viernes, 3 de abril de 2020
La ansiedad nos lleva a la nada
Si la ansiedad nos lleva a la nada, la melancolía nos traslada al pasado y nos cierra las puertas del porvenir. El aburrimiento cabalga entre ellos dos. El tramo siguiente lleva de la melancolía a la desesperanza. La esperanza es el puente que tendemos entre el pasado y el futuro, lo que significa que aún se aguardan cosas positivas, ilusiones. La desesperanza es una pieza psicológica con dos caras: la desesperación y la desesperanza propiamente dicha. En la primera hay todavía lucha, actividad, se intenta combatir lo inevitable. En la segunda todo ya es más grave y definitivo: en el horno de la desesperanza se queman las últimas ilusiones, volatilizándose todo lo que de alguna manera sostiene la vida. Estamos ante las puertas de los pensamientos suicidas.
La Travesía de la Ansiedad es la siguiente: Ansiedad-Aburrimiento-
Melancolía-Desesperación_ Desesperanza-Ideas y/o Intentos de suicidio.
Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
N° Col : A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es
jueves, 2 de abril de 2020
Síntomas del Estrés
Síntomas físicos:
- Taquicardia
- Aumento de la tensión arterial
- Hipersudoración
- Dilatación popular
- Temblores
- Excitación general
- Insomnio
- Sequedad de boca
Síntomas psíquicos:
- Inquietud
- Desasosiego
- Miedo difuso
- Disminución de la vigilancia
- Desorganización del curso del pensamiento
- Atención dispersa
Síntomas de conducta:
- Imposibilidad para relajarse
- Perplejidad
- Situación de guardia-alerta
- Tensión muscular facial y mandibular
- Caminatas sin rumbo (ir y venir)
- Frecuentes bloqueos
- Irritabilidad
Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
N° Col.: A-1324
Página Web: www.rcordobasanz es
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miércoles, 1 de abril de 2020
El Estrés
El estrés es una de las situaciones más frecuentes del hombre moderno. En los países desarrollados lo padece más de la mitad de la población. Los orígenes de esta noción son muy antiguos. Ya Hipócrates, a quien se le considera el padre de la medicina, subrayó la existencia de un vis medicatrix naturae, un poder curativo de la naturaleza, es decir, la puesta en marcha de una serie de mecanismos biológicos, con el fin de defendernos de las agresiones provenientes del exterior.
El estrés es la respuesta del organismo a un estado de tensión excesiva y permanente que se prolonga más allá de las propias fuerzas. Se va a manifestar en tres planos: físico, psicológico y de conducta. Dicho de otra forma, lo que le ocurre al individuo con estrés es que está en unas condiciones de vida que le llevan al borde del agotamiento. Lleva acumulados un sobreesfuerzo constante, una tensión emocional y/o intelectual fuerte, un ritmo vertiginoso de vida, sin tiempo para nada. Aquí lo fundamental es el tipo de vida. Siempre abrumado, sobrepasado en las propias posibilidades, permanentemente desbordado, agobiado, sin un minuto libre, arrastrando un cansancio crónico. No hay tregua posible a demasiadas exigencias inaplazables.
Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
N° Col.: A-1324
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martes, 31 de marzo de 2020
Laura Gutman
El verdadero desastre humanitario
Desde el origen de las civilizaciones patriarcales, los seres humanos hemos creído que la vida es una lucha y que hay enemigos por doquier. Así hemos organizado innumerables guerras y catástrofes, con el propósito de dominar al otro y salvarnos. ¿Cuál es la raíz de todo este malentendido milenario? El miedo. ¿Y como se establece el miedo? Se instauró durante nuestras infancias, por no habernos sentido suficientemente amados ni protegidos.
El miedo es una emoción útil -en muchos casos- pero en otros, nos deja completamente infantilizados, sin criterio y expuestos a manipulaciones y engaños. Justamente porque nos remite automáticamente a experiencias primarias.
En la actualidad, la circulación instantánea de la información, facilita los engaños colectivos, que enraízan en la falta de sentido común que arrastramos desde tiempos remotos.
¿Qué pasaría si cada día, en los diarios de todo el mundo, se publicaran las cifras de muertes por enfermedades? Cada año mueren 60.000.000 de seres humanos en nuestro Planeta Tierra. Casi 10.000.000 de cáncer. Alrededor de 20.000.000 de enfermedades cardiovasculares. Otros tantos por diabetes, obesidad y complicaciones vinculadas. Casi todos estamos enfermos, aunque muchos no nos morimos en seguida. ¿Es una catástrofe? Sí, claro. Señal de que estamos viviendo mal, contaminando el planeta e intoxicándonos todos nosotros con alimentos basura, harinas, azúcar, lácteos, fármacos, drogas, alcohol, rabia y malestar.
Entiendo que ese es el verdadero desastre humanitario que tenemos que atender, aunque no está en las primeras planas de los periódicos. Tenemos que cambiar radicalmente de paradigma. Comer distinto, usar otros sistemas de medicina, educar distinto, vincularnos distinto, informarnos distinto. No resolveremos ninguna pandemia aislándonos ni confinándonos en nuestros hogares, sino por el contrario, a través de la cooperación social, porque esa es -y ha sido- la llave de la prosperidad. Necesitamos recuperar la confianza en nuestra comunidad a diferencia de lo que estamos haciendo ahora: considerando a nuestros vecinos como enemigos potenciales que van a hacernos daño.
Los virus no son peligrosos. Somos nosotros quienes estamos dramáticamente disminuidos inmunológicamente. La buena noticia es que podemos cambiar hacia una vida más equilibrada, depurando nuestro organismo de toda la toxicidad acumulada y restableciendo el orden físico y espiritual.
Las medidas gubernamentales actúan desde el mismo miedo y la misma falta de conciencia que la población. Estamos constatando que -como consecuencia del encierro- vamos a estar todos un poco más enfermos. Porque la vida social es saludable. Trabajar y movernos es saludable. Tener proyectos de vida es saludable. Circular en libertad es saludable. Divertirse es saludable. Compartir es saludable.
El miedo provoca incluso que dispongamos algo insólito y digno de un mundo que está patas para arriba: tenemos prisioneros a los niños. Paradójicamente, los perros gozan del derecho de pasear por las calles. Los niños son seres en movimiento y los adultos somos responsables por su bienestar. Por eso, en estos momentos de tanta restricción, es urgente que encontremos recursos creativos para que corran, salten, trepen y se expresen; antes de que se debiliten por hacinamiento o falta de estímulo físico. También es imprescindible -ahora más que nunca- nutrirlos con alimentos fisiológicos, y obviamente, con toda nuestra capacidad para amarlos en la forma en la que ellos lo reclaman.
Esta es una oportunidad para cambiar en serio. Hemos nacido en equilibrio y es hora de honrar nuestra salud. No es necesario luchar contra nada. Al contrario, se trata de recuperar nuestra armonía original.
Laura Gutman
El miedo es una emoción útil -en muchos casos- pero en otros, nos deja completamente infantilizados, sin criterio y expuestos a manipulaciones y engaños. Justamente porque nos remite automáticamente a experiencias primarias.
En la actualidad, la circulación instantánea de la información, facilita los engaños colectivos, que enraízan en la falta de sentido común que arrastramos desde tiempos remotos.
¿Qué pasaría si cada día, en los diarios de todo el mundo, se publicaran las cifras de muertes por enfermedades? Cada año mueren 60.000.000 de seres humanos en nuestro Planeta Tierra. Casi 10.000.000 de cáncer. Alrededor de 20.000.000 de enfermedades cardiovasculares. Otros tantos por diabetes, obesidad y complicaciones vinculadas. Casi todos estamos enfermos, aunque muchos no nos morimos en seguida. ¿Es una catástrofe? Sí, claro. Señal de que estamos viviendo mal, contaminando el planeta e intoxicándonos todos nosotros con alimentos basura, harinas, azúcar, lácteos, fármacos, drogas, alcohol, rabia y malestar.
Entiendo que ese es el verdadero desastre humanitario que tenemos que atender, aunque no está en las primeras planas de los periódicos. Tenemos que cambiar radicalmente de paradigma. Comer distinto, usar otros sistemas de medicina, educar distinto, vincularnos distinto, informarnos distinto. No resolveremos ninguna pandemia aislándonos ni confinándonos en nuestros hogares, sino por el contrario, a través de la cooperación social, porque esa es -y ha sido- la llave de la prosperidad. Necesitamos recuperar la confianza en nuestra comunidad a diferencia de lo que estamos haciendo ahora: considerando a nuestros vecinos como enemigos potenciales que van a hacernos daño.
Los virus no son peligrosos. Somos nosotros quienes estamos dramáticamente disminuidos inmunológicamente. La buena noticia es que podemos cambiar hacia una vida más equilibrada, depurando nuestro organismo de toda la toxicidad acumulada y restableciendo el orden físico y espiritual.
Las medidas gubernamentales actúan desde el mismo miedo y la misma falta de conciencia que la población. Estamos constatando que -como consecuencia del encierro- vamos a estar todos un poco más enfermos. Porque la vida social es saludable. Trabajar y movernos es saludable. Tener proyectos de vida es saludable. Circular en libertad es saludable. Divertirse es saludable. Compartir es saludable.
El miedo provoca incluso que dispongamos algo insólito y digno de un mundo que está patas para arriba: tenemos prisioneros a los niños. Paradójicamente, los perros gozan del derecho de pasear por las calles. Los niños son seres en movimiento y los adultos somos responsables por su bienestar. Por eso, en estos momentos de tanta restricción, es urgente que encontremos recursos creativos para que corran, salten, trepen y se expresen; antes de que se debiliten por hacinamiento o falta de estímulo físico. También es imprescindible -ahora más que nunca- nutrirlos con alimentos fisiológicos, y obviamente, con toda nuestra capacidad para amarlos en la forma en la que ellos lo reclaman.
Esta es una oportunidad para cambiar en serio. Hemos nacido en equilibrio y es hora de honrar nuestra salud. No es necesario luchar contra nada. Al contrario, se trata de recuperar nuestra armonía original.
Laura Gutman
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Zaragoza Psicólogo
Traumas Biográficos
Los factores de la historia del individuo pueden agruparse en agudos y crónicos:
- Agudos: acontecimientos súbitos, que se han presentado de pronto, inesperadamente.
- Crónicos: son los que operan de modo paulatino, sumativo, a lo largo de un espacio relativamente amplio de tiempo y van dejando una secuela progresiva.
Se dibujan también otros dos estilos:
- Microtraumas: son rotundos, sólidos, terribles, pueden llegar a cambiar la vida, como un giro de ciento ochenta grados. Tardan en olvidarse. Y, lo que es más grave, muchas veces no se superan.
- Microtraumas: tienen menos trascendencia, son menudos, pequeños, más triviales, pero lo que aquí cuenta es su número, su insistencia, la reiteración con que van calando en la intimidad diariamente. Forjan una tupida red de tensiones y conflictos. Entre ellos, como si se tratara de unos hilos sedosos, se vértebra la ansiedad, enlazándolos.
Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
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domingo, 29 de marzo de 2020
La complejidad de la situación
De ahí que al tratar de definirla necesitamos recurrir a ejemplos, metáforas o explicaciones largas y complicadas. Todo lo afectivo es interior. Es algo que mueve por dentro al hombre y lo lleva hacia posiciones bipolares, contrapuestas, diametralmente opuestas: placer-displacer, excitación-tranquilidad, tensión-relajación, aproximación-rechazo, activación-bloqueo. La impresión interna es de impacto, tiene una nota de brusquedad súbita, de algo que sobrecoge y que deambula entre estos dos polos opuestos.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza.
Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379269 También por Videollamada.
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sábado, 28 de marzo de 2020
Cuentos del Tibet
Había un joven monje que queria conocer a Buda y ser discípulo suyo. Había escuchado que estaba predicando en un pueblo y se dirigia hacia allí. Por el camino se encontró a un anciano que acarreaba una gran carga de leña y decidió desviarse un poco para ayudarlo y acompañarlo a casa. Cuando al fin llegó al pueblo, Buda se habia marchado.
Preguntando de pueblo en pueblo averiguó a donde habia ido y se puso en marcha, pero por el camino encontró una mujer que habia caído al rio y se ahogaba. Se tiró a salvarla, encendió un fuego para calentarla y se quedó con ella hasta que se repuso. Cuando finalmente llegó al pueblo, Buda ya no estaba.
Pasaron muchos años y el monje nunca consiguió encontrar a Buda, siempre llegaba tarde. Un dia supo que se encontraba en el pueblo de al lado, pero que estaba muy enfermo y no viviría hasta el amanecer. Decidió que esta vez si conseguiria conocerlo, nada le podria detener.
Mientras cruzaba el bosque encontró un ciervo, herido por la flecha de un cazador. El monje dudó si debia seguir su camino, pero no podia abandonar al ciervo moribundo. Le curó sus heridas, lo tapó con su manta y lo cuidó toda la noche. Al amanecer, el monje se sintió triste y pensó “he perdido mi última oportunidad, nunca podré conocer a Buda porque ha muerto”. Entonces el ciervo se pusó de pie y le dijo:
-”Mientras quede en el mundo gente con tanta compasión como tu, Buda no morirá. No necesitabas conocerme porque siempre me llevaste en el corazón. “
Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
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