jueves, 25 de enero de 2018
Jose Antonio Marina: Altas Capacidades
martes, 31 de mayo de 2016
José Antonio Marina. El libro blanco
En cinco años podemos cambiar por completo la educación española.
El déficit de la gestión siempre ha sido el gran problema de la educación.
La Política ha estado por delante de lo que sucede en las aulas.
Es cierto que la escuela ha estado ideologizada desde el siglo XIX. Primero la religión, luego por factores económicos.
Hay que sacar a la escuela del debate político.
Si algo es importante son los valores morales: la Ciencia, las Humanidades y la Ética. Educación para la ciudadanía debería ser el sustituto de la religión pero respetando esta última.
Se ha perdido la cultura del esfuerzo pero es una cuestión cultural.
Yo siempre digo que debemos edificar sobre cuatro pilares: el sentido del deber, de la obediencia (a padres, profesores.. ), los derechos y las libertades.
La sociedad autoritaria conservó los dos primeros, que no son malos, funcionan de cine, pero deja fuera los otros dos.
Tenemos que sacar la religión del currículo oficial.
Las críticas del sindicato de profesores son corporativista.
Jose Antonio Marina en la revista Tiempo.
Elección de fragmentos por Rodrigo Córdoba Sanz
José Antonio Marina. El libro blanco
En cinco años podemos cambiar por completo la educación española.
El déficit de la gestión siempre ha sido el gran problema de la educación.
La Política ha estado por delante de lo que sucede en las aulas.
Es cierto que la escuela ha estado ideologizada desde el siglo XIX. Primero la religión, luego por factores económicos.
Hay que sacar a la escuela del debate político.
Si algo es importante son los valores morales: la Ciencia, las Humanidades y la Ética. Educación para la ciudadanía debería ser el sustituto de la religión pero respetando esta última.
Se ha perdido la cultura del esfuerzo pero es una cuestión cultural.
Yo siempre digo que debemos edificar sobre cuatro pilares: el sentido del deber, de la obediencia (a padres, profesores.. ), los derechos y las libertades.
La sociedad autoritaria conservó los dos primeros, que no son malos, funcionan de cine, pero deja fuera los otros dos.
Tenemos que sacar la religión del currículo oficial.
Las críticas del sindicato de profesores son corporativista.
Jose Antonio Marina en la revista Tiempo.
Elección de fragmentos por Rodrigo Córdoba Sanz
José Antonio Marina. El libro blanco
En cinco años podemos cambiar por completo la educación española.
El déficit de la gestión siempre ha sido el gran problema de la educación.
La Política ha estado por delante de lo que sucede en las aulas.
Es cierto que la escuela ha estado ideologizada desde el siglo XIX. Primero la religión, luego por factores económicos.
Hay que sacar a la escuela del debate político.
Si algo es importante son los valores morales: la Ciencia, las Humanidades y la Ética. Educación para la ciudadanía debería ser el sustituto de la religión pero respetando esta última.
Se ha perdido la cultura del esfuerzo pero es una cuestión cultural.
Yo siempre digo que debemos edificar sobre cuatro pilares: el sentido del deber, de la obediencia (a padres, profesores.. ), los derechos y las libertades.
La sociedad autoritaria conservó los dos primeros, que no son malos, funcionan de cine, pero deja fuera los otros dos.
Tenemos que sacar la religión del currículo oficial.
Las críticas del sindicato de profesores son corporativista.
Jose Antonio Marina en la revista Tiempo.
Elección de fragmentos por Rodrigo Córdoba Sanz
martes, 26 de mayo de 2015
Jose Antonio Marina: Nietzsche y Lou Andreas Salomé
Fui un admirador precoz de la obra de Nietzsche tras escuchar a Geor Brandès hablar de él en Copenhague en 1888. Gracias a él conocí también la existencia de una inquietante muchacha rusa, Lou Andreas-Salomé, especialista en romper las cañas tronchadas y apagar los pábilos humeantes. Educado en la disciplina kantiana, siempre pensé que todo lo que Nietzsche había escrito no era ciencia, sino autobiografía. Me lo confirmó un texto suyo. Consideraba que la filosofía era “una confesión de su autor, una especie de memorias involuntarias”. Quise saber a qué secreto biográfico respondía Así habló Zaratustra, y por eso visité a su hermana. Y a él de paso. Elisabeth no mostró ningún interés en hablar del invierno de 1883. Pero en la conversación apareció, acompañado de algún epíteto que no recuerdo, el nombre de Lou Andreas-Salomé. Y decidí ir a visitarla.
Sabía que había estado hospedada en casa de una pariente mía, la baronesa Frieda von Bölow, en Munich. Ella me acompañó al nuevo domicilio de Lou, una casa cerca de la montaña, en Wolfratshausen. Vivía allí con un joven poeta, que después alcanzó gran notoriedad, llamado Rainer Maria Rilke. Era un joven de ojos grandes y mentón pequeño, que me pareció demasiado ocupado consigo mismo. Lou nos recibió en un cenador campestre.
Estaba también August Endell, autor de unos olvidados libros sobre estética. Quisieron inmortalizar el momento y me pidieron que les sacase una fotografía. Lou está apoyada en una pequeña varanda, bella, sonriente y serena, como quien contempla el mar desde la orilla. Me pareció fría y feliz.
Después de tomar el té, y por consideración a mi tía, accedió a hablar sin mucho interés de Nietzsche.
“Creo que podría borrarle con el pensamiento de mi vida”, me dijo. De hecho, años después, cuando publicó sus memorias, dejó claro que el personaje importante para ella en aquel momento fue Paul Reé.
-¿Cómo conoció a Nietzsche?
-Yo estaba en Roma con mi madre. Tenía algo más de veinte años. Deseaba fervientemente aprender. Conocí a Paul Reé, quien me habló de un amigo suyo a quien admiraba, Friedrich. Una mañana, en San Pedro, mientras Paul trabajaba dentro de un confesionario, Nietzsche vino hacia mí y me preguntó: “¿En virtud de qué estrellas hemos ido a encontrarnos los dos aquí?” El tono ceremonioso tuvo que impresionar irremediablemente a una muchacha.
-¿Qué le contestó?
-Que yo venía de Zurich, y nos echamos a reír.
-¿Cómo era Nietzsche?
-Era de mediana estatura, de aspecto tranquilo y cabellos negros peinados hacia atrás, modestamente vestido aunque sumamente cuidado. Los rasgos finos y muy expresivos de su boca estaban casi completamente cubiertos por un espeso bigote. Podía perfectamente pasar desapercibido. Sus manos, sin embargo, conquistaban las miradas. Eran incomparablemente hermosas y finas, y el propio Nietzsche decía que revelaban su genio. Casi no veía, pero su vista enferma cubría sus rasgos con un encanto mágico, tenía la mirada volcada hacia adentro, porque toda su actividad no era más que una exploración del alma humana en busca de nuevos horizontes, en busca de esas “posibilidades no agotadas” que no se cansaba nunca de crear y transformar en el fondo de su pensamiento.
-Antes de conocerla, Nietzsche estaba dando vueltas a su Zaratustra ¿Qué recuerda de ese tiempo?
-Friedrich era ante todo una personalidad religiosa. Sólo comprendiéndolo será posible arrojar algo de luz sobre el sentido profundo de su obra, de sus sufrimientos y de sus apoteosis. Anunció con terror la muerte de Dios, y pretendió descubrir un sustituto del dios muerto. “Muertos están todos los dioses, grita Zaratustra: ahora queremos que viva el superhombre”. Me habló horrorizado del eterno retorno. Pensó que era una trágica revelación. Sus sufrimientos podían volverse interminables. Se sentía llamado a predicar una nueva religión. Cuando le conocí, quería dejar de escribir durante diez años para luego volver a retomar su misión.
“Friedrich era ante todo una personalidad religiosa. Sólo comprendiéndolo será posible arrojar algo de luz sobre el sentido profundo de su obra, de sus sufrimientos y de sus apoteosis”, recuerda Lou
Con usted? -Sí, creo que pensó en que yo le acompañara en su epifanía. Pero todo se estropeó porque a los pocos días de conocerme me pidió en matrimonio. Paul Reé también lo había hecho. Les dije que no a ambos. No quería casarme. Mi sueño era un cuarto de trabajo agradable, lleno de libros y flores, flanqueado por dos dormitorios y -entrando y saliendo de nuestra casa- camaradas de trabajo reunidos en un círculo alegre y serio. Mis cinco años con Paul Reé se asemejaron mucho a eso. Pero Friedrich era distinto. Quería otras cosas. Y, además, su hermana consiguió que nos enemistáramos. Le conocí en marzo y nos vimos por última vez creo que en octubre. Durante una excursión al Monte Sacro quizá le besé. Eso fue todo.
No quiso hablar más. Siguió una velada agradable, en la que Rainer Maria Rilke nos recitó -mejor dicho, le recitó a Lou, olvidándose de que nosotros estábamos allí-, un poema que no sé si hablaba de Dios:
Con mano trémula te construimos]
y apilamos átomo sobre átomo.
Pero ¿quién podrá terminarte?
Oh, catedral:
Volví a Berlín y continué indagando. La separación de Lou fue muy dolorosa para Nietzsche. Se sintió traicionado y humillado. Aquel trío en que había puesto grandes esperanzas, que le había proporcionado una energía desconocida, se había deshecho en un embrollo de equívocos. Abandonó Alemania, y se refugió en Rapallo. “Mi salud era mala; el invierno fue frío y lluvioso; un pequeño albergue, situado al borde mismo del mar, tan cerca de ella que las olas me impedían dormir, me ofreció un abrigo insatisfactorio desde todos los puntos de vista. A pesar de ello -y esto es un ejemplo de que lo que es decisivo llega “a pesar de “- fue durante este invierno y en esta incomodidad cuando nació mi Zaratustra. Por la mañana, trepaba hacia el sur, por la carretera que asciende hacia Zoagli, entre los pinos y dominando el inmenso mar; al mediodía iba, contorneando la bahía de Santa Margarita, hasta Portofino. En esos dos caminos me llegó la primera parte de Zaratustra; mejor aún, Zaratustra mismo como tipo; más exactamente, él cayó sobre mí”.
En esta obra no se menciona, curiosamente, el eterno retorno, del que tanto había hablado a Lou. Tal vez el desdichado Friedrich Nietzsche no quiso pensar que aquel engañoso verano podía suceder de nuevo, eternamente. Si he de ser sincero, creo que Nietzsche sólo quiso a una mujer en su vida. Cósima Wagner, la mujer de su admirado enemigo. A ella dirigió algunas de las últimas misivas cuando la enfermedad nublaba ya su alma. Pero esa es otra historia.
martes, 9 de septiembre de 2014
Factor E: El Fundamento de la Educación Emocional
Me siento en medio de un huracán. Muchas cosas se están moviendo muy rápidamente en educación y no podemos quedarnos al margen. Hoy quiero hablarles de una de ellas. En muy poco tiempo ha aparecido una gran cantidad de investigaciones, programas, libros y noticias acerca de un misterioso Factor E, al parecer decisivo para el futuro de nuestros niños y adolescentes.
Como muestra, citaré algunos testimonios. La revista Newsweek titula en portada: «La competencia escolar que importa más que el cociente intelectual». El psicólogo Adam Cox, autor de No Mind Left Behind, escribe: «El conocimiento del Factor E supone una revolución en el modo de educar a niños y adolescentes». James Heckman, premio Nobel de Economía, tras estudiar los programas educativos que han tenido éxito, detecta la importancia decisiva del Factor E. Adele Diamond, de la British Columbia University, ha mostrado la correlación entre el Factor E y los resultados escolares. Walter Mischel, de la Columbia University, sostiene que el Factor E predice mejor la evolución del alumno a medio y largo plazo que los test de inteligencia. Lo mismo dice Terri Moffit, a partir de los datos del Dunedim Multidisciplinary Health and Development Study, que ha seguido a los participantes durante 40 años. El Factor E es peor en los niños que viven en entornos económicamente deprimidos y en EEUU explica la mitad de la brecha entre niños blancos y afroamericanos. Paul Tough señala que, según el 46% de los maestros de infantil, al menos la mitad de los niños muestran un déficit en el Factor E. Un buen nivel en el Factor E predice buena integración social, ausencia de problemas de adicciones y éxito laboral. Según el Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard, su buen desarrollo en la infancia es el puente que une el éxito escolar con el desarrollo social, emocional y moral. También correlaciona con la comprensión lectora y con la creatividad (Swanson). El último libro de Daniel Goleman -Focus- reconoce que el Factor E es el fundamento de toda posible educación emocional. No es de extrañar, pues, el interés por el tema.
Muchas escuelas estadounidenses están incluyendo en sus programas el desarrollo del Factor E. Fundaciones como la Bill y Belinda Gates, Raikes, Lumina, McArthur y Spencer están financiando investigaciones y hay administraciones, como la de la provincia canadiense de Ontario, que están introduciendo estos programas en su sistema educativo. También la Consejería de Educación de Canarias ha demostrado un interés pionero. Podría seguir acumulando referencias, pero ha llegado el momento de explicar qué es el Factor E. E procede de executive control. En los últimos años, la Neurociencia ha estudiado con gran interés lo que se llaman «funciones ejecutivas» del cerebro. Son las que organizan todas las demás funciones -intelectuales, emocionales, motoras- para dirigirlas a una meta. Es nuestro director de orquesta cerebral. El Factor E recibe muchos nombres. El estudio de la Universidad de Michigan Teaching Adolescents To Become Learners lo denomina non cognitive skills, e incluye la constancia, la resiliencia, la determinación, la autorregulación, la autoeficacia, el autocontrol, la autodisciplina, los hábitos de trabajo, la resistencia al esfuerzo y la capacidad de soportar la frustración. Como explica Ray Baumeister: las funciones ejecutivas son las que nos hacen humanos. Están localizadas, fundamentalmente, en los lóbulos frontales, que tenemos extraordinariamente desarrollados, por comparación con el resto de los animales. Para mí es una satisfacción enorme que uno de los grandes especialistas en este tema sea el español Joaquín Fuster, que acaba de publicar un magnífico libro, precisamente, sobre el Factor E, titulado Cerebro y Libertad. Hay, además, un importante grupo de neurólogos españoles especializados en funciones ejecutivas, encabezado por el profesor Tirapu-Ustárroz.
Las funciones ejecutivas que hemos identificado pueden englobarse en cuatro grupos. Gestión de la atención. Gestión de la memoria. Gestión de las emociones. Gestión del comportamiento. Nuestros primos animales también atienden, recuerdan, se emocionan y actúan. La gran diferencia es que nosotros podemos controlar esas actividades, que los animales realizan dirigidos por estímulos exteriores o impulsos interiores. Tenemos una atención involuntaria como ellos, pero también podemos dirigir voluntariamente la atención. Tenemos sistemas de memoria parecidos, pero, además, podemos decidir lo que queremos aprender. Tenemos emociones diseñadas genéticamente, pero podemos educarlas, modularlas, bloquearlas o estimularlas. Y, por último, tenemos sistemas de comportamiento preprogramados, pero también podemos elegir metas y dirigir nuestra conducta hacia ellas. Podríamos llamar al Factor E «factor voluntad», si esta palabra no estuviera tan desprestigiada. O «factor libertad», si no fuera una expresión confusa. Hay que tener en cuenta que las funciones ejecutivas permiten que el cerebro humano se construya a sí mismo. Somos los diseñadores de nuestra propia inteligencia. MuchOs de los problemas que encontramos en las aulas tienen su origen en un mal desarrollo del Factor E, de las funciones ejecutivas: trastornos por déficit de atención, impulsividad, poca tolerancia al esfuerzo, dificultad para mantener metas, problemas de aprendizaje, fracasos en la integración social, problemas de adicciones, agresividad, falta de responsabilidad, incapacidad para tomar decisiones, etc. También una gran parte de las enfermedades mentales derivan de un mal funcionamiento de las funciones ejecutivas. Desde hace varios años trabajo con un equipo de investigadores jóvenes para introducir estas nuevas ideas en el mundo educativo. No se trata de cambiar leyes, ni de crear nuevas asignaturas, ni de multiplicar cursillos, sino de incluir el desarrollo de las funciones ejecutivas -el Factor E- dentro del currículo actual. Basta con enseñar de otra manera. Muchos docentes lo están haciendo ya. Cuando en un aula se enseña al niño a trabajar por proyectos, se cuida el aprendizaje de la atención voluntaria, se le enseña a saber aplazar la recompensa y a mantener el esfuerzo, se le ayuda a organizar su memoria y a saber usarla, y se le entrena en lo que llamamos habilidades metacognitivas, se está educando el Factor E, tal vez sin saberlo. Es una gran satisfacción pensar que estamos en la vanguardia en este terreno. La Universidad Nebrija ha creado una cátedra para estudiar las relaciones entre inteligencia ejecutiva y educación, financiada por el Banco de Santander, y cuya dirección me ha encomendado. Además, una parte de esos métodos ya están incorporados a los programas de la Universidad de Padres (www.universidaddepadres.es). Quien quiera aprovecharse de estos conocimientos puede matricularse en ella. Así, de paso, nos ayudará a continuar las investigaciones. Sería estupendo que, por una vez, un modelo educativo español estuviera en primera línea abriendo nuevas fronteras. En la Fundación UP queremos ampliar las investigaciones para llevar los descubrimientos de la Neurociencia al aula o al cuarto de estar. Necesitamos financiación, aunque sea pequeña. No me importa ser pedigüeño por una buena causa. Confieso que tengo prisa, porque para la educación de nuestros niños y adolescentes, un año perdido es una eternidad.
Jose Antonio Marina -Educación Emocional-
miércoles, 18 de septiembre de 2013
www.universidaddepadres.com
Se trata de un proyecto ambicioso para educar a los educadores, a mi entender es muy necesario y este tipo de propuestas sirven para sensibilizar de una maternidad y paternidad responsable.
El principio que subyace a este proyecto es que ser padre o ser profesor es una tarea muy compleja que no puede dejarse en manos de la improvisación. Igual que hay que estudiar para sacarse el carné de conducir. deberíamos formarnos adecuadamente si queremos ser buenos padres y buenos profesores. Lo que Marina hace es aplicar los conocimientos de las ciencias de vanguardia a la educación.
En este programa hay aspectos pedagógicos, psicológicos, filosóficos, neurocientíficos, evolutivos, se estudian también y se ayuda a niños que salen de la curva de Gauss, ya sea por déficit o por superdotación. Es una educación global para poder ayudar. Realmente apasionante. Es una idea genial.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza (Spain)
viernes, 9 de noviembre de 2012
Poder Autorreferente y Poder Social: ARTE
A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo. Eugène Delacroix Al que tiene el poder le impide hacer muchas cosas el amor a los suyos. Séneca Al negarnos a aceptar un poder superior inmutable que nos supera, hemos colmado el vacío a golpe de imperativos personales y, súbitamente, nuestra vida se ha vuelto espeluznante. Alexandr IsáievichEl objetivo del poder es siempre apoderarse, dominar algo o a alguien. En su soledad, el asceta cristiano o el yogui hindú intentan alcanzar el dominio de su espíritu o de su cuerpo. Se llama libertad a esta posesión de uno mismo por sí mismo. Es, ante todo, autodominio. Pero este poder vertido hacia dentro, que disfruta con la propia conciencia de su ejercicio, puede dirigirse a otras metas, anhelar conquistas. El atleta es un asceta que dirige sus disciplinas a una obra distinta de la libertad. Aspira a lanzar la jabalina o el disco más lejos que nadie, a vencer, no solo a vencerse. Altius, citius, fortius. En la competición se compara con los demás, aparece su condición social. El asceta solo pelea consigo mismo, el atleta se mide con otro. La tarea del artista también comienza con su trabajo interior. Tiene que dominar su técnica, su estilo, sus sistemas de evaluación. Flaubert decía: "Ojalá pudiera escribir con el estilo que tengo en la cabeza". Y Van Gogh nos ha contado sus esfuerzos para dominar la línea. Los artistas crean por su propia satisfacción, pero, al mismo tiempo, a través de sus obras entran en contacto con el público. En este caso, las fronteras entre el poder autorreferente y el poder social se difuminan o solapan. El escritor desea dominar su arte, pero también influir en sus lectores, el profesor aspira a educar a sus alumnos, el enamorado sueña con enamorar a la persona amada. ¿Les mueve el afán de poder? Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder". Anagrama, 2008, Barcelona.
miércoles, 25 de julio de 2012
Sobre el Poder: Jose Antonio Marina
La noción de control y su división en control interno y externo se ajusta perfectamente a la distinción que hemos hecho entre poder autorefernte y poder social. Tiene poder quien puede controlar el comportamiento propio (poder autorreferente) o el de otras personas (poder social). A controla el comportamiento de B cuando determina su acción o su inacción. La pregunta ¿quién manda aquí? puede sustituirse por una más clara: ¿quién ejerce el control? Además, permtie comprender los sistemas de poderes recíprocos, en los que unos controlan a otros y a su vez son controlados por ellos. Y, por último, permite una segmentación de los poderes que facilita su estudio. Por ejemplo, en las empresas, en poder formar reside en el consejo de administración, que controla el nombramiento del director. Pero, a su vez, el director controla unos conocimientos o unas competencias propias que la empresa necesita. De su habilidad depende, además, hacerse insustituible por el sistema de gestión o de alianzas que puede establecer con sus colaboradores o subordinados. Los politólogos han disctudo acerca de si la élite económica se impone a la élite política. La única forma de saberlo es estudiar los sistemas de control. ¿Quién controla la marcha de la economía? ¿Quién controla al poder político?
Cuando el presidente Clinton luchaba por equilibrar el presupuesto federal en 1993, uno de sus consejeros dijo desesperado que si volviera a nacer le gustaría reencarnarse en el "mercado", porque es claramente el elemento más poderoso. Sin embargo, aunque parece que el mercado es el resultado anónimo de infinitas decisiones individuales, no todas las decisiones tienen el mismo valor. No es igual la influencia de Soros que la del ocupante de una patera. La idea de control permite describir también las tensiones entre el "poder formal" y el "poder informal". Tomemos el caso de los monarcas y sus validos. ¿Quién dependía de quién? Había un control y una dependencia circulares. En último término, el control, la toma de decisiones, lo tenía el poder formal, pero ¿cuántas veces se atrevió a ejercerlo? La historia nos enseña que para protegerse de los excesos de poder no es solución intentar eliminarlo, porque sería inútil. Todas las revoluciones han derrocado un poder para sutituirlo por otro. La solución es controlarlo. Ese fue el descubrimiento de los redactores de la Constitución de Estados Unidos, gentes de mundo que desconfiaban del poder. Como dicen los autores de El federalista, ese magnífico tratado de sabiduría política, "ahora comprendemos principios políticos que los antiguos desconocían o conocían de manera imperfecta, entre ellos el de los frenos, equilibrios y controles legislativos".
Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder. Teoría y Práctica de la Dominación". Anagrama, 2008, Barcelona. Pp.: 35-36
http://youtu.be/G3i8VteAvaQ Woody Allen en una entrevista de 1970. Verdaderamente hilarante. Para desengrasar y reír.
http://youtu.be/jsprbOqdnFo Paco de Lucía -Entre dos Aguas-
http://youtu.be/dc8gT10peYQ Chambao -Pokito a Poko- "Andaba perdida para casa cavilando en lo que soy en lo que siento, poquito a poco entendiendo que no vale la pena a andar por andar, que es mejor caminar para ir creciendo. Volveré a encontrarme con vosotros.."
martes, 24 de julio de 2012
¿A qué llamamos control?
Posiblemente el lector compartirá conmigo mi reticencia hacia ese término, porque parece muy tosco para explicar los fenómenos de poder y la dominación. Esto se debe, en parte, a que solemos utilizar la palabra para desginar procesos de verificación o vigilancia -control de calidad, control de pasaportes, control de nacimientos-, pero este uso es metonímico: designa una parte del proceso con la palabra que designa el proceso entero. Control es un término seco, antipático, que no tiene las auras gloriosas que tiene la palabra poder, y que al desvanecer las nieblas mágicas permite un estudio más objetivo del fenómeno.
En un sentido muy amplio, control significa un proceso que rige o determina un proceso. En un automóvil el acelerador y el freno controlan la velocidad de giro de las ruedas. Quien tiene el control de algo introuduce las señales (inputs) que van a desencadenar o a modular la actividad (outputs). En sistemas complejos, el equilibrio se mantiene por un sistema de controles recíprocos. El número de conejos controla el número de aves rapaces, y el número de aves rapaces controla el número de conejos. Pero si por alguna razón externa -el exceso de caza, o la mixomatosis- cambia uno de los elementos -en este caso el número de conejos-, el otro elemento queda afectado. La prohibibión, tras la epidemia de las vacas locas, de dejar en el campo el ganado muerto es otra razón que presiona, esta vez sobre los buitres.
El control tiene la misma ambivalencia que el poder. Aplicado a uno mismo es fuente de libertad. Cuando una persona pierde el control, no está siendo dueña de sus actos. Puede caer bajo el dominio de sus pasiones .como decían los moralistas clásicos- o de automatismos fisiológicos, como por ejemplo en una borrachera. La libertad va de la mano con la construcción de los sistemas psicológicos del autocontrol. La lucha por la libertad -psicológica o política- consiste en librarse de controles externos, afianzando los controles propios. Por ello, la psicología evolutiva presta cada vez más atención a la construcción del niño de estos sistemas de autocontrol, que son el fundamento de su libertad.
Pero ahora estamos hablando de poder sobre otro, del poder social, afectivo, político, económico. Quien ejerce poder social quiere controlar la conducta de los subordinados, para que colaboren en las metas señaladas por el controlador. El poder consiste, precisamente, en obtener un objetivo que depende de la acción de otro, bien porque su colaboración sea necesaria, bien porque sea necesaria su inhibición [...]
Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder. Teoría y Práctica de la Dominación". Anagrama, 2010, Barcelona. Pp.: 33-35
http://youtu.be/S0tbEVe7nZI Silvio Rodríguez -Quién Fuera- "Seamos realistas y hagamos lo imposible"
sábado, 21 de julio de 2012
Jose Antonio Marina: paréntesis autobiográfico
A lo largo de mis investigaciones me he ido tropezando una y otra vez con el concepto de control. Cuando estudié la obra de Norbert Wiener, siendo yo un pipiolo filosófico, no pensé que medio siglo después recordaría esas lecturas. Me interesanron sin apasionarme. Wiener inventó una ciencia -la "cibernética- que trataba de los sistemas de control, pero en aquel momento mi corazón estaba más cercano a los análisis sartrianos de la libertad, y pensé que el concepto de control valía para las máquinas, pero no para el ser humano. No me di cuenta de la importancia que iba a tener el concepto de feedback, de retroalimentación, para explicar nuestros comportamientos.
Pocos años después me encontré de nuevo el tema del control al estudiar a B. F. Skinner. Toda su obra estuvo dirigida a estudiar el control de la conducta. Su teoría era tan sencilla, tan eficazm que ejerció una ríida dictadura en el mundo académico durante decenios. Al estudiar el comportamiento, prescindía de toda referencia a la conciencia, a los propósitos, deseos, miedos del sujeto, porque, a su juicio, era una "caja negra" de la que no podíamos saber nada con certeza. Lo importante era estudiar cómo un estímulo produce una respuesta. Su tesis principal era que el ambiente determina el comportamiento y que si controlo el ambiente contrlo el comportamiento. El método para conseguirlo era el "condicionamiento operante". Todo organismo tiende a repetir el comportamiento premiado y a evitar el castigado. Skinner intento aplicar este método a las sociedades, recomendando una "ingeniería social" que resolvería todos nuestros conflictos. En su obra Más allá de la libertad y la dignidad defendió que estos conceptos aparentemente tan nobles habían sido perjudiciales para la humanidad, porque prohibían la utilización de la ingeniería social a gran escala, con lo que nunc anos libraríamos de enfrentamientos. En una curiosa novela, titulada Walden Dos, describía esa sociedad de autómatas humanos. Aunque estudié con minuciosidad la obra de Skinner, tampoco me interesó mucho porque acababa de aparecer la "psicología cognitiva", que reivindicaba el estudio de la "caja negra", y el imperio conductista tocaba a su fin. Además, en esos momentos mi interés estaba orientado hacia aquellas conductas innovadoras, creadoras -como por ejemplo las lingüísticas- que resultaban difíciles de explicar con las propuestas de Skinner. Sin embargo, Skinner resulta imprescindible para conocer los mecanismos más elementales del poder.
Curiosamente, la "psicología cognitiva" también retomó la idea de control. Se inspiraba en la metáfora del ordenador, y la informática, que ya había progresado mucho, al diseñar las complejas arquitecturas de os ordenadores llegó la conclusión de que unos niveles tenian que controlar a otros. Uno de los padres de la inteligencia artificial -Herbert Simon- mostró en Las ciencias de lo artificial que todos los sistemas ultracomplejos necesitan tener una estructura jerárquica. Y uno de los padres de la psicología cognitiva, Ulric Neisser, extendió esta idea a la psicología y concluyó que el funcionamiento mental, por ejemplo el uso de la memoria, exigía admitir algún control de tipo superior. No paraba ahí la cosa, porque en esa época yo estudiaba neurología y el problema del control de la acción me apasionaba. Leí con fascinación los trabajos de Luria, Fuster y Damasio sobre el lóbulo frontal, que juega el papel de controlador de nuestro complejísimo sistema cerebral.
Estas son las razones de mi interés actual en el concepto de control.
domingo, 15 de julio de 2012
Poder social, personal y Psicología: Jose Antonio Marina
JOSE ANTONIO MARINA: LA PASIÓN DEL PODER. TEORÍA y PRÁCTICA DE LA DOMINACIÓN
Conviene no olvidar que el "poder personal" está en el origen del "poder social" o del "poder político". Un dictador utiliza abusivamente los poderes del Estado, pero solo cuenta con sus capacidades personales para alcanzarlos con su astucia, su poder de engaño ode convicción, su habilidad para buscarse aliados o para debilitar a los enemigos, su crueldad. ¿Cómo accedieron al poder los emperadores romanos? ¿Cuáles fueron las estrategias que encumbraron a los Médici, unos comerciantes de segunda fila? ¿Qué sucedió el 18 brumario, cuando Napoleón se hizo con el poder? ¿Cómo han conseguido su puesto los presidentes del gobierno español? ¿Cómo llegó al poder De Gaulle en sus dos ascensiones? ¿Cómo se nombra a un Papa? ¿Qué sucedió en la reunión de Burgos en la que Franco entró como general y salió como generalísimo? Max Weber llamó la atención sobre el aspecto carismático del poder, que está basado en la capacidad de una persona, y que habría que incluir bajo el título amplio de "poder personal". "Debe entenderse por carisma la cualidad de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas extraordinarias, o como enviado de un dios, o como ejemplar jefe, caudillo, guía, líder."
Haremos énfasis en el "poder social", que va dirigido a imponerse a otro, una de cuyas variedades, pero solo una,es el poder político. Hay poder en las relaciones afectivas, en los amores y odios, en las familias, en las empresas, en las iglesias, y una de las limitaciones de las actuales teorías sobre el poder es su obsesión por el poder político. Como punto de partida voy a reseñar algunas definiciones conocidas. Max Weber -en su obra Economía y Sociedad- dio una definición que se ha convertido en canónica: "Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad". Según Robert Dahl: "Es la relación entre actores, en la que un actor induce a otro a actuar de modo diferente a como de otra manera actuaría". Esta definición me parece más confusa porque la respuesta puede no ser de sumisión, sino de rebeldía. No podemos considerar una prueba de poder de Napoleón su capacidad de movilizar a las guerrillas españolas, que señalaron el declive del imperio.
Me interesan más las definiciones que introducen la idea de control o de decisión. "Poder es la habilidad para controlar el proceso de toma de decisiones en una comunidad" . "Poder es la producción de los efectos proyectados sobre otros hombres" (Bertrand Russell). "El problema del poder consiste en determinar quiénes intervienen en las decisiones" (C. Wright Mills). "Poder es el control ejercido sobre la actividad de otro mediante la utilización estratégica de recursos"(Giddens). Estas definiciones suelen olvidar que el poder no solo consiste en conseguir que otro haga lo que yo deseo, sino también en impedir que el otro haga lo que desea. Metiendo a una persona en la cárcel, se pretende impedir, no dirigir su conducta.
En conclusión, tiene poder quien puede determinar, dirigir, decidir la acción de otra persona. Auque estas tres "des" (determinar, dirigir, decidir) describen claramente el poder, me gusta utlizar la idea de control, que las inclye a todas, por razones que explicaré en el siguiente apartado.
Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder. Teoría y Práctica de la Dominación". Anagrama, 2010, Barcelona. Pp.: 29-31
http://youtu.be/I_sLJknaPuI Pedro Guerra -Si tu Quisieras-
http://youtu.be/ZixZ8Plg5e4 Pedro Guerra -Como dos Extraños-
http://youtu.be/cQhkem_vels Pedro Guerra&Bebe -El Marido de la Peluquera-
http://youtu.be/63xrbVSXbXA Pedro Guerra -Contamíname-
jueves, 12 de julio de 2012
Definición del Poder: Jose Antonio Marina
"Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía" Antoine de Saint-Exupéry
Carl von Linneo estaba convencido de que Dios le había encomendado la misión de poner orden en la naturaleza, y decidió inventariar y clasificar todos los seres vivos. No se me ocurre pensar que estoy llamado a tan altas misiones, pero voy a ejercer al menos de herborista del poder. Estamos en una tupida selva, y conviene comenzar clasificando las especies para que las lianas no acaben liándonos. Hasta aquí he utilizado alegremente la palabra poder como si no hubiera necesidad de aclarar su signifcado, cuando en realidad mucho especialistas se quejan de la dificultad de definirlo. Los editores de un reciente libro titulado The Use and Abuse of Power dicen en su introducción: "Es sorprendente que, a pesar de su enorme impacto, sepamos tan poco sobre él, y que le hayan dedicado tan pocos estudios científicos".
miércoles, 11 de julio de 2012
La Pasión del Poder: Los tres saltos de Fase
El estudio del poder es una travesía desde la biología hasta la ética, como sucede siempre que estudiamos algún producto de la inteligencia humana. Pero en este caso con mayor dramatismo. La ética aparece como el gran esfuerzo para frenar al poder y como el gran esfuerzo para inventar un poder diferente. Este proceso que nos aparta de la selva se da mientras tres grandes saltos de fase, en los que aparecen energías y posibilidades nuevas, y que constituyen el eje de la historia humana y también de nuestra exposición.
Primer Salto: La inteligencia humana convierte todos los deseos en insaciables, incluido el deseo de poder. Comparados con la estabilidad animal, somos seres disruptivos e inquietos. Y esto se manifiesta tanto en el "poder de" hacia algo, como en el "poder sobre" alguien, que es el que vamos a estudiar preferentemente.
Segundo Salto: Los mecanismos de dominación se van haciendo cada vez más simbólicos. La fuerza como único recurso de poder deja lugar a otros recursos más sofisticados e irreales. La seducción sustituye a la coacción.
Tercer Salto: Por último, aparece la necesidad de legitimar el poder, de justificar de alguna manera la obediencia. Es una exigencia del poder mismo, que, sin embargo, acabará resultando el gran contrapoder. La lucha poe el poder se convierte en una lucha entre distintas legitmaciones.
No hay que dejarse engañar por la aparente frialdad de los enunciados. En cuanto destapemos uno de ellos nos invadirá un turbión de violencia, dolor y esperanzas inagotables, pero frecuentemente decepcionadas. Es decir, la vida.
Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder. Teoría y Práctica de la Dominación". Anagrama, 2008, Barcelona. Pp.: 24-25
http://www.universidaddepadres.es/ Universidad de Padres dirigida por Jose Antonio Marina: Proyecto pedagógico dirigido por José Antonio Marina para colaborar con los padres durante todo el proceso educativo de sus hijos. La idea fundamental de este proyecto es que toda la sociedad debe ayudar en esta tarea. Aspiramos a recuperar un discurso educativo optimista y alegre, que en la actualidad se ha olvidado
jueves, 21 de junio de 2012
El Poder y los demás Deseos
Como he explicado muchas veces, el ser humano está movido por tres deseos básicos: el de bienestar, el de vinculación social y el de afirmación del poder del yo. La atracción del poder no se debe solo a su capacidad para satisfacer este último deseo, sino también los otros dos y sus hibridaciones.
El deseo de disfrutar. El poder permite disfrutar. La imagen más popular del poder lo asocia a experiencias hedónicas. "El déspota es esclavo de su lujuria" escribe Montesquieu en sus Cartas Persas. Cuentan que Onassis decía: "El poder solo sirve para disfrutar de las mujeres más bellas". Si lo dijo, estoy seguro de que solo lo pensaba a ratos, porque es una concepción demasiado tosca o demasiado lacaniana, esa de convertir el falo en el significante supremo. Lo llamaré "concepto bantú del poder". Según cuenta Henri A. Junod en su libro Moeurs et coutumus des Bantous, para los reyes bantúes reinar es sencillamente nadar en la abundancia, estar prodigiosamente alimentado, hasta el punto de que la palabra fouma significa ambas cosas, reinar y comer.
A este nivel, sin duda infantil -o, mejor, adolescente-, ser obedecido es agradable y cómodo. Uno, además de importante, se siente tratado "a cuerpo de rey". Es lo que pensaba Sancho durante su aventura a la isla Barataria. Hablándole del poder, el duque le dice: "Si una vez lo probáis, Sancho, comeros heis las manos tras el gobierno, por ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido" (Quijote, Segunda Parte, capítulo XLII). Don Quijote le advierte que no es oro todo lo que reluce porque "los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones", pero Sancho está dispuesto a engolfarse hasta el cuello. Al final tiene que reconocer que estaba equivocado: "dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos (...). Abrid caminos, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad". (Segunda parte, capítulo LIII).
La capacidad del poder para provocar algún tipo de bienestar, y el ansia correlativa de poseerlo, se da en diferentes escalas, algunas minúsculas y tristísimas. Primo Levi, en su obra Los hundidos y los salvados, indica que también enrte las víctimas de campos de concentración se establecían estas relaciones de poder. Algunos privilegiados, que tenían algo más de comida o ejercían algún pequeño trabajo, abusaban de los más débiles.
Otra visión diferente pero complementaria es la que ofrece Hobbes, para quien el poder es un ansiolítico. El ser humano está permanentemente aterrado. "El día que yo nací", escribió, "mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo". El poder es quien puede introducir su orden. Por eso, el súbdito quiere serlo: para que el poder benévolo le proteja de la violencia y el caos.
El deseo de vinculación social y de reconocimiento. Somos seres sociales, y nuestra propia imagen, el concepto que tenemos de nosotros mismos, depende del juicio de los demás. El poder es un modo de afirmación y reconocimiento social. La llamada de la fama o de la gloria, el afán de distinguirse, es un motor muy poderoso. Bertrand Russell escribió: "Las dos mayores pasiones humanas son el afánde poder y el afán de gloria". Ambos afanes están relacionados. El papel de la vanidad en el deseo de poder es tremendo y ridículo, aunque quien lo siente no suele reconocerlo. La parafernalia del poder, la glorificación del floripondio, da origen a placenteros fuegos fatuos. Los cortesanos de Luis XIV vivían como un privilegio asistir a su despertar y ayudarle a cambiarse de camisa, y languidecían de pesar si eran excluidos de ese círculo doméstico. En ocasiones, la vanidad halagada es el mayor atractivo de la profesión política. Richard Crossman, miembro del parlamento británico, hace en sus memorias un comentario curioso: "Los políticos no suelen ser aficionados a ejercer el poder. Les gusta el `juego´ y la importancia de la política, así como el "prestigio que les confiere" su posible poder. Pero la inmensa mayoría de los políticos británicos, al igual que los colegas de otros países desean ganar el éxito sin mucho esfuerzo, y se estremecen cuando tienen que tomar una decisión y el poder debe ejercerse inevitablemente".
Jose Antonio Marina: "La Pasión del Poder. Teoría y Práctica de la Dominación". Anagrama, 2010, Barcelona. Pp: 22-24
http://youtu.be/QfhEKpFiepM Jorge Drexler -Todo se Transforma- Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. Nada es más simple, no hay otra norma. Nada se pierde, todo se transforma.
http://youtu.be/QfhEKpFiepM Jorge Drexler -La Trama y el Desenlace-
miércoles, 20 de junio de 2012
La Pasión del Poder
Los animales actúan hasta donde les permiten sus deseos y sus fuerzas, los humanos tenemos el deseo de tener más deseos y más fuerzas para satisfacerlos, lo que dispara la espiral de una historia grande ero cruel. Para afirmarnos como centro de libertad, buscamos la distinción, aspiramos a extender nuestra capacidad de acción, a realizar nuestras posibilidades, buscamos la competición con nosotros mismos o con los demás, porque triunfar nos proporciona un gran placer, y, en esta galopada ansiosa, algunos individuos considerar que dominar a otras personas es la culminación del dinamismo afirmativo. En este punto cambia el sentido del impulso. El poder deja de ser expansión de la propia energía para convertirse en afán de dominación. Gregorio Maranñón, que estudió la pasión de mandar en su libro sobre el conde duque de Olivares, la relaciona con el "instinto de superación". Piensa que es un instinto que produce efectos polimorfos: "Conduce a la riqueza, al mando, a la gloria, al heroísmo, a la santidad, al crimen y a la perversión sexual". Pero "hay un grupo de seres humanos para los que el mando es, por si mismo, el fin de su instintivo afán: mandar por la fruición pura de mandar, como el ávaro ama el oro por el otro. Esta es la forma genuina de la pasión de mandar".
Ahora estamos hablando de un nuevo tipo de poder, canalizado hacia un objetivo concreto: imponerse a otro.
Hablando del poder político de Bertrand de Jouvenel escribe: "En toda condición y posición social, el hombre se siente más hombre cuando se impone a los demás y los convierte en instrumentos de su voluntad, medios para alcanzar los grandes fines cuya visión le embriaga. Dirigir un pueblo, ¡qué dilatación del yo! Solo la dicha efímera que nos proporciona la docilidad de nuestros miembros tras una larga enfermedad puede hacernos sospechar la felicidad incomparable de irradiar a diario los propios impulsos en su cuerpo inmenso, haciendo que se muevan a lo lejos millones de miembros desconocidos".
Esta es la razón de la euforia que invade al que ama el poder, en el mismo acto de ejercerlo. Según cuenta su secretario Perrault, Colbert, el ministro de Luis IV, se frotaba las manos de alegría al acercarse por la mañana a su mesa de trabajo. Algo parecido se trasluce en la correspondencia de Napoleón, y en los comentarios que hace su secretario el barón Fain. Pensaba que toda la maquinaria del poder en Francia recibía la energía inicial de la mesa de su despacho. Sentir esa gigantesca circulación de energía era para él como sentir su propia circulación magnificada...
Los grandes asesinos políticos han pensado que eran los únicos que podían conducir a su pueblo a la felicidad. Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot lo dejaron claro. Solo ellos -o en todo caso el partido- sabían lo que el pueblo necesitaba. Hermann Rauschning recoge una declaración de Hitler en 1939: "La providencia me ha designado para el el gran libertador de la humanidad. Yo libero al hombre de la opresión de una razón que quería ser un fin en sí misma; lo libero de una envilecedora quimera que se llama conciencia o moral y de las exigencias de una libertad individual que muy pocos hombres son capaces de soportar". Espero que el balance de víctimas haya vacunado a la humanidad contra la espera de algún salvador. Pero mi esperanza es crédula.
Jose Antonio Marina: "La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación" Anagrama, 2008, Barcelona. Pp.: 18-21
http://youtu.be/Rj_7E4y7ov4 Jose Antonio Marina y Claudio Naranjo en la Universidad Complutense de Madrid. Sobre la Educación. Tratando cambiar una educación "obsoleta", que no se ocupa, o no está pensada en formar personas, como recomienda la UNESCO, sino para formar a trabajadores que se inserten en el engranaje productivo. ESto procede problemas sociales y psicológicos en alumnos y profesores. Dos visiones distintas. Jose Antonio Marina: "Coincidimos en lo fundamental y discrepamos en todo lo demás". No se lo pierdan.
miércoles, 13 de junio de 2012
Encuentro entre Jose Antonio Marina y Claudio Naranjo
Encuentro entre José Antonio Marina y Claudio Naranjo en la Facultad de Filosofía de la UCM
Por su parte, José Antonio Marina ha dedicado toda su labor investigadora a la elaboración de una teoría de la inteligencia que comienza en la neurología y encuentra su meta en la ética. A su juicio, la función principal de la inteligencia no es conocer, sino alcanzar la felicidad y la dignidad. Inmerso en este titánico proyecto, en el que actualmente sigue aún inmerso, ha dedicado libros a la creación, el lenguaje, los sentimientos, la voluntad, la religión o la política. Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que destacan el Anagrama de Ensayo, Premio Juan de Borbón, Premio Elle, Premio Giner de los Ríos de la Innovación Educativa y Premio Nacional de Ensayo.
El encuentro entre ambos se anunció a los asistentes como un diálogo en el que podrían intercambiar y discutir abiertamente sus respectivas ideas sobre si es posible cambiar nuestros modos de educar. Sin embargo, muy pronto se produjo la convergencia entre Naranjo y Marina al constatar que si de algo no se habla hoy en España, y en general en el mundo occidental, es de la educación. En cualquier encuesta aparecen temas recurrentes como el terrorismo, la seguridad, la crisis económica o las desigualdades sociales, pero nunca rastreamos entre ellos el de la educación. Marina se mostró tajante al respecto: “A nadie le interesa el asunto educativo. Y cuando digo a nadie, es a nadie”. Claudio Naranjo intentó desde el primer momento buscar explicación a esta afirmación del pensador español, asegurando que precisamos urgentemente de una enseñanza que nos ayude a formar a seres más humanos y comprometidos con los auténticos problemas de su tiempo.
Ambos autores declararon, a su vez, que la sociedad actual se enfrenta a un problema de inconmensurabilidad. La nueva era de la comunicación ha dado como fruto una desorientación en el modo de encontrar y asimilar la información (lo que en el ámbito de la educación ha supuesto un alarmante aumento de los casos de déficit de atención); en este sentido, es necesario saber cómo orientarnos, dar con un patrón o una guía que sirva de ayuda a los niños y jóvenes que hoy se educan en colegios e institutos.
En un Paraninfo atestado de gente (ya treinta minutos antes de la celebración de este encuentro se había formado una cola como no se veía en años en la Facultad de Filosofía), José Antonio Marina declaró que su trabajo como investigador se halla encaminado a permitir que los padres comprendan lo que sucede, ofreciendo un significado al comportamiento de sus hijos para ayudarles a encontrar sus propias soluciones y aprovechar sus recursos. El pensador español declaró en numerosas ocasiones que no valen medias tintas; la sociedad civil en su conjunto ha de movilizarse de cara a educar a la infancia en un proyecto de felicidad y dignidad; Marina emplea un viejo proverbio africano para explicarlo: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”, de cara a implantar lo que denomina una “civilización del cuidado” o “maternalización de la sociedad”.
Tanto Naranjo como Marina coincidieron en otorgar una importancia primaria a la sociedad como conjunto de individuos interconectados por una red cultural, y desde ahora, imperativa: “la felicidad íntima de cada ser humano es un proyecto que solo puede alcanzarse integrándolo en un proyecto común”, aseguró el español.
A hombros de una cita de Gracián que Marina mencionó en algún momento de la ponencia (“¿Qué importa que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda?”), Claudio Naranjo hizo hincapié en la necesidad de cambiar la educación de los sentimientos para cambiar el mundo; a su juicio, al proceso educativo no solo le compete la formación de los individuos, sino también la transformación de una sociedad en crisis, contribuyendo a la transición desde una sociedad patriarcal moribunda a lo que él llama una “sociedad sana”, alejada del imperialismo de la razón instrumental, que hace que la educación que damos a nuestros jóvenes se haya convertido en un proceso casi de instrucción, bajo la condición de apartar otro tipo de actividades que permiten un auténtico desarrollo humano, lo que ha dado como resultado final un descenso en la salud psicológica y en la capacidad empática de los jóvenes. Naranjo declaró en diversos momentos de la conferencia que el adolescente “ha perdido el contacto consigo mismo, no sabe estar a solas, siempre necesita de constantes estímulos para sentirse vivo”. En este sentido, son tres los objetivos principales que el pensador chileno se propone: la liberación de la espontaneidad, el desarrollo amoroso entre seres humanos y el cultivo de la paz interior.
Tanto Claudio Naranjo como José Antonio Marina declararon que la profesión del educador no ha de fundarse exclusivamente en el desarrollo de procedimientos y técnicas, sino más bien de la capacidad de las personas para ayudar, capacidad sin la cual todo recurso técnico cae en el vacío.Por último, recordar que José Antonio Marina es el director del proyecto pedagógico Universidad de Padres, que tiene como objetivo colaborar con los progenitores durante todo el proceso educativo de sus hijos. La idea fundamental de este proyecto es que toda la sociedad debe ayudar en esta tarea. “Aspiramos a recuperar un discurso educativo optimista y alegre, que en la actualidad se ha olvidado”, explica Marina.
http://video.google.com/videoplay?docid=7765852252799866380# Entrevista hermosa a Claudio Naranjo en el pograma "La Belleza de Pensar". Muy interesante.















