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Paz y Ciencia
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jueves, 15 de febrero de 2018

Esquizofrenia



"NO ESTAMOS LOCOS"

Los síntomas más típicos de la enfermedad se tienen que saber y entender para valorar en qué momento de su evolución está la persona:

TRASTORNOS DEL PENSAMIENTO: El pensamiento pierde fluidez y coherencia, resultándole al paciente casi imposible concentrarse o utilizar su mente para operaciones sencillas, manifestando en la práctica que se dicen cosas sin sentido.

FALSAS CREENCIAS: Son los denominados delirios, "creencias falsas", ideas absolutamente falsas que el enfermo considera verdades ciegamente, con certeza; es imposible razonar al respecto, como con un niño. Es lo denominado "paranoia".

ALUCINACIONES: Consiste en percibir cosas, sonidos o sensaciones que en realidad no existen. Oír voces (que dan ordenes, por ejemplo), ver objetos inexistentes, oler cuando no huele nada y pensar que le están envenando la comida.

NEGACIÓN DE LA ENFERMEDAD. NO TIENEN CONCIENCIA DE TENER PROBLEMAS: "Falta patológica de autocrítica". Es uno de los síntomas que más daño da al paciente, familiares y profesionales. En algunos casos, no toman medicación porque creen no necesitarla.

ALTERACIÓN DEL SENTIDO DE SÍ MISMO: La persona siente que algo ha cambiado en su cuerpo, que ya no es la de antes, que no están claros los límites entre uno mismo y el mundo en el que se vive. Muchas veces se manifiestan en lo llamado "signo del espejo", por el cual el paciente cuenta que al verse en el espejo se ve muy cambiado, inclusive decir en qué rasgos es diferente. Pueden llegar a defender los miembros no le pertenecen o que por dentro está vacío.

CAMBIO EN LAS EMOCIONES: La afectividad en términos generales da un gran cambio, generándose alteraciones de las emociones sin motivo, con cambios en el afecto hacia sus familiares, amigos y conocidos. Puede perder totalmente el interés en lo que le rodea, tener una cara inexpresiva, ausencia casi total de sentimientos y poco interés por lo que les rodea.
También podemos encontrarnos con emociones que no tienen que ver con los acontecimientos concretos, como llorar en una situación feliz y viceversa.

AISLAMIENTO: También conocido como la palabra autismo (no confundir con dicha enfermedad), es una conducta en la que la persona se encierra en sí mismo y su mundo interior, rompiendo la conexión con el mundo externo y abandonando todos los contactos que pudiera tener; por ejemplo no salir de casa.

FALTA DE MOTIVACIÓN: El paciente se encuentra absolutamente desmotivado por hacer nada aunque sea algo sencillo, por ejemplo asearse o poner una lavadora, llegando a perder el interés por vivir.

ANGUSTIA Y DEPRESIÓN: Al comienzo de la enfermedad el paciente se encuentra sumamente inquieto y ansioso. Es la angustia, sentimiento de que algo grave está ocurriendo y de que nada puede evitarlo. Asimismo pueden aparecer sentimientos depresivos en esas fases, que pueden inducir al paciente al suicidio. Estos síntomas aunque existen, no son por supuesto típicos de la esquizofrenia. Podíamos decir que el trastorno límite de la personalidad tiene semejanzas.

Los síntomas citados no tienen por qué aparecer en todas las personas con esquizofrenia ni presentan la misma intensidad en unos y otros, pero lo que sí es cierto es que su aparición rompe bruscamente la vida del paciente y le impide en un gran porcentaje de casos llevar una vida "normal", parecida a la de antes, hasta que remite parcialmente con los años, hasta que la fase aguda desaparece parcialmente.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. Zona Centro. 653 379 269. 

Bibliografía: "No estamos locos. Desmontando el estigma de la esquizofrenia". Dr. José Cabrera Forneiro

sábado, 27 de mayo de 2017

¿Conciencia de enfermedad como criterio de salud mental? Fernando Colina




Conciencia de enfermedad. 
Fernando Colina. Psiquiatra, Jefe de Servicio. Valladolid

No se sabe bien si, debido a la ignorancia o a la comodidad, en mi campo profesional se usa cada vez más esa bagatela conceptual que llamamos ‘conciencia de enfermedad’. Con altiva suficiencia cuestionamos una y otra vez si ha nacido o no esa forma de ‘sabiduría’ en quienes han desviado la razón de su cauce convencional, y diferenciamos el estado de las personas que nos consultan según tengan o no lo que entendemos como un conocimiento venturoso de sí mismos.

Más allá de sus excesos, este uso es bastante desconcertante. Primero, porque nos impone la idea de que los problemas mentales quedan circunscritos al criterio de enfermedad, que rige con solvencia en el campo de las dolencias somáticas pero que, se diga lo que se diga, se adapta mal a la vida psíquica. En segundo lugar, porque nos enfrentamos directamente con unos supuestos enfermos que no reconocen que lo están, lo que nos obliga a considerar si no seremos nosotros los equivocados cuando queremos corregirles haciendo que pasen por las horcas caudinas de nuestros frágiles conceptos. Reducir su modo de ser a una enfermedad parece más bien un exceso por nuestra parte del que nos deberíamos curar cuanto antes, no sea que perdamos la conciencia de nuestros males antes que ellos. Por último, también es inquietante que nuestro proceder descanse en pedir a los alienados que se declaren enfermos como primer paso para sentirse curados. En realidad, según la opinión de un compañero en relación a este equívoco planteamiento, la solicitud que se le hace al psicótico no es, en el fondo, más que la exigencia de que se identifique como tal para que se someta a nuestro pensamiento y pueda ser, de este modo, aniquilado como sujeto. A la postre, el procedimiento descubre que a menudo los psiquiatras confundimos curar con lo que sólo es sojuzgar.

Como se ve, no queda claro si lo que está en juego es que el loco recupere la razón, es decir, que asimile nuestra manera de razonar, pues la suya no la pierde nunca, o bien que el poder del psiquiatra quede a salvo gracias a la humillación que infringimos al loco imponiendo nuestro criterio. Sea como fuere, es sorprendente lo que el cuestionamiento de una simple frase, aparentemente anodina y cargada de sentido común, puede desencadenar en la práctica psiquiátrica y, sobre todo, en nuestra ideología. Pero es que llega a ser vergonzoso que se reúna a los pacientes para que se reconozcan enfermos y adoctrinarlos de paso en la necesidad de seguir a rajatabla nuestras dudosas estrategias de tratamiento.
Es cierto que reconocer los errores puede llegar a ser el primer paso para corregirlos, pero dudo que la categoría de error pueda abarcar y reducir la digna energía de muchos delirios. En todo caso, parece más sano decirle a alguien que está equivocado antes que tacharle sibilinamente de enfermo.

El Norte de Castilla, 19 de noviembre de 2011

martes, 27 de enero de 2015

El estigma de sentirse diferente: Virginia Gawel y Marcos Eduardo


"Inadecuación esencial: el estigma de sentirse diferente" por Virginia Gawel y Marcos Eduardo Sosa

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Del otro lado del vidrio: La lucidez no reconocida como tal puede ser dolorosa. 
¿A qué se refiere esta afirmación? Dicen las antiguas Tradiciones de Sabiduría (o, como le llamaba Huxley, la Filosofía Perenne) que cada ser humano está compuesto de una personalidad y una esencia. La esencia es aquello que éramos aún antes de nacer, y que seguiremos siendo aún después de morir: una porción de lo Sagrado, una parte del Todo. Esa esencia, para insertarse en el mundo de la materia, se reviste de una personalidad : un conjunto de hábitos, de aprendizajes, de mecanismos necesarios para interactuar con el entorno. Y dicen estas Tradiciones que lo que acontece en función de ello es que la esencia va quedando como dormida, aprisionada por esa identidad postiza, ahogada en su frescura inicial. El trabajo interno de todo ser humano es el de despertar a su ser dormido, reencontrarse con su real naturaleza esencial.
Pero hay algunas personas a quienes su esencia no se les duerme del todo: seres sensitivos, interiormente inquietos, que miran la realidad indagando su Sentido. Jamás se quedan con la percepción superficial de la vida, sino que preguntan, - se preguntan-, y, sin saber cómo, deben desarrollar destreza para navegar en sus propias aguas profundas. Pero, tal como Juan Salvador Gaviota se sentía recortado (¡y expulsado!) por su bandada, con frecuencia estos individuos no logran encajar en lo común. A veces, ya de niños o en la adolescencia hacen ingentes esfuerzos por ser "uno más". Sin embargo, no pueden: les resulta imposible renegar de su condición. Es como si una voz interna les requiriera Buscar, procurarse lucidez para hurguetear en lo más hondo de la existencia.
Hemos llamado a este conjunto de sentimientos y conductas el complejo de inadecuación esencial: se definiría como el sentimiento de la persona que, teniendo un nivel de conciencia más desarrollado que quienes lo rodean, no puede asumirlo como tal, sino que lo vive íntimamente como si esto fuera un defecto. Se siente inadecuado en donde todos parecen estar cómodos; se ve incomunicado en donde todos parecen comunicarse con códigos que no logra aprehender; se encuentra buscando los porqués profundos en donde todos transitan livianas superficialidades. Y padece su condición como si fuera un estigma, aunque secretamente puede que sepa que no tiene un defecto, sino un don: el de tener una visión más amplia, una conciencia más integral, en un mundo regido por las apariencias.
Cual si mirara la cotidianeidad a través de un vidrio, no consigue ingresar en los códigos de la mayoría de la gente, y padece de una ríspida soledad. Como el Demian de Herman Hesse, siente que no pertenecen al mundo de todos, y a su vez anhela pertenecer. No necesariamente a ese mundo: a algún mundo . Encontrar sus pares, sus compañeros de Bandada. Pero, ¿quiénes? ¿Dónde? De esas personas queremos hablarle. ¿De nosotros? ¿De Usted?
Los niveles de conciencia y la Inadecuación Esencial: Según las Tradiciones de Sabiduría, no todas las personas tenemos el mismo grado de conciencia. La Humanidad, en ese sentido, estaría constituida como una pirámide. La base de esa pirámide se conforma del grueso de la población: millones de personas cuyas vidas trascurren mecánicamente, sin grandes preguntas, sin búsqueda interna, sin sed de conocimiento. Numéricamente, son los más. En ese nivel básico de evolución, la conciencia de sí y de la realidad es escasa: se sigue el primigenio impulso vital de sobrevivir y perpetuar la especie y, con ello, las necesidades del ego aferrado a la materia. Y esto no depende exactamente del nivel sociocultural, sino de que evolutivamente aún no se ha desarrollado la capacidad de darse cuenta de cómo se es , y de cómo funciona objetivamente la Realidad. En Oriente, a este nivel de evolución primaria se lo metaforiza como "estar dormidos" bajo los múltiples velos de la ignorancia. Pero, como antes decíamos, hay seres cuya esencia no se ha adormecido con lo básico de la vida: personas que se preguntan para qué nacieron, que buscan, con mayor claridad o mayor confusión, cuál es el Sentido del nacer y del morir. Esos seres en proceso de Búsqueda se alinean ascendiendo a partir de la base, hacia la cúspide de la pirámide. Y cuanto más elevado es el nivel de conciencia, menor será la cantidad de individuos que estadísticamente se alineen en cada nivel, siendo ínfimo el número de personas que podrían contabilizarse en la cumbre, donde morarían las conciencias más esclarecidas.
Entre lo que sociológicamente podría llamarse "lo masivo", y el nivel de un Cristo o de un Buda (iluminación), existe, entonces, como una escalera por la que los individuos vamos ascendiendo a medida que evolucionamos . Podríamos graficarlo así:
inadecuacion_esencial
Los sufis tienen un antiguo aforismo que dice: "Dichoso el que tiene un alma; dichoso el que no la tiene; pero llanto y dolor para aquél que la tenga en embrión". ¿A qué se refieren? A que en el extremo de menor conciencia, la inconciencia misma obra de protección respecto del dolor existencial: se está obnubilado, atento a lo trivial, sin grandes preguntas. Y en el extremo opuesto, de mayor conciencia, el dolor ha cesado pues se está en concordancia con la Respuesta. Cuando no se está ni del todo dormido ni del todo despierto, se está en una situación existencialmente difícil: aún se permanece atrapado por el plano inferior, pero ya hay una lucidez que nos permite ver nuestra propia mecanicidad y la del entorno. Esto conlleva sufrimiento, y también la sensación de falta de pertenencia, de inadecuación. Los sufis le llaman a esto "estar sentado entre dos sillas " (¡posición sumamente incómoda!).
A medida que se sube en esa pirámide evolutiva, el individuo va teniendo mayor conciencia de quién es, y de qué leyes rigen la Realidad. Pero quisiéramos señalar un punto de inflexión crítica (marcado en el gráfico por la línea horizontal roja): en la persona que se ubica allí, el centro de gravedad de su conciencia ya no está en el nivel de lo masivo, sino que "se ha despegado" de él; sin embargo, aún la claridad no es suficiente como para comprender por qué se percibe diferente, se piensa diferente, se siente diferente que la mayor parte de la gente. No se participa plenamente de los valores y necesidades del nivel de conciencia anterior, pero aún no se encuentra pertenencia respecto del nivel actual o del siguiente. Aquí es donde se experimenta inadecuación esencial de un modo agudo y doloroso.
Este fenómeno presenta al menos dos variables: puede ser que la persona haya nacido en ese nivel de conciencia, o bien que haya evolucionado hacia él a través de su experiencia de vida. Veamos cada una de estas variables.
El cisne avergonzado: Los viejos cuentos infantiles suelen contener claves cifradas que nos hablan simbólicamente de las realidades del alma. Uno de ellos es la conocida historia del "Patito Feo": un pichón de cisne que, por accidente, había sido incubado por una pata. Al nacer, como es lógico, se crió entonces entre sus hermanos patitos, sin saber que pertenecía a una especie diferente. Más grande que el resto, más oscuro comparado con sus hermanos, su percepción de sí mismo era la de alguien inadecuado y torpe, por más que se esforzara en no distinguirse del resto. Hasta que un día sus plumas grisáceas se fueron volviendo muy blancas, su cuello se estiró grácilmente, y, al ver su imagen en el espejo del lago, se dio cuenta de que era bello, bellísimo... Más armonioso y elegante que sus hermanos, que tanto se habían burlado de él.
Muchas personas que nacen con una conciencia desarrollada son sumamente rechazadas por su entorno: por un lado, porque suelen ser torpes en sus intentos de adaptarse (muy retraídos, hipersensibles, precozmente maduros, críticos, a veces incapaces de adecuarse a los códigos sociales de sus congéneres); por otro, porque con frecuencia son portadores de talentos que se destacan: valores éticos elevados, dotes artísticas, inteligencia notable, capacidad de cuestionamiento, criterio propio... Y esto despierta envidia en sus congéneres, envidia nacida de ver en él encarnadas las potencialidades que quizás ellos mismos no se atreven a expresar. La conjunción de estos rasgos suele ser fatal, sobre todo en la adolescencia y primera etapa de la juventud. En esta etapa será crucial que este tipo de persona pueda ser apoyada para aceptarse a sí misma tal cual es, considerarse valiosa y afirmarse en su verdadera identidad, sin renegar de ese "ser diferente".
No contar con ese apoyo de parte de adultos criteriosos que le ayuden a ver su condición de cisne, suele derivar con frecuencia en la constitución de una personalidad "mal armada" a partir de múltiples mecanismos de defensa, y luego requerirá mucho trabajo interno para desplegar sus peculiares talentos. A veces está pseudoadaptado al entorno; otras, es "la oveja negra" del grupo familiar o de los grupos a los que pertenece: cuestionador, rebelde, autodeterminado, disruptor de estructuras establecidas. Esa personalidad oscilará entre sentirse inferior al entorno, y autopercibirse distorsionadamente como alguien superior, desarrollando una arrogancia secreta sobre su "ser especial". Un delicado equilibrio que, sin embargo, es posible propiciar.
El despertar y la soledad: Pero no siempre la inadecuación esencial se presenta en las primeras etapas de la vida. La segunda posibilidad implica que el individuo descubra este sentimiento recién en su vida adulta: fue una persona eficazmente adaptada al entorno, sin grandes diferencias respecto de sus congéneres: creció como todos, pensó como todos, sintió como todos, consumió lo que todos. Pero, por alguna circunstancia externa o interna, en algún momento (más frecuentemente alrededor de la mitad de la vida ) su orden colapsó, entró en crisis, y comenzó a replantearse el para qué de su existencia.
Cuando esto acontece, es natural que, con mayor o menor lucidez, la persona comience un proceso de Búsqueda (libros, terapia, cursos...). Esta situación modifica su relación con los demás, sintiéndose probablemente aislada respecto de quienes le rodean, -y a quienes quizás anteriormente consideraba muy cercanos-: de pronto ya no comparte sus intereses, sus gustos, sus necesidades. Es más: sus propias inclinaciones actuales pueden resultarle a los demás incomprensibles y hasta cuestionables. Y una parte de lo que le sucede a quien vive este pasaje, es la angustia de ver a sus seres cercanos, a veces aún los más íntimos, inmersos en la confusión, en preocupaciones sin sentido, en banalidades que les hacen sufrir innecesariamente. Pero, en ese proceso aún no se sabe cómo integrar eso que se va percibiendo como el verdadero Sí-Mismo, cómo vincularse con eso. Hacerlo conllevaría un cambio fundamental en el modo en que se encara cada asunto de la propia vida.
Quien rasga ese velo de ignorancia, vivencia una intensa soledad, más allá de que se encuentre rodeado de familiares o amigos. Es justamente ante ellos que experimenta su propio sindrome de inadecuación esencial: ya no puede seguir siendo como era, pero no sabe ahora cómo ser. Siente la necesidad de pares que comprendan de qué se trata lo que está viviendo, pero no sabe cómo ni dónde encontrarlos. Inclusive puede ser que crea que está volviéndose loco, y muchas veces es posible que, efectivamente, necesite de ayuda terapéutica, pero no por estar enloqueciendo, sino para reorganizar su identidad con el menor costo de dolor posible.
La neurosis cruzada: Ir despertando no quiere decir que vayamos quedando exentos de neurosis: por el contrario, quienes están en contacto con su aspecto esencial (ya sea porque, como en el primer caso, nunca lo han perdido, o bien, como en el segundo, porque lo hayan redescubierto en algún punto de sus vidas) necesitan lidiar con muchos de los problemas internos de la mayoría de las personas, más las fricciones propias de quien tiene en sí mismo una dimensión psicológica vertical, además de la horizontalidad propia de todo individuo. Podría denominársele una neurosis cruzada, en la cual aparecen elementos personales no resueltos, mezclados con una fuerte espiritualidad que no logra canalizarse armónicamente.
Así, el terapeuta avezado deberá trabajar con diferentes aspectos específicos propios de este tipo de circunstancia psicológica: depresiones existenciales, tendencia a confundir las experiencias verdaderamente transpersonales o espirituales con lo imaginario, inclinación a eludir el compromiso con la vida, sentimientos de inferioridad (por la mencionada inadecuación) compensados neuróticamente por sentimientos de superioridad vinculados a su "ser especial", etc.
En ese sentido, un aspecto vital de quien aspira a desarrollar su identidad esencial es chequear su mundo interno con quienes puedan ser neutrales al respecto, y que tengan conocimientos como para hacerlo, a fin de evitar las confusiones propias de las personas complejas e interiormente ricas.
Los grupos de pertenencia, en ese sentido, pueden ser fundamentales para que la personalidad se reestructure de un modo sano y armónico. Pero, claro, las personas "raras" en el sentido en que lo venimos describiendo suelen experimentar fuertes dificultades para encontrar seres "de su misma especie". Vayamos a este punto...
La necesidad de encuentro: En el Budismo existe un concepto fundamental que es el de sangha: un grupo de personas comprometidas en su Búsqueda interna, que se vinculan entre sí para apoyarse y ayudarse mutuamente en la investigación de esos reinos. Es como si el básico instinto gregario tuviera una versión sutil, que hace que la persona sensitiva, esencial, tenga imperiosa necesidad de relacionarse con individuos afines. La tendencia masiva de pertenecer a algo más grande que uno, que lo abarque y lo proteja para sobrevivir (resabio atávico de la manada) se sutiliza como una necesidad vital de pertenencia a partir de la comunicación de esencia a esencia.
De hecho, muchas veces cuando ese tipo de comunicación acontece, no siempre está sostenida por una intensa conexión de personalidad a personalidad: puede ser que desconozcamos información básica sobre quién es el otro, cómo vive, a qué se dedica... Sin embargo, su mundo interno, que nos convida al compartir lo que siente, ejerce un efecto de resonancia sobre el nuestro, nos conmociona, y a su vez nos produce la necesidad grata de compartir lo que somos y sentimos. Este circuito resulta sumamente sinérgico , retroalimentándose las personas para generar mayor comprensión de quiénes son y de lo que experimentan.
Suele suceder también que el encuentro entre individuos con afinidad esencial esté rodeado de un sinnúmero de coincidencias significativas (sincronicidades), que resultan sumamente movilizantes para ambas partes, estimulando el compromiso respecto del trabajo sobre sí mismo que cada persona esté realizando (y a veces también generando confusiones y fantasías por la mala interpretación de esas "señales", no tan sencillas de decodificar).
Cuando se experimenta este encuentro entre personas internamente afines, lo que sucede es que, según el esquema del inicio, están en el mismo escalón evolutivo, pertenecen al mismo nivel de conciencia (o similar). Lo que se siente al vivenciar este tipo de comunicación es una profunda conmoción, una honda alegría, y una disminución del sentimiento de aislamiento y soledad.
A veces esa comunicación puede sostenerse en el tiempo, otras veces no. Esto va a depender de diversas variables, pero sobre todo de la sanidad interna de cada miembro del vínculo, que permita no establecer comportamientos neuróticos en la relación, o al menos, si éstos se instalan, advertirlos y trabajarlos individual y conjuntamente.
La autenticidad esencial: Cuando dos o más personas con intereses internos se encuentran, puede suceder el curioso hecho de que en lugar del usual sentimiento de inadecuación, experimenten, por el contrario, familiaridad, sintiéndose "como en casa": no hay nada que forzar, no hay nada que aparentar, ninguna imagen que vender ni que comprar. A veces se establece una rápida fluidez comunicacional, y hasta una peculiar intimidad que, para quien ha padecido el aislamiento sensitivo, se vuelve algo sumamente valioso: un ámbito donde expresarse tal cual se es, sin impostaciones, y donde conocer a otros que se abren bajo las mismas condiciones.
Nuestros tiempos actuales ofrecen el privilegio de crear entornos para este tipo de encuentros: grupos terapéuticos, espacios de reflexión, seminarios sobre temas que hacen al mundo interno... Si bien no todos estos ámbitos son lo que aspirarían a ser, muchos de ellos se vuelven propicios para el Encuentro (sobre todo si están coordinados por personas sensatas que tengan un verdadero trabajo sobre sí mismas).
Otra variable disponible son las actividades que proponen espacios de aprendizaje o de trabajo colectivo a través de internet: los grupos virtuales pueden proporcionar un contexto sumamente válido para el hallazgo recíproco de personas afines, ya sea que se conozcan luego personalmente o no. Nuestra experiencia con seminarios virtuales sobre temas que hacen al conocimiento de sí mismo nos ha mostrado un hecho curioso: la modalidad de aprendizaje a través de la web, cuando está desarrollada con calidez y respeto interpersonal, hace que muchas personas puedan volcar lo que sienten y lo que piensan con enorme autenticidad, tanto en los diálogos por chat como en los foros de debate sobre asuntos específicos. Y el fenómeno grupal que aquí se produce es que la apertura de uno invita a la apertura del resto, la sinceridad de uno abre la franqueza de todos. Y el medio virtual puede proporcionar un descenso de las defensas, y, con ello, de las estrategias habituales de lo más externo de sí. A medida que se establece un vínculo de confianza, puede ser que este tipo de intercambio humano permita sortear las barreras que impone el ego para ir directamente al ámbito de lo interior, lo verdadero, lo que no desea vender ninguna imagen. Aquellos que vibran por resonancia con lo que alguien convida de su sentir, se ven impulsados a participar desde ese mismo nivel de intimidad.
Siendo que las personas con un nivel de conciencia desarrollado no son muchas, el encuentro de dos o más seres evolucionados esencialmente afines es un pequeño milagro que desafía las estadísticas: es difícil, numéricamente improbable, y, sin embargo, posible. La condición para que pueda llegar a producirse es permanecer en actitud de apertura, trabajando consigo mismo y rastreando aquellos espacios y personas que puedan ayudarnos a comprender que no somos raros, inadecuados, inaceptables. Permitirnos descubrir que hay otros "de nuestra misma especie". Cada uno de nosotros vino a ejecutar su instrumento en esta Gran Orquesta. Pero nadie vino a ser solista: hay otros que, lo sepamos o no, están tocando nuestra misma partitura. Sólo debemos abrir los sentidos, escucharlos, y caminar en su dirección...

Publicado en las revistas "Uno Mismo" de Chile (marzo 2004) y de Argentina (abril 2004).

viernes, 11 de abril de 2014

sábado, 26 de octubre de 2013

La Locura: Una breve introducción



A pesar de los Thomas Szasz de este mundo, que proclaman que la locura es un concepto de una profesión médica malvad., así como la enfermedad mental ("El Mito de la Enfermedad Mental"), es vital que reconozcamos desde el principio el desastre, el trastorno y el caos que produce la locura, y el dolor y sufrimiento que causa a quien la padece, al círculo social íntimo que habita y a la sociedad en su conjunto. Puede que la locura sea un hecho social, como el sociólogo Émile Durkheim diría. Sus manifestaciones, sus significados y sus consecuencias sin duda se ven condicionadas por el contexto social y cultural en el que aparece y se manifiesta. Pero sería rotundamente falso afirmar que se trata de algo creado por las etiquetas sociales, excepto en un sentido puramente tautológico. Tampoco, en el último análisis, podemos hablar de ello sencillamente como una construcción social. Este tipo de ilusiones románticas no guiarán el argumento [...]

Andrew Scull: "La Locura: Una breve introducción"

sábado, 30 de marzo de 2013

Estigma de la enfermedad mental

 

Estigma de la enfermedad mental

Las personas con trastornos mentales graves no son más violentas que las demás

 
 
Como en el mito de Sísifo, las personas con enfermedad mental, sus familiares, los profesionales socio sanitarios y todas las personas implicadas en la salud mental empujamos cuesta arriba una pesada piedra, la del estigma y la discriminación que padecen estas personas desde buena parte de la sociedad. Tan pesada que está reconocida como una “segunda enfermedad” y como principal obstáculo para la recuperación. Pese a los progresos realizados en los últimos años en la concienciación social de este problema y en corregir falsas creencias, en ocasiones algún suceso puntual magnificado por medios de comunicación deshace nuestro trabajo, la piedra escapa de nuestras manos rodando con fuerza cuesta abajo y nos obliga a empezar de nuevo.
Hace unos días, un incidente en un unidad de hospitalización de Málaga en la que un interno ha agredido a otro ha sido utilizado por algún medio de comunicación para seguir extendiendo ideas erróneas sobre la enfermedad mental grave y perpetuando así el estigma. En concreto, una de las noticias, titulada “Un psicótico le arranca los ojos a otro enfermo en el Clínico”, estaba impregnada de la atmósfera de las películas de terror. Una tentación fácil a la hora de visualizar la enfermedad mental: dolor, sufrimiento, violencia, crimen, asesinato… Utilizar el morbo de estos titulares para llamar la atención del público supone una falta de ética profesional, responsabilidad, y agresión a los derechos de imagen del colectivo, que además están protegidos por una normativa al más alto nivel, y por tanto podrían ser objeto de denuncia legal.
La evidencia científica nos dice que las personas con trastornos mentales graves no son más violentas que las demás. Al contrario, suelen ser víctimas y no agresoras. Su enfermedad las convierte en objeto de desprecio, burla y violencia, una situación que no se da en otras patologías.
También hay que decir que otros medios han realizado el tratamiento correcto y esperado de profesionales informados y conscientes de la delicada situación que vivimos respecto a la imagen de la enfermedad mental: que un grupo de enfermedades que pueden afectar a una de cada cuatro personas a lo largo de su vida, lo que en la práctica afectaría a todas las familias, siga envuelta en un manto de ignorancia, prejuicios, miedo y desprecio.
Noticias con un tratamiento sensacionalista y basadas en justificar hechos violentos usando la enfermedad mental como detonante provocan un daño irreparable a personas, familiares y profesionales que día a día luchan contra el estigma al que les somete la sociedad y que relega su sufrimiento a un segundo plano. Tengan en cuenta que la información que recibe la sociedad sobre la enfermedad mental proviene casi exclusivamente de los medios de comunicación. Si se distorsiona de forma negativa, se ataca directamente a la propia concepción de la enfermedad que tienen las personas que la padecen, influyendo negativamente en su autoestima, la aceptación de la enfermedad o la posibilidad de buscar ayuda profesional. Y por supuesto, también les afecta, indirectamente, al reforzar las concepciones negativas que de la enfermedad mental tiene la sociedad.
Por todo ello, decimos Basta Ya de acercarse a la enfermedad mental con las ideas preconcebidas que han estigmatizado durante siglos a las personas con esas patologías y a sus familias. Pedimos que los medios de comunicación y de entretenimiento sean responsables y en todo caso se informen e informen sobre salud mental en los términos justos y objetivos: de la necesidad de la promoción de la salud mental de las personas como parte indivisible de su salud y bienestar y de los avances en el tratamiento y recuperación de las enfermedades mentales, que pueden afectar a cualquier persona. La pesada piedra del estigma de la enfermedad mental puede aplastarnos de forma individual, pero si la manejamos entre todos puede hacerse tan llevadera hasta que ni la percibamos y desaparezca.
El Grupo de Sensibilización sobre salud mental de Andalucía lo forman José Manuel Arévalo López (En Primera Persona, Plataforma Andaluza de Asociaciones de Usuarios/as de Salud Mental); Águila Bono del Trigo (Escuela Andaluza de Salud Pública); Concepción Cuevas González (FEAFES-Andalucía, Federación Andaluza de Familiares y Personas con Enfermedad Mental); Gonzalo Fernández Regidor (Programa de Salud Mental, Servicio Andaluz de Salud); Pablo García-Cubillana De la Cruz (Programa de Salud Mental, Servicio Andaluz de Salud); Andrés López Pardo (FAISEM, Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental); Ángel Luis Mena Jiménez (Escuela Andaluza de Salud Pública); Rafael del Pino López (Director Plan Integral de Salud Mental de Andalucía)

Sugerencias librescas



Raúl Velasco, periodista y escritor, miembro de Radio Nikosia, se puso en contacto con sus amiguetes y simpatizantes; bien sean profesionales o pacientes. En todo caso, todos tenemos en común un firme compromiso por acabar con el estigma del trastorno mental. En su libro "El Escritofrénico" relata la historia de una persona que cree haber creado unas obras de arte de incalculable valor y tras un tratamiento psicoanalítico comienza a tomar conciencia de que eso que antes era una creencia firme es un delirio, lo que supone un duelo por la pérdida de la salud.
Siempre que alguien es etiquetado se abre una brecha importante en su narcisismo, en su amor propio. Es duro porque supone que la persona tiene un problema crónico que implica tratamiento de por vida y síntomas secundarios de la medicación.



May, es una psicóloga de 43 años que ha escrito un libro donde en formato de pregunta respuesta explica con todo detalle en qué consiste la bipolaridad, haciendo énfasis entre tener un trastorno bipolar y ser bipolar, lo segundo es un error semántico. May describe con un alto nivel de creatividad y lucidez lo que significa para ella su problema. Queda bien claro y reflejado que tener un trastorno mental de esa característica no supone nada parecido a lo que transmiten los medios de comunicación. Se habla del tema recurrente de la violencia, esto no sucede a no ser de que la persona delire, por ejemplo oyendo una voz que le diga "mata a Fulano". Esto es estadísticamente insignificante aunque una tragedia humana, desde luego. Los "mass media" suelen trasladar una imagen distorsionada de las personas con patologías mentales, son menos peligrosos que la media de la población. Los verdaderamente peligrosos y genocidas han sido megalomaníacos y psicópatas no "locos" en el sentido coloquial.

Ambos libros representan la esquizofrenia y la bipolaridad desde sus entrañas, una en formato de novela y la segunda en formato de entrevista dinámica. Se los recomiendo.
No recomiendo juzgar, pero como tendemos por introyectos pedagógicos a hacerlo, al menos merece la pena estar bien educados y formados en valores humanos, amor a la naturaleza, compromiso y responsabilidad. Para mí, eso incluye conocer la idiosincrasia de personas que han sufrido ingresos por haber perdido el contacto con la realidad.

Enhorabuena a los escritores y a la editorial Miret por lanzar estos libros, me parece una apuesta atrevida y hermosa.

Rodrigo Córdoba Sanz

http://www.mireteditorial.es/catalog-libros/

jueves, 4 de octubre de 2012

Control y Autodominio

 
 
QUE PAREN EL MUNDO QUE ME APEO. Mayo del 68.
 
 
EL AMOR ES ANSIA DE VIVIR. .J.L.SAMPEDRO
 
 

CONTROL Y AUTODOMINIO

La finalidad del engaño es controlar y aniquilar al otro;el resultado de engañarse a uno mismo es perder el control y aniquilar el ser propio.

"Creer que tu propio pensamiento -señalo Emerson-, creer que lo que es verdad para ti en tu fuero interno es verdad para todos los hombres... es es el genio". Pero imponer lo que crees que es verdad a todos los hombres, incluso a un solo individuo... eso es despotismo".

En el trabajo generalmente ejercemos control sobre alguna cosa o persona. Cuando cazamos o pescamos, aramos la tierra o recogemos la cosecha, controlamos cosas. Cuando damos de comer a un bebé, operamos a un paciente enfermo o juzgamos a un delincuente, controlamos a una persona. Sin embargo, en las sociedades complejas y materialmente avanzadas hay muchas situaciones que no requieren ninguna de estas posturas, sino que, al contrario, hacen necesario que nos controlemos a nosotros mismos y que cedamos una parte de nuestro autodominio a otros, normalmente a cambio de dinero. Esto se da especialmente en el trabajo profesional.
Se dice que la prostitución es la "profesión" más antigua del mundo. Es, en verdad, un modelo de todo el trabajo profesional: el trabajo profesional: el trabajador renuncia al control de sí mismo (misma), de su cuerpo -normalmente de una manera definida con claridad, concreta- a cambio de dinero. Debido a la pasividad que entraña, es un papel difícil y que muchos consideran desagradables.

El proverbio advierte que "no debes morder la mano que te da de comer". Pero quizá si deberías morderla si te impide comer sin ayuda ajena.

La adicción, la obesidad, la inapetencia (anorexia nerviosa) son problemas políticos y no problemas psiquiátricos: cada uno de ellos condensa y expresa una pugna entre el individuo y alguna otra persona o personas de su entorno por el control del cuerpo de aquél.

Todo benefactor quiere controlar a la persona a quien hace bien. El sacerdote controla en nombre de Dios; el médico, en nombre de la salud. Esta propensión universal a controlar a los demás choca y se conntradice con el objetivo de hacer del hombre un individuo responsable de sí mismo.

La reciprocidad: el espejismo que llama al género humano que vaga por el desierto de la dominación-sumisión.

La cooperación depende de la interdependencia mutua. Un exceso tanto de control como de autodominio perjudica la cohesión social. Demasiadoc ontrol produce opresión y lleva a la no cooperación por medio de la rebelión.
Un exceso de autodominio da por resultado la autarquía personal y conduce a la no cooperación por medio del aislamiento. El delicado equilibrio entre el control y el autodominio que requiere la vida social es una de las razones por las cuales la tragedia es inherente a la existencia humana.

La mayoría de las personas quieren la autodeterminación para ellas mismas y la subyugación para las demás; algunas quieren subyugación para todo el mundo; solo unas cuantas quieren autodeterminación para todos.

Si alquien hace algo que desaprobemos y si creemos que podemos evitar que persista en su conducta, le consideramos malo; pero si creemos que nos será impoisble evitarlo, le consideramos loco. En los dos casos, el factor crítico es el control que ejercemos sobre el otro; cuanto más control de esta clase perdamos, y cuanto más dominio de sí mismo adquiera el otro, mayor es la probabilidad de que, en caso de conflicto, le consideremos loco en lugar de simplemente malo.

Un loco es alguien que ha perdido o dicen que ha perdido el control de sí mismo. La psiquiatría proporciona la justificación para controlarle. La persona que goza de un autodominio firme impide que otras la controlen; de ahí que sea objeto tanto de admiración como de envidia, temor reverencial y odio.

Thomas Szasz: "El Segundo Pecado". Ed.Alcor (Colección Agramante), 1973

Marx: "EN ESTE SISTEMA TODO ES MERCANCÍA"

http://youtu.be/GXGmGeRUnnY Miedo -Jose Luis Sampedro- "Gobernar a base de medio es eficacísimo"
http://youtu.be/vc-ECPkivJY Contra el Poder -Pedro Guerra-