PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Sin conciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sin conciencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de noviembre de 2021

Psicópatas

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: +34 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es                Instagram: @psicoletrazaragoza

A la mayoría de la gente le atraen y a la vez le repelen las imágenes de asesinos fríos y sin conciencia que pueblan películas, programas de televisión y titulares de prensa. Con su flagrante violación de las normas sociales, los asesinos en serie se hallan entre los ejemplos más espectaculares del universo de la psicopatía.

Los individuos que poseen este trastorno de la personalidad se dan cuenta de las consecuencias de sus actos y conocen la diferencia entre el bien y el mal, pero son personas carentes de remordimientos e incapaces de preocuparse por los sentimientos de los demás. Quizá lo más espeluznante sea que, muchas veces, para sus víctimas son sujetos completamente normales.

Este retrato de esos seres está basado en veinticinco años de investigación científica y describe con todo detalle un mundo de estafadores, violadores y demás criminales que engañan, mienten y manipulan allá por donde pasan.

¿Están los psicópatas locos o son simplemente malvados? ¿Cómo podemos reconocerlos? ¿Cómo podemos protegernos de ellos? Este libro proporciona respuestas a estas y otras preguntas mediante información contrastada e interpretaciones sumamente esclarecedoras.

Robert D. Hare es doctor en Psicología y profesor de esta misma materia en la Universidad de Columbia Británica.

Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen porque ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:

  • El lector no debería sumir que un sujeto es un psicópata simplemente por el hecho de que su contexto sea similar al que se describe en este libro.
  • Los psicópatas son depredadores que encandilan, manipulan y se abren camino en la vida sin piedad, dejando una larga estela de corazones rotos, expectativas arruinadas y billeteras vacías. Con una total carencia de conciencia y sentimientos por los demás, toman lo que les apetece de la forma que les viene en gana, sin respeto por las normas sociales y sin el menor rastro de arrepentimiento o piedad.
  • El fracaso a la hora de distinguir entre delincuentes que además son psicópatas de los que no lo son tiene terribles consecuencias para la sociedad.
  • Es probable que uno se tropiece dolorsamente con un psicópata a lo largo de su vida. Por nuestro bienestar, psíquico y financiero es crucial que sepamos identificar al psicópata, protegernos de él y minimizar el daño que nos pueda hacer.
  • En mi opinión, aunque en los últimos cincuenta años se han escrito muchos libros y cientos de artículos sobre la psicodinámica de la psicopatía, no han avanzado mucho en la comprensión de este trastorno.
  • Su juego es la autogratificación a expensas de la otra persona. Muchos pasan algún tiempo en la cárcel, pero muchos otros no. Todos toman más de lo que dan.
  • Para hacerse una idea de la magnitud del problema que tenemos delante, consideremos el dato de que en Estados Unidos hay al menos dos millones de psicópatas; en Nueva York viven por lo menos cien mil. La psicopatía nos toca prácticamente a todos.
  • La prevalencia de la psicopatía en nuestra sociedad es la misma que la de la esquizofrenia.
  • Las expresiones más obvias de la psicopatía comprenden la violación flagrante de las normas sociales.
  • Los psicópatas están en un gran porcentaje entre los perfiles que describen los medios de comunicación (asesinos en serie, violadores, ladrones, timadores, maltratadores, criminales de cuello blanco, tiburones de la Bolsa, abogados perniciosos, barones de la droga, jugadores profesionales, miembros del crimen organizado, médicos a los que han retirado sus licencias, terroristas, líderes espirituales, mercenarios y hombres de negocios sin escrúpulos).
  • Los asesinos psicópatas no están locos, según los cánones legales y psiquiátricos. Sus actos no son el resultado de unas mentes trastornadas, sino de una racionalidad calculadora combinada con una incapacidad escalofriante para tratar a los demás como seres humanos pensantes y sensibles.
  • Es cierto que las infancias de algunos psicópatas se caracterizaron por la carencia emocional y material o los abusos físicos, pero por cada psicópata adulto con una infancia penosa nos encontramos otra con un hogar aparentemente cálido, con hermanos normales, capaces de amar y cuidar a los demás. La mayoría de las personas que han tenido infancias terribles no se convierten en psicópatas o asesinos.
  • Si no somos capaces de distinguirlos, estamos destinados a ser sus víctimas, como individuos y como sociedad.
  • La distinción entre asesinos trastornados y asesinos cuerdos pero psicópatas no está tan clara.
  • A veces, se usa el término sociopatía porque es menos probable que se confunda con psicoticismo o locura que la palabra que usamos nosotros: psicopatía.
  • Muchos clínicos han asumido por error que trastorno de personalidad antisocial y psicopatía son sinónimos. La mayoría de los criminales no son psicópatas.
  • El Psychopathy Checklist se usa ahora en todo el mundo para ayudar a los clínicos a distinguir, con una eficiencia razonable, los auténticos psicópatas de las personas que simplemente se saltan las normas.
  • Síntomas clave de la psicopatía:
    • Emocionales/interpersonales
      • Mente simple y superficial.
      • Personalidad egocéntrica y presuntuosa.
      • Falta de remordimientos o culpa.
      • Falta de empatía.
      • Persona manipuladora y mentirosa.
      • Portador de emociones superficiales, banales.
    • De desviación social.
      • Impulsividad.
      • Poco control de su conducta.
      • Necesidad de excitación.
      • Falta de responsabilidad.
      • Problemas de conducta en la infancia.
      • Conducta antisocial de adulto.
  • Una característica es que muchas veces se muestran como si no les importase que les descubran.
  • Los psicópaas tienen una visión narcisista de la vida. Se creen el centro del universo, seres superiores a los que se debiera permitir vivir según sus propias normas.
  • Se presentan muchas veces de manera arrogante y fanfarrona, seguros de sí mismos, dogmáticos, dominantes y chulos. Les encanta tener el poder y control sobre los demás y parecen incapaces de creer que los otros tienen opiniones válidas.
  • Raramente se avergüenzan de sus problemas legales, financieros o personales.
  • Muestran una increíble falta de interés por los devastadores efectos que sus acciones tienen en los demás. No se arrepienten en absoluto del dolor y la destrucción que han causado y afirman que no hay razón para preocuparse.
  • La falta de remordimiento o culpa de los psicópatas está asociada con una notoria habilidad para racionalizar su conducta y así zafarse de la responsabilidad de sus acciones.
  • Aunque a veces admita haber llevado a cabo actos delictivos, minimizará en gran medida o incluso negará las consecuencias de los mismos en los demás.
  • En un giro irónico, se ven a sí mismos como las víctimas reales.
  • Una profunda fala de empatía, parecen incapaces de “ponerse en la piel” de los demás, excepto en un sentido puramente intelectual. Los sentimientos de los demás no son de su interés.
  • Ven a la gente como meros objetos que les pueden dar gratificaciones.
  • La indiferencia a ser descubierto es extraordinaria.
  • Parecen sufrir una especie de pobreza emocional que limita el rango y la profundidad de sus sentimientos. Suelen aparecer como seres fríos y sin emociones, pero hay ocasiones en que muestran sentimientos, aunque apagados.
  • No suelen pasar mucho tiempo sopesando los pros y los contras de un curso de acción o considerando las posibles consecuencias.
  • Tienden a vivir al día y a cambiar de planes frecuentemente. No le dan mucha importancia al futuro. No les preocupa lo que suceda mañana. De hecho, tampoco les importa mucho el pasado.
  • Tienen la cabeza caliente y tienden a responder a la frustración, al fracaso, a la disciplina y a la crítica con repentina violencia, amenazas y ataque verbal. Se ofenden muy fácilmente. Sus estallidos, que pueden ser extremos, son generalmente de poca duración y una vez acabado el episodio actúan como si nada hubiese pasado.
  • Tienen una gran necesidad de excitación: desean vivir en la cuerda floja o “al límite”.
  • La mayoría empiezan a mostrar importante problemas de conducta a una temprana edad.
  • Una temprana crueldad con los animales es normalmente un signo claro de problemas emocionales y de conducta.
  • La crueldad con los otros niños también es parte de esa incapacidad para experimentar la empatía necesaria para aplacar los instintos que tenemos de infligir dolor a los demás, aunque estemos enfadados.
  • Son gente promiscua y tienen muchos hijos, algunos de los cuales puede heredar la predisposición al trastorno.
  • Si el crimen es la descripción del puesto de trabajo, el psicópata es el candidato perfecto.
  • Si rascamos en la superficie de la población de recursos de cualquier prisión encontraremos una especie de código moral, no necesariamente el código de la ciudadanía normal, pero de todas formas un código, con sus normas y obligaciones.
  • Ser un delincuente no significa necesariamente que no se tenga conciencia.
  • No muestran lealtad a grupos, códigos o principios más que al de “ser el número uno”.
  • Cerca de un 20% de reclusos, hombres y mujeres, son psicópatas; son responsables de más del 50% de los crímenes más graves que se cometen.
  • La estructura de la personalidad de los psicópatas supone un peligro para la sociedad.
  • Se las arreglan para llevar a cabo el doble de actos violentos y agresivos que los otros delincuentes, fuera y dentro de la cárcel.
  • Su violencia es insensible e instrumental, y su reacción suele ser de indiferencia. Y se puede precicpitar fácilmente con hechos de la vida cotidiana.
  • La tasa de reincidencia de los psicópatas es el doble que la de los otros delincuentes. La tasa de reincidencia de actos violentos es el triple de la de los otros delincuentes.
  • La investigación demuestra que muchos de los que disminuyen su actividad delictiva con la edad siguen teniendo la misma personalidad esencial. La diferencia es que aprenden a satisfacer sus necesidades de manera menos antisocial que antes.
  • George Bernard Shaw: “Los defectos del ladrón común son exactamente las cualidades del financiero”.
  • A diferencia de los delincuentes de cuello blanco “ordinarios”, los psicópatas engañan y manipulan no sólo a aquellos que les pueden proporcionar grandes sumas de dinero, sino también a sus amigos, familia y sistema judicial.
  • Distorsionan fácilmente la realidad incluso cuando saben que los demás están al corriente de sus fechorías.
  • Sus maniobras se ven facilitadas por la credulidad de la gente, personas que confían demasiado en la bondad del hombre.
  • Periodista: “No hay delito más humillante para el americano que ser un estúpido”.
  • Muchos psicópatas nunca ingresan en la cárcel ni en ningún otro centro. Son tan egocéntricos, insensibles y manipuladores como el resto; sin embargo, su inteligencia, su familia, sus habilidades sociales y sus circunstancias les permiten construir una fachada de normalidad y obtener lo que desean con relativa impunidad. Prefiero darles el apelativo de psicópatas predelincuentes.
  • A los psicópatas que piensan a lo grande no les faltan las oportunidades.
  • Fiscal: “Las cárceles federales para los ricos y privilegiados son una desgracia nacional”.
  • Todos somos vulnerables. A poca gente se la puede considerar tan sofisticada y perceptiva como para no caer en las maquinaciones de un psicópata.
  • La mentira patológica y la manipulación no son aptitudes reservadas a los psicópatas. Lo que les hace diferentes es la facilidad con la que mienten, la dominación del engaño en sus vidas y la insensibilidad con la que lo llevan a cabo.
  • El psicópata es como una persona con daltonismo que ve las cosas en tonalidades grisáceas, pero que ha aprendido a manejarse en un mundo de colores. Ha aprendido que la señal roja de los semáforos es la que está arriba.
  • Responden a las palabras emocionales como si fuesen neutrales.
  • Tienen un modo particular de responder a las preguntas: nunca dejan clara la respuesta. A veces, simplemente, no responden.
  • Molière: “Las personas puede ser inducidas a creer cualquier cosa con tal de que se le sazonen con alabanzas”.
  • La psicopatía no brota repentinamente, sin anunciarse, en la edad adulta. Los precursores del perfil descrito en los capítulos precedentes se revelan ya en la primera infancia.
  • La evidencia clínica y factual indica que la mayor parte de los padres de hijos diagnosticados como psicópatas son dolorosamente conscientes de que algo marchaba mal incluso antes de que el niño comenzar la escuela.
  • La “biblia” de la diagnosis psiquiátrica es el DSM-IV, de la American Psychiatric Association.
  • Si la intervención puede tener alguna oportunidad de éxito será si se lleva a cabo en la infancia. En la adolescencia, las posibilidades de cambiar los patrones de comportamiento del psicópata en estado embrionario son reducidas.
  • No puedo 
  • encontrar ninguna evidencia de que la psicopatía sea el resultado directo de factores sociales o ambientales en la infancia.
  • La tesis que yo defiendo es que la psicopatía surge de una compleja y poco entendida interacción entre diferentes factores biológicos y fuerzas sociales. Los elementos necesarios para el desarrollo de la psicopatía son proporcionados en parte por la naturaleza y posiblemente por algunas influencias biológicas desconocidas en el desarrollo del feto y del recién nacido. Como resultado, la capacidad para desarrollar controles internos y conscientes y para hacer “conexiones” emocionales con los otros es muy reducida.
  • Nuestra sociedad se está moviendo en la dirección de permitir, reforzar e incluso valorar algunos de los rasgos patológicos enumerados en el Psychopathy Checklist (impulsividad, irresponsabilidad, falta de remordimientos, etc.), nuestras escuelas pueden estar creando un microcosmos muy peligroso. Una “sociedad camuflada”, donde los verdaderos psicópatas se pueden ocultar muy bien para continuar sus caminos de destrucción y autogratificación.
  • ¿Qué es lo que he hecho mal como padre para criar a un hijo así? La respuesta es: posiblemente nada.
  • La evidencia cotidiana nos lleva a pensar que el comportamiento de los padres no tiene nada que ver con ello.
  • El comportamiento de los padres puede no ser responsable de los ingredientes esenciales del trastorno, pero es posible que tenga mucho que ver con el desarrollo y la expresión del síndrome. Qué duda cabe de que un ambiente social y físico desfavorable o una mala educación por parte de los padres puede exacerbar problemas potenciales.
  • Antes de poder desarrollar programas de tratamiento y control efectivos para los psicópaas debemos identificarlos correctamente.
  • ¿Por qué parece que nada funciona? Una asunción básica de toda psicoterapia es que el paciente necesita y desea que le ayuden. Los psicópatas no sienten que tienen problemas emocionales o psicológicos y no ven razón para cambiar su conducta para adaptarse a unos estándares sociales con los que no están de acuerdo.
  • Desafortunadamente, estos programas terapeúticos sólo proporcionan al psicópata mejores estrategias para manipular, engañar y utilizar a la gente.
  • Saemos que la conducta de muchos psicópatas mejora con la edad.
  • Un buen psicópata puede hacer bailar a cualquier al ritmo que le plazca.
  • Nuestra mejor defensa es entender la naturaleza de estos depredadores humanos.
  • Las personas que viajan solas suelen ser objetivos preferentes de los psicópatas.
  • Los psicópatas son muy habilidosos a la hora de detectar y explotar los puntos débiles de la gente, en apretar los botones adecuados. Su mejor defensa será conocerse a sí mismo: saber cuáles son sus puntos débiles y estar alerta cuando alguien apunte a ellos.
  • Tienen una fuerte necesidad de control psicológico y físico.
  • En gran medida, las 
  • personalidad de los psicópatas están “grabadas en piedra”. Existe poca probabilidad de que cualquier cosa que hagamos produzca cambios fundamentales y perdurables. Algunos algunos “maduran” un poco con los años y, a consecuencia de ello, es más fácil vivir con ellos, en la mayoría de casos siguen siendo los de siempre.
  • Tenemos que aprender a socializarlos, no a resocializarlos.
  • Si fracasamos en resolver el misterio de la psicopatía, el coste financiero y social puede ser impresionante.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Robert Hare: Sentimientos y Relaciones



"¿Que si me importan los demás? Ésa es una pregunta difícil. Sí, supongo que sí... Pero no dejo que mis sentimientos salgan a la superficie... Quiero decir, soy tan cálido y cariñoso como cualquiera, pero admitámoslo, todo el mundo trata de joderte... Tienes que mirar por ti mismo, aparcar tus sentimientos. Digamos que necesitas algo o... alguien se mete contigo... quizá te intenta timar... te encargas del asunto... haces lo que tienes que hacer... ¿Me siento mal si tengo que herir a alguien? Sí, a veces. Pero la mayor parte de las veces es bueno [...]  entre risas, ¿cómo te sentiste la última vez cuando aplastaste un chinche?"

Un psicópata que cumple condena por secuestro, violación y extorsión.

Sabemos que difícilmente confundiremos a aquellos que difícilmente  confundiremos a aquellos que sencillamente no respetan la ley con los que tienen el trastorno del que hablamos. También nos proporciona un retrato detallado de la personalidad de los psicópatas a nuestro alrededor.

SÍNTOMAS CLAVES DE LA PSICOPATIA

a) Emocionales e interpersonales

- Mente simple y superficial
- Personalidad egocéntrica y presentuosa.
- Falta de remordimientos o culpa
- Falta de empatía
- Personalidad manipuladora y mentirosa.
- Portador de emociones superficiales, banales. 

b) De desviación social 

- Impulsividad
- Poco control de su conducta
- Necesidad de excitación
- Falta de responsabilidad
- Problemas de conducta en la infancia
- Conducta antisocial de adulto.

Robert Hare: "Sin Conciencia". Primera edición 2003. Séptima edición 2016.
Publicado en ingles en 1993.
Paidós. Barcelona
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Col.: A-1324 Zaragoza. Experto en Trastornos de Personalidad


sábado, 5 de noviembre de 2016

Confusiones semánticas: antisocial o psicópata



Existe otro término además del psicópata o sociópata, que es el recogido en la American Psychiatric Association, la biblia del diagnóstico de las enfermedades mentales.
Se trata del Trastorno Antisocial de la Personalidad.

El criterio diagnóstico del trastorno de personalidad antisocial consiste fundamentalmente en una larga lista de conductas antisociales o delictivas.

La primera vez que apareció esta lista, el clínico medio no podía evaluar rasgos de personalidad como empatía, egocentrismo, culpabilidad, etc. 

El diagnóstico por tanto, estaba basado en lo que los clínicos estaba basado en lo que podían evaluar sin dificultad, esto es, conductas objetivas objetivamente desviadas según criterios descriptivos del DSM.

Esta pluralidad de términos ha generado bastante discusión. Muchos clínicos han asumido por error que psicópata y trastorno de personalidad antisocial son sinónimos. En el DSM se dice que el "trastorno antisocial de la personalidad" se refiere fundamentalmente a un grupo de conductas delictivas y antisociales. 

La mayoría de los criminales cumplen los criterios para tal diagnóstico. "Psicopatía", en cambio, se define por un conjunto de rasgos de la personalidad y conductas socialmente desviadas.
La mayoría de los criminales no son psicópatas y muchos de los sujetos que consiguen vivir al margen de la ley evitando la cárcel sí lo son.
Si acude a un profesional, asegúrese que conoce bien la diferencia entre trastorno antisocial y psicopatía.

Robert Hare: "Sin conciencia"
Rodrigo Córdoba Sanz: Experto en trastornos de personalidad.

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿Psicópatas o Sociópatas?




Es una cuestión semántica, cuando un individuo nace y no se hace, estaríamos hablando de un psicópata. Ésta es la perspectiva de determinados profesionales de la salud mental. Por tanto si hay factores biológicos, hereditarios hablamos de psicópatas. En cambio, si han existido graves problemas familiares como abandono, negligencia, acoso, maltrato o violaciones se piensa que es un sociópata. Enfoque de la sociología. 

También hay otro factor de exquisitez terminológica, el psicópata puede ser entendido como un enfermo mental e inducir a confusión en las instituciones, sin embargo, un sociópata, al margen de sus condicionamientos, deja claro los orígenes y determinantes.

Mientras que aquellos, incluso Robert Hare entienden que también incluyen elementos biológicos, psicológicos y genéticos, usan, por tanto el término psicopatía.
En cualquier caso, podría ser diagnosticado de diferentes formas según los distintos profesionales.

Robert Hare: Sin Conciencia


Ramificaciones sobre la psicopatía. Robert Hare



La mayoría de investigadores y clínicos usan una acepción muy limitada de este término: psicópata. Todos sabemos que no es como el resto de las enfermedades mentales. Los psicópatas no están desorientados ni viven en otro mundo. Tampoco experimentan alucinaciones o delirios o intenso malestar que caracteriza a la mayoría de trastornos mentales.

A diferencia de los sujetos psicóticos, los psicópatas son racionales y se dan cuenta de lo que hacen y por qué. Su conducta es el resultado de una elección libremente  ejercida.
Por eso, si una persona con un diagnóstico de esquizofrenia rompe determinadas normas sociales - por ejemplo, matar por haber escuchado   voces en su cabeza - decimos, no es responsable de sus actos porque no está en sus cabales. Cuando una persona se le diagnostica una psicopatía y rompe esas mismas normas, se le considera mentalmente sana y va a la cárcel.
.
Muchos de los asesinos, como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Henry Lee Lucas, por nombrar algunos, han sido diagnosticados como psicópatas, lo que significa que están mentalmente sanos y no son psicóticos. Los psicóticos son enviados a un hospital especial para criminales perturbados.
Los que han sido diagnosticados de psicópatas según los cánones psiquiátricos y legales actuales, fueron enviados a la cárcel. Pero la distinción entre asesinos trastornados y asesinos cuerdos no está tan clara. Tal diferencia es el debate de siglos de duración que a veces, ha rayado en lo metafísico.

Robert Hare: "Sin Conciencia"
Rodrigo Córdoba Sanz Experto en Trastornos de Personalidad. Ayuda a las víctimas de género.

Lecciones de un psicópata. Sin conciencia



"Te escogeré de entre la multitud, te desarmará con sus palabras y te controlará con su presencia. A ti te encantarán su ingenio y sus planes. Te lo hará pasar bien, pero piensa que después te pasará factura. Te sonreirá y te engañará y, luego, te atemorizará con su mirada. Y cuando haya acabado contigo, y ten por seguro que lo hará, te abandonará llevándose contigo, y ten por seguro que lo hará, te abandonará llevándose consigo tu inocencia y tu orgullo. Te dejará más triste, pero no más sabio, y durante mucho tiempo te preguntarás qué pasó y qué hiciste mal. Y, después, si otra persona así llama a tu puerta,   ¿abrirás?

De un escrito firmado por un "Psicópata en la cárcel".

En el clásico libro "Sin Conciencia" de Robert Hare
Rodrigo Córdoba Sanz: Experto en Trastornos de Personalidad

lunes, 10 de octubre de 2016

Robert Hare



"Llevaba poco tiempo trabajando en la cárcel cuando la administración me envió un recluso para que le hiciese unas pruebas clínicas. Mi diagnóstico iba destinado al comité de libertad condicional. El interno cumplía una condena de seis años por homicidio sin premeditación. La condena era de seis años. Como en su informe no figuraba la información sobre el delito pedí que me informarse él mismo. Me dijo que un día en la que su novia estaba fuera y su hija pequeña había estado llorando durante dos horas, olía mal, se dispuso a cambiarle los pañales. Se cagó en mi mano y me puso de los nervios. Dijo en un burdo eufemismo de lo que realmente hizo. Y siguió: La cogí por el pie, la levanté y la aplasté contra la pared. Por increíble que parezca, lo dijo con una sonrisa en la cara".

Me quedé asombrado y le eché de mi consulta, en una actitud poco profesional, y no quise volverle a ver. 

Es curioso lo que pasó con este hombre, le dieron la libertad condicional un año después de que yo abandonara la prisión y murió en una persecución policial por haber atracado un banco. El psiquiatra de la cárcel le había diagnosticado de psicopatía y recomendó que no se le diera la libertad condicional..."
Robert Hare: "Sin Conciencia"

sábado, 8 de octubre de 2016

El miedo de Robert Hare



Ray le coaccionó con una navaja en su primer día de psicólogo de la Penitenciaría. 

Según cuenta Hare le presionó y provocó un desastre en su estancia a costa de su vida, mantener una relación "profesional" con los reclusos en lugar de la penitenciaría. 

Explica: "Durante mis ocho meses en la prisión, Ray me hizo la vida imposible. Agotándome con sus continuas demandas e intentos de manipulación.

 "Me pidió ir a la cocina, pero ahí podía fabricar alcohol con azucar, patatas, fruta y otros ingredientes". El resultado fue la explosión del alambique que afectó al despacho del director. Pasó un tiempo incomunicado. 

Al poco de salir, le pidió trabajar como chapista. 

Ray le pidió ayuda para salir de la cárcel por la influencia que pudiera tener el padre de Robert Hare.

Definitivamente, Robert Hare se marchó para realizar un doctorado en psicología.

A posteriori, Hare se dio cuenta de cómo trataban los otros presos a Ray, era objeto de burlas.
Robert Hare sentencia que los reclusos le conocían mejor que él.
Véase el Post anterior.
Robert Hare: "Sin Conciencia".

En la piel del Psicópata



Pude ver cómo caía un oscuro hilillo de sangre en la boca de Halmea, cómo resbalaba por la sábana hacia la parte de su cuerpo que quedaba bajo Hud. No me moví, ni siquiera parpadeé, pero entonces vi a Hud de pie, sonriéndome; estaba abrochándose la hebilla del cinturón. "¿A qué es una patatita dulce?", dijo. Se puso a silbar y a meterse los bajos del pantalón por dentro de sus botal altas de cuero. Halmea enroscó su cuerpo pegada a la pared...

Larry McCurthy, Horseman, Pass by


No hay nada más importante que escuchar las historias que nos cuentan para el estudio y la reflexión de la psicopatía que historias reales de desesperación y malestar. 

Robert Hare nos explica que tras graduarse a principios de los 60'  buscó un trabajó para alimentar a mi mujer y a mi hija y para pagar mis estudios posteriores. Sin haber trabajado nunca en un prisión encontré trabajo en la Penitenciaría de British Columbia, decir que ese entorno me resultaba nuevo y sorprendente es un eufemismo.

Empecé a trabajar bastante desorientado, sin ningún programa de formación o mentor que me informase en que consistía eso de ser psicólogo de prisiones. El primer día conocí al director y al personal administrativo, todos con uniforme y algunos con armas al cinto. La prisión estaba dirigida al estilo militar e incuso me sugirieron llevar el uniforme, logró convencer al director que no era necesaria esa vestimenta, pero insistió en que al menos me tomaran las medidas en la tienda de la prisión.

El resultado fue el primer signo de que no todo estabau tan ordenado ahí dentro. El recluso me dio dos zapatos del mismo pie. Ese fue un primer mensaje.

Mi primer día de trabajo estuvo lleno de incidencias. Me enseñaron mi despacho; una inmensa área en la planta de arriba de la prisión, un lugar muy distinto de la madriguera que yo hubiera querido tener. Estaba aislado del resto de la institución y tenía que pasar por una serie de puertas cerradas a cal y canto para llegar hasta ahí. En la pared más cercana al escritorio había un sospechoso botón rojo. Un guardia que no tenía ni idea de lo que era un psicólogo -algo que yo tampoco sabía, todo hay que decirlo- me dijo que era el botón de emergencias, pero que si alguna vez tenía que apretarlo no confiase en que la ayuda fuese a llegar a tiempo.

El psicólogo que me precedió dejó una pequeña biblioteca en la oficina. Consistía principalmente en libros del test de Rorschach o el test de Percepción Temática. Conocía aquellas pruebas. Pero no los había usado nunca, de manera que esos manuales sólo reforzaron mi sensación de que no las tenía todas conmigo.

No llevaba ni una hora en el despacho cuando apareció mi primer "cliente". Era un hombre alto, delgado, de cabello oscuro y de unos treinta años. El aire en torno a él era denso y me miró a los ojos de manera intensa y directa, como nadie lo había hecho antes. Su mirada no cesaba (quiero decir que no descansaba la vista mirando al vacío, de tanto en tanto, como se suele hacer habitualmente).

Sin esperar una introducción, el recluso -le llamaré Ray- empezó la conversación: "Hey, doctor, ¿cómo anda? Mire, tengo un problema. Necesito su ayuda Me gustaría hablar de ello".

Con todas las ganas del mundo de estrenarme como psicoterapeuta, le pregunté en qué podía ayudarle. En respuesta sacó un cuchillo y lo blandió delante de mi nariz sonriendo y con la mirada fija en mis ojos. Mi primer pensamiento fue darle al botón rojo, pero no lo hice porque eso podía precipitar un ataque.

En cuanto vio que no iba a apretar el botón me dijo que el cuchillo no era para mí sino para otro recluso que le había hecho insinuaciones a su "protegido", un término carcelario que designa el miembro pasivo de una relación homosexual. Yo no sabía por qué me contaba esto pero pronto sospeché que me estaba poniendo a prueba de nuevo, estaba intentando adivinar qué clase de funcionario era yo. Si no mencionaba el incidente a la dirección, violaría una de las reglas más estrictas de la prisión: la de dar parte por posesión de una arma. Por otro lado, sabía que si informaba de ello, se correría la voz de que el psicólogo era un "chivato" y mi trabajo sería incluso más difícil que antes [...] Seguiré compartiendo esta primera entrevista con Ray, el recluso que puso a prueba a Hare en su primer día de trabajo.

Robert Hare: "Sin Conciencia"


jueves, 6 de octubre de 2016

Vicente Garrido: La mente criminal



"Algunas personas están menos preparadas para soportar el fracaso que otras". Esto lo dijo el famoso asesino Ted Bundy, el asesino en serie norteamericano por excelencia,  fue el responsable del asesinato de doce jóvenes a mediados de 1970. En el juicio declaró haber leído demasiada pornografía y que "una entidad maligna" había usurpado su conciencia. Fue ejecutado en el Estado de Florida. 
Este es un claro ejemplo de una "persona" con un trastorno de personalidad llamados psicópatas. 
Robert Hare, titula "Sin conciencia", un libro referente.


En la introducción al libro "La mente criminal", Garrido nos explica la radical incapacidad para reconocerse como parte del género humano.
Bundy se refería al fracaso en las expectativas, todas ellas relacionadas con el prestigio o el dinero. Él estaba muy decepcionado desde niño porque no había crecido en una familia rica. Sin embargo otros asesinos matan por tener más dinero del que ya tienen, o por probar que son seres superiores.
La tesis de Vicente Garrido es que, con independencia del motivo, en todos los casos hay un auténtico denominador común, una razón primigenia: 

"el asesino quiere ser otra persona, alguien capaz de influir en otras personas y su ambiente, una influencia que le provoque una nueva identidad. Esa identidad es algo de consumo personal, que le otorgue un poder más satisfactorio que cualquier experiencia que pueda tener. Para él, el yo asesino se convierte en la persona que realmente es, mientras que la identidad externa le sirve para pasar desapercibido.

A diferencia del homicida común, el asesino en serie elige generalmente víctimas desconocidas. Éste es el punto en que la policía empieza a tener problemas, ya que el rango de posibles autores se amplía considerablemente. Sin embargo, es en la propia repetición del homicidio - necesaria para la nueva identidad privada que el autor quiere lograr - donde se encuentra su mayor debilidad, puesto que cada nuevo asesinato es una nueva oportunidad para que la policía le detenga.
En realidad,  las expresiones ciencia forense y criminalística, Garrido las entiende como sinónimas. Los éxitos de la ciencia forense frente al asesino en serie siempre son tardíos: por su propia definición, estos ya han matado anteriormente, de ahí que los investigadores sólo puedan aspirar a detenerlos antes de que la cuenta de cadáveres aumente.

David Berkowitz escribió a su psiquiatra, el prestigioso psicoanalista Sabiduría Abrahamsen:

"Siempre fantaseo cosas perversas que son parte de mi vida. Siempre seré un pervertido mental por las cosas sexuales que pienso. Sin embargo, casi todo el mundo es como yo, porque no paran de cometer esos actos sexuales pervertidos en su imaginación día tras día. Siempre estoy pensando en la violencia, y creo que sólo un monje, quizás, podría eliminar esos deseos y pensamientos. Sin embargo, lo que pretendo es madurar hasta tener un profundo respeto por la vida humana y un mayor respeto y aprecio hacia la humanidad".

Este testimonio indica dos cosas:
1. La pulsión o energía sexual que está detrás de la mayoría de los asesinos en serie, como motivación subyacente, sea o no un crimen sexual. 
2. La segunda nota que Garrido destaca para el lector de la psicología de los asesinos en serie es el carácter de compulsión, de tensión interna para cruzar el límite y matar, no obstante eligen el mejor momento para matar.


"La buen gente no suele sospechar de los demás: no pueden imaginarse al prójimo haciendo cosas que ellos son incapaces de hacer, normalmente aceptan como explicación lo menos extraordinario y ahí acaba todo. Por otro lado, la gente normal  se inclina por ver al psicópata con un aspecto tan monstruoso como su mente, pero no hay nada más lejos de la realidad [...] Esos monstruos de la vida real suelen tener un aspecto y un comportamiento más corriente que sus hermanos y hermanas normales, presentan una imagen más virtuosa más convincente que la virtud misma, de la misma manera que una rosa de cera o un melocotón de plástico parecen más perfectos al ojo que el original que les ha servido de modelo".

William March, "The nada seed"


Vicente Garrido: "La mente criminal".
Robert Hare: "Sin conciencia"