PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de enero de 2021

Yayo Herrero: Ecofeminismo y Capital

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N°Col.: A-1324 Zaragoza  rcordobasanz@gmail.com Experto en TLP (Borderline). Presencial / Online Psicología cognitiva, psicoanálisis, gestalt. Psicoterapia Integradora. Página Web: www.rcordobasanz.es.               Instagram: @psicoletrazaragoza



Yayo Herrero: “Mirar desde el prisma de la sostenibilidad de la vida nos lleva a asumir la urgencia en ponernos de acuerdo”

La antropóloga y activista Yayo Herrero reflexiona sobre ecologismo, feminismo y antirracismo y la articulación de una agenda emancipadora.



Yayo Herrero (1965) es antropóloga, profesora universitaria en la UNED y miembro de Ecologistas en Acción. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre ecología y feminismo. El último, La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, un libro escrito a seis manos junto a María Gonzalez Reyes y Marta Pascual en el que combinan los relatos y el ensayo para dar cuenta sobre lo que importa realmente, para señalar como prioridad absoluta la defensa de una vida digna. En esta entrevista reflexiona sobre la sostenibilidad de la vida, la articulación de una agenda para hacer frente a la crisis ecológica y social y el avance de la extrema derecha.

Yayo Herrero López es una antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista española. Es una de las investigadoras más influyentes en el ámbito ecofeminista y ecosocialista a nivel europeo.​

„El sistema económico capitalista y todo el armazón cultural que le acompaña se han desarrollado en contradicción con las dos dependencias materiales que permiten la vida. Ignoran la existencia de límites físicos en el planeta y ocultan y minusvaloran los tiempos necesarios para la reproducción social cotidiana. Crecen sin observar límites a costa de la destrucción de lo que precisamente necesitamos para sostenernos en el tiempo. Se basan en una creencia peligrosa para el futuro de los seres humanos: la de una falsa autonomía, tanto de la naturaleza como del resto de las personas.“ 

„Somos naturaleza y pensar la vida al margen de la biosfera es simplemente un construcción cultural errónea e ilusa.“

„Para sostener la vida no solo nos hacen falta recursos naturales. Necesitamos que otras personas cuiden de nosotros. Ese trabajo, históricamente ha sido realizado por mujeres en espacios invisibles a la política y la economía como son los hogares.“

„Desde el nacimiento hasta la muerte las personas dependemos materialmente del tiempo que otras personas nos dedican. Somos seres encarnados en cuerpos vulnerables que enferman y envejecen y la supervivencia en soledad es sencillamente imposible.“

„Los ecofeminismos iluminan funciones, trabajos y a personas habitualmente invisibilizadas y subordinadas, y señalan la necesidad de otorgarles valor y prioridad si queremos aspirar a que la vida humana pueda mantenerse tal y como la conocemos.“

„Somos muchas las personas que, en un mundo finito cuyos límites ya están traspasados, tenemos más de lo que nos corresponde.“

„Resolver los problemas en condiciones de justicia y de equidad significa que haya sectores que pierdan privilegios, y a lo largo de la Historia han sido pocas las veces que hayamos visto a los privilegiados renunciar a sus privilegios. Eso implica que sea necesario crear un gran movimiento social, una gran movilización de base sobre una gran conciencia de que necesitamos estos cambios.“

jueves, 14 de enero de 2021

Un hombre siempre tiene que aprender de una mujer

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza. Psicólogos Zaragoza. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta.    N° Col.: A-1324. rcordobasanz@gmail.com.  Página Web: www.rcordobasanz.es.          Instagram: @psicoletrazaragoza.                

viernes, 25 de diciembre de 2020

Ecofeminismo. Es otra cosa.

 


Feminismo y ecologismo según Petra Kelly

Las mujeres del movimiento verde trabajan junto con los hombres en cuestiones como la ecología y el desarme. Pero debemos también imponer el problema de la opresión de las mujeres por los hombres como asuntoa fundamentales nuestra experiencia nos dice que los hombres no toman la opresión de la mujer tan en serio como otras causas.

Hay una relación clara y profunda entre militarismo, degradación ambiental y sexismo. Cualquier compromiso con la justicia social y la no violencia que no señale las estructuras de dominación masculina sobre la mujer será incompleto. Nosotras queremos trabajar con nuestros hermanos del movimiento verde, pero no queremos estar sometidas a ellos. Ellos deben demostrar su buena voluntad para abandonar sus privilegios de miembros de la casta masculina

(“Por un futuro alternativo” de Petra Kelly)

 Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán al mundo.

Gustavo Duch

Primero fue necesario civilizar al hombre…

Primero fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre, ahora es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales
Victor Hugo 

 

Hasta que no caves…

“Hasta que no caves un agujero, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada. Sólo estás hablando”

(Wangari Maathai)

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N°Col.: A-1324 Zaragoza. Gran Vía 32 Instagram: @psicoletrazaragoza                                          Página Web: Psicólogo y Psicoterapeuta

Oda a la Pachamama

 


La destrucción del mar es otra pandemia.          El principal culpable de la destrucción acelerada de los peces y otras formas de vida en el mar es el exceso de pesca crónico y sin control practicado por un sector de la actividad económica sistemáticamente criminal.


¿Cómo podemos ir preparándonos para poder gestionar adecuadamente los fondos que llegarán vinculados a la rehabilitación y regeneración urbanas?

Piedras en el riñón, falta de energía, pérdida de peso... los motivos por los que famosos que abrazaron el veganismo abandonaron esta dieta, a análisis...

¿Es realmente posible seguir una alimentación sin productos animales sin que repercuta sobre la salud?

“Muchos de los beneficios del nuevo Chapultepec no se verán hasta dentro de 20 años”

Gabriel Orozco detalla a El PAÍS los avances de la remodelación de las 800 hectáreas del pulmón verde de México, el mayor proyecto cultural del sexenio.

El buceador que saca basura del fondo del mar. Antonio Márquez es buceador, realizador audiovisual y presidente de Oceánidas, una asociación que trabaja por la conservación del medio marino y la divulgación de su biodiversidad.

Las amenazas de la última frontera de la humanidad en la Tierra. Un grupo de científicos alerta de los riesgos de explotar la ‘Twilight Zone’ del mar, el último recurso salvaje del planeta, sin investigar las consecuencias.

El sociecólogo Ramon Folch gana el Premi Nat de ciencias naturales

Se le galardona por su tarea de investigación, divulgación y defensa de la biodiversidad.


El sociecólogo Ramon Folch (Barcelona, 1946) ha recibido esta tarde el Premi Nat que otorga el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, en su tercera edición. La microbióloga Lynn Margulis ha sido premiada a título póstumo con la Menció d’Honor Nat. El Premi Nat es una distinción honorífica que galardona a personas o instituciones que han aportado una nueva mirada a la divulgación de las ciencias naturales.

El jurado ha considerado merecedor del Premi Nat a Folch “por su tarea de investigación, divulgación y defensa de la biodiversidad y el medio ambiente en nuestro país y en el ámbito internacional, por la creación de herramientas científicas y educativas innovadoras al servicio de naturalistas y ecólogos, y por el impacto que su labor ha tenido en muchos ámbitos profesionales y en la sensibilización de la sociedad hacia la cultura”.

El premio se ha entregado en una ceremonia virtual con intervenciones de la alcaldesa Ada Colau y la directora del museo, Anna Omedes, y con una conferencia de Folch en la que ha reivindicado a Daniel Defoe, Kant y Faraday como singulares e inesperados divulgadores científicos y ha expresado su optimista opinión de que pese a encontrarnos frente a la sexta extinción, la única, ha dicho, provocada por una especie que participa del fenómeno, “casi todo se puede reparar todavía”.

El investigador ha recalado que no basta con un diagnóstico y que una terapia “también es necesaria en el medio ambiente”. Y ha considerado que “tenemos la capacidad tecnológica, económica y comunicativa para arreglar las cosas”.

Rodrigo Córdoba Sanz.      Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta. Zaragoza        N° Col.: A-1324 Gran Vía 32, 3I Teléfono: 653 379 269.          Instagram@psicoletrazaragozaPágina Web: Psicólogo Zaragoza Trastornos de Personalidad


domingo, 6 de diciembre de 2020

Las mujeres nos salvarán

 


Estamos en un momento decisivo para la humanidad y el resto de la biosfera: nos enfrentamos al reto de corregir el rumbo para evitar un colapso ecológico, social y civilizatorio. Para expresar que la situación es grave, actualmente se la denomina “emergencia climática” o “crisis climática”, en vez de simple “cambio”.

En 2017, más de 15 000 figuras de renombre del mundo de la ciencia, entre ellas varios premios Nobel, firmaron la Segunda Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad para que se tomaran medidas efectivas contra el cambio climático.

En 2018, expertos de la ONU presentaron un informe sobre medidas concretas que se tenían que implementar para reducir la subida de las temperaturas y sus temidos efectos. Y, sin embargo, poco se ha hecho.

La movilización juvenil

El ecologismo lleva más de 60 años alertando sobre la imposibilidad de un crecimiento infinito en un planeta limitado, denunciando la contaminación de los ecosistemas y señalando que las generaciones futuras se verían muy perjudicadas por el uso irresponsable de los recursos en el presente. Su mensaje ha sido ridiculizado, silenciado e ignorado.

Hoy, los movimientos internacionales de jóvenes por el clima, como Zero Hour o Fridays for Future (Juventud por el Clima, en el ámbito hispanohablante) asumen el mensaje ecologista con la urgencia de quienes ven amenazado su propio porvenir, no sólo ya el de las generaciones siguientes.

Las jóvenes españolas que hoy levantan su voz por el planeta son hijas del feminismo. Ya no se resignan a un papel social subordinado. Denuncian los prejuicios sexistas, participan con entusiasmo en las gigantescas manifestaciones del 8M y quieren ser dueñas de sus propias vidas.

La teoría ecofeminista plantea que existen relaciones profundas entre la histórica subordinación de las mujeres y la dominación de la Naturaleza que nos ha traído hasta esta situación de crisis ecológica. Conecta, así, las reivindicaciones emancipatorias del feminismo con una nueva propuesta de relación con el mundo natural.

En los años 70 del siglo XX, Françoise d’Eaubonne, la pensadora que creó el término ecofeminismo, descubrió en la preocupación ecologista por la sobrepoblación un nexo con el feminismo, ya que éste luchaba por que las mujeres pudieran decidir libremente ser madres o no serlo. No se habría llegado a la sobrepoblación, afirmaba, si las mujeres hubieran tenido ese poder. Pero este no es el único vínculo.

Pensar como el ecofeminismo

El pensamiento ecofeminista sostiene que el patriarcado se caracteriza por una voluntad de dominio que hoy resulta ecológicamente suicida. Si antes esta voluntad se expresaba en la conquista territorial, hoy se manifiesta en la desmesurada avidez de beneficios económicos del mercado global.

Históricamente, los hombres se han dedicado a la competición y la conquista, ocupando los espacios de la guerra, la política, la religión, el ejército, la cultura, la ciencia y el trabajo asalariado. Excluyeron a las mujeres de estos ámbitos, atribuyéndoles las tareas del cuidado. Estas tareas son indispensables para la vida humana, no sólo para la infancia y la vejez o la enfermedad, sino en la vida cotidiana, ya que todos necesitamos comida, ropa y hogar limpios y un continuo soporte emocional; pero al ser consideradas femeninas, han sido devaluadas.

Las actividades distribuidas según el sexo exigían y favorecían actitudes y virtudes diferentes: en los varones, el distanciamiento emocional, la dureza y la audacia; en las mujeres, la empatía, la compasión y la escucha atenta. El ecofeminismo impugna la devaluación tradicional de estas características tradicionalmente femeninas, viéndolas, en cambio, como valores necesarios en todos los seres humanos de una sociedad ecológica. Es hora de reemplazar la voluntad de conquista y dominio por la de colaboración y reconocer que la humanidad depende de la Naturaleza para sobrevivir, que somos seres ecodependientes.

Esta propuesta conecta con la nueva sensibilidad de una juventud que ya no aplaude el maltrato, la humillación o la muerte de los animales y está convencida de que nuestra relación hacia ellos ha de evolucionar, superando el prejuicio antropocéntrico que nos lleva a pensar que sólo es criticable el daño causado a los humanos.

Las luchas de nuestro tiempo

Numerosos jóvenes rebeldes frente a los viejos mandatos patriarcales se convierten en defensores de los animales y se sienten atraídos por el veganismo o son conscientes de la necesidad de disminuir el consumo de carne, tanto sea por compasión como por contribuir a la sostenibilidad ambiental.


Otra razón importante por la que el ecofeminismo resulta muy atractivo en los movimientos de jóvenes por el clima es la atención que presta a las mujeres indígenas que ponen en riesgo su vida para defender el territorio frente al extractivismo, es decir, frente a la explotación insostenible de recursos naturales del Sur global para el mercado mundial.

En el ecofeminismo encontramos la lucha feminista por los derechos de las mujeres, la revalorización del cuidado y el reconocimiento de nuestra ecodependencia, la empatía con los demás seres vivos, la apertura al diálogo de culturas y el sentimiento de sororidad internacional con las defensoras del medio ambiente de los países empobrecidos. En suma, un pensamiento crítico que permite cuestionar el presente y trazar un horizonte futuro de compasión y ecojusticia.

Rodrigo Córdoba. Psicólogo Clínico. ZGZ.

Teléfono: 653 379 269 Zaragoza

Gran Vía 32. 3°izda. Presencial/Online

Página Web: Página Web Psicólogo Zaragoza



















lunes, 23 de noviembre de 2020

Ecofeminismo: Yayo Herrero

 


Yayo Herrero  | © CCCB, 2020. Autor: Miquel Taverna

Yayo Herrero

Antropóloga, ingeniera agrícola, educadora social y una de las principales voces del ecofeminismo. Actualmente es profesora de educación ambiental y desarrollo sostenible de la Cátedra UNESCO de la UNED. Su trayectoria investigadora se ha centrado en la crítica al modelo de desarrollo y producción capitalista como una amenaza para el planeta y la vida, investigación que combina con el activismo y la colaboración con diversos medios de comunicación como eldiario.es. Fue coordinadora estatal de la plataforma Ecologistas en Acción y directora de FUHEM. Ha escrito en libros colectivos como Cambiar las gafas para mirar el mundo (Libros en Acción, 2011), La gran encrucijada (Libros en Acción, 2016) y Petróleo (Arcadia, 2018). También es coautora del libro ilustrado Cambio climático (Litera, 2019), en el que despliega una narrativa divulgativa para hacer inteligible el actual colapso ecológico.

Escuchó hablar de ello a Yayo Herrero, una destacada antropóloga, en una charla y nunca volvió a mirar el mundo igual. María Garrido, coordinadora del área de ecofeminismo de Ecologistas en Acción, es una de las grandes defensoras de este movimiento, que propugna que la degradación del medio ambiente tiene mucho que ver con la de la mujer. En la Huelga feminista del 8 de marzo, esta corriente estará muy presente. Para entender mejor en qué consiste, hablamos con Garrido de este movimiento, cuyas raíces se remontan a los años 70. 

El ecofeminismo es un diálogo entre el ecologismo y el feminismo. Se defiende, por el lado del femismo, la búsqueda de la equidad de género y se intenta plantar cara al sistema patriarcal. Por el del ecologismo, la defensa de la tierra y una crítica al antropocentrismo. Juntando estas dos miradas, se aporta una visión del ser humano, de sus necesidades, y de la manera de resolverlas. Además, también se hace una crítica al modelo actual, jerárquico, cisheteropatriarcal, antropocéntrico y que, en definitiva, está en guerra contra la vida de diversas maneras.

Yo diría que se puede ver como una analogía, pero no solo como eso. Es, en realidad, parte del mismo sistema. Porque el capitalismo, para conseguir su crecimiento y acumulación de capital, se apropia tanto del trabajo gratuito de mujeres que lo hacen de forma obligada (a través del sentido del deber, o la socialización del género), como de los recursos naturales que obtiene despojando a los pueblos del sur global y haciendo un daño irreparable a la naturaleza. Yo creo que esa doble invisibilización de la mujer y de la naturaleza son parte de lo mismo, más allá de ser una analogía. Son el mismo esquema.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. N° A-1324

Psicoterapeuta. Tfno : 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: Psicólogo Zaragoza Rodrigo Córdoba

martes, 27 de octubre de 2020

Yayo Herrero: Ecofeminismo

 


"La dictadura del dinero es bestial; les merece la pena sacrificar todo con tal de que la economía crezca"

Yayo Herrero, una de las voces más influyentes en el ámbito ecofeminista y de la ecología política en Europa, conversa con lavozdelsur.es sobre la urgencia de un cambio radical de estilo de vida basado en la suficiencia, el reparto y la justicia. La pandemia, afirma, es fruto de "mirar la economía sin mirar lo que nos sostiene en la vida".


El despertar ecológico en una granja de pollos

Yayo Herrero López (Madrid, 1965) sonríe cuando se le pregunta si fue una Greta Thunberg a la madrileña, pero rápidamente responde que no. Antes de llegar a la ecología y a los problemas derivados de una crisis sistémica tan devastadora, antes de escribir más de una decena de libros y convertirse en una de las investigadoras más influyentes en el ámbito ecofeminista y ecosocialista a nivel europeo, se adentró en la lacra del racismo institucionalizado y en los primeros movimiento migratorios llamados ilegales en España. “Me acuerdo perfectamente que un cura vino a clase a dar una charla y fue sobre las zonas deprimidas de Argentina donde había trabajado y el Apartheid en Sudáfrica. Fíjate lo que puede marcar una charla", comenta a la mañana siguiente de haber sido invitada a impartir una conferencia en Jerez por el grupo Ganemos.

"Mi familia es muy decente moralmente, pero nunca había estado involucrada en nada, y yo con aquello del Apartheid me quedé… Empecé con 14 años a ir al grupo de la parroquia y, claro, era gente muy maja y muy comprometida, pero por más que quería creer, no había forma... por la vía de la religión no entraba”. Luego vino el movimiento de acogida de inmigrantes en Madrid, el sindicalismo y el despertar ecológico, justo cuando estudiaba Ingeniería Agrícola. Y entonces, en la carrera, visitó una granja de pollos: “Salí de allí pensando, ostras pero ¿hay que hacer esto para comer?”.

También es licenciada en Antropología Social y Cultural, diplomada en Educación social y DEA en Ciencias de la Educación. Actualmente es profesora en la Uned y fue coordinadora estatal de Ecologistas en Acción —donde llegó desde Aedenat, la Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza—. Aunque en la universidad aprendió cosas importantes, “lo más potente que he aprendido ha sido en los movimientos sociales, con gente como Ramón Fernández Durán o Ladislao Martínez, ya fallecidos, o Isabel Bermejo… que vive en Cantabria”. Al igual que ella, que reside en el valle de Terán, junto a unos mil vecinos y vecinas. Tiene una hija de 26 años que estudió Sociología e hizo un máster en estudios feministas. Ahora vive en otro valle casi despoblado, pero en Huesca. “Estoy muy satisfecha por cómo está y por la relación que hemos conseguido crear”, sostiene con orgullo de madre.

¿Habíamos olvidado lo importante?

Pues sí. En realidad ya son décadas en las que llevábamos mirando para otro lado y olvidándonos de que para sostener la vida necesitas energía, agua, alimentos sanos y una biodiversidad que impida que pasen los virus desde los animales hasta las personas, como está sucediendo con esta zoonosis del coronavirus y anteriormente con el zika, el ébola, el sars y demás. Mirar la economía sin mirar lo que nos sostiene en la vida conduce a este tipo de cosas.

Es sorprendente la capacidad que tenemos para tomar conciencia de que algo hay que cambiar en el estilo de vida que llevamos y, en apenas unos meses, volver a las andadas.

A ver, creo que tiene mucho que ver con las vidas cotidianas que tenemos. El confinamiento noqueó a mucha gente cuando vio que al hablar de trabajos esenciales comprendió que cuidadoras, limpiadoras… eran parte de esos trabajos esenciales que no se pueden dejar de hacer y que, a la vez, son los peor pagados y los que nadie quiere. Unos meses después del confinamiento nos encontramos con una crisis económica brutal, gente que tiene que seguir pagando facturas y volvemos a meternos en la dinámica de los últimos años. Una carrera de seguir el crecimiento del dinero a lo bestia, aunque se haya demostrado que solo perseguir eso es lo que ha conducido a esto. Nos falta esa capacidad de frenar, ver y reconducir las cosas de otro modo.

El planeta sigue siendo más generoso que todo esto. A poco que hemos parado, todos los niveles de contaminación bajaron drásticamente y la tierra de alguna manera mejoró.

No sé si el planeta es o no generoso, porque la tierra no tiene agencia y voluntad, pero sí está claro que los sistemas vivos tienen una característica, y eso les ha hecho pervivir durante miles de millones de años, y es la gran resiliencia que tienen. Una gran capacidad de regenerarse a sí mismos. La evolución lo que ha hecho es generar una forma de supervivencia que tiene una enorme fuerza. Cuando la civilización industrial deja de golpear a la naturaleza, aunque sea coyunturalmente, los niveles de recuperación son super rápidos. El reto es cómo conseguir respirar sin envenenarnos y sin que a la vez se desplome la economía o que la gente más vulnerable se nos muera. Porque, además, todo esto se produce en unas condiciones de extrema desigualdad. Ese cambio tiene que ser fruto de políticas públicas que cuidan a la gente y a la tierra.

"El reto es cómo conseguir respirar sin envenenarnos y sin que a la vez se desplome la economía o que la gente más vulnerable se nos muera"

El coronavirus nos ha impuesto un recordatorio inaplazable: acabar con la lógica de crecimiento ilimitado en un planeta finito.

Claro, esa es la clave. Nuestro planeta tierra tiene límites y límites en lo que llamamos no renovables, como son los minerales de la corteza terrestre: el petróleo, el carbón, el litio, el platino… pero límites también en lo que se renueva, porque el agua no se renueva a la velocidad que le gustaría a la industria, y limites en los sumideros del planeta. Todos esos límites están ahora mismo sobrepasados. Estos días estamos viendo cómo se están produciendo todas las desinversiones en las energías fósiles porque ya no hay posibilidad de mantenerlas. El asunto clave es que los seres humanos, queramos o no, vamos a vivir con menos energía, menos materiales y menos agua. La reducción del tamaño material de la economía es un dato, no una opción, y ahora la clave es cómo abordamos eso. Se puede hacer con un proceso planificado, conscientes, educando e informado a la ciudadanía, y que esté basado en la justicia y el reparto, que no deje a mucha gente atrás, o se puede hacer como ahora, por una vía fascista. Aquellos sectores que están protegidos por el poder económico, político y militar siguen sosteniendo estilos de vida absolutamente despilfarradores, mientras cada vez más gente va quedando fuera. Me refiero aquí a personas de otros países, a migrantes que se ahogan en el Mediterráneo, pero también a gente que, incluso teniendo trabajo, no llega a pagar la hipoteca o la factura de la luz. Ese es el gran reto: la economía va a tener globalmente dificultades importantes para crecer, ¿vamos a organizar la vida para que de forma más sencilla en lo material todos podamos vivir razonablemente bien, o permitimos que haya sectores con sus privilegios blindados a costa de situaciones de precariedad intolerables?

De alguna manera, ¿los fondos extraordinarios por la covid que va a liberar la UE irían en ese sentido, a diferencia del ‘austericidio’ que impuso en la última gran crisis?

Creo que nos encontramos en un momento tremendamente importante por varios motivos. Por un lado, desde luego para poder hacer la transición hacia un modelo ecológico y justo para las personas hacen falta inversiones tremendas; pero por otro, hacen falta también generar sistemas sanitarios y de salud pública potentes que puedan atender a las personas ante las olas de calor, las pandemias que puedan venir o las consecuencias del cambio climático, que sabemos que se van a producir. Hacen falta sistemas educativos que cubran a todos e invertir en sistemas de protección de las personas más vulnerables, cómo vamos a cuidar a los mayores y a los más vulnerables. La UE está lanzando ese mensaje y ahora la clave es no apostar por falsas soluciones. Puede haber una apuesta por un crecimiento verde, o un capitalismo verde, que no necesariamente sea justa. Me refiero a que puedes plantearte cambiar la industria del coche de motor de combustión al coche eléctrico, pero claro, tienes que ser consciente de que cuando sumas la cantidad de minerales que hacen falta para producir un coche eléctrico y lo contrastas con las reservas que existen, no da para transformarlo todo y, sobre todo, esos minerales los quieres utilizar para muchas otras cosas más.

No hay litio para tanto chorizo.

(Ríe) Efectivamente. Corremos el riesgo de que, si la apuesta por lo verde no está centrada en la justicia y es consciente de que el planeta tiene límites físicos, podemos caer en un capitalismo verde que desemboque, casi sin darse cuenta, en una especie de ecofascismo. Que esas transiciones verdes solamente atiendan, de nuevo, las necesidades de sectores de privilegio y grandes focos de poder. Claramente hace falta un cambio de modelo radical, pero la clave es que en todo momento vaya esa transición con los 7.500 millones de personas que somos en este planeta.

Algo así como que si no hay vacuna de la covid para todos siempre estaremos todos en riesgo.

Totalmente. Porque además, mucho de lo que está pasando con las migraciones en este momento es que son migraciones forzosas. Hay cantidad de gente que está migrando porque en sus territorios, por ejemplo, las dinámicas del cambio climático no dejan cultivar porque no hay agua, o hay inundaciones, o por dinámicas extractivistas de la industria, cualquier territorio es objeto de saqueo y la gente sale buscando legítimamente opciones de vida. Nadie va a parar el derecho legítimo sobre vivir que tiene todo el mundo. Ponemos mucho el foco en los países del sur global, pero ya estamos viviendo en España migraciones climáticas debido a las DANA. A lo mejor lo razonable no es vivir en una primera línea de playa. España está tremendamente afectada por el cambio climático.

"Aquellos sectores que están protegidos por el poder económico, político y militar siguen sosteniendo estilos de vida absolutamente despilfarradores, mientras cada vez más gente va quedando fuera"

Aunque tenemos, al menos, medio centenar de diputados en el Congreso que niegan esta realidad.

Desde mi punto de vista, el mayor éxito que han tenido estos negacionistas, siguiendo la estela de Donald Trump y Bolsonaro, es que los demás nos creamos que de verdad son negacionistas. Creo que representan a elites con enorme poder que saben perfectamente que el cambio climático u otra serie de problemas que puedan llegar afectan a todas las personas, pero no de la misma manera. El aumento de las temperaturas medias globales afecta a todo el mundo, pero no es lo mismo para un agricultor que se queda sin agua que para otra persona con un montón de patrimonio y recursos detrás.

Ni Trump es tan idiota como podría pensarse, ni el cambio climático, como la covid, no distingue de clases…

Totalmente. Me parecería un enorme error pensar que Trump es un idiota. Nos puede parecer chabacano y grosero, porque lo es, al igual que otros exponentes patrios que podamos tener, pero es un señor que está en la elite del poder económico de Estados Unidos y controla perfectamente lo que hay. En la serie La voz más alta, ves cosas de las que ahora estamos viviendo, plantea muy bien el nacimiento de cómo se construye la figura de Trump y es un poder fuerte, fuerte, fuerte. Están perfectamente preparados para lo que viene. Cuando en 2012 el huracán Sandy dejó arrasada Nueva York, con varios días sin luz en Manhattan, fue muy simbólico que lo único que quedase iluminado fuese la torre de Goldman & Sachs. Sus sistemas eléctricos no perdieron actividad en un caso extremo. Metafóricamente es muy fuerte. Algunos sectores neopopulistas de extrema derecha, que niegan la cuestión de los límites de la tierra, en el fondo lanzan un mensaje terrible para mucha gente de las capas más populares: mienten para socavar la tierra, el agua y la vida debajo de los pies y la mayor parte de la gente no nos damos cuenta.

Usted estuvo en los comienzos de Ecologistas en Acción, cuando se manifestaban unos cuantos. Con el tiempo, sus reivindicaciones se han convertido en un ‘os lo dije’ de libro. Que el tiempo os haya dado la razón de esta manera no debe ser muy reconfortante…

Es algo muy amargo. Tenía un cuadernillo cuando aprendí a escribir que se llamaba Cosas que nunca le haré a mis hijos y ahí iba apuntando todas las cosas que me fastidiaban. Con 5 o 6 años apunté: nunca les diré a mis hijos te lo dije.

¿Lo cumplió?
He intentado no hacerlo. La historia esta de colgarte medallas morales no me interesa mucho; es más bien, tenemos registros históricos de lo que ha venido pasando, y basándonos en ese conocimiento que se ha ido generando, podemos pensar el futuro de otra forma, y es urgente hacerlo. El informe Meadows sobre los límites del crecimiento se publicó en 1972. Y en ese informe ya se avanzaba la inviabilidad que había de un sistema económico de crecimiento ilimitado extrayendo materiales y generando residuos sobre un planeta con límites. El informe era brutal porque proyectaron una serie de estados que fueron muy denostados en los 80 y esas predicciones las clavaron. Clavaron los años del pico del petróleo, del pico de los minerales, de las dinámicas del calentamiento global, las incidencias de todo esto sobre la salud y las tasas de mortalidad… Más que el te lo dije, lo que me interesa mucho es la reflexión que hay detrás del hecho de que una sociedad que se autodenomina sociedad del conocimiento pueda ignorar de esta manera desde hace décadas todas las proyecciones que nos da la ciencia. Si vas al médico y te dice que tienes un tumor, pasado el rato del disgusto, lo que haces es cambiar tu vida para orientarte a sanar. Aquí el asunto es que la lógica es más bien negar todo. Niego que hay problemas con la biodiversidad, con los límites, con el cambio climático… y cuando te llegan todos los golpes no somos conscientes ni de por dónde nos vienen. Aún hay una parte importantísima de la población que permanece política y socialmente de espaldas a las causas estructurales de lo que estamos viviendo. Hay que seguir haciendo esa labor pedagógica aunque ya no podamos volver atrás, pero de aquí en adelante nos podemos organizar para vivir en mejores condiciones.

Al final, la nueva normalidad es la vieja normalidad con mascarilla. ¿Todo esto no debe empezar por nosotros mismos? ¿Tiene sentido volver a los viajes de miles de kilómetros para hacerte un selfie y colgarlo en Instagram?

Claro, claro, absolutamente. Creo que hay como tres ejes que son los que nos pueden permitir construir un futuro en el que más o menos quepamos todas las personas: el principio de suficiencia, aprender a vivir con lo suficiente y lo suficiente lo marcan los límites físicos del planeta; necesidades de cambio en la organización social, podríamos vivir trabajando menos horas y disponiendo de más tiempo en cosas que nos importan, así como un principio de reparto, pensar que puede haber rentas mínimas para quienes las necesiten y viviendas vacías suficientes como para que todo el mundo tenga una casa. Pensar la vida en común desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades es posible hacerlo con menos presión sobre la naturaleza. Hay posibilidad de construir una utopía que será distinta, el problema es que ahora mismo tenemos una cultura que es más capaz de pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo. Nos podemos imaginar mucho mejor que el mundo se convierta en un lugar invivible, antes que imaginarnos que nuestras sociedades puedan vivir con una organización material distinta.  El gran reto es imaginarnos cómo lo podríamos hacer, diseñar utopías, en el buen sentido de la palabra, que proyecten horizontes deseables para el común de la gente.

"Hay posibilidad de construir una utopía que será distinta, el problema es que ahora mismo tenemos una cultura que es más capaz de pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo"

Y decir eso, hay que dejarlo claro, no es irte a vivir a una dictadura bananera…

Desde mi punto de vista, la dictadura y el totalitarismo del dinero es bestial. Qué cosa más terrible hay que haya un montón de madres y padres que se quitarían la comida de la boca para dársela a sus hijos, y que estén apostando y sostengan modelos que están impidiendo la vida de sus hijas e hijos. Esa es la mayor dictadura que hay en el mundo. Perseguimos a veces objetivos que sabes que le van a hacer la vida imposible a tus hijos y a tus nietos. Es de un totalitarismo brutal que está obligando a que muchos jóvenes del mundo salgan a la calle para defenderse de las generaciones de sus padres. La dictadura del dinero es absolutamente brutal. Vivimos en una sociedad en la que se cree que todo merece la pena ser sacrificado con tal de que la economía crezca y eso es muy bestia. Lo decías antes, de repente en el confinamiento vemos que la calidad del aire mejora, pero no solo eso, ves que el Gobierno prohíbe los despidos, los cortes de luz y agua, los desahucios, se aprueba una prestación por desempleo para empleadas domésticas que no tenían derecho a ello… ¿Cómo es posible que en un periodo de excepcionalidad de repente se aprueben un montón de cosas que parecen imposibles de hacer cuando la economía va bien? Ahí ves con claridad la trampa de civilización. Cuando a la economía le va bien tenemos que respirar mierda y todo lo que protege a la gente es imposible. El asunto es cómo hacemos para salir de una dictadura en la que para poder vivir dignamente la condición previa es que haya gente que gane mucho dinero. Las vidas buenas de muchas personas son como el subproducto, el residuo, de que previamente muchos se hayan forrado.

¿Por qué pesa tan poco en la agenda política la conciliación, especialmente ahora que la pandemia ha impuesto el teletrabajo; por qué no se habla, por ejemplo, de la educación universal de 0 a 3 años?

Creo que el movimiento feminista ha conseguido meter muchas cosas en la agenda política, pero vivimos en un país en el que una parte de los cuidados siguen descansando sobre una estrategia puramente familiarista y sobre una mirada muy patriarcal. Hay muchas familias que reparten tareas entre hombres y mujeres, pero la sociedad en su conjunto y el Estado no ha terminado de responsabilizarse del sostenimiento de esas vidas y se deja todo mucho más fiado a la lógica familiar, que cada familia se organice como pueda. Cuando no es la mujer la que se queda en casa, se resuelve la situación con abuelas esclavas o mecanismos de mercado, donde pagas tu propia conciliación, te haces cargo privadamente de ella. La clave es que políticamente entendamos que el cuidado de las personas más pequeñas, más viejas o a las diversas funcionales es una cuestión social, no privada de cada familia. Para eso necesitamos otros horarios de trabajo, mecanismos de flexibilidad en la generación de excedencias y permisos, y también unos servicios públicos sociocomunitarios generalizados. La clave es la desfeminización del cuidado, que no sean solo mujeres las que cuidan.

"Con el tema de las etiquetas lo que siempre planteo es que hay que hacer un permanente ejercicio de redefinición de lo que estás diciendo"

A usted en sus conferencias le colocan la etiqueta de ecofeminista, pero precisamente usted reclama acabar con ese imperio de las etiquetas e ir al fondo de las cuestiones ante el peligro de que todo se quede en apariencia y superficialidad. ¿Al final el capitalismo también consigue pervertir y convertir en nicho de mercado lo bueno que puedan tener olas como las del ‘me too’, no?

Sí, creo que el capitalismo cultural, no la forma de producir bienes y servicios, sino el capitalismo como una forma de vida, se ha convertido en una antropología. Lo que más fabrica ahora mismo la mirada del capitalismo son subjetividades y tiene una capacidad de coptar y arrancar todo tipo de etiquetas que es impresionante. El tema de poner la vida en el centro se empieza a escuchar en todas partes y se corre el riego de siempre, como en su día se hablaba de economía verde… Con el tema de las etiquetas lo que siempre planteo es que hay que hacer un ejercicio de redefinición permanente de lo que estás diciendo. Me acuerdo de aquello de los significantes vacíos, la idea de libertad, patria, familia… a todo el mundo apelan y a todo el mundo dicen algo, pero hay que ver de qué están rellenas estas ideas. Si hablamos de economía verde y hablamos de crecimiento económico a partir de energías renovables o agricultura ecológica y no lo conectamos a riqueza, reparto de riqueza y límites, podemos estar hablando simplemente de un capitalismo pintado de verde. Si hablamos de poner la vida en el centro y nos referimos a algo naif que no habla de condiciones de existencia, por ejemplo el acceso a una vivienda digna o a una alimentación saludable, o acceso a los cuidados que cada persona necesita en cada momento del ciclo vital, estamos despojando esa expresión de contenido. Por eso yo creo que cada etiqueta o concepto que se pone de moda hay que estar disputándolo permanentemente, y aunque suponga perder un poco de tiempo, aclarar que te refieres a esto, a esto y a esto.

"¿Por qué creo que no me da la bajona? Precisamente por el tema de la organización con la gente. Lo peor que puede pasar es ser consciente del mundo en el que estamos viviendo y estar sola"

Y ahí hablamos de feminismo, que en parte en los discursos y en lo que luego se hace también ha sufrido la caída en la trampa del capitalismo.

Sí, sí, pero le vería la parte buena y la parte mala. Cuando todo el mundo empieza a hablar de feminismo es porque ha habido un trabajo previo que ha sido conseguir meter eso como un tema político importante del que no se puede dejar de hablar. Y eso en sí ya es un logro importante. Se han ido dando saltos y se ha ido ganando en hegemonía. Y cuando lo vuelves el asunto hegemónico, el sistema se reconfigura para ver cómo lo vuelve a su favor. Entonces empieza otra pelea distinta y no es ya defender que hay un sistema patriarcal que subyuga, y somete, y discrimina a las mujeres, sino cómo abordarlo para que las dimensiones más estructurales, rompedoras y transformadoras de esas miradas no queden neutralizadas y las que salgan sean las que son perfectamente tragables y asumibles por el sistema. Ahí damos todos otro salto, el modelo económico o la política mainstream se configura para coptarlo y quienes estamos activos nos configuramos para abrir otro ciclo que intente discriminar eso.

¿No se siente a veces Quijote luchando contra molinos de viento, o no siente a veces, mirando a su alrededor, esa resignación de decir esto no lo reciclo, a tomar por saco…?

(Ríe) No, no me ha pasado nunca, pero ¿sabes por qué creo que no me da la bajona? Precisamente por el tema de la organización con la gente. Lo peor que puede pasar es ser consciente del mundo en el que estamos viviendo y estar sola, ahí sí que, o te das a la bebida, o adoptas esa política de para lo que me queda en el convento, me cago dentro. Si estás sola, no hay quién lo soporte. El asunto es que cuando estás organizada esto se vive de una forma muy distinta. Formo parte del movimiento ecologista, pero he estado mucho tiempo articulada en una cooperativa de consumo, estoy en colectivos que nos organizamos y lo mismo preparamos una mani, que escribimos un artículo, que hacemos una salida al campo…

¿Esa red da seguridad para seguir peleando?

Totalmente. Pero seguridad no solamente en la defensa política, sino también material. Formo parte de una red donde si un compañero se queda sin empleo no va a acabar en la calle, o si una familia lo está pasando mal, no le va a faltar un plato de comida. Desde hace muchísimo tiempo no me siento sola y, además, me lo paso bien. Necesitamos configurar movimientos de barrio, cercanos, donde construyamos esas redes de seguridad y estemos bien.

Desde lo lúdico también, no solo con la pancarta…

Claro. Intentar mejorar el mundo tiene tanto sentido vital que merece la pena hacerlo disfrutando. Creo que muchos partidos políticos que pretendían ser transformadores han tenido el problema de que han creado unas dinámicas y unas relaciones de mierda entre ellos. Si te juntas con un montón de gente para intentar cambiar el mundo y están a navajazo limpio y no se respetan, al final no te apetece estar ahí. Y vamos a necesitar meter mucho tiempo para construir alternativas, estrategias de autodefensa, con unas relaciones distintas.

Yayo Herrero. Ecofeminista.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico.

Teléfono: 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web:www.rcordobasanz.es