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Paz y Ciencia
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lunes, 3 de octubre de 2016

Sujeto y Vínculo



Se puede decir que el psicoanálisis termina donde la filosofía empieza. 

Esta parte de un sujeto que protagoniza su propio pensar y con plena capacidad de interrogarse tanto sobre sí mismo como acerca del mundo que le rodea. El sujeto es un Ser y un devenir. Un sentido y un proceso.


Pero el sujeto es también génesis, no viene dado de antemano, ni se limita a estar ahí. Al mismo tiempo, la reflexión no agota el saber sobre el sujeto, puesto que un sector de éste, el más fundamental acaso, es inconsciente.

Por otra parte, "ser sujeto" es una meta, no un punto de partida. Nada hay estático en semejante "ser". El sujeto nace, se desarrolla y, desde luego, muere y nunca está acabado, es un lugar inestable, un espacio supremo de pensar, sentir y actuar de ser-siendo.

Nada más íntimo que la subjetividad y sin embargo nada nos es más ajeno en los comienzos que el sujeto mismo. Devenir sujeto proviene de una exterioridad, dimana del otro.

La versión psicoanalítica del vínculo es, en mi opinión, un aporte esencial para la metapsicología. 

"El vínculo es el producto subjetivo y subjetivante final de una operación  intrapsíquica realizada con la ayuda analítica del pecho social y de la necesidad biológica, cuyo primer tiempo (la presencia conjunta del narcisismo primario escindido y de la renegación del objeto real) es imaginario y da lugar a la "especularidad narcisista", el segundo tiempo, también imaginario, termina en la "relación objetal", un tercer y último tránsito: la relación intersubjetiva de carácter simbólico representa la cima estructural del desarrollo psíquico, ahora sí como relación de dos exterioridades con los diferentes niveles de proximidad posibles".


El vínculo posee una indudable estirpe psicoanalítica por cuanto hunde sus raíces en lo inconsciente.
La teoría de las relaciones objetales cobra una nueva dimensión con este concepto. También la última antítesis freudiana como Eros-Thánatos. Eros es todo aquello que liga, que une, que establece lazos de un sujeto con el objeto de su deseo. Como señalará Bion, Thánatos es el antivínculo, lo que se opone a la corriente vital que tiende siempre a la estructura, a la complejidad y a la diferencia, a la entropía negativa representada por el sujeto y su mundo. 
Sujeto y Vínculo, dos pilares para la reflexión acerca del ser humano.

Nicolás Caparrós: "Orígenes del Psiquismo. Sujeto y Vínculo".

viernes, 16 de septiembre de 2016

Interés por el paciente

A menudo, el simple interés del analista por los pacientes sirve más que las tradicionales interpretaciones. Cuando el terapeuta se sitúa en posición de autoridad sobre la experiencia del paciente, el sentido del control de éste peligra, al mismo tiempo, cuando un paciente tiene dificultad en encontrar palabras para asir y expresar una experiencia, si el analista consigue hallarlas sirve de gran ayuda, resulta clara la función vicaria sobre la insuficiencia materna que ésta realiza en tales casos.

lunes, 1 de agosto de 2016

Coherencia. Un valor redundante

Que tus hechos se correspondan con tus palabras. Si eres coherente no transmitirás mensajes contradictorios.
Cuanto más en conflicto estés contigo mismo, menos accesible estarás.
Puede que algunas veces la cuestión suscitada por el cliente provoque en ti emociones incómodas.
Tener tu propio analista es saludable para ti, y, por ende, para los pacientes que acudan a tu consulta.

martes, 12 de noviembre de 2013

Amor, vínculo y apego



El deseo de contacto íntimo y cercano, las ganas de amar y ser amados, constituye parte de nuestro ser y una de las características fundamentales del ser humano. Cuando queremos a alguien, sentimos el deseo de hacer feliz a la persona amada; empatizamos con ella, queremos adivinar sus deseos, pensando en ella más de lo que pensamos en nosotros mismos, podemos olvidarnos de nuestro ego y experimentar el delicioso intercambio de dar y recibir que hace que nos fundamos con el otro para convertirnos en un "nosotros" que suspende la separación de individualidades, al menos momentáneamente. La imagen primaria de un amor de este tipo es la relación madre-hijo.
Rodrigo Córdoba Sanz

domingo, 10 de noviembre de 2013

Los niveles espirituales vinculares

 
"La mirada tiene su propio vocabulario, un lenguaje sin palabras, pero que casi todos somos capaces de comprender"

Los tres niveles de profundidad y compromiso en una relación:

En el primero, el de las relaciones cotidianas, el de los vínculos nada especiales, el de "los mejores quinientos amigos del club", el de aquellos que verdaderamente nos importan poco o menos, la veracidad o no de lo que decimos y contamos, de lo que hablamos y de lo que callamos, es de nuestra exclusiva elección.
Si la relación se hace especial, si la unión entre nosotros se vuelve más comprometida, si nuestro vínculo se profundiza todos iremos viendo como la mentira deja de ser una elección posible. A estas relaciones las llamamos de intimidad, y las buenas parejas son, en todo caso, el mejor de los ejemplos.
Hay un tercer vínculo, el de los amigos del alma. Un lugar muy poco concurrido reservado a aquellos a los que no solo puedo mentir, sino que, además, no deseo ocultar nada. Frente a ellos, mi vida carece de secretos y no hay nada que sea tan doloroso o desagradable como para empujarme a mentir o a ocultar, porque si lo hiciera, aunque sea como excepción, mi vínculo cambiaría de plano.

Jorge Bucay

sábado, 4 de mayo de 2013

Del apego al deseo de intimidad




Como es habitual en el Dr. Hugo Bleichmar, en este artículo, del que comparto una parte significativa, realiza una tarea brillante. Profundiza en las relaciones, esto es, los vínculos. Primero habría que hablar de lo intrasubjetivo y de lo intersubjetivo. No nos relacionamos con personas sino con imágenes formadas por símbolos íntimos de esas personas. De tal modo que se genera un campo entre las dos personas que va más allá de la suma de sus partes. Una persona puede "funcionar" en algunos aspectos de su vida muy bien y en otros estar desorientada, confusa y triste. Eso no es vivir, eso es sobrevivir. Este artículo ayuda a comprender la importancia del apego, de los vículos y teoriza además de decir cuestiones "obvias". La mirada de este autor, analista y didacta es siempre certera, al mismo tiempo hay que decir que una teoría no es más válida o sofisticada por su complejidad sino por su utilidad. Especular es patrimonio de la humanidad y el lenguaje qautoerótico del psicoanálisis distancia a lectores legos y profesionales. Muchas personas prefieren ver y hacer algo que tenga resultados inmediatos, algo que no les conecte con su interior, es decir, una psicoterapia de apoyo en el mejor de los casos. La psicoterapia, desde mi prisma, es mucho más que eso, y por eso comparto este texto, creo que tenemos que picar de esta curiosa ensalada de teorías y enfoques psicológicos para poder tener la mente abierta. Se lo debemos a nuestros pacientes.  Rodrigo Córdoba Sanz.

[...]
Buena parte del desarrollo emocional, de la adquisición por parte del sujeto del vocabulario emocional del otro, de la identificación emocional con los padres, la pareja o el analista, se produce para sentir que se está con el otro, para unirse a ese otro. Lo que obliga a revisar la tan difundida concepción de que los afectos serían exclusivamene expresión de un estado interior, reacción del sujeto a ciertas representaciones. Es decir, que cuando el sujeto es dominado por representaciones que significan peligro, entonces siente miedo; cuando pierde al objeto, sobreviene la tristeza; cuando logra realizar un deseo, aparece alegría, etc. En todos estos casos el afecto es resultado, parte de un estado mental, correlato automático de ciertas ideas. Dimensión puramente intrapsíquica ya que los afectos se pueden experimentar en la más estricta soledad.

Junto a esta dimensión intrapsíquica de la emoción –no requiere de la presencia del otro ni está dirigida al otro- queremos destacar otras dos. Una más conocida, la emoción como comunicación, en que el sujeto activa o intensifica una emoción para llegar al otro y hacerle sentir lo que él siente. Y si el otro (padres o analista) es “sordo”, el sujeto debe incrementar su estado emocional en un intento de que se le escuche. Es la causa por la cual algunos pacientes desarrollan una angustia o una tristeza que van en aumento cuando el analista no “escucha”, o cuando el sentimiento de no ser escuchado resulta de que transfieren sobre éste un objeto interno –real en el pasado o pura construcción imaginaria- de padres insensibles, no empáticos que no captaban su estado emocional. Emoción “comunicación-inducción”, destinada a tratar de promover en el otro una respuesta emocional y un posicionamiento (un rol en la relación) desde el cual responda a la demanda del sujeto expresada en forma de esa emoción particular. El estado afectivo es un instrumento en los intercambios con el otro para que éste sienta y se comporte de la manera deseada. Proceso en dos tiempos: primero, se produce en el sujeto un cierto estado emocional; luego, con la finalidad de llegar al otro, se lo intensifica. “Histerización” de lo existente, ahora al servicio de buscar cierta respuesta del otro.


Pero, además de lo anterior, cuando lo que se anhela es compartir un espacio psíquico, la emoción cumple una función a la que podemos denominar “fusional”: medio para producir el encuentro. La emoción pierde su carácter de componente de estados interiores cognitivo-afectivos y pasa a ser convocada sólo para generar el encuentro. Si los padres sólo prestan atención y responden positivamente cuando el sujeto muestra alegría, este estado afectivo corresponde no a estados interiores (emoción-expresión) sino que constituye la manera autoimpuesta por la cual el sujeto intenta estar con el otro.


Desde esta perspectiva, la génesis del carácter hipomaníaco no se debe siempre a una defensa en contra de algo que el sujeto trata de negar –puro movimiento intrapsíquico- sino que puede ser el resultado del requerimiento del otro de que el sujeto sea alguien que le alegre. Si ésta es la relación interna que el sujeto tiene con un otro que le “obligaba” a la alegría, a la excitación, ahora, en la situación analítica, al proyectar en el analista ese otro, puede necesitar negar, alegrarse, para el otro, es decir, no en contra de representaciones negativas propias sino para sentir que agrada al otro. Lo que muestra, una vez más, que hay defensas a requerimiento del otro, sea éste requerimiento real o simplemente imaginario en el sujeto que cree que ese otro así se lo demanda. Causa intersubjetiva de la defensa muy poco estudiada en que el sujeto está alienado en la emocionalidad y la modalidad defensiva que tiene el otro, y no por identificación –incorporación de un rasgo del otro que pasa a formar parte del self nuclear- sino para proteger el vínculo con el otro.


Formas de alcanzar la intimidad


Si bien el compartir un estado emocional –sea por imposición al otro o por acomodación al de otro- es una de las formas privilegiadas para obtener el sentimiento de intimidad, no debemos universalizar aquella condición. Alguna gente adquiere ese sentimiento de espacio mental compartido cuando hace algo práctico en que el otro interviene –cocinar, arreglar un objeto, pintar un cuarto, seleccionar algo que se compra. La actividad actúa de indicador semiótico para el sujeto de “estar con”. El otro participante de la escena podrá no expresar emociones pero el hecho de alcanzar el destornillador que se le pide, o que anticipa que el sujeto necesita para completar una acción, es lo que brinda el sentimiento de unión. “Ayúdame a poner la mesa o a hacer la cama” pueden ser el medio que en la cotidianidad trata de dar forma al anhelo de encuentro. Así como hay familias que se reunen para hablar, para relatarse estados afectivos, para hacérselos vivir a los demás, otras alcanzan el espacio común de la intimidad a través de las tareas prácticas que comparten.


Lo expuesto hasta aquí nos va indicando que no es ni el cuerpo, ni la emoción ni la actividad instrumental lo decisivo para alguna gente, sino que hay una cierta y muy específica cualidad de la experiencia intersubjetiva que es lo que se desea. Lo que no significa que otra gente no busque exclusivamente gozar con el cuerpo sin interesarse en el espacio psicológico compartido, o alcanzar cierto estado emocional deseado propio, o conseguir cierto objetivo en sí mismo, para sí mismo, sin que entre como motivación lo que está pasando en el otro. Por ello la polémica entre Fairbairn (1952) -la libido busca la relación con el objeto- y la posición freudiana- el objeto es un medio para obtener la satisfacción de la pulsión- coloca en términos dicotómicos, universaliza, lo que son formas de la relación entre el sujeto y el objeto: se puede utilizar al cuerpo para alcanzar un sentimiento de unión con el objeto, o se puede utilizar al objeto, y hasta el sentimiento de unión, para conseguir la más pura realización de un deseo sexual o un objetivo práctico; o se pueden articular ambos tipos de deseos. Y ello dependerá no una cualidad innata del sujeto sino de las experiencias bajo las cuales su psiquismo haya sido estructurado, de lo que buscaban sus padres en el contacto con el sujeto: por ej., que éste fuera alguien que se comportase de determinada manera u, otra posibilidad, fuera un ser con quien obtener el sentimiento de estar “junto con”. Dependerá, también, y en no menor medida, de las transformaciones que la fantasía inconsciente imprima a las experiencias, en esa compleja interacción existente entre lo interno y lo externo. Si el experimentar emociones, por ejemplo, es captado como peligroso, y el sujeto bloquea defensivamente cualquier emergencia de aquéllas, el logro del sentimiento de intimidad tomará otros cauces, que podrán depender, a su vez, de la catectización narcisista de ciertas funciones – la de pensar, por ejemplo- y sus productos -los pensamientos. Relación no lineal en los efectos de los intercambios con las figuras parentales que nos previene de cualquier concepción mecánica de la transmisión generacional: si los padres para sentir que estaban en contacto inundaban de una emocionalidad angustiante, el rechazo de ésta por parte del sujeto puede determinar que la forma de intimidad buscada no sea la vivida traumáticamente en la infancia sino el compartir un silencio: se siente que ambos de la nueva relación “están con” porque experimentan el mismo placer del silencio y la calma emocional concomitante. Con toda la importancia que la identificación posee para reproducir en los hijos las modalidades de vínculos que se vivieron con los padres, las angustias y los deseos del sujeto imponen transformaciones al hacer entrar nuevas dimensiones. En ciertos casos hay interiorización pero siempre lo que domina es proceso interiorización-transformación.


La intimidad en la situación analítica


Deseos desvinculados de la intimidad, o guiados por la búsqueda de ésta, que imprimen su curso a la situación analítica: si el analista busca exclusivamente que el paciente haga insight, o que siga determinada conducta bajo ciertos ideales de salud/enfermedad, contribuirá a estructurar al psiquismo de su paciente bajo la motivación “un objetivo a alcanzar”. Metafóricamente, estarán tres: el paciente, el analista y la meta-objetivo terapéutico. El paciente será para el analista un objeto a transformar y éste, para el paciente, un objeto-instrumento para lograr ciertos fines. Ambos mirarán el objetivo, y si esto determina que se desatienda el deseo de “estar junto con”, en algunos pacientes se reforzará una estructura psíquica en que ese deseo estuvo insuficientemente desarrollado. Es lo que sucede con ciertas personalidades “fácticas” orientadas hacia acciones en el mundo exterior y para quienes el encuentro con el otro es una contingencia que se agrega, y a la que hay que soportar, en el camino hacia sus metas.


Otros pacientes, en aras de alcanzar el estar “junto con” el analista, moldearán toda su actividad: asociarán, contarán sueños, cambiarán. El hablar será una forma de “estar con”, de lograr un sentimiento de intimidad. Incluso el insight estará al servicio de la necesidad básica de compartir un espacio psicológico. Desde esta perspectiva, no podemos dejar de alertar acerca de la paradoja de una personalidad “como sí” que hace insight de que siempre ha funcionado como “como sí” pero bajo la motivación inconsciente de sentirse unida al otro al que sabe que agrada, y con el cual se une, mediante ese insight. Por tanto, reforzamiento del carácter “como sí”.


De manera simétrica, si el deseo prevalente en el analista es el de “estar con”, entonces, para algunos pacientes se reforzará esta tendencia que es la que ya dominaba su psiquismo, aunque en otros dará origen a lo que nunca fue desarrollado. Lo que nos aleja de cualquier valoración “a priori” de una u otra actitud –la de promover el encuentro intersubjetivo, el “estar con”, o la de buscar el insight y ciertos tipos de cambios- por parte del analista pues entrevemos el riesgo de iatrogenia cuando se actúa universalmente independientemente del tipo de paciente.


En cuanto a la cuarta modalidad por la cual ciertas personas alcanzan el sentimiento de intimidad, la de compartir ideas, el pensar igual, tenemos como ilustración a ciertas comunidades ideológicas - movimientos políticos, religiosos, científicos o profesionales- en las que aquello que brinda el sentimiento de comunión, de intimidad, es el pensar de manera de similar. Líderes o seguidores pueden sentir que forman una unidad, que “están con”, al compartir el credo pero molestándoles que el otro le proponga cualquier intercambio afectivo o una actividad desvinculada de la concordancia ideológica.


Pero hay en la dimensión cognitiva algo que va más allá del contenido de las ideas como capaz de producir o no el sentimiento de intimidad. Para una persona con una organización de su psiquismo bajo ciertas formas de razonar que se ajustan a la manera con la cual el discurso convencional encadena pensamientos y argumentos, cuando entran en contacto con alguien que piensa en términos más de proceso primario, ligando pensamientos mediante formas de articulación diferentes, saltando de un tema a otro, volviendo al anterior, dejando indeterminado de quién se está hablando (ej. “entonces vino”, y no se ha explicitado quién es el que vino), al primero se le produce una disonancia cognitiva, una sensación de malestar, de falta de encuentro. Igualmente, el detallismo de algunos obsesivos que abruma al interlocutor, genera en ciertas personas el sentimiento de no poder encontrarse con el otro porque las corrientes que organizan el pensamiento de uno y otro circulan por diferentes caminos de jerarquía de aquello de lo que se habla, de qué se espera que sea el momento siguiente en el diálogo


O el ritmo de pensar del otro, demasiado rápido o demasiado lento para el interlocutor, hace sentir que no se puede seguir el paso; asincronía que es captada como desencuentro. Lo que nos conduce a considerar en el sentimiento de encontrarse en un mismo espacio psicológico la importancia que reviste el fenómeno del “entonamiento” (“attunement”), de los ritmos que se encuentran por parte de ambos participantes de una interacción, cuestión que tanto ha destacado Stern (1985).


Entonamiento o ritmo que abarca al encuentro corporal, o al afectivo, o al instrumental o al cognitivo. Entonamiento que nos interesa por algo que va más allá de la posibilidad de que cierta acción se desarrolle exitosamente –la sexualidad en la pareja, o el amamantamiento, o la tarea terapéutica, por ejemplo-, ya que interviene con carácter de determinante para que se logre esa dimensión supraordinada que estamos trabajando, el sentimiento de intimidad. Supraordinada en el sentido de que el ritmo que posibilita el encuentro sexual hace que éste posibilite, a su vez, algo que el sujeto puede buscar por encima de todo: el sentimiento de comunión psicológica.


Cuatro dimensiones del “estar con” –afectiva, cognitiva, instrumental, corporal- que en la situación analítica se reducen a tres –excluida la corporal no sólo por razones doctrinarias sino por las funestas consecuencias que ocurren cuando así no se lo hace-, y que serán los vectores por los cuales transcurrirán las vicisitudes del sentimiento de intimidad para ambos participantes. Contenido y ritmo de la afectividad, de la labor compartida -lo instrumental, la célebre “alianza de trabajo”-, y de consonancia/disonancia de los estilos cognitivos marcarán la posibilidad del sentimiento de intimidad, con sus placer y angustias.


Las preguntas serán: ¿qué hace el paciente afectiva, instrumental, cognitivamente, para lograr que el analista esté en su mismo espacio psíquico, o para evitarlo cuando esto produce angustia? ¿Qué hace el analista afectiva, instrumental y cognitivamente para conseguir objetivos equivalentes de aproximación o distancia, de compartir o separar espacios psicológicos? ¿Qué hacen ambos, independientemente de lo que desean, por pura compulsión a la repetición que va en contra de lo que desean y se proponen?


Y, aún de más importancia: ¿Qué sucede si ambos integrantes tienen distintas modalidades para sentir que el otro está en su espacio psicológico, o de mantener separados estos espacios? Por ejemplo, si el analista siente que “estar junto con”, su forma caracterológica óptima de intimidad, es cognitiva -pensar igual, compartir insights, construcciones, teorías sobre el funcionamiento psíquico- y para el paciente es el encuentro afectivo, compartir el mismo estado emocional? El conflicto entre ambos es inherente a la estructura de ese encuentro, y lo que desde el analista podría ser considerado resistencia del paciente al encuentro cognitivo, a “tomar conciencia de”, con igual legitimidad desde el paciente podría ser vivido como resistencia del analista al encuentro afectivo. A modo de ironía: ¿era Irma quien se resistía a las interpretaciones de Freud o era Freud quien se resistía a la afectividad de Irma? En otros términos, ¿el paciente se resiste a las interpretaciones del analista porque su contenido despierta angustias o por transferencia negativa de tipo narcisista -qué dudas caben que esto sucede-, o porque, a veces, hay una diferente definición y necesidad, a nivel inconsciente, por parte de ambos integrantes de la pareja terapéutica de qué significa estar “junto con”, de la modalidad bajo la que se busca alcanzar el sentimiento de intimidad?


¿Pero es indispensable para que exista el sentimiento de intimidad que se tengan iguales, similares o equivalentes estados afectivos, cogniciones, actividades o encuentros entre los cuerpos? Para algunas personas sí. Para otras, en cambio, bastará que cada uno de los participantes capte qué es lo que pasa en la mente –emocional, cognitivamente- del otro, lo valide, y sienta que esa diferencia no separa. Dos formas de sentir que se logra la intimidad que podría conducirnos a considerar a la primera como más “inmadura”, “infantil”, “egocéntrica”, “narcisista”, que son los términos con que generalmente se valoran diferencias. Por nuestra parte, dado que la segunda forma es mucho más infrecuente, casi un ideal algunas veces alcanzado, incluso no de manera estable por ninguna pareja, sólo por momentos, preferimos ubicar a ambas formas como modalidades del encuentro. Desde el punto de vista terapéutico nos conformamos no con pasar de la primera a la segunda sino con un ideal que la práctica muestra como tampoco fácil: que cada uno sepa cuál modalidad regula su encuentro con el otro y cuál regula en el otro el sentimiento de intimidad. Ese saber sobre uno y el otro es ya una forma de encuentro. Incluso, el saber que uno de los integrantes de la pareja busca la intimidad y el otro la rehúye, ambos por las legítimas razones que puedan tener. En algunos casos el único encuentro posible consiste en compartir el conocimiento de las profundas diferencias que separan [...]
 

sábado, 23 de febrero de 2013

La relación terapéutica en Gestalt

Asociación Española de Terapia Gestalt
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Aula Gestalt escritos - Cristina Nadal

La relación terapéutica en Gestalt
Artículo publicado en el Boletín nº26 de la Asociación Española de Terapia Gestalt. (2006)
Este escrito habla sobre la especificidad gestáltica del uso de lo que el terapeuta experimenta frente al paciente. Primero enfoca el nivel transferencial y contratransferecial, también presente en la relación terapéutica gestáltica -que prima lo actual-, y hace referencia al nivel de apoyo y confrontación que el terapeuta fomenta con su intervención.
Sabemos que la relación que el terapeuta establece con el paciente es determinante para el éxito o el fracaso del tratamiento. Es más determinante que la técnica que se utilice y la teoría de la que se parta, dado que éstas, tal como dice Claudio Naranjo 1, son aplicadas a través de la actitud que el terapeuta toma frente al paciente.
Me resulta clarificador encuadrar la relación terapéutica como una relación de ayuda y entender que, como tal, debe facilitar el desarrollo y la maduración de la persona con la que trabajamos. Aquí conviene recordar que para Perls madurar es ir pasando de la dependencia (propia de la etapa infantil) al autoapoyo propio del adulto con un funcionamiento saludable.
El o la paciente tiene identificados aspectos sintomáticos que le molestan: accesos de cólera incontrolables, dificultades en la relación con los demás, conflictos de pareja o familiares, crisis de angustia, obsesiones que van obstaculizando su cotidianidad, enfermedades psicosomáticas, insatisfacción persistente... También puede acudir a la consulta con una sensación de malestar generalizado viendo que algo o mucho en su vida no funciona.Pide ayuda para curarse, para sentirse mejor, y viene con todas sus maneras de evitar sensaciones, recuerdos...Es decir, con las defensas que le “permiten” mantener la sintomatología.
Como gestaltistas, con nuestra presencia y nuestras intervenciones vamos a ayudar al paciente a que se dé cuenta de qué hace y de cómo participa en la generación de estas situaciones o pensamientos que le hacen sufrir. Compartimos con otros enfoques dinámicos y humanistas que el sujeto es responsable de su vida. Entendemos que el trabajo de irlo asumiendo es curativo.
Estamos entrenados/as para acompañarle en el viaje de zambullirse en su propia experiencia, ayudándole a hacerse cargo de la misma. Por ejemplo, no tiene el mismo efecto que una persona diga “tengo una tensión en la nuca”, que “estoy tensando la nuca”. Mayor riqueza le aportará aún identificar cómo lo está haciendo o qué sentido tiene este hecho, para él, en este momento. En relación a su capacidad de identificar sus sensaciones, puede decir, por ejemplo, “es como si quisiera mantener siempre la cabeza en alto”. A ello podría seguirle la identificación de una situación en la que está forzando esta actitud. La exploración de este gesto puede a su vez facilitarle descubrir qué evita con él. Como vemos, apropiarse de la autoría de sus experiencias no es sólo un objetivo sino también una vía de conocimiento.
El proceso de profundización en uno mismo, de desvelamiento de los engaños y apaños que nos hacemos, el encuentro con lo propio, es la vía de curación que proponemos.En ello nos alineamos con las demás corrientes que tengan como objetivo sanador una búsqueda de conocimiento interno. “La inscripción -Conócete a ti mismo y conocerás a Dios-, en la puerta de entrada al templo de Tebas, apunta a una fuente interna de máximo conocimiento. El modo de acceso al mismo y el objeto de conocimiento que se pretende conseguir son definidos de manera diferente por cada sistema de pensamiento o enfoque que comparten el interés por dicha fuente de conocimiento.” 2 Los gestaltistas entendemos que no se puede conocer verdaderamente el interior si no se reconoce y conoce, también, lo ajeno y, sobre todo, nuestra forma de estar y de movernos en el mundo. Para facilitar el desarrollo del proceso curativo y por lo tanto reestablecer la capacidad de aprender de la vida, enfocamos, básicamente, aquello que acontece en la interacción que el sujeto establece con su entorno.
RELACIÓN ACTUAL Y TRANSFERENCIAL/CONTRATRANSFERENCIAL
El terapeuta, en la sesión, será un otroen minúsculas, con el que el paciente desplegará, como con muchos otros, su estilo de establecer vínculos con los demás. Por ejemplo, si alguien es invasivo, seguro que lo será con su terapeuta. Al igual que también lo retará o seducirá si esto es lo que el paciente hace con los demás. Poner conciencia en la relación y explorar lo que hace y le sucede en ella será un excelente filón, una buena autopista, para que el paciente pueda verse y reconocerse en su forma de establecer relaciones. Teniendo, esta vez, la ocasión de explorar lo que estaba oculto o ausente de la conciencia y la oportunidad de encontrarse con aquello de lo que uno/a pretendía escapar o que no se atrevía a reconocer. Pudiendo, por lo tanto, llorar lo no llorado, sentir lo no permitido o celebrar lo denostado. Puntualizo que, si esos descubrimientos y experiencias emocionales no se acompañan del reconocimiento de los autoengaños y de las propias distorsiones (que conforman el cuento que nos contamos sobre uno/a y sobre el mundo), no hay elaboración, sólo hay catarsis -cuyo efecto terapéutico es menor.
Sin embargo, este otro que el terapeuta es para el paciente, además de ser otro en minúsculas, vendrá a ocupar el lugar de los otros significativos: figuras parentales, abuelos o tíos significativos, algún hermano…. Es por ello que podríamos entenderlo como un Otro en mayúsculas. Aquel en el que fácilmente se le pueden depositar, y le depositamos, la posibilidad de satisfacción (idealización) del deseo de ser salvados, protegidos… Ello es así incluso cuando el o la paciente sabe que el asunto no se trata de eso, de encontrar la salvación. Este Otro también toma la forma de juzgador y deperseguidor. El paciente, como en el resto de enfoques, sean del tipo que sean, va a transferir, trasladar y reeditar con el terapeuta formas de relación vividas con sus progenitores y personas significativas de su infancia. Este fenómeno de la transferencia ocurre en todas las relaciones, especialmente en los vínculos de relación de ayuda y con mayor intensidad cuando la situación del que es ayudado supone un alto grado de vulnerabilidad. La transferencia se ve incrementada, por ejemplo, con un guía de viaje, con el abogado o con el médico. Para no simplificar en exceso, añado aquí que “(…)esta repetición no debe tomarse en un sentido realista que limitaría la actualización a relaciones efectivamente vividas; por una parte, lo que se transfiere es, en esencia, la realidad psíquica, es decir, en el fondo, el deseo inconsciente y las fantasías con él relacionadas; por otra parte, las manifestaciones transferenciales no son repeticiones literales, sino equivalentes simbólicos, de lo que es transferido.” 3
Por supuesto, los vínculos primigenios con nuestras figuras parentales y hermanos determinan nuestro sistema vincular, nuestro sistema de establecer relaciones con los demás. Ello es siempre así. Frente a la posibilidad de analizar aquellas relaciones para entender y poder modificar las que establecemos en la actualidad, apuesta propia del psicoanálisis, nosotros vamos a ocuparnos de explorar cómo son estos modos de relación actuales.Como propone Albert Rams 4, creo que la mejor perspectiva es la de tener presente que en lo que vive, expresa y hace el paciente hay un nivel transferencial edípico, algunas veces está presente el nivel preedípico y todo esto se da aquí con el terapeuta, es decir, tiene un nivel real y actual. Es precisamente el seguimiento de la experiencia actual nuestra puerta de entrada a los diferentes niveles.
Abundando en la complejidad de la relación, a la vez, el terapeuta, el médico o el guía, además de poner en marcha su propia transferencia en relación al usuario o paciente, tiene reacciones frente a la transferencia del paciente o el usuario, lo cual es llamado, específicamente, contratransferencia. La opción psicoanalítica general es el de controlar dicha reacción contratransferencial y sólo supervisarla. La gestáltica, es, además de supervisarla, hacer uso de ella frente al paciente. Transparentarse será una de sus más potentes intervenciones.
El terapeuta deberá identificar y trabajar, en supervisión, la reacción que él tiene frente a la transferencia de su paciente (la llamada contratransferencia) así como las reacciones provenientes de sus vínculos infantiles. Podríamos decir, su propia transferencia hacia el paciente.A ambas, tanto sus “aficiones” transferenciales como contratransferenciales, debe conocerlas y trabajar sobre ellas (tanto en terapia como en supervisión) para conseguir mayor espacio interno y libertad para intervenir. En Gestalt, nos entrenamos en afinar estas mismas vivencias y reacciones como una de las mejores herramientas del terapeuta. Para ello, como terapeutas debemos estar atentos a nuestro sentir.
Perls llamó “Simpático” 5 al estilo de relación terapéutica gestáltica refiriéndose a que él o la terapeuta atiende tanto lo que expresa y le sucede al/la paciente como lo que le sucede a sí mismo/a. Lo específicamente gestáltico es el uso de su propia vivencia en sus intervenciones. Si cuando el paciente se queja de que su mujer no le escucha, el terapeuta nota como él tampocolo haría, tiene la posibilidad de poner de manifiesto su propia reacción para ayudar al paciente a descubrir cómo hace la demanda de modo que incluso puede producir la respuesta contraria a la deseada. Lo que al paciente le suceda con este hecho será material terapéutico y el terapeuta deberá tener el arte de facilitar al paciente su exploración.
APOYO Y FRUSTRACIÓN
El reconocimiento y el uso que el terapeuta hace de lo que experimenta va a resultar reconfortante y/o frustrante para el paciente. El apoyo y la frustraciónson dos aspectos básicos del desarrollo personal. El bebé necesita caerse para aprender a caminar. Para orientar la intervención terapéutica, Perls alienta combinar el apoyo a las vivencias y expresiones genuinas con la frustración de las actitudes manipulativas.
Como ya hemos mencionado, el comportamiento neurótico es sustentado por un importante uso, más o menos masivo, de conductas evitativas del contacto consigo y con la realidad circundante. Estas mismas actitudes son las que siguen manteniendo la desconexión y alimentando el funcionamiento manipulativo. Va a ser el juego a dos manos (apoyo-confrontación) del terapeuta el que le va a permitir al paciente ir encarando los asuntos que le son propios e irse ocupando de sí.
Creo que el encuadre, que puede ser variable en función de cada terapeuta, al establecer el marco y ciertas pautas del desarrollo del tratamiento, supone un factor importante de apoyo.Sin embargo, el aspecto fundamental del apoyo es ser escuchado.
El uso de la empatía favorece que el paciente se pueda abrir. Sin ese rapport no es posible un trabajo eficaz. Carl Rogers es quien más énfasis puso en la función de apoyo del terapeuta. Para él, el terapeuta debía sentir y manifestar -y hacer que el paciente lo notara- aceptación incondicional y empatía. La otra condición necesaria, para que el terapeuta no se perdiera en la confluencia y para que la persona sanara, era la congruencia del terapeuta. Es decir, el apoyo y la empatía debía ser verdadera, no fingirla ni fabricarla.
Lo decía Ferenczi, también se lo he oído repetidamente a Paco Peñarrubia y todos comprobamos diariamente que el terapeuta ha de apreciar al paciente para que el trabajo se pueda dar. Memo (Guillermo Borja), perlsiano tanto por carácter como por convicción, decía que si rechazaba a un paciente se lo decía, se lo mostraba y, sólo si entonces el paciente quería seguir trabajando con él, podía aceptarlo como paciente.
En relación a la confrontación, Perls afirmaba: “Y el prerrequisito para una satisfacción plena es el sentido de identificación del paciente con todas las acciones en que participa, incluyendo sus autointerrupciones. Una situación puede concluirse – lo que es igual a decir que se logra satisfacción-, únicamente si el paciente está comprometido enteramente en ella. Dado que sus evitaciones neuróticas son un modo de evitar el compromiso total de las situaciones, deben frustrarse.” 6 Para él era fácil, digamos que natural, no dejar pasar ni una manipulación sin ser confrontada, no sólo en sesión sino en cualquier lugar.
Según Claudio Naranjo, “La confrontación es una maniobra psicológica más completa y más rica que la simple frustración por el hecho de que refleja la percepción que el terapeuta tiene de lo que le está pasando al otro”. Por ejemplo, dice que el acto de Perls de taparse los oídos cuando Claudio le contaba unos hechos a modo de justificación, no era una simple frustración, con ello le estaba devolviendo el juego que él hacía para no entrar en el contacto de un modo más directo y vivo. 7
De Memo (Guillermo Borja) aprendí que la verdad cura y que la mentira neurotiza y puede psicotizar. Decía que una violación la podía curar en unas semanas, una fantasía de violación podía resultar mucho más compleja. La violación, la carencia, el mal trato, la enfermedad… fueron, se dieron. Ello pasó y puede seguir pasando. Aquello que fue vivido de forma traumática sigue presente y se reaviva ante situaciones conflictivas actuales. Seguirles la pista y encarar y asumir ahorael mal trato recibido, el hecho de haber sido no deseado o de haber sido violada; encararlo ahora, aprovechando las ocasiones en que lo histórico y lo neurótico se reaviva sirve para ocuparnos de lo que nos es propio y para cambiar nuestra actitud. Asumirse uno y asumir la propia historia requiere hacerse cargo de lo pendiente, hacer ahora el trabajo de dar la cara, el trabajo de duelo o de lo que sea necesario para poder andar con la mochila menos repleta y pesante; para poder hacernos cargo de nuestro deseo y comprometernos con lo que nos concierne.
Ahorrarle malas sensaciones o dolor al otro es un engaño; cuando uno protege al otro se está protegiendo a uno mismo. Por supuesto, como terapeutas debemos diferenciar entre confrontar para que el otro pueda verse, lo cual implica saber cómo y en qué momento lo hacemos, y ensañarse con el otro como uso abusivo de poder o en aras de cualquier “buena” justificación.
USO DEL SENTIR DEL TERAPEUTA
Asegurando el espacio de supervisión, nuestra opción de trabajo como gestaltistas,va a pasar por dejarnos sentir, reconocer y poder expresar lo que nos pasa.
Son varios los niveles en que los gestaltistas usamos lo que experimentamos en la sesión.
En un primer momento, registrar la propia respuesta emocional frente al paciente tiene efecto. Por ejemplo, dejarnos notar qué sentimos cuando el paciente nos intenta convencer de algo y poderlo notar sin pretender nada de forma inmediata, sólo dejarle espacio, repercute en él. Este efecto es quizás más fácil de imaginar si, por ejemplo, el terapeuta se deja sentir tristeza cuando el paciente niega o disimula la suya. Facilita la emergencia de la misma o potencia que la evitación de la misma se presente de forma más clara.
Por supuesto, y dando un paso más, lo que sentimos sirve para elaborar hipótesis diagnósticas. Y, de forma más inmediata, para orientar la creación de experimentos. Si tenemos la sensación de que quiere tener todo el tiempo la razón podemos proponerle que nos intente convencer de lo que dice. O bien intervenir preguntando. “¿de qué me estás intentando convencer?” o “¿crees que ya me has convencido?”.
El nivel específicamente gestáltico es mostrar la propia experiencia. Comunicar lo que le sucede a uno es la regla de oro de cualquier relación íntima. Hablar de lo que me pasa, no de lo que pienso que hace el otro y tampoco juzgarle no es nada fácil. “ (…) la comunicación, desprovista de un fin pulsional no puede ser otra cosa que un acto de amor.” 8 En este caso puedo decir algo así como: “noto malestar, presión, imagino que pretendes que vea lo mismo que tú.”
Aún otro nivel será reaccionar mostrando mi rabia por sentirme presionada. Ponerme agresiva gritándole “¡Me molesta que me intentes convencer!” supone un mayor impacto energético que puede tornar más eficaz la intervención si la o el paciente se puede enterar del juego que está jugando. Es útil en la medida en que podemos seguir qué le pasa al otro/a después de la misma.
Veamos otro ejemplo: La suposición de una paciente de que su terapeuta tiene debilidad por las rubias con ojos azules, además de pertenecer a su propio mundo y, por lo tanto, ser un excelente material para seguir explorando, puede ser verdad para el terapeuta. Revelar que ello es cierto, posibilitará la exploración de lo que a ella le sucede ahora con este hecho y no sólo lo que le ha sucedido en su vida en relación al mismo. Aporta la posibilidad de reposicionarse en relación a un hecho real, aunque en general ello requerirá la reelaboración de algunos de los hechos vividos con anterioridad.
El terapeuta es alguien de carne y hueso que usa el ponerse de manifiesto como persona y, por lo tanto, como alguien limitado. Es alguien que siente dolor, angustia y que se da “subidones” narcisistas como todo hijo de vecino. Poner de manifiesto lo propio del terapeuta aporta experiencia real que permite el seguimiento de qué le pasa al paciente con ello. Aporta realidad y ello implica vivencia, que en la sesión terapéutica puede ser explorada. Explorada y saboreada en el sentido del saber que le aporta al paciente de sí. Por una parte, le permite atender y reconocer la experiencia como suya y, por lo tanto, adueñarse de la misma y no sólo especular. Por otra, que el terapeuta se transparente tiene un efecto de contagio. Facilita al paciente también carnificarse y reconocerse como limitado.
Dicho todo lo anterior y, por lo tanto, optando por hacer de la relación actualy del sentir del terapeuta una excelente herramienta terapéutica, creo que debemos saber que no todos los pacientes toleran el contacto ni reciben de igual modo la confrontación. Los y las pacientes psicóticas y borders pueden tener serias dificultades en integrar las confrontaciones. Sólo estar frente al otro ya puede ser inmensamente angustiante y necesitan, por tanto, mayor trabajo previo.
También quiero añadir que el ejercicio de transparencia por parte del terapeuta puede tener la desventaja de limitar, a veces con excesiva prontitud, el mundo fantasmagórico del paciente: frente a la fantasía, a la suposición, existe la contrastación de una respuesta determinada. Tarea del terapeuta va a ser no detener la exploración de la fantasía del paciente, corresponda o no con la realidad, puesto que ésta forma parte del mundo interno del paciente y configura su cosmovisión. Aunque también es verdad que la contrastación que supone la revelación de la experiencia del terapeuta o de otros compañeros, en el caso de la psicoterapia grupal, puede no reducir la fuerza de la distorsión perceptual del paciente, que dependerá de su nivel de enfermedad.
En todo caso, y según mi punto de vista, no se trata de que el nivel actual tapone el transferencial. Poner luz en el nivel transferencial es necesario para ir asumiendo la autoría de la autobiografía de cada cual. Y sí se trata de que el sujeto se actualice, se vivifique y se transforme en lo que es. En este sentido, me parece muy buen resumen de la adecuada actitud del terapeuta la formulación: “Estar renunciando a los propios contenidos pero confiando en la propia capacidad de resonar” 9.
Aunque estemos entrenados en usar nuestro sentir para trabajar con el otro, creo que nuestra mayor potencia como terapeutas es la de no quedarnos apegados en una sola reacción, posición o hipótesis diagnóstica. Parafraseo otra vez a Claudio Naranjo 10, refiriéndose a Perls y al rol del terapeuta: “Perls mostraba un grado asombroso de indiferencia creativa como terapeuta por su capacidad de quedarse en el punto cero11sin verse atrapado en el juego de sus pacientes. Pienso en el punto cero como un refugio del terapeuta gestáltico en medio de una participación intensa; no sólo como una fuente de fortaleza, sino como su último apoyo”. Quedarme en el vacío, dándole valor al no saber, aunque a veces es muy incómodo, da espacio al otro. Al otro y a mí; más allá de mi hipótesis, de mi pretensión o de mi reacción emocional.
Para ir terminando, retomo el valor de la relación actual citando a Paolo: “Mientras que el paciente tiene el derecho a ser tratado como un tú, el terapeuta debe conseguir ser tratado como un tú por el paciente en virtud de su actuación: desde la óptica de la psicoterapia de la Gestalt éste es el trabajo por el que se le paga”12. Si yo le permito al o a la paciente que me trate como una agente técnica o como una sabia maestra le dificulto el aprendizaje de hacer proceso, de entrar en contacto con lo que le inquieta y angustia, y de ir identificando qué es lo que le va ocurriendo. Entrar en contacto con uno implica también entrar en contacto con el otro y viceversa. De ahí el valor de poner la atención en la relación.
Y para finalizar añado que la relación terapéutica es una relación real entre dos personas con roles diferentes que marcan posiciones diferentes. Según muchos autores, la diferencia jerárquica entre ambos roles está sustentada por el grado de maduración alcanzado. Cremos, y por ello nuestros alumnos deben hacer terapia, que el terapeuta ha tenido que explorar ampliamente sus fantasmas, angustias y manipulaciones antes de poder acompañar a otros en ello. “La diferencia entre el terapeuta y el paciente es que el primero reconoce su enfermedad, seguirá estando enfermo y no se opondrá a este caminar. Mientras que el segundo se niega, se quiere quitar la enfermedad y su fantasía es seguir el tratamiento para no ser más enfermo”13. Siendo una afirmación a veces difícil de asimilar, me parece que la verdad a la que apunta esta cita es la que nos permite poder mejorar el uso de lo que experimentamos frente al paciente para apoyarle en su búsqueda y confrontarle en su manipulación.
1 Claudio Naranjo. La vieja y la novísima Gestalt. Santiago de Chile. Cuatro Vientos. 1990, pp.11-12
2 Escrito para el programa del Aula Gestalt del año 2001-02.
3 Laplanche, J.-B. Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Barcelona,Ed. Labor, 1981, p. 444.
4 Albert Rams “Clínica gestáltica. Metáforas de viaje. Vitoria-Gasteiz. La llave, 2001, p. 121.
5 Fritz Perls. El enfoque gestáltico y testimonios de terapia. Santiago de Chile. Cuatro Vientos, 1976, p. 105.

6 Fritz Perls. El enfoque gestáltico y testimonios de terapia. Santiago de Chile. Cuatro Vientos, 1976, p 109.
7 Claudio Naranjo. “Confrontación.” Gestalt Viva. Boletín nº 19 de la AETG. 1999, p.8 y 9.
8 Paolo Quattrini. « Transparencia,Contacto y Confrontación en laPsicoterapia Gestalt. » Gestalt Viva. Boletín nº 19 de la AETG. 1999, p
9 Albert Rams Clínica gestáltica. Metáforas de viaje. Vitoria-Gasteiz. Editorial La llave, 2001, p. 94
10 Claudio Naranjo. La vieja y la novísima Gestalt. Santiago de Chile. Cuatro Vientos, 1990, p. 202.
11 Para aportar información sobre el “punto cero” usaré dos citas de Fritz Perls:
-Dice en su libro autobiográfico: “Mi primer encuentro filosófico con la nada fue el número “0”. Lo encontré gracias a Sigmund Friedlander bajo el nombre de indiferencia creativa.”. Dentro y fuera de la basura. Santiago de Chile. Cuatro Vientos Editoria, edición 1998, p.67.
-En su primer libro, aclara: “Todo evento se relaciona con un punto cero a partir del cual se realiza una diferenciación en opuestos. Estos opuestos manifiestan, en su concepto específico, una gran afinidad entre sí. Al permanecer atentos al centro, podemos adquirir una capacidad creativa para ver ambas partes de un suceso y completar una mitad incompleta. Al evitar una visión unilateral logramos una comprensión mucho más profunda de la estructura y función del organismo.”. Yo, Hambre y Agresión. México D.F. Fondos de Cultura Económica, 1947. p.17.
12 Paolo Quattrini. « Transparencia. Contacto y Confrontación en laPsicoterapia Gestalt. » Gestalt Viva. Boletín nº 19 de la AETG. 1999, p 18
13 Guillermo Borja: La locura lo cura. México D.F. Ediciones del Arkan, 1995, p.22




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martes, 22 de mayo de 2012

Punto de Vista de Bowlby: Teoría del Apego




La extraordinaria complejidad de los múltiples factores a los que ha de atenderse, impone a nuestra exposición una determinada pauta. Habremos, pues, de hacer resaltar, sucesivamente, los diversos puntos de vista y rastrearlos por separado, a través de todo el material, mientras su aplicación sea fructífera. Sigmund Freud, La Represión (1915).

A lo largo de casi cincuenta años de investigación psicoanalítica, Freud intentó distintos puntos de vista para sus investigaciones. Entre los muy diferentes temas que estudió están los sueños, los síntomas de pacientes neuróticos o la conducta de los pueblos primitivos. Aunque la búsqueda de explicaciones le condujo -en cada caso- a examinar acontecimientos de los primeros años de la vida, rara vez obtuvo él mismo datos básicos, a partir de la observación directa de los niños. El resultado fue que la mayoría de los conceptos psicoanalíticos acerca de ese período de la vida del ser humano fueron obtenidos por medio de un proceso de reconstrucción histórica, sobre la base de datos aportados por personas de más edad. Esto es así, incluso en cuanto a las ideas surgidas del análisis de niños: los hechos y procesos descubiertos corresponden con una etapa vital ya transcurrida.
En cambio, este libro (El Apego) parte de un punto de vista diferente. Por las razones que he expuesto, considero que la observación de la conducta de un niño pequeño con su madre, tanto en presencia de esta como, sobre todo, en su ausencia, puede facilitar en grado sumo nuestra comprensión del proceso evolutivo de la personalidad. Cuando un tercero aparta a un niño de su madre, las reacciones de este suelen caracterizarse por un fuerte contenido emocional. Y cuando vuelve a reunirse con la madre, muestra -generalmente- o un grado muy alto de ansiedad de separación o un desapego que llama la atención. Como uno u otro tipo de cambio en la relación madre-hijo -o incluso ambos a la vez-. suelen darse con frecuencia en los sujetos aquejados de psiconeurosis o de alguna otra forma de perturbación emocional, me pareció fructífero iniciar la investigación a partir de este tipo de observaciones y,  una vez adoptado este punto de vista, "rastrearlo... a través de todo el material, mientras su aplicación sea fructífera".
Es decir, el punto de partida que he escogido difiere mucho del habitual en psicoanálisis, por lo que tal vez resulte aconsejable precisarlo en detalle y enumerar las razones que me han llevado a adoptarlo.
La teoría psicoanalítica es un intento de explicar el funcionamiento de la personalidad, tanto en los aspectos sanos como en los patológicos, en términos de una ontogénesis. Al elaborar sus principios teóricos, lo mismo Freud que la mayoría de los analistas posteriores tomaron como punto de partida un producto ya acabado. En el marco psicoanalítico, los datos básicos se obtienen del estudio de una personalidad más o menos desarrollada  y ya funcionando más o menos bien. A partir de estos datos, se intenta reconstruir las fases de la personalidad que precedieron a lo observado.
Esta obra persigue -en muchos sentidos- un fin diametralmente opuesto.Tomando como datos básicos las observaciones de la conducta de niños muy pequeños en situaciones concretas, pretende describir ciertas fases iniciales del desarrollo de la personalidad y, a partir de ellas, extraer conclusiones sobre su posible conducta futura. Concretamente, el objetivo perseguido reside en describir ciertas pautas de reacción que tienen lugar con regularidad durante la primera infancia, para luego rastrear de qué modo pueden discernirse pautas similares en el funcionamiento posterior de la personalidad. Por lo tanto, se trata de un cambio radical de perspectiva, que implica tomar como punto de partida no este o aquel síntoma o síndrome causante de trastornos, sino un hecho o experiencia que se supone -potencialmente- patógenos para la evolución de la personalidad.
Así, mientras casi toda la moderna teoría psicoanalítica toma como punto de partida un síntoma o síndrome clínico -por ejemplo-, la tendencia al hurto, la depresión, la esquizofrenia- y elabora hipótesis acerca de los acontecimientos y procesos que habrían contribuido a su desarrollo, desde la perspectiva adoptada aquí se aborda un hecho determinado -la pérdida de la figura materna en los primeros años de vida- y se intenta, a partir de este, rastrearlos procesos psíquicos y psicopatológicos que suelen resultar. Es decir, se parte de la experiencia traumática y se realizan inferencias acerca de sus posibles efectos traumáticos.
Semejante cambio de enfoque en la investigación es todavía insólito en el ámbito de la psiquiatría. En el campo de la medicina, por el contrario, dicho cambio se produjo hace ya tiempo y daré un ejemplo que puede aclarar este punto. En la actualidad, si se emprende la investigación de la patología de la infección crónica de los pulmones, ya no se tomarán una serie de casos infecciosos, procurando descubrir el agente o los agentes causantes, sino que, más bien, se partirá de un agente concreto -quizás tubérculo, actinomicosis o algún virus recientemente identificado- y se estudiarán los procesos fisiológicos y fisiopatológicos que este desencadena. De ese modo, se podrán descubrir también muchas otras cuestiones que no tienen relación directa con la infección pulmonar crónica. Además de aumentar nuestros conocimientos sobre ciertos estados subclínicos e infecciosos agudos, se podría descubrir que el organismo patógeno -objeto de estudio- no solo produce infección en los pulmones, sino, quizá, también en otros órganos. El centro de interés no es ya un síndrome clínico concreto, sino las múltiples secuelas de determinado agente patógeno.
Pues bien, el agente patógeno cuyos efectos procederemos a estudiar aquí es la pérdida de la figura materna durante el período que va desde los seis meses -aproximadamente- hasta los seis años. Sin embargo, antes de examinar las observaciones básicas realizadas convendrá puntualizar, claramente, en qué difiere del tradicional el enfoque que yo adopto; y analizar ciertos aspectos que han sido objeto de críticas.

John Bowlby:"El Apego". Paidós, 1998, Barcelona. Pp.: 29-31

Bowlby ya desliza elementos importantes. Fue un revolucionario dentro del psicoanálisis. Criticado ferozmente por cambiar la forma de estudio y emplear técnica experimentales de tipo "conductual". El psicoanálisis tenía que hacerse fuerza ante la amenaza del conductismo. Bowlby se empapó de los estudios experimentales que habían aportado datos significativos. Por ejemplo, es ineludible citar a Konrad Lorenz, etólogo e inspirador de la metodología empleada por Bowlby. Lorenz consiguió que unos gansos le siguieron cuando salían del cascarón. Es lo que se llama "troquelado".
Bowlby abrió un nuevo camino de pensamiento e investigación, distinto al de Freud. Esto supuso oposición por los estamentos poderosos del psicoanálisis. Sin embargo, en la práctica. Ha trascendido más el saber, la experiencia y ls investigaciones de Bowlby que la mayoría de psicoanalistas que le criticaron, que han pasado a formar parte del encorsetado campo del psicoanálisis oficial. Permítanme llamarlo así. En los días sucesivos seguiremos investigando a este autor, que forma parte del curriculum en psicología y psiquiatría de cualquier parte del mundo.
Mencionar algo importante que menciono en un artículo. Bowlby tuvo una institutriz, veía una hora al día a su madre. A los siete años le internaron. Él sabía muy bien lo que es la pérdida afectiva y el potencial patógeno de tal situación. Sin embargo, se convirtió en una persona viva que dio sentido a su vida estudiando aquello que había vivenciado, innivando y siendo más práctico, más riguroso y menos especulativo que Freud. Al que significativamente cita antes de exponer su propuesta y sus problemas con el pensamiento dominante en esa época. Seguimos entonces. Disfruten, como me ha dicho una persona con gusto por la filosofía oriental, un verdadero estudioso y practicante: "¡Alegría, que tenemos la suerte de que sea Lunes!". Ese hombre es mi entrenador, y el ejercicio se compagina con charlas de madres orgullosas hablando de sus hijos y de este buen señor, tratando de compartir un modo distinto de pensar. Ese "espíritu" me atrae, creo que si nos conformamos con lo establecido no podremos crear nada nuevo. Y, la vida sin creatividad puede resultarnos a muchos, una vida fútil, vacía, sin sentido. No creo que sea para nada especial. Veo todos los días a personas que quieren dar a su vida una dimensión más trascendente, tengan la personalidad que tengan. Quieren cambiar las cosas, por eso acuden a consulta. Por eso no se quedan en casa leyendo libros como "La Inutilidad del Sufrimiento". El título es la mayor estudidez que he visto nunca (exagero); el sufrimiento es aquello que atravesamos para una Transformación del Self
Rodrigo Córdoba Sanz, Psicólogo y Psicoterapeuta. Formado con profesionales de Madrid, Zaragoza y Buenos Aires.

http://es.wikipedia.org/wiki/John_Bowlby
http://www.bebesymas.com/ser-padres/la-teoria-del-apego-de-john-bowlby
http://www.psicologia-online.com/ESMUbeda/Libros/Manual/manual11.htm
http://www.psicologia-online.com/monografias/
http://sicolog.com/?a=1685
http://www.simplypsychology.org/bowlby.html
http://www.libreriapaidos.com/9788449306006/APEGO,+EL+(APEGO+Y+PERDIDA+1)/