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miércoles, 5 de diciembre de 2018
Encuadre y Palabra
El encuadre vuelve accesible para la escucha psicoanalítica la función mediadora del habla en dirección a una retórica del inconsciente. No encontramos en Freud una teoría explícita sobre el encuadre y sobre el lenguaje. Si Lacan dio pasos señeros para crearla, André Green opone a una inspiración saussureana de valores que brotan de diferencias, susceptible de culminar en una formalización posible, una revalorización de la escuela filológica alemana que inspiró a Freud, y que hoy, desalojada por la lingüística científica, parece encontrar su lugar natural en el psicoanálisis porque ni ella ni este prescinden de la dimensión mitopoiética del lenguaje. La palabra analítica está emparentada con la escritura poética. Entre la tentativa de formalización y el efecto poético se abre una distancia infranqueable si no se adoptan criterios que den lugar a la lógica afectiva, la imaginación, el fantaseo.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Página Web: www.rcordobasanz.es
Zaragoza Zona Centro.
lunes, 3 de diciembre de 2018
Lo que se registra en la enfermedad mental. Foucault
1) El paciente puede percibir la enfermedad con una postura de objetividad que la sitúa a una distancia máxima de la conciencia enferma. En su esfuerzo por refrenarla y no reconocerse en ella, el enfermo le confiere el sentido de un proceso accidental y orgánico. Esa preeminencia de los procesos orgánicos en el campo de la conciencia del enfermo y en la manera en que concibe su enfermedad constituye la gama de los signos histéricos (parálisis o anestesias psicogénicas), síntomas psicosomáticos o, por último, preocupaciones hipocondríacas que con mucha frecuencia encontramos en la psicastenia o en ciertas formas de esquizofrenia. Como elementos de la enfermedad, esas formas orgánicas o pseudoorgánicas son también para el sujeto modos de comprender su enfermedad.
2) En la mayoría de los trastornos obsesivos, en muchas paranoias y en ciertas esquizofrenias, el enfermo reconoce que el proceso mórbido se confunde con su personalidad. Pero lo hace de manera paradójica: encuentra en su historia, en sus conflictos con las personas que lo rodean, en las contradicciones de su situación actual los primeros signos de enfermedad.
3) Esta unidad paradójica no puede mantenerse siempre: los elementos mórbidos se separan entonces de su contexto normal y, al cerrarse sobre sí mismos, constituyen un mundo autónomo que para el enfermo tiene muchos signos de objetividad: está movido y atormentado por fuerzas exteriores que escapan a toda investigación precisamente por el carácter misterioso de ese mundo que se impone por su evidencia y resiste frente a todo esfuerzo. Las alucinaciones que lo pueblan le dan la riqueza sensible de lo real; el delirio que mantiene unidos sus elementos le asegura una coherencia casi racional. Pero la conciencia de enfermedad no desaparece en esta casi objetividad; sigue estando presente, al menos de manera marginal. Lo que hace ese mundo de elementos alucinatorios y de delirios cristalizados es yuxtaponerse al mundo real.
4) Fonalmente, en las formas últimas de la esquizofrenia y en los estados de demencia, el enfermo termina sumergido en el mundo de su enfermedad, de modo que capta el universo que ha abandonado como una realidad lejana y velada. En ese paisaje crepuscular en el que las experiencias más reales -los acontecimientos, las palabras oídas, la gente que lo rodea- adquieren una condición fantasmagórica, parece que el enfermo conserva aún un sentimiento oceánico de su dolencia.
La enfermedad mental, independientemente de la forma que adopte y los grados de obnubilación que conlleve, siempre implica una conciencia de la enfermedad. El universo mórbido nunca es un delirio absoluto en el que quedarían abolidas todas las referencias a lo normal; por el contrario, la conciencia enferma siempre se despliega con una doble referencia para sí misma, sea a lo normal y lo patológico, sea a lo familiar y lo extraño, o bien a lo singular y lo universal, o a la vigilia y el onirismo.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza. C/ Lacarra de Miguel 27. 2C (Antes General Sueiro).
:: Página Web: www.rcordobasanz.es
2) En la mayoría de los trastornos obsesivos, en muchas paranoias y en ciertas esquizofrenias, el enfermo reconoce que el proceso mórbido se confunde con su personalidad. Pero lo hace de manera paradójica: encuentra en su historia, en sus conflictos con las personas que lo rodean, en las contradicciones de su situación actual los primeros signos de enfermedad.
3) Esta unidad paradójica no puede mantenerse siempre: los elementos mórbidos se separan entonces de su contexto normal y, al cerrarse sobre sí mismos, constituyen un mundo autónomo que para el enfermo tiene muchos signos de objetividad: está movido y atormentado por fuerzas exteriores que escapan a toda investigación precisamente por el carácter misterioso de ese mundo que se impone por su evidencia y resiste frente a todo esfuerzo. Las alucinaciones que lo pueblan le dan la riqueza sensible de lo real; el delirio que mantiene unidos sus elementos le asegura una coherencia casi racional. Pero la conciencia de enfermedad no desaparece en esta casi objetividad; sigue estando presente, al menos de manera marginal. Lo que hace ese mundo de elementos alucinatorios y de delirios cristalizados es yuxtaponerse al mundo real.
4) Fonalmente, en las formas últimas de la esquizofrenia y en los estados de demencia, el enfermo termina sumergido en el mundo de su enfermedad, de modo que capta el universo que ha abandonado como una realidad lejana y velada. En ese paisaje crepuscular en el que las experiencias más reales -los acontecimientos, las palabras oídas, la gente que lo rodea- adquieren una condición fantasmagórica, parece que el enfermo conserva aún un sentimiento oceánico de su dolencia.
La enfermedad mental, independientemente de la forma que adopte y los grados de obnubilación que conlleve, siempre implica una conciencia de la enfermedad. El universo mórbido nunca es un delirio absoluto en el que quedarían abolidas todas las referencias a lo normal; por el contrario, la conciencia enferma siempre se despliega con una doble referencia para sí misma, sea a lo normal y lo patológico, sea a lo familiar y lo extraño, o bien a lo singular y lo universal, o a la vigilia y el onirismo.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
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viernes, 16 de noviembre de 2018
Las tres características del síntoma
Un síntoma reviste tres características:
- La manera de expresar mi sufrimiento.
- La teoría sobre la causa de mi sufrimiento.
- El analista forma parte de mi síntoma.
1. La primera es la manera en la cual el paciente dice su sufrimiento, los detalles inesperados de su relato y, en particular, sus palabras improvisadas.
2. La segunda característica del síntoma es la teoría formulada por el analizante para comprender su malestar, ya que no hay sufrimiento en análisis sin que uno se pregunte por qué sufre. Así como Freud subrayaba la presencia en los niños de una teoría sexual infantil, nosotros comprobamos que también el paciente construye su teoría totalmente personal, su teoría de bolsillo para explicar su sufrimiento. El síntoma es un acontecimiento doloroso que está siempre acompañado de la interpretación que hace el paciente de las causas de su malestar. Ahora bien, esto es fundamental. A tal punto es fundamental que si en un análisis, durante las entrevistas preliminares, por ejemplo, el sujeto no está intrigado por sus propios cuestionamientos, si no tiene idea acerca del motivo de su sufrimiento, entonces será el psicoanalista el que deberá favorecer el surgimiento de una "teoría" conduciendo al paciente a interrogarse sobre sí mismo. Pero a medida que en el análisis el paciente va interpretando y diciéndose el porqué de su sufrimiento, se instala un fenómeno esencial: el analista pasa a ser, progresiva e insensiblemente, el destinatario del síntoma. Cuanto más explico la causa de mi sufrimiento, más se vuelve quien me escucha el Otro de mi síntoma. Con esto tienen la tercera característica del síntoma: el síntoma apela a la presencia del psicoanalista y la incluye, esto es, el psicoanalista forma parte de mi síntoma.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Psicología Zaragoza José María Lacarra 27, 2C. (Antigua General Sueiro).
Teléfono: 653 379 269
Web: www.rcordobasanz.es
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