Ejemplos de emociones perturbadoras podrían ser, por ejemplo, apego o deseo anhelante, enojo, celos, orgullo, arrogancia y demás. Algunas de estas emociones perturbadoras podrían llevarnos a actuar destructivamente, pero ese no es siempre necesariamente el caso. El apego y el deseo anhelante, por ejemplo, podrían llevarnos a actuar destructivamente (robar algo, por ejemplo). Pero también podríamos desear con anhelo el ser queridos y estar apegados a ello, así que ayudamos a los demás con el fin de ser queridos. Ayudar a los demás no es destructivo, es algo constructivo, pero hay una emoción perturbadora detrás de ello: "Quiero ser amado, así que te ruego que me quieras a cambio".
O consideren el caso del enojo. El enojo podría llevarnos a actuar destructivamente, herir a alguien o incluso matarlo, porque estamos muy enojados. Así que eso es comportamiento destructivo. Pero digamos que estamos enojados por la injusticia de un cierto sistema o una cierta situación, y estamos tan enojados con ello que verdaderamente hacemos algo para tratar de cambiarlo. No necesariamente tenemos que hacer algo violento, pero el asunto es que, aun si hacemos algo constructivo o positivo, está motivado por una emoción perturbadora. No tenemos paz mental y, como no tenemos paz mental, nuestra mente y sentimientos no tienen claridad y nuestro estado emocional no es muy estable.
En estos casos, entonces, cuando experimentamos deseo anhelante o enojo, queremos que la otra persona nos ame o queremos que termine una injusticia. Estos no son estados mentales estables ni estados emocionales estables. Debido a que no son estados mentales ni emocionales claros, no pensamos con mucha claridad acerca de lo que hacemos ni en cómo llevamos a cabo nuestras intenciones. Como resultado, no tenemos autocontrol. Por ejemplo, podríamos tratar de ayudar a alguien a hacer algo, pero una manera mejor de ayudar sería dejar que lo hicieran por sí mismos. Digamos que tenemos una hija mayor y queremos ayudarla a cocinar, a cuidar de la casa o cuidar a sus hijos; bueno, de muchas maneras eso sería interferir. Es posible que nuestra hija realmente no aprecie que se le diga cómo cocinar o cómo criar a sus hijos. Pero queremos ser amados y queremos ser útiles, así que la presionamos. Estamos haciendo algo constructivo, pero al hacerlo, perdemos el autocontrol que nos habría hecho pensar: "Es mejor quedarme con la boca cerrada y no ofrecer mi opinión ni mi ayuda".
Incluso si ayudamos en una situación en la cual es apropiado ayudar a otra persona, no estamos relajados con ello, porque quizás esperemos algo a cambio. Queremos ser amados; queremos ser necesitados; queremos ser valorados. Cuando experimentamos este tipo de deseo anhelante como condición en nuestra mente, si nuestra hija no responde de la manera que queremos, nos disgustamos mucho.
Este mecanismo de las emociones perturbadoras que hace que perdamos nuestra paz mental y Incluso si ayudamos en una situación en la cual es apropiado ayudar a otra persona, no estamos relajados con ello, porque quizás esperemos algo a cambio. Queremos ser amados; queremos ser necesitados; queremos ser valorados. Cuando experimentamos este tipo de deseo anhelante como condición en nuestra mente, si nuestra hija no responde de la manera que queremos, nos disgustamos mucho.
Este mecanismo de las emociones perturbadoras que hace que perdamos nuestra paz mental y nuestro autocontrol, es incluso más obvio cuando luchamos contra una injusticia. Como nos molesta mucho, estamos muy enojados. Si actuamos sobre la base de estar enojados, entonces a menudo no pensamos con mucha claridad lo que hay que hacer. Con frecuencia, nuestras acciones no siguen el mejor curso para que se produzca el cambio que queremos.
En resumen, ya sea que actuemos de una manera destructiva o hagamos algo constructivo, si lo que hacemos está motivado por y acompañado de una emoción perturbadora, nuestro comportamiento va a causar problemas. Aunque no podemos predecir de forma precisa si va a causar o no problemas a los demás, principalmente nos causará problemas a nosotros mismos. Estos problemas no son necesariamente cosas que van a pasar inmediatamente; son problemas a largo plazo, en el sentido de que actuar bajo la influencia de las emociones perturbadoras desarrolla los hábitos de repetir una y otra vez nuestras conductas perturbadas. De esta manera, nuestro comportamiento compulsivo, basado en las emociones perturbadoras, construye un amplio conjunto de formas de comportarnos que son problemáticas. Nunca tenemos paz mental.
Un claro ejemplo de esto es el estar motivados para ayudar y hacer cosas bonitas por los demás, porque queremos ser amados y sentirnos valorados. Detrás de esto, básicamente nos sentimos inseguros. Pero cuanto más continuamos actuando con este tipo de motivación, más insatisfechos nos sentimos, nunca sentimos: "Bien, ahora soy querido. Ya está bien, ya no necesito más". Nunca sentimos eso. Y entonces nuestro comportamiento no hace más que fortalecerse y reforzar este hábito de sentir compulsivamente: "tengo que sentirme amado, tengo que sentirme importante, tengo que sentirme valorado". Sólo cultivamos más la esperanza de sentirnos amados, pero siempre nos sentimos frustrados. Nos sentimos frustrados porque, incluso si alguien nos da las gracias, pensamos: "En verdad no lo dice en serio", ese tipo de cosas. Debido a ello, nunca tenemos paz mental. Y sólo empeora porque el síndrome se repite y se repite y se repite. Por cierto, a eso se le llama “samsara” (una situación problemática incontrolablemente recurrente).
No es muy difícil reconocer este tipo de síndrome cuando la emoción perturbadora nos hace actuar negativa o destructivamente. Por ejemplo, es posible que siempre estemos enojados, y como siempre estamos enojados y nos molestamos por las cosas más insignificantes, siempre les hablamos de forma ruda a los demás o les decimos cosas crueles. Como resultado de ello, obviamente no le gustamos a los demás, la gente no quiere pasar mucho tiempo con nosotros y eso causa una gran cantidad de problemas en nuestras relaciones. En ese caso, es bastante fácil reconocer lo que está sucediendo, pero no es tan fácil cuando la emoción perturbadora está detrás de nuestro actuar positivo. Sin embargo, necesitamos reconocerlo en ambas situaciones.