PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Emile Durkheim. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emile Durkheim. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de junio de 2017

El suicidio según los alienistas

El suicidio sería una afección individual.
Esta es la tesis sostenida por numerosos alienistas. Según Esquirol, "El suicidio tiene todas las características de la enajenación mental". "El hombre sólo atenta contra su vida cuando padece delirios y los suicidas están enajenados".
Partiendo de este principio, el autor concluye que el suicidio involuntario no debería estar penado por la ley.
Falret y Moreau de Tours se expresan en términos casi idénticos. Es verdad que este último hace una indicación sospechosa en el mismo pasaje en el que enuncia la doctrina que suscribe: "¿Debemos considerar que el suicidio es, en todos los casos, el resultado de enajenación mental? Sin pretender resolver esta difícil cuestión nos inclinamos instintivamente hacia la respuesta afirmativa a medida que profundizamos en el estudio de la locura y adquirimos más experiencia  tratando a más enajenados".
En 1845, el doctor Bourdin había sostenido la misma opinión, pero menos moderadamente, en un documento que desde su aparición produjo cierto barullo en el mundo médico.

Émile Durkheim: "El Suicidio". Ed. Akal, 2015. Madrid. Pág.: 28

domingo, 17 de noviembre de 2013

Educación moral: Emile Durkheim

                   
Emile Durkheim
Emile Durkheim
Émile Durkheim (Épinal, Francia, 15 de abril 1858 – París, 15 de noviembre 1917) fue un sociólogo francés. Estableció formalmente la disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia.
Durkheim creó el primer departamento de sociología en la Universidad de Bordeaux en 1895, publicando Las reglas del método sociológico. En 1896 creó la primera revista dedicada a la sociología, L’Année Sociologique. Su influyente monografía, El suicidio (1897), un estudio de los tipos de suicidios de acuerdo a las causas que lo generan, fue pionera en la investigación social y sirvió para distinguir la ciencia social de la psicología y la filosofía política. En su obra clásica, Las formas elementales de la vida religiosa (1912), comparó las vidas socioculturales de las sociedades aborígenes y modernas, con lo que ganó aún más reputación.
Durkheim perfeccionó el positivismo que primero había ideado Augusto Comte, promoviendo el realismo epistemológico y el método hipotético deductivo. Para él, la sociología era la ciencia de las instituciones, y su meta era descubrir “hechos sociales” estructurales. Durkheim fue un mayor proponente del funcionalismo estructuralista, una perspectiva fundacional tanto para la sociología como para la antropología. Según su visión, las ciencias sociales debían ser puramente holísticas; esto es, la sociología debía estudiar los fenómenos atribuidos a la sociedad en su totalidad, en lugar de centrarse en las acciones específicas de los individuos.  Fuente

“Educación como socialización” o “Educación moral”

lunes, 4 de noviembre de 2013

La idea de educación en Durkheim

Rodrigo Córdoba Sanz: me ha parecido un texto bien fundamentado en las ideas de un sociólogo-filósofo que transmite una idea de la educación en "Emilio o de la educación", un texto que les recomiendo lean poco a poco. Existen dos partes en este libro. Primero, los postulados básicos y ejemplos donde parte el autor. Después un ejemplo a través de la educación imaginaria con "Emilio". Todos sabemos el contexto en el que se desenvuelve el texto que si lo reducimos mucho sería así: "Los niños nacen buenos por naturaleza y la sociedad les corrompe". En verdad, qué curioso, vengo de leer sobre un caso de psicopatía y después Internet me ha llevado a artículos y libros que me producen cierto dolor: "Niños y adolescentes antisociales". Existen y la educación es vital. Creo que no hay que confundir los primeros cuidados con los cuidados cuando el bebé pasa a ser niño. Algo fundamental sería estimular la responsabilidad. Lo que recalcan poco según que tendencias es que un sostén emocional suficientemente bueno es más importante que la ley rígida. También hay que decir que cada padre y madre tiene su personalidad y estilo de crianza. Por tanto, existe un claro vínculo entre educación y conducta antisocial.

LA IDEA DE EDUCACIÓN EN DURKHEIM


20060408103910-durkheim.jpg
En el libro Educación y Sociología[1], se describe la doctrina de la educación de Émile Durkheim, que posee las siguientes ideas capitales:
El hombre, como ser social, está conformado por su ser individual que se refiere a sus estados mentales y a su experiencia personal, y también por un sistema de ideas, sentimientos y hábitos del grupo al que pertenece, tales como ideas religiosas, creencias, prácticas morales, tradiciones, que se traducen en la forma de voluntad del sujeto, y en las nociones de las que se conforma la inteligencia. La constitución de este ser social es la finalidad de la educación, sin soslayar al hombre como individuo, pues los atributos del hombre se transmiten por vía social y se configuran históricamente por los avatares de la civilización.
Se entiende a la educación como un hecho eminentemente social:
La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que todavía no están maduras para la vida social. Tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que exigen de él la sociedad política en su conjunto y el medio especial, al que está particularmente destinado.[2]
La educación es un hecho que dirige la pedagogía, y es estudiado por la ciencia de la educación. La psicología y la sociología colaboran para estudiar científicamente la educación. La psicología aborda el hecho asumiendo la psicología del niño frente a la del adulto; la sociología, desde los elementos de la civilización y los elementos en que éstos se transmiten. La pedagogía resulta entonces una obra de reflexión que busca resultados de ambos órdenes para establecer principios de conducta o para reformar la educación. Hace falta conocer plenamente las condiciones del hecho educativo, para que haya más probabilidades de utilizarlo eficazmente. Parea ello, es menester entender las instituciones de acuerdo a su función, dirigida hacia una pedagogía racional y eficaz dentro de los límites sociales, analizando sus componentes, sus necesidades y las génesis de sus causas.
Para Durkheim, haciendo sociológico el análisis moral, es posible otorgarle un fundamento racional, ni religioso ni metafísico, recuperando sus verdades al proyectarlas en el plan del pensamiento laico. La educación moral tiene como función inicial al niño en los deberes, suscitarle ciertas virtudes, “desarrollar en él la aptitud general para la moralidad, las disposiciones fundamentales que están en la raíz de la vida moral, constituir en él el agente moral, dispuesto a las iniciativas que son condición general del progreso.”[3] Hay que entender como elementos de moralidad el espíritu de disciplina, el espíritu de abnegación y el espíritu de autonomía, orientados hacia el deber y el bien. La paulatina asimilación del sentido del gusto de la regularidad, la limitación de deseos y el respeto por la regla al reconocerla racionalmente fundada, supone su aplicación metódica de la inteligencia.
Aunque el ideal intelectual está menos definido que el moral, está claro que es necesario constituir en el espíritu cierto número de aptitudes fundamentales que Durkheim llama categorías:
nociones-madres, centros de inteligibilidad, que son los marcos y los útiles del pensamiento lógico. Entended por categorías, no sólo las formas más abstractas del pensamiento, la noción de causa, o la de sustancia; sino las ideas, más ricas de contenido, que presiden a nuestra interpretación actual: nuestra idea del mundo físico, nuestra idea de la vida, nuestra idea del hombre.[4]
Estas categorías, lejos de ser innatas, son constituidas a través de la evolución de la civilización mediante el desarrollo de las ciencias físicas y morales, y son las responsables del espíritu, puesto que un buen espíritu es aquel cuyas ideas regulan el ejercicio del pensamiento y, para conformarlo, hace falta que el profesor transmita al estudiante un saber positivo. Durkheim piensa como Comte, que se deben aprender cosas, adquirir sabiduría, aunque se prescinda del valor de los propios conocimientos, porque las disciplinas a enseñar asumen una filosofía, un sistema de nociones cardinales que resumen los caracteres más generales de las cosas como las concebimos. Tal filosofía es el fruto de la generación y constituye la estructura de la inteligencia.
Frente a las diversas doctrinas acerca de la educación, Durkheim pide que revelen sus fuerzas sociales que animan un determinado sistema de educación o trabajan por modificarlo, porque las ideas son también hechos y si éstos tienen resonancia, entonces también son sociales; si no muestran sus relaciones entre el individuo y la sociedad, entre la ciencia y la práctica, la naturaleza de la moralidad y la del entendimiento, entonces no tienen validez.
Lo que debe ser la educación, responde a la contribución que las generaciones pasadas han hecho, es decir que es imposible separar las causas históricas para poder comprenderla. Es una realidad existente, sobre la cual sólo es posible actuar conociéndola, saber cuál es su naturaleza y las condiciones de que dependen.
Toda educación trata de formar al hombre de acuerdo al tipo ideal de hombre que sobreentiende la civilización, lo que éste debe ser desde el punto de vista intelectual, como físico y moral. Este tipo se fija en las conciencias, y aunque la educación asegura la diversidad, también se ocupa de perpetuar la homogeneidad de sus discípulos.
Al ser naciente (niño) se le agrega otro (educador) para llevarlo a la vida moral y social para hacer de él un ser nuevo, que responderá antes que nada, a necesidades sociales. La educación desenvolverá sus cualidades de la inteligencia y las físicas, para ir al encuentro de un estado de perfección gracias al concurso de la sociedad, porque “El hombre, en efecto, no es hombre más que porque vive en Sociedad.”[5] La sociedad es quien nos insta a pensar en los intereses de los demás, a dominar las pasiones y los instintos, a subordinar los propios fines a otros más altos: “Todo el sistema de representación que mantiene en nosotros la idea u el sentimiento de la regla, de la disciplina, lo mismo interna que externa, es la sociedad quien lo instituyó en nuestras conciencias.”[6] La sociedad domina todas nuestras nociones, puesto que si el hombre fuese despojado de todo lo que le viene de la sociedad quedaría en el rango del animal, la sociedad es la personalidad moral que perdura más allá de las generaciones y las une, sin disociar al individuo de ésta, pues se implican mutuamente: “La acción que ésta [la sociedad] ejerce sobre él, señaladamente por medio de la educación, no tiene, de ningún modo, como objeto y como efecto, comprimirle, disminuirle, desnaturalizarle; sino, por el contrario, engrandecerle y hacer de él un ser verdaderamente humano.”[7]
La educación es una función social, y por esto el Estado no puede desinteresarse de ésta. La educación debe estar sometida en su totalidad a los intereses del Estado, porque es éste quien abre paso a los principios esenciales: respeto a la razón, a la ciencia, a las ideas y a los sentimientos que están en la base de la moral democrática.
La educación no hace al hombre de la nada sino que trabaja sobre disposiciones que ya están hechas, y que son muy difíciles de transformar radicalmente porque dominan el espíritu y el carácter hacia determinadas maneras de obrar y de pensar. El maestro con su experiencia y su cultura tiene la fuerza para trabajar sobre la voluntad del niño. La educación debe ser paciente y continua en busca de un sentido bien determinado, sin desviarse por las circunstancias externas, y de esta manera tiene los medios necesarios para impresionar a las almas.
La educación debe ser cosa de autoridad: “Para aprender a reprimir su egoísmo natural a subordinarse a fines más altos, a someter sus deseos al imperio de su voluntad, a encerrarlos en los debidos límites, es preciso que el niño ejerza sobre sí mismo una fuerte represión.”[8] Esto provoca el sentimiento del deber, el estímulo del esfuerzo. Los padres y los maestros son de quienes el niño aprende el deber, por lo que éstos tienen la responsabilidad de encarnar y personificarlo como autoridades morales, porque la autoridad consiste enteramente en un cierto ascendiente moral, y supone que el maestro tiene voluntad, porque la autoridad implica confianza, y ante todo que debe dar la sensación de que la autoridad la siente en su propia persona, una especie de fe interior en la grandeza de su misión. Para que sea posible, el maestro debe ser laico porque representa a la sociedad, como personalidad moral y como intérprete de las grandes ideas morales de su tiempo y de su país. Todo este respeto es lo que, mediante la palabra y el gesto, pasa de su conciencia a la del niño. La autoridad no se contrapone a la libertad, sino que ser libre es saber proceder con la razón y cumplir con el deber: la libertad consiste “precisamente en dotar al niño de este dominio de sí mismo, es en lo que debe emplearse la autoridad del maestro. La autoridad del maestro no es otra cosa que un aspecto de autoridad del deber y de la razón[9].
Educación es la acción ejercida sobre los niños por los padres y los maestros. La pedagogía consiste, no en acciones, sino en teorías —que son maneras de concebir la educación, no maneras de practicarla—. De esta manera la educación es la materia de la pedagogía, y ésta consiste en una cierta manera de considerar las cosas de la educación.
Las reglas del medio social en el que vivimos impone las costumbres, ideas y sentimientos colectivos imposibles de modificar como queremos, y de ahí las prácticas educativas ejercen sus acciones por generaciones que se adaptan a vivir en dichos medios:
“La educación usada en una determinada sociedad y considerada en un momento determinado de su evolución, es un conjunto de prácticas, de maneras de hacer, de costumbres, que constituyen hechos perfectamente definidos y que tienen la misma realidad que los otros hechos sociales. No son, como se ha creído durante mucho tiempo, combinaciones más o menos arbitrarias y artificiales, que no deben su existencia sino al influjo caprichoso, de voluntades siempre contingentes. Constituyen, por el contrario, verdaderas instituciones sociales. No existe ningún hombre que pueda hacer que una sociedad tenga, en un momento dado, un sistema de educación diferente de aquel que su estructura supone.”[10]
Para analizar los principales problemas de la ciencia educativa, hay que tomar en cuenta el sistema propio de educación de su país y de su tiempo, su organización general, y entonces mediante la comparación, y distinguiendo diferencias y semejanzas, constituir tipos genéricos de educación que correspondan a distintas sociedades. Ya establecidos los tipos, hay que explicarlos de acuerdo a las condiciones de que dependen sus características de cada uno y el modo en que derivaron unos de otros. De esta manera se obtienen las leyes que dominan la evolución de los sistemas de educación. Así, puede verse además de su desarrollo, las causas que lo explican. Con este quehacer se puede llegar a la comprensión de cómo se constituyen nuestras instituciones pedagógicas, cómo funcionan, derivando de esto valiosas estadísticas.
 

 
[1] Durkheim, Émile. Educación y Sociología. Ed. Colofón, 3ª ed., México, 1991.
[2] Íbid., p. 70.
[3] Íbid. p. 30.
[4] Íbid., p. 39.
[5] Íbid. p. 77.
[6] Íbid. p. 78.
[7] Íbid. p. 81.
[8] Íbid., p. 94.
[9] Íbid., pp. 97-98.
[10] Íbid., p. 103.

sábado, 26 de octubre de 2013

La Locura: Una breve introducción



A pesar de los Thomas Szasz de este mundo, que proclaman que la locura es un concepto de una profesión médica malvad., así como la enfermedad mental ("El Mito de la Enfermedad Mental"), es vital que reconozcamos desde el principio el desastre, el trastorno y el caos que produce la locura, y el dolor y sufrimiento que causa a quien la padece, al círculo social íntimo que habita y a la sociedad en su conjunto. Puede que la locura sea un hecho social, como el sociólogo Émile Durkheim diría. Sus manifestaciones, sus significados y sus consecuencias sin duda se ven condicionadas por el contexto social y cultural en el que aparece y se manifiesta. Pero sería rotundamente falso afirmar que se trata de algo creado por las etiquetas sociales, excepto en un sentido puramente tautológico. Tampoco, en el último análisis, podemos hablar de ello sencillamente como una construcción social. Este tipo de ilusiones románticas no guiarán el argumento [...]

Andrew Scull: "La Locura: Una breve introducción"

miércoles, 13 de junio de 2012

Sinopsis de Emilio o de la Educación: Durkheim



Resumen de Emilio o de la Educación

Silvia de la Torre López

25 de junio de 2009


EMILIO O DE LA EDUCACIÓN

Pocos hombres han tenido tanta influencia sobre el pensamiento moderno como Juan Jacobo Rousseau y pocos han llevado una vida tan agitada y tan contraria en las ideas que se difundieron en sus obras como este pensador. Su carácter era contradictorio; exigía amistad y no conservaba a sus amigos; adoraba la independencia y vivía de regalos y favores; y lo más curioso, condenaba a la aristocracia y no podía pasar los días sin la compañía de los aristócratas.
Aunque Rousseau se preocupó toda su vida por el problema de la educación, no podemos decir que fuera un educador, era más bien un filósofo, y aunque sería un error buscar en su obra técnicas pedagógicas, el Emilio es una novela educativa que sería imposible exponer en breve síntesis sin discutir detalladamente la filosofía de la educación que este pensador propone.
Son tres los postulados esenciales del sistema, que por otra parte son los principios del autor que más se han difundido en el pensamiento moderno.
El primero afirma que la naturaleza es buena y como la raza humana proviene de ella, también es bondadosa, porque es de origen divino. Pero en la realidad, esta naturaleza, a la que Rousseau no se cansa se exaltar, es rápidamente pervertida por el pecado social. “Los niños no tienen los mismos deseos que los hombres, pero expuestos como ellos, a la suciedad que repugna los sentidos, de esta sola sujeción pueden tomar las mismas lecciones de bien parecer” (Rousseau, J. 1970).
Y esto nos lleva al segundo postulado dice que la sociedad actual es mala. Rousseau plantea un sistema educativo que permita al “hombre natural” convivir con esa sociedad corrupta. Así mismo, en la novela del joven Emilio y su tutor, el autor ilustra cómo se debe educar al ciudadano ideal. La educación del niño se debe realizar al margen de la vida social.
De los cinco libros en los que se divide la obra de Rousseau, el primero está dedicado a un modelo para la educación de Emilio hasta llegar a los 5 años. En el segundo libro se desarrolla el modelo hasta los 12 años del niño. En el tercero, una vez ya adquiridas las sensaciones, las habilidades y la inteligencia para los razonamientos, se emplea el modelo para los 15 años, donde se despiertan en Emilio conocimientos más difíciles, se formulan preguntas que derivan de experiencias. El cuarto libro formula el modelo para la adolescencia del humano, es concentrado en valores, vivencias y, también, se reflexiona sobre las relaciones sexuales y la necesidad de una pareja para el ahora joven. Por último, el quinto libro alude a la educación de Sofía la “mujer ideal” y futura esposa de Emilio, y a la vida doméstica y civil de éste.
Para Rousseau, la libertad es la obediencia absoluta a las leyes de la ciudad y en consecuencia la educación se ha de proponer inculcar en el niño las convicciones de que tendrá necesidad en su vida ciudadana. La vigilancia y la introducción del educando en un grupo cerrado son las perspectivas en que debe inculcarse la educación.
CONCLUSIÓN
Emilio o de la educación describe un análisis del proceso por el cual el niño pasa, desde aprender y socializar hasta perder su inocencia natural. El libro propone una educación que siga y promueva los procesos naturales humanos sin transformarlos y que se base en los sentimientos naturales del amor a sí mismo y a los demás. Emilio se educa a sí mismo para dar lugar a una nueva sociedad, más libre y cercana a su estado natural.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Durkheim: El suicidio

No hay que obviar que existen poderosos factores emocionales y situaciones alteradas de la conciencia que precipitan este tipo de actos. El sociólogo lo encara desde su prisma, una óptica, por cierto muy interesante. Esencial. Recomiendo la lectura de su obra.





Emile Durkheim, sociólogo francés, en su obra “El suicidio” señala que los suicidios son fenómenos individuales, que responden esencialmente a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la integración o regulación social ya sea excesiva o insuficiente del individuo en la colectividad. Por tanto el suicidio sería un hecho social.

Durkheim comienza el estudio en 1835 con la investigación del índice de números de suicidios que existen en varios países europeos desde la sexta década del siglo XIX. Analizándolas se percata de que dicha tasa anual suele mantenerse constante o con cambios muy leves a lo largo de prolongados períodos. Igualmente, los picos o los valles acusados en las gráficas corresponden con acontecimientos como guerras o depresiones económicas. También se percató de que la tasa de suicidios es diferente de unos países y de unas comunidades a otras. Por ejemplo, en las sociedades católicas había menos suicidios que en las sociedades protestantes. Es ante todo un hecho social, por lo tanto, las causas son más sociales que individuales o psicológicas.

Durkheim usa como base empírica de su argumento las estadísticas de las comunidades judías solía haber menos suicidios que entre las sociedades con distintas creencias religiosas Por todo ello, consideraba Durkheim, se debe entender que la tasa de suicidios depende más del tipo de sociedad en la que se producen que de las circunstancias psicológicas de los individuos particulares que finalmente optan por quitarse la vida.

A partir de aquí Durkheim distinguirá cuatro tipos de suicidio:

Suicidio altruista: Es en el que existe una renuncia en favor de los otros. Durkheim pone el ejemplo de los pueblos celtas, entre quienes llegó a ser honroso el suicidio de los ancianos cuando eran incapaces de obtener recursos por ellos mismos.

Suicidio egoísta: Tiene lugar cuando los vínculos sociales son demasiado débiles para comprometer al suicida con su propia vida. En ausencia de la presión y la coerción de la sociedad, el suicida queda libre para llevar a cabo su voluntad de suicidarse. Esta forma de suicidio tiende a darse más en las sociedades modernas, en las que la dependencia de la familia o del clan es menor que en las tradicionales.

Suicidio anómico: El que es el que se da en sociedades cuyas instituciones y cuyos lazos de convivencia se hallan en situación de desintegración o de anomia.

Suicidio fatalista: El que se produce allí donde las reglas a las que están sometidos los individuos son demasiado férreas para que éstos conciban la posibilidad de abandonar la situación en la que se hallan. La disciplina militar o las sociedades esclavistas serían ejemplos de situaciones en las que se da este suicidio.

Una de las conclusiones a las que llega Durkheim es que en las sociedades y las comunidades que requieren más cohesión y solidaridad mecánica para sobrevivir, la tasa de suicidios será menor justamente porque la responsabilidad hacia el grupo al que se pertenece es un freno de la voluntad de suicidio.

Eso explicaría datos como, por ejemplo, que los judíos se suicidaran menos incluso que los católicos. Según Durkheim era la precariedad en la que vivía la mayor parte de las comunidades judías en la Europa del siglo XIX lo que hacía que los individuos dependieran más unos de otros. En ese tipo de sociedades el suicidio es percibido como un acto de irresponsabilidad hacia el grupo y de quebranto del deber hacia el mismo.

Una explicación parecida es la que reciben hechos como que en los países católicos la tasa de suicidios fuera menor que en los protestantes, con sociedades más individualistas. Asimismo la tasa de suicidio también varía de un tipo de familia a otra: menor en las familias tentaculares tradicionales en el Mediterráneo; mayor entre las familias nucleares de la Europa del norte.

Emile Durkheim
“El suicidio”