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miércoles, 10 de marzo de 2021

Yayo Herrero: Ecofeminismo

 



Conversación con Yayo Herrero

    

"Igual caminamos hacia el colapso, pero yo lo hago acompañada de la mejor gente que hay en el mundo"


En los últimos días, Yayo Herrero [1] ha estado dando charlas en Barcelona, Bilbao, Lanzarote y Palencia. Después de una semana agotadora para cualquier mortal, Yayo hace hueco en su agenda para tomar algo en el barrio y charlar sobre el colapso y las necesarias transiciones. Nos citamos en uno de esos clásicos bares del centro de Madrid que se ha ido reconvirtiendo en una mezcla de galería de arte retro y taberna castiza a la vez. Yayo llega con la sonrisa puesta, con las pilas cargadas y derrochando alegría. Hablamos de la vida, del ecologismo y otros cotilleos.


Solamente texto
"Igual caminamos hacia el colapso, pero yo lo hago acompañada de la mejor gente que hay en el mundo"
Mariola Olcina (cc)  

“Hemos perdido un tiempo precioso”. Es una de las frases con las que empieza el libro La Gran Encrucijada. Hace cuatro décadas que se publicó el informe del Club de Roma, Los límites del crecimiento y, hoy, hemos conseguido que importantes figuras e instituciones de las más diversas procedencias, como el Papa Francisco, Naciones Unidas u Obama reconozcan el desafío ecológico, energético y climático que supone este cambio de ciclo histórico. Hace cuatro décadas, también nacía el ecologismo social organizado en AEDEN, la Asociación de Estudio y Defensa de la Naturaleza. No es comparable, por supuesto. La sociedad organizada ha hecho más por la preservación del planeta que muchas figuras políticas. Empezamos hablando de las alternativas creadas desde abajo.

Alternativas para transitar: ¿Cómo, quiénes y para qué?

Ya sabemos que el colapso está a la vuelta de la esquina. La acuciante escasez de materiales, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, el ciclo del agua; tenemos un problema con el incremento de los residuos, y con su gestión, ¡ya ni te cuento! La calidad de vida en las ciudades es cada vez peor... y cada vez más insostenible. ¿Sabías que en 2050 la población urbana se multiplicará por dos y podemos llegar a ser más de 8.000 millones de personas viviendo en entornos urbanos? Calla, calla.

Necesitamos iniciativas productivas locales metidas dentro del ciclo de distribución, producción y consumo capitalista

Con todo esto que sabemos, tenemos la certeza que debemos transitar hacia otro modelo y pensar otras formas de organizarnos como sociedad. Hay gente que ya se ha puesto manos a la obra y a día de hoy, disponemos de una gran cantidad de alternativas: “Existen los grupos de consumo y diferentes formas de producción agroecológica; iniciativas que tienen que ver con los cuidados compartidos, tanto de pequeños y pequeñas, como residencias o espacios en los que los mayores comparten su vida. Han surgido diferentes medios de comunicación con fórmulas organizativas muy distintas. Hay todo un abanico de posibilidades con todo el tema de la financiación ética, muy importante para ver como podemos financiar las transiciones”. Y un largo etcétera.

En el campo de las alternativas, digamos, está todo inventado y las tenemos desde hace tiempo. Sin embargo, la activista ecofeminista profundiza en el análisis: “Yo creo que donde puede haber una dimensión diferente es en procesos de alianza entre iniciativas pequeñas que dialogan para aumentar la escalabilidad”. Para escalar, la clave no es imitar el modelo de la economía convencional sino “crecer por multiplicación donde múltiples iniciativas están conectadas y cada una de ellas, bien contextualizada en el territorio”. Otro ingrediente de la receta de la escalabilidad para Yayo es “ir copando diferentes dimensiones del ciclo de vida de la economía: No podemos conformarnos con tener solo iniciativas en la producción primaria. Necesitamos iniciativas productivas locales metidas dentro del ciclo de distribución, producción y consumo capitalista”.

Precisamente, Yayo conoce bien el entorno cooperativista porque ella es socia fundadora de Garúa, una cooperativa orientada a la educación, la investigación y la intervención, social y ambiental, desde 2006. Pero, ¿es esa la mejor fórmula jurídica para impulsar las transiciones? “A mí, personalmente, la forma legal que más me seduce es la cooperativa. Ha sido la estructura donde yo he podido vivir la profundidad de construir verdadera democracia en la economía y en la forma de producir. He sentido Garúa como una estructura donde nos hemos preocupado porque cada una de las integrantes, además de tener un salario, creciera personalmente y que hubiera un espacio de apoyo mutuo donde satisfacer esas otras necesidades que no se pueden medir en términos monetarios



 Desde el año 2012, es directora de una fundación consolidada como institución educativa y con una larga trayectoria en investigación en temas ecosociales. Es la primera mujer que ocupa este cargo en los más de 50 años de historia de esta institución. Sin embargo, para Yayo, la forma de fundación no es un formato que le guste especialmente: “Es una fórmula antidemocrática. Hay un patronato que se elige a sí mismo y que marca las líneas, muchas veces, con poca participación. En el caso de FUHEM, yo lo llevo bien porque es un patronato muy alineado y trabaja en colaboración estrecha con los equipos operativos que existen. Pero no me parece una buena fórmula, aunque haya fundaciones que hagan un papel excelente”.

Nos empieza a convencer de que la clave no es la fórmula jurídica sino la naturaleza de la actividad qué se hace y cómo se generan los excedentes sociales. “Incluso he conocido algunas iniciativas que tienen forma de Sociedad Limitada pero están metidas dentro de los mercados sociales, trabajan bajo los criterios de la economía social y solidaria y su trabajo puede jugar un papel importante en las transiciones”. Continúa hablando de su trayectoria profesional: “No puedo decir lo mismo de las empresas de corte transnacional donde el propósito de tu tarea como trabajadora está centrada en generar beneficios. Ahí dejas de preguntarte si lo que estás haciendo contribuye a mejorar el mundo o a dejarlo bastante peor”.

Yayo comenzó su carrera en la gran empresa formando parte del cuerpo ejecutivo de Indra. Desmonta el mito de la eficiencia de la empresa privada; recuerda cómo muchos medios cargos se convirtieron en verdaderos capataces; cómo los ritmos extenuantes de trabajo rayaban la explotación en muchos casos, y otras tantas experiencias que le han hecho ser quien es hoy. Pero, sobre todo, recuerda a un compañero suyo en la sección sindical: Bernardo Diaz Petrel, una de las personas que más le ha marcado en la vida. “Yo era muy jovencita y pensaba: «Yo quiero ser como Bernardo. Quiero ser una persona íntegra, coherente, profesional, honesta y buena. Una persona súper querida». Y claro, eso no cuadraba con la finalidad de mi trabajo, que era muy poco coherente con las cosas que yo creía que se debían hacer”.

Sin la visión del ecofeminismo no es posible realizar un análisis material completo del sistema

Convencidas del todo, concluimos que si hay democracia económica y se hace algo que no destruye a las personas ni el medioambiente, nos vale casi cualquier fórmula. “¡Espera!” Como no podía ser de otra manera, Yayo sigue profundizando en el análisis y emerge la perspectiva ecofeminista: ¿Y las iniciativas que no tienen ni siquiera forma legal? “Claro. Los centros sociales autogestionados no tienen fórmula jurídica -ni aspiran a tenerla- y para mí son centros productores de bienes y servicios imprescindibles que generan un bienestar social enorme. ¡Y los hogares! Tampoco tienen una forma empresarial... Bueno, a veces se sostienen en una fórmula legal bastante discutible en muchas cosas -hablo del vínculo del matrimonio, entendido como ese contrato social del patriarcado-. Pero son estructuras que se rigen por otra lógica y son núcleos de producción de bienes y servicios esenciales, como los cuidados”.

No es problema de fórmula sino de propósito; de ver a qué está orientada la actividad y cómo se realiza. Lo que está claro es que para llegar a esta conclusión hemos tenido que integrar en el análisis la dimensión de cuidados y la corporeidad de la vida humana. Yayo ha dedicado una gran parte de su tiempo a teorizar y descubrirnos el ecofeminismo. Gracias a integrar estas tesis en el ecologismo, tenemos constancia del problema de separación entre cultura y naturaleza. “En ese abismo que han creado las sociedades occidentales, las únicas personas que han establecido ese puente constante y permanente entre cultura y naturaleza han sido las mujeres y decir esto, no es esencialista; es profundamente materialista”. Para Yayo, sin la visión del ecofeminismo no es posible realizar un análisis material completo del sistema. Y añade: “Cuando no miras la corporeidad de la vida humana te olvidas de que es inmanente y tenemos que construir comunidades cohesionadas que, de forma corresponsable, traten de mitigar esa vulnerabilidad de la vida individual”. La idea de que todo lo personal es político, es una idea central del feminismo y, además, según la activista “ayuda a colocar bien las prioridades de lucha”.

Cuidados, territorios y municipalismos

Los resultados de las elecciones municipales de 2014 han supuesto un cambio del panorama político español. Nueve importantes ciudades del país están siendo gobernadas por plataformas ciudadanas (en alianza con algunos partidos) lo que supone un éxito sin precedentes. Le preguntamos a Yayo qué pintan los nuevos municipalismos en la transición hacia ciudades más sostenibles y, con cierta pesadumbre, comenta que lo que se puede hacer en el marco de las instituciones se está revelando limitado. “Aunque no diría que es inútil, pero la institución tiene una lógica extraordinariamente lenta y conflictiva, por los ataques de medios de comunicación y otras posiciones políticas. Por otro lado, los propios movimientos de corte político que están impulsando esos cambios parece que son ollas a presión en sus propios interiores. La lógica del conflicto está muy instalada dentro”.

Se basa en su experiencia personal: “Estoy participando en un proyecto del Ayuntamiento de Madrid que se llama “Ciudad de los cuidados”, impulsado por el delegado de Seguridad, y después de estar meses trabajando en él y una vez presentados una serie de documentos, no tenemos respuesta ni se sabe nada de cómo vamos a seguir”. Con este proyecto, el Ayuntamiento de la capital pretende trabajar sobre los ejes de la salud y sus determinantes sociales para aplicar una política que, entre otras cosas, dinamice en los barrios estructuras comunitarias corresponsables con el cuidado. ¿Por qué? Yayo explica que los hogares, y en especial, las mujeres, son las que han amortiguado las consecuencias de la crisis: “Y esto ha ocurrido porque un eje importante de la seguridad y bienestar de las personas lo proporciona un actor que hoy está muy debilitado en la ciudad: el barrio”. Prosigue con el análisis: “La sostenibilidad de la vida humana debería articularse en torno al primer eslabón que es la naturaleza; luego, la familia; después, la comunidad; el cuarto eslabón, el Estado y el quinto, lo privado. Pero del terreno de los hogares, estamos pasando directamente al terreno de lo público o al mundo mercantil. Y, sin embargo, la escala comunitaria está vacía”.

"El ecologismo social tiene que ir de la mano de la gente más desposeída y precaria"

A pesar de esto, España está siendo un punto de mira interesante para muchos movimientos sociales europeos porque es de los pocos países donde no está surgiendo una fuerza fascista organizada y esto tiene que ver con una tremenda red de solidaridad en el territorio. ¿Algún ejemplo? “Plataformas como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o como la Red de Solidaridad Popular (RSP) han sabido ver que es necesario coser la política pública con el activismo social, la protesta y la organización en la base más local”. Sin embargo, para Yayo, el movimiento ecologista no ha conseguido conectar con las preocupaciones de las clases más empobrecidas que están siendo literalmente expulsadas del sistema: “En EE.UU., el movimiento de justicia climática sí que ha conectado con estos sectores desfavorecidos porque las causas directas del cambio climático están impactando en población muy empobrecida y están siendo más conscientes de que la destrucción de la base material física tiene una correlación directa con el empobrecimiento de las personas. Eso aquí no lo hemos conseguido”. Y propone aprender de la pedagogía que ha hecho la RSP visibilizando la relación entre la degradación de la naturaleza y la destrucción de las condiciones de vida de las mayorías sociales. “Tengo la sensación de que teniendo tan claro en lo teórico la importancia de la relocalización de la economía, tenemos menos instrumentos para relocalizar la política, y Ecologistas en Acción tiene experiencia en resistir y defender los ecosistemas locales pero deberíamos trabajar también sobre la militancia en el entorno local para ayudar a conectar esas luchas”.

Y termina con una advertencia: “Se nos plantea el mayor reto que hemos tenido nunca. Ya no vamos a tener que pegarnos con el negacionismo ni contra el reconocimiento de la crisis ecológica. Tenemos que pelear para mostrar que las soluciones no son soluciones de capitalismo verde ni meramente tecnológicas, sino que las soluciones pasan por una redistribución radical de la riqueza y del acceso a la misma. Que las soluciones pasan por establecer mecanismos de vida más austeros para todas, no solo para las personas más desposeídas. Un ecologismo social en el que nos merezca la pena invertir nuestro esfuerzo es un ecologismo que tiene que ir de la mano con las luchas de la gente más desposeída y precaria”.

¿Cómo hacemos frente a esta gran encrucijada?

La activista acaba de publicar el libro La Gran Encrucijada con Alicia Torrego y Fernando Prats, en el marco del Foro Transiciones. Un libro sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico cuyo diagnóstico no aporta nada nuevo, según comenta Yayo, pero que recoge el mejor conocimiento científico que tenemos ahora mismo con un estilo narrativo que conecta con personas a las que no estábamos siendo capaces de llegar. “Nos han dicho muchas veces «basta ya de diagnósticos, vamos a las soluciones», pero creo que hay que seguir insistiendo porque aún no se ha conseguido un relato universal sobre lo que está pasando. Es necesario salir de nuestros núcleos para atraer a capas de la sociedad más amplias a este empeño por transitar hacia sociedades ecologistas, justas e igualitarias. Con este libro estamos conectando con entornos más socialdemócratas o de corte más neokeynesiano o de economía verde”.

Es necesario abrir los debates más polémicos de las transiciones y debatir con cuantos más sectores de la opinión pública, mejor. Por ejemplo, si hablamos de transitar hacia renovables, habrá que estudiar cómo se financia para que dé cobertura a las necesidades de las mayorías sociales, y por otro lado, habrá que planificar esa transición, ya que la fabricación de generadores y placas solares supone la emisión de gases de efecto invernadero y la utilización de materiales escasos. Para Yayo, esta dinámica de planificación requiere “autoorganización en lo local y políticas macro que cuenten cuántas toneladas de materiales, cuánto gasto energético y cuántas emisiones se pueden generar con estos procesos sin empeorar las dinámicas de colapso”.

En la parte de propuestas sí hay novedades. El libro establece estrategias, dinámicas y planes sectoriales sobre qué hacer con los residuos, el agua, la energía, etc. Más allá de participar en construir alternativas locales, también piensa en cómo desde la política pública o de lo común podemos tratar de generar procesos ilusionantes de transición. “Si se quisiera, podría haber toda una batería de políticas públicas bien pensadas que podrían empujar esas dinámicas de autoorganización en lo local. Visibilizar eso es muy importante porque ahora mismo se percibe un salto enorme entre esas iniciativas autorganizadas y la percepción que tiene mucha gente de que no nos ayudan a frenar las dinámicas de apisonadora o de doctrina del shock”.

No existe una receta con sus ingredientes y tiempos de cocción exactos que nos hagan transitar con éxito. Pero al menos, tenemos claro qué queremos. ¿Cuál es el aceite que permitirá cocinar las necesarias transiciones? “El lubricante para mí sería la construcción de poder ciudadano. La disputa de la hegemonía cultural que nos conduzca a la disputa de la hegemonía política. Construir un tejido social que pueda impulsar, sostener y apoyar a aquellas instituciones que quieran ir por el camino de las transiciones socioecológicas y que pueda forzar a otras instituciones a que se sumen a la dinámica”. Para Yayo, la clave es conseguir que estos temas sean una preocupación generalizada.

¿Cómo involucrar a más gente en este cambio cultural?

Dice Manuel Castells que la lucha de poder fundamental es la batalla por la construcción de significados en las mentes. En el libro hay un capítulo titulado “Sin reconfigurar los imaginarios sociales no será posible el cambio”. ¿Cómo hacemos eso y qué nos falta?

Empezamos con la autocrítica. “Nos ha fallado el no haber sabido conectar con la gente normal”, dice Yayo con rotundidad. Añade que la eclosión de Podemos nos tendría que proporcionar algunos elementos para el aprendizaje: “Hay muchas cosas de Podemos que ni comparto ni me gustan, pero hay que reconocer que supo aprovechar las grietas que dejaba el modelo hegemónico para colarse ahí. Utilizó algunas nuevas categorías como lo de la “casta” y la idea de “los de arriba y los de abajo”, conceptos del 15M, que consiguieron amplificar el mensaje a otros públicos. Nosotros no hemos sabido aprovechar esas grietas”. ¿Por qué? “Creo que no acabamos de encontrar fórmulas o no terminamos de atrevernos a pisar ciertos espacios”. Desde hace unos meses, Yayo participa en las tertulias del programa radiofónico “A vivir” de la Cadena Ser: “El programa dura unos 45 minutos, a repartir entre unas 6 tertulianas. No es mucho tiempo y explicar la dimensión de la crisis ecológica requiere de un buen rato. Pues a pesar de eso, lo hago y me llegan comentarios muy positivos de gente a quien he hecho reflexionar a raíz de participar en espacios tan pequeños de alta audiencia”. Y añade que tampoco hemos tenido fuerzas, ni estrategia ni capacidad para meternos en asociaciones de vecinas o en los barrios cuando hablamos del activismo ecologista en ciudades grandes como Madrid. “Estamos muy alejadas de la vida cotidiana de la gente”.

Entonces, ¿cómo nos acercamos a la gente? Dependiendo a quién queramos llegar, debemos pensar en un mensaje o en otro y en cuál es la forma más eficaz para comunicarlo. Vamos a la práctica. “Por ejemplo, con personas mayores es fácil empezar hablando de austeridad porque lo tienen aún en su marco de referencia cultural. Son personas que, en su mayoría, se han educado en pueblos donde todo se aprovechaba. Entonces, cuando te diriges a esas personas puedes empezar por ahí”. Sin embargo, desde hace unos años, se ha ridiculizado a muchos de estos perfiles austeros estereotipándolos como tacaños, atrasados o poco modernos. Tal ha sido el cambio que, cuando te diriges a personas entre 45 y 65 años, la estrategia cambia. “Generalizando enormemente, estos perfiles adultos que han vivido el despliegue del crecimiento económico, la llegada del «progreso» y la cultura del usar y tirar, es mucho más difícil empezar por las alternativas porque estas pasan por la reducción drástica del consumo material. Si no lo pones en relación con el problema al que ha llevado vivir como si no hubiera limites, a la gente le cuesta entender porque presentamos estas medidas tan radicales que van en contra del confort y la buena vida, entendida esta a través del consumo”.

Es decir, la deconstrucción de falsa idea de confort requiere de la fase de diagnóstico. “No es el caso de los mayores, como contaba, o cuando son pequeños, que antes de ser poseídos por el consumo ven las cosas con una claridad y una nitidez increíble. No es lo mismo la gente que vive en lo rural o en ámbito insular, que ven en su territorio los límites. No nos vale una receta de comunicación única para todos los lugares y perfiles. Nos falta mucho en el terreno de comunicar la alternativa y, como digo, hay que construirla de forma distinta dependiendo del territorio y el contexto de cada lugar”.

Además, hay que comunicar la alegría. Si algo caracteriza las charlas de Yayo es la energía con la que sales de ellas. A pesar de contar una realidad crudísima, tras escuchar las palabras de Yayo, tienes ganas de pasar a la acción. ¿Cuál es el truco? “He tenido la suerte de encontrar y poder conectar con la mejor gente del mundo que es, precisamente, la que quiere cambiar las cosas. Cuando voy a dar una charla me encuentro gente que me cuida, que me acoge, gente bien articulada, gente que piensa como darle la vuelta a las cosas, gente solidaria que se preocupa por quien no tiene cómo pagar la luz... Vivir al lado de esta gente es la caña. Y yo eso, lo comunico y lo digo mucho en Ecologistas en Acción: Igual caminamos hacia el colapso pero no es lo mismo caminar sola y rodeada de hostilidad que hacerlo acompañada de la mejor gente que hay en el mundo”.

¿Cómo conciliar vida privada, activismo y trabajo?

“Con alegría”. La pregunta es sencilla. “Yo me río mucho en el curro, me río mucho en Ecologistas en Acción, con mis amigos... Esa posibilidad de reírse con la gente y de disfrutar es lo que te da fuerza para poder seguir haciendo cosas”. Acude a su trayectoria vital: “Cuando trabajaba en la gran empresa, tenía la sensación de que una parte de mi vida la tenía dedicada a algo que no me importaba en el fondo. Entonces cuando tuve la posibilidad de dar el salto en el vacío, dejar el curro y empezar a explorar el mundo del cooperativismo y otras cosas, a mí se me produjo una armonización de repente entre las cosas que me preocupaban, lo que me parecía importante y con lo que me ganaba la vida, y eso te genera una salud mental impresionante”. ¿Y cuando hay momentos en los que no puedes más? “Hay momentos de cansancio, pero creo que es un momento en el que necesitamos mucho activismo y para mí la solución no está en restarle tiempo a la militancia. La cuestión está en crear espacios que sean gratos, que te refuercen y te hagan sentirte muy bien. A mí me parece difícil cuidarme a mí misma sino genero esa estructura de cuidado en los espacios en los que yo quiero estar y estoy”.

"Es difícil cuidarme a mí misma si no genero esa estructura de cuidado en los espacios en los que yo quiero estar y estoy"

El problema es cuando los espacios activistas son hostiles. “A veces, se reproducen muchas lógicas del mundo público o de la empresa privada o de la familia, donde hay relaciones de subordinación, de poder y de jerarquía, y a veces nos tratamos mal. Igual que existe un homo economicus alejado de la vida, creo que también existe un hommo militantus”. Tenemos que superar a esos antiguos militantes que decían «Yo no he venido aquí a hacer amigos» o «Aquí lo importante es que cambiemos el mundo», comenta Yayo.

Ella es partidaria de dedicar tiempo y energía a las organizaciones: “a resolver conflictos, a hablar las cosas y a generar formas de tratarnos que haga que la gente se sienta bien”. Y para eso, las organizaciones tienen que regenerarse y “dar cancha” a otras personas más jóvenes o nuevas. Una de las cosas que valora de Ecologistas en Acción es que las personas con una trayectoria larga y cierta responsabilidad en la organización saben retirarse sin dejar de estar. “A veces, por haber ocupado espacios de decisión, tu opinión tiene un peso distinto al de las demás y eso es un problema. Aunque seas abierta y democrática, terminas teniendo un peso que, aunque jerárquicamente ya no te corresponde, el grupo te lo concede”.

Yayo Herrero dejó la Coordinación y luego la Secretaría, pero no ha dejado de participar en Ecologistas en Acción, ya sea pintando una pancarta o viajando al punto que sea de la geografía española para mediar en un conflicto. Siempre a disposición de las personas y de las transiciones. Hay teorías conspiratorias que dicen que en realidad, Yayo no es solo una, sino que hay dos y por eso ella puede estar en todas partes. Se van turnando, dicen las malas lenguas. Después de muchos años de militancia en el ecologismo social, quienes la conocen saben que Yayo Herrero, no hay más que una; solo que es... mucha Yayo.

Mariola Olcina Alvarado

viernes, 15 de enero de 2021

Yayo Herrero: Ecofeminismo y Capital

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N°Col.: A-1324 Zaragoza  rcordobasanz@gmail.com Experto en TLP (Borderline). Presencial / Online Psicología cognitiva, psicoanálisis, gestalt. Psicoterapia Integradora. Página Web: www.rcordobasanz.es.               Instagram: @psicoletrazaragoza



Yayo Herrero: “Mirar desde el prisma de la sostenibilidad de la vida nos lleva a asumir la urgencia en ponernos de acuerdo”

La antropóloga y activista Yayo Herrero reflexiona sobre ecologismo, feminismo y antirracismo y la articulación de una agenda emancipadora.



Yayo Herrero (1965) es antropóloga, profesora universitaria en la UNED y miembro de Ecologistas en Acción. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre ecología y feminismo. El último, La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, un libro escrito a seis manos junto a María Gonzalez Reyes y Marta Pascual en el que combinan los relatos y el ensayo para dar cuenta sobre lo que importa realmente, para señalar como prioridad absoluta la defensa de una vida digna. En esta entrevista reflexiona sobre la sostenibilidad de la vida, la articulación de una agenda para hacer frente a la crisis ecológica y social y el avance de la extrema derecha.

Yayo Herrero López es una antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista española. Es una de las investigadoras más influyentes en el ámbito ecofeminista y ecosocialista a nivel europeo.​

„El sistema económico capitalista y todo el armazón cultural que le acompaña se han desarrollado en contradicción con las dos dependencias materiales que permiten la vida. Ignoran la existencia de límites físicos en el planeta y ocultan y minusvaloran los tiempos necesarios para la reproducción social cotidiana. Crecen sin observar límites a costa de la destrucción de lo que precisamente necesitamos para sostenernos en el tiempo. Se basan en una creencia peligrosa para el futuro de los seres humanos: la de una falsa autonomía, tanto de la naturaleza como del resto de las personas.“ 

„Somos naturaleza y pensar la vida al margen de la biosfera es simplemente un construcción cultural errónea e ilusa.“

„Para sostener la vida no solo nos hacen falta recursos naturales. Necesitamos que otras personas cuiden de nosotros. Ese trabajo, históricamente ha sido realizado por mujeres en espacios invisibles a la política y la economía como son los hogares.“

„Desde el nacimiento hasta la muerte las personas dependemos materialmente del tiempo que otras personas nos dedican. Somos seres encarnados en cuerpos vulnerables que enferman y envejecen y la supervivencia en soledad es sencillamente imposible.“

„Los ecofeminismos iluminan funciones, trabajos y a personas habitualmente invisibilizadas y subordinadas, y señalan la necesidad de otorgarles valor y prioridad si queremos aspirar a que la vida humana pueda mantenerse tal y como la conocemos.“

„Somos muchas las personas que, en un mundo finito cuyos límites ya están traspasados, tenemos más de lo que nos corresponde.“

„Resolver los problemas en condiciones de justicia y de equidad significa que haya sectores que pierdan privilegios, y a lo largo de la Historia han sido pocas las veces que hayamos visto a los privilegiados renunciar a sus privilegios. Eso implica que sea necesario crear un gran movimiento social, una gran movilización de base sobre una gran conciencia de que necesitamos estos cambios.“

jueves, 14 de enero de 2021

Un hombre siempre tiene que aprender de una mujer

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza. Psicólogos Zaragoza. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta.    N° Col.: A-1324. rcordobasanz@gmail.com.  Página Web: www.rcordobasanz.es.          Instagram: @psicoletrazaragoza.                

viernes, 25 de diciembre de 2020

Ecofeminismo. Es otra cosa.

 


Feminismo y ecologismo según Petra Kelly

Las mujeres del movimiento verde trabajan junto con los hombres en cuestiones como la ecología y el desarme. Pero debemos también imponer el problema de la opresión de las mujeres por los hombres como asuntoa fundamentales nuestra experiencia nos dice que los hombres no toman la opresión de la mujer tan en serio como otras causas.

Hay una relación clara y profunda entre militarismo, degradación ambiental y sexismo. Cualquier compromiso con la justicia social y la no violencia que no señale las estructuras de dominación masculina sobre la mujer será incompleto. Nosotras queremos trabajar con nuestros hermanos del movimiento verde, pero no queremos estar sometidas a ellos. Ellos deben demostrar su buena voluntad para abandonar sus privilegios de miembros de la casta masculina

(“Por un futuro alternativo” de Petra Kelly)

 Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán al mundo.

Gustavo Duch

Primero fue necesario civilizar al hombre…

Primero fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre, ahora es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales
Victor Hugo 

 

Hasta que no caves…

“Hasta que no caves un agujero, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada. Sólo estás hablando”

(Wangari Maathai)

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N°Col.: A-1324 Zaragoza. Gran Vía 32 Instagram: @psicoletrazaragoza                                          Página Web: Psicólogo y Psicoterapeuta

Ecologistas freelance

 

Ciudadanos anónimos que intentan salvar el planeta (ante la torpeza de quienes deberían hacerlo)

La falta de acción de los Gobiernos para frenar el cambio climático ha impulsado iniciativas individuales y locales en busca de una solución. Exploramos cuatro




Todos sabemos desde hace años que el cambio climático representa la mayor amenaza para nuestra existencia. Para desesperación de muchos, los Gobiernos de todo el mundo han tropezado y tartamudeado a la hora de poner en práctica la acción climática. Su falta de medidas ha acelerado una oleada de movimientos impulsados por los ciudadanos que tienen como objetivo dar solución a la crisis del clima. En este artículo exploramos cuatro movimientos de este tipo, cada uno de los cuales tiene su propia estrategia.

Construirse una casa modesta

El Movimiento de la Casita Holandesa, fundado por Marjolein Jonkers, no para de crecer. Cada vez más personas están adoptando una vida más simple, más independiente y modesta. Especialmente en Países Bajos, donde la tierra es limitada y cara. “El factor ambiental estaba ciertamente en nuestras mentes y ha influido en la decisión, pero también queríamos vivir la experiencia de construir nuestra propia casa”, señalan Jasmijn Twilt y Jurre Antonisse, una pareja que reside con su hijo en una comunidad de residencias reducidas en Delft. Su historia es similar a la de otros que han optado por un estilo de vida más austero. La combinación de incentivos financieros, ambientales y creativos finalmente los persuadió para seguir adelante.

“Somos parte de una generación que tiene el privilegio en muchos casos de cuestionar los valores tradicionales de la vivienda grande, el trabajo de nueve a cinco, etcétera”, explica Elvie Kromwijk, que vive con su pareja Abel en la misma comunidad de Delft. “Nunca tuve el sueño de construirla, pero lo hicimos debido a las circunstancias, como son los precios desorbitados en Amsterdam”, añade.

Pero cambiar el estilo de vida no es una solución para todos, puntualizan Twilt y Antonisse, que lo ven como un experimento del que aprender. “Queremos inspirar a las personas para que aíslen mejor sus viviendas y utilicen la tecnología y el conocimiento disponibles para tomar mejores decisiones. Y ya que los constructores somo nosotros y trabajamos a pequeña escala, realmente podemos ser innovadores”. Antonisse, que es ingeniero informático, pone un ejemplo histórico: “Realmente quería una casa pasiva que necesitara casi cero energía gracias al aislamiento y a un buen diseño. Las casas pasivas se desarrollaron en la década de 1970 durante la crisis del petróleo, para que entendiéramos que es posible construir hogares que no consuman energía. El concepto fue desarrollado por ingenieros alemanes, canadienses y estadounidenses, y se ha convertido en la norma”.

Este tipo de innovación es solo una de las tendencias que este movimiento ha impulsado. Estos pioneros han empezado a abrir camino para otros y han conseguido que los municipios adopten sus normativas relativas a la construcción para adaptarse al nuevo estilo de vida. Hoy en día muchas más autoridades en Países Bajos ofrecen permisos de uso de suelo permanentes o de larga duración a los propietarios de estas casas pequeñas...

Al otro lado del Mar del Norte se está extendiendo otro movimiento, pero el planteamiento es totalmente diferente. En Reino Unido, BirthStrike [huelga de nacimientos] pretende elevar el listón de la acción climática. “Se trata de dar la alarma, no de control de la población”, afirma su fundadora, Bythe Pepino. La activista explica que la iniciativa tiene su origen en la ansiedad provocada por el problema del clima. Un argumento convincente, sin duda, aunque los escépticos suelen tildarlo de proaborto o centrado únicamente en reducir la población.

Sin embargo, si escuchamos a los que han hecho tal promesa y renuncia de procreación, surge una historia diferente. Nathan Nuckir, un trabajador social de 27 años, expresa su deseo de ser padre y lo difícil que ha sido para él decidirse y comprometerse. “Siempre quise ser papá, es la única cosa en la que deseaba ser bueno”. Pero ante la lentitud de los Gobiernos a la hora de tomar medidas contra la crisis climática, Nuckir cree que convertirse en padre ahora está fuera de lugar. Y eso le ha permitido reevaluar su futuro. “Ahora que no tengo que hacer planes para un hijo, soy más libre para luchar y dedicar mi tiempo a causas en las que creo”.

Para cualquier persona, convertirse en un BirthStriker puede llegar a ser una opción difícil y todavía más, por todo lo que está en juego, para aquellos en la treintena. Adam Ley-Lange y Jessica Johannesson son una de esas parejas. Acababan de decidirse a tener hijos cuando fue publicado el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Clima (IPCC por sus siglas en inglés). “El informe examina las desastrosas consecuencias del calentamiento global... Se avecina un desastre climático”, explica Jessica, de 34 años. “Antes de que se lanzara esta publicación, el cambio climático era algo abstracto y lejano para mí. [Ahora] El miedo al futuro es demasiado grande para traer a un niño al mundo en la actual crisis ecológica”, asegura.

“BirthStrike no pretende ser la salvación, pero confiamos en ser una de las muchas piezas de dominó que irán cayendo para impulsar el cambio necesario”, señala Pepino. Todos los BirthStrikers con los que hablamos compartían este sentimiento y tenían un mensaje claro. “La parte de huelga o renuncia es vital. Los maestros hacen huelga para protestar por las condiciones o el salario, no porque la enseñanza en sí sea mala. Una huelga de nacimientos es lo mismo; se protesta por las condiciones, no por el acto en sí”.

Huertos urbanos y árboles en Berlín


En Alemania encontramos otro movimiento impulsado por los ciudadanos, aunque sus raíces son bien conocidas en el continente. Las huertas urbanas, o huertos alquilados, disfrutan de una nueva oleada de popularidad en la capital alemana; unen a los barrios, mejoran la biodiversidad y proporcionan frutas y verduras orgánicas al tiempo que reducen la cadena de suministro.

“Está muy de moda en Berlín esto de disfrutar aquí bebiendo una cerveza en un entorno verde, mientras cultivas tus propias verduras en cajas”, afirma Ameli Stieg, del huerto Himmelbeet, en el noroeste de Berlín. Descubrimos que su popularidad está siendo impulsada por una serie de factores, y en concreto el ecologismo y el deseo de conectar con la naturaleza y con los vecinos.

“La mayoría de la gente no tiene un jardín o un balcón en casa. Utiliza nuestros espacios para sembrar verduras que luego cosecha. Y además, la gente disfruta del sentimiento de comunidad”, señala Stieg, que tiene un máster en Ciencias Geológicas. Explica el impacto ambiental de los huertos y añade: " El tener un buen sistema ecológico en la ciudad es muy importante para la diversidad de insectos. Además, cada vez hace más calor y las plantas ayudan a tener una temperatura más baja".

Uno de los huertos más conocidos de Berlín, en Prinzessinnengarten [en peligro por presión inmobiliaria], se ha completado con otro en un cementerio (St. Jacobi, en Neukölln). “En los últimos 30 años el número de funerales ha disminuido y también la cultura de ser enterrado, por lo que hay más espacios abiertos”, afirma Hanna Burckhardt, una de las organizadoras del huerto. Este inusual lugar se convirtió en una opción después de que el propio sacerdote se pusiera en contacto con los creadores del proyecto. “Es interesante convertirlo en un lugar para disfrutar de la naturaleza. El espacio para los huertos urbanos es escaso en la ciudad y a menudo las grandes promotoras se quedan con los terrenos. En este caso hay menos probabilidad de que se venda y nos obliguen a mudarnos”, sostiene con regocijo Burckhardt.

Si bien estos proyectos tienen mucho que ofrecer al medio ambiente, su propósito principal es interactuar con los vecinos. “El sentimiento de comunidad y el intercambio de experiencias son aspectos importantes”, remacha Burckhardt. Y añade: “El huerto tiene visitantes muy diferentes, familias jóvenes, gente mayor y joven, nuevos residentes... El principal aspecto ambiental es la educación y crear conciencia a través de esto”.

Mientras que los huertos urbanos de Berlín conectan a los residentes y educan sobre cuestiones ambientales, hay otro proyecto que funciona en toda la ciudad para salvar sus árboles.

El City Lab (laboratorio urbano) financiado por el Ayuntamiento ha desarrollado una aplicación que permite a sus habitantes adoptar los árboles de la ciudad (Riega tu barrio, se llama). “Se nos ocurrió crear una aplicación innovadora, en la que los berlineses puedan cuidar un árbol, regarlo”, explica Julia Zimmerman. Y fue creada en respuesta a los veranos cada vez más secos. Los árboles actúan como importantes equilibradores climáticos, sobre todo en las ciudades; filtran el aire, aumentan la biodiversidad y enfrían la temperatura. Por lo tanto, protegerlos es vital para cualquier entorno urbano. Utilizan el registro de árboles y los informes meteorológicos para calcular medidas precisas para guiar a los usuarios, y se ha desarrollado utilizando códigos abiertos. “Es genial tener esta herramienta porque es un esfuerzo de colaboración con los ciudadanos y transferible a otras ciudades. Leipzig ya ha clonado el código y está creando su propia versión”

Jurre Antonisse y Jasmijn Twilt viven con su hijo Ole en una casa pequeña en Delft, Holanda. Su elección de este estilo de vida está impulsada por razones ecológicas.
Jurre Antonisse y Jasmijn Twilt viven con su hijo Ole en una casa pequeña en Delft, Holanda. Su elección de este estilo de vida está impulsada por razones ecológicas.SANNE DERKS / EL PAÍS

Todos sabemos desde hace años que el cambio climático representa la mayor amenaza para nuestra existencia. Para desesperación de muchos, los Gobiernos de todo el mundo han tropezado y tartamudeado a la hora de poner en práctica la acción climática. Su falta de medidas ha acelerado una oleada de movimientos impulsados por los ciudadanos que tienen como objetivo dar solución a la crisis del clima. En este artículo exploramos cuatro movimientos de este tipo, cada uno de los cuales tiene su propia estrilo para proteger el planeta.

El Movimiento de la Casita Holandesa, fundado por Marjolein Jonkers, no para de crecer. Cada vez más personas están adoptando una vida más simple, más independiente y modesta. Especialmente en Países Bajos, donde la tierra es limitada y cara. “El factor ambiental estaba ciertamente en nuestras mentes y ha influido en la decisión, pero también queríamos vivir la experiencia de construir nuestra propia casa”, señalan Jasmijn Twilt y Jurre Antonisse, una pareja que reside con su hijo en una comunidad de residencias reducidas en Delft. Su historia es similar a la de otros que han optado por un estilo de vida más austero. La combinación de incentivos financieros, ambientales y creativos finalmente los persuadió para seguir adelante.

“Somos parte de una generación que tiene el privilegio en muchos casos de cuestionar los valores tradicionales de la vivienda grande, el trabajo de nueve a cinco, etcétera”, explica Elvie Kromwijk, que vive con su pareja Abel en la misma comunidad de Delft. “Nunca tuve el sueño de construirla, pero lo hicimos debido a las circunstancias, como son los precios desorbitados en Amsterdam”, añade.

Pero cambiar el estilo de vida no es una solución para todos, puntualizan Twilt y Antonisse, que lo ven como un experimento del que aprender. “Queremos inspirar a las personas para que aíslen mejor sus viviendas y utilicen la tecnología y el conocimiento disponibles para tomar mejores decisiones. Y ya que los constructores somo nosotros y trabajamos a pequeña escala, realmente podemos ser innovadores”. Antonisse, que es ingeniero informático, pone un ejemplo histórico: “Realmente quería una casa pasiva que necesitara casi cero energía gracias al aislamiento y a un buen diseño. Las casas pasivas se desarrollaron en la década de 1970 durante la crisis del petróleo, para que entendiéramos que es posible construir hogares que no consuman energía. El concepto fue desarrollado por ingenieros alemanes, canadienses y estadounidenses, y se ha convertido en la norma”.

Este tipo de innovación es solo una de las tendencias que este movimiento ha impulsado. Estos pioneros han empezado a abrir camino para otros y han conseguido que los municipios adopten sus normativas relativas a la construcción para adaptarse al nuevo estilo de vida. Hoy en día muchas más autoridades en Países Bajos ofrecen permisos de uso de suelo permanentes o de larga duración a los propietarios de estas casas pequeñas...

Huelga de nacimientos en Reino Unido

Nathan Nuckir, de 27 años, se ha unido al movimiento BirthStrike: renunciar a tener hijos. Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.
Nathan Nuckir, de 27 años, se ha unido al movimiento BirthStrike: renunciar a tener hijos. Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.SANNE DERKS

Al otro lado del Mar del Norte se está extendiendo otro movimiento, pero el planteamiento es totalmente diferente. En Reino Unido, BirthStrike [huelga de nacimientos] pretende elevar el listón de la acción climática. “Se trata de dar la alarma, no de control de la población”, afirma su fundadora, Bythe Pepino. La activista explica que la iniciativa tiene su origen en la ansiedad provocada por el problema del clima. Un argumento convincente, sin duda, aunque los escépticos suelen tildarlo de proaborto o centrado únicamente en reducir la población.

Sin embargo, si escuchamos a los que han hecho tal promesa y renuncia de procreación, surge una historia diferente. Nathan Nuckir, un trabajador social de 27 años, expresa su deseo de ser padre y lo difícil que ha sido para él decidirse y comprometerse. “Siempre quise ser papá, es la única cosa en la que deseaba ser bueno”. Pero ante la lentitud de los Gobiernos a la hora de tomar medidas contra la crisis climática, Nuckir cree que convertirse en padre ahora está fuera de lugar. Y eso le ha permitido reevaluar su futuro. “Ahora que no tengo que hacer planes para un hijo, soy más libre para luchar y dedicar mi tiempo a causas en las que creo”.

Para cualquier persona, convertirse en un BirthStriker puede llegar a ser una opción difícil y todavía más, por todo lo que está en juego, para aquellos en la treintena. Adam Ley-Lange y Jessica Johannesson son una de esas parejas. Acababan de decidirse a tener hijos cuando fue publicado el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Clima (IPCC por sus siglas en inglés). “El informe examina las desastrosas consecuencias del calentamiento global... Se avecina un desastre climático”, explica Jessica, de 34 años. “Antes de que se lanzara esta publicación, el cambio climático era algo abstracto y lejano para mí. [Ahora] El miedo al futuro es demasiado grande para traer a un niño al mundo en la actual crisis ecológica”, asegura.

“BirthStrike no pretende ser la salvación, pero confiamos en ser una de las muchas piezas de dominó que irán cayendo para impulsar el cambio necesario”, señala Pepino. Todos los BirthStrikers con los que hablamos compartían este sentimiento y tenían un mensaje claro. “La parte de huelga o renuncia es vital. Los maestros hacen huelga para protestar por las condiciones o el salario, no porque la enseñanza en sí sea mala. Una huelga de nacimientos es lo mismo; se protesta por las condiciones, no por el acto en sí”.

Huertos urbanos y árboles en Berlín

Hanna Burckhardt es la coordinadora de las actividades educativas; realiza visitas guiadas y talleres y ayuda con eventos y comunicaciones en el Prinzessinnengarten de Berlín.  Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.
Hanna Burckhardt es la coordinadora de las actividades educativas; realiza visitas guiadas y talleres y ayuda con eventos y comunicaciones en el Prinzessinnengarten de Berlín. Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.SANNE DERKS

En Alemania encontramos otro movimiento impulsado por los ciudadanos, aunque sus raíces son bien conocidas en el continente. Las huertas urbanas, o huertos alquilados, disfrutan de una nueva oleada de popularidad en la capital alemana; unen a los barrios, mejoran la biodiversidad y proporcionan frutas y verduras orgánicas al tiempo que reducen la cadena de suministro.

“Está muy de moda en Berlín esto de disfrutar aquí bebiendo una cerveza en un entorno verde, mientras cultivas tus propias verduras en cajas”, afirma Ameli Stieg, del huerto Himmelbeet, en el noroeste de Berlín. Descubrimos que su popularidad está siendo impulsada por una serie de factores, y en concreto el ecologismo y el deseo de conectar con la naturaleza y con los vecinos.

“La mayoría de la gente no tiene un jardín o un balcón en casa. Utiliza nuestros espacios para sembrar verduras que luego cosecha. Y además, la gente disfruta del sentimiento de comunidad”, señala Stieg, que tiene un máster en Ciencias Geológicas. Explica el impacto ambiental de los huertos y añade: " El tener un buen sistema ecológico en la ciudad es muy importante para la diversidad de insectos. Además, cada vez hace más calor y las plantas ayudan a tener una temperatura más baja".

Uno de los huertos más conocidos de Berlín, en Prinzessinnengarten [en peligro por presión inmobiliaria], se ha completado con otro en un cementerio (St. Jacobi, en Neukölln). “En los últimos 30 años el número de funerales ha disminuido y también la cultura de ser enterrado, por lo que hay más espacios abiertos”, afirma Hanna Burckhardt, una de las organizadoras del huerto. Este inusual lugar se convirtió en una opción después de que el propio sacerdote se pusiera en contacto con los creadores del proyecto. “Es interesante convertirlo en un lugar para disfrutar de la naturaleza. El espacio para los huertos urbanos es escaso en la ciudad y a menudo las grandes promotoras se quedan con los terrenos. En este caso hay menos probabilidad de que se venda y nos obliguen a mudarnos”, sostiene con regocijo Burckhardt.

Si bien estos proyectos tienen mucho que ofrecer al medio ambiente, su propósito principal es interactuar con los vecinos. “El sentimiento de comunidad y el intercambio de experiencias son aspectos importantes”, remacha Burckhardt. Y añade: “El huerto tiene visitantes muy diferentes, familias jóvenes, gente mayor y joven, nuevos residentes... El principal aspecto ambiental es la educación y crear conciencia a través de esto”.

Mientras que los huertos urbanos de Berlín conectan a los residentes y educan sobre cuestiones ambientales, hay otro proyecto que funciona en toda la ciudad para salvar sus árboles.

El City Lab (laboratorio urbano) financiado por el Ayuntamiento ha desarrollado una aplicación que permite a sus habitantes adoptar los árboles de la ciudad (Riega tu barrio, se llama). “Se nos ocurrió crear una aplicación innovadora, en la que los berlineses puedan cuidar un árbol, regarlo”, explica Julia Zimmerman. Y fue creada en respuesta a los veranos cada vez más secos. Los árboles actúan como importantes equilibradores climáticos, sobre todo en las ciudades; filtran el aire, aumentan la biodiversidad y enfrían la temperatura. Por lo tanto, protegerlos es vital para cualquier entorno urbano. Utilizan el registro de árboles y los informes meteorológicos para calcular medidas precisas para guiar a los usuarios, y se ha desarrollado utilizando códigos abiertos. “Es genial tener esta herramienta porque es un esfuerzo de colaboración con los ciudadanos y transferible a otras ciudades. Leipzig ya ha clonado el código y está creando su propia versión”.

Ecoaldeas catalanas

Didac Costa es un sociólogo, activista y escritor catalán, que ha fundado Ecovila Amat, una ecoaldea en construcción. Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.
Didac Costa es un sociólogo, activista y escritor catalán, que ha fundado Ecovila Amat, una ecoaldea en construcción. Pinche en la imagen para ver la fotogalería completa.SANNE DERKS

La última parada es en Cataluña, en España. Allí se está explorando la idea de repoblar pueblos abandonados con sustitutos ecológicos. “Las ecoaldeas pueden ofrecer una alternativa a las ciudades, especialmente en tiempos de la covid-19. Irse de la ciudad puede proporcionar una vida más limpia y saludable”, afirma Didac Costa, fundador de la ecoaldea Ecovila Amat.

Al igual que muchos otros países europeos, España tiene una oportunidad única en este sentido. Solo aquí había más de tres millones de viviendas vacías o sin terminar después de la crisis financiera de 2008. Costa piensa que soluciones como su ecoaldea ofrecen más que un estilo de vida más saludable y consciente con el entorno. “El objetivo es ser lo más sostenibles posible para que no dependamos del Gobierno y podamos ser independientes”.

Si bien unos de los objetivos clave son esta independencia y sostenibilidad, Costa también quiere difundir la idea a escala mundial. “El propósito es conseguir un estilo de vida más accesible. Pretendemos crear otras ecoaldeas en todo el mundo. Utilizamos herramientas como el wifi para establecer redes globales y crear alternativas a la situación actual”. 

Cuatro iniciativas distintas, en cuatro países diferentes, que abordan la cuestión del cambio climático de maneras muy diversas pero con una tendencia clara que el propio Costa resume: “Después de años de conferencias y seminarios, por fin estamos creando. Estamos sustituyendo las palabras por acciones”.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico.         N° A-1324 Zaragoza. Teléfono: 653 379 269.      Experto en ansiedad, depresión, trastornos de personalidad y terapia de parejas.                          Instagram: @psicoletrazaragoza                            Página Web: Psicólogo Zaragoza Trastornos de Personalidad