PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zygmunt Bauman. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de enero de 2023

Zygmunt Bauman

@psicoletrazaragoza
Rodrigo Córdoba. Sobre Zygmunt Bauman.

Hoy más que nunca vivimos en tiempos líquidos, en una época de incertidumbre marcada por los cambios climáticos, la pandemia global, las crecientes desigualdades económicas y sociales. En una sociedad líquida, inestable, de ritmo cambiante, de dinámica agotadora y de la precariedad. En un mundo donde los contactos interpersonales dependen de las llamadas redes sociales que no dejan de ser una trampa, un mundo cada vez más individualizado; en plena crisis de las instituciones democráticas.

El autor del concepto de la liquidez, Zygmunt Bauman (1925-2017), ha sido uno de los pensadores más audaces e influyentes de nuestro tiempo. Sus teorías sobre el Holocausto como fruto de la modernidad, sobre las transformaciones de la vida moderna, sobre la libertad y su falta en un mundo de consumo globalizado o sobre nuevas formas de la exclusión social siguen explicándonos el mundo de hoy. Decía cosas como: “Contrariamente a la creencia al uso, la historia no conoce crímenes cometidos en nombre del relativismo y la tolerancia” o “El amor es una red que intenta captar la eternidad; el deseo, un intento de evitar la obligación de tejer esa red. Por su propia naturaleza, el amor aspirará a mantener vivo el deseo. El deseo, a su vez, se defenderá de los lazos del amor.”

jueves, 26 de mayo de 2022

AMORES LÍQUIDOS

 



Es posible que ya hayas oído hablar de el amor líquido, un interesante concepto enunciado por el sociólogo Zygmunt Bauman. En esta poética pero desconsoladora imagen, se encierra una realidad que parece ser bastante frecuente en nuestra actualidad: la fragilidad del vínculo.

Una idea asociada con la esencia que parece vivirse en esta sociedad donde al parecer, se valora quizá en demasiadas ocasiones lo fugaz, el consumismo puntual que da satisfacción a una necesidad momentánea y que seguidamente, se desecha. Aunque hemos de hacer también una interesante puntualización.

No estamos hablando sólo de las relaciones interpersonales, sino también la relación que establecemos con nosotros mismos, o lo que el propio Bauman denomina como “la liquidez del amor propio”


¿Eres consciente por ejemplo, de que para amar de una forma madura a otra persona, debes empezar por quererte a ti mismo? Así es, este es un problema constante en nuestra sociedad, esa falta de autoestima y de autovaloración en la cual, acabamos perdiendo a los demás por no empezar por nosotros mismos. Por “solidificar el amor propio”.

Hablemos hoy sobre ello, ahondemos en este interesante concepto de el amor líquido. Un tipo de amor que cada vez está más presente en nuestra sociedad y del que tenemos que ser conscientes.





 

RELACIONESRUPTURA Y DIVORCIO

El amor líquido o la fragilidad de los vínculos

4 minutos


El amor líquido o la fragilidad de los vínculos

Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.


Última actualización: 31 enero, 2022


Es posible que ya hayas oído hablar de el amor líquido, un interesante concepto enunciado por el sociólogo Zygmunt Bauman. En esta poética pero desconsoladora imagen, se encierra una realidad que parece ser bastante frecuente en nuestra actualidad: la fragilidad del vínculo.


Una idea asociada con la esencia que parece vivirse en esta sociedad donde al parecer, se valora quizá en demasiadas ocasiones lo fugaz, el consumismo puntual que da satisfacción a una necesidad momentánea y que seguidamente, se desecha. Aunque hemos de hacer también una interesante puntualización.



No estamos hablando sólo de las relaciones interpersonales, sino también la relación que establecemos con nosotros mismos, o lo que el propio Bauman denomina como “la liquidez del amor propio”


¿Eres consciente por ejemplo, de que para amar de una forma madura a otra persona, debes empezar por quererte a ti mismo? Así es, este es un problema constante en nuestra sociedad, esa falta de autoestima y de autovaloración en la cual, acabamos perdiendo a los demás por no empezar por nosotros mismos. Por “solidificar el amor propio”.




Hombre deja a su pareja

Hablemos hoy sobre ello, ahondemos en este interesante concepto de el amor líquido. Un tipo de amor que cada vez está más presente en nuestra sociedad y del que tenemos que ser conscientes.



 


El amor líquido y la individualidad

 


En ocasiones, establecer un vínculo fuerte y comprometido, no es algo fácil para muchas personas. Tras ello, se esconde un sentido de responsabilidad y de trascendencia personal que tal vez, no están dispuestos a asumir. Es posible incluso que exista el factor miedo e incluso una inmadurez personal, donde no es posible concebir una auténtica relación sólida, estable y con un proyecto de futuro.

El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son “conexiones” más que “relaciones”. Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.


Este concepto va un poco más allá. El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer.

Es algo que sin lugar a dudas suena desconsolador, vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos.

Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez unas relaciones humanas más flexibles. Y no, no estamos hablando únicamente de las relaciones de pareja, pensemos también en la educación de los más pequeños.

Les ofrecemos numerosos juguetes, tecnologías, establecemos un juego de chantajes donde ante un examen aprobado lo premiamos con un nuevo regalo. Los dejamos caer casi sin querer en una sociedad de consumo con escasos valores, creando individuos a su vez que se vuelven tiranos, que no reconocen dónde están los límites y que, de algún modo, también acaban volviéndose líquidos…

Sus amistades nacen en las redes sociales, y para terminar con alguna de ellas cuando no les interesa, no tienen más que usar el botón de “bloquear o reportar” a dicha persona.

La importancia del amor propio para combatir el amor líquido



Las personas no somos bienes de consumo, ni tenemos una obsolescencia programada como cualquier electrodoméstico. Pensamos, sentimos y amamos. Pero hemos de empezar siempre por nosotros mismos, viéndonos como personas merecedoras de ser amada

El amor líquido siempre nos deja con un corazón vacío, y eso es algo que nadie quiere, el consumista siempre se queda con hambre y con una profunda  insatisfacción. ¿De qué nos sirve esto? ¿De qué nos sirve vivir con tanta incertidumbre?

En ocasiones, detrás de un amor líquido está la inseguridad personal. El no vernos a nosotros mismos como capaces de mantener un vínculo lo bastante fuerte como para prosperar, como para construir un futuro junto a otra persona.

La inseguridad, es reflejo de una autoestima que no se ha desarrollado adecuadamente. Ahí donde sólo se busca una satisfacción puntual para después, huir. Todo compromiso puede evidenciar nuestra falta de competencia, nuestra inmadurez. Pero ¿Por qué no intentarlo?

En esta vida nada es seguro y todos andamos a tiendas entre la niebla, si yo empiezo a confiar en mí mismo poco a poco avanzaré con más seguridad, apostando por la estabilidad. Por el auténtico compromiso conmigo mismo y las personas que me rodean.


Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

Las personas seguras no desconfían de sus “figuras de apego” (padres, amigos, pareja), cuentan con la certeza de que les ayudarán cuando lo necesiten.


Así, las características de los vínculos afectivo de apego seguro fundamentales son:


Los recuerdos de los vínculos afectivos de la infancia son en su mayoría positivos.

Son abiertos, fáciles de conocer, autónomos, con alta autoestima y una imagen positiva de los demás.

Carecen de problemas interpersonales graves y muestran confianza en los demás.

Disfrutan de un equilibrio entre las necesidades afectivas y la autonomía personal.

Vínculo afectivo de apego preocupado

El apego preocupado, también denominado ambivalente o dependiente, se caracteriza por sentir inseguridad respecto a la disponibilidad de las figuras de apego, en este caso de la pareja. 


La persona preocupada desarrolla un estado de ansiedad e ineficacia que le hace sentir que no es suficientemente querida, por lo que constantemente busca la confirmación de que es amada por la otra persona y, al mismo tiempo, sufre temor al posible rechazo o abandono. Así, otras de las peculiaridades de este tipo de vínculos afectivos son:

Falta de autoestima que conlleva una actitud dependiente y un deseo desmedido por conseguir la aprobación ajena.

Alta preocupación en sus relaciones.

Demandas constantes de atención.

Vínculo afectivo de apego huidizo alejado

Las personas con este estilo de apego mantienen relaciones basadas en la distancia afectiva y frialdad emocional. En las personas huidizas alejadas, la aparente autosuficiencia emocional actúa como mecanismo de defensa ante el posible rechazo que pudieran experimentar. Las características de las personas que presentan estos tipos de vínculos afectivos son:

Idealización de las relaciones con los padres, donde las únicas experiencias recordadas se basan en el rechazo y la frialdad de sus progenitores

Anteponen la valoración de sus logros y niegan la existencia de necesidades afectivas

Mantienen alejados a los demás para conservar su coraza y no desequilibrar sus emociones

Tienen un modelo mental positivo de sí mismo pero negativo de los demás

Se sienten incómodos en la intimidad y consideran las relaciones interpersonales como algo secundario en su vida

Pueden mostrar un estado de desapego ante situaciones de separación o pérdida mediante la supresión de sus emociones

Vínculo afectivo de apego huidizo temeroso

Las personas que establecen un vínculo afectivo a través de un tipo de apego huidizo temeroso también funcionan con un modelo mental negativo hacia sí mismos y hacia los demás, falta de asertividad, baja confianza y autoconcepto, además de un potente miedo al rechazo.





sábado, 6 de noviembre de 2021

Zygmunt Bauman

Las declaraciones de Bauman corresponden a La Vanguardia del día 8 de Septiembre de 2013

 

Zygmunt Bauman: “Joseph Nye, de Harvard, habla del “poder blando”. Hace 20 años, antes que él ya Pierre Bourdiu dijo que habíamos pasado del control normativo a la seducción. El poder es ejercido por medio de la seducción, de la tentación. Y es simplemente menos costoso. Y más aceptable. Implica la cooperación del sujeto. Si le coaccionas no puedes contar con su cooperación, pero si le seduces está listo para darte sus servicios. Volvemos a algo que Etiene de la Boétie, sgun montaine, presentó como la servidumbre voluntaria: estamos dispuestos a complacer, queremos ser seducidos, tentados. Es lo que los gobiernos inteligentes intentan hacer: atraer a la gente a la sumisión”.

Juan Re Crivello: El poder blando del cual a veces estamos tentados a identificar en la China de las olimpiadas no deja de ser un aspecto contradictorio. Ese gigante se asienta en una dictadura de la Elite. Por lo cual deberíamos abandonar el ejemplo. ¿Es Obama un líder del poder blando? Tal vez, es un modelo ocasional. Bauman nos sitúa en una sociedad en la cual el Estado debe incluir a los ciudadanos en sus orientaciones, para la búsqueda del consenso. En este aspecto disentimos. Una sociedad avanzada que descansa en el poder de las minorías es blando por sí mismo. Su poder se ha erosionado por la fuerza y la radicalidad en la defensa de los intereses de aquellas. Debemos aceptar que los Estados reducen su poder político público y lo complementan con decisiones de gestión privada. Al interior del poder surge la seducción como única posibilidad para reducir los conflictos a pactos complejos e inestables. Las sociedades modernas se parecen más a las antiguas e inestables sociedades agrupadas en la mafia, lazos de sangre y enfrentamiento civil han sido reemplazados por lazos de pactos y enfrentamiento del poder blando.

Aunque nada impide considerar que regresemos a aquel pasado de luchas por unificar un poder central y resuelto a utilizar la fuerza militar. En estos días observamos que la Guerra Civil de Siria (guerra de mafias) está sujeta a la influencia del último poder con vocación totalitaria (los EEUU desean intervenir para unificar).

jueves, 30 de septiembre de 2021

Mundo Líquido

 

  • El propósito principal de Modernidad líquida es tratar de responder las preguntas que la sociedad moderna nos plantea, una tarea nada fácil. Zygmunt Bauman realiza un valioso análisis sociológico.
  • Uno de los puntos relevantes del texto es que nos encontramos ante la disolución del sentido de pertenencia social del ser humano para dar paso a una marcada individualidad.
  • Cuando el ser humano tiene posibilidades reales de ser independiente, la sociedad ya no es aquella suma de individualidades sino el conjunto de las mismas.

La modernidad líquida -como categoría sociológica- es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados.

La metáfora de la liquidez -propuesta por Bauman- intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones.

Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante -incierta- y cada vez más imprevisible, es la decadencia del Estado del bienestar.

La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro.

Modernidad Líquida ¿Qué es?

En Modernidad Líquida Zygmunt Bauman explora cuáles son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuáles las características que han cambiado.

El autor busca remarcar los trazos que eran levemente visibles en las etapas tempranas de la acumulación pero que se vuelven centrales en la fase tardía de la modernidad. Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles.

La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”.

Zygmunt Bauman desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término correspondiente.

De la peligrosa extrañeza de los otros a la sociedad incierta

“El otro” tipificado como extraño por desconocido es un portador innato de incertidumbre, de potencial peligro, siendo, tal vez, su mayor amenaza, el atentar contra la clasificación misma que sostiene el orden del espacio social en el que se inscribe mi mundo.

Justamente, los extraños irritan, desagradan, desconciertan porque tienden con su sola presencia a ensombrecer y eclipsar la nitidez de las líneas fronterizas clasificatorias que ordenan el mundo en el que vivo, y de éste modo, cuestionar de manera radical la presunta comprensión recíproca que el “Yo” tiene con el “Otro”.

El extraño, como cuestionador implacable del orden al que ingresa desde tierras ignotas, ha sido a menudo tipificado con el estigma de ser portador de suciedad, puesto que la suciedad es el caos contaminante que el orden existente pretende expulsar, o bien, portador de ambivalencia, puesto que ésta los hace irregulares e impredecibles en sus reacciones.

Es el caso de los marginados sociales que, como una categoría o tipificación de una clase de extraño contemporáneo, reciben sobre sí los rasgos sobresalientes de la ambivalencia y la suciedad: a ellos se les atribuye la falta de confiabilidad por lo errático de su rumbo, su laxa moralidad y promiscua sexualidad, su deshonestidad comercial, etc.

“Dicho de otra manera, los marginados son el punto de reunión de riesgos y temores que acompañan el espacio cognitivo. Son el epítome del caos que el espacio social intenta empeñosamente sustituir por el orden”.

Estados transitorios y volátiles de los vínculos humanos; desvinculación

Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan.

El se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio -de “Liquidez” en el estricto sentido financiero .

Bauman se vale de conceptos tan provocadores como el de “Desechos humanos” para referirse a los desempleados, que hoy son considerados “Gente superflua, excluida, fuera de juego”.

Hace medio siglo los desempleados formaban parte de una reserva del trabajo activo que aguardaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad. Ahora, en cambio,

“Se habla de excedentes, lo que significa que la gente es superflua, innecesaria, porque cuantos menos trabajadores haya, mejor funciona la economía”.

Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de anticipar la decrepitud, saber cancelar los contratos a tiempo.

Zygmunt Bauman ​​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales.

Desterritorialización; adicción a la seguridad y miedo al miedo

Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior.

Nos hemos convertidos en ciudadanos “Adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella”8, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “Normalizar el estado de emergencia”.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto.

“Miedo” es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla.

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo. Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales.

El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.

Mundo globalizado y policéntrico

Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior.

Nos hemos convertidos en ciudadanos “Adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella”8, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “Normalizar el estado de emergencia”.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto.

“Miedo” es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla.

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo. Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales.

El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.

Mundo globalizado y policéntrico

El dominio económico y militar europeo no tuvo rival los cinco últimos siglos, de manera que Europa actuaba como punto de referencia y se permitía premiar o condenar las demás formas de vida humana pasadas y presentes, como una suerte de corte suprema.

Bastaba con ser europeo para sentirse dueño del mundo, pero eso ya no ocurrirá más: pueblos que hace sólo medio siglo se postraban ante Europa muestran una nueva sensación de seguridad y autoestima, así como un crecimiento vertiginoso de la conciencia de su propio valor y una creciente ambición para obtener y conservar un puesto destacado en este nuevo mundo multicultural, globalizado y policéntrico.



lunes, 23 de agosto de 2021

El Péndulo




Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es.            Instagram: @psicoletrazaragoza                

En la mayoría de las sociedades modernas, la vulnerabilidad y la inseguridad de la existencia, así como la necesidad de ir tras los objetivos personales en condiciones de aguda e irredimible incertidumbre, se aseguraron desde el comienzo mediante la exposición de las actividades vitales a las caprichosas fuerzas del mercado. Aparte de proteger las libertades del mercado y en ocasiones ayudar a resucitar el vigor declinante de las fuerzas mercantiles, el poder político no tenía necesidad de interferir. Cuando exigía a sus súbditos la obediencia y el acatamiento de la ley, podía apoyar su legitimidad en la promesa de mitigar el alcance de las ya existentes vulnerabilidad e incertidumbre de las personas: limitar los daños y perjuicios perpetrados por el libre juego de las fuerzas del mercado, proteger a los vulnerables contra golpes mortales o excesivamente dolorosos y asegurarlos contra al menos algunos riesgos de los muchos que necesariamente entraña la libre competencia. Tal legitimación halló su expresión suprema en la autodefinición de la forma gubernamental moderna como <<Estado del bienestar>>.

Esa fórmula de poder político está hoy perdiéndose en el pasado. Las instituciones del <<Estado del bienestar>> van desmantelándose y desfasándose de forma progresiva, mientras se retiran una por una las restricciones antes impuestas a las actividades comerciales y al libre juego de la competencia mercantil, con sus nefastas consecuencias. Las funciones protectoras del Estado se restringen a una pequeña minoría inempleable e inválida, aunque incluso esa minoría tiende a ser reclasificada de <<objeto de asistencia social>> a <<objeto de la ley y el orden>>: la incapacidad para participar en el juego del mercado se criminaliza cada vez más. El Estado se lava las manos con respecto a la vulnerabilidad y la incertidumbre ocasionados por la lógica (o la ilógica) del libre mercado, redefiniéndolas como errores y asuntos privados, problemas con los que tiene que lidiar y deben sobrellevar los individuos valiéndose de sus propios recursos. Tal como lo cuenta Ulrich Beck, ahora se espera que los individuos busquen soluciones biográficas a las contradicciones sistémicas. 

Estas nuevas tendencias tienen un efecto secundario: corroen los cimientos sobre los que fue apoyándose cada vez más el poder estatal en los tiempos modernos, reivindicando para sí un papel crucial en la lucha contra la vulnerabilidad y la incertidumbre de sus súbditos. En el ostensible crecimiento de la apatía política, en la erosión de las lealtades y los intereses políticos (<<no más salvación por la sociedad>>, como lo expresa la notoria frase de Peter Drucker, o bien <<no hay sociedad; solo están los individuos y sus familias>>, como declarara con similar contundencia Margaret Thacher) y en la masiva renuncia de la población a la participación en la política institucional, vemos pruebas contundentes del derrumbe de los cimientos sobre los que se estableció el poder estatal.

Una vez que hubo renunciado a su anterior interferencia programática en la inseguridad causada por el mercado, proclamando en contraste que la perpetuación y la intensificación de esa inseguridad era misión de todo poder político, interesado por el bienestar de sus súbditos, el Estado contemporáneo debió buscar otras variedades -no económicas- de vulnerabilidad e incertidumbre en las cuales apoyar su legitimidad. Esta alternativa, al parecer, ha sido identificada ahora (quizá de forma más espectacular, aunque en absoluto exclusiva, por parte del gobierno estadounidense) con el problema de la seguridad personal: las amenaza a los cuerpos, a las posesiones y a los hábitats humanos, originadas en actividades delictivas, en la conducta antisocial de las <<clases marginales>> y, en tiempos más recientes, tanto en el terreno global como -cada vez más- en los <<inmigrantes ilegales>>. A diferencia de la inseguridad causada por el mercado, que en todo caso es claramente visible y obvia en lo que respecta a su alivio, esta inseguridad alternativa con la que el Estado procura restaurar su perdido monopolio de la redención necesaria, apuntalamiento artificial, o al menos una gran dramatización, para inspirar suficiente <<miedo oficial>> y al mismo tiempo eclipsar o relegar a una posición secundaria la inseguridad de origen económico, acerca de la cual el Estado no puede -ni desea- hacer nada. A diferencia de las amenazas que representa el mercado para la posición social, la autoestima y el sustento, el alcance de los peligros que acechan a la seguridad personal debe presentarse en los colores más oscuros, de modo tal que (tal como ocurría en el régimen político estalinista) la no materialización de las amenazas puede celebrarse como un suceso extraordinario, como el resultado de la vigilancia, el cuidado y la buena voluntad de los organismos estatales. No es casual que el poder de excepción, los estados de emergencia y la designación de los enemigos estén en su apogeo. Si el poder de excepción es una esencia eterna de toda soberanía, y si la selección y el escarnio de los enemigos es la sustancia extemporánea de <<lo político>> son cuestiones rebatibles; sin embargo, poca duda cabe acerca de que los músculos de los poderes actuales se ejercen en pos de ambas actividades casi como nunca antes.


Gustavo Dessal
(...) La actual fascinación con las <<autopistas de la información>> como remedio para la decadencia de los lazos humanos, la declinación del compromiso cívico y el (no menos importante) choque entre los principios del placer y de realidad, o bien la fascinación con la ingeniería genética como el remedio para los traumas humanos, las afecciones físicas y, más en general, la contingencia humana (...).

Desde luego, el neoliberalismo ni siquiera invierte demasiados esfuerzos en disimular que esta ideología está al servicio del capital, y sus promotores hace mucho tiempo que se parten de risa cuando recuerdan que alguna vez Hegel creyó que el saber absoluto habría de redimir al esclavo. Pero lo decisivo no es solo la consecuencia que esto arroja en el plano de las condiciones cada vez más precarias que suponen para una inmensa mayoría de la población humana, como usted lo ha desarrollado en su obra Vidas desperdiciadas. Hay algo mucho más terrible, que cabría calificar como el <<factos letal>> que subyace a la idea contemporánea de progreso. Factor letal que no supone una simple metáfora, una figura retórica, una descripción de los <<daños colaterales>> que el avance de la ciencia y la técnica inevitablemente acarrean, como si se tratase del precio que la humanidad ha pagado desde siempre en cada una de sus conquistas. Estamos ante algo nuevo, algo cualitativamente nuevo, y que Freud aventuró bajo el término de <<pulsión de muerte>>. En su obra Modernidad y Holocausto, usted percibió con toda claridad que la catástrofe no es un accidente en el programa de la racionalidad científico-técnica, sino que es intrínseca a dicho programa. Por supuesto, ni el psicoanálisis ni ningún pensamiento lúcido cuestiona el hecho de que la ciencia es uno de los más altos logros de la facultad sublimatoria humana. Lo grave comienza a partir del momento en que la ciencia, y en particular el acontecimiento histórico de la técnica moderna, que amenaza con aplastar incluso al discurso científico mismo, se imponen de forma gradual pero imparable como único modo de revelación de la verdad. Y cuando esto invade el territorio de la subjetividad, y no se limita a su aplicación al mundo físico-matemático, o mejor dicho, cuando los paradigmas tecnocientíficos del mundo físico-matemático se extrapola al territorio de la subjetividad y del lazo social, descubrimos algo que amenaza la condición humana de un modo que no ha tenido precedentes. Resulta triste decirlo de este modo, pero no podemos sustraernos a la evidencia de que Auschwitz fue la fiesta de inauguración de un nuevo paradigma histórico, en el que la ideología del progreso ha mostrado su sentido mortal. Es necesario un gran esfuerzo de ceguera o de cinismo intelectual para darle la espalda a lo que Freud compuso bajo su concepto de Todestrieb, su famosa <<pulsión de muerte>>, que lejos de pertenecer a la categoría del instinto, se muestra como el reverso devastador de la razón humana.

* Zygmunt Bauman (Modernidad y Holocausto)