disminuir los síntomas, los accesos de rabia o tristeza”, afirma el doctor Carrasco.

Es necesario templar esa impulsividad y agresividad que, “generalmente es contra ellos mismos, pero que otras muchas veces es también contra objetos, puertas o personas de su entorno cercano”, sostiene. No obstante, es importante dejar claro que esto no significa que las personas con TLP sean peligrosas.

La psicoterapia, por su parte, está enfocada a lo relativo a “la identidad, la inseguridad, la necesidad excesiva de estima, la empatía y la relaciones con los demás”, apunta este médico. Del mismo modo, se trabaja también a nivel familiar para “mejorar, desde el apego y la afectividad, las dinámicas y los conflictos que puedan existir”, añade.

Cuando el TLP se ha quitado, “cada uno es como es, pero eso ya no es un trastorno. El resto de síntomas desaparece”.

Poner límites

A los pacientes con Trastorno Límite de Personalidad es importante ponerles límites, aunque en este punto, el doctor Carrasco puntualiza que “como atodos los adolescentes”. “Son edades en las que tienden a saltárselos, pero son imprescindibles, porque “sin límites no hay desarrollo de la personalidad ”, insiste.

Este especialista del Hospital Ruber Juan Bravo recalca que “no deben confundirse los límites con las normas”. Los primeros “han de ser pocos, pero muy claros. Son induscutibles y hacen referencia a lo que no se puede hacer”, matiza.

Las segundas, necesarias, sobre todo, antes de la adolescencia, están más relacionadas con “la cultura, y los valores familiares y con lo que se debería hacer”, explica este psiquiatra, y “serían discutibles en todo caso en la adolescencia tardía”.

Factores desencadenantes

El TLP suele presentarse entre los 16 y los 22 años, que es “cuando vemos la mayoría de los casos, porque ya se manifiestan”, explica el doctor Carrasco. En él influyen distintos aspectos: factores de vulnerabilidad biológica, en parte heredados y en parte fruto del desarrollo de las áreas del sistema nervioso central relacionadas con la regulación de las emociones que se da en edades muy tempranas de la vida y factores externos, vinculados a la afectividad de los padres, el trato en el colegio y el consumo de cannabis entre los 13 y los 14 años.

Hay algunos casos de Trastorno Límite de Personalidad de aparición tardía,“personas que, teniendo cierta vulnerabilidad, se han ido adaptando porque les ha ido bien, pero que a raíz de algún acontecimiento que rompe algo, sufren un desmoronamiento de la personalidad”, apunta el director científico de la Unidad de Personalidad y Comportamiento de este centro madrileño. Ahora bien, “son los menos”.

Llegando al diagnóstico

Solo debe determinarse que un joven padece TLP cuando “se cumplen los criterios diagnósticos y se ha hecho un buen diagnóstico diferencial a través de evaluaciones y estudios de personalidad completo”, si bien es cierto que “comparte algunos síntomas con otros trastornos mentales”, concluye el doctor Carrasco. ARTÍCULO EXTERNO

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N° Col.: A-1324 Zaragoza. Teléfono: +34 653 379 269 rcordobasanz@gmail.com.                                Página Web: Psicólogo Zaragoza


lunes, 25 de enero de 2021

TLP mal instrumento diagnostico

 


El trastorno límite de personalidad (borderline, en terminología anglosajona) afecta al 2% de la población, pero no siempre es fácil de diagnosticar. De hecho, se ha convertido para algunos especialistas en un cajón de sastre donde se aboca la conducta de personas que queman contenedores de basura o que hacen novillos en clase. Pero los límite (TLP) son personas con una gran inestabilidad emocional, conductas autolesivas, intentos de suicido y vida caótica que hace también sufrir lo indecible a sus familiares.

Normalmente, las personas con TLP pueden presentar otros trastornos simultáneamente, como déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y consumo de drogas. Una investigación con más de 300 pacientes con trastorno límite realizada por el equipo del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Vall d"Hebrón de Barcelona y financiada por el Departamento de Salud de la Generalitat y la Fundación La Caixa arroja nueva luz: alrededor del 15% no son realmente personalidades límite, sino otras patologías. El error "no es por un fallo del psiquiatra, sino por el instrumento diagnóstico utilizado", dice Miquel Casas, jefe del Servicio de Psiquiatría del citado hospital.

Otro dato importante: de los pacientes con personalidad límite correctamente diagnosticados, más del 30% padecen al mismo tiempo hiperactividad. Estos pacientes tienen fracaso escolar, consumen drogas, sufren más accidentes de tráfico y problemas laborales, rompen continuamente las relaciones amorosas, practican más sexo sin protección y puede llegar a abortar más, añade el psiquiatra.

Según estos resultados, casi la mitad de pacientes considerados como TLP no reciben el tratamiento adecuado, afirma Casas. El TDAH se trata hiperactivando al enfermo mediante psicoestimulantes como el metilfenidato o con antidepresivos y psicoterapia; a los límite se les prescribe, con resultados moderados, psicoterapia y sedantes, pero nunca psicoestimulantes, que lo harían empeorar.

Casas presentó los resultados preliminares del estudio durante la jornada profesional dedicada al TLP organizada por segundo año en Barcelona por la Fundación ACAI-TLP. En el caso de que un paciente límite sufra al mismo tiempo de hiperactividad se abre una nueva ventana terapéutica más efectiva, asegura Miquel Casas. "Hiperactivando al enfermo al que se le haya hecho un buen diagnóstico de comorbilidad y dejando los sedantes, la mayoría de las veces estos pacientes pueden mejorar", sostiene.

Por otra parte, un niño hiperactivo que tenga una mala evolución a lo largo de la vida puede mimetizar un trastorno límite, afirma Casas. Sin embargo, diagnosticar el trastorno límite en la adolescencia es difícil porque la personalidad no cristaliza hasta los 18-22 años, añade Josep Matalí, psicólogo clínico y coordinador de Conductas Adictivas del Hospital Sant Joan de Déu. "Los adolescentes son muy plásticos, y lo que hoy es un trastorno de ansiedad a lo mejor mañana es un trastorno de conducta y pasado un trastorno adictivo", añade Matalí.

Según Joaquim Soler, psicólogo clínico del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, el TLP cursa en un elevado porcentaje con trastornos de ansiedad, depresión o alimentación. Soler aboga por el tratamiento mediante terapia dialéctico conductual, en especial para pacientes con trastorno límite de alta gravedad suicida, mientras que la terapia de la transferencia puede ser más útil en pacientes menos graves. La Unidad de Trastorno Límite del Hospital de Sant Pau realiza terapias grupales "porque, sin dejar de ser efectivas, permiten tratar a más personas", dice Soler.

Lo importante, añade Matalí, es detectar ese funcionamiento anómalo e intervenir para reducir la alteración conductual al mínimo posible. Matalí es un defensor de la prevención secundaria: "Un diagnóstico precoz de síntomas, llámese trastorno límite o trastorno desafiante, tanto da la etiqueta, evitaría que cristalizaran muchos otros problemas, como una adicción o un trastorno de conducta alimentaria". Una vez diagnosticados, ¿tienen cura los pacientes límite? "Hace 10 años se pensaba que era un trastorno crónico", explica Soler, pero la impulsividad puede mejorar por sí sola con la edad. Un estudio publicado en 2006 en American Journal of Psychiatry indica que de 290 pacientes, en el 88% de los casos los síntomas fueron remitiendo en los 10 primeros años.

MALINTERPRETAR LA CARA

A través de la expresión facial podemos inferir el estado emocional de otra persona. En función de la emoción que recibimos nos podemos relacionar de una manera u otra. Las personalidades límite tienen como característica nuclear la desregulación afectiva, es decir, una inestabilidad que acaba repercutiendo en cómo se relacionan interpersonalmente estos pacientes.

¿Quizá sea que no reconocen adecuadamente las emociones faciales de otras personas? Algunos estudios han tratado de responder la cuestión con resultados contradictorios. En España, Mònica Vallez, neuropsicóloga de la Unidad de Evaluación y Diagnóstico del Trastorno Límite de Personalidad del Hospital Duran i Reynals de l"Hospitalet ha realizado un estudio aleatorizado en el que se iban mostrando a los pacientes y a un grupo de control un centenar de imágenes de personas que mostraban emociones básicas.

El resultado: los límite tienen un mayor déficit para reconocer emociones de valencia negativa: por ejemplo, confunden la tristeza con una emoción neutra y el miedo con la rabia y el asco.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo A-1324 Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com  Página Web: www.rcordobasanz.es



TLP e ideación suicida

 


Artículo externo para el estudio de la correlación TLP/Borderline/Limítrofe e ideación suicida.

Liliana Ferra

El trastorno límite de la personalidad es un trastorno mental grave que se caracteriza fundamentalmente por inestabilidad emocional y una marcada impulsividad. Las personas que lo sufren suelen presentar dificultades para regular sus emociones, inestabilidad en las relaciones y en su autoimagen, y comportamientos impulsivos e imprudentes (consumo de alcohol o de otras sustancias, sexo no seguro, ludopatía, etc.). Un marcador importante de gravedad en este trastorno es la presencia de conductas suicidas, presentes en aproximadamente un 80% de las personas que sufren TLP.
 
Según los datos aportados por diferentes estudios sobre el TLP, entre los posibles factores asociados a la conducta suicida se encuentran algunas características de personalidad como la impulsividad, la comorbilidad con abuso de sustancias, padecer un episodio depresivo mayor, la historia previa de intentos de suicidio, factores sociodemográficos (no tener pareja, estar sin trabajo y encontrarse aislado socialmente) y la historia de experiencias traumáticas en la infancia, entre otros.
 
La impulsividad implica una dificultad para el control de la propia conducta, pasando rápidamente a la acción sin dar tiempo a la reflexión. Puede estar relacionada con otro tipo de conductas y rasgos como la agresividad y la hostilidad. Cuando estas características son muy extremas o poco flexibles pueden ser perjudiciales para la persona y su entorno. Otro de los factores implicados en la gravedad del TLP son las experiencias traumáticas durante la infancia. Estas experiencias hacen referencia a episodios de abuso, pérdidas significativas, negligencia por parte de los cuidadores, etc. Muchas de las personas con TLP refieren haber sufrido algún tipo de experiencia traumática durante su niñez, siendo la más frecuente el abuso sexual. Estudios previos han sugerido que sufrir abuso sexual durante la infancia se asocia con la presencia de conductas suicidas en la edad adulta.
 
Este trabajo, que forma parte de un proyecto más amplio de investigación, pretendía poner de relieve los factores relacionados con la conducta suicida en un grupo de 76 personas diagnosticadas de TLP. De todos los rasgos de personalidad evaluados, sólo la hostilidad (irritabilidad, rabia, agresividad, etc) demostró mantener una relación con las tentativas de suicidio. Por otro lado, también el abuso sexual en la infancia demostró una fuerte relación con el suicidio. Estas dos variables fueron predictoras de un mayor número de tentativas de suicidio a lo largo de la vida y de una mayor gravedad.
 
Estos resultados sugieren que la hostilidad y el abuso sexual en la infancia son importantes factores de riesgo para el suicidio en el TLP. Una correcta evaluación permitiría la identificación de este subgrupo de riesgo, lo que facilitaría el desarrollo de pautas de intervención más efectivas para la prevención del suicidio en el TLP.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicología Clínica y Psicoterapia. Consulta Gran Vía 32, 3° Izqu. Página Web: www.rcordobasanz.es
rcordobasanz@gmail.com

sábado, 16 de enero de 2021

Psiquiatría y Libre Albedrío


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com. Gran Vía 32, 3° Izquierda. Tfno.: 653 379 269 Página Web: Psicólogo especialista en Trastornos Graves.


 La creencia en el libre albedrío y su influencia en la Psiquiatría

Artículo Externo: Pablo Malo Ocejo

“En modo alguno creo en el libre albedrío en sentido filosófico. Todo el mundo actúa no solo bajo compulsión externa sino también de acuerdo a una necesidad interna. Lo que Schopenhauer decía “un hombre puede hacer lo que desee pero no puede desear lo que quiera” ha sido para mí una verdadera inspiración desde mi juventud, un consuelo constante frente a las dificultades de mi vida tanto como la de los otros, ha sido una fuente incalculable de tolerancia.”

-Albert Einstein

Antes de entrar en materia creo que conviene hacer una mínima justificación de por qué este milenario problema filosófico tiene interés para la Psiquiatria. Existe un discurso ampliamente aceptado, tanto en Psiquiatría como en el Derecho, la que podemos considerar la hipótesis por defecto, que plantea que los seres humanos somos libres pero que en determinadas circunstancias perdemos esa libertad1. Los trastornos mentales, desde este enfoque, son reconocidas como enfermedades de la libertad, especialmente las psicosis porque ocurre en ellas una distorsión de la realidad. Sin embargo, este discurso ha sido fuertemente cuestionado por los descubrimientos de la neurociencia en los últimos años2,3 y también por poderosos planteamientos filosóficos4,5.

En este artículo yo voy a defender que ni los pacientes ni los terapeutas (psiquiatras o psicólogos) somos libres y que nuestra creencia en el libre albedrío influye en la forma en que entendemos y tratamos los trastornos mentales. Mi postura es que creer en el libre albedrío es erróneo y tiene inconvenientes sociales e individuales y que no creer en el libre albedrío tendría ventajas a nivel social y también en la concepción y tratamiento de los trastornos mentales.

La definición de libre albedrío que voy a usar es la capacidad de poder hacer otra cosa (dado un estado del mundo determinado). Se le llama en filosofía la definición contrafactual. Para la mayoría de autores, una voluntad libre implica también:

  1. que hablamos de un poder racional, es decir que el sujeto usa la razón para valorar un curso de acción y decide racionalmente. Si alguien decide sin razones se supone que no es una elección libre. Habitualmente, se acepta que los animales no tienen libre albedrío porque no son racionales;
  2. una voluntad libre implica control, si las cosas ocurren por razones sobre las que yo no tengo control, no son mis actos y no se me pude pedir responsabilidad.

El libre albedrío está muy unido a la responsabilidad moral. De hecho existe otra definición de libre albedrío que dice que el libre albedrío es el poder que tiene un agente moral por el que se le puede considerar digno de alabanza o castigo, es decir, responsable moral. Los sistemas judiciales de todos los países del mundo se basan en la creencia en el libre albedrío, se considera que la persona que ha actuado mal o ha cometido un delito podía haber hecho otra cosa, y por lo tanto es responsable de sus acciones.

Antes de seguir, una matización porque toda definición es imperfecta. Se ha discutido en filosofía si realmente la posibilidad de poder hacer otra cosa es necesaria para la existencia del libre albedrío. En concreto, el filósofo Harry Frankfurt6 ha presentado unos casos hipotéticos a modo de experimento mental en los que defiende que disponer de alternativas no es necesario para considerar que una persona tiene libre albedrío y que es responsable.

Estos casos siguen el siguiente esquema: Un científico malo, Jack, le ha puesto a una persona, Jones, un chip en el cerebro de manera que cuando Jones va a tomar una decisión, pongamos votar demócrata o republicano, el chip puede detectar lo que va a hacer. Entonces, si Jones quiere votar demócrata le deja continuar pero si quiere votar republicano el chip cambia la acción de Jones y le haría votar demócrata. En este escenario, supongamos que Jones quiere realmente votar demócrata. Aunque no puede hacer otra cosa porque el chip no le permitiría la otra alternativa, Frankfurt plantea que Jones es responsable de su acto.

Estos ejemplos de Frankfurt son en realidad variaciones de un ejemplo anterior de John Locke, que es el caso del hombre en la habitación. Locke pone el ejemplo de un hombre que es sedado y llevado a una habitación. El hombre se despierta y no sabe que la puerta de la habitación está cerrada. A pesar de ello, el hombre desea continuar en la habitación por sus propias razones. Para Locke el hombre sería responsable de su decisión, aunque en realidad no podría haber hecho otra cosa. Lo que hace Frankfurt en sus ejemplos es pasar la limitación o coerción situada en el mundo exterior (la puerta cerrada) al mundo interior (un chip en el cerebro).

Creo que las personas escépticas del libre albedrío podemos rebatir de una manera bastante contundente estos ejemplos porque el problema de la libertad es anterior a que la puerta esté abierta o cerrada o el chip entre en acción o no. Lo que tenemos que preguntarnos es por el origen de la decisión inicial del hombre de quedarse en la habitación o de votar demócrata. La intuición de los escépticos del libre albedrío es que si seguimos la historia causal de esa decisión de estar en la habitación siempre nos va a remitir a causas de esa acción que no están bajo el control de la persona y por lo tanto esa decisión (independientemente de chips y puertas) no es libre. Veremos esto a continuación.

A pesar de que no voy a tratar el tema de una manera filosófica, sino más bien desde la fenomenología psicológica y psiquiátrica creo que conviene resumir brevemente las principales posiciones filosóficas ante el problema del libre albedrío. El tema es muy complejo y hay casi tantas posturas como filósofos, los tres grandes grupos serían:

  1. Libertarios: creen que las leyes del Universo no son deterministas (no reconocen el determinismo causal que implica que toda causa tiene una causa previa y así hasta el origen del Universo) y que tenemos libre albedrío.
  2. Compatibilistas: reconocen que el determinismo causal es cierto (o puede serlo) pero creen que el libre albedrío es compatible con un Universo donde las leyes son deterministas.
  3. Escépticos del libre albedrío o incompatibilistas duros (Pereboom): son los que creen que no existe el libre albedrío. Consideran que las leyes del universo son deterministas y que el determinismo es incompatible con el libre albedrío. Tanto los libertarios como los escépticos del libre albedríos son incompatibilistas, es decir creen que determinismo y libre albedrío no pueden existir a la vez. La diferencia es que los libertarios creen que lo que no existe es el determinismo mientras que los escépticos del libre albedrío creen que lo que no existe es el libre albedrío.

Según encuestas, la mayoría de la gente de la calle en todo el mundo piensa a) que nuestro universo es indeterminista y b) que la responsabilidad moral no es compatible con el determinismo7. Por el contrario, la postura mayoritaria entre los filósofos es el compatibilismo8. Según el estudio de Bourget y Chambers el 59,1% son compatibilistas, 13,7% libertarios, 12,2% no creen en el libre albedrío y 14,9% quedarían en la categoría “otros”.

Decía Borges que el futuro es un jardín de caminos que se bifurcan. Esa es la intuición que todos tenemos, que en muchos puntos de nuestra vida llegamos a bifurcaciones donde podemos elegir un camino u otro, que reflexionamos y, tras esa reflexión, de una manera racional optamos.

A partir de este punto voy a intentar convencer al lector de que esas bifurcaciones que vemos tan claras son en realidad ilusorias, que no existen más que en nuestra imaginación, y que el hecho de que podamos imaginar opciones no quiere decir que realmente las tengamos a nuestro alcance.

Sé que dicho así el lector va a pensar que mi objetivo es imposible y que estoy fuera de la realidad pero espero que, si tiene la paciencia de seguir conmigo, no llegue al final con la misma certeza de que estoy equivocado de la que tiene ahora. Por todas las razones que ahora voy a analizar creo que no es posible sostener la idea de que la voluntad es libre. Al final plantearé los inconvenientes de la creencia en el libre albedrío para la sociedad y para la Psiquiatría.

Origen y control de nuestras acciones

“Las decisiones de la mente no son nada salvo deseos, que varían según varias disposiciones puntuales”. “No hay en la mente un absoluto libre albedrío, pero la mente es determinada por el desear esto o aquello, por una causa determinada a su vez por otra causa, y ésta a su vez por otra causa, y así hasta el infinito.”

-Baruch Spinoza

Los seres humanos no elegimos cosas tan importantes como nuestra inteligencia, nuestra orientación sexual, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras creencias, nuestra personalidad, nuestra emociones (de quién nos enamoramos, p.ej.),etc. Dado que a la hora de elegir elegimos en base a nuestras creencias, deseos, preferencias, carácter, etc., es evidente que no se nos puede pedir responsabilidad por actuar con facultades que no hemos elegido nosotros y de las que no hemos tenido el control. Esto en terminología del filósofo Bernard Williams se llama constitutive luck9. Básicamente que no somos responsables de ser lo que somos.

LOS SERES HUMANOS NO ELEGIMOS COSAS TAN IMPORTANTES COMO NUESTRA INTELIGENCIA, NUESTRA ORIENTACIÓN SEXUAL, NUESTROS PENSAMIENTOS, NUESTROS DESEOS, NUESTRAS CREENCIAS, NUESTRA PERSONALIDAD, NUESTRA EMOCIONES

Quiero hacer hincapié en dos de las cosas que he dicho que no elegimos porque son bastante contrarias al sentido común. Una de ellas es que no elegimos nuestros deseos, nuestras preferencias, las cosas que nos gustan. Cuando yo como cerezas porque me gustan más que las naranjas yo no he decidido racionalmente que me gustaran las cerezas y no las naranjas. Recordad que en la definición de libre albedrío he dicho que era un poder racional. Yo no me encuentro en ningún momento en una bifurcación en la que racionalmente elijo entre que me guste Honky Tonk Women o me guste La Macarena. Hay una música o una fruta que me gusta y eso no es en ningún momento una elección racional. De igual manera, yo no decido de quién me enamoro. Para verlo más claro fijaos en que los niños pequeños, de meses incluso, tienen preferencias y les gusta más una comida que otra y no son todavía capaces de elegir racionalmente. Lo mismo ocurre con los animales. Si le doy a elegir a mi perra entre un trozo de carne o una manzana es claro que tiene preferencias.

Vamos ahora con algo mucho más interesante: no elegimos nuestras creencias. Imaginemos que yo me enfrento por primera vez a la homeopatía, no sé nada de ella y quiero saber qué es, en qué consiste, es decir, conocerla y por lo tanto forjarme una creencia acerca de ella.

Entonces me pongo a leer y me voy enterando de que dice que si diluimos un supuesto medicamento va ganando en potencia, que en cierto momento no queda ni una molécula del producto original pero que el agua tiene el recuerdo de la sustancia que estuvo en contacto con ella, etc.

Dada mi naturaleza escéptica y mis conocimientos de medicina y de física (tampoco muchos), automáticamente se va formando en mí la idea de que eso no tiene ni pies de cabeza y que no hay un mecanismo científico conocido que pueda sustentar las afirmaciones de la homeopatía. Si lo que dice la homeopatía es cierto se merecen varios premisos Nobel, los de Medicina, Física y Química, por lo menos.

Entonces, si analizamos fenomenológicamente lo que ocurre en mi mente cuando estoy formando una creencia acerca de la homeopatía es que en ningún momento se produce una bifurcación en la que tengo dos opciones: 1) creer que la homeopatía es un tratamiento con base científica 2) creer que la homeopatía no es un tratamiento con base científica, y que entonces con mi voluntad libre elijo una u otra. En mi mente sólo hay una posibilidad, yo sólo puedo pensar que la homeopatía no tiene base científica.

Cuando formo una creencia yo trato de encontrar la verdad sobre el estado del mundo en ese momento. Lo que hago se parece más a una percepción que a otra cosa. Es como si veo que el cielo es azul, yo no puedo elegir entre verlo azul o verlo verde. Con la homeopatía me ocurre lo mismo: yo no elijo entre creer que tiene base científica y creer que no. Para mí el cielo es azul y la homeopatía no es más que efecto placebo.

PRESUMIR DE NUESTRAS CREENCIAS ES COMO PRESUMIR DE NUESTRA ALTURA O DEL COLOR DE NUESTROS OJOS

Pero esto que estoy comentando vale para todas las creencias. Si intento saber la verdad acerca de la existencia de Dios vuelve a ocurrir lo mismo. No tengo la opción de creer en Dios o no creer y entonces decido, con mi voluntad libre, que voy a creer. Y si hablamos de ser de derechas o de izquierdas, o nacionalista o no-nacionalista, etc., ocurre exactamente lo mismo. Si el lector cree que no tengo razón y cree que él sí puede elegir sus creencias, le desafío a que cambie sus creencias con su voluntad, a que elija otra cosa. Si por ejemplo es creyente, le desafío a que cambie sus creencias y se convierta en ateo; o si es de izquierdas le desafío a que cambie sus creencias y pase a tener las creencias de la derecha… Sencillamente no se puede. Bifurcaciones ilusorias.

Así que estamos muy orgullosos de nuestra ideas y vamos por ahí presumiendo de nuestras creencias pero presumir de nuestras creencias es como presumir de nuestra altura o del color de nuestros ojos y discriminar a los demás por sus ideas tiene la misma lógica que hacerlo por el color de su piel o por su sexo, es decir, por algo que no está bajo su control.

Así que resumo el punto principal de este apartado: si mis acciones se deben a mi carácter, motivaciones, deseos, preferencias y creencias y yo no he elegido nada de todo ello, ¿cómo puedo decir que soy libre y responsable de mis actos? Imaginaos que en vez de ser la naturaleza la que me ha otorgado mi carácter, mi inteligencia, mis creencias, etc., hubiera sido un científico loco quien hubiera programado todas esas cosas, como ocurre con los replicantes en la película Blade Runner. Programa todas esas facultades en mi mente y me suelta en el mundo. Si yo actúo según una programación sea artificial o natural que yo no he elegido ¿se puede decir que soy libre? A mi modo de ver, no. En cualquier caso, creo que la respuesta que demos para esos androides replicantes vale para nosotros.

La existencia del inconsciente

“Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza.”

-Baruch Spinoza

Si nuestros actos se deben en una medida mayor de la que creemos a razones que no conocemos, a factores inconscientes que no controlamos, esto mina las condiciones de racionalidad y de control que forman parte del concepto de libre albedrío. Sólo voy a dar un dato: se calcula que el cerebro humano maneja 11 millones de bits de información por segundo y que de esos 11 millones sólo 16-50 bits de información son conscientes. Creo que el dato es lo suficientemente elocuente. Hay toda una literatura en psicología sobre el implicit bias y la que se llama situacional10 en la que se ve que por ejemplo los jueces dictan condenas más leves a personas guapas y a mujeres o que no dan libertad condicional antes de la comida y la dan en un 60 por ciento después de comer con el estómago lleno11. Los jueces creen que están decidiendo en base a los datos del expediente pero está influyendo un factor, que ellos desconocen y no controlan, y están decidiendo influidos por esos factores inconscientes. Hay miles de ejemplos  de estos sesgos y no abundaré en ellos, creo que mi punto está suficientemente argumentado.12

La suerte. La hipótesis del mundo justo

La suerte es un factor del que nuestra cultura no quiere hablar. Existe la llamada “hipótesis del mundo justo”13 que plantea que el mundo es justo y que a la gente buena le pasan cosas buenas y a la gente mala le pasan cosas malas. Y que si te pasa algo malo pues será porque algo malo habrás hecho. Es la filosofía del “si quieres puedes”, de que todo el mundo puede llegar a presidente de Estados Unidos y de que si te esfuerzas triunfas, y si eres pobre es porque eres un vago. Evidentemente esto es absolutamente falso. Es verdad que la gente que triunfa se ha esforzado pero también lo es que la mayoría de los que se esfuerzan no triunfan. Pero no podemos dar ese mensaje a la gente porque cundiría el pánico. No podemos decir a la gente que la pobreza se hereda, que tus ingresos y riqueza dependerán del país del mundo en el que hayas nacido y de la clase social en la que hayas nacido.

Hay estudios que demuestran que existe una relación entre ambientes pobres e inestables y la delincuencia14. La precariedad da lugar a estrategias vitales cortoplacistas: conductas antisociales, experiencias sexuales tempranas, consumo de drogas, más promiscuidad sexual y menos inversión parental, y mortalidad temprana. La pobreza da lugar a impulsividad, falta de autocontrol y delincuencia pero también a una alteración del desarrollo del cerebro y de sus funciones cognitivas que algunos han estimado equivalente a una pérdida de 13 puntos en el Cociente Intelectual15.

Auto-control

“Puedo hacer lo que deseo: Si puedo, si lo deseo, dar todo lo que tengo a los pobres y por lo tanto hacerme pobre yo mismo -si lo deseo. Pero yo no puedo desear esto, porque los motivos opuestos tienen demasiado poder sobre mí para poder hacerlo. Por otro lado, si tuviera un carácter distinto, al extremo de que yo fuera un santo, podría desearlo. Pero entonces no podría dejar de desearlo por lo que tendría que hacerlo… tampoco como una bola en una mesa de billar no se puede mover antes de recibir un impacto, tampoco puede un hombre levantarse de su silla antes de ser jalado o impulsado por un motivo. Pero el pararse es tan necesario e inevitable como el rodar de una bola después del golpe. Y esperar que alguien haga algo a lo que absolutamente ningún interés lo impulsa… Es lo mismo que esperar que un trozo de madera se mueva hacia mí sin ser jalado por una cuerda…”

-Schopenhauer

Quiero tocar este punto porque para muchos autores (el eminente psicólogo Roy Baumeister, por ejemplo) libre albedrío es equivalente a autocontrol o “fuerza de voluntad”. Los animales actúan por instinto, hacen sus necesidades sin ninguna reflexión, o sin tener en cuenta otras consideraciones, pero nosotros no, nosotros controlamos nuestros instintos.

En mi opinión, lo que llamamos auto-control es en realidad hetero-control y es muy dudoso que implique libertad. Cuando yo no hago algo que quiero hacer y aplico un veto (algunos llaman free won´t a esta capacidad de veto que supuestamente implica libertad) nunca lo hago desde una voluntad libre sino que lo hago por fuerzas y razones que actúan sobre esa libertad como contrapeso , inclinándola a frenar una acción que quería realizar en primera instancia. Por ejemplo, si no me como un trozo de tarta de chocolate porque tengo miedo a engordar y a que mi novia me deje o a que la gente se ría de mí y me llame gordo, no creo que a eso se le pueda llamar libertad. Si no robo un reloj por miedo a ir a la cárcel o si no le robo 50 euros a mi abuela por miedo a lo mal que me voy a sentir luego y a los dolorosos sentimientos de culpa que me asaltarán, tampoco creo que eso sea la actuación de una voluntad no determinada por nada.

LA NEUROCIENCIA NO HA ENCONTRADO NINGÚN HOMÚNCULO EN EL CEREBRO, NINGÚN NÚCLEO QUE NO ESTE CONECTADO CON TODOS LOS DEMÁS Y QUE POR LO TANTO NO SE VEA INFLUIDO POR TODAS LAS CAUSAS PREVIAS

En estos casos la voluntad no es libre sino que actúa por unas razones que muchas veces son los intereses de los demás más que los míos. Sin embargo, consideramos habitualmente que mi verdadero yo es el que se pliega ante lo aceptado como “bueno o moral”. Un ejemplo: hace calor y me gustaría ir al trabajo en pantalón corto y chanclas. Pero como eso no está aceptado voy con traje y corbata. En teoría, estoy ejerciendo mi autocontrol y mi voluntad libre. Según mi visión estoy siendo hetero-controlado por los intereses del grupo y es muy dudoso llamar a eso libertad.

En moral siempre lo bueno es lo que beneficia al grupo. Si existe la moral es porque somos criaturas sociales, no existe ninguna necesidad de moral en seres no sociales porque no existe el daño al otro. La moral son, simplificando mucho, las normas de tráfico para vivir en sociedad. Podríamos decir que la moral es una aplicación que el grupo instala en nuestro polo prefrontal para que nos sujetemos a los intereses del grupo y no trastornemos la convivencia social. Los psicópatas serían, según esta visión, personas que no tienen esta aplicación instalada en su polo frontal. Voy a poner para cerrar este apartado lo que le dice un psicópata a Kevin Dutton , autor del libro The Wisdom of Psycopaths. Dutton se dedicó a entrevistar a psicópatas encarcelados y uno de ellos le hace esta inquietante pregunta:

“No dejes que te engañe tu cerebro, Kev, con todos esos exámenes que no te dejan ver la realidad. Solo hay una diferencia entre tú y yo: Yo lo quiero y voy a por ello, tú lo quieres y no vas a por ello. Estás asustado Kev, tienes miedo. Tienes miedo de todo, lo veo en tus ojos. Miedo de las consecuencias. Miedo de que te cojan. Miedo de lo que pensarán. Miedo de lo que te harán cuando vengan a llamar a tu puerta. Tienes miedo de mí. Mírate. Tienes razón, tú estás fuera y yo estoy aquí dentro. Pero…¿quién es libre, Kev? Libre de verdad, quiero decir. ¿Tú o yo? Piensa en ello esta noche. ¿Dónde están los barrotes de verdad Kev? ¿Ahí afuera ?(señala la ventana). ¿O aquí dentro?” (y se toca la sien)”

Dualismo

“El cuadro que emerge del análisis científico no es el de un cuerpo con una persona dentro, sino el de un cuerpo que es una persona.”

-BF Skinner

Creer en el libre albedrío implica seguir manteniendo un dualismo, es seguir creyendo que hay algo “espiritual” “mental”, etc., que está al margen del cuerpo. Todo tiene causas previas pero si creemos en el libre albedrío pensamos que hay algo que no es afectado por genes, ambiente y azar; algo que está ahí “flotando” valorando todo fría y racionalmente y decidiendo al margen de la historia causal previa que tienen los actos. Esto es científicamente imposible, la neurociencia no ha encontrado ningún homúnculo en el cerebro, ningún núcleo que no este conectado con todos los demás y que por lo tanto no se vea influido por todas las causas previas.

Meseta Moral, diferencias y limitaciones psicológicas

Creer que tenemos free will es juzgar a todas las personas por igual. Es creer que a partir de cierta edad todos alcanzamos un grado de desarrollo moral en el que somos iguales, es decir, subimos a una meseta moral (es un concepto de Bruce Waller, ver16) donde todos tenemos las misma capacidades de hacer lo moralmente correcto. La realidad es que no todos tenemos las mismas capacidades y condiciones que sabemos que influyen en la conducta moral como el autocontrol o “fuerza de voluntad”, control de impulsos, intensidad del deseo sexual, etc. Esto no se hace en otras esferas de la vida. Si Ronaldo mete 50 goles o Usain Bolt corre los 100m en menos de 10´ no pensamos que todos lo podemos hacer. Pero si yo no robo me creo que alguien nacido en Vallecas o en las favelas de Río de Janeiro, hijo de unos padres traficantes y drogadictos, también puede no robar.

Existen datos para pensar que existe un cerebro moral o, por lo menos, que muchas cualidades que tienen que ver con nuestra capacidad moral (control de impulsos, disposición al riesgo, gusto por la novedad, fuerza de voluntad o capacidad de esfuerzo, etc.) pueden variar de forma natural y por lo tanto dar lugar a capacidades morales que no son iguales en todas las personas.

EL CEREBRO NO ES LIBRE, NO ES UNA TABLA RASA Y NACEMOS CON UNA SERIE DE REGLAS, PROGRAMAS, Y ALGORITMOS IMPLEMENTADOS

Esto lo podemos demostrar en casos extremos. Es un clásico el caso de Phineas Gage que tras sufrir un accidente que afectó a su polo prefrontal cambió de ser una persona formal y cumplidora a ser un informal incapaz de mantener un trabajo. Antonio Damasio ha estudiado casos de personas con tumores o accidentes cerebrovasculares en la región ventromedial del polo prefrontal y se puede apreciar en ellos que aunque la inteligencia es normal y no se ve afectada, su conducta se psicopatiza: juego patológico, inconstancia en el trabajo, violaciones de normas, incapacidad de asumir sus responsabilidades como padres o maridos, la mayoría se divorcian, pierden el trabajo, etc. Si esto ocurre por alteraciones posteriores al nacimiento es lógico pensar que esas mismas variaciones pueden venir implementadas de “fábrica” y que lo mismo que hay una variación en la altura también la hay en la capacidad de cumplir las normas sociales.

La evolución

Aunque nos resulta profundamente antipático, la teoría de la evolución nos dice que somos vehículos diseñados por nuestros genes para hacer copias de sí mismos. El cerebro lo crean los genes para hacer copias de sí mismos. El cerebro no es libre, no es una tabla rasa y nacemos con una serie de reglas, programas, y algoritmos implementados. No voy a extenderme porque el tema es vastísimo pero voy a poner un ejemplo simple: nosotros no elegimos querer vivir, la decisión de querer vivir no es fruto de una decisión razonada y libre.

SOMOS MARIONETAS MANEJADAS POR LOS GENES Y POR EL AMBIENTE, SOMOS GENTES Y AMBIENTE PERO NO ELEGIMOS NINGUNO DE LOS DOS

Existe el llamado sesgo optimista17, como todo ser vivo queremos vivir y eso no es una decisión racional. Otro ejemplo: las chicas quieren estar delgadas, aparentar juventud, una cintura estrecha… Todo ello son signos de fertilidad y es precisamente lo que atrae a los hombres. Ellas dirán que quieren estar delgadas porque se les ha ocurrido a ellas pero qué casualidad que sea lo que los genes de una mujer necesitan que haga esa mujer para hacer más copias de sí mismos. Y a las chicas les gustan los chicos fuertes, listos y guapos. Y esto también indica buenos genes y un individuo del otro sexo con el que es buena idea intercambiar genes porque tiene las condiciones necesarias para que sus hijos sobrevivan mejor y se reproduzcan… De nuevo qué casualidad que les guste lo que sus genes precisan… En todas las culturas el grupo más violento de la población son los hombres jóvenes, nunca las mujeres postmenopáusicas… es decir, hay leyes biológicas que determinan nuestros deseos y las cosas que podemos incluso pensar o no pensar. Somos marionetas manejadas por los genes (y por el ambiente, somos gentes y ambiente pero no elegimos ninguno de los dos)

Lo Posible Adyacente

Tú puedes hacer lo que siempre haces, pero en algún momento de tu vida sólo podrás hacer una actividad definida, y no podrás hacer absolutamente nada que no sea esta actividad.

-Schopenhauer

A mi modo de ver, si existiera el libre albedrío la sociedad sería muy diferente. Por ejemplo, no habría obesidad, no habría drogadictos, no habría jugadores patológicos, ni personas que no pueden dejar de fumar, ni habría depresiones. La persona obesa usaría su libre albedrío para hacer ejercicio y cuidar la dieta y así quedaría solucionado el problema de su obesidad. Y lo mismo en muchos otros casos y situaciones. Pero no es esto lo que vemos, lo que vemos es que en cada momento la gente no puede querer otra cosa que lo que quiere y que, como dice Schopenhauer, sólo hay una posibilidad a su alcance.

El físico Stuart Kauffman ha puesto en circulación la idea de lo Posible Adyacente. En cada momento, la biosfera, el Universo y cada uno de nosotros, se expande hacia lo posible adyacente. Un reptil no puede desarrollar alas de golpe o en la Edad Media no era posible inventar un iPhone. Todo debe seguir una evolución: primero se descubre la electricidad, luego los transistores, luego los ordenadores y luego el iPhone. Esto explica el hecho de que muchos descubrimientos se han realizado a la vez por diferentes personas, los ejemplos son miles. La explicación sería que ese descubrimiento ya estaba en el posible adyacente. La propia selección natural es un ejemplo. Tanto Darwin como Wallace la descubrieron casi a la vez y podemos estar seguros de que si no hubieran sido ellos algún otro científico la habría descubierto, pero el mundo no se habría quedado sin conocer la teoría de la selección natural.

Los cambios en la vida de las personas siguen también esta regla. Ocurren cuando son posibles, no cuando quiere la voluntad. Voy a poner un ejemplo. El psicólogo Walter Mischel, autor del famoso experimento del test de la golosina, era un empedernido fumador que no conseguía dejar de fumar. En los años 50 se publicó el informe del Cirujano General de USA confirmando la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón, pero Mischel no dejó de fumar.

EMPEÑARNOS EN CONSEGUIR ALGO QUE NO ESTÁ AL ALCANCE DE LOS PACIENTES SÓLO VA A PROVOCAR FRUSTRACIÓN Y DESESPERANZA.

Sin embargo, un día que estaba de visita en un hospital vio a un enfermo pintado de verde al que iban a radiar por un cáncer de pulmón y el impacto de esta visión hizo que dejara de fumar. ¿Dejó Mischel de fumar por un acto libre de su voluntad? A mi modo de ver, desde luego que no. Dejó de fumar por una razón que antes no se había presentado en su vida. Si todo dependiera de una voluntad libre su voluntad podría haber conseguido dejar de fumar 5 o 10 años antes pero, según el concepto de Kauffman, en aquel entonces dejar de fumar no se  encontraba en el posible adyacente de Mischel.

Creo que este es un concepto que psicólogos y psiquiatras deberían entender y aplicar en su práctica. Sería muy importante conocer si los cambios que queremos conseguir en los pacientes están o no en su posible adyacente (desgraciadamente, no existe un método científico para hacerlo). Empeñarnos en conseguir algo que no está al alcance de los pacientes sólo va a provocar frustración y desesperanza.

A  un nivel filosófico el concepto de Posible Adyacente nos transmite una idea del Universo como un todo, como un único suceso. Creo que cuestiona el concepto de causalidad como tal, la propia existencia de causas y efectos. Entendido de esta manera, sólo existe un único suceso en el Universo, el propio Universo que se va “desplegando” y va cambiando y evolucionando. Nada es causa de nada.

Consecuencias negativas de la creencia en el libre albedrío

Los del norte no debemos sentirnos demasiado moralmente superiores a los esclavistas del sur porque si estuviéramos situados donde ellos están actuaríamos y sentiríamos como ellos; y si ellos estuvieran situados como estamos nosotros actuarían y sentirían como nosotros; y no debemos perder de vista este hecho al tratar este asunto.

-Abraham Lincoln

Una vez expuestas todas estas razones, creo que la creencia en el libre albedrío es no sólo errónea sino perjudicial para la sociedad por su asociación con la hipótesis del mundo justo, entre otras razones. Creer en el libre albedrío ayuda a mantener el statu quo y a que las élites sigan disfrutando de su privilegios. Según esta visión, la causa de los problemas y desigualdades son individuales, no sociales. Ayuda a que las mayorías sean dominadas por las minorías, encima con su beneplácito haciendo creer a los más desfavorecidos que ellos tienen la culpa de su situación. Una sociedad sin la creencia en el libre albedrío sería más solidaria y se esforzaría más en repartir la mala suerte y en no abandonar a su suerte a los más pobres y desfavorecidos, tanto económica como psicológicamente.

LA CREENCIA EN EL LIBRE ALBEDRÍO ES NO SÓLO ERRÓNEA SINO PERJUDICIAL PARA LA SOCIEDAD

No creer en el libre albedrío promovería un sentido mayor de solidaridad, igualdad y empatía con los menos favorecidos así como un sentido de gratitud por la posición de uno en la vida. A la hora de resolver los problemas y las diferencias partiríamos de una posición totalmente diferente, mucho más tolerante y abierta de la que partimos ahora, como vemos en la cita de Lincoln, conocido por su determinismo. Los problemas derivados de un choque de ideologías seguirían siendo muy difíciles de resolver, pero sería un avance partir desde otra visión del mundo totalmente diferente.

Consecuencias negativas de la creencia en el libre albedrío en Psiquiatría

Algunas consecuencias derivadas de la creencia en el libre albedrío que afectan al campo de la Psiquiatría y Psicología serían las siguientes:

  1. Impide que se reconozcan las trastornos mentales como enfermedades. Si yo soy libre puedo cambiar mi conducta, esforzarme, poner de mi parte y salir de la depresión o de la adicción. Desde la visión de la creencia en el libre albedrío estas situaciones no son enfermedades sino debilidades morales. Los enfermos y familias no buscarán ayuda si no creen que esto es una enfermedad.
  2. Aumenta el estigma de la trastorno mental, o de otras enfermedades en general. Ahora estamos viendo el estigma de la obesidad: son unos vagos y perezosos que no se esfuerzan y se ponen morados a chocolate. Se lo merecen y les vamos a cobrar más en los aviones y van a pagar una parte de la atención sanitaria porque ese gasto es evitable si cambian su conducta y es evidente que pueden cambiarla.
  3. Aumenta la culpa y la vergüenza de las personas con trastornos mentales. Les hace sufrir doblemente: por su enfermedad y por ser los causantes de su enfermedad. Esto puede dificultar su atención y su búsqueda de ayuda también.
  4. Entorpece la relación médico-paciente: Si creemos en el libre albedrío es más fácil que juzguemos a los pacientes, y que les juzguemos negativamente por sus conductas inadecuadas y por no corregirlas. No creer en el libre albedrío ayudaría a aceptar al paciente, a darnos cuenta de que está haciendo todo lo que puede hacer. Se sentiría más escuchado y atendido. Veríamos sus limitaciones psicológicas, que normalmente no se ven y esto disminuiría el sufrimiento de los pacientes.

Conclusiones

“Toda la teoría está en contra del libre albedrío; toda la experiencia a favor.”

-Samuel Johnson

Creo que el debate acerca de la existencia o no del libre albedrío sigue sin resolverse porque diferentes sistemas psicológicos dan diferentes respuestas al mismo problema; chocan dos intuiciones profundas e incompatibles de la mente humana.

Escojamos la respuesta que escojamos una mitad de nosotros no queda satisfecha, por lo que básicamente el dilema no tiene solución. Una parte lógica, abstracta o “fría” nos dice que todo efecto tiene causas previas y que el universo es determinista, pero cuando hay un daño y alguien comete un asesinato, por ejemplo, el sistema “caliente” se dispara y nos dice que el sujeto es responsable y se merece el castigo.

Estos sistemas psicológicos tienen su origen en la selección natural y es lógico pensar que la creencia en el libre albedrío es adaptativa para el ser humano y está cableada por tanto en nuestra mente. Tenemos unos instintos retributivos que nos llevan a castigar las acciones que causan un daño; estas acciones despiertan en nosotros unas “emociones reactivas”, como las llamaba el filósofo P. F. Strawson padre de Galen Strawson, como la ira y el deseo de castigo y de reparación, y en estas emociones podemos trazar el origen de nuestra creencia en el libre albedrío. En este sentido es significativo que atribuyamos más libre albedrío a las acciones malas que a las buenas18, algo que demuestra también el llamado efecto Knobe19.

A pesar de ello, creo que la pérdida de la creencia en el libre albedrío es la próxima frontera en la evolución moral humana. Las neurociencias la están poniendo en cuestión y este cambio en la forma de pensar ya está empezando a tener repercusiones en el sistema legal y en la aplicación de la justicia. Cambiar la creencia en el libre albedrío supone una reestructuración de la sociedad en muchos sentidos y es de esperar que las resistencias van a a ser muy fuertes. También se decía que si dejábamos de creer en Dios no existiría la moral y nos comeríamos los unos a los otros. Vemos que esta profecía no se ha cumplido. Podemos construir un mundo sin la creencia en el libre albedrío, un mundo mejor y más habitable para todos, y en especial para las personas con trastornos mentales.

Sigue a Pablo Malo Ocejo en Twitter como @pitiklinov.

Referencias

  1. Gerben Meynen. Free Will and mental disorder: Exploring the relationship. Theor Med Bioeth (2010) 31: 429-443 ↩
  2. David Eagleman. Incógnito. Las vidas secretas del cerebro. Editorial Anagrama. 2013 ↩
  3. David Eagleman. The Brain on Trial. The Atlantic July/August 2011 Issue. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2011/07/the-brain-on-trial/308520/ ↩
  4. Galen Strawson. Freedom and Belief Oxford University Press. 2010 ↩
  5. Derk Pereboom. Living without free will. Cambridge UNiversity Press 2010 ↩
  6. Frankfurt Harry (1969)Alternate posibilities and moral responsability. Journal of Philosophy 66 829-839 ↩
  7. Hagop Sarkissian y cols. Is belief in free will a cultural universal? Mind & Language, vol 25 nº 3 June 2010 pp 346-358. ↩
  8. David Bourget y David Chalmers. What do philosophes believe? Philosophical studies. September 2014 Volume 170 Issue 3 pp 465-500 ↩
  9. Sergi Rossell Nagel y Williams acerca de la suerte moral. Revista de Filosofía Vol 31 nº 1 (2006): 143-165 ↩
  10. Implicit Bias. Kirwan Institute for the study of race and ethnicity. State of the sciencie:implicit bias review 2014 . http://kirwaninstitute.osu.edu/wp-content/uploads/2014/03/2014-implicit-bias.pdf ↩
  11. Danziger Shay, Levav J y Avnaim-Pesso L. Extraneous factors in judicial decisions. PNAS 2011 vol 108 nº 17 6889-6892 ↩
  12. El autor habla de factores inconscientes que afectan la conducta. Sin embargo hay que aclarar que el autor no se está refiriendo a las causas inconscientes del psicoanálisis. ↩
  13. Dalbert, C. (2009). Belief in a just world. In M. R. Leary & R. H. Hoyle (Eds.), Handbook of Individual Differences in Social Behavior (pp. 288-297). New York: Guilford Publications ↩
  14. Minkow M y Beaver K.  A test of life history strategy theory  as a predictor of criminal violence across 51 nations. Personality and individual differences July 2016 Volume 97: 186-192 ↩
  15. Mani A y cols. Poverfty impedes cognitive function Science 2013 Vol 341 Issue 6149: 976-980 ↩
  16. Bruce Waller. The Stubborn system of moral responsability. Massachusetts Institute of Technology 2015. ↩
  17. Tali Sharot. The Optimism Bias. Why we are wired to look on the bright side. Robinson 2012 ↩
  18. Feldman G y cols. Bad is freer than good: positive-negative asymmetry in attributions of free will. Consciousness and cognition 2016 Volume 42:26-40 ↩
  19. Knobe, J. “Intentional action and side effects in ordinary language”. Analysis 63 (3) pp. 190–194, 2003