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Paz y Ciencia

lunes, 9 de marzo de 2020

Todos hemos sido niños



Nuestro niño interior posee el espíritu de la verdad, de la espontaneidad y la autenticidad absoluta. Sus acciones manifiestan la naturalidad que hay en nosotros, la capacidad de actuar adecuadamente y la aptitud para resolver cualquier situación. Culver Barker, un psicólogo británico, observó la importancia de conocer al niño interior, de relacionarse con él de modo consciente y de afianzarse gracias a él. A este respecto escribió:

"Cuando hablo del niño interior me refiero a ese aspecto del adulto que todavía refleja algunas de las cualidades del niño divino... Cuando, por el motivo que sea, no somos consciente de él, cuando no estamos en contacto con él, esta fuerza contiene en potencia toda actividad destructiva o constructiva. Toda la dinámica creativa de la personalidad humana, toda su fuerza motriz, está circunscrita a él".

"Sólo cuando escucho la voz del niño que hay en mi interior", dice la célebre psicoanalista suiza Alice Miller, "puedo sentirme auténtica y creativa".

La voz del niño es fundamental en el proceso de llegar a ser nosotros mismos. La individuación, el proceso de desarrollo de la propia personalidad a lo largo de la vida, está ligada -y gira en torno a- la identidad singular del yo infantil. Von Franz concuerda con Miller en este aspecto cuando señala que: "El niño interior es la parte auténtica, y la parte auténtica en nuestro niño interior es la que sufre... Muchos adultos escinden esta parte de sí mismos y por ello no alcanzan la individuación, ya que sólo si se le acepta, y se acepta con ella el sufrimiento que conlleva, puede tener lugar el proceso de individuación".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobaasanz.es

domingo, 8 de marzo de 2020

El niño interior



Es el Niño quien percibe el secreto primordial de la Naturaleza Humana y es al niño que hay en nosotros a quien regresamos. El niño interior es lo bastante simple y osado como para vivir el Secreto.
Chuang Tsu

La mayoría de nosotros sentimos una fuerte afinidad hacia el niño interior. Sabemos intuitivamente lo que es, el significado que tiene para nosotros. Percibimos, tal vez de forma encubierta, que una parte de nosotros mismos permanece íntegra, a salvo de los pesares de la vida, capaz de alegrarse profundamente y de maravillarse ante las cosas más pequeñas.

Esta imagen del niño es sutil, compleja y auténtica. Su mensaje es que todos llevamos a un niño eterno en nuestro interior, un ser hecho de inocencia y asombro. Y este niño simbólico también nos conduce, a quienes hemos sido porque lleva consigo el registro de nuestras experiencias formativas, de nuestros placeres y de nuestros dolores.

"El Niño es el padre del Hombre", dijo Wordsworth. El niño es el padre de la persona entera.
Carl Gustav Jung sugirió que el niño representa una "plenitud que abarca lo más profundo de la Naturaleza".

La mayoría de nosotros, cuando adultos, continuamos en contacto con el niño interior mediante  los hábitos, los deseos, y el comportamiento infantil, y la relación que sostenemos con los niños de verdad. Jung señaló que la tendencia a emprender actividades regresivas desempeña la función positiva de mantenernos ligados al niño, de activar al niño interior. Según él, la regresión es un "intento genuino de alcanzar algo necesario: el sentimiento universal de inocencia infantil, la sensación de seguridad, de protección, de amor recíproco, de confianza, de fe, algo que tiene muchos nombres".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
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miércoles, 4 de marzo de 2020

Información para el Diagnóstico



Es obvio que el terapeuta debe efectuar una evaluación diagnóstica completa, a no ser que ya se haya realizado un diagnóstico antes de que el paciente venga a la consulta. Incluso en este caso, el terapeuta debe confirmar el diagnóstico y estar atento a señales no verbales que puedan especificar más el diagnóstico o indicar una psicopatología determinada. En el tratamiento de las depresiones, el terapeuta debe poseer amplios conocimientos y una larga experiencia para reconocer las múltiples "caras" de la depresión. Debe prestar atención, por ejemplo, a la "depresión sonriente", a los trastornos orgánicos enmascarados tras una depresión y a las depresiones enmascaradas  detrás de trastornos orgánicos (Beck, 1967). Muchos de estos suelen ponerse de manifiesto al hacer la historia del paciente.

Desde luego, las preguntas nunca deben formularse como si se tratara de un interrogatorio rápido, lo que ocurre con frecuencia en diversos centros cuando se llevan a cabo las exploraciones psicológicas. Algunas preguntas relacionadas con síntomas concretos pueden, a la vez, dar lugar a alusiones a determinadas tensiones precedentes del ambiente, lo cual permite obtener información sobre la situación en que se desenvuelve el paciente y el contexto social del trastorno. 

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
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Entrevista en Psicología Cognitiva



Es importante observar que una entrevista bien llevada no sólo hace surgir la información relevante sobre (a) el diagnóstico del paciente, (b) su historia, (c) la situación actual, (d) los problemas psicológicos, (e) su actitud ante el tratamiento y (f) su motivación para el mismo, sino que además ofrece al paciente una cierta objetividad en relación con su problema concreto. Esta objetividad en sí misma suele ser bastante alentadora.

Una forma de reducir el tiempo de la primera sesión es a través de autoinformes, antes de la primera entrevista. Los cuestionarios proporcionan datos biográficos e información sobre los síntomas, enfermedades anteriores, contactos previos con profesionales de la salud, otros tratamientos, etc.Uno de los instrumentos terapéuticos más útiles es el Inventario de Depresión de Beck. No sólo proporciona una evaluación rápida de la gravedad del problema, sino que también suele poner de manifiesto ciertos síntomas (por ejemplo, las ideas de suicidio) que exigen una intervención inmediata. Por otra parte, los diversos ítems del Inventario de Depresión proporcionan información sobre los pensamientos negativos del individuo, lo cual constituye una guía natural hacia los problemas principales del paciente (por ejemplo, sus expectativas de que todo le va a salir mal, la percepción de sí mismo como un fracasado, la creencia de que es incapaz de hacer algo por sí solo, las ideas de suicidio, etc.). Paralelamente, el Hopelessness Scale (Escala de Desesperanza) presenta mútiples ítems que pueden servir como punto de partida para abordar la visión negativa del futuro por parte del paciente. La mayor parte de las respuestas a las peguntas del terapeuta ofrecen un conjunto de informaciones relevantes de las ideas del paciente y la conexión entre sus pensamientos negativos y sus emociones desagradables. La "socialización de la terapia" es de gran importancia. Aunque muchos pacientes conocen el marco conceptual de la terapia cognitiva, casi todos requieren demostraciones e ilustraciones relacionadas con sus propios problemas para lograr la total comprensión de este enfoque.

En algunos casos, concretamente en aquéllos en que el paciente presenta una gran dificultad para expresarse o no conoce la estructura básica de la terapia cognitiva, suele ser conveniente introducir algunas instrucciones preliminares e informar al paciente sobre la terapia cognitiva de la depresión.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
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martes, 3 de marzo de 2020

Comunicación





[...] Cabe suponer que el intento de no comunicarse puede existir en cualquier otro contexto en que se desea evitar el compromiso inherente a toda comunicación. Una situación típica de esta clase es un encuentro entre dos desconocidos, uno de los cuales quiere entablar una conversación y el otro no, por ejemplo, dos pasajeros en un avión que comparten un asiento. Supongamos que el pasajero A es el que no quiere hablar. Hay dos cosas que no puede hacer: no puede abandonar físicamente el campo y no puede no comunicarse.

La pragmática de este contexto comunicacional se así limitada a unas pocas reacciones posibles:

1) Rechazo de la comunicación. El pasajero A puede hacer sentir al pasajero B, en forma más o menos descortés, que no le interesa conversar. Puesto que ello es reprobable desde el punto de vista de la buena educación, se necesita valor para hacerlo y da lugar a un silencio más bien tenso e incómodo, de modo que, de hecho, no se ha evitado una relación con B.

2) Aceptación de la comunicación. El pasajero A terminará por ceder y entablar conversación. Probablemente se odiará a sí mismo y a la otra persona por su propia debilidad, pero esto no nos interesa. Lo significativo aquí es que no tardará en comprender la sabiduría de la norma militar según la cual "en caso de ser capturado proporcione sólo su nombre, rango y número de identificación"...

3) Descalificación de la comunicación. A puede defenderse mediante la importante técnica de la descalificación; esto es, puede comunicarse de tal modo que su propia comunicación o la del otro queden invalidadas. Las descalificaciones abarcan una amplia gama de fenómenos comunicacionales, tales como autocontradicciones, incongruencias, cambios de tema, tangencializaciones, oraciones incompletas, malentendidos, estilo oscuro o manierismos idiomáticos, interpretaciones literales de la metáfora e interpretación metafórica de las expresiones literales, etcétera.

4) El síntoma como descalificación. Por último, hay una cuarta respuesta del pasajero A puede emplear para defenderse contra la locuacidad de B: puede fingir somnolencia, sordera, borrachera, ignorancia del idioma, o cualquier otra deficiencia o incapacidad que justifique la imposibilidad de no comunicarse. En todos estos casos, entonces, el mensaje es el mismo: "A mí no me molestaría hablarle, pero algo más fuerte que yo, de lo cual no puede culpárseme, me lo impide".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
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lunes, 2 de marzo de 2020

Sobre el Amor


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Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos al día para mantenimiento, y doce abrazos al día para crecer. Virginia Satir.

El auténtico amor

Moisés Mendelssohn, el abuelo del conocido compositor alemán, estaba lejos de ser un hombre guapo. Además de ser bajo, tenía una grotesca joroba.

Un día visitó a un comerciante de Hamburgo que tenía una hija encantadora llamada Frumtje. Moisés se enamoró desesperadamente de ella, pero a Frumtje le repugnaba su aspecto deforme.

Cuando llegó el momento de irse, Moisés reunió todo su valor para subir las escaleras hasta la habitación de ella y tener una última oportunidad de hablarle. Aunque ella era una visión de celestial belleza, a él le causó profunda tristeza que se negara a mirarlo. Después de varios intentos de entablar conversación, le preguntó tímidamente si ella creía que los matrimonios se hacen en el cielo.
- Sí -respondió ella, sin dejar de mirar al suelo-. ¿Y vos?
- Sí, tambiénlo creo -Fue la respuesta. Y continuó-: Fijaos que en el cielo, en el momento de nacimiento de un niño, el Señor anuncia con qué niña se ha de casar. Cuando yo nací, me mostraron a mi futura esposa, pero el Señor añadió-: Pero tu mujer será jorobada. En ese mismo momento, clamé: "Oh, señor, una mujer jorobada sería una tragedia. Os ruego que me deis a mí la joroba y preservéis su belleza"

Entonces, Frumtje lo miró a los ojos y se sintió conmovida por un profundo recuerdo. Le ofreció su mano a Mendelssohn y con el tiempo llegó a ser su delicada esposa.

Barry y Joyce Vissell

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Nº Col.: A-134
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domingo, 1 de marzo de 2020

La imposibilidad de no comunicarse



PAUL WATZLAWICK: "NO ES POSIBLE NO COMUNICAR"

Los esquizofrénicos, que con su comportamiento parece que tratan de negar que se comunican, se encuentran con el dilema de que se ven obligados a negar también que esa negación constituye en sí misma una comunicación. Pero es igualmente posible que el paciente dé la impresión de querer comunicarse aunque sin aceptar el compromiso inherente a toda comunicación. Por ejemplo, una joven esquizofrénica entró de golpe en el consultorio del psiquiatra con quien tenía su primera entrevista y anunció alegremente: "Mi madre tuvo que casarse y ahora estoy aquí". Se necesitaron semanas para esclarecer algunos de los múltiples significados condensados en esa aseveración, los cuales, al mismo tiempo, quedaban descalificados por su estructura crítica y por el despliegue de aparente buen humor y entusiasmo. Su gambito, según resultó luego, implicaba informar al terapeuta lo siguiente;

1) ella era el resultado de un embarazo ilegítimo;
2) este hecho de alguna manera había causado su psicosis;
3) "tuvo que casarse" se refería a la naturaleza forzada de la boda de su madre y podía significar que la madre no era culpable de que la presión social la hubiera obligado a casarse o bien que la madre lamentaba esa decisión forzada y la existencia misma de la paciente, que la había obligado a tomarla;
4)"aquí" significaba tanto el consultorio del psiquiatra como la existencia de la paciente sobre la tierra e implicaba así que, por un lado, la madre la había vuelto loca mientras que, por el otro, estaba eternamente en deuda con la madre, quien había pecado y sufrido para traerla al mundo.

"El esquizofrenés",entonces, es un lenguaje que obliga al interlocutor a elegir entre muchos significados posibles que no sólo son distintos, sino que incluso pueden resultar incompatibles entre sí. Así se hace posible negar cualquier aspecto de un mensaje o todos sus aspectos. Si le hubiera presionado para que dijera qué significaba su comentario, la paciente mencionada podría haber dicho con aire casual: "¡Oh, no sé; supongo que debo estar loca". Si le hubiera pedido que aclarara algún aspecto de lo dicho, podría haber respondido: "¡Oh, no, eso no es en absoluto lo que quise decir...". Pero aun cuando su aseveración está condensada de tal modo que hace imposible todo reconocimiento inmediato, constituye una descripción coherente de la situación paradójica en la que se encuentra, y el comentario "debo estar loca" podría resultar adaptarse a este universo paradójico. Para un amplio examen de la negación de la comunicación en la esquizofrenia se remite al lector a Haley, donde se traza una sugestiva analogía con los subgrupos clínicos de esquizofrenia.