PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta emociones positivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emociones positivas. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de abril de 2022

NO-COSAS

 



El arte de morir para vivir

Se acorta la vida con cada respirar y la guerra sucede los días de distracción. Llorando viendo las series que dominan el entretenimiento, actualmente. Los sentimientos no deberían ocultarse pues el amor es un regalo, la sensación de seguridad que este sentimiento brinda es invaluable. Dar amor a otros es gratificante, el amor real no espera nada solo busca la felicidad compartida. Producir felicidad a otro ser humano es una buena recompensa, en un mundo que se destruye el amor es el refugio, uno para las almas buenas que tienen miedo a que esa destrucción los arrastre.

Fotografía Tomada De Pinterest

Viendo el atardecer desde lo mas alto, el circulo del sol atrapo mi mirada me hizo volver agradecer por la vida. Los cambios son necesarios para que no se mueva solo el tiempo. Sufro por los buenos ángeles en la tierra que lloran en silencio, me hacen recordar mi propio sufrimiento. La agonía de las almas buenas es la prueba valiosa de la bondad, de su existencia. Nadie quiere quedarse solo para siempre y nadie esta seguro realmente si necesita estar acompañado.

Fotografía Tomada De Pinterest

La autonomía es el tesoro perdido. Nuestros cuerpos se llaman unos a otros buscando placer y compañía. Adoro el amanecer pero no puedo quedarme a verlo, me haces feliz en la imaginación después de verte me siento sin dirección. Puedo vivir una vida en soledad pero la inseguridad que me produce no saber como sera me aniquila los huesos haciendo que vuelva de nuevo a ignorarlo. Cada persona tiene su propia razón para encerrarse y llorar algunas veces, la vida viene envuelta también en oscuridad que no podemos comprender.

Fotografía Tomada De Pinterest
Mirando el hermoso color del océano mientras choca con el atardecer, podría caminar hasta encontrar el otro color que lo divide, estaría agradecida de morir en su profundidad. Muchos hablan del arte de vivir pero pocos hablan del arte de morir. Respirar significa todo para la existencia humana, ojala todos lo sintieran de ser así seguro no se hablaría de destrucción. Lo único que se del cielo y el infierno es lo cerca que están, el infierno esta aquí viviendo junto a nosotros cada día de nuestras vidas y el cielo es un sueño que vagamente recordamos. No se exactamente como podría existir paz en un mundo que pide a gritos arder.


Fotografía Tomada De Pinterest
Cada persona crea su propio cielo y su propio infierno. Lo desconocido es fantasía que da placer a la imaginación para aquellos que la usan. Me gusta enamorarme pero no es facil querer a un extraño, me gusta la sensación porque me da alegría. Los sentimientos que se exploran son la existencia de lo que se creía oculto en la imaginación. No puedes enamorarte de lo que tus ojos ven, la mente necesitara ser alimentada tarde o temprano y no puedes escapar de tu brillante pensamiento. Muchos dicen que les gusta los girasoles, los dueños de los prados abren sus puertas a los turistas y los dejan conocer la preciosidad exquisita de la majestuosa flor, los turistas van a casa sintiéndose feliz de haberlas conocido, ellos no piensan regresar todos los días, no le preguntaron al granjero sobre esa flor. Los visitantes no se enamoraron de los girasoles, ellos solo se dieron el placer de conocerlas. No puedes decir que estas enamorado de los girasoles, sino sabes nada de ellos.

Las mentes humanas hasta el día de hoy son impredecibles y únicas. Me gusta conocer a las personas para hablar con ellas, pide a gritos mi interior que sean una joya valiosa para alimentar mi mente de la suya. La programación en las computadoras hace facil su uso, la mayoría de las personas en el mundo viven programando cada paso que dan. Conocer a alguien programado es sencillo, conocer a otra ave y su vuelo alto no es imposible.

Me aterroriza lo frágil que me siento arriba de un avión la vista se ve asombrosa eso me da calma. Volando puedo entender lo frágiles que somos en el universo un suceso de la naturaleza podría acabar con todos en un segundo si quisiera, es increíble que los mismos humanos estén acabando con quien nos dio vida. Es doloroso saber que jamas nos enseñaron a vivir de la mano con la naturaleza, la relación ideal no se quedo para siempre nuestra evolución nos hizo hambrientos acabando con todo.

Es imposible sincronizar con alguien que no ve vida, no puedo amar la programación humana, ni a sus caras disgustadas al darse cuenta de mi libertad. No pueden fingir caras de sorpresivas al darse cuenta que la libertad significa todo para las almas hambrientas de vida. Podría tener el odio de cada corazón latiendo en la tierra y aun así jamas me acoplaría a su concepto de libertad, la libertad para mi es el único motivo para continuar con la vida. Gracias a Dios por los tiempos cambiantes de haber nacido en una época de restricción total a toda mujer que quisiera ser libre, seguro hubiera buscado ese océano azul para morir en sus profundidades.

Mi niña llora cada vez que algo le recuerda su tristeza ella no puede aun ser fuerte lo suficiente como para ignorar sus gritos del pasado. Su dolor no la agobia como se pensaría, ella esta explorando ese otro sentimiento ese que pertenece al lado oscuro, esta a punto de encontrar el perdón para liberarse completamente. Todas las emociones no saben a miel como se desearía, la libertad no solo significa poder hacer lo que quieres, libertad significa experimentar cada pequeña cosa que solo la humanidad puede sentir. Libertad es dejar salir el alma para que pueda conocer a traves del recipiente, solo así se sentirás la verdadera esencia de vivir.

Fotografía Tomada De Pinterest

domingo, 12 de diciembre de 2021

Buddha y Gestionar Emociones

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: (34) 653 379 269  Website: www.rcordobasanz.es.                    Instagram: @psicoletrazaragoza


Cuando nuestra mente está perturbada por el enojo, el apego, el egoísmo o la codicia, también nuestras energías se perturban. Nos sentimos incómodos; nuestra mente no está en calma; nuestros pensamientos se desbocan. Decimos y hacemos cosas de las cuales después nos arrepentimos. Si notamos una perturbación repentina en nuestra mente y en nuestra energía, podemos estar seguros de que es el resultado de alguna emoción perturbadora. El truco es atraparla tan pronto como aparezca y aplicar algún estado mental oponente, como el amor y la compasión, para evitar los problemas que crearíamos si sucumbimos a la emoción problemática y la llevamos a cabo.

¿Qué es una “emoción perturbadora”?

Una emoción perturbadora se define como un estado mental que, cuando lo desarrollamos, nos causa perder nuestra paz mental y nuestro autocontrol.

Debido a que perdemos nuestra paz mental, es perturbadora; perturba nuestra paz mental. Debido a que nos perturbamos cuando perdemos nuestra paz mental, realmente no tenemos claridad acerca de nuestro pensamiento o nuestros sentimientos. Debido a esa ausencia de claridad, perdemos el sentido de discriminación que es necesario para tener autocontrol. Necesitamos ser capaces de discriminar entre lo que es de ayuda y lo que no es de ayuda; lo que es apropiado y lo que no es apropiado en situaciones específicas.

Las emociones perturbadoras también pueden acompañar estados mentales constructivos

Ejemplos de emociones perturbadoras podrían ser, por ejemplo, apego o deseo anhelante, enojo, celos, orgullo, arrogancia y demás. Algunas de estas emociones perturbadoras podrían llevarnos a actuar destructivamente, pero ese no es siempre necesariamente el caso. El apego y el deseo anhelante, por ejemplo, podrían llevarnos a actuar destructivamente (robar algo, por ejemplo). Pero también podríamos desear con anhelo el ser queridos y estar apegados a ello, así que ayudamos a los demás con el fin de ser queridos. Ayudar a los demás no es destructivo, es algo constructivo, pero hay una emoción perturbadora detrás de ello: "Quiero ser amado, así que te ruego que me quieras a cambio".

O consideren el caso del enojo. El enojo podría llevarnos a actuar destructivamente, herir a alguien o incluso matarlo, porque estamos muy enojados. Así que eso es comportamiento destructivo. Pero digamos que estamos enojados por la injusticia de un cierto sistema o una cierta situación, y estamos tan enojados con ello que verdaderamente hacemos algo para tratar de cambiarlo. No necesariamente tenemos que hacer algo violento, pero el asunto es que, aun si hacemos algo constructivo o positivo, está motivado por una emoción perturbadora. No tenemos paz mental y, como no tenemos paz mental, nuestra mente y sentimientos no tienen claridad y nuestro estado emocional no es muy estable.

En estos casos, entonces, cuando experimentamos deseo anhelante o enojo, queremos que la otra persona nos ame o queremos que termine una injusticia. Estos no son estados mentales estables ni estados emocionales estables. Debido a que no son estados mentales ni emocionales claros, no pensamos con mucha claridad acerca de lo que hacemos ni en cómo llevamos a cabo nuestras intenciones. Como resultado, no tenemos autocontrol. Por ejemplo, podríamos tratar de ayudar a alguien a hacer algo, pero una manera mejor de ayudar sería dejar que lo hicieran por sí mismos. Digamos que tenemos una hija mayor y queremos ayudarla a cocinar, a cuidar de la casa o cuidar a sus hijos; bueno, de muchas maneras eso sería interferir. Es posible que nuestra hija realmente no aprecie que se le diga cómo cocinar o cómo criar a sus hijos. Pero queremos ser amados y queremos ser útiles, así que la presionamos. Estamos haciendo algo constructivo, pero al hacerlo, perdemos el autocontrol que nos habría hecho pensar: "Es mejor quedarme con la boca cerrada y no ofrecer mi opinión ni mi ayuda".

Incluso si ayudamos en una situación en la cual es apropiado ayudar a otra persona, no estamos relajados con ello, porque quizás esperemos algo a cambio. Queremos ser amados; queremos ser necesitados; queremos ser valorados. Cuando experimentamos este tipo de deseo anhelante como condición en nuestra mente, si nuestra hija no responde de la manera que queremos, nos disgustamos mucho.

Este mecanismo de las emociones perturbadoras que hace que perdamos nuestra paz mental y Incluso si ayudamos en una situación en la cual es apropiado ayudar a otra persona, no estamos relajados con ello, porque quizás esperemos algo a cambio. Queremos ser amados; queremos ser necesitados; queremos ser valorados. Cuando experimentamos este tipo de deseo anhelante como condición en nuestra mente, si nuestra hija no responde de la manera que queremos, nos disgustamos mucho.

Este mecanismo de las emociones perturbadoras que hace que perdamos nuestra paz mental y nuestro autocontrol, es incluso más obvio cuando luchamos contra una injusticia. Como nos molesta mucho, estamos muy enojados. Si actuamos sobre la base de estar enojados, entonces a menudo no pensamos con mucha claridad lo que hay que hacer. Con frecuencia, nuestras acciones no siguen el mejor curso para que se produzca el cambio que queremos.

En resumen, ya sea que actuemos de una manera destructiva o hagamos algo constructivo, si lo que hacemos está motivado por y acompañado de una emoción perturbadora, nuestro comportamiento va a causar problemas. Aunque no podemos predecir de forma precisa si va a causar o no problemas a los demás, principalmente nos causará problemas a nosotros mismos. Estos problemas no son necesariamente cosas que van a pasar inmediatamente; son problemas a largo plazo, en el sentido de que actuar bajo la influencia de las emociones perturbadoras desarrolla los hábitos de repetir una y otra vez nuestras conductas perturbadas. De esta manera, nuestro comportamiento compulsivo, basado en las emociones perturbadoras, construye un amplio conjunto de formas de comportarnos que son problemáticas. Nunca tenemos paz mental.

Un claro ejemplo de esto es el estar motivados para ayudar y hacer cosas bonitas por los demás, porque queremos ser amados y sentirnos valorados. Detrás de esto, básicamente nos sentimos inseguros. Pero cuanto más continuamos actuando con este tipo de motivación, más insatisfechos nos sentimos, nunca sentimos: "Bien, ahora soy querido. Ya está bien, ya no necesito más". Nunca sentimos eso. Y entonces nuestro comportamiento no hace más que fortalecerse y reforzar este hábito de sentir compulsivamente: "tengo que sentirme amado, tengo que sentirme importante, tengo que sentirme valorado". Sólo cultivamos más la esperanza de sentirnos amados, pero siempre nos sentimos frustrados. Nos sentimos frustrados porque, incluso si alguien nos da las gracias, pensamos: "En verdad no lo dice en serio", ese tipo de cosas. Debido a ello, nunca tenemos paz mental. Y sólo empeora porque el síndrome se repite y se repite y se repite. Por cierto, a eso se le llama “samsara” (una situación problemática incontrolablemente recurrente).

No es muy difícil reconocer este tipo de síndrome cuando la emoción perturbadora nos hace actuar negativa o destructivamente. Por ejemplo, es posible que siempre estemos enojados, y como siempre estamos enojados y nos molestamos por las cosas más insignificantes, siempre les hablamos de forma ruda a los demás o les decimos cosas crueles. Como resultado de ello, obviamente no le gustamos a los demás, la gente no quiere pasar mucho tiempo con nosotros y eso causa una gran cantidad de problemas en nuestras relaciones. En ese caso, es bastante fácil reconocer lo que está sucediendo, pero no es tan fácil cuando la emoción perturbadora está detrás de nuestro actuar positivo. Sin embargo, necesitamos reconocerlo en ambas situaciones.

Cómo reconocer cuando estamos bajo la influencia de una emoción, actitud o estado mental perturbador

La cuestión, entonces, es ¿cómo reconocer cuando estamos actuando bajo la influencia de una actitud o emoción perturbadora? No tiene que ser una emoción; también puede ser una actitud ante la vida o una actitud hacia nosotros mismos. Por ello, necesitamos ser un poco sensibles para ser introspectivos y notar cómo nos sentimos interiormente. En este sentido, la definición de una emoción o actitud perturbadora es muy útil: nos causa perder nuestra paz mental y nuestro autocontrol.

De esta forma, si cuando estamos a punto de decir algo o hacer algo, nos sentimos un poco nerviosos en nuestro interior, no estamos completamente relajados, ese es un signo de que hay alguna emoción perturbadora presente.

Podría ser inconsciente, y a menudo es inconsciente, pero hay alguna emoción perturbadora detrás de ello.

Digamos que tratamos de explicarle algo a alguien. Si notamos que hay cierto malestar en nuestro estómago mientras hablamos con la persona, ese es un buen indicador de que hay cierto orgullo detrás de ello, por ejemplo. Podríamos sentir: "Qué listo soy, yo lo entiendo. Voy a ayudarte a entenderlo". Podríamos sinceramente querer ayudar a otras personas y explicarles algo, pero si sentimos un poco de malestar en nuestro estómago, eso indica la presencia de cierto orgullo. Esto sucede especialmente cuando hablamos sobre nuestros logros o nuestras buenas cualidades. Muy a menudo, lo experimentamos con un poco de intranquilidad.

O consideremos el caso de una actitud perturbadora, digamos la actitud de: "Todo el mundo debería prestarme atención", la cual tenemos a menudo. No nos gusta sentirnos ignorados (a nadie le gusta sentirse ignorado) así que sentimos: "La gente debería prestarme atención y escuchar lo que estoy diciendo", y demás. Bueno, esto también puede estar acompañado de nerviosismo en nuestro interior, especialmente si la gente no nos está prestando atención. ¿Por qué deberían prestarnos atención? Si lo pensamos, no hay ninguna buena razón.

La palabra sánscrita "klesha" ("ñon mong" en tibetano) es un término muy difícil que yo estoy traduciendo aquí como "emoción perturbadora" o "actitud perturbadora". Es difícil porque algunas de ellas realmente no encajan muy bien, ni en la categoría de una emoción ni en la de una actitud, por ejemplo, la ingenuidad. Podemos ser muy ingenuos acerca del efecto de nuestro comportamiento sobre los demás o sobre nosotros mismos. O podríamos ser ingenuos sobre una situación, la realidad de lo que está sucediendo. Digamos, por ejemplo, que somos ingenuos acerca de si alguien no se está sintiendo bien o si está molesto. En tales situaciones, ciertamente podemos ser ingenuos acerca de cuál será el resultado de lo que les digamos; podrían enojarse mucho con nosotros a pesar de nuestras buenas intenciones.

Cuando tenemos ese tipo de estado mental perturbador, llamémosle así, no necesariamente sentimos malestar en nuestro interior. Pero como vimos con anterioridad, cuando perdemos nuestra paz mental, nuestra mente pierde claridad. Así, cuando somos ingenuos, nuestra mente realmente no es clara; estamos en nuestro pequeño mundo. Perdemos el autocontrol en el sentido de que, debido a que estamos en nuestro pequeño mundo, no discriminamos entre lo que es de ayuda y apropiado en una situación y lo que no lo es. Debido a esta falta de discriminación, no actuamos apropiadamente y con sensibilidad. En otras palabras, no tenemos el autocontrol para ser capaces de actuar apropiadamente y refrenarnos de hacer algo inapropiado. De esta manera, la ingenuidad encaja en esta definición de un estado mental perturbador, aunque es difícil pensar en la ingenuidad como una emoción o una actitud. Como dije, "klesha" es un término para el cual es difícil encontrar realmente una buena traducción.

En sánscrito y tibetano no hay ninguna palabra para "emoción". Estos idiomas hablan de factores mentales, que son los diferentes componentes que conforman cada momento de nuestro estado mental. Estos factores mentales se dividen en perturbadores y no perturbadores, y en constructivos y destructivos. Estos dos pares no se superponen completamente entre sí. Además, hay factores mentales que no entran en ninguna de estas categorías. Así, en términos de lo que en occidente llamamos "emociones", hay algunas que son perturbadoras y algunas que no son perturbadoras. No es que el objetivo en el budismo sea deshacernos de todas las emociones, de ninguna manera. Sólo queremos deshacernos de las perturbadoras. Esto se hace en dos pasos: el primer paso es no sucumbir a su control y el segundo es deshacerse de ellas para que ni siquiera surjan.

¿Qué es lo que sería una emoción no perturbadora? Bueno, podríamos pensar que "amor" es una emoción no perturbadora, o "compasión" o "paciencia". Pero cuando analizamos estas palabras que tenemos en nuestros idiomas occidentales, descubrimos que cada una de estas emociones podría tener una variedad perturbadora y otra no perturbadora. Por eso, tenemos que tener un poco de cuidado. Si amor es el tipo de sentimiento con el cual sentimos: "¡te amo mucho, te necesito, no me dejes nunca!", entonces ese tipo de amor es en realidad un estado mental bastante perturbador. Es perturbador porque, si la persona no nos corresponde o no nos necesita, nos enojamos mucho. Nos enojamos mucho y de repente nuestra emoción cambia: "ya no te amo".

Así que, cuando analizamos un estado mental, aunque podríamos concebirlo como uno emocional y pudiéramos llamarlo "amor", en realidad este estado es una mezcla de muchos factores mentales. No experimentamos sólo una emoción por sí misma. Nuestros estados emocionales son siempre una mezcla; tienen muchos componentes diferentes. Ese tipo de amor en el que sentimos: "Te amo, no puedo vivir sin ti", es obviamente un tipo de dependencia y eso es bastante perturbador. Pero hay un tipo de amor no perturbador, el cual es meramente el deseo de que la otra persona sea feliz y tenga las causas de la felicidad, sin importar lo que haga. No esperamos nada a cambio.

Por ejemplo, podríamos tener ese tipo de amor no perturbador hacia nuestros hijos. Realmente no esperamos nada a cambio de ellos. Bueno, obviamente algunos padres lo hacen, pero por lo general, sin importar lo que haga el hijo, seguiremos queriéndolo. Queremos que el hijo sea feliz. Pero a menudo, otra vez, esto está mezclado con otro estado perturbador, el cual es que nosotros queremos ser capaces de hacerlo feliz. Si hacemos algo con la intención de hacer felices a nuestros hijos, como llevarlos a un espectáculo de marionetas, y no sale como esperábamos, es decir, no los hace felices porque preferirían jugar con sus videojuegos, entonces nos sentimos muy mal. Nos sentimos mal porque queríamos ser la causa de la felicidad de nuestros hijos, no que el videojuego lo fuera. Pero aun así llamamos a ese sentimiento hacia nuestros hijos "amor". "Quiero que seas feliz, voy a tratar de hacerte feliz, pero quiero ser la persona más importante en tu vida que lo logre”.

Así que el tema de esta discusión elaborada es que realmente necesitamos mirar de forma muy cuidadosa nuestros estados emocionales y no quedarnos atrapados en las palabras que usamos para etiquetar emociones diferentes. Necesitamos investigar seriamente para encontrar qué aspectos de nuestros estados mentales son perturbadores y nos hacen perder nuestra paz mental, nuestra claridad, nuestro autocontrol. Esas son las cosas en las que necesitamos trabajar.

jueves, 23 de abril de 2020

La Ignorancia en clave budista


Nuestros sentidos contribuyen a aumentar nuestra ignorancia. Para la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto los objetos parecen existir por sí mismos. Al recibir está información distorsionada, la mente aprueba está categoría exagerada de las cosas. Los budistas llaman "ignorante" a esta mente por aceptar esa falsa apariencia en lugar de rechazarla. La mente ignorante no se pregunta si las apariencias son correctas o no; sencillamente acepta que las cosas son como parecen.

A renglón seguido, aceptamos la realidad aparente de la naturaleza concreta de los objetos pensando: "Si esto es real, qué lo es? De ese modo, nuestra percepción errónea e ignorante se afianza. Por ejemplo, cuando tropezamos con algo o alguien agradable, reparamos brevemente en el objeto, limitándonos a reconocer su presencia. La mente, en esta fase, es bastante neutral. No obstante, cuando las circunstancias nos instan a prestar mayor atención al objeto parece que su atractivo sea parte integral del objeto. Cuando la mente acepta el objeto de ese modo -pensando que existe tal y como aparece- puede surgir el deseo por el objeto y el odio por aquello que obstaculiza su obtención.

Como dice el yogui y erudito Nagarjuna en sus "Sesenta Razonamientos":
Cómo no van a surgir grandes emociones perniciosas
en aquellos cuya mente se fundamenta en la existencia intrínseca?
Hasta cuando el objeto es corriente
la serpiente de las emociones destructivas
les oprime la mente.

El momento crucial en que pasamos de ser meramente conscientes a la percepción errónea se produce cuando la ignorancia exagera la cualidad positiva o negativa del objeto, de modo que acabamos viéndolo intrínsecamente bueno o malo, intrínsecamente atractivo o desagradable, intrínsecamente bonito o feo. Cuando llevados por la ignorancia, aceptamos esta falsa apariencia como un hecho, abrimos el camino al deseo, el odio y muchas otras emociones contraproducentes. Estas acciones destructivas conducen, a su vez, a acciones basadas en el deseo y el odio, las cuales establecen en la mente las predisposiciones kármicas que dirigen el proceso de la existencia cíclica de una vida a otra. 

Rodrigo Córdoba. Psicólogo. 
N° Col : A-1324 Aragón
Teléfono: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es