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lunes, 7 de noviembre de 2016

Violencia de Género



La violencia contra las mujeres ha sido una constante a lo largo del tiempo. 

No son nada lejanos los tiempos, aunque la mayoría lo ubique en pretérito, que a la mujer, de forma institucional se le negaban los derechos civiles y se les educaba desde la segregación escolar, de forma diferente al varón, asumiendo siempre un rol secundario a éste y una orientación hacia el sufrimiento y la humillación. 

Hubo que esperar a finales del siglo pasado para que se consolidaran los derechos de la mujer, dando grandes avances en una sociedad igualitaria, sin embargo, la tarea está inconclusa. La realidad nos indica que esa desigualdad se mantiene todavía en muchos campos, y lo que es inadmisible es que la mujer sea una víctima propiciatoria de la violencia, siendo especialmente en la familia y en la pareja. 

Esta violencia, en cualquiera de sus formas (física, sexual, económica, psicológica o de vulneración de los derechos), presenta una gravedad especial por la alta probabilidad de revictimización, la dificultad en la carga de la prueba, las secuelas psicológicas que anulan a la víctima o la afectación de la red social. 

El tratamiento legislativo de este tipo de violencia es reciente.
Partimos de una situación social en que muchos de estos actos eran atribuidos a la esfera familiar, círculo donde no debía meterse el Estado pues se trataba de una sociedad patriarcal y machista desde un punto de vista tanto material como formal, y así por ejemplo hasta el año 1975 el Código Civil español exigía el consentimiento del marido para la venta de bienes e inmuebles privativos de la esposa, como si fuese  una incapaz o debiera ser tutelada por razón de género. 

Lo cierto es que la violencia intrafamiliar y la de género no se visualiza socialmente hasta que los medios de comunicación comienzan a ocuparse de ella forma sistemática.
Por miedo y desamparo legal y social, las mujeres retiraban (y retiran) sus denuncias.
Efectivamente, no se denuncia porque :
- la mujer confía en que el agresor modificará su comportamiento, por su dependencia afectiva o por la vergüenza de la sensación de fracaso, porque ella llega a creer que tiene parte de culpa y es responsable de lo que pasa.
- porque tiene miedo de las posibles represalias del agresor o por el temor de la desaprobación de familiares, amigos y vecinos.
- por su dependencia económica del agresor y falta de recursos para vivir con sus hijos para escapar de una relación basada en el dominio.
Recomendación para profesionales que traten con violencia de género y temas legales y forenses.

Violencia de Género. Tratado psicológico y legal.
Francisca Fariña, Ramón Arce y Gualberto Buela-Casal (Editores)
Rodrigo Córdoba Sanz: Experto en Trastornos de Personalidad

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Abuso sexual

 
 
 
En este enlace web aparece un corto de YouTube en el que se muestra a una adolescente en una familia nuclear desorganizada: el padre abusa de ella sexualmente, el hermano la humilla y la agrede físicamente y la madre se refugia en el sometimiento y la negación, tomando ansiolíticos.
La agresividad hostil del entorno es introyectada por la joven, quien desarrolla una sintomatología compatible con una depresión mayor, con una manifiesta ideación suicida, que parece cristalizar, al final del video.
Si pensamos en las conductas del hermano, podríamos indicar que es posible que padeciera un trastorno disocial u  trastorno de conducta. No podríamos hablar de un trastorno antisocial de la personalidad, porque parece que el chico es menor de edad.
Sobre ello, expondré los diagnósticos que hacen referencia a las conductas que comúnmente llamamos como “agresivas” o “antisociales”:
El DSM dedica un apartado a los «Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia», en el que se describen el trastorno disocial, el trastorno negativista desafiante y los trastornos de comportamiento.
Todos estos diagnósticos hacen referencia a conductas, como por ejemplo: robar, hacer novillos, tener una actitud retadora ante la autoridad (padres, profesores), ser físicamente cruel con personas o animales, obligar a alguien a tener un contacto sexual con él, etc. Estas conductas provocan rechazo social, situando a las agresores como “pequeños delincuentes”, en lugar de entender el agresor como una victima de: su genética (bio), su personalidad (pisco) y su entorno (social). Para los que quieran profundizar sobre la etiología os dejo los siguientes referentes españoles: Santiago Redondo y Vicente Garrido.
Quisiera hacer una pregunta abierta para los que veáis el corto:
-         ¿Como debería de ser el abordaje terapéutico de un chico con las manifestaciones conductuales como las que vemos en el video?
Creo que no hay una única respuesta válida, cada profesional que nos dedicamos al tratamiento de personas con alteraciones conductuales graves, usamos unas técnicas u otras, en función de la formación, de la experiencia previa y de la manera de ser de cada uno. Cuando las familias de los pacientes u otros profesionales con los que me coordino, me comentan las estrategias que utilizan, yo siempre contesto: ¿funciona? es lo que más interesa.
 
R.B. Colaboradora y trabajadora en el ámbito de la salud mental y forense.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Celos y Violencia

 
 
Celos pasionales
ECHEBURUA, de la UPV


Los celos pasionales constituyen asimismo un factor de riesgo para las conductas violentas.

Hay muchos testimonios de ello en la literatura, por ejemplo en la ópera

"Carmen", de
 
Bizet. Don José, abrumado por los celos debido a la atracción de Carmen hacia el torero

Escamillo, implora insistentemente por su amor, sin éxito. Cuando Carmen le rechaza

finalmente, él la apuñala.

Los celos pasionales son responsables de una buena parte de la violencia familiar. En la

mayoría de los casos la víctima es la pareja y no el rival, aunque a veces las víctimas

pueden ser ambos e incluso el propio sujeto (en forma de suicidio) para evitar la separación

en la vida o asegurar la unión en la muerte.

Los celos pasionales -no los celos delirantes del paranoidismo o del alcoholismo- surgen de

la inseguridad de perder a la pareja y de la envidia de que la pareja pueda ser disfrutada

por otro. Los celos pasionales se diferencian de los delirantes en que, en este último caso,

hay una certeza absoluta por la idea delirante de ser engañado, lo que a veces surge de

forma explosiva, inmediata a la percepción delirante (Echeburúa y Corral, 1998).

El nombre de

pasionales no es siempre el más adecuado porque la pasión es otra cosa y

porque estas personas no matan por ella, sino por afán de posesión. Los celos están

relacionados con la depresión (incluso hasta en un 66% de los casos).

El homicidio por celos es el delito más frecuente en la vejez, sobre todo cuando hay

componentes paranoides y alcohol de por medio.

Con frecuencia los crímenes se producen una vez consumada la separación de pareja, que

es el momento de mayor riesgo. El varón suele reaccionar con violencia ante las

infidelidades o crisis de convivencia.

El homicida, frecuentemente en paro o alcohólico y con historias previas de peleas y

maltrato, suele acabar por entregarse a la policía o por suicidarse, lo que le diferencia de

otros criminales que tratan de ocultar su implicación en el delito.

En estos homicidios el delincuente suele carecer de antecedentes penales, el delito está

relacionado con una vivencia anómala y el delincuente suele ser reinsertable.

Gracias a RB