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miércoles, 4 de marzo de 2020

Entrevista en Psicología Cognitiva



Es importante observar que una entrevista bien llevada no sólo hace surgir la información relevante sobre (a) el diagnóstico del paciente, (b) su historia, (c) la situación actual, (d) los problemas psicológicos, (e) su actitud ante el tratamiento y (f) su motivación para el mismo, sino que además ofrece al paciente una cierta objetividad en relación con su problema concreto. Esta objetividad en sí misma suele ser bastante alentadora.

Una forma de reducir el tiempo de la primera sesión es a través de autoinformes, antes de la primera entrevista. Los cuestionarios proporcionan datos biográficos e información sobre los síntomas, enfermedades anteriores, contactos previos con profesionales de la salud, otros tratamientos, etc.Uno de los instrumentos terapéuticos más útiles es el Inventario de Depresión de Beck. No sólo proporciona una evaluación rápida de la gravedad del problema, sino que también suele poner de manifiesto ciertos síntomas (por ejemplo, las ideas de suicidio) que exigen una intervención inmediata. Por otra parte, los diversos ítems del Inventario de Depresión proporcionan información sobre los pensamientos negativos del individuo, lo cual constituye una guía natural hacia los problemas principales del paciente (por ejemplo, sus expectativas de que todo le va a salir mal, la percepción de sí mismo como un fracasado, la creencia de que es incapaz de hacer algo por sí solo, las ideas de suicidio, etc.). Paralelamente, el Hopelessness Scale (Escala de Desesperanza) presenta mútiples ítems que pueden servir como punto de partida para abordar la visión negativa del futuro por parte del paciente. La mayor parte de las respuestas a las peguntas del terapeuta ofrecen un conjunto de informaciones relevantes de las ideas del paciente y la conexión entre sus pensamientos negativos y sus emociones desagradables. La "socialización de la terapia" es de gran importancia. Aunque muchos pacientes conocen el marco conceptual de la terapia cognitiva, casi todos requieren demostraciones e ilustraciones relacionadas con sus propios problemas para lograr la total comprensión de este enfoque.

En algunos casos, concretamente en aquéllos en que el paciente presenta una gran dificultad para expresarse o no conoce la estructura básica de la terapia cognitiva, suele ser conveniente introducir algunas instrucciones preliminares e informar al paciente sobre la terapia cognitiva de la depresión.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.:(+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

miércoles, 22 de mayo de 2013

Celos y Violencia

 
 
Celos pasionales
ECHEBURUA, de la UPV


Los celos pasionales constituyen asimismo un factor de riesgo para las conductas violentas.

Hay muchos testimonios de ello en la literatura, por ejemplo en la ópera

"Carmen", de
 
Bizet. Don José, abrumado por los celos debido a la atracción de Carmen hacia el torero

Escamillo, implora insistentemente por su amor, sin éxito. Cuando Carmen le rechaza

finalmente, él la apuñala.

Los celos pasionales son responsables de una buena parte de la violencia familiar. En la

mayoría de los casos la víctima es la pareja y no el rival, aunque a veces las víctimas

pueden ser ambos e incluso el propio sujeto (en forma de suicidio) para evitar la separación

en la vida o asegurar la unión en la muerte.

Los celos pasionales -no los celos delirantes del paranoidismo o del alcoholismo- surgen de

la inseguridad de perder a la pareja y de la envidia de que la pareja pueda ser disfrutada

por otro. Los celos pasionales se diferencian de los delirantes en que, en este último caso,

hay una certeza absoluta por la idea delirante de ser engañado, lo que a veces surge de

forma explosiva, inmediata a la percepción delirante (Echeburúa y Corral, 1998).

El nombre de

pasionales no es siempre el más adecuado porque la pasión es otra cosa y

porque estas personas no matan por ella, sino por afán de posesión. Los celos están

relacionados con la depresión (incluso hasta en un 66% de los casos).

El homicidio por celos es el delito más frecuente en la vejez, sobre todo cuando hay

componentes paranoides y alcohol de por medio.

Con frecuencia los crímenes se producen una vez consumada la separación de pareja, que

es el momento de mayor riesgo. El varón suele reaccionar con violencia ante las

infidelidades o crisis de convivencia.

El homicida, frecuentemente en paro o alcohólico y con historias previas de peleas y

maltrato, suele acabar por entregarse a la policía o por suicidarse, lo que le diferencia de

otros criminales que tratan de ocultar su implicación en el delito.

En estos homicidios el delincuente suele carecer de antecedentes penales, el delito está

relacionado con una vivencia anómala y el delincuente suele ser reinsertable.

Gracias a RB

martes, 22 de mayo de 2012

Indefensión Aprendida: Depresión. Martin Seligman






[...] Uno de los cuatro criterios que se siguen para definir la depresión es un cambio negativo en el modo de pensar. Esto quiere decir que se piensa de una forma cuando se está deprimido y otra cuando no lo está. Cuando uno se encuentra deprimido se traza un cuadro hostil de sí, del mundo y del futuro. Cuando uno se halla deprimido, hasta el obstáculo más pequeño se presenta como una cumbre insuperable. Se piensa que cualquier cosa que se toque se vendrá abajo. Se cuenta con una infinita cantidad de razones para explicarse que los propios éxitos no son sino otros tantos fracasos.
Aaron Beck, uno de los más prominentes terapeutas del mundo, tenía un paciente que, en medio de una profunda depresión, se las había arreglado para empapelar la cocina. Pues bien, aquel paciente consideró su éxito un fracaso:
Terapeuta: ¿Por qué no considera qeu haber empapelado la cocina es un logro?
Paciente: Porque las flores no están bien alienadas.
Terapeuta: ¿Terminó usted el trabajo?
Paciente: Sí.
Terapeuta: ¿Su cocina?
Paciente: No, le ayudé a un vecino a empapelar su cocina.
Terapeuta: ¿Él hizo la mayor parte del trabajo y usted colaboró?
Paciente: No, en realidad yo, lo hice casi todo. Él no sabía.
Terapeuta: ¿Hizo algo mal? ¿Volcó el cubo de la cola? ¿Éstropeó algunos rollos? ¿Lo dejó todo peor que antes?
Paciente: No, el único problema era que las flores no estaban bien alineadas.
Terapeuta: ¿En qué medida podría decir que no estaban alineadas?
Paciente: (mientras separa casi imperceptiblemente los dedos): Más o menos así.
Terapeuta: ¿Le pasó con todos los rollos?
Paciente: No..., en dos o tres.
Terapeuta: ¿Sobre un total de cuántos?
Paciente: Fueron veinte o veinticinco tiras.
Terapeuta: ¿Alguien más se dio cuenta?
Paciente: No. Mi vecino dijo que estaba encantado.
Terapeuta: ¿Advirtió el defecto cuando dio unos pasos atrás y lo observó todo terminado?
Paciente: Bueno, en realidad no fue así.

El paciente consideraba que un trabajo muy bien hecho era un fiasco porque, según su opinión, sencillamente nada que hiciera estaba bien.
En el fondo de todo modo de pensar deprimido hay una pauta explicativa pesimista. El concepto negativo del futuro, de uno mismo y del mundo es algo que surge de considerar permanentes, ingobernables, las causas de las adversidades, y de considerar desde la perspectiva opuesta las causas de lo bueno. Aquel empapelador aficionado consideró un pequeñísimo detalle en la alineación de las flores como símbolo de la visión negativa que tenía de sí mismo.
La segunda indicación para reconocer tanto la depresión bipolar como la normal es un cambio negativo en el humor. Cuando uno se deprime, se siente terriblemente mal: triste, desazonado, sumido en un pozo de desesperación. Puede llorar hasta agotar las lágrimas; en sus peores momentos. Las actividades que antes fueron muy agradables, placenteras, se convirtieron en inutilidades desprovistas de toda atracción. Los chistes y las bromas dejan de ser cosas divertidas para convertirse en insoportables ironías.
Por lo general, un humor deprimido no es continuo, sino que cambia durante el día. Lo típico es que ese humor se encuentre en los niveles más bajos al despertar. Se imponen en ese pensamiento todos los recuerdos de contratiempos pasados y se considera que seguramente el nuevo día habrá de traer más desdichas. Ese es el humor del deprimido en los primeros momentos del día. Si esa persona se queda en la cama, lo más probable es que ese humor no la abandone. El hecho de levantarse y afrontar una nueva jornada mejora las cosas, y el humor habitualmente mejora con las horas, aunque volverá a empeorar un poco en los niveles bajos del descanso básico y el ciclo activo, un lapso que generalmente media entre las tres y las seis de la tarde. Cuando cae la noche quizá sea el momento menos deprimido de todo el día. Lo peor viene después, entre las tres y las cinco de la madrugada.
No es precisamente la tristeza la única modalidad de humor propia de la depresión; también suele presentarse con frecuencia la ansiedad y la irritabilidad. Pero, cuando la depresión se torna muy intensa, parecen esfumarse tanto la ansiedad como la hostilidad para que el sufriente se vuelva torpe y vacío.
El tercer síntoma de la depresión es el referido al comportamiento. Tres son los síntomas de comportamiento de un depresivo: pasividad, indecisión y tendencias suicidas.
Muchas veces los depresivos ni siquiera pueden iniciar una tarea, por rutinaria que sea, y al primer obstáculo prefieren darse por vencidos. Un novelista, por ejemplo, se detiene en el primer párrafo de la obra que piensa escribir. Y, si finalmente empieza a escribir, abandona tan pronto comete un error, por pequeño que sea. Después de eso, suele ocurrir que se levante de su silla y abandone el libro durante un mes.
Cuando se presentan alternativas, el deprimido no puede decidir. Por ejemplo, alguien que esté padeciendo un acceso de depresión podrá levantar el teléfono para pedir que le manden una pizza. Si del otro lado de la línea le preguntan si la quiere sencilla o con algún aditamento, se quedará sin saber qué decir, paralizado, mirando al receptor. Pasarán unos segundos de indecisión y quizá termine colgando el teléfono. ´
Muchos depresivos piensan en el suicidio. Por lo general, ello se debe a uno de estos motivos, cuando no a ambos; el primero es la renuncia a reaccionar, y entonces quieren ponerle un punto final. El otro es el deseo de manipular a los otros: quieren que se los vuelva a amar, o vengarse, o tener la última palabra en una discusión.
La depresión se acompaña a menudo de síntomas físicos: cuanto más grave la depresión, más son los síntomas. Disminuye el apetito. No se puede ingerir alimento. Y también cesa el deseo sexual: no puede hacerse el amor. Hasta el sueño se altera: el despertar llega muy temprano, y comienzan las vueltas y más vueltas en la cama, tratando sin éxito de volver a conciliar el sueño. Hasta que suena el despertador y no hay otro remedio que empezar la nueva jornada, no solamente con la misma depresión, sino también exhausto.
Estos cuatro síntomas, cambios negativos en el pensamiento, el humor, el comportamiento y la respuesta física, permiten diagnosticar la depresión, unipolar o normal. Para que alguien pueda considerarse un deprimido no es indispensable contar con los cuatro síntomas, y tampoco hace falta que uno en particular se halle presente. Sin embargo, cuanto mayor sea el número de síntomas, más certeza se tendrá de que nos hallamos frente a una depresión.

Texto inspirado en la obra de Martin Seligman: "Aprenda Optimismo". Debolsillo. 2011, Barcelona. Pp.: 80-101

En mi opinión, Seligman, gran estudioso de la depresión y pionero del modelo etiologico de la depresión: "La Indefensión/Impotencia Aprendida", describe los cuatro síntomas básicos de la depresión: "cambios negativos en el pensamiento, el humor, el comportamiento y la respuesta física". Quisiera decir algo sumamente importante. Muchos de estas personas que tienen una depresión, no son "depresivas", en el sentido de que ese síndrome sea el nuclear de su patología, de las características para entender lo que le está pasando. En muchos casos, la depresión es un síndrome que opera a modo de síntoma de una patología supraordenada. Si nos ceñinos a lo que dice Seligman: el afecto negativo, en el comportamiento, el humor y la respuesta física; es algo que sucede en trastornos de personalidad. En este tipo de patologías, la depresión es una patología comórbida con el TP. Es decir, no tiene entidad propia, al margen de lo nosológico, sino que deriva de una forma de ser que tiene que ver con la Identidad, las Relaciones Interpersonales, el control de los Impulsos, el área fundamental de la Afectividad, entre otros factores. Yo destacaría el papel de la Identidad para este tipo de patologías, siguiendo las ideas de Otto Kernberg. También podemos mencionar un tema interesante, los Trastornos Psicosomáticos o en la "jerga" del DSM: El Trastorno Somatoforme, esto significa que la persona desarrolla síntomas físicos, que son símbolos de problemas emocionales. Existen otros muchos, pero tal vez, estos casos son los más paradigmáticos. Seligman, como toda persona que se especializa mucho en algo, como en mi caso los trastornos de personalidad, detecta esa patología con mucha frecuencia.
Una última cuestión, pensar en el suicidio es algo característico de la depresión entre otras patologías que tienen como "síntoma", la depresión. Las personas con ciertos trastornos de personalidad, por ejemplo, el trastorno borderline o trastorno límite, así como la(s) esquizofrenia(s), la bipolaridad, el trastorno esquizoafectivo tienen una alta relación con la afectividad negativa. Esto se explica desde el enfoque psicodinámico desde una perspectiva de la etiología del desarrollo de la Identidad: en aquellas personas cuya madre no ha convertido los elementos beta en alfa (Bion), esto es, ayudar a la criatura a metabolizar los afectos o, según Fonagy: la capacidad de mentalización. Fonagy escribió junto a Bateman: "Psicoterapia para los Trastornos de Personalidad Límite". Este se vio muy influenciado por lo que aportó Winnicott. Este autor hablaba de que el infans necesita del otro, una madre "suficientemente buena" que cree un ambiente que le permita desarrollarse.


domingo, 20 de mayo de 2012

Marsha Linehan. Experta en Trastorno Borderline reconoce su Enfermedad


 
 
 
HARTFORD, Connecticut – ¿Es usted uno de nosotros?


La paciente quería saber, y su terapeuta – Marsha M. Linehan de la Universidad de Washington, creadora de un tratamiento usado en todo el mundo para personas gravemente suicidas – tenía lista la respuesta. Era la que siempre usaba para acortar la pregunta, fuera que el paciente la planteara esperanzado, en tono acusador o de manera cómplice, al vislumbrar el macramé de quemaduras desvaídas, cortadas y verdugones en los brazos de Linehan:



“¿Quiere saber si he sufrido?”.

“No, Marsha”, respondió la paciente, en un encuentro la primavera pasada. “Me refiero a si es una de nosotros. Como nosotros. Porque si lo es, nos daría a todos gran esperanza”.



“Eso lo hizo”, dijo Linehan, de 68 años, quien hace poco contó su historia en público por primera vez ante un grupo de amigos, familiares y médicos en el Institute of Living de la clínica Hartford, donde la trataron originalmente por retraimiento social extremo a la edad de 17 años. “Tantas personas me han pedido que hable y sólo pensé: 'bueno, tengo que hacerlo. Se los debo. No puedo morir como una cobarde”'.



Nadie sabe cuántas personas con enfermedades mentales graves llevan lo que parecen ser vidas normales y exitosas porque no tienen la costumbre de anunciarse. Están demasiado ocupadas haciendo malabares con las responsabilidades, pagando las cuentas, estudiando, educando familias – todo lo cual hacen capeando rachas de oscuras emociones o ideas delirantes que rápidamente abrumarían a casi todos los demás.



Ahora, un creciente número de ellas arriesga exponer su secreto al decir que llegó el momento. El sistema de salud mental del país está es un caos, dicen, y se penaliza a muchos pacientes y depositan a algunos de los más graves en residencias o clínicas, donde reciben atención por parte de empleados con la mínima calificación.



Más aún, el persistente estigma de la enfermedad mental enseña a las personas ya diagnosticadas a pensar en ellas mismas como víctimas, apagando la única cosa que puede motivarlas a encontrar un tratamiento: la esperanza.

“Existe una tremenda necesidad de implosionar los mitos de la enfermedad mental, ponerle un rostro, mostrar a la gente que un diagnóstico no tiene que llevar a una vida dolorosa y tortuosa”, explicó Elyn R. Saks, una catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad del Sur de California, quien hace la crónica de sus propias luchas con la esquizofrenia en “No se puede sostener el centro. Mi viaje por la locura”. “Nosotros, los que luchamos con estos trastornos podemos llevar vidas plenas, felices y productivas, si contamos con los recursos correctos”.



Sin embargo, el caso de Linehan muestra que no existen las recetas. A ella la impulsó una misión de rescatar a personas crónicamente suicidas, a menudo como resultado de un trastorno límite de la personalidad, un padecimiento enigmático, caracterizado en parte por impulsos autodestructivos.



“Honestamente, no me di cuenta en ese entonces que estaba lidiando conmigo misma”, dijo. “Pero supongo que es cierto que desarrollé una terapia que proporciona las cosas que yo necesité durante tanto años y nunca tuve”. Aprendió la tragedia central de la enfermedad mental grave de la forma difícil, golpeándose la cabeza contra la pared de una habitación cerrada con llave.



Marsha Linehan llegó al Institute of Living el 9 de marzo de 1961, a los 17 años, y rápidamente se convirtió en la única ocupante de la habitación de aislamiento en el pabellón conocido como Thompson Dos, para los pacientes más gravemente enfermos. El personal no vio otra alternativa: la chica se atacaba a sí misma habitualmente, quemándose las muñecas con cigarrillos, cortándose los brazos, las piernas, el torso, usando cualquier objeto puntiagudo que pudiera conseguir.



Los doctores la diagnosticaron con esquizofrenia; la medicaron con Thorzine, Librium y otros fármacos potentes, y estuvo horas en análisis freudiano; y la ataron para administrarle electrochoques, 14 la primera vez y 16 la segunda, según su historia clínica. No cambió nada, y bastante pronto la paciente estaba de regreso en aislamiento en el pabellón con cerraduras.



“Todos estaban aterrados de terminar ahí”, comentó Sebern Fisher, un compañero paciente que se convirtió en amigo cercano. Sin embargo, cualquiera que fuera su entorno, agregó Fisher, “Marsha era capaz de que le importaran muchísimo otra persona; su pasión era tan profunda como su soledad”.

En el resumen del alta, fechado el 31 de mayo de 1963, el día que salió, se nota que “durante 26 meses de hospitalización, la señorita Linehan fue, durante una parte considerable de este tiempo, una de los pacientes más perturbados del hospital”.

“Estaba en el infierno”, dijo. “E hice una promesa: cuando salga, voy a regresar y a sacar a otros de aquí”.

Se requirieron años de estudio de la psicología – obtuvo un doctorado por Loyola en 1971 con el dinero que una amistad de la familia le dejó – antes de encontrar una respuesta. En la superficie, parecía obvio: se había aceptado a sí misma como era. Había intentado suicidarse tantas veces porque el abismo entre la persona que quería ser y la que era la tenía desesperada, sin esperanzas, profundamente nostálgica de una vida que nunca conocería. Ese abismo era real e insalvable.

La idea básica – la aceptación radical, ahora la llama – se volvió cada vez más importante cuando empezó a trabajar con pacientes, primero en una clínica del suicidio en Búfalo, Nueva York, y después como investigadora. Sí, el cambio real era posible. La disciplina emergente del conductismo enseñaba que la gente podía aprender nuevas conductas, y que al actuar en forma diferente podía alterar con el tiempo las emociones subyacentes de arriba hacia abajo.

“Decidí atender a personas supersuicidas, los caso más graves, porque pensé que son las personas más miserables del mundo – creen que son malvadas, malas, muy pero muy malas – y entendía que no lo eran”, explicó. “Entendía su sufrimiento porque yo lo había padecido, había estado en el infierno, sin idea de cómo salir”.


Eligió en particular tratar a personas diagnosticadas como ella lo habría hecho cuando era joven: trastorno límite de la personalidad, un padecimiento mal comprendido, caracterizado por la necesidad, estallidos emocionales e impulsos autodestructivos, que a menudo llevan a cortarse o quemarse. En la terapia, los pacientes limítrofes pueden ser un horror – manipuladores, hostiles, en ocasiones ominosamente callados, y notorios por salirse furiosos de las sesiones amenazando con suicidarse.

Linehan encontró que la tensión de la aceptación podía al menos mantener a las personas en la habitación: los pacientes que aceptan quiénes son, que sienten la borrasca mental de la furia, el vació y la ansiedad con mucha mayor intensidad que la mayoría de las personas. A su vez, el terapeuta acepta que dado todo lo anterior, cortarse, quemarse e intentar suicidarse tienen cierto sentido.

Finalmente, el terapeuta obtiene un compromiso del paciente para cambiar su conducta, una promesa verbal a cambio de una oportunidad de vivir: “La terapia no funciona para la gente que está muerta”, es una forma en la que ella lo expresa.


“Creo que la razón por la que la DBT (terapia dialéctica conductual) ha causado tanto revuelo es porque resuelve algo que antes no se podía tratar; la gente simplemente estaba perdida cuando se trataba de los limítrofes”, dijo Lisa Onken, jefa de la unidad de tratamiento conductual e integrador de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. “Pero creo que la razón por la cual ha reverberado tanto entre los terapeutas comunitarios tiene mucho que ver con el carisma de Marsha Linehan, su habilidad para conectarse con el personal clínico, así como con el público de científicos”.



http://tn.com.ar/sociedad/00059601/experta-en-enfermedades-mentales-habla-de-su-propia-batalla
http://soyborderline.com/documentacion-y-articulos/ultimas-noticias/7777-marsha-linehan-y-la-historia-de-su-trastorno-de-personalidad.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Marsha_M._Linehan
http://www.aperturas.org/terminos.php?t=marsha-linehan
http://youtu.be/967Ckat7f98
http://ayudatrastornopersonalidad.com/blog/el-trastorno-de-personalidad-limite-segun-marsha-linehan.html

Nacimiento 5 de mayo de 1943. Tulsa, Oklahoma.
Marsha M. Linehan ( n. 5 de mayo de 1943) es una psicóloga y autora estadounidense, responsable del desarrollo de la terapia dialéctico-conductual o TDC.


En el enlace de "Aperturas Psicoanalíticas", Linehan explica sus fundamentos teóricos y técnicos para el abordaje del "Trastorno Limítrofe".
Un verdadero tormento, sobre todo antes de ser diagnosticado y tratado, después también, pero menos, siempre que haya un tratamiento completo en el ámbito psíquico, farmacológico (de ser necesario) y social. Afortunadamente, se puede "curar", o, como mímino aliviar muchísimo. Linehan ha desarrollado una forma específica de terapia cognitivo-conductual, de manera similar a cómo Otto Kernberg modificó el psicoanálisis para desarrollar la Psicoterapia de Expresión.
Esta terapeuta, que ha tenido el valor de exponer su experiencia personal, no es la única ni mucho menos de los  profesionales de salud mental. No es nada raro que aquellos que se "especializan" traten de resolver de manera "vicaria" sus problemas.