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Paz y Ciencia
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domingo, 17 de octubre de 2021

Desgranando a Nietzsche

 



Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: (+34) 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es                 Instagram: @psicoletrazaragoza

sábado, 8 de febrero de 2020

¿Por qué se está deprimido?




El fenómeno sólo existe si tiene una causa. Aristóteles.


La depresión es la resultante de varios factores cuya parte respectiva es difícil establecer en el desencadenamiento de los trastornos. El análisis de la situación permite hacer el inventario de las condiciones que han precedido a la aparición de aquéllos, pero la responsabilidad de estas condiciones no se puede comprobar con evidencia. Los roles del entorno, como favor favorecedor o desencadenante, y los roles del terreno genético son delicados de compartir.

Ciertos acontecimientos de la infancia predisponen a la depresión en la edad adulta y son factores que favorecen la depresión. Algunos acontecimientos de la vida adulta precipitan la aparición de una depresión. Hay que ser muy modesto, pues las causas de las depresiones todavía son muy mal conocidas.

Los individuos o su entorno encuentran a veces explicaciones a su estado, pues soportan con dificultad el principio de ser víctimas de una depresión sin razón aparente. No obstante, la noción de depresión endógena, que procede del griego endo, que significa del interior, y gene, que significa lo que nace, implica que la enfermedad depresiva puede desarrollarse sin determinante exterior, y que su aparición está vinculada a factores constitucionales de origen interno, que serían quizá hereditarios (teoría biológica). Las depresiones exógenas (del griego exo, que significa del exterior) se deben a factores exteriores (estrés, enfermedad física, por ejemplo) pueden precipitar la aparición de una depresión en un terreno ya abonado. Es pues, la suma de diferentes causas lo que conduce a las manifestaciones depresivas.

Se han alegado a veces pretextos retrospectivos durante una depresión, pero más que el acontecimiento al que se culpa (ruptura sentimental, decepción profesional, conflicto familiar, etc.). es la forma en que es vivido y en la que afecta al individuo lo que puede conllevar una reacción depresiva. Es importante tener en cuenta el contexto de aparición de un acontecimiento, pues las defensas del organismo pueden en ciertos momentos de nuestra existencia haberse deteriorado a causa de una enfermedad física, una falta de actividad, una sensación de inseguridad, por ejemplo, lo que reduce la capacidad de enfrentarse al problema. En efecto, situaciones difíciles de asumir (fallecimiento, separación, fracaso, paro, vejez) no implican una reacción depresiva para todos los individuos, son mejor o peor toleradas en diferentes momentos de su vida.

La depresión es, pues, el resultado de diversas causas, entre las que se puede citar el aspecto biológico, los traumas exteriores y la vulnerabilidad del momento.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Nº Col.: A-1324
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es
Tfno.: +34 653 379 269


sábado, 5 de agosto de 2017

Psi basada en la evidencia

En las Facultades de Medicina y Psicología casi exclusivamente, se imparte lo llamado Medicina Basada en la Evidencia. Esto significa que se excluye aquello que no es estrictamente "científico".
La (MBE) consiste en experimentos, estadísticas y análisis matemáticos de grupos, olvidando que cada sujeto es singular, único y que no es una rata. Suena extraño pero la psicología y psiquiatría experimental parte de estos para aplicarlos a un ser humano.
El profesor Berrios, alerta sobre esta controversia:

<<En inglés, "evidencia" posee dos significados centrales. El uso "ontológico" (el más antiguo) remite a "energeia", uno de los términos griegos utilizados para referirse a "verdad" y "objetividad".
El segundo significado en inglés es epistemológico y se relacional con las " razones para creer" en algo, es decir, lo que realmente constituye "tener bases para decir esto y esto..." nunca ha sido parte de la "definición" de evidencia. La razón es obvia: a lo largo de la historia, las causas han sido negociadas y han dependido de la moda epistemológica de la época.>>

Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo Zaragoza
Psicoterapeuta

sábado, 11 de enero de 2014

Un poco más elevado que el amor

Rodrigo Córdoba Sanz: Este libro cayó en mis manos ignorando la belleza que contiene su interior. Se trata de un acercamiento a la "filosofía perenne", a la espiritualidad, al amor, al dolor. Ken Wilber tiene pasajes en los que introduce su pensamiento a modo de ensayo, en otros momentos, la emoción no le puede alejar de la lectura de los fragmentos intercalados del diario de Treya, por cierto, una mujer muy especial, con una fuerza muy particular que le llevó a otra dimensión de un modo suave, lindo y entregado. Es un libro muy serio donde reside el amor y el dolor en su estado más puro. Hacía tiempo que no leía algo tan bonito. Y esto es curioso porque el lector podrá ver largos fragmentos de filosofía perenne y psicología transpersonal. Se trata, por tanto, de un libro para aprender. No tanto por lo que Ken Wilber ilustra con su verbo y asepsia sino por un vínculo que queda claro en el juego de "preguntas-respuestas" que realizan Treya y Wilber. Una recomendación con mucho calor. En 1983, Ken Wilber conoció a Treya (Terry Killam), e inmediatamente se produjo entre ellos un "reconocimiento" mutuo. Tras un breve noviazgo contrajeron matrimonio, pero su felicidad pronto se vio truncada cuando a Treya se le diagnosticó un cáncer. Su luna de miel discurrió en un hospital, iniciándose así el atribulado periplo de cinco años que la pareja viviría hasta la muerte de tan excepcional mujer. En Gracia y Coraje el vibrante diario de Treya se va entrelazando con las profundas reflexiones de Ken, dando lugar a un relato vivamente humano que transmite el impacto que esta experiencia supuso en la vida de la pareja y que les llevó al cuestionamiento de sus convicciones espirituales ante la realidad de la enfermedad y la muerte. Es esta una obra inapreciable de espiritualidad "real", que pone en tela de juicio la visión de la "Nueva Era", que presenta los aspectos esenciales de las grandes tradiciones de sabiduría del mundo entero, y que invita a la sanación, a la totalidad y a la armonía, a la aceptación del sufrimiento y a la entrega final.Es esta una obra sobre la "filosofía perenne" y la psicología transpersonal, escrita por una mujer excepcional y por su esposo, uno de los más lúcidos pensadores de nuestro tiempo, pero no es solo eso. Es un libro para apoyar y alentar a quienes padecen una enfermedad terminal y a sus acompañantes, pero es mucho más aún. Es una conmovedora historia de amor y una viva fuente de inspiración para quienes se encuentran recorriendo un camino espiritual o se hallan en busca de sí mismos; un testimonio de como la transcendencia se hace real y encarna día a día en unas personas de este mundo, de este tiempo, llenando de sentido sus vidas; y una llamada a la esperanza ante el desafío de la vida y de la muerte."Una profunda e impactante visión de la vida, el amor, la muerte y la resurrección." Dr. M. Scott Peck, autor de La nueva psicología del amor"El relato de una auténtica experiencia

jueves, 4 de julio de 2013

Bienestar y Psicología Positiva

BIENESTAR Y PSICOLOGÍA POSITIVA



www.psicologia-positiva.com

Si hacemos el ejercicio de preguntar a diferentes personas de todo tipo y condición por el objetivo de la psicología y el papel de aquellos que a ella se dedican, seguramente encontremos una respuesta predominante: tratar y curar los trastornos de la mente.
Ciertamente, durante muchos años la psicología se ha centrado exclusivamente en el estudio de la patología y la debilidad del ser humano, llegando a identificar y casi confundir psicología con psicopatología y psicoterapia. Este fenómeno ha dado lugar a un marco teórico de carácter patogénico que ha sesgado ampliamente el estudio de la mente humana. Así, la focalización exclusiva en lo negativo que ha dominado la psicología durante tanto tiempo, ha llevado a asumir un modelo de la existencia humana que ha olvidado e incluso negado las características positivas del ser humano (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) y que ha contribuido a adoptar una visión pesimista de la naturaleza humana (Gilham y Seligman, 1999). De esta manera, características como la alegría, el optimismo, la creatividad, el humor, la ilusión… han sido ignoradas o explicadas superficialmente.
Las limitaciones de esta focalización en lo negativo comienza ha ser puesta en evidencia en los últimos años y en diferentes trastornos. Así por ejemplo, los trastornos depresivos parecen encontrarse deficientemente explicados desde un modelo basado exclusivamente en emociones negativas. La depresión no es sólo presencia de emociones negativas, sino ausencia de emociones positivas, algo fundamental, por ejemplo, a la hora de elaborar tratamientos. En este sentido, las técnicas y terapias elaboradas para luchar contra la depresión se han centrado tradicionalmente en la eliminación de emociones negativas como la apatía, la tristeza, la indefensión, etc. Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo en los últimos años han comenzado a desarrollar estrategias de intervención basadas en la estimulación en el sujeto deprimido de emociones positivas como alegría, ilusión, esperanza, etc.
Gran parte de la investigación y el esfuerzo teórico realizado por los psicólogos en los últimos años ha estado centrada en buscar la manera de prevenir el desarrollo de trastornos en sujetos potencialmente vulnerables (sujetos de riesgo). Sin embargo, no puede obviarse, que aún hoy, la psicología se ha mostrado incapaz de dar solución a esta cuestión. El modelo patogénico adoptado durante tantos años se ha mostrado incapaz de acercarse a la prevención del trastorno mental. Quizá la clave de este fracaso se encuentre en que la prevención siempre ha sido entendida desde los aspectos negativos y se ha centrado en evitar o eliminar las emociones negativas.
De hecho, los mayores progresos en prevención han venido de perspectivas centradas en la construcción sistemática de competencias (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000). En este sentido, se ha demostrado que existen fortalezas humanas que actúan como amortiguadoras contra el trastorno mental y parece existir suficiente evidencia empírica para afirmar que determinadas características positivas y fortalezas humanas, como el optimismo, la esperanza, la perseverancia o el valor, entre otras, actúan como barreras contra dichos trastornos.
La perspectiva reduccionista ha convertido a la Psicología en una "ciencia de la victimología" (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000). De forma histórica, la psicología ha concebido al ser humano como un sujeto pasivo, que reacciona ante los estímulos del ambiente. El foco de la psicología aplicada se ha centrado en curar el sufrimiento de los individuos y ha habido una explosión en la investigación de los trastornos mentales y los efectos negativos de estímulos estresores. Los profesionales tienen el cometido de tratar los trastornos mentales de los pacientes dentro de un marco patogénico en el que es crucial la reparación del daño. Sin embargo, la psicología no es sólo un brazo de la medicina centrado en la enfermedad-salud mental, es mucho más que eso. En los últimos años se han alzado voces que, retomando las ideas de la psicología humanista acerca de la necesidad del estudio de la "parte positiva" de la existencia humana han aportado un sólido soporte empírico y científico a esta parte descuidada de la psicología.
El término "psicología positiva" ha sido desarrollado por Martin Seligman, investigador que, habiendo dedicado gran parte de su carrera al trastorno mental y al desarrollo de conceptos como la indefensión aprendida, ha dado un giro radical en su orientación, elaborando y promoviendo una concepción más positiva de la especie humana.
La psicología positiva tiene como objetivo mejorar la calidad de vida y prevenir la aparición de trastornos mentales y patologías. La concepción actual focalizada en lo patológico se centra en corregir defectos y reparar aquello que ya se ha roto. Por el contrario, la psicología positiva insiste en la construcción de competencias y en la prevención.
Para Seligman, el concepto de psicología positiva no es nuevo en la psicología, ya que antes de la Segunda Guerra Mundial los objetivos principales de la psicología eran tres: curar los trastornos mentales, hacer las vidas de las personas más productivas y plenas e identificar y desarrollar el talento y la inteligencia de las personas. Sin embargo, tras la guerra, diferentes eventos y circunstancias llevaron a la psicología a olvidar dos de esos objetivos y a centrarse exclusivamente en el trastorno mental y el sufrimiento humano (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000).
De la misma manera, podemos encontrar claras tendencias positivistas en la corriente humanista de la psicología, floreciente en los años 60 y representada por autores tan reconocidos como Carl Rogers, Abraham Maslow o Erich Fromm. Desgraciadamente, la psicología humanista no se ha visto acompañada de una base empírica sólida y ha dado lugar a una inmensa cantidad de movimientos de autoayuda dudosos y poco fiables (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000).
En esta búsqueda de lo mejor del ser humano, de las cosas buenas que hacen que florezca su potencial, la psicología positiva no confía en sueños dorados, utopías, espejismos, fe, ni auto-engaño, sino que adopta el método de la psicología científica, ampliando el campo tradicional de actuación y distanciándose de dudosos métodos de autoayuda o filosofías espirituales que tanto proliferan en nuestros días.
En palabras de Martin Seligman, la psicología positiva surge como un intento de superar la resistente barrera del 65% de éxito que todas las psicoterapias han sido incapaces de sobrepasar hasta hoy. Las técnicas que surgen de la investigación en psicología positiva vienen a apoyar y complementar las ya existentes. Gracias a la investigación teórica en torno a este área, el abanico de la intervención se verá ampliamente enriquecido. En este sentido, la relación de variables como el optimismo, el humor o las emociones positivas en los estados físicos de salud se alza como uno de los puntos clave de la investigación en psicología positiva. A lo largo de los próximos años es de esperar una gran cantidad de resultados empíricos que vayan dando forma a una nueva teoría de la psicología.
La psicología positiva no es… un movimiento filosófico ni espiritual, no pretende promover el crecimiento espiritual ni humano a través de métodos dudosamente establecidos. No es un ejercicio de autoayuda ni un método mágico para alcanzar la felicidad. No pretende ser un abrigo bajo el que arropar creencias y dogmas de fe, ni siquiera un camino a seguir por nadie. La psicología positiva no debe ser confundida en ningún caso con una corriente dogmática que pretende atraer adeptos ni seguidores, y en ningún caso debe ser entendida fuera de un riguroso contexto profesional.
La psicología positiva es… una rama de la psicología que busca comprender, a través de la investigación científica, los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, durante tanto tiempo ignoradas por la psicología.
El objeto de este interés no es otro que aportar nuevos conocimientos acerca de la psique humana no sólo para ayudar a resolver los problemas de salud mental que adolecen a los individuos, sino también para alcanzar mejor calidad de vida y bienestar, todo ello sin apartarse nunca de la más rigurosa metodología científica propia de toda ciencia de la salud.
La psicología positiva representa un nuevo punto de vista desde el que entender la psicología y la salud mental que viene a complementar y apoyar al ya existente.
 

miércoles, 3 de julio de 2013

Quiero

 
 
"Quiero", poema de Jorge Bucay
Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confí­es en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.
 

domingo, 16 de junio de 2013

Psiquiatría de lo Terrible



Existen dispositivos, encuadres, esto es, encuadres que se ven muy limitados por el tiempo de consulta. Pertenece a lo que podríamos llamar en muchos de esos casos la psiquiatría biológica. Para empezar son consultas de media hora en el mejor de los casos. Esto en la psiquiatría privada. En la psiquiatría pública, el diálogo suele ser:

- ¿Qué tal estas?
- Mal.
- ¿Qué te pasa?
-  No puedo dormir.
- Te voy a subir el lormetazepam y nos vemos dentro de tres meses.

Quizá a alguno le resulte sorprendente. Las formas también son dignas de mención. Un psicopatólogo que no un psico(pato)logo, siguiendo la nomenclatura de Carlos Castilla del Pino, dice lo siguiente:

- Cuéntame.
- Tengo ideas de que la gente habla de mí.
- (En este momento y en el mejor de los casos, el psiquiatra trata de intervenir para que la persona se de cuenta de que esas ideas no tienen una base real, pero no van más allá, esto es, no se contempla el hecho de que el paciente haga un insight en relación a sus proyecciones. El psiquiatra biológico suele desatender el psicoanálisis y casi todo lo relacionado con la psicoterapia porque, al menos en España, "no es científica". Con lo cual, y aquí viene lo terrible, el psiquiatra pregunta: -Cuéntame más cosas malas).

Con esto quiero decir que así se conoce una parte de la persona, la parte enferma. En ser humano tiene un potencial innato de recursos que van más allá de su patología, en una psicoterapia, que a priori se considera como "apoyo", se pueden dar cambios cognitivos muy importantes y conectar la situación emocional con ciertas ideas delirantes, por ejemplo.
Todo paciente, toda persona, merece ser atendida con cuidado y esmero y merece ser atendida en toda su dimensión, no solo su lado patológico, la persona TIENE un problema NO ES un problema. Curioso que todos los médicos conozcan aquello que dijo su "socio fundador" Hipócrates: "No existen enfermedades sino enfermos". Aforismo especialmente acertado en el ámbito "psi". Pasen buen día.

Tristezas de la luna

Esta noche la luna sueña con más pereza,
Cual si fuera una bella hundida entre cojines
Que acaricia con mano discreta y ligerísima,
Antes de adormecerse, el contorno del seno.

Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes,
Moribunda, se entrega a prolongados éxtasis,
Y pasea su mirada sobre visiones blancas,
Que ascienden al azul igual que floraciones.
Cuando sobre este globo, con languidez ociosa,
Ella deja rodar una furtiva lágrima,
Un piadoso poeta, enemigo del sueño,
De su mano en el hueco, coge la fría gota
como un fragmento de ópalo de irisados reflejos.
Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz.
 
Charles Baudelaire
 
http://youtu.be/ZB2g60oQD4w Blind Guardian -Full Concert-
 
RODRIGO CÓRDOBA SANZ. PSICÓLOGO Y PSICOTERAPEUTA. ZARAGOZA.

viernes, 8 de febrero de 2013

Las causas del estrés y el nerviosismo



La alteración del equilibrio mental -que genera los desórdenes nerviosos- es provocada por estados continuos de excitación o por la estimulación excesiva de los sentidos. El entregarse a pensamientos constantes de temor, ira, melancolía, remordimiento, envidia, tristeza, odio, descontento o preocupación, así como la falta de las condiciones indispensables para llevar una vida normal y feliz -tales como la alimentación correcta, el ejercicio adecuado, el aire puro, el sol, un trabajo agradable y un propósito en la vida-, son todos causas de trastornos nerviosos.
Cualquier excitación violenta o persistente, ya sea mental, emocional o física, perturba y desequilibra intensamente el flujo de la energía vital en todo el mecanismo sensomotor y en las lámparas de los sentidos. Si conectamos una lámpara de 120 voltios con una corriente de 2.000 voltios, aquélla inmediatamente se quema. De manera análoga, el sistema nervioso no está hecho para soportar la fuerza destructiva de las emociones intensas o de persistentes pensamientos y sentimientos negativos.
Otra causa del nerviosismo, a pesar de que no lo adviertas, es el ruido de la radio o de la televisión que se prolonga durante horas. Todos los sonidos provocan una reacción de los nervios. Un estudio llevado a cabo por el departamento de policía de Chicago demostró que si los seres humanos no se encontraran sujetos al bombardeo de sonidos de la vida moderna, que son particularmente intensos en las ciudades, podrían vivir varios años más. Aprende a disfrutar del silencio; no escuhes la radio o la televisión durante horas interminables, ni tengas estos aparatos funcionando constantemente como sonido de fondo.
Todos los tipos de carne de animales superiores, sobre todo de vaca y de cerdo, resultan dañinos para el sistema nervioso, pues provocan sobreexcitación y agresividad. Evita ingerir demasiados almidones, sobre todo los de aquellos alimentos elaborados con harina refinada. Incluye en tus comidas granos enteros, queso fresco y mucha fruta, así como jugos de frutas y vegetales frescos; todos estos alimentos son muy importantes. Huelga decir que las bebidas alcohólicas y las drogas destruyen el sistema nervioso; mantente alejado de ellas.
Una bebida yóguica que es muy buena para el sistema nervioso se prepara agregando azúcar molido y jugo fresco de lima a un vaso de agua. Debe mezclarse cuidadosamente y en las proporciones adecuadas para que el sabor sea dulce y ácido por igual. He recomendado a muchas personas esta bebida, con excelentes resultados.
Recuerda que la mejor medicina para el nerviosismo consiste en armonizar nuestra vida con Dios.

miércoles, 30 de enero de 2013

Psiquiatría insolita


PSIQUIATRÍA INSÓLITA

El proceso cultural es un proceso de domesticación que no puede llevarse a cabo sin rebeldía por parte de la naturaleza animal, ansiosa de libertad. Ernesto Sábato

 

Leer psiquiatría supuso hace muchos años un soplo de aire fresco, con la ignorancia, avidez y curiosidad del estudiantito que andaba buscando.

Ahora las cositas se van posando, los conocimientos cobran otro valor y la experiencia clínica, el verdadero baluarte del terapeuta, empieza a cuestionar aquello leído.

Concebir un texto como un axioma, un dogma o algo digno de mantener de manera inexorable como ley es un insólito insulto a la inteligencia del clínico y del paciente.

Los pacientes cambian en función del clínico, del momento histórico y de otras circunstancias propias de un ensayo de Kierkegaard, Sartre o de un arrebato platónico o socrático.

La clínica es cómo se hace, no lo leído, lo leído sirve como parapeto del clínico inseguro, como método de adherencia a un grupo de pensamiento único y como pre-juicio.

Desde una óptica humanista podemos citar a Laura Perls, una de las mujeres del genial y excéntrico Fritz Perls: “Hay tantas terapias como pacientes y terapeutas”.

Recuerdo leer esos textos de psiquiatría biológica y sorprenderme de aquello que sonaba tan científico, por ejemplo, los gemelos monocigóticos y dicigóticos y la fundamentación para las enfermedades graves y crónicas. Sin embargo en la clínica, los cuadros no corresponden con “antecedentes genéticos” muchas veces.

Por otro lado, desde mi querido psicoanálisis, del cual me autodenomino “disidente” de forma pretenciosa y vanidosa… Recuerdo que el ser consciente no es un acto de voluptuosa inteligencia. Pues bien, Joan Coderch, en su célebre libro Psiquiatría Dinámica escribe en la sección destinada a los Trastornos del Carácter sobre la homosexualidad. Allí hace una clasificación sobre las “causas” de la homosexualidad, a saber: fijación a la madre, hostilidad hacia el padre, etcétera.

Por esto creo que tenemos que realizar más grupos Balint, más seminarios grupales para poner en común, en supervisiones grupales, y dejar los libros para los que escriben libros y se lucran por ellos.

Esta ciencia no ha avanzado demasiado, han avanzado más los pacientes que los clínicos. Ahora, un paciente viene “sabiendo” qué le pasa y qué tipo de terapia quiere y necesita. Los terapeutas “saben” qué tipo de terapia saben hacer y cuáles no. El resultado está en un lecho de Procrusto donde les cortamos los brazos y los pies a los pacientes, mutilados de su gesto espontáneo, sea certero o no, desprendidos de su voluntad.

Así pues, como quien lee esto es una persona inteligente y el texto no es demasiado críptico ni autoerótico hay que concluir que escuchemos más al paciente y dejemos a los libros a un lado.

Una paciente me citaba a Alejandro Jodorowsky: “El psicoanalista es un hombre que se pone unos espejos en la cuenca de los ojos y el paciente le dice: -por fin me has entendido-“

 

Rodrigo Córdoba Sanz, Psicólogo y Psicoterapeuta.

24 de Diciembre de 2013.

Email: rcordobasanz@gmail.com

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