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Paz y Ciencia

martes, 4 de diciembre de 2018

Acerca de silenciar la transferencia




Hay casos en los cuales se produce durante el tratamiento una desfavorable sobrecarga de los afectos que el paciente experimenta "hacia la persona del médico" porque "se ha omitido interpretar la transferencia". De acuerdo con los primeros escritos técnicos de Freud, la transferencia, transformada en resistencia, se ha constituido, entonces, en lo que urge interpretar. En esas circunstancias, Freud sostuvo, como sucedió en el caso Dora, que lo que conduce a un incremento inmanejable de los sentimientos e impulsos implicados es "silenciar la transferencia".
Sin embargo, y sin discutir que muchas veces el callar es un "error", tanto en la técnica psicoanalítica como en la convivencia humana, no debemos, a partir de esta experiencia cierta, caer inadvertidamente en el extremo de atribuir a la palabra hablada un valor, en todos los casos y a priori, superior a los del silencio y la actitud en el desarrollo o en la mutación de un vínculo.
Un viejo aforismo dice que si la palabra es de oro, el silencio es de plata. Es cierto que el silencio "de plata", de un modo semejante a lo que ocurre durante una sinfonía, nos entrega su dádiva profunda en el intervalo que dos palabras significan; pero no es menos cierto que la palabra "de oro" surge a la sombra bienhechora de un silencio que, al mismo tiempo que la enmarca y la subraya ante el oído, la catapulta hacia el centro de la escena. Así como el silencio prepara la palabra, la magna función de la palabra es restablecer el silencio.

:: Rodrigo Córdoba. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Página Web: www.rcordobasanz.es
:: Zaragoza. Zona Centro.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Lo que se registra en la enfermedad mental. Foucault




1) El paciente puede percibir la enfermedad con una postura de objetividad que la sitúa a una distancia máxima de la conciencia enferma. En su esfuerzo por refrenarla y no reconocerse en ella, el enfermo le confiere el sentido de un proceso accidental y orgánico. Esa preeminencia de los procesos orgánicos en el campo de la conciencia del enfermo y en la manera en que concibe su enfermedad constituye la gama de los signos histéricos (parálisis o anestesias psicogénicas), síntomas psicosomáticos o, por último, preocupaciones hipocondríacas que con mucha frecuencia encontramos en la psicastenia o en ciertas formas de esquizofrenia. Como elementos de la enfermedad, esas formas orgánicas o pseudoorgánicas son también para el sujeto modos de comprender su enfermedad.
2) En la mayoría de los trastornos obsesivos, en muchas paranoias y en ciertas esquizofrenias, el enfermo reconoce que el proceso mórbido se confunde con su personalidad. Pero lo hace de manera paradójica: encuentra en su historia, en sus conflictos con las personas que lo rodean, en las contradicciones de su situación actual los primeros signos de enfermedad.
3) Esta unidad paradójica no puede mantenerse siempre: los elementos mórbidos se separan entonces de su contexto normal y, al cerrarse sobre sí mismos, constituyen un mundo autónomo que para el enfermo tiene muchos signos de objetividad: está movido y atormentado por fuerzas exteriores que escapan a toda investigación precisamente por el carácter misterioso de ese mundo que se impone por su evidencia y resiste frente a todo esfuerzo. Las alucinaciones que lo pueblan le dan la riqueza sensible de lo real; el delirio que mantiene unidos sus elementos le asegura una coherencia casi racional. Pero la conciencia de enfermedad no desaparece en esta casi objetividad; sigue estando presente, al menos de manera marginal. Lo que hace ese mundo de elementos alucinatorios y de delirios cristalizados es yuxtaponerse al mundo real.
4) Fonalmente, en las formas últimas de la esquizofrenia y en los estados de demencia, el enfermo termina sumergido en el mundo de su enfermedad, de modo que capta el universo que ha abandonado como una realidad lejana y velada. En ese paisaje crepuscular en el que las experiencias más reales -los acontecimientos, las palabras oídas, la gente que lo rodea- adquieren una condición fantasmagórica, parece que el enfermo conserva aún un sentimiento oceánico de su dolencia.
La enfermedad mental, independientemente de la forma que adopte y los grados de obnubilación que conlleve, siempre implica una conciencia de la enfermedad. El universo mórbido nunca es un delirio absoluto en el que quedarían abolidas todas las referencias a lo normal; por el contrario, la conciencia enferma siempre se despliega con una doble referencia para sí misma, sea a lo normal y lo patológico, sea a lo familiar y lo extraño, o bien a lo singular y lo universal, o a la vigilia y el onirismo.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza. C/ Lacarra de Miguel 27. 2C (Antes General Sueiro).
:: Página Web: www.rcordobasanz.es

Educación, psiquiatría y antipsiquiatría




La función de la educación es "conseguir la interiorización de los valores funcionales al sistema a la vez que, en el mismo proceso, se excluyen y niegan los valores signados como improductivos, tales: lo ineficaz, el desorden, la desobediencia, la irresponsabilidad, la irracionalidad..., o lo que es lo mismo en otra nomenclatura, el Inconsciente, su ello y su deseo". En definitiva, la educación es "una condición de la existencia del sistema social que, en última instancia, tiene como objetivos la afirmación de los valores funcionales a la producción, la interiorización de dichos valores a nivel psíquico-individual y la exclusión, repudio y negación de todo valor improductivo".

Con esta definición nos chocamos con el problema de la "Locura y el Loco": "el proceso educativo está dirigido tendencialmente a alcanzar aquellos objetivos. Y decimos "tendencialmente" por cuanto caben en él fisuras y fracasos. En este sentido puede hablarse de errores de educación: todos los sectores denominados marginados serían la expresión de estos "errores"; y el producto de uno de ellos serían la expresión de estos "errores"; y el producto de uno de ellos sería, claro está, la locura. Que el loco es, en la perspectiva del sistema, el extremo remate del "mal educado" nos lo confirma la cotidiana confusión que entre locura y mala educación nos propone la conciencia monjil, tan ampliamente introyectada en la psiquiatría manicomial".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Col.: A-1324. Zaragoza. Zona Centro.
Página Web: www.rcordobasanz.es
Tfno.: 653 379 269




viernes, 30 de noviembre de 2018

El analista y el dolor



"El amor es una esperanza;
y el dolor,
la ruptura súbita e imprevisible
de esa esperanza". J.-D. Nasio

"El psicoanalista es un intermediario que recibe el dolor inasimilable de su paciente y lo transforma en un dolor simbolizado". J.-D. Nasio

¿Pero qué significa transformar el dolor en símbolo para darle sentido? No significa en absoluto postular una interpretación de aquello que lo causa, intentar consolar al que lo sufre o alentarlo a vivir so pena como una experiencia formadora que templará su carácter. Según J.-D. Nasio, la función del psicoanalista consiste en la de ser el oyente que, por su sola presencia, puede disipar el sufrimiento recibiendo sus irradiaciones. Según una metáfora musical, el psicoanalista armoniza con el dolor del otro, trata de vibrar con él y, en ese estado de resonancia, espera que el tiempo y las palabras lo desgasten.




jueves, 29 de noviembre de 2018

Cosificación

En la medida en que la alienación hace al hombre distinto a como quisiera ser, y en la medida en que el hacer del hombre es impuesto, y, por tanto, impuesto por otro, este hombre alienado se constituye en objeto, mera cosa para ese otro que le impone la alienación, esto es, para su explotador. La cosificación implica la referencia a una situación fáctica, a una situación resultante de una alienación de la cual no se es consciente; una alienación que no se sabe a sí misma como tal y que, por tanto, se autolimita y se contrae a sí misma, incapaz ya de plantearse la posibilidad de su propia liberación.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza. C/ Lacarra de Miguel 27. 2C (Antes General Sueiro)

Alienación

El término "alienación", sinónimo de enajenación, procede de Hegel, y fue puesto en uso por Karl Marx en sus primeros escritos de 1844. ¿Qué quiere decir exactamente alienación?
Etimológicamente alienación proviene de un vocablo latino, alienus, que significa lo ajeno, lo extraño a uno, lo que no es de uno. Hegel y Marx traducen el término alienación de dos formas, como Entfremdung, es decir, extrañación, y como Entäuserung, esto es, como desapropiación. Una persona está alienada cuando es de manera distinta, ajena, extraña a como debiera ser.
Lo que caracteriza a la alienación es el hecho, pues, doble de hacer de ese hombre que está alienado un hombre distinto, alguien que no es el que es, porque no hace lo que le es propio. Por otra parte, también que ese hacer es forzoso, impuesto, e impuesto, pues, desde fuera de sí mismo. Las formas de imposición son muy varias y, como es lógico, históricamente cambiantes.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza: C/ Lacarra de Miguel 27. 2C (Antes General Sueiro)

lunes, 26 de noviembre de 2018

El Padre

En El Porvenir de una Ilusión, Freud, en la estela del Nietzsche ilustrado, evocaba la fe en la razón como antídoto crítico frente a la ilusión que toda religión representa. El duelo del Padre significaba para él la reivindicación orgullosa del carácter finito de la existencia. Pero ¿por qué este carácter finito de la existencia debería ser tal que suprimiera cualquier forma de misterio? La existencia, su "contingencia ilimitada", ¿acaso no es un misterio en sí misma? ¿No estamos aquí frente a un aspecto fundamental de la función paterna en la época hipermoderna? ¿Cómo preservar la apertura de la existencia al misterio evitando hacer de la desilusión una nueva religión, una nueva forma de ilusión? ¿Cómo hacer posible la experiencia del límite? La experiencia de nuestra castración ¿acaso no es la experiencia central de cualquier auténtica oración? ¿Y no es una tarea crucial de la función paterna hacer posible el encuentro con nuestro límite más radical?
El Padre ya no es una cuestión de género o de sangre. Su Imago ideal ya no gobierna ni la familia ni el cuerpo social. Sin embargo, no se trata ni de añorar su reino ni de decretar su desaparición irreversible. Para prescindir de un Padre es necesario ser capaz servirse de él, diría Lacan.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
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