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domingo, 21 de noviembre de 2021

Simone de Beauvoir



Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es


Simone de Beauvoir (1908-1986) fue una escritora, filósofa y maestra, considerada como una de las pioneras del feminismo.


Pero, ¿en qué consistió su filosofía feminista? ¿Cuál fue su relación con el existencialismo y Jean Paul Sartre? ¿Cuáles fueron sus aportes para el pensamiento contemporáneo?


Simone de Beauvoir fue la primera en tomar como centro de su cuestionamiento filosófico a la mujer. Si bien la filosofía había abordado antes el tema de lo femenino, era tan solo un elemento más enmarcado en otras teorías.


De este modo, su gran aporte a la filosofía, como señala la doctora en filosofía, Linda Zerilli, fue la articulación de un nuevo problema filosófico: ¿qué es una mujer?


En su teoría, el problema de la mujer es abordado desde los puntos de vista:


Ontológico: ¿qué es una mujer?


Existencialista: ¿qué significa ser mujer?


Fenomenológico: ¿qué significa vivir la experiencia de ser mujer?


Este ha sido el punto de partida para las teorías de sexo y de género.


Su libro El segundo sexo planteó los fundamentos de la filosofía feminista y de las teorías de sexo y género.


En su momento, el libro fue tan controvertido que el Vaticano lo agregó a la lista de libros prohibidos. Como se plantea en la introducción de la traducción del libro al inglés:


El segundo sexo fue un acto audaz prometeico —un robo del fuego olímpico— del cual no había retorno. No es la última palabra sobre "el problema de la mujer", del cual, Beauvoir escribió "siempre ha sido un problema del hombre", pero marca el lugar en la historia donde comienza una iluminación (Judith Thurman).

Ahí yacían, inocentes de una distinción (entre mujer objeto y hombre sujeto) que marcaría sus destinos (Judith Thurman).

Dicha distinción entre mujer-objeto y hombre-sujeto anuncia la falta de reciprocidad entre estos dos géneros y sirve de introducción a su feminismo existencialista.

El libro, publicado en 1947, es considerado un texto fundacional en la filosofía feminista. Ha sido comparado con una biblia, ya que su argumentación, al igual que en el Génesis, parte desde una "caída" en el conocimiento: Simone de Beauvoir cuenta cómo, teniendo apenas un día de nacida, su tía, quien fue a visitarla al hospital, encontró una etiqueta en su cuna que decía "¡Es una niña!". En la cuna de al lado, la etiqueta decía "¡Yo soy un niño!".


miércoles, 10 de marzo de 2021

Yayo Herrero: Ecofeminismo

 



Conversación con Yayo Herrero

    

"Igual caminamos hacia el colapso, pero yo lo hago acompañada de la mejor gente que hay en el mundo"


En los últimos días, Yayo Herrero [1] ha estado dando charlas en Barcelona, Bilbao, Lanzarote y Palencia. Después de una semana agotadora para cualquier mortal, Yayo hace hueco en su agenda para tomar algo en el barrio y charlar sobre el colapso y las necesarias transiciones. Nos citamos en uno de esos clásicos bares del centro de Madrid que se ha ido reconvirtiendo en una mezcla de galería de arte retro y taberna castiza a la vez. Yayo llega con la sonrisa puesta, con las pilas cargadas y derrochando alegría. Hablamos de la vida, del ecologismo y otros cotilleos.


Solamente texto
"Igual caminamos hacia el colapso, pero yo lo hago acompañada de la mejor gente que hay en el mundo"
Mariola Olcina (cc)  

“Hemos perdido un tiempo precioso”. Es una de las frases con las que empieza el libro La Gran Encrucijada. Hace cuatro décadas que se publicó el informe del Club de Roma, Los límites del crecimiento y, hoy, hemos conseguido que importantes figuras e instituciones de las más diversas procedencias, como el Papa Francisco, Naciones Unidas u Obama reconozcan el desafío ecológico, energético y climático que supone este cambio de ciclo histórico. Hace cuatro décadas, también nacía el ecologismo social organizado en AEDEN, la Asociación de Estudio y Defensa de la Naturaleza. No es comparable, por supuesto. La sociedad organizada ha hecho más por la preservación del planeta que muchas figuras políticas. Empezamos hablando de las alternativas creadas desde abajo.

Alternativas para transitar: ¿Cómo, quiénes y para qué?

Ya sabemos que el colapso está a la vuelta de la esquina. La acuciante escasez de materiales, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, el ciclo del agua; tenemos un problema con el incremento de los residuos, y con su gestión, ¡ya ni te cuento! La calidad de vida en las ciudades es cada vez peor... y cada vez más insostenible. ¿Sabías que en 2050 la población urbana se multiplicará por dos y podemos llegar a ser más de 8.000 millones de personas viviendo en entornos urbanos? Calla, calla.

Necesitamos iniciativas productivas locales metidas dentro del ciclo de distribución, producción y consumo capitalista

Con todo esto que sabemos, tenemos la certeza que debemos transitar hacia otro modelo y pensar otras formas de organizarnos como sociedad. Hay gente que ya se ha puesto manos a la obra y a día de hoy, disponemos de una gran cantidad de alternativas: “Existen los grupos de consumo y diferentes formas de producción agroecológica; iniciativas que tienen que ver con los cuidados compartidos, tanto de pequeños y pequeñas, como residencias o espacios en los que los mayores comparten su vida. Han surgido diferentes medios de comunicación con fórmulas organizativas muy distintas. Hay todo un abanico de posibilidades con todo el tema de la financiación ética, muy importante para ver como podemos financiar las transiciones”. Y un largo etcétera.

En el campo de las alternativas, digamos, está todo inventado y las tenemos desde hace tiempo. Sin embargo, la activista ecofeminista profundiza en el análisis: “Yo creo que donde puede haber una dimensión diferente es en procesos de alianza entre iniciativas pequeñas que dialogan para aumentar la escalabilidad”. Para escalar, la clave no es imitar el modelo de la economía convencional sino “crecer por multiplicación donde múltiples iniciativas están conectadas y cada una de ellas, bien contextualizada en el territorio”. Otro ingrediente de la receta de la escalabilidad para Yayo es “ir copando diferentes dimensiones del ciclo de vida de la economía: No podemos conformarnos con tener solo iniciativas en la producción primaria. Necesitamos iniciativas productivas locales metidas dentro del ciclo de distribución, producción y consumo capitalista”.

Precisamente, Yayo conoce bien el entorno cooperativista porque ella es socia fundadora de Garúa, una cooperativa orientada a la educación, la investigación y la intervención, social y ambiental, desde 2006. Pero, ¿es esa la mejor fórmula jurídica para impulsar las transiciones? “A mí, personalmente, la forma legal que más me seduce es la cooperativa. Ha sido la estructura donde yo he podido vivir la profundidad de construir verdadera democracia en la economía y en la forma de producir. He sentido Garúa como una estructura donde nos hemos preocupado porque cada una de las integrantes, además de tener un salario, creciera personalmente y que hubiera un espacio de apoyo mutuo donde satisfacer esas otras necesidades que no se pueden medir en términos monetarios



 Desde el año 2012, es directora de una fundación consolidada como institución educativa y con una larga trayectoria en investigación en temas ecosociales. Es la primera mujer que ocupa este cargo en los más de 50 años de historia de esta institución. Sin embargo, para Yayo, la forma de fundación no es un formato que le guste especialmente: “Es una fórmula antidemocrática. Hay un patronato que se elige a sí mismo y que marca las líneas, muchas veces, con poca participación. En el caso de FUHEM, yo lo llevo bien porque es un patronato muy alineado y trabaja en colaboración estrecha con los equipos operativos que existen. Pero no me parece una buena fórmula, aunque haya fundaciones que hagan un papel excelente”.

Nos empieza a convencer de que la clave no es la fórmula jurídica sino la naturaleza de la actividad qué se hace y cómo se generan los excedentes sociales. “Incluso he conocido algunas iniciativas que tienen forma de Sociedad Limitada pero están metidas dentro de los mercados sociales, trabajan bajo los criterios de la economía social y solidaria y su trabajo puede jugar un papel importante en las transiciones”. Continúa hablando de su trayectoria profesional: “No puedo decir lo mismo de las empresas de corte transnacional donde el propósito de tu tarea como trabajadora está centrada en generar beneficios. Ahí dejas de preguntarte si lo que estás haciendo contribuye a mejorar el mundo o a dejarlo bastante peor”.

Yayo comenzó su carrera en la gran empresa formando parte del cuerpo ejecutivo de Indra. Desmonta el mito de la eficiencia de la empresa privada; recuerda cómo muchos medios cargos se convirtieron en verdaderos capataces; cómo los ritmos extenuantes de trabajo rayaban la explotación en muchos casos, y otras tantas experiencias que le han hecho ser quien es hoy. Pero, sobre todo, recuerda a un compañero suyo en la sección sindical: Bernardo Diaz Petrel, una de las personas que más le ha marcado en la vida. “Yo era muy jovencita y pensaba: «Yo quiero ser como Bernardo. Quiero ser una persona íntegra, coherente, profesional, honesta y buena. Una persona súper querida». Y claro, eso no cuadraba con la finalidad de mi trabajo, que era muy poco coherente con las cosas que yo creía que se debían hacer”.

Sin la visión del ecofeminismo no es posible realizar un análisis material completo del sistema

Convencidas del todo, concluimos que si hay democracia económica y se hace algo que no destruye a las personas ni el medioambiente, nos vale casi cualquier fórmula. “¡Espera!” Como no podía ser de otra manera, Yayo sigue profundizando en el análisis y emerge la perspectiva ecofeminista: ¿Y las iniciativas que no tienen ni siquiera forma legal? “Claro. Los centros sociales autogestionados no tienen fórmula jurídica -ni aspiran a tenerla- y para mí son centros productores de bienes y servicios imprescindibles que generan un bienestar social enorme. ¡Y los hogares! Tampoco tienen una forma empresarial... Bueno, a veces se sostienen en una fórmula legal bastante discutible en muchas cosas -hablo del vínculo del matrimonio, entendido como ese contrato social del patriarcado-. Pero son estructuras que se rigen por otra lógica y son núcleos de producción de bienes y servicios esenciales, como los cuidados”.

No es problema de fórmula sino de propósito; de ver a qué está orientada la actividad y cómo se realiza. Lo que está claro es que para llegar a esta conclusión hemos tenido que integrar en el análisis la dimensión de cuidados y la corporeidad de la vida humana. Yayo ha dedicado una gran parte de su tiempo a teorizar y descubrirnos el ecofeminismo. Gracias a integrar estas tesis en el ecologismo, tenemos constancia del problema de separación entre cultura y naturaleza. “En ese abismo que han creado las sociedades occidentales, las únicas personas que han establecido ese puente constante y permanente entre cultura y naturaleza han sido las mujeres y decir esto, no es esencialista; es profundamente materialista”. Para Yayo, sin la visión del ecofeminismo no es posible realizar un análisis material completo del sistema. Y añade: “Cuando no miras la corporeidad de la vida humana te olvidas de que es inmanente y tenemos que construir comunidades cohesionadas que, de forma corresponsable, traten de mitigar esa vulnerabilidad de la vida individual”. La idea de que todo lo personal es político, es una idea central del feminismo y, además, según la activista “ayuda a colocar bien las prioridades de lucha”.

Cuidados, territorios y municipalismos

Los resultados de las elecciones municipales de 2014 han supuesto un cambio del panorama político español. Nueve importantes ciudades del país están siendo gobernadas por plataformas ciudadanas (en alianza con algunos partidos) lo que supone un éxito sin precedentes. Le preguntamos a Yayo qué pintan los nuevos municipalismos en la transición hacia ciudades más sostenibles y, con cierta pesadumbre, comenta que lo que se puede hacer en el marco de las instituciones se está revelando limitado. “Aunque no diría que es inútil, pero la institución tiene una lógica extraordinariamente lenta y conflictiva, por los ataques de medios de comunicación y otras posiciones políticas. Por otro lado, los propios movimientos de corte político que están impulsando esos cambios parece que son ollas a presión en sus propios interiores. La lógica del conflicto está muy instalada dentro”.

Se basa en su experiencia personal: “Estoy participando en un proyecto del Ayuntamiento de Madrid que se llama “Ciudad de los cuidados”, impulsado por el delegado de Seguridad, y después de estar meses trabajando en él y una vez presentados una serie de documentos, no tenemos respuesta ni se sabe nada de cómo vamos a seguir”. Con este proyecto, el Ayuntamiento de la capital pretende trabajar sobre los ejes de la salud y sus determinantes sociales para aplicar una política que, entre otras cosas, dinamice en los barrios estructuras comunitarias corresponsables con el cuidado. ¿Por qué? Yayo explica que los hogares, y en especial, las mujeres, son las que han amortiguado las consecuencias de la crisis: “Y esto ha ocurrido porque un eje importante de la seguridad y bienestar de las personas lo proporciona un actor que hoy está muy debilitado en la ciudad: el barrio”. Prosigue con el análisis: “La sostenibilidad de la vida humana debería articularse en torno al primer eslabón que es la naturaleza; luego, la familia; después, la comunidad; el cuarto eslabón, el Estado y el quinto, lo privado. Pero del terreno de los hogares, estamos pasando directamente al terreno de lo público o al mundo mercantil. Y, sin embargo, la escala comunitaria está vacía”.

"El ecologismo social tiene que ir de la mano de la gente más desposeída y precaria"

A pesar de esto, España está siendo un punto de mira interesante para muchos movimientos sociales europeos porque es de los pocos países donde no está surgiendo una fuerza fascista organizada y esto tiene que ver con una tremenda red de solidaridad en el territorio. ¿Algún ejemplo? “Plataformas como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o como la Red de Solidaridad Popular (RSP) han sabido ver que es necesario coser la política pública con el activismo social, la protesta y la organización en la base más local”. Sin embargo, para Yayo, el movimiento ecologista no ha conseguido conectar con las preocupaciones de las clases más empobrecidas que están siendo literalmente expulsadas del sistema: “En EE.UU., el movimiento de justicia climática sí que ha conectado con estos sectores desfavorecidos porque las causas directas del cambio climático están impactando en población muy empobrecida y están siendo más conscientes de que la destrucción de la base material física tiene una correlación directa con el empobrecimiento de las personas. Eso aquí no lo hemos conseguido”. Y propone aprender de la pedagogía que ha hecho la RSP visibilizando la relación entre la degradación de la naturaleza y la destrucción de las condiciones de vida de las mayorías sociales. “Tengo la sensación de que teniendo tan claro en lo teórico la importancia de la relocalización de la economía, tenemos menos instrumentos para relocalizar la política, y Ecologistas en Acción tiene experiencia en resistir y defender los ecosistemas locales pero deberíamos trabajar también sobre la militancia en el entorno local para ayudar a conectar esas luchas”.

Y termina con una advertencia: “Se nos plantea el mayor reto que hemos tenido nunca. Ya no vamos a tener que pegarnos con el negacionismo ni contra el reconocimiento de la crisis ecológica. Tenemos que pelear para mostrar que las soluciones no son soluciones de capitalismo verde ni meramente tecnológicas, sino que las soluciones pasan por una redistribución radical de la riqueza y del acceso a la misma. Que las soluciones pasan por establecer mecanismos de vida más austeros para todas, no solo para las personas más desposeídas. Un ecologismo social en el que nos merezca la pena invertir nuestro esfuerzo es un ecologismo que tiene que ir de la mano con las luchas de la gente más desposeída y precaria”.

¿Cómo hacemos frente a esta gran encrucijada?

La activista acaba de publicar el libro La Gran Encrucijada con Alicia Torrego y Fernando Prats, en el marco del Foro Transiciones. Un libro sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico cuyo diagnóstico no aporta nada nuevo, según comenta Yayo, pero que recoge el mejor conocimiento científico que tenemos ahora mismo con un estilo narrativo que conecta con personas a las que no estábamos siendo capaces de llegar. “Nos han dicho muchas veces «basta ya de diagnósticos, vamos a las soluciones», pero creo que hay que seguir insistiendo porque aún no se ha conseguido un relato universal sobre lo que está pasando. Es necesario salir de nuestros núcleos para atraer a capas de la sociedad más amplias a este empeño por transitar hacia sociedades ecologistas, justas e igualitarias. Con este libro estamos conectando con entornos más socialdemócratas o de corte más neokeynesiano o de economía verde”.

Es necesario abrir los debates más polémicos de las transiciones y debatir con cuantos más sectores de la opinión pública, mejor. Por ejemplo, si hablamos de transitar hacia renovables, habrá que estudiar cómo se financia para que dé cobertura a las necesidades de las mayorías sociales, y por otro lado, habrá que planificar esa transición, ya que la fabricación de generadores y placas solares supone la emisión de gases de efecto invernadero y la utilización de materiales escasos. Para Yayo, esta dinámica de planificación requiere “autoorganización en lo local y políticas macro que cuenten cuántas toneladas de materiales, cuánto gasto energético y cuántas emisiones se pueden generar con estos procesos sin empeorar las dinámicas de colapso”.

En la parte de propuestas sí hay novedades. El libro establece estrategias, dinámicas y planes sectoriales sobre qué hacer con los residuos, el agua, la energía, etc. Más allá de participar en construir alternativas locales, también piensa en cómo desde la política pública o de lo común podemos tratar de generar procesos ilusionantes de transición. “Si se quisiera, podría haber toda una batería de políticas públicas bien pensadas que podrían empujar esas dinámicas de autoorganización en lo local. Visibilizar eso es muy importante porque ahora mismo se percibe un salto enorme entre esas iniciativas autorganizadas y la percepción que tiene mucha gente de que no nos ayudan a frenar las dinámicas de apisonadora o de doctrina del shock”.

No existe una receta con sus ingredientes y tiempos de cocción exactos que nos hagan transitar con éxito. Pero al menos, tenemos claro qué queremos. ¿Cuál es el aceite que permitirá cocinar las necesarias transiciones? “El lubricante para mí sería la construcción de poder ciudadano. La disputa de la hegemonía cultural que nos conduzca a la disputa de la hegemonía política. Construir un tejido social que pueda impulsar, sostener y apoyar a aquellas instituciones que quieran ir por el camino de las transiciones socioecológicas y que pueda forzar a otras instituciones a que se sumen a la dinámica”. Para Yayo, la clave es conseguir que estos temas sean una preocupación generalizada.

¿Cómo involucrar a más gente en este cambio cultural?

Dice Manuel Castells que la lucha de poder fundamental es la batalla por la construcción de significados en las mentes. En el libro hay un capítulo titulado “Sin reconfigurar los imaginarios sociales no será posible el cambio”. ¿Cómo hacemos eso y qué nos falta?

Empezamos con la autocrítica. “Nos ha fallado el no haber sabido conectar con la gente normal”, dice Yayo con rotundidad. Añade que la eclosión de Podemos nos tendría que proporcionar algunos elementos para el aprendizaje: “Hay muchas cosas de Podemos que ni comparto ni me gustan, pero hay que reconocer que supo aprovechar las grietas que dejaba el modelo hegemónico para colarse ahí. Utilizó algunas nuevas categorías como lo de la “casta” y la idea de “los de arriba y los de abajo”, conceptos del 15M, que consiguieron amplificar el mensaje a otros públicos. Nosotros no hemos sabido aprovechar esas grietas”. ¿Por qué? “Creo que no acabamos de encontrar fórmulas o no terminamos de atrevernos a pisar ciertos espacios”. Desde hace unos meses, Yayo participa en las tertulias del programa radiofónico “A vivir” de la Cadena Ser: “El programa dura unos 45 minutos, a repartir entre unas 6 tertulianas. No es mucho tiempo y explicar la dimensión de la crisis ecológica requiere de un buen rato. Pues a pesar de eso, lo hago y me llegan comentarios muy positivos de gente a quien he hecho reflexionar a raíz de participar en espacios tan pequeños de alta audiencia”. Y añade que tampoco hemos tenido fuerzas, ni estrategia ni capacidad para meternos en asociaciones de vecinas o en los barrios cuando hablamos del activismo ecologista en ciudades grandes como Madrid. “Estamos muy alejadas de la vida cotidiana de la gente”.

Entonces, ¿cómo nos acercamos a la gente? Dependiendo a quién queramos llegar, debemos pensar en un mensaje o en otro y en cuál es la forma más eficaz para comunicarlo. Vamos a la práctica. “Por ejemplo, con personas mayores es fácil empezar hablando de austeridad porque lo tienen aún en su marco de referencia cultural. Son personas que, en su mayoría, se han educado en pueblos donde todo se aprovechaba. Entonces, cuando te diriges a esas personas puedes empezar por ahí”. Sin embargo, desde hace unos años, se ha ridiculizado a muchos de estos perfiles austeros estereotipándolos como tacaños, atrasados o poco modernos. Tal ha sido el cambio que, cuando te diriges a personas entre 45 y 65 años, la estrategia cambia. “Generalizando enormemente, estos perfiles adultos que han vivido el despliegue del crecimiento económico, la llegada del «progreso» y la cultura del usar y tirar, es mucho más difícil empezar por las alternativas porque estas pasan por la reducción drástica del consumo material. Si no lo pones en relación con el problema al que ha llevado vivir como si no hubiera limites, a la gente le cuesta entender porque presentamos estas medidas tan radicales que van en contra del confort y la buena vida, entendida esta a través del consumo”.

Es decir, la deconstrucción de falsa idea de confort requiere de la fase de diagnóstico. “No es el caso de los mayores, como contaba, o cuando son pequeños, que antes de ser poseídos por el consumo ven las cosas con una claridad y una nitidez increíble. No es lo mismo la gente que vive en lo rural o en ámbito insular, que ven en su territorio los límites. No nos vale una receta de comunicación única para todos los lugares y perfiles. Nos falta mucho en el terreno de comunicar la alternativa y, como digo, hay que construirla de forma distinta dependiendo del territorio y el contexto de cada lugar”.

Además, hay que comunicar la alegría. Si algo caracteriza las charlas de Yayo es la energía con la que sales de ellas. A pesar de contar una realidad crudísima, tras escuchar las palabras de Yayo, tienes ganas de pasar a la acción. ¿Cuál es el truco? “He tenido la suerte de encontrar y poder conectar con la mejor gente del mundo que es, precisamente, la que quiere cambiar las cosas. Cuando voy a dar una charla me encuentro gente que me cuida, que me acoge, gente bien articulada, gente que piensa como darle la vuelta a las cosas, gente solidaria que se preocupa por quien no tiene cómo pagar la luz... Vivir al lado de esta gente es la caña. Y yo eso, lo comunico y lo digo mucho en Ecologistas en Acción: Igual caminamos hacia el colapso pero no es lo mismo caminar sola y rodeada de hostilidad que hacerlo acompañada de la mejor gente que hay en el mundo”.

¿Cómo conciliar vida privada, activismo y trabajo?

“Con alegría”. La pregunta es sencilla. “Yo me río mucho en el curro, me río mucho en Ecologistas en Acción, con mis amigos... Esa posibilidad de reírse con la gente y de disfrutar es lo que te da fuerza para poder seguir haciendo cosas”. Acude a su trayectoria vital: “Cuando trabajaba en la gran empresa, tenía la sensación de que una parte de mi vida la tenía dedicada a algo que no me importaba en el fondo. Entonces cuando tuve la posibilidad de dar el salto en el vacío, dejar el curro y empezar a explorar el mundo del cooperativismo y otras cosas, a mí se me produjo una armonización de repente entre las cosas que me preocupaban, lo que me parecía importante y con lo que me ganaba la vida, y eso te genera una salud mental impresionante”. ¿Y cuando hay momentos en los que no puedes más? “Hay momentos de cansancio, pero creo que es un momento en el que necesitamos mucho activismo y para mí la solución no está en restarle tiempo a la militancia. La cuestión está en crear espacios que sean gratos, que te refuercen y te hagan sentirte muy bien. A mí me parece difícil cuidarme a mí misma sino genero esa estructura de cuidado en los espacios en los que yo quiero estar y estoy”.

"Es difícil cuidarme a mí misma si no genero esa estructura de cuidado en los espacios en los que yo quiero estar y estoy"

El problema es cuando los espacios activistas son hostiles. “A veces, se reproducen muchas lógicas del mundo público o de la empresa privada o de la familia, donde hay relaciones de subordinación, de poder y de jerarquía, y a veces nos tratamos mal. Igual que existe un homo economicus alejado de la vida, creo que también existe un hommo militantus”. Tenemos que superar a esos antiguos militantes que decían «Yo no he venido aquí a hacer amigos» o «Aquí lo importante es que cambiemos el mundo», comenta Yayo.

Ella es partidaria de dedicar tiempo y energía a las organizaciones: “a resolver conflictos, a hablar las cosas y a generar formas de tratarnos que haga que la gente se sienta bien”. Y para eso, las organizaciones tienen que regenerarse y “dar cancha” a otras personas más jóvenes o nuevas. Una de las cosas que valora de Ecologistas en Acción es que las personas con una trayectoria larga y cierta responsabilidad en la organización saben retirarse sin dejar de estar. “A veces, por haber ocupado espacios de decisión, tu opinión tiene un peso distinto al de las demás y eso es un problema. Aunque seas abierta y democrática, terminas teniendo un peso que, aunque jerárquicamente ya no te corresponde, el grupo te lo concede”.

Yayo Herrero dejó la Coordinación y luego la Secretaría, pero no ha dejado de participar en Ecologistas en Acción, ya sea pintando una pancarta o viajando al punto que sea de la geografía española para mediar en un conflicto. Siempre a disposición de las personas y de las transiciones. Hay teorías conspiratorias que dicen que en realidad, Yayo no es solo una, sino que hay dos y por eso ella puede estar en todas partes. Se van turnando, dicen las malas lenguas. Después de muchos años de militancia en el ecologismo social, quienes la conocen saben que Yayo Herrero, no hay más que una; solo que es... mucha Yayo.

Mariola Olcina Alvarado

lunes, 8 de marzo de 2021

8M La celebración de la justicia e igualdad

 


Aunque son muchos los pasos que se han dado para lograr la igualdad entre mujeres y hombres, aún es necesario reivindicar la paridad de derechos y el fin de todas las violencias machistas. Comparto contigo una selección de frases feministas que deseamos que te empoderen e inspiren.

¿Por qué es necesario el 8 de marzo? Basta echar una simple mirada atrás para darnos cuenta de que el papel de la mujer en esta película llamada vida siempre ha sido secundario. Pocas han sido las protagonistas, y en el caso de haberlo sido, tuvieron que enfrentarse a toda una sociedad, con los problemas que eso suponía.

Esas mujeres fueron auténticas heroínas y nos abrieron el camino a las que hoy en día podemos gozar del derecho a votar, de dirigir un negocio o de llevar pantalones, por poner algunos ejemplos. Y es que esto, tan normalizado hoy en día, hay que recordar que es el resultado de una lucha por la que muchas se dejaron hasta la vida.

Y la realidad es que esa mirada atrás no es tan lejana. Muchas de nuestras abuelas, incluso madres, han vivido en una sociedad donde su palabra, sus sueños y sus deseos estaban opacados por la figura del hombre. Por eso estas frases feministas, que nos recuerdan nuestros derechos como mujeres, son tan importantes. Sobre todo para reivindicar el 8 de marzo.

20 FRASES FEMINISTAS

Cierto es que son muchos los pasos que se han dado en pro de la igualdad, pero no son suficientes, algo que nos recuerda el día 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Como bien recoge esta selección de frases feministas, las mujeres debemos seguir unidas, con un mismo objetivo, porque en la unión está la fuerza.

De la misma manera, es clave fomentar valores igualitarios y de respeto en las nuevas generaciones, ya que no son nuestro futuro sino nuestro presente. Y no solo hablamos de las chicas y niñas, hablamos de ellos también, porque todos juntos lograremos que el cambio sea más rápido y efectivo. 

A continuación encontrarás una selección de frases feministas que esperamos que te empoderen y te inciten a seguir luchando para al fin lograr una igualdad real. 

1. Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa. Emma Goldman

Emma Goldman fue una anarquista y sufragista nacida en 1869 en Kaunas, Lituania.

Cuando un compañero le recriminó que su actitud festiva no le parecía adecuada para la causa revolucionaria, Goldman reivindicó con esta frase feminista célebre nuestro derecho a comprometernos con la justicia social sin perder la alegría.

2. Quienes no se mueven no notan sus cadenas. Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo, teórica marxista conocida como la Rosa Roja, pretende expresar en esta frase feminista que de seguir los mandatos del status quo podemos no llegar a ser conscientes de que existe dicho mandato.

3. El problema del género es que prescribe cómo debemos ser, en vez de reconocer quién somos. Chimamanda Ngozi Adichie

Activista y escritora nigeriana, ha publicado tres novelas y el ensayo Todos deberíamos ser feministas (el reconocido TEDx Talk que ha tenido tres millones y medio de visitas en YouTube) y su último manifiesto se titula Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo (Literatura Random House)

El TEDx Talk de Chimamanda Ngozi Adichie se hizo mundialmente conocido por aparecer en el videoclip del tema Pretty Hurts de Beyoncé y en la performance que la misma artista realizó en la celebración de los Video Music Awards de 2014.

4. El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas. Angela Davids

Mítica filósofa, política marxista, activista afroamericana y profesora del Departamento de Historia de la Conciencia. Estuvo relacionada con el Black Panther Party.


5. Teníamos dos opciones: estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar. Malala Yousafzai

Estudiante, activista y bloguera pakistaní. Ganó el Premio Nobel de la Paz a los 17 años, en 2014. Malala es conocida por su activismo a favor de los derechos civiles, especialmente de los derechos de las mujeres en la zona del noroeste de Pakistán, donde el régimen talibán ha prohibido la asistencia de las niñas a la escuela.

6. El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. Simone De Beauvoir

Filósofa y escritora existencialista, defensora de los derechos humanos y del feminismo. Simone de Beauvoir es la autora de El segundo sexo, uno de los libros clave de la teoría feminista.

7. Un feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y plena humanidad en mujeres y hombres. Gloria Steinem

Sin duda, Gloria Steinem fue el icono feminista estadounidense más importante de los sesenta y setenta. En 1969 publicó el artículo Después del poder negro, la liberación de las mujeres.

En 1955 esta modista negra se negó a ceder su asiento en el autobús a un viajero blanco. El conductor llamó a la policía y la mujer fue detenida y obligada a pagar una multa de 14 dólares. El incidente del autobús tuvo como primer efecto la creación de la Montgomery Improvement Association, para la defensa de los derechos civiles de la minoría negra.

9. La revolución será feminista o no será.

Este lema feminista no deja lugar a dudas: una revolución que no libere a las mujeres no es una revolución real. Somos el 50%.



10. No hace falta ser antihombre para ser promujer. Jane Balvin

La activista y humorista estadounidense opina que para defender los derechos de las mujeres no hay por qué ir en contra de los hombres.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza (Gran Vía)  Tno.: +34 653 379 269               Página Web: www.rcordobasanz.es


viernes, 5 de febrero de 2021

Simone de Beauvoir

 

Simone de Beauvoir fue una de las intelectuales más escuchadas del siglo XX francés. Montaje realizado desde la lámina de www.filosofers.com

Simone de Beauvoir (1908-1986) es probablemente la pensadora francesa cuyo nombre es más conocido hoy en día. Pero ¿qué sabemos realmente de Beauvoir? Y ¿de cuál sabemos? ¿De la filósofa, la feminista, la militante, la literata? ¿Fue El segundo sexo su único libro de éxito?

Primera planta, al fondo a la izquierda. Esa mesa del famoso Café de Flore ha tenido el honor de ver en primicia el nacimiento del existencialismo del París de los 40 y 50 con Simone de Beauvoir, Albert Camus y Jean-Paul Sartre. Veamos a través de 10 conceptos clave todo lo que el mito en torno al personaje de Beauvoir esconde y que rara vez nos llega.

Existencialismo. Esta corriente de pensamiento, hija de la fenomenología, pero también de Kierkegaard y de Nietzsche, podría resumirse en «la existencia precede a la esencia». Esto significa que no hay ningún Ser previo a la acción que lo define: solo nos constituimos como sujetos en la experiencia de vivir. Inspirado en Heidegger y su ser-en-el-mundo, el existencialismo rechaza la herencia metafísica para determinar la identidad únicamente desde la encarnación en lo fáctico, es decir, en lo que hacemos con la vida.

2. Libertad. Enlazando con este papel protagonista de la existencia encontramos la libertad, ya que reconocer que la construcción del Yo es nuestra obligación supone el deber moral de asumirnos en libertad. Se trata de un lienzo en blanco, desde el cual escribir nuestro proyecto, y nadie más puede hacerlo por nosotros. En este sentido, es normal que ese peso sobre nuestros hombros —como la roca de Sísifo a la que recurre Camus como metáfora— genere terror, incluso angustia. Como diría Sartre, «el hombre está condenado a ser libre».

Reconocer que la construcción del yo es nuestra obligación supone el deber moral de asumirnos en libertad

3. El sujeto metafísico absoluto. En El segundo sexo, Beauvoir explica que la tradición metafísica se ha edificado desde una visión antropocéntrica: el individuo del que hablaba la filosofía, supuestamente neutro, ha sido siempre en realidad un hombre (hoy, después de la tercera ola del feminismo, diríamos más concretamente que es el hombre, blanco, heterosexual y burgués). Si toda experiencia se narra desde lo masculino como si fuera un lenguaje genérico, entonces la mujer queda inevitablemente relegada a un segundo plano. Beauvoir dirá: «La mujer se determina y se diferencia con relación al hombre, y no este con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro».

4. Trascendencia, ser para-sí. Cuando el individuo es libre, reconoce esa obligación de la que hablábamos y construye un proyecto propio, entonces el siguiente paso es la reflexión sobre uno mismo. Trascender significa pasar del «ser vivo» al «ser consciente». Beauvoir explica que la sociedad patriarcal solo ha permitido al hombre trascender, solo él puede ser sujeto. En este sentido, recoge dos conceptos acuñados por Sartre —aunque, si alejamos la imagen, podríamos encontrar el origen de esta idea en el amo y el esclavo de Hegel— en El ser y la Nada: el sujeto como para-sí y el sujeto en-sí. Literalmente, el hombre existe para-sí mismo, no se encuentra atrapado por conceptos previos que lo determinen de forma esencial y que condicionen su vida.

Inmanencia, ser en-sí. En oposición a la trascendencia encontramos la inmanencia. Esta es una degradación de la existencia humana, «lo Otro» al que se condena a la mujer frente al hombre como sujeto al que sí se le permite tener un proyecto. Es decir, frente a la construcción activa de uno mismo, la pasividad forzada, sujeta a las normas que se nos imponen. La existencia en-sí es pesada, nos arrastra. El mismo término se asocia a la tradición metafísica: un mundo fijo y estático en el que los objetos tienen una función determinada. Y nada más. En definitiva, mientras que el hombre puede pensar en tiempos de futuro (tener un proyecto significa que nuestra acción se proyecta más allá del presente), la mujer es solo un objeto inmanente sometido a él. Pura facticidad.

6. «No se nace mujer, se llega a serlo». Por eso, en El segundo sexo, Beauvoir insiste en que las mujeres tenemos que hacernos también sujetos soberanos. Esta popular frase de «no se nace mujer, se llega a serlo» con la que da comienzo el tomo II de la obra ha marcado un antes y un después en el feminismo. La escribe en 1949, solo cinco años después de que el sufragio femenino llegara a Francia.

Casi ya a modo de aforismo nietzscheano, es la condensación de un compromiso: ser mujer no es algo que venga determinado por la biología, es también parte de esa toma de responsabilidad en nuestro proyecto vital. Una no nace mujer precisamente porque su cuerpo, su sexo biológico, no es lo que marca su feminidad. De esta manera, Beauvoir rechaza la existencia de una esencia femenina, porque ello significaría asumirnos en-sí, sentir de nuevo el peso de un destino del que no podemos escapar.

Con el verbo de la cita original en francés lo vemos claro: devenir femme. Estar en devenir implica un dinamismo, una construcción constante gracias a la libertad a la que estamos condenados. Por tanto, tanto quiénes seamos como la opresión que ejerzan sobre nosotros es algo que se forma cultural y socialmente (por eso la educación es tan importante), no hay ningún origen natural ni biológico sobre el que pueda justificarse la anulación de ninguna mujer como sujeto.

Beauvoir rechaza la existencia de una esencia femenina, porque ello significaría asumirnos en-sí, sentir de nuevo el peso de un destino del que no podemos escapar

7. El eterno femenino. Beauvoir dice que «tan absurdo es hablar de ‘la mujer’ en general como del ‘hombre’ eterno». Sin embargo, en la dualidad latente que edifica nuestra sociedad, el sujeto (recordemos, el único con lenguaje propio) ha creado un mito patriarcal sobre el no-sujeto. El «eterno femenino» significa que en nuestro imaginario colectivo existen unas ideas compartidas sobre el prototipo único de feminidad, unas características imprescindibles sin las que no te dan el carné de «mujer».

Y no solo eso; estas ideas son las que perpetúan a la mujer en su condición subordinada de pasividad. Como se nos reduce a un objeto de deseo, son los sujetos, hombres, los que tienen la capacidad de definirla. Entre ellos, se encuentran el mito de la madre, de la virgen, la femme fatale, la prostituta, etc. Por eso, a las mujeres reales, cuando no encajan en estos moldes prefabricados, se las tacha de farsantes, de ser un fracaso femenino (pensemos, por ejemplo, en todos los cánones de belleza que se imponen y la angustia que causa en tantas ocasiones no lograr cumplirlos). La existencia del eterno femenino imposibilita la individualidad y singularidad de cada mujer, no te permite hacer de ti la mujer que quieras ser.

Literatura. Antes de su gran éxito filosófico, Beauvoir ya había conquistado el campo de la literatura. Quizás su novela más famosa sea Los mandarines (1954), con la que ganó el premio Goncourt y que oscila entre la autobiografía y la ficción. En ella, trata la cuestión de cuál debe ser la posición del intelectual francés comprometido con las luchas sociales y cuáles eran los medios a su disposición en aquel momento de posguerra.

Allí, como en La sangre de los otros (1945) —donde unos jóvenes durante la II Guerra Mundial deben decidir si formar parte de la resistencia o colaborar con el régimen nazi en la Francia ocupada—, ya puede empezar a verse lo que será una vocación política de por vida. Da igual la forma que tomen sus palabras, en todos sus textos encontramos el punto donde convergen el existencialismo, la libertad y el compromiso social. Como curiosidad, en el año 2020 se publicó una novela inédita de la parisina, Las inseparables, en la que, de nuevo desde la ficción, nos cuenta el vínculo tan especial y fuera de los cánones que la unía con Zaza.

Les temps modernes. Además de sus aportaciones en filosofía y literatura, Beauvoir tenía un gran compromiso político. Por esa razón, en 1945 funda, junto a Sartre, la revista Les temps modernes, un espacio para el debate político y cultural que, si bien en un primer momento se posicionaba próxima al Partido Comunista Francés, desde 1956 tomó un discurso de izquierda anticolonialista en contra de las intervenciones soviéticas en Hungría y de la ocupación francesa de Argelia. Les temps modernes encarnaba la voluntad de un tiempo histórico: el compromiso político no debe olvidar la literatura. Entendían que, no solo un escritor no puede evadirse del mundo, sino que tiene la obligación de contribuir a cambiarlo. En una entrevista con Alice Schwarzer en los 70, Beauvoir se definía como «una intelectual cuyas armas son las palabras».

10. Redefinición del amor romántico. Aunque no es ni mucho menos lo que define a Simone de Beauvoir, su ruptura con los modelos burgueses de amor es del todo conocida. Se habla siempre de su relación intelectual con Sartre —a veces demasiado, más que de su pensamiento propio—, la cual excedía los límites de la admiración mutua, del aprendizaje común y la confianza. Sartre no publicaba ningún manuscrito sin que Beauvoir lo hubiera leído y corregido primero.

«El amor auténtico debería fundarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades; cada uno de los amantes se probaría entonces como sí mismo y como el otro: ninguno abdicaría su trascendencia, ninguno se mutilaría; ambos desvelarían juntos en el mundo valores y fines». Simone de Beauvoir

No eran monógamos, ambos tenían relaciones (contingentes, como las llamaba Sartre) con otras personas. No obstante, en la actualidad se ha idealizado bastante a la pareja existencialista, olvidando quizás que no estaba exenta de celos y sentimientos de traición, como le puede suceder a cualquier ser humano. En definitiva, Beauvoir tenía una red de vínculos sexo-afectivos que distaba mucho del esquema de amor tradicional. Da igual de cuál de sus amores hablemos, ya sea de Sartre, Claude Lanzmann, Olga Kosakiewicz, Zaza o Nelson Algren, hagámoslo desde sus palabras en El segundo sexo:

El amor auténtico debería fundarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades; cada uno de los amantes se probaría entonces como sí mismo y como el otro: ninguno abdicaría su trascendencia, ninguno se mutilaría; ambos desvelarían juntos en el mundo valores y fines.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com Tfno.: +34 653 379 269 Zaragoza.                Página Web: Psicólogo Zaragoza Rodrigo Córdoba

jueves, 14 de enero de 2021

Un hombre siempre tiene que aprender de una mujer

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza. Psicólogos Zaragoza. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta.    N° Col.: A-1324. rcordobasanz@gmail.com.  Página Web: www.rcordobasanz.es.          Instagram: @psicoletrazaragoza.                

domingo, 10 de enero de 2021

Judith Butler: Feminismo y Filosofia Crítica

 


 Instagram: @psicoletrazaragoza                       Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza.                       Teléfono: +34 653 379 269 Psicólogo Clínico y   Psicoterapeuta. Pensador. Gran Vía 32, 3° Izq   Página Web: Psicólogo Zaragoza                  

Judith Butler se declara convencida de que la teoría “abre posibilidades” que se vuelven exitosas solamente cuando “sale del contexto en el que fue creada para entrar en otro que la convierte en algo diferente”. Quizás sea por su cuestionamiento a toda verdad superior del Original y su inclinación hacia los desvíos periféricos que pudo ocurrir, en el marco de su última visita a Chile, algo tan extraño como aquello narrado en un mensaje que recibió Faride Zerán, Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, el mismo día en que dicha institución le entregó el Honoris Causa. El mensaje consignaba lo siguiente: “Por la hora, (el evento) coincidió con que yo estaba en la micro entre La Serena y Coquimbo, y me conecté para escuchar a Judith. Un grupo de chiquillos y chiquillas la iban escuchando en manos libres en la micro. Alguien le gritó al chofer: ‘Tío, apague la radio’, y el tipo la apagó. Toda la micro escuchando… Y hubo un tremendo aplauso cuando le entregaron el Honoris. En una micro entre La Serena y Coquimbo. Media micro celebrando el Honoris… Una belleza”.

“Butler proyecta una definición de ‘universidad’ cuyo adentro (ritos de enseñanza, jerarquías del saber) se ve desafiado por un afuera hecho de luchas y revueltas en torno a los significados incompletos de 
la democracia”.

No hay explicación lógica para la extrañeza que consigna el relato. Sólo podemos imaginar que la “belleza” de esta remota y sorprendente “traducción cultural” se debe a cómo las redes de afectos político-feministas, saltándose las distancias entre latitudes extremas, supieron generar proximidades entre cuerpos que se sintieron igualmente motivados por una misma conciencia de lo urgente en materia de derechos e identidades a conquistar.

“Ideología de género” versus “teoría crítica”

Me gusta citar una frase de Judith Butler que dice: “Hay un nuevo territorio para la teoría, necesariamente impuro, donde ésta surge en el acto mismo de la traducción cultural. Se trata del surgimiento de la teoría en el sitio donde se unen los horizontes culturales, donde la exigencia de la traducción es aguda y donde su éxito es incierto”. Hablar de una “teoría impura” es, primero, hablar de una teoría que no se cree auto-suficiente, sino que reconoce depender de un conjunto de exterioridades (otras disciplinas, otras formas de saber y hacer, otros vecindarios, otras corporalidades y materias) para transitar por zonas de contacto y fricciones que ponen a prueba sus límites y condiciones. Butler asume las insuficiencias de la teoría que, lejos de refugiarse en la pureza y certeza del método como lo pretende el academicismo, se roza con las formaciones heterogéneas del presente en curso, que modifican el contenido de los textos de acuerdo a la circunstancialidad de sus usos. Demás está decir que esta visión de la teoría —como impureza e incerteza— repercute en las definiciones mismas de “universidad” que proyecta Judith Butler desde la teoría crítica y su compromiso con un futuro transformador de las humanidades: una universidad cuyo adentro (ritos de enseñanza, jerarquías del saber, organización de las disciplinas, clasificación del conocimiento, etc.) se ve desafiado por un afuera hecho de luchas y revueltas de cuerpos e identidades en torno a los significados incompletos de la democracia.

Judith Butler. Crédito: Felipe PoGa

La teoría se formula entonces, para ella, como un ejercicio situado de análisis y comprensión que lleva al pensamiento a dialogar con la acción para extraer de ella fuerza y energía, en medio de la conflictividad social. Butler ha insistido en que “la teoría feminista nunca está del todo diferenciada del feminismo como movimiento social. La teoría feminista no tendría contenido si no hubiera movimiento social y el movimiento social, en sus varias direcciones y formas, ha estado siempre involucrado en el acto de la teoría. La teoría es una actividad que no está restringida al ámbito académico. Se da cada vez que se imagina una posibilidad, que tiene lugar una reflexión colectiva, que emerge un conflicto sobre los valores, las prioridades o el lenguaje”.

Fuera del refugio academicista de la pura abstracción filosófica, la práctica teórica de Butler le sirve al feminismo para multiplicar los ejes de comprensión en torno a cómo opera —simbólica y materialmente— el sistema dominante sexo-género en la cultura y la sociedad; para rebatir-debatir las visiones de mundo que este sistema impone en las estructuras públicas y los mundos privados; y para estimular nuevos “actos de interpretación” en torno a la sexualidad y la identidad que liberen formas de subjetividad alternativa a las que prescribe el dominio patriarcal, en asociación con otras rebeldías político-sociales.

Para sus detractores (que contribuyeron paradójicamente a que su fama traspasara las estrechas —y a menudo inofensivas— fronteras de la academia, volviendo público su nombre como símbolo internacional del peligro de disolución moral y sexual que encarna hoy el feminismo), Judith Butler sería la autora de una maquiavélica “ideología de género” acusada de pervertir el naturalismo sexual de los cuerpos originarios divididos por la separación fija entre masculino y femenino y, también, de corromper el núcleo sagrado de la familia como entidad procreadora. Pero sus enemigos no saben que Butler es mucho más peligrosa siendo lo que realmente es: no la autora de una “ideología del género” (falsa conciencia, manipulación y adoctrinamiento) sino, al revés, una pensadora cuya “teoría crítica” desnaturaliza los fundamentos —morales, religiosos, culturales— de la ideología sexual dominante llamada “patriarcado”. Una ideología que nunca se nombra a sí misma como tal, sino que disfraza su aparato doctrinal bajo las apariencias de una “agenda valórica” que proyecta en la sociedad entera su creencia metafísica en una esencia universal de lo femenino-materno.

“Sus enemigos no saben que Butler es mucho más peligrosa siendo lo que realmente es: no la autora de una ‘ideología del género’ sino, al revés, una pensadora cuya ‘teoría crítica’ desnaturaliza los fundamentos —morales, religiosos, culturales— de la ideología sexual dominante llamada ‘patriarcado’”.

Siendo una de las exponentes más destacadas de la “teoría crítica” en la filosofía contemporánea, la autora de El género en disputa (1990) practica una crítica de la ideología de género que nos sirve para explicar cómo lo que el conservadurismo disfraza de “naturaleza sexual” está hecho de construcciones de signos que, invisiblemente, anudan cuerpos, poderes y representaciones en tramas de intereses y dominación masculinas.

Los desbordes queer

Las corrientes queer —inspiradas por la obra de Judith Butler— le critican al feminismo su regulación del término “género”, por considerarlo responsable de reafirmar el binarismo masculino-femenino de la matriz heterosexual, dejando fuera de su recorte normalizador a las “disidencias sexuales” (gays, lesbianas, trans, inter, etc.). Estas corrientes queer han sido productivas para el feminismo porque lo han obligado a introducir la multiplicidad de las diferencias en su ordenamiento masculino-femenino del género, desencializando, de paso, el referente “mujeres” como sujeto pleno y homogéneo del programa feminista. Las teorías de la filósofa estadounidense han desestabilizado críticamente la normatividad del discurso de género, invitando al feminismo a incluir a las sexualidades discordantes en su trayecto de reformulación antipatriarcal de las identidades subordinadas.

Judith Butler siempre ha insistido a lo largo de su obra que “no bastará ninguna definición simple del género y que es más importante seguirle la pista al término, que elaborar una definición estricta y aplicable. El término ‘género’ se ha convertido en el emplazamiento para la pugna entre varios intereses”, escribe en Deshacer el género (2012). Siendo alguien que da cuenta de las ambivalencias y contradicciones que fisuran las categorías, realizando incesantes movimientos de ida y vuelta que le hacen revisar su propio pensamiento, esta cita anterior nos sirve para preguntarnos lo siguiente: frente al avance mundial de las ultraderechas que tienen al feminismo como enemigo principal de sus campañas contra la “ideología de género”, ¿no valdrá la pena seguir defendiendo hoy la conquista teórica que representa para el feminismo la conceptualización del término “género” (por mucho que las teorías queer lo coloquen bajo sospecha) y movilizar los usos tácticos de dicho término con más filo que nunca en contra del neoconservadurismo que busca anular su potencial crítico? 

Tal como lo anota Butler, el género se ha convertido en el principal significado en disputa en el enfrentamiento de intereses entre ultraderecha, neoliberalismo, feminismo e izquierdas. Si bien el feminismo no debe omitir la provocación y enseñanza de lo queer, no parece oportuno abandonar hoy dicha categoría (“género”) frente a las ofensivas neoconservadoras que buscan renaturalizar a los cuerpos y la familia en clave antifeminista. Butler sugiere, vigilante, que debemos aplicar toda nuestra inteligencia crítica en luchar enérgicamente contra “toda forma de desactivación política del feminismo”, sin dejar de preguntarnos al mismo tiempo, autocríticamente, “cómo funciona el término feminismo, qué inversiones conlleva, qué objetivos consigue, qué alteraciones soporta”.

Los límites del feminismo identitario

Sus adversarios pretenden encasillar a Judith Butler en el nicho de la extravagancia queer, únicamente interesada en las fantasías transexuales de grupos minoritarios cuyo voluntarismo individualista sueña con cambiar ilimitadamente de identidad, sexo y género. Ella sabe mejor que nadie que el mundo real no se convierte por arte de magia en un teatro de performances. Ha reconocido muchas veces que la materialidad (física, política, económica y social) de los cuerpos someten dichos cuerpos a incesantes limitaciones y restricciones. Butler es la teórica de las vidas precarias y de los cuerpos vulnerables, de las existencias sufridas, de las comunidades estigmatizadas; y por lo mismo, se destaca por la valentía intelectual de su compromiso político con sujetos y grupos maltratados por las guerras, los dispositivos de explotación y opresión económicos y sociales, la falta de derecho de quienes son considerados inferiores por la violencia selectiva y diferencial de un sistema neoliberal que los expulsa como residuos (los pobres, los migrantes). En definitiva, Judith Butler ha ampliado su enfoque feminista a múltiples y complejas estructuras de desigualdad y subordinación que no funcionan exclusivamente en clave genérico-sexual. Ella le pide al feminismo salirse de la autoreferencialidad identitaria del “nosotras las mujeres” como grupo aparte, para entrecruzar el género con las otras dinámicas de identidad y posiciones de sujeto (la clase, la raza, la edad) que intervienen en la configuración de la subjetividad individual y colectiva.

En el libro Judith Butler en disputa (2012), la filósofa dice: “No creo que pueda surgir una política suficiente de una frase que empieza con “soy una feminista” o “soy una feminista queer”… puesto que las coaliciones que se necesitan para luchar contra la injusticia deben atravesar las categorías identitarias… Tampoco creo que las alianzas fuertes sean una mera colección de identidades ni que las identidades por ellas solas puedan orientarnos hacia temas de justicia sexual, igualdad económica, movilizaciones anti-bélicas, luchas contemporáneas en contra de la precarización y la privatización de la educación pública”. Partiendo de la base de que las identidades no son absolutas sino relacionales, transitivas y contingentes, Butler ha insistido en que “ser una feminista” no puede adoptar la forma clausurada de una identidad pura, delimitada. La agencia feminista debe conectar identidades que no se asumen predeterminadas; unas identidades no fijas sino móviles, variables y en construcción. Invitar a grupos y sujetos a sumarse al proyecto feminista implica que el feminismo debe mostrarse capaz de formular proyectos de sociedad que se tornen deseables —y no intimidantes— para quienes (incluyendo a los hombres disconformes) están comprometidos en otros frentes de batalla. Dice Butler en una entrevista: “el camino para derrotar a un movimiento político basado en el odio es, sin duda, no reproducir el odio. Tenemos que seguir encontrando formas de oposición que no reproduzcan la violencia de aquellos a quienes nos oponemos… Deberíamos encontrar una manera de incorporar en nuestra práctica el rechazo a normalizar e intensificar la violencia en este mundo”.

En su inigualable libro Marcos de guerra. Las vidas lloradas (2010), Judith Butler analiza la función del “marco” que consiste tanto en exhibir una escena dotándola de visibilidad (el adentro que se deja encuadrar) como en invisibilizar el conjunto de normas y criterios que controlan la escena, permaneciendo relegado en el afuera de sus bordes de representación. Podría decirse que la autora ocupa el feminismo para interrumpir, descolocar o fisurar los “marcos” de lenguaje y sentido que arman las visiones de mundo dominantes (patriarcales, coloniales, imperialistas, fascistas), tornando explícitas sus máquinas de poder y sometimiento desde lo que ocultan como subtexto en su “fuera de marco”.ñ

Judith Butler. Crédito: Alejandra Fuenzalida

Inmediatamente después de su visita a Chile, Judith Butler participó del Coloquio Internacional La memoria en la encrucijada del presente. El problema de la justicia, que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, en Buenos Aires. Frente a un público multitudinario y junto con Eduardo Jozami, participaron de la mesa de cierre Butler y Estela de Carlotto, luego de que las Abuelas de la Plaza de Mayo anunciasen la identificación y rescate de la nieta n° 129 robada durante la dictadura. Butler, claramente emocionada por la solemnidad de la circunstancia, puso en reserva el “marco” del feminismo (no habló sobre feminismo aunque sí habló feministamente en contra de la alianza criminal entre el patriarcado y el neoliberalismo) para que el “marco” de los derechos humanos pudiese encuadrar con absoluta gravedad sus reclamos de verdad, justicia y reparación en los tiempos indiferentes y crueles que afectan a Argentina y otros países, es decir, cuando hace falta levantar un resguardo ético frente a la borradura del pasado y la conformación neoliberal de un tiempo sin historicidad ni moral. 

El abrazo entre Estela de Carlotto en representación del NUNCA MÁS y Judith Butler, que hizo valer su solidaridad norte-sur con el NI UNA MENOS (así lo evocó Luis Ignacio García, quien participó del coloquio desde Córdoba), fue el ejemplo más conmovedor de cómo el feminismo levanta “el desafío de nuestro tiempo que consiste en que los distintos marcos de la izquierda se cuestionen y alteren entre sí”. Y, también, de cómo la intelectualidad crítica de Judith Butler —desde la filosofía política, la teoría feminista, las humanidades, el activismo social— se emplea en desplazar, intercalar y rotar sucesivos “marcos de aparición” para que la relación ente el afecto y el juicio se haga visible —citando Marcos de guerra— como “una práctica de índole ética y política”.