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Paz y Ciencia
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domingo, 8 de enero de 2017

Centrados en el Amor y Descentrados



Todos los seres humanos nacemos amorosos. Llegamos al mundo con un único propósito: amar a nuestro prójimo.


Pasa que para poder desplegar esa capacidad innata que todos traemos en potencia, tenemos que atravesar la infancia en las mejores condiciones posibles. Por lo tanto, es menester que diferenciemos qué es ser un niño y qué es un ser adulto.

Los niños nacemos "sin terminar", es decir, inmaduros.

Durante mucho tiempo seremos totalmente dependientes de los cuidados de los mayores, especialmente de nuestra madre -o de la persona que nos ha criado-. Nacemos en condiciones tan desfavorables que solo podemos guiarnos por las sensaciones de confort o de falta de confort. Cuando percibimos que el cuerpo de nuestra madre está lejos, lloramos para avisarla de que regrese pronto, porque estamos en peligro. Cuando somos muy pequeñitos los recursos con los que contamos para advertir lo que nos hace falta son limitados: el llanto, incomodidad, fiebre, alteración en el sueño, poco aumento de peso, etc. Si frente a nuestros reclamos, rápidamente somos compensados, nos sentiremos bien. Eso es experimentado como amor. Nos sentimos amados si estamos reconfortados. La vida nos resulta un dulce paraíso en un continuum de armonía y equilibrio.

Cuando los niños amados vamos creciendo, atravesamos la adolescencia y seguimos recbiendo compañía, comprensión y palabras que nombran nuestros desafíos; cuando nuestros deseos diferenciados se hacen presentes y la sexualidad se abre como una flor perfumada y continuamos recibiendo apoyo por parte de los mayores, seguimos sintiéndonos amados. 

Años más tarde ingresaremos en la adultez y, habiendo sido milimétricamente amados estaremos en condiciones de desplegar nuestro amor. Nuestro amor listo para dar será el centro de nuestra vida. Es un regalo que tenemos disponible en nuestro ser, inagotable.

No siempre es así. Digamos que es un ideal, porque como reza el libro de Bettelheim: "No hay padres perfectos". 
En muchas ocasiones, quizá demasiadas, personas que acuden a consulta y otras que no pueden, no quieren o su narcisismo impide solicitar ayuda han vivido experiencias diferentes.
Es cierto que hay un componente biológico, estaríamos hablando de la dialéctica Nature/Nurture, esto es, lo genético, predeterminado y lo caracterial, lo psicosocial. Los avances en neurociencias dejan muy claro que estos componentes están en mutua relación.
Decir que una familia está enferma porque uno de los miembros tiene una depresión es un gesto de inmadurez profesional, una aberración que sucede en la realidad, desprestigiando nuestra humilde profesión.

Aquellos hijos que no han recibido buenos tratos y aún así han "sobrevivido" a los ataques, vejaciones, negligencias, etc. son más propensos para desarrollar problemas psicológicos.
Podemos decir que su sistema inmunológico para desarrollar patologías es mayor, de tal forma que si el ambiente no facilita, esa predisposición se dispara provocando que la persona sea profundamente infeliz. Este es el ejemplo de los Trastornos límites de Personalidad, cuyo tratamiento analítico estaba considerado antes como en el límite de las posibilidades del análisis.
Poco a poco hemos desarrollado adaptaciones para pacientes psicóticos y decenas de aportes excelentes y exquisitos como Dolto, Lacan, Winnicott, Melanie Klein, han arrojado luz al abordaje de pacientes que han sufrido la deprivación mencionada arriba y que las consecuencias son Trastornos del self.
Estos pacientes con Trastorno Límite de Personalidad (borderline), han sufrido una pérdida temprana, o su entorno no es facilitador, tienen madres con difícil vínculo. 

Las personas enfermas, a menudo, suelen arriesgarse a darlo todo a cambio de nada, un gran riesgo.
Esa dependencia emocional, es fruto de un hambre desmedida de nutrirse de amor pero no suele ser de la forma óptima. Se recurre a la promiscuidad, al abuso de drogas como anestésicos, relaciones inestables y caóticas y dificultades para conocerse, reflexionar sobre sí mismo y sobre los demás, comprender los propios estados de ánimo y los del otro.



Rodrigo Córdoba Sanz.
Especialista en Trastorno Límite de la Personalidad
Experto en Trastornos de Personalidad
Zaragoza. Psicólogo y Terapeuta. 


domingo, 11 de diciembre de 2016

1923 El yo y el ello



"Un in-dividuo es ahora para nosotros un ello psíquico, no conocido e inconsciente, sobre el cual, como una superficie, se asienta el yo". Sigmund Freud

El yo y el ello es el último gran texto metapsicológico de Freud, tras los pasos de Más allá del principio del placer, El yo y el ello es el libro de la segunda tópica, donde se introducen el ello [el otro nombre del ideal del yo]. Esta segunda tópica prolonga la primera [consciente preconsciente inconsciente], ligado al sistema percepción-conciencia y vuelto hacia el mundo exterior, es también un "ser fronterizo", que confluye con el ello [pulsional, inconsciente, pero también hereditario], de igual modo, el superyó, instancia moral y crítica, está también, como heredero del complejo de Edipo, más cerca del ello que del yo. Más que integrarlo a ella, Freud injerta en esta nueva partición del aparato psíquico el segundo dualismo pulsional [Eros y pulsión de muerte].

El yo y el ello puede conducir a equívocos. Probablemente el propio Freud así lo entendió porque parece reducirse al yo-consciente y ello-inconsciente. Su trabajo va mucho más allá que este reduccionismo: "Si se admite la separación que hace poco he propuesto, y que descompone el aparato anímico en un yo dirigido al mundo exterior y dotado de conciencia, y en un ello inconsciente, gobernado por sus necesidades pulsionales, el psicoanálisis deberá calificarse como una psicología del ello (y de sus acciones eficaces sobre el yo)".
Esta frase, escrita menos de un año de la redacción de El yo y el ello es también una interrogación sobre el yo consciente, sobre un yo igualmente dirigido al mundo exterior y sobre un ello más indeterminado, tal vez menos simplemente "pulsional" de lo que Freud dice. En cuanto a la expresión "psicología del ello", debe acaso ponerse en tela de juicio más aún que "psicología del yo".

Empero, no basta con incluir al superyó en el título (El yo, el ello y el superyó) para situar mejor el contenido de la obra. En realidad, con El yo y el ello, Freud compone un conjunto que reúne e intenta unificar la primera y la segunda tópicas agregándoles el segundo dualismo pulsional (Eros y pulsión de muerte). Componer, reunir, unificar: tales son, como es sabido, los objetivos que Freud atribuye a Eros y al yo. Sin embargo, El yo y el ello es todo menos una síntesis lograda las diferentes piezas de una y otra tópicas se ajustan mal y no hallan entre sí su exacta correspondencia.
El libro podría haberse llamado: El yo y el ello, eros y pulsión de muerte, pero no, El yo (eros) y el ello (pulsión de muerte). Si bien Freud parece por momentos encauzarse en el sentido de esta ecuación, sobre todo en las últimas líneas del texto, se conforma, prudente, con hacer del ello el lugar donde cohabitan las pulsiones eróticas y las pulsiones de muerte.



François Robert: Prólogo "El yo y el ello". Amorrortu. 2015

viernes, 9 de diciembre de 2016

El deseo es la metonimia de la carencia de ser



"El deseo es la metonimia de la carencia de ser". Jaques Lacan.

El deseo es estructuralmente imposible de satisfacer. La necesidad puede ser satisfecha. Siempre queda algo por desear. 

Lacan sostiene que mientras que la histeria se caracteriza por el deseo insatisfecho, la neurosis obsesiva se caracteriza por el deseo imposible. Ambas son estrategias para mantener el deseo en el cuadro.



Bruce Fink: Lacan a la Letra

lunes, 5 de diciembre de 2016

Freud. Contribuciones a la psicología del Amor



"En efecto, nadie posee más que una madre, y el vínculo con ella descansa sobre el fundamento de un suceso a salvo de cualquier duda e irrepetible". Sigmund Freud

Las "Contribuciones a la Psicología del Amor" agrupan tres textos cuya reunión era un anhelo constante de Freud. ¿Qué dicen ellos del amor? 

Paradójicamente, que es una cuestión de escisión: escisión del objeto del amor entre las figuras  [aunque no son exactamente figuras] de la mamá y la "puta", y falta de conjunción de las corrientes tierna y sensual, de la cual resultan, en el hombre, la impotencia psíquica, y en la mujer, la compleja negación con la prohibición. Toda paradoja responde a una doble lógica. Por un lado, la escisión del amor está presa en otro clivaje, de mayor alcance, que separa las "exigencias de la sexualidad" de los "requerimientos de la cultura". 

Por el otro, se pregunta con insistencia por qué ha sido necesario incurrir a la paradoja, lo que esta dice sólo puede aprehenderse mediante la inmersión en el propio texto que la pone en ejecución: la difícil y sublime escritura de Freud.

En efecto, nadie posee más que una madre

Las contribuciones a la psicología del amor. 1910. 1912. 1917.

Freud siempre quiso verlos reunidos bajo ese título. 

1. El primero de estos trabajos, que aborda "un tipo particular de elección de objeto en el hombre", gira en torno al hombre que escoge una mujer ya comprometida (hace falta un "tercero perjudicado" y una moción de hostilidad hacia él), 2.  "cuya conducta sexual merezca de algún modo mala fama" y que suscite (salvo con respecto al tercero perjudicado) celos intensos, pero 3. queda sea tratada por "los amantes del tipo considerado (...) como objeto amoroso de supremo valor". Un vínculo de amor que colme la vida amorosa, sino en la "formación de una larga serie", 4. y a quien se procura rescatar, y los dos últimos, al comportamiento del amante, forman una "conjunción [que] no se entiende" pero que admite un "ahondamiento psicoanalítico". El ahondamiento psicoanalítico "fácil" va a asociar esta "constelación materna". No obstante, por fácil que ello sea, su producto no deja de ser un texto de extrema complejidad.
El punto de partida de la segunda de las "contribuciones" es la "afección" que motiva con mayor frecuencia la apelación a un psicoanalista: la impotencia psíquica. Este es el resultado de la falta de la falta de conjunción de la corriente "tierna" y la corriente "sensual", que son las dos grandes corrientes de la vida amorosa: "Cuando aman no anhelan, y cuando anhelan no pueden amar". Esto permite comprender, asimismo, los motivos que impulsan al "tipo de hombre" del primer texto a degradar a la madre al rango de "prostituta". Sin embargo, esta "doctrina" de la impotencia psíquica "deja subsistir el enigma de que otras personas puedan escapar a este padecimiento". De echo muy pocos hombres escapan por completo a él, así como son pocos los que se hallan totalmente exentos de la polaridad entre la mamá y la puta que determina la división de su amor.
Lo patológico hace ver una condición que es, igualmente, la ley de la vida normal. Esta condición también rige, por lo tanto, la vida amorosa de las mujeres: la frigidez es en ellas el equivalente de la impotencia psíquica, pero la diferencia entre hombre y mujer radica en que no hay en esta ni sobrestimación ni tendencia a degradar el objeto amoroso. La condición de la vida amorosa femenina es que halla prohibición, y la frigidez es la falta de conjunción de la "corriente tierna" y la "corriente sensual" que aparece bajo esa condición. 

La investigación de Freud radica en la escisión entre las "exigencias de la sexualidad" y los "requerimientos de la cultura", un conflicto acerca del cual él parece poco inclinado a pensar que pueda resolverse... Las hipótesis con que concluye el texto se ponen bajo el signo de la fórmula que reza "La anatomía es el destino".

El tercer texto parte de un dato antropológico desconcertante: el hecho de que, en algunas sociedades primitivas contemporáneas, la desfloración de la desposada y la primera relación sexual con ella quedan a cargo de alguien que no es el esposo. Este dato resulta desconcertante para una cultura en la cual es evidente que "la exigencia de que la novia no traiga al matrimonio el recuerdo del comercio sexual con otro hombre no es más que la aplicación consecuente del derecho de la propiedad exclusiva sobre una mujer, es la esencia de la monogamia: la extensión de ese monopolio hacia el pasado".

Freud extiende la hipótesis formulada por Krafft-Ebing. Propuestas, también antropológicas. Y un tercero supone que "el tabú de la virginidad pertenece a una vasta trama en la que se incluye la vida sexual entera". Freud extiende la hipótesis a "nuestra época": el tabú de la virginidad expresaría, entonces, un "horror básico a la mujer. Acaso se funde en que ella es diferente al varón, pertenece eternamente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil". Empero, en estas explicaciones no hay nada que incumba con exactitud a la cuestión examinada por él: la base del tabú "es, evidentemente, el propósito de denegar o ahorrar precisamente al futuro esposo algo que es inseparable del primer acto sexual, aunque, de ese mismo vínculo no podría menos que "derivarse una particular ligazón de la mujer con ese hombre e especial".

"¿Cuáles son los elementos -las mociones- ligados al primer coito que hace que la mujer no se sienta dichosa?
1) El dolor de la desfloración y, sobre todo, la afrenta narcisista y la degradación del valor sexual de la mujer desflorada.
2) El hecho de que "expectativa y cumplimiento" no puedan coincidir. La prohibición hace que "el comercio legal y permitido no se sienta la misma cosa", y la mujer, a veces, "sólo reencuentra su sensibilidad tierna en una relación ilícita".
3) A causa de la regularidad y la potencia de las "primeras colocaciones de la líbido", es la intensidad de la fijación al padre o al hermano lo que condiciona el rechazo del esposo, que no puede ser más que un sustituto.
4) Finalmente, "la envidia del pene", que corresponde al complejo de castración. "La sexualidad inacabada de la mujer se descarga en el hombre que le hace conocer por primera vez el acto sexual".
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta:
Es obvio el contexto
psicológicosocial y antropológico de este ensayo de Freud, donde, como todos vemos, sitúa a la mujer como una persona incompleta. 

Freud: "Contribuciones a la psicología del Amor".

Por qué no debemos analizar con nuestro propio ser



"Si se forman analistas es para que haya sujetos tales que en ellos el yo esté ausente. Éste es el ideal del análisis, que,  desde luego, es siempre virtual. Nunca hay un sujeto sin yo, un sujeto plenamente realizado, es esto lo que hay que intentar obtener siempre del sujeto en análisis". Lacan, Seminario 2

Habiendo mencionado la "personalidad" (más específicamente, la diferencia entre interpretar desde la posición del Otro y hacerlo sobre la base de la propia personalidad), consideremos cómo ella se relaciona con lo que Lacan denomina el "ser" en este escrito. 

En La interpretación de los sueños, James Strachey traduce como "el núcleo de nuestro ser".
En ese texto, Freud nos dice que el núcleo de nuestro ser consciente en "mociones de deseos inconscientes". Se trata de los procesos primarios, que nos caracterizan, en primer lugar, en comparación con los procesos secundarios, que sólo llegan a caracterizarnos en el curso de los años y no hacen más que dirigir y desviar los procesos primarios en lugar de sobrescribirlos o erradicarlos. El "núcleo de nuestro ser" consta, por lo tanto de mociones de deseo (gobernadas por el proceso primario) que se retrotraen a la primera infancia y que constituyen nuestros impulsos "primitivos" duraderos.

El término "ser" aparece en el texto de Lacan unas líneas más abajo, cuando cita la concepción de Nacht: "el analista cura menos por lo que dice y hace por lo que es". En el trabajo de Nacht, el ser del analista ("lo que es") es la personalidad del analista. Nacht enfatiza "la importancia de la personalidad del analista", que debe ser "lo más armoniosa y equilibrada posible". Incluso llega a decir que aunque se emprenda una formación analítica, la personalidad no necesariamente se vuelve apta para ser analista, "son necesarios ciertos dotes innatos". En otras palabras, o nacemos con la pasta adecuada o no, y en este último caso, por más análisis que hagamos, no podremos ocupar la posición analítica apropiada. Nacht sostiene, entonces, que sólo cierto tipo de personas, personas con cierto tipo de personalidad, pueden ser analistas. 

Claramente, no hay "ninguna trascendencia en el contexto", es decir, no hay modo de trabajar sobre la base de algo más objetivo, como aquello que aporta el Otro.
Comparemos el trabajo de Nacht con lo que dice Lacan: "Está tanto menos seguro de su acción cuanto que en ella está más interesado en su ser". En otras palabras, cuanto más el analista deja que su personalidad sea su guía, menos seguridad tiene de lo que está haciendo. 

Lacan agrega que el analista "haría mejor en situarse a partir de su falta de personalidad, podríamos decir, a partir de lo que es o del lugar donde se ubica cuando la personalidad se ha ocurrido a un costado: el Otro. Escuchar un lapsus o un murmullo no tiene nada que ver con su ser sino más bien como algo dirigido a otra parte, a algo o alguien más.

Lacan: "Queremos dar a entender que es en la medida de los callejones sin salida encontrados al captar su acción en su autenticidad, como los investigadores, tanto como los grupos, llegan a forzarla en un sentido de poder".

En sus "Trabajos sobre técnica psicoanalítica", Freud nos dice de manera explícita que en ocasiones  hay pacientes "a quienes es preciso consagrarles más tiempo que el promedio de una hora de sesión, es porque ellos pasan la mayor parte de esa hora tratando de romper el hielo, de volverse comunicativos".

Bruce Fink: Lacan a la letra. Gedisa. 2016. Barcelona.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Amor Ambivalente



"Los niños comienzan amando a sus padres, después de un tiempo los juzgan, rara vez, si acaso, los perdonan". Oscar Wilde


Si la característica fundamental de los padres hacia sus hijos es un amor incondicional, la característica emblemática es, en cambio, para los hijos, la ambivalencia. Por tanto, debemos respetar que nos quieran y nos odien un poquito. 

Los hijos necesitan estos dos sentimientos, que son complementarios e imprescindibles para que los más jóvenes se desarrollen adecuadamente y lleguen a convertirse en adultos maduros, independientes y capaces de desplegar todo su potencial.
Nuestros hijos acabarán amándonos por los cuidados recibidos desde su época de bebé, cuando la mamá debe presentarse ante la criatura como "una madre suficientemente buena", al decir de Winnicott.
 
Más adelante, serán moldeados por nuestros condicionamientos, nuestra cercanía, nuestras caricias, pero también estaremos poniéndoles límites para protegerlos y educarlos, circunstancia que no entenderán en un primer tiempo. Nadie se siente agradecido por las frustraciones, y los niños menos. Con todo derecho se enojarán con nosotros, y, a menudo, sin dejar de amarnos.
De niños necesitamos tanto de nuestro padre como de nuestra madre, somos tan dependientes de ellos, los vemos tan grandes y poderosos que es casi imposible que no nos idealicen. Esto nos proporciona seguridad. Cuando somos muy pequeños, pensar que nuestros padres lo saben todo y lo pueden todo no es sólo natural sino conveniente y necesario. Tan conveniente y necesario, como inconveniente y pernicioso puede resultar que esa creencia idealizada se mantenga mucho más allá de la niñez.

Paul Auster, escritor norteamericano, editó hace unos años un libro en el que recopilaba pequeñas historias reales escritas por aficionados. La antología tomó como título: Creía que mi padre era Dios.
Esta frase expresa, de forma bella y sencilla, como contundente la idealización de los padres.
Es sano que exista cierta desilusión después de creer que Mi padre era Dios.

Es así que la decepción de darnos cuenta de las limitaciones de nuestros padres se convierte en algo sano y necesario, pues abre un espacio fructífero en el que cada uno de nosotros irá hallando sus propios modos de hacer las cosas, teniendo propias opiniones sobre el mundo y volviéndose cada vez más responsable de conducir su propia vida, un espacio, en suma, en el que volverse adulto.
Todos los padres dejan huella en sus hijos, claro que después es el hijo el que, al decir de Jean-Paul Sartre: "qué hacer con las cosas que han hecho de nosotros". O bien, John Bradshaw: "qué haremos con el niño herido que aún sigue viviendo entre nosotros".
"Te amo por los cuidados que me prodigas y tu intención, te guardo rencor por tu decisión de someter mi voluntad a la tuya".

Desobedecer y Aventurarse

Ir más allá de los mandatos paternos y maternos es doblemente difícil. Requiere el desafío de asumir la responsabilidad por lo que nos suceda de allí en adelante.
La sobreprotección es el polo opuesto a la moral "laxa" y ni una ni otra facilita el crecimiento del niño. Esto les dejaría sin recursos propios ante las dificultades y peligros de la vida.
El desprendimiento de los hijos es doloroso, aunque recomendable, así como es duro para un hijo salir del nido y afrontar la vida con conciencia, respeto y responsabilidad.
Aquellos padres que permiten hacer todo a sus hijos están haciendo un flaco favor a sus hijos, se les deja sin recursos, sin tolerancia a la frustración y la dificultad de absorber los golpes cuando los padres no están allí.

Lo mejor que pudieron

En ocasiones, las fallas de nuestros padres nos enfadan. No podemos aceptar que tengan límites y nos resulta doloroso pensar que no son personas omnipotentes.
En ocasiones, es simplemente el miedo a la libertad y la incertidumbre lo que nos disuade de seguir adelante. Disfrutar de un espacio de libertad puede dar miedo, como una mala lealtad que tengamos hacia ellos, nos hacen sentir como una traición al ver sus carencias como padres.
Podría decir de tus padres, de los míos y de todos los padres del mundo, incluído yo, sin temor a equivocarme:

"Nosotros los padres, no pudimos hacerlo mejor. 
Con lo que sabíamos, con lo que teníamos, 
Quisimos, probamos, intentamos..., 
algunas cosas nos salieron bien y otras no".


La pena que puede generarnos pensar a nuestros padres de este modo, nos protege de un mal mucho mayor que es el resentimiento hacia ellos.
Se dice que culpar a nuestros padres no sirve de nada, y es cierto. Tenemos que ser justos en lo que nos dieron o no por amor. Entender que pudieron fallarnos y decirlo. Esto vincula emocionalmente la relación, con plenitud y aceptación.
Para aquellos convertidos en padres, el desafío es aceptar decepciones de nuestros hijos hacia nosotros.
Después de tanta vuelta se retoma a Oscar Wilde: Nos han amado, nos han juzgado y con algo de suerte, nos perdonarán.

viernes, 23 de enero de 2015

David Liberman y las criaturas



En los años 80, David Liberman desplegó una propuesta para la investigación clínica en psicoanálisis con niños. Su planteo aporta una nosografía compuesta por seis estructuras clínicas o para decirlo en sus términos, estilos de juego. Dentro de cada estilo define a su vez, un funcionamiento patógeno (en que describe fijaciones, defensas, tipo de juego predominante y de vínculo en sesión) de uno normal (para el cual define también fijaciones, defensas, tipo de juego y vínculo transferencial). Lo más destacable es que sus consideraciones metapsicológicas se basan en el material que surge del juego concreto del niño en sesión. Este artículo se propone volver a echar luz sobre esta valiosa e injustamente olvidada contribución teórica y clínica. No se trata de una propuesta acabada, más bien está sujeta a múltiples revisiones a partir de la investigación clínica. Creemos sí, que puede resultar un buen instrumento para diseñar investigaciones que profundicen la investigación sistemática en psicoanálisis con niños.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Sheldon Lee Cooper




Sheldon Lee Cooper es el personaje central de la serie cómica The Big Bang Theory, interpretado por Jim Parsons.
Nació en Texas y desde muy pequeño demostró ser un niño poco común, su inteligencia y curiosidad le llevó a crear un robot con circuitos integrados utilizando el horno de juguete de su hermana melliza Missy.
Posee un C.I. de 187 y memoria eidética. Ganó el premio Stevenson a los catorce años y medio, además del premio Canciller de ciencia. Tiene dos doctorados y un máster. Obtuvo su primer doctorado a los 15 años. Da por supuesto que algún año ganará el Premio Nobel.
Actualmente es físico teórico y trabaja en el Instituto de Tecnología de California junto a sus compañeros Howard Wolowitz, Rajesh Ramayan Koothrappali y Leonard Hofstadter.

Las personas con este estilo de personalidad suelen ser:
  • Curiosos.
  • Mentalmente alerta.
  • Inteligencia muy aguda.
  • Creen que  “el conocimiento es poder”.
  • Intelectualmente arrogantes.
  • Analíticos.
  • Objetivos.
  • Desconexión y desapego emocional.
  • Falta de empatía.
  • Distantes.
  • Introvertidos.
  • Sentimiento de vacío.
  • Dificultades para socializar más de un rato (luego se aíslan).
  • Minimalismo por desapego.
  • No soportan a la gente que expresa emociones de forma desbordada
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Estas personas se encuentran atrapadas en sus cabezas, pensando, ya que pensar sobre cómo actuar, sentir y relacionarse es siempre más seguro y menos amenazante que experimentarlo.
“Perdona, como sabes, no soy muy bueno leyendo las expresiones faciales, pero esta vez voy a arriesgarme: estás triste, o tienes náuseas” – Sheldon Cooper

Los Simpsons y Eneatipos.


En filmoterapia abordamos muchas maneras de trabajar en uno mismo, desde la fortalezas psicológicas hasta los beneficios de las emociones, tenemos en cuenta todos aquellos recursos que nos ayuden a trabajar en nosotros mismos por eso esta semana comenzamos un especial sobre una muy atractiva herramienta para conocerse y trabajar en uno mismo.  Hablamos del eneagrama, un mapa de la personalidad que distingue nueve patrones básicos de conducta y con un enorme potencial como herramienta de desarrollo personal.
El eneagrama se compone de 9 arquetipos o estilos básicos de personalidad (los eneatipos), muy diferentes entre si y en donde ninguno es mejor ni peor que otro; cada tipo tiene sus ventajas y desventajas, sus fuerzas y debilidades únicas. Al identificarnos con alguno de estos 9 eneatipos podemos ampliar nuestro conocimiento sobre nosotros mismos y lo más importante, aprender cual es el mejor camino para sentirnos mejor (y ser más felices) en nuestra vida. Además nos puede ayudar a comprender más a los demás al entender finalmente sus motivaciones (muchas veces diferentes a las nuestras), un aspecto fundamental para las relaciones de todo tipo.
Es muy importante dejar claro que el eneagrama no es tanto una herramienta de diagnostico de personalidad si no una especia de “mapa” que nos da las pistas para trabajar en uno mismo, un recurso que nos puede ayudar mucho si lo utilizamos con flexibilidad, apertura de mente y perspectiva. Una de las claves del éxito del eneagrama es que es uno de los recursos psicológicos más personalizados que existen, por eso cada vez se utiliza más en contextos tan diferentes como  el empresarial, el espiritual, la psicoterapia o el coaching.
En filmoterapia queremos incorporar este recurso y dedicarle varios especiales por que  forma un tándem insuperable junto al cine. Un personaje bien trabajado en una película (o serie) posee una personalidad tan bien definida que fácilmente asociamos con alguno de los tipos del eneagrama (destacar que muchos directores, guionistas y actores utilizan el eneagrama como guía insuperable para la creación de personajes). Al asistir a la evolución del personaje a lo largo de la película somos testigos directos del camino para el crecimiento (o autodestrucción) de este personaje. Si aprendemos a trabajar desde el eneagrama y nos identificamos con su eneatipo podemos aprender mucho de su desarrollo, sin duda cine y eneagrama son dos ingredientes fundamentales para la filmoterapia.
LOS SIMPSONS Y LOS 9 TIPOS DE PERSONALIDAD

Esta semana presentamos los 9 tipos de personalidad del eneagrama de una manera muy original y muy filmoterapeutica, a través de una de las mejores series de la historia: Los Simpsons. Esta serie nos presenta un conjunto de personajes muy bien caracterizados  y muy conocidos para todo aquel que haya visto algo la televisión en los últimos 25 años, unas condiciones perfectas para nuestro objetivo, presentar el eneagrama a través de 9 personajes de Los Simpsons. Es cierto que tras más de 500 capítulos los personajes muchas veces muestran varias caras de su personalidad y que al fin y al cabo siguen siendo personajes de dibujos animados pero aun así la genialidad de Matt Groening al caracterizarlos nos servirá para introducir al eneagrama.
Marge, Bart, Homer, Lisa, el hermano gemelo de Homer, Flanders, Krusty el payaso , el encargado de la tienda de comics  y Smithers serán nuestros invitados. Insistimos que muchos de estos personajes muestran a veces estilos de personalidad diferentes y que podrían incluirse en algún otro eneatipo pero nos quedamos en los aspectos más visibles y reconocibles de cada uno de estos personajes que nos servirán para conocer mejor el eneagrama.
Recordemos que el eneagrama es una herramienta que no se resume en 9 números ni se simplifica a través de los caracteres de personajes de ficción por muy bien caracterizados que estén, el ser humano es mucho más complejo que todo esto, por eso preferimos decir que somos un universo de puntos que tendemos a alguno de los tipos del eneagrama, lo que conlleva una flexibilidad que nos permite centrarnos en nuestro eneatipo pero aprendiendo siempre de todos los demás.
Damos paso sin más demora a nuestros invitados estelares para que nos introduzcan a los 9 tipos de personalidad del eneagrama.
1. El ético. El tipo idealista de sólidos principios,  personas que se basan mucho en sus valores personales como motor de vida y con un  fuerte sentido del bien y del mal .En su versión menos sana pueden caer en una rigidez de estos valores y adoptar una visión extremista (perfeccionismos, dogmatismos, moralismo, etc) de la vida. Si consiguen flexibilizar estos valores y su visión del mundo (y de ellos mismos) aprenden  a ser más naturales, felices, éticos y sabios.
2. El ayudador. Personas orientadas a los demás cuyo motor de vida es dar, escuchar, regalar, apoyar, alentar… El problema de estas personas es que pueden llegar a confundir prioridades vitales y poner a los demás por delante de ellas (con todas las consecuencias negativas que esto pueda tener). Paradójicamente en cuanto aprenden a pensar más en si mismos se vuelve más altruistas, comprensivos y equilibrados.
3. El triunfador. Personas orientadas al éxito, adaptables y constantemente motivadas para conseguir sus metas. El problema que pueden tener es que se queden en ese halo de éxito y se preocupen demasiado de su imagen sin tener en cuenta otros aspectos de su vida ni profundizar en si mismos. Paradójicamente cuando están dispuestos a perder y a mostrar su cara más vulnerable aprenden a triunfar de verdad en sus vidas, son más auténticos, se aceptan e inspiran a otras personas.4. El artista. Personas orientadas a si mismas, que buscan sentirse especiales y diferentes de los demás. Son muy introspectivas, sensibles y emocionales. El problemas es que muchas veces pueden ahogarse en si mismas, volviéndose inseguras, susceptibles, aislándose de los demás y creando mucha ansiedad. Si aprenden a ser “normales”, a sentir “normal”, a mirar su lugar en el mundo con “normalidad”  son capaces de inspirarse, de ganar identidad y ser más creativos, capaces de renovarse y transformar sus expe­riencias.
5. El experto. El tipo cerebral, curioso y vehemente. Le apasiona aprender y sentirse un experto. El problema que pueden llegar a tener es que se refugien en el cerebro dejando de lado otras áreas importantes de sus vida, pueden volverse obsesivos, excéntricos y aislarse de los demás. Si aprenden a estar en contacto con sus emociones, instintos y su cuerpo como un todo su capacidad de innovación, su curiosidad y su visión de la vida se equilibra y mejora.
6. El leal. El tipo comprometido, orientado a la seguridad. Necesitan redes de seguridad para sentirse seguros, ser leales a personas, relaciones, ideas o estructuras. Este hecho les puede volver muy indecisos, evasivos, inseguros y contradictorios. Paradójicamente en cuanto aprenden a ser más independientes y autónomos crean redes más fuertes, gana en seguridad y se vuelven personas mucho más estables.
7. El entusiasta. El tipo activo, optimista y vitalista. Son personas muy orientadas al disfrute, el problema es que muchas veces cuando se sienten estresados o tienen un problema se evaden demasiado, se vuelven impulsivos y no saben parar. Si aprenden a  parar y profundizar con serenidad en su interior se vuelven personas muy equilibradas, dignas,  capacitadas y sobre todo son capaces de conseguir una felicidad mucho más plena.
8. El rebelde. Personas protectoras y muy asertivas. De todo el eneagrama es el que más disfruta del liderazgo, este estilo excesivo e intimidante puede llevarle a problemas de aislamiento con los demás al no poder conectar, además pueden caer en la agresividad y el autoritarismo cuando las cosas no son como ellos quieren. Si aprenden a ser más vulnerables y a dejar a los demás que sean independientes se vuelven más magnánimos y mejores líderes.
9. El conciliador. Orientadas a la tranquilidad y a la paz mental  son personas comprensivas, diplomáticas y pacificadoras. El problema es que muchas veces existen situaciones estresantes que no son capaces de afrontar de manera efectiva, desconectando, evadiéndose  o cediendo con tal de conservar su tranquilidad. En cuanto aprenden a ponerse retos, a ser conscientes de los estresores de su vida y de la importancia del conflicto como parte del crecimiento se vuelven más profundos y mejores mediadores.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Ideas fundamentales de la Gestalt


  1. Vive ahora, es decir, ocúpate del presente más que del pasado y del futuro.
  2. Vive aquí: relaciónate más con lo presente que con lo ausente.
  3. Deja de imaginar: experimenta lo real.
  4. Siente y observa.
  5. Prefiere expresar antes que manipular, justificar o juzgar.
  6. Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer, con conciencia y totalmente, no restrinjas tu percatarte.
  7. No aceptes ningún otro debería o tendría más que los que puedas integrar.
  8. Responsabilízate de tus acciones, sentimientos y pensamientos.
  9. Acepta ser como eres. Acepta lo que hay, lo que Es ahora.