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Paz y Ciencia
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martes, 12 de enero de 2021

Eric Berne: Análisis Transaccional

 



Rodrigo Córdoba Sanz Psicólogo Clínico Zaragoza Psicoterapeuta. Trastornos de personalidad, ansiedad, depresión, terapia de pareja. rcordobasanz@gmail.com.                Página Web: Psicólogo Zaragoza y Psicoterapeuta                                        Instagram: @psicoletrazaragoza


¿Qué es el análisis transaccional?

El análisis transaccional es un sistema de psicoterapia nacida en los años 50 del siglo XX dentro de la denominada psicología humanista. Actualmente algunos de sus paradigmas están cambiando. Sin embargo, la práctica del método sigue persiguiendo que el paciente pueda cambiar sentimientos, pensamientos y comportamientos.

Nacido en Montreal en 1910, hijo de padre médico y madre escritora fue el creador del Análisis Transaccional (AT). Estudió Psicología y Medicina y en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, ingresa al cuerpo médico del ejército y empieza a trabajar en terapia de grupo con el objetivo de que los militares que se daban de baja en el ejército por causas psicológicas, tuvieran la oportunidad de conseguir suficiente grado de normalidad como para poder reintegrarse al servicio activo (Book, 1996).

Eric Berne planteó que si nos fijamos con atención cuando miramos y escuchamos a las personas que tenemos delante podremos apreciar cambios de estado, los cuales son simultáneos y afectan la expresión facial, vocabulario, gestos y posturas. Este tipo de cambios es usual en todo sujeto, sea niño o adulto, no obstante, la persona sigue siendo la misma, ya que su estructura ósea, muscular y su atuendo no cambian (Book, 1996).

Los tres estados del yo en el análisis transaccional

Uno de sus casos era un abogado de 35 años, que solía decirle: “En realidad, yo no soy un abogado, ni siquiera un adulto; soy un chiquillo”. Fuera del consultorio, el hombre era realmente un abogado de notable prestigio, pero durante las sesiones se sentía y comportaba como un niño. Fue por ello que Eric Berne y su paciente denominaron a estas dos personalidades, el “adulto y el niño”. Poco después, surgió en el paciente un tercer personaje al que le llamaron “padre”, pues se parecía al progenitor del joven (Book, 1996).

Berne concluyó que esos tres estados existen en todas las personas, por lo que los denominó “estados del yo”: PAN (Padre, Adulto y Niño)

En el padre se hallan todos los avisos, todas las reglas, prejuicios, opiniones y leyes que el niño ha oído a sus progenitores y observado en su modo de vida. El niño, por el contrario, corresponde al registro de vivencias reales desde el nacimiento hasta los 5 años, es decir, los sentimientos experimentados por el paciente hasta esa edad (Book, 1996).

El adulto corresponde al registro de datos adquiridos y calculados por medio de la exploración y del testimonio personal. Hasta el décimo mes de vida, una persona tiene un padre y un niño, lo que le falta es la capacidad elegir sus respuestas, luego poco a poco comienza a experimentar y aprender por su propia cuenta. La misión del adulto no es excluir al padre o al niño sino verificar la fiabilidad de sus mensajes o si se quiere, en emancipar al individuo de los prejuicios que pesan sobre él (Book, 1996).

Conceptos del Análisis Transaccional

Eric Berne hablaba del análisis del guión. Un guión es un conjunto complicado de transacciones, recurrente por naturaleza, aunque no precisamente periódico, ya que sería necesaria toda una vida para completar una representación. El objetivo del análisis del guión es el de cerrar la representación y elaborar otro mejor. En otras palabras, para Berne los guiones constituían la repetición de acontecimientos desdichados de la infancia por parte del individuo, por lo que el objetivo de su análisis consistía en liberar al sujeto de revivir esas situaciones, dirigiendo su atención otras direcciones (Book, 1996).

Otro concepto de gran relevancia en el análisis transaccional es el de “juego”. El juego es un tipo de transacción oculta que encuentra su origen en la acumulación de sentimientos de inferioridad registrados desde la infancia. El niño por lo general, se ve obligado a sacrificar sus propias satisfacciones para obtener la recompensa de la satisfacción paterna. Asimismo, a esto se añade la percepción que tiene de sí mismo que suele ser de tipo negativo “Soy muy pequeño”, “yo no sé”, “vosotros lo sabéis todo”, etc. El análisis transaccional tiene como objetivo señalar la presencia de estos juegos para desarrollar comunicaciones francas y auténticas en las que seamos conscientes de los correspondientes papeles del niño y del padre y procedamos a hacer un esfuerzo de escucha y comprensión (Book, 1996).

El Análisis Transaccional y las posiciones vitales

Según el análisis transaccional tenemos cuatro posiciones vitales posibles:

Si yo estoy mal, tu estás bien

En el primer año de vida, el niño acumula una serie de sensaciones que le hacen sentirse mal. A pesar de ello, también disfruta de buenos momentos en donde se ve atendido por sus padres. El recuerdo de esta incomodidad, indefensión e inferioridad que vive el infante es el que puede pervivir en el adulto. A lo largo de su vida, el individuo puede seguir repitiendo esta postura psicológica que le llevará a un estado de postración interior y de desesperación (Book, 1996).

Si yo estoy mal, tu estás mal

A partir del primer año, cuando el niño empieza a andar se origina esta posición. En ese momento, el niño puede moverse y buscar nuevos estímulos por sí mismo, lo que conlleva a una reducción de las atenciones y caricias que obtuvo en el primer año. Además, hay tropiezos, caídas y los padres reprenden con mayor frecuencia e intensidad, por lo cual, el niño empieza a sentir que no sólo él está mal, sino que también lo están los demás. Esta posición implica mayor dificultad en la terapia puesto que no solo se ve mal a sí mismo sino al terapeuta (Book, 1996).

Si yo estoy bien, tu estás mal

Esta postura surge en el transcurso del segundo y tercer año de vida. El niño que empieza a ser reprendido por sus padres busca una compensación que viene dada por caricias que él mismo se produce. Esta forma de auto compensación es una clara postura de supervivencia (Vosotros me dañáis, pero yo puedo sobrevivir a vuestro daño), lo que genera un rechazo hacia otros que puede producir una psicología criminal. Esta postura es propia del jefe o del padre arrogante, en quienes predomina la fuerza y el desprecio por lo ajeno (Book, 1996).

Si yo estoy bien, tu estás bien

Las tres posturas anteriores son inconscientes porque fueron adquiridas a una edad muy temprana, sin embargo, esta cuarta posición es una decisión consciente en donde nuestra concepción de lo que es bueno no se limita a las propias experiencias personales, pues ya somos capaces de trascenderlas. Esta postura es una muestra de autoestima que permite que los demás no sean percibidos como temibles o rivales y genera que el individuo se sienta bien (Book, 1996).

En este sentido, cabe concluir que, a partir de la clasificación del AT en cuanto a las cuatro posiciones vitales del individuo, ninguna persona “normal” vive exclusivamente en una de ellas. Lo normal es que vivamos en una mezcla de las cuatro (Book, 1996).

Ejemplo Análisis Transaccional

Así, por ejemplo, si una persona se despierta tarde y no llega a tiempo a una cita importante, puedo pensar que la culpa la tiene su pareja que no se ha acordado de llamarle en la mañana (yo estoy mal>tú estás mal). Más tarde, a esa misma persona el jefe explica una estrategia de acción que ha de seguirse para la realización de un proyecto del cual no sabe nada (yo estoy mal>tú estás bien). Una vez asimilada la estrategia a seguir, la persona trata de explicársela a sus subordinados que parecen encontrar dificultad en su comprensión (yo estoy bien>tú estás mal). Por último, esa misma noche, la persona en cuestión se reúne con amigos en una cena informal en la que trata de explicar los beneficios del proyecto laboral y todos parecen convencidos y le desean que el proyecto sea un éxito (yo estoy bien>tú estás bien).

El análisis transaccional y la psicología

Finalmente, el objetivo del análisis transaccional es capacitar a la persona para que consiga libertad de opción que le permita cambiar voluntariamente las respuestas a los viejos o nuevos estímulos (Book, 1996).

El verdadero objetivo de la psicoterapia actual es enseñar a nuestros pacientes a vivir con plena y total consciencia el aquí y el ahora, con todo lo que eso implica. El Bienestar Emocional consiste en el equilibrio psicológico, emocional, fisiológico, inmunológico, espiritual, social y familiar.

Citas célebres de Eric Berne:


Las mejores frases de Eric Berne

“Una persona actúa y siente, no de acuerdo con lo que las cosas realmente son, sino de acuerdo con su imagen mental de la realidad”.

“El momento en que un niño se preocupa de si es un arrendajo o es un gorrión, ya no puede ver las aves ni escucharlas cantar”.

“Los enfermos mentales no poseen instintos diferentes, sino que expresan de manera diferente aquellos instintos que son universales entre los seres humanos”.

“Cada persona diseña su propia vida, la libertad le da poder para llevar a cabo sus designios, y el poder da la libertad de interferir en los designios de los demás”.

“El cerebro es necesario para la acción efectiva en el cumplimiento de un propósito determinado”.

“Los juegos son compromiso entre la intimidad y mantener la intimidad de distancia”.

“El hombre que compra un billete de lotería constituye un buen ejemplo del modo como las personas ansiosas tratan de que el mundo se adapte a sus imágenes con el menos esfuerzo posible”.

“Los niños comprenden a la gente mucho mejor que los mayores adiestrados que estudian el comportamiento humano”.

“Cada persona decide en su primera infancia cómo vivirá y cómo morirá, y a ese plan, que lleva en la cabeza dondequiera que vaya, lo llamamos guión”.

“Cada individuo se ve empujado por su guión a repetir una y otra vez los mismos patrones de conducta, por mucho que lamente las consecuencias”.

“Todas sus decisiones las toman cuatro o cinco personas dentro de su cabeza, y aunque usted puede no hacerles caso si es demasiado orgulloso para oírlas, estarán ahí la próxima vez si se molesta en escucharlas. Los analistas de guiones aprenden a amplificar e identificar estas voces”.

“Los temas principales de los guiones vitales son los mismos que se encuentran en los cuentos de hadas: amor, odio, gratitud y venganza”.

“Los pasatiempos y los juegos son sustitutos de la vivencia real de la intimidad real”.

“Existen más conexiones posibles en un sólo cerebro que las que habría en un conmutador mundial si cada ser humano tuviera un teléfono”.

“El hambre es la necesidad de tocar y ser tocado, de ser reconocido por la sociedad y solo se apacigua con caricias”.

“El eterno problema del ser humano es como estructurar sus horas de vigilia”.

“En vez de animar a la gente a vivir valientemente en un viejo mundo, es posible hacerles vivir felizmente en un valiente mundo nuevo”.


lunes, 28 de julio de 2014

El "Playing" en D.W. Winnicot

REFLEXIONES SOBRE
 LA OBRA DEL PSICOANALISTA INGLES DONALD WINNICOTT
No hay revancha, pero sí otra oportunidad 
Pesadillas: “La paciente, cuando despierta del sueño ‘antes de llegar a su madre’, rechaza transformar en un sueño propio las pesadillas ajenas”. Sorpresa: Hay “interpretaciones inteligentes” que impiden que el paciente se sorprenda a sí mismo. Si no hay juego mutuo, sólo hay adoctrinamiento”.
Por Daniel César Ripesi
Comentaba Donald Winnicott que en sus primeros años de pediatra entró corriendo a su consultorio un niño que, adelantándose a su madre –que había quedado rezagada por los pasillos de acceso–, se plantó frente a él, y le dijo: “Doctor, mi mamá me trae porque se queja de un dolor en mi panza”. Este episodio permaneció en él, para ser retomado en uno de sus primeros escritos psicoanalíticos en el que habla de ciertas madres hipocondríacas a quienes les duelen sus hijos... Con esta temprana experiencia, Winnicott aprendió que nadie puede empezar a vivir su vida si no encuentra su propio sufrimiento y los recursos necesarios para hacerse cargo de él.
En otra ocasión –ahora, poco antes de morir–, una muchachita anoréxica le cuenta un sueño: “Se ve caminando hacia su madre que está sollozando en un sillón, va hacia ella con el fin de calmarla, pero cuando está por llegar, se despierta...”. Winnicott duda de que esto sea realmente un sueño, pero señala que, en todo caso, lo más importante de éste es que la paciente se despierta antes de llegar a su madre: por fin rechaza hacerse cargo del sufrimiento de ésta. En un extremo y otro de su vida y de sus desarrollos teórico-clínicos, este tema insiste: nadie puede transformar en un sueño propio las pesadillas ajenas.
Cuando Winnicott recibía a sus pequeños pacientes, decía que algunos de ellos venían soñando y que él sólo debía permitir que se fueran del mismo modo: soñando... Sin embargo, otros mostraban necesidad evidente de contarlos, y Winnicott disponía lo necesario para que pudieran hacerlo, no porque pensara que fuera oportuno que recuperaran los dudosos privilegios de la vigilia, sino para que por fin retomaran los propios.
Si Macedonio Fernández tituló a uno de sus libros No toda vigilia es la de los ojos abiertos, Winnicott planteaba –como una pauta de salud– la alternativa inversa, “no todo onirismo es el de los ojos cerrados”. Una buena interpretación, si era necesario hacerla, era aquella que el paciente podía soñar... de boca de su analista. Tanto con niños como con adultos esto era posible si analista y paciente –en el curso de una cura- podían jugar juntos.
Cuando esto no era posible en el paciente, el terapeuta, decía Winnicott, debía llevarlo de un estado en que no puede jugar a otro en que pudiera empezar a hacerlo. Pero cuando es el terapeuta quien no puede jugar, es mejor detener las cosas, porque comienza lo que Winnicott llama intrusiones de “interpretaciones inteligentes” que impiden que “el paciente se sorprenda a sí mismo”. Cuando no hay juego mutuo, la interpretación es mero adoctrinamiento y produce acatamiento, confusión o, en el mejor de los casos, rechazo.
Es bueno hacer aquí una aclaración que ayude a entender algo esencial en el pensamiento de Winnicott, cuando reivindica un “jugar” entre paciente y analista: se plantea aquí una dificultad de traducción, que encierra una dificultad de orden epistemológico.
Los ingleses disponen de dos palabras para nombrar aquello que nosotros sólo podemos decir de un solo modo: jugar. Ellos dicen play o bien game. El game es el juego reglado, se desarrolla en un espacio y un tiempo preestablecidos, con un inicio, un desarrollo y una conclusión definidos; el ajedrez sería su expresión más acabada. Ordena un enfrentamiento que dará como resultado ganadores y perdedores, y otorga a quien lo juega la sensación de dominio de una estrategia posible para dirigir su juego. Hay un esfuerzo intelectual que toma prevenciones anticipadas de las posibles alternativas, y una agudeza indagatoria que hace –hasta cierto punto– previsible y calculable al contrincante. Y algo que resulta importante es que todo game admite una revancha. El play, en cambio, está más cercano al despliegue de una actividad espontánea; es en su propio movimiento como se construye el área de juego, en el hacer su experiencia se van precisando, más que los límites, ciertos confines donde el jugar podría empezar a diluirse; no define “ganadores” o “perdedores”, pero los participantes no salen del mismo modo como habían ingresado. Favorece la experiencia del play una distensión de la preocupación intelectual descripta en el game; en todo caso los participantes del play entran en una relación que realiza una paradoja, según la cual .-comenta Winnicott– son capaces de estar a solas en presencia del otro. O, para decirlo de modo positivo, quienes comparten esa experiencia de jugar disponen una presencia potencial no calculable, pero no demasiado inquietante.
La potencialidad de los participantes es, en todo caso, la que cada uno pueda favorecer o impedir como realización concreta en los otros, y esto en base a la confiabilidad que se pueda construir en el jugar. El marco temporal también impone cierta precariedad a los participantes: hay una decatextización de las coordenadas que ordenan los hechos según un antes y un después, pero ese “tiempo otro”, por así llamarlo, también necesita un principio y una culminación que es necesario construir con diversos tanteos exploratorios. Y, finalmente, en el play no hay “revancha” (difícilmente se puedan reeditar las alternativas que lo hicieron posible); en todo caso, si las cosas van bien, podría hablarse, sencillamente, de “nueva oportunidad”.
Si estamos de acuerdo en que con Freud se extendió la idea de sexualidad, con Winnicott hubo una extensión de la idea del jugar, y la distancia que va del game al play se podría medir entre lo que va desde la lectura de un buen texto de educación sexual a la experiencia concreta de un primer encuentro amoroso (y, si las cosas van bien, a un segundo, un tercero, etcétera). Se podría objetar, no obstante, que todo play ya estaría afectado de lo que los ingleses llaman game, es decir de cierta legalidad que lo ordena y por lo tanto lo aleja de cierto ideal de espontaneidad, pero Winnicott advierte que en el play ese orden escapa a la posibilidad de dominio, y somos más bien jugados que jugadores: con posesión, pero sin dominio de lo que sostiene la experiencia. El niño que juega entra en ese territorio sagrado, pleno de precariedad y que necesita una base de confianza bien establecida.
Como decía anteriormente, Winnicott argumentaba que la psicoterapia debía sostenerse en un área de juego donde fuera posible el jugar compartido de paciente y analista, donde cada uno pudiera estar a solas en presencia del otro, y donde uno y otro pudieran sorprenderse a sí mismos. En el marco de esa experiencia el paciente puede entrar en contacto con una verdad de sí mismo que tiene sentido porque se instala en el campo de una paradoja.
Como los “objetos transicionales” y los sueños, las interpretaciones regulan un movimiento que aproxima a la locura, y rescatan cierta cordura, y, como el en campo de fenómenos transicionales (de donde la situación transferencial hereda sus alternativas, para Winnicott), para sostener cierto jugar en una cura, es un silencio lo que ordena la experiencia: nadie debe formular si “esto que encontraste –cierta verdad en el curso de la experiencia– es producto de tu juego, o del mío”. No es que no se pueda reconocer una deuda (Winnicott reconoce la suya en su agradecimento que abre Realidad y juego: “A mis pacientes, que pagaron por enseñarme”). Sólo que (si las cosas se desarrollaron con cierta normalidad en la fase de dependencia absoluta del infans) la deuda siempre es con un otro ausente, ausencia que el silencio del analista sólo encarna de manera bastante precaria. Y, aparte de ser irremediable, es bueno que así suceda: Winnicott comentaba que interpretaba más para mostrar los límites de su comprensión que los alcances de su saber..., e incluso, que a vecesintervenía para que el paciente no se fuera creyendo que él había entendido todo.
El jugar, entonces, se despliega allí, en las fallas del analista respecto de su presunto saber, es decir, en la medida en que el propio analista pueda soportar permanecer en ese estado de precariedad que Winnicott llamaba estado de no-saber; mientras admita disponer cierta cualidad de su presencia, en el marco de una cura, relacionada con eso que esperamos tan confiados de parte de los pacientes: cierta capacidad para jugar.

jueves, 20 de marzo de 2014

Las prácticas alimentarias en la vida social



Las reacciones que suscita la figura del anoréxico adquieren sentido y relieve ante el fondo de las conductas alimentarias habituales. Ocupan un amplio lugar en la vida social y cultural. La gama se extiende desde la lucha por la vida, la necesidad y las constricciones internas de la nutrición, hasta la búsqueda refinamientos gastronómicos y del lujo que en este campo se puede desplegar. Nos es posible olvidar la exigencia y la urgencia de la necesidad porque nuestros usos proveen en este sentido, ya que tienden a protegernos del hambre y la sed. Las imágenes más atroces de las consecuencias de la escasez y de la desigualdad aparecen en el hambre, y morir de sed en el desierto está considerado como en final más espantoso.

Bernard Brusset: "La Anorexia. Inapetencia de origen psíquico en el niño y en el adolescente". Nueva Paideia, p.: 23

domingo, 16 de junio de 2013

Françoise Dolto y la Causa de los Niños

 
 
"Sólo unos pocos individuos que, en su historia consiguen no dejar morir al niño en ellos, logran crear algo y hacer avanzar las cosas por saltos, descubrimientos, emociones que aportan a la sociedad, abriendo nuevas puertas, nuevas ventanas." Francoise Dolto 1985
 
"Françoise Dolto y la causa de los niños"
 
Elisabeth Roudinesco, psicoanalista e historiadora.
Françoise Dolto fue y sigue siendo la figura más popular de la historia francesa del psicoanálisis. La memoria colectiva conserva aún el recuerdo de sus entrevistas televisivas durante los años 70 donde no empleaba un lenguaje tontito ni vulgar. Se expresaba con un francés muy tradicional para comentar, a través de las miles de cartas que recibía, los acontecimientos de la vida cotidiana: la escuela, las relaciones internas de la familia, las angustias, los deseos, las muertes, los nacimientos, etc.
        Dedicó toda su vida a los niños. Sin dar recetas, militaba para que se dirigieran a ellos como seres de lenguaje, instando a instalar una autoridad a partir de la fuerza de la palabra antes que sobre reglas disciplinarias. Se esforzaba en convencer a los padres y a los educadores de no mentir a los niños, ni sobre su origen ni sobre la sexualidad. Sus tomas de posiciones a favor de una pedagogía de masas, su adhesión iconoclasta a la fe cristiana y finalmente su cruzada, a partir de 1979, a favor de la creación de "casas verdes" dirigidas a recoger niños menores de 3 años acompañados con sus padres - transición hacia el ingreso al jardín de infantes- la transformaron en un personaje fuera de todo maniqueísmo. Sin embargo, fue aborrecida por detractores estúpidos, que la hicieron responsable en vida y post mortem de una disminución de los valores de la potestad parental y escolar, hasta de la crisis de los adolescentes de los suburbios. En cuanto a sus idólatras, hasta hoy la santifican y dan de ella una imagen que no corresponde a lo que fue.
         Nacida el 6 de noviembre de 1908, creció en una familia de ingenieros elitistas y de militares impregnados de las ideas monárquicas y xenófobas de Charles Mauras y de su diario de extrema derecha "L´action française". Se le enseñó que los niños nacen en cajas enviadas a la tierra por el Sagrado Corazón de Jesús, que la sexualidad era repugnante, que los alemanes, los negros y los judíos eran los enemigos de la patria y que las mujeres tenían por único destino de pasar del estado de virgen al de madre sin tener derecho a acceder a una actividad profesional o intelectual.
         Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, siendo aún niña, se consideró como la novia de su tío materno capitán, quien murió en el frente en julio de 1916. Sostenida por sus padres, se vio como una viuda de la guerra, incapaz de hacer el duelo de ese primer amor. Sin duda, en ese episodio puede encontrarse la génesis de su revuelta de 1949 contra una ideología, bastante difundida en los medios cristianos, según la cual las viudas de la guerra debían permanecer fieles en cuerpo y alma al marido fallecido.
         Se encontró en una situación de desesperanza, en una etapa de la vida donde hubiera podido resplandecer. Otro acontecimiento contribuyó a empeorar su desgracia: la muerte de su hermana mayor, en 1920, por un cáncer óseo.

Su madre no pudo superar un estado depresivo surgido a continuación de un episodio delirante agudo. Con semejante educación y al lado de esta madre cariñosa pero depresiva, Françoise, presa de pulsiones violentas, no conseguía mantener una relación con un hombre, ni a construirse una identidad.
         Para todas las mujeres de esa generación, deseosas de emanciparse, distintas vías eran posibles al comienzo de los años 30: el compromiso político, la escritura, el feminismo, el socialismo, el psicoanálisis o el acceso a un oficio, por lo tanto a cierta autonomía. Este último camino fue el elegido por Françoise al iniciar los estudios de medicina, a pesar de la oposición de su familia. Quería ser "médica educadora", tanto para curar sus sufrimientos como para no repetir los errores cometidos por sus padres. Descubrió la aventura del freudismo francés con René Laforgue, fundador junto con Edouard Pichon y Marie Bonaparte de la Société Psychanalytique de Paris (SPP, 1926). Su terapia con Laforgue le permitió llegar a ser otra mujer y a salir de su encierro mortífero. Se desprendió de los prejuicios de su medio al conocer otra cultura: el psicoanálisis. Su inaudita facultad de escucha de los niños la descubrió con Edouard Pichon, su segundo maestro, pediatra, también de extrema derecha, antiDreyfuss y autor junto con su tío Damourette de una famosa gramática francesa descriptiva: Desde las palabras hasta el pensamiento.
         En esa época dos corrientes se enfrentaban dentro de la Internacional Psychoanalytical Association (IPA), fundada por Freud en 1910: la escuela vienesa representada por Anna Freud y la escuela inglesa dirigida por Melanie Klein. Dos mujeres, jefas de escuela, ya que al comienzo se atribuyó a las mujeres el papel de analizar a los niños, después que Freud en 1908 llevó a cabo el primer análisis infantil con Herbert Graf de 5 años.
         Para los annafreudianos y para Freud mismo, el análisis de un niño no debía empezar antes de los 4 años, ni ser dirigido por el terapeuta directamente sino por un pariente considerado protector, en general por el padre. Para los kleinianos, por el contrario, debía suprimirse las barreras que impedían al psicoanalista  acceder al inconsciente del niño desde muy chico (a  los 2 ó 3 años). Si bien Freud fue el primero en descubrir dentro del adulto el niño reprimido, Melanie Klein, por su interés con los vínculos arcaicos con la madre, fue la verdadera iniciadora del psicoanálisis infantil. Inventó un dispositivo que permitía al niño expresarse y fuera retomado después por todos los clínicos de la escuela inglesa, particularmente por Donald Winnicott: plastilina, juguetes, pelotas, bolitas, tijeras, pinceles, lápices, muebles adecuados, etc. Después de la emigración de Anna Freud a Inglaterra en 1938, kleinianos y annafreudianos al mismo tiempo que se enfrentaban, fueron los impulsores de un desarrollo mundial del enfoque psicoanalítico con los niños que se propagó al saber psiquiátrico y a la psiquiatría infantil durante décadas.
         Sin ser kleiniana ni annafreudiana, Françoise Dolto inventó en forma
solitaria un método psicoanalítico infantil, basado en la capacidad del terapeuta en traducir el lenguaje infantil. Expuso sus principios en 1939 en su tesis de medicina Psicoanálisis y Pediatría con diez y seis casos, donde evitó usar un lenguaje sabio y pudo hablar libremente de pis en la cama o de caca en la bombacha. En su terapia utilizaba las mismas palabras que el niño para significarle sus propios pensamientos como el aspecto de una realidad.
         En 1938 se encontró con Jacques Lacan a quien siguió a lo largo de toda su carrera. Tomó de él sus conceptos pero apropiandóselos de manera personal. Así, al inspirarse en el estadio del espejo y en la imagen corporal propuesta por Paul Schilder, creó el término de imagen inconsciente del cuerpo para designar "la encarnación simbólica del sujeto deseante". Durante cuarenta años Lacan y Dolto figuraron como la pareja parental para generaciones de psicoanalistas franceses. En septiembre de 1940 inauguró en el Hospital Trousseau un servicio abierto para los analistas deseosos de formarse en la práctica del psicoanálisis de niños.
         Durante la Ocupación fue partidaria del Mariscal Pétain, sin adherir a la colaboración ni al antisemitismo. En 1942 se casó con un médico ruso emigrado que fundó un nuevo método de kinesioterapia.
         Después de la Segunda Guerra Mundial completó su técnica de juego con un objeto llamado "muñeca flor", de tallo recubierto con un paño verde y cabeza de margarita. Lo usaba como soporte para que el niño pudiera desprenderse de múltiples patologías. Esa palabra muñeca flor se hará tan famosa que se confundía con el objeto transicional de Winnicott.
         Mientras se desarrollaba bajo el impulso de Serge Lebovici y René Diatkin otra corriente de psiquiatría infantil, vinculada con la IPA y la SPP, con una mayor orientación médica e institucional, Dolto seguía con su enseñanza, formando numerosos alumnos y trabajando con Jenny Aubry que se ocupaba desde 1949 de niños separados, abandonado o internados.
         En 1963, junto con Lacan, fue excluida de la IPA y de la legitimidad freudiana. Se le atribuía una figura de gurú y hasta el gran Winnicott al mismo tiempo que le reconocía su genio le reprochaba tener demasiada influencia sobre sus alumnos y no observar las reglas ortodoxas del análisis didáctico. En ese momento, participó a la creación de la Escuela Freudiana de Paris (EFP, 1964-1980) donde prosiguió su trabajo con un Seminario que atrajo a muchos clínicos.
         Tres años más tarde, en ocasión de un coloquio sobre psicosis infantiles, organizado por Maud Mannoni - su alumna y amiga- presentó el caso Dominique, publicado posteriormente y transformado en clásico. En ese caso relataba las doce sesiones de una adolescenta de 14 años tratada por ella y agregaba comentarios conmovedores.
         Ya célebre y rodeada de discípulos, Françoise Dolto fue entrevistada en 1977 por Gérard Séverin, quien le pidió que se expresara sobre la religión. Dolto propuso entonces una lectura llamada "psicoanalítica" de los Evangelios. Esto la
llevó a dar un significado espiritualista a la cuestión del deseo, concebido como una trascendencia humanista. A través de la encarnación y la resurrección, por la crucifixión que lo llevaba a salir de una "placenta" y de un mundo uterino para acceder a la vida eterna, el Cristo, según ella, se transformaba en la metáfora misma del deseo para guiar el hombre desde el nacimiento hasta la muerte, en una permanente búsqueda de su identidad.
         En 1981 retomó el diálogo para "someter la fe al riesgo del psicoanálisis". Afirmó que "Freud no hubiera inventado nada si se hubiera reducido a la religión judía". Después de haber interpretado el ateismo de Freud como un rechazo del judaísmo, en 1986 lo consideró "un profeta de la Biblia" y estigmatizó la violencia antirreligiosa expresada en 1927 en "El porvenir de una ilusión".
         Los diálogos sobre la fe y los Evangelios fueron criticados con mucha razón,  tanto por los cristianos como por los teólogos y psicoanalistas. Unos le reprocharon una exégesis psicologisante de los textos sagrados, otros vieron de una manera hostil esa tentativa de cristianización del psicoanálisis.
         Dolto no tuvo sólo ese compromiso. Aunque ajena a toda posición política, igual en 1977 luchó por la despenalización de la homosexualidad y por una revisión del código penal con respecto a la sexualidad de los menores. En ese momento se la calificó de ultraizquierdista por la extrema derecha, y por sus enemigos de pedófila. Ahora, toda esta polémica parece algo tan lejano…

Cien años después del nacimiento de Françoise Dolto, los niños, los padres y los adolescentes de Francia deberían recordar, más allá de toda crítica, todo lo que deben, no sólo a los pioneros del psicoanálisis de niños, sino también a esta mujer fuera de lo común que supo encontrar las palabras adecuadas para la difusión del pensamiento freudiano. Gracias a su palabra ampliamente mediatizada, se sabe hoy, mejor que antes, que el amor y la buena educación no bastan para transformar un niño en un adulto esclarecido por la razón, como lo pensaban los filósofos de las Luces, convencidos que el niño sería un adulto en miniatura. En efecto, para conseguir una educación lograda, hay que reconocer que los valores transmitidos, aunque sean los más nobles, corren el riesgo de transformarse en lo contrario si el que los transmite no escucha el deseo inconsciente del niño.

http://youtu.be/WXImUe-kuP8 Send me an Angel -Scorpions-
http://youtu.be/9jK-NcRmVcw The Final Countdown -Europe-

jueves, 13 de diciembre de 2012

Evitación



La actitud fóbica consiste en tener miedo de ser lo que uno es... De pronto, se encontrará entregándose a fantasías catastróficas: "Si soy como soy, ¿qué habrá de sucederme? La sociedad me condena al ostracismo. Si le digo a mi jefe que se vaya al diablo, perderé el tiempo...", etc. De ese modo uno se vuelve fóbico, comienza a manipular y representar roles.
Un neurótico puede ser definido como un individuo incapaz de asumir la completa identidad y responsabilidad de la conducta humana. Hará cualquier cosa por mantenerse en el estado de inmadurez, incluso desempeñar el rol de un adulto, esto es, su concepto infantil de cómo es un adulto. El neurótico no puede concebirse a sí mismo como una persona autosuficiente, capaz de movilizar su propio potencial al enfrentarse al mundo. Busca apoyo ambiental a través de la dirección, ayuda, explicaciones y respuestas. No moviliza sus propios recursos, sino sus medios de manipulación del ambiente -desamparo, adulación, estupidez y otros controles más o menos sutiles- para obtener apoyo.
Espero que comprendan que representar un papel y manejar el ambiente son la misma cosa. Este es el modo como falsificamos... La característica del neurótico es el manejo del ambiente mediante roles, y es también la característica de nuestra inmadurez remanente. Desde ya pueden ver cómo esta energía, en vez de usarla en nuestro propio desarrollo, se gasta en manipular el mundo.
El único propósito de esta tendencia a la evitación es mantener el statu quo. ¿Y qué es el statu quo? El statu quo consiste en aferrarnos a la idea de que somos niños... Somos infantiles porque tenemos miedo de asumir responsabilidades en el ahora...