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Paz y Ciencia
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martes, 14 de abril de 2020

Más allá de lo evidente



"... Hoy en día la mayoría de las personas se identifican casi exclusivamente con su mente consciente y creen que sólo son aquello que saben acerca de sí mismos... El racionalismo y el pensamiento doctrinario son la enfermedad de nuestro tiempo; pretenden que tienen todas las respuestas. Pero se descubrirán muchas cosas que nuestra visión limitada actual ha declarado imposibles. Nuestros conceptos de tiempo y de espacio tienen sólo una validez aproximada y queda mucho espacio para desviaciones, pequeñas y grandes". Recuerdos, sueños, pensamientos. Carl Gustav Jung.

Los mitos dejan sus huellas en los sueños, en los patrones del comportamiento humano, en los pensamientos, las memorias y las emociones universales presentes en los arquetipos almacenados en las tradiciones orales y escritas de todo el mundo. Desvelan el deseo elusivo y urgente de los humanos de comprender y descifrar el sentido de sus vidas. No son, contrariamente a lo que una interpretación plana de la realidad aduce, una explicación ingenua de los misterios de la vida, unas hipótesis caducas acerca de los enigmas cósmicos, metereológicos o agrarios.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. N° Col.: A-1324
Teléfono: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

domingo, 1 de marzo de 2020

La imposibilidad de no comunicarse



PAUL WATZLAWICK: "NO ES POSIBLE NO COMUNICAR"

Los esquizofrénicos, que con su comportamiento parece que tratan de negar que se comunican, se encuentran con el dilema de que se ven obligados a negar también que esa negación constituye en sí misma una comunicación. Pero es igualmente posible que el paciente dé la impresión de querer comunicarse aunque sin aceptar el compromiso inherente a toda comunicación. Por ejemplo, una joven esquizofrénica entró de golpe en el consultorio del psiquiatra con quien tenía su primera entrevista y anunció alegremente: "Mi madre tuvo que casarse y ahora estoy aquí". Se necesitaron semanas para esclarecer algunos de los múltiples significados condensados en esa aseveración, los cuales, al mismo tiempo, quedaban descalificados por su estructura crítica y por el despliegue de aparente buen humor y entusiasmo. Su gambito, según resultó luego, implicaba informar al terapeuta lo siguiente;

1) ella era el resultado de un embarazo ilegítimo;
2) este hecho de alguna manera había causado su psicosis;
3) "tuvo que casarse" se refería a la naturaleza forzada de la boda de su madre y podía significar que la madre no era culpable de que la presión social la hubiera obligado a casarse o bien que la madre lamentaba esa decisión forzada y la existencia misma de la paciente, que la había obligado a tomarla;
4)"aquí" significaba tanto el consultorio del psiquiatra como la existencia de la paciente sobre la tierra e implicaba así que, por un lado, la madre la había vuelto loca mientras que, por el otro, estaba eternamente en deuda con la madre, quien había pecado y sufrido para traerla al mundo.

"El esquizofrenés",entonces, es un lenguaje que obliga al interlocutor a elegir entre muchos significados posibles que no sólo son distintos, sino que incluso pueden resultar incompatibles entre sí. Así se hace posible negar cualquier aspecto de un mensaje o todos sus aspectos. Si le hubiera presionado para que dijera qué significaba su comentario, la paciente mencionada podría haber dicho con aire casual: "¡Oh, no sé; supongo que debo estar loca". Si le hubiera pedido que aclarara algún aspecto de lo dicho, podría haber respondido: "¡Oh, no, eso no es en absoluto lo que quise decir...". Pero aun cuando su aseveración está condensada de tal modo que hace imposible todo reconocimiento inmediato, constituye una descripción coherente de la situación paradójica en la que se encuentra, y el comentario "debo estar loca" podría resultar adaptarse a este universo paradójico. Para un amplio examen de la negación de la comunicación en la esquizofrenia se remite al lector a Haley, donde se traza una sugestiva analogía con los subgrupos clínicos de esquizofrenia.

viernes, 16 de febrero de 2018

Altas Capacidades. Elevado nivel de autoconocimiento




Los niños con altas capacidades tienen conciencia de sí mismos a edades muy tempranas, lo que les coloca en una posición de soledad respecto a los demás. Si no son comprendidos en la escuela o en casa, baja su nivel de autoestima e intenta ocultar su verdadera capacidad y cambian de personalidad, hecho que provoca la aparición de conflictos internos.

Muestran baja autoestima porque al mismo tiempo se sienten superiores a los demás y éstos no entienden su manera de pensar rápida y precisa; la oscilación entre una posición y la otra les genera malestar.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta .653 379 269
Zaragoza. Zona Centro.


martes, 6 de febrero de 2018

La derecha lacaniana




El siguiente escrito versa de una manera algo inusual y quizás poco ortodoxa, sobre la contratransferencia. Se encuentra dirigido a todos aquellos analistas quienes, sabiéndolo o no -poco importa-, practican lo que de ahora en más propongo denominar clínicas del déficit (el genitivo es decididamente subjetivo).
Resulta curioso que quienes se llaman a sí mismos psicoanalistas sean los primeros en defender con fatuidad la afamada triquiñuela de elaboración empirista, llamada “pobreza simbólica”
A lo largo del mismo, el lector encontrará diversas afirmaciones algo generalizadas sobre los problemas abordados. Si bien todas ellas han sido extraídas de fuentes, diremos: informales (murmullo tímido, comentario marginal, pregunta capciosa, afirmación precipitada, reflexión avara, queja ahogada, prejuicio irracional, etc.), es preciso no desestimar la importancia que dichas fuentes pueden tener como modo legítimo de revelar la naturaleza de determinados problemas, tantas veces ocultos bajo transmisiones engañosas.
En efecto, y tratándose siempre de ideas, la puesta en forma de las mismas supone una serie de consideraciones previas, al menos en cuanto al espíritu con el cual fue elaborado el texto.
Criticar antes que confundir. Ese es el propósito del escrito.
Resulta curioso que quienes se llaman a sí mismos psicoanalistas sean los primeros en defender con fatuidad la afamada triquiñuela de elaboración empirista, llamada“pobreza simbólica”. Más aún, que se muestren convencidos con marcado entusiasmo de verificarlo diariamente en aquello que consideran la matriz constituyente de la praxis: la propia experiencia clínica.
Hay allí una escollera ideológica de prejuicios y falsas evidencias. Revisémosla, recorriéndola paso a paso.
Viñeta "Simbolos Patrios" por Haroldo Meyer
Viñeta "símbolos patrios" por Haroldo Meyer
En primer lugar, ¿cuándo se dice que el paciente no tiene “recursos simbólicos? En una amplia variedad de oportunidades críticas, entre las cuales se destaca, por ejemplo:
Cuando quien consulta no se pregunta por la causa de su padecimiento. Debemos rectificar dicha aserción, pues semejante limitación técnica es, cuanto menos, responsabilidad de quien escucha; ya que ¿cuál sería el inconveniente ético en aportarle la pregunta?
Se habla precisamente de “pobreza simbólica” en instituciones públicas, cuya atención suele absorber la demanda de determinada clase social: la gente pobre
Sin embargo, la parroquia1 no se demora y avanza a pasos agigantados aduciendo“falta de tela”. Síntesis manufacturera de primera línea, la de los clínicos de la representación o el “significante”.2 A quienes habría que preguntarles si están advertidos de que la máquina con la cual creen operar, ya sea por metáfora o analogía, es textil. Lo cual supone volver a caminar sobre un problema diagnosticado con anterioridad por Robert Castel: el del psicoanálisis como práctica antisubversiva. El psicoanalismo, entendido como “el proceso de ideologización específico que debemos hoy al psicoanálisis: lo que el psicoanálisis nos cuesta, lo que el psicoanalista nos oculta” (Castel, 1981, p.23).
Un buen ejemplo de ello podría ser la mera consideración de que se habla precisamente de “pobreza simbólica” en instituciones públicas, cuya atención suele absorber la demanda de determinada clase social: la gente pobre, para decirlo pronto y bien.
En este sentido, el psicoanálisis (es decir, los psicoanalistas) en su versión más conservadora elude e invalida la dimensión sociopolítica del asunto en cuestión, al tratarla “analíticamente”, mediante conceptos específicos mal traspolados, debido a la desatención de sus consideraciones ideológicas, cuyo soporte y pureza cree encontrar en sus pretendidas escuelas de psicoanálisis.
Encontramos en los desarrollos de Michel Tort ideas similares. En su libro más reciente Las subjetividades patriarcales, el autor le concede especial importancia a la relación entre historia y psicoanálisis. En los primeros capítulos del mismo describe los prejuicios que constituyen lo que no duda en llamar “peletería psicoanalítica”, despejando quirúrgicamente los desarrollos de Octave Mannoni en su libroPsicología de la colonización.
Si bien pueden decirse innumerables cosas al respecto, nos gustaría al menos señalar que el engaño del cual participa Mannoni (y que Tort, por momentos algo indignado, no vacila ni un instante en desenmascarar) es extensible a gran parte de la comunidad analítica.
Destaca la torpeza en la utilización de sus herramientas psicológicas, las cuales derivan en el establecimiento de explicaciones psicológicas para problemas cuyo orden de determinación pertenece, sin duda, a planos diversos y sumamente complejos (políticos, económicos, sociales, etc.).
Operación de la cual, el saldo es la constitución de un tipo muy especial de víctima. Aquella que derivaría en última instancia de “las especulaciones histórico-antropológicas de ciertos psicoanalistas” (Tort, 2016, p. 28), amparadas en verdades no dialectizables; signo de un notable anquilosamiento mental por parte de los mismos.
Tal como lo afirma el autor: “Los instrumentos que utiliza el psicoanálisis3 son ajenos a la historia, en tanto habrían surgido exclusivamente del psicoanálisis y del dispositivo de ‘neutralidad’ que supuestamente lo caracteriza” (Tort, 2016, p. 29). Nada más engañoso.
En este sentido, Tort es contundente. No hay “verdaderas dificultades” o dificultades últimas, sino más bien dificultades históricas.
De atender pacientes faltos de recursos simbólicos, ¿a dónde los enviamos a adquirirlos? Más aún, ¿cuál es la medida necesaria para que sea suficiente?
Anteriormente le llamamos triquiñuela empirista y no fue con pretensión de ingenio o aire de animosidad. Ahora bien, no deja de resultar sorprendente el profundo desconocimiento de la proveniencia de los conceptos que constituyen los modelos teóricos del practicante. Es decir, que aquello que cree verificar una y otra vez en el sólido e inmaculado campo de la clínica autonómica, salvo gratas excepciones, no suele ser más que el efecto de una transmisión sugestiva, fundada en una lógica cuyo centro de gravedad se localiza en el punto medio entre un academicismo férreo y una sumisa y neurótica subordinación al padre del saber. Quizás en ese contexto se pueda renovar el sentido de esa frase de Jacques Lacan en sus Escritos: “Lo dicho primero decreta, legisla, ‘aforiza’, es oráculo, le confiere al otro real su oscura autoridad” (Lacan, 1966, p.768).
Sin embargo, los psicoanalistas -algunos, claro-, embriagados de experiencia analítica, análisis personal y largas horas bajo supervisión, aún no se han tomado el trabajo de analizar de dónde provienen los conceptos de su praxis, pues creen sórdidamente la idea de que se encontrarán con ellos transitando... ¡La Experiencia!4 Habiendo tantísimos libros de investigadores al respecto... Desconfiemos de ello.
Por otro lado, me pregunto: estudiar, ¿no constituye una experiencia privilegiada?
Creo que era Oscar Masotta quien decía: “o psicoanalistas o psicoalienistas”. No puedo afirmarlo con total seguridad; tampoco importa. Se trata menos de determinar el quién, que interrogarse acerca de las razones del decir. En este sentido, dicha oposición hoy merece ser tomada en toda su consideración y su renovado alcance.
Es notablemente llamativo que tantos psicoanalistas contribuyan a establecer los cimientos supuestamente experienciales de una clínica del déficit, lo cual nos acerca peligrosamente a otros discursos, tantas veces cuestionados.
Separación virtual en la cual se encuentra habitualmente cierto confort discursivo de clase, al suponerse apriorísticamente en sus antípodas. De ser así, no es suficiente con afirmarlo; debe ser demostrado cada vez. No hay otro modo de alejarnos de las demarcaciones per se.
Para contribuir al auto llamado de atención, considero que resulta necesario al menos, destacar la calzada por la cual podemos encontrar en los desarrollos de Jacques Lacan un aporte interesante para zanjar su posición al respecto. Por ejemplo, a través de su noción de “universo simbólico” o mediante el establecimiento de la “batería” y el “tesoro” significante; cuya distinción debe ser comprendida en torno a dos ideas centrales: el par completud e incompletud y elvalor, en oposición al recurso.5
Si bien no habremos de detenernos aquí, consideramos importante aportarle al lector una vía regia para atacar parcialmente el problema. Hay otras (por ejemplo: la diferenciación entre el Otro y A, la lógica circular del tiempo, el lenguaje como lugar trascendental, la creación ex-nihilo, etc.).
Nuevamente, interrogarse acerca de la noción temporal con la cual se practica, resulta definitorio para zanjar posiciones diversas. Hablar de “falta de recursos” visibiliza con un grado de explicitud notable algunos supuestos básicos.
El primero, que habría una única socio génesis. El segundo, que habría una únicapsico génesis.
El tercero, correspondiente al ordenamiento temporal de dicha génesis, según etapas cronológicas pre fabricadas, las cuales, bajo la conducción de una metafísica biologicista harto superada, termina por concluir un paralelismo identitario entre niños, locos y primitivos (Freud con Haeckel).
Ahora bien, de ser así, podríamos elevarle la siguiente pregunta al lector. De atender pacientes faltos de recursos simbólicos, ¿a dónde los enviamos a adquirirlos? Más aún, ¿cuál es la medida necesaria para que sea suficiente?
¿No sería más prudente invertir el alegato y considerar que el paciente, más que no tener qué decir, no tiene con quién hablar?
Preguntémonos por la fenomenología de la pobreza. Alegar que quien padece “no tiene nada para decir” es suficiente para concluir la enormidad de la limitación del profesional interviniente, cuya sentencia no se constituye más que como una argumentación ad hoc de las más exánimes, consecuencia de marcos conceptuales imbuidos en una lógica de clase narcisista6 y de derecha; si por ello habremos de entender sencillamente la aceptación acrítica de un supuesto orden natural de las cosas. Verdadera fagocitación psicoanalítica.
Sería prudente contraponerle a la noción “conciencia de enfermedad” su par antinatural para constituir una oposición que permita una lectura algo más discreta y equilibrada del problema: la “conciencia de ideología” por parte del profesional.
Volviendo al tema en cuestión, ¿no sería más prudente invertir el alegato y considerar que el paciente, más que no tener qué decir, no tiene con quién hablar? Cuestión señalada hace tiempo por Maud Mannoni, al indicar que en los hospitales “...a la palabra, por un acuerdo tácito, se la concibe como un privilegio jerárquico y por ende la institución se la niega de entrada al enfermo” (Mannoni, 1970, p. 122).
Por otro lado, ello podría darnos una buena pista para ubicar una posición fundamental del psicoanalista en la actualidad: como instancia de Otredad. Función que no habría que desestimar con tanta ligereza, pues puede condensar un gran valor social.
No obstante lo cual, pareciera que algunos analistas están desmesuradamente preocupados por cuidar la esterilidad del campo psicoanalítico en la senda asintótica de un siempre supuesto apoliticismo, manteniéndose extraterritoriales de todo aquello que consideran un desvío errático de la pureza fenoménica de las formaciones del inconsciente, del sujeto del significante, del deseo metonímico, del goce mortífero. Sin embargo, no se salvan del retorno ectópico de la paradoja, para concluir con severidad afirmando aquello que no hay: deseo, sujeto, transferencia, tela, amor, etcétera.
Castel estaba en lo cierto al afirmar que “el ideólogo más eficaz racionaliza con las categorías de su propio saber” (Castel, 1981, p.94). Afirmación a la cual cabría agregarle: “...y sin saberlo”.
Continuemos por esta vía y terminaremos hablando de pacientes con monederos significantes, de inconscientes estructurados como un lunfardo.
Bibliografía
1. Castel, Robert. El psicoanalismo. El orden psicoanalítico y el poder, Nueva Visión, 1981.
2. Lacan, Jacques. Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y la técnica psicoanalítica, Paidós, 1954-1955.
3. Lacan, Jacques. Escritos 2, “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, Siglo XXI Editores, 1966.
4. Mannoni, Maud. El psiquiatra, su loco y el psicoanálisis, Siglo XXI, 1987.
5. Tort, Michel. Las subjetividades patriarcales,Topía, 2016.
Notas
1.¡Diga no al psicoanálisis extraterritorial! La teoría no debe constituirse como un chiste a ser comprendido entre pocos conocidos.
2. Pareciera haberse perdido la diferencia.
3. Si bien acordamos con Tort en cuanto a la afirmación, sería preciso realizarle la misma crítica que nos hemos hipotecado al comienzo del escrito. Resta precisar qué tipo de psicoanálisis, qué conceptos, definiciones, etc., responden a semejante postura ingenua. Propongo considerar la enseñanza de Lacan como un esfuerzo notable por ubicar las coordenadas filosóficas, religiosas y culturales que hicieron posible el surgimiento del psicoanálisis en Occidente en determinada época.
4. Como si a la orden del día hubiese un acuerdo unánime sobre los criterios uniformes que constituyen la experiencia analítica. Ni hablar de la formación.
5. Devolvamos los recursos al campo de la salud pública.
6. La reflexión y el término resultó de una conversación sostenida con Alejandro Vainer en torno al asunto en cuestión.


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza. Zona Centro. www.rcordobasanz.es

lunes, 30 de octubre de 2017

El niño interior maltratado



Tienes que hablar con tu niño interior varias veces al día; solo así conseguirás sanarle. Al abrazarle tiernamente, le aseguras que nunca le fallarás ni le desatenderás de nuevo. El pequeño se ha quedado solo durante mucho tiempo. Por eso tienes que empezar esa práctica en seguida. Si no lo haces ahora, ¿cuándo lo harás?

Si sabes como cómo volver a escucharlo atentamente todos los días durante unos minutos, se producirá la curación. Cuando subas a una hermosa montaña, invita a tu niño a subir contigo. Cuando contemples la puesta de sol, invítale a disfrutarla contigo. Si lo haces durante unas semanas o unos meses, ese niño sanará sus heridas.

Con la práctica, veremos que nuestro niño interior herido no está únicamente en nosotros, sino que puede representar a varias generaciones. Quizá nuestra madre haya sufrido durante toda su vida. Puede que nuestro padre haya sufrido también, tal vez hayan sido dañados en lo más identitario, esto es, en la construcción biopsicosocial de su ser. Tal vez nuestros padres no pudieron cuidar a su niño interior. Por eso, cuando abrazamos al niño herido que habita en nosotros, estamos abrazando a todos los niños heridos de nuestras generaciones pasadas. Esta práctica no es solo para nosotros, sino para las innumerables generaciones de antepasados y descendientes.

Puede que nuestros antepasados no cuidaran, no supieran, no pudieran cuidar su niño interior, así que nos lo han transmitido. Nuestra práctica debe poner fin a ese ciclo. Si podemos sanarlo, no solo nos liberaremos a nosotros mismos, sino que ayudaremos también a liberar as practicar con su niño interior durante mucho tiempo han aliviado su sufrimiento y experimenta a quien nos haya herido o maltratado. Puede que el maltratador haya sido víctima de maltrato. Hay personas que han tenido una transformación. Sus relaciones con su familia y amigos se han vuelto mucho más fáciles.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza. 653 379 269