PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta antropología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antropología. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de julio de 2022

CLAUDIO NARANJO

 





La educación es perversa, una cárcel, una estafa, transforma a las personas en Homo Demens”

Claudio Benjamín Naranjo Cohen (1932 – 2019),​ más conocido como Claudio Naranjo, fue un psiquiatra y escritor chileno que se convirtió en uno de los pioneros y máximos referentes de la psicología transpersonal. Es considerado un pionero en la integración de la psicoterapia y las tradiciones espirituales. Fue uno de los tres sucesores nombrados por Fritz Perls (fundador de Gestalt Therapy), un desarrollador principal de las teorías del Eneagrama de la Personalidad.

"La educación no nos enseña a ser libres. Actualmente se enseña a ser como los computadores, pero sin estar a la altura. Nos convierte en fantasmas intelectuales, porque no se enseña qué es la vida, por eso parto diciendo que la educación es perversa. No somos lo que podríamos ser".




domingo, 20 de junio de 2021

Erick Fromm: Desnudo

 

“El amor a la vida”.

Erich Fromm, autor de El amor a la vida. Fuente de la imagen
Erich Fromm nació en 1900 en Francfort del Meno, Alemania, en el seno de una familia judía ortodoxa que había dado varios rabinos. Es lógico, pues, que pronto se interesara por las narraciones del Viejo Testamento, cuyas enseñanzas acabaría comentando en algunos de sus libros. Cuando aún era un adolescente, protestó vivamente contra la Primera Guerra Mundial. A esta juvenil implicación política le seguiría un suceso que cambió su percepción de la vida: el suicidio de una amiga de la familia, una artista joven y hermosa, que decidió acompañar a su padre al más allá cuando el buen hombre falleció. Este suicidio, en principio incomprensible, marcó quizá el inicio de su interés por el psicoanálisis, que le depararía una fructífera carrera: al cabo de los años se convirtió en uno de sus máximos exponentes.
 
Fromm estudió psicología, filosofía y sociología en la ciudad alemana de Heidelberg, y completó su formación académica en universidades de Múnich y Fráncfort.

Empezó a practicar el psicoanálisis en 1930. Cuatro años después, en pleno auge del nazismo (con el que estaba en completo desacuerdo), se exilió a Estados Unidos, donde impartiría clases en diversas universidades. Es autor de casi una treintena de libros, en los que vertió sus conocimientos e ideas sobre temas recurrentes: el psicoanálisis, la religión, la libertad… Escribió también sobre hombres que trastocaron –para bien o para mal– el devenir de la humanidad: Marx, Freud, Hitler…

Autor del celebérrimo Miedo a la libertad, publicado por primera vez en 1941, Fromm tenía casi ochenta años cuando dio a conocer una serie de textos radiales, recopilados en El amor a la vida, que he leído en una antigua edición de Altaya (1997), con traducción de Eduardo Prieto. Algunos de estos textos fueron grabados (como explica el prologuista y editor Hans Jürgen Schultz) en la casa de Fromm, en Locarnos, y otros en el estudio radiofónico, en Zurich. Fromm recupera en esta obra su idioma materno con la intención de divulgar su pensamiento en Alemania, donde él era casi desconocido, al contrario de lo que ocurría en muchos países. Sin ir más lejos Estados Unidos, donde sus libros, pese a su condición de ensayos sobre psicoanálisis, fueron auténticos best–sellers durante décadas.
 
Pese a que el formato de El amor a la vida pueda ser ligeramente diferente al que estaban habituados sus muchos lectores (no eran estudios para ser leídos sino para ser escuchados), encontramos en ellos al mismo Fromm de siempre: con su estilo sencillo y seductor, nada ampuloso, sereno, donde reflexiona, como siempre –él mismo se encarga de recordarlo–, sobre temas vivenciales, nunca sobre meras abstracciones. En El amor a la vida, el pensador alemán diserta sobre la abundancia en las sociedades modernas, la estructura patriarcal y matriarcal, las religiones, el racismo, el sectarismo político, el canibalismo, la angustia, los sueños, Freud, Marx y Hitler (una vez más), y repasa sus autores y libros preferidos…
 
El amor a la vida podría ser una buena síntesis del pensamiento de este sabio alemán que cautivó a millones de lectores en una época en la que el psicoanálisis levantaba pasiones y también, cómo no, críticas furibundas.
Pero sería un error pensar en Erich Fromm como en un simple psicoanalista y escritor de best-sellers. Desde luego, es mucho más: psicólogo, filósofo, sociólogo, estudioso de las religiones. Podríamos decir de él, sin miedo a equivocarnos, que todo lo humano le interesaba. Su deseo de ayudar a los hombres a encontrar la armonía interior desde el autoconocimiento nos permite definirlo en una sola palabra: humanista.
 
Erich Fromm murió en Suiza en 1980, cuando estaba a punto de cumplir ochenta años. Intelectual incansable, siguió trabajando hasta el último de sus días.

 

 Título: El amor a la vida. Conferencias radiofónicas compiladas por Hans Jürgen Schultz
Autor: Erich Fromm

Género: Ensayo (psicoanálisis)

Primera edición: 1983, Estate of Erich Fromm and Hans Jürgen Schultz, con el título Über die Liebe Zum Leben

Edición comentada: El miedo a la vida (Altaya, 1997), con traducción de Eduardo Prieto.

 

LISTADO DE GRANDES LIBROS

NarrativaBreve.com (la mejor literatura en castellano)

“La verdad es que la idea es espectacular, quién no sueña con eso? El problema es que yo no lo podría hacer, a mi me criaron para tener”


martes, 29 de diciembre de 2020

Jane Goodall. Puro Amor

 

‘Jane Goodall, una simia blanca, grande y rara’




Así describe Valerie Jane Morris Goodall cómo se sentía a ojos de los chimpancés que estudiaba a diario con infinitas dosis de paciencia y curiosidad, en el Parque Nacional de Gombe, un remoto rincón a orillas del lago Tanganica, en los confines occidentales de la actual Tanzania. Casi 60 años han pasado desde los primeros contactos de esta simia inglesa con sus parientes salvajes africanos, durante los cuales ha llegado a convertirse en una figura de enorme transcendencia en el mundo de la ciencia. Hoy en día se la considera un icono, no sólo por sus revolucionarios descubrimientos en el campo de la biología del comportamiento de los primates, sino también por su compromiso social, capacidad de divulgación científica, y defensa acérrima de los valores de protección de la naturaleza. Muchos de los investigadores e investigadoras de la Universidad Pablo de Olavide, especialmente los dedicados a las ciencias de la naturaleza, estarán probablemente de acuerdo conmigo en que no por bien conocida, la Dra. Jane Goodall no debería faltar en esta serie de artículos sobre mujeres científicas de relevancia, máxime teniendo en cuenta que entre sus múltiples honores figura el de doctora ‘honoris causa’ otorgado por esta misma casa en noviembre de 2009, a propuesta del entonces rector Juan Jiménez.

La manera en que Jane se inició y creció en ciencia resulta ciertamente de lo más inspiradora para cualquier persona con vocación por la investigación. El amor por la naturaleza y la curiosidad innata por aprender sobre los animales aparecieron muy pronto en ella; con cuatro años esperó pacientemente durante horas en el gallinero de una granja para comprobar cómo los huevos eran producidos por las gallinas. Su chimpancé de peluche Jubilee, que recibió de regalo de niña y aún conserva, así como un cuento sobre Tarzán comprado con 10 años con los ahorros de su paga, no fueron sino auténticas premoniciones de su pasión venidera por África y la primatología. Sin posibilidades económicas para acceder a una formación universitaria, pero con el apoyo constante de su madre y un enorme afán por alcanzar sus sueños, Jane trabajó de secretaria y camarera para poder costearse su primer viaje al continente africano. Poco después, con tan sólo 23 años, se “lió la manta a la cabeza” y se lanzó a una aventura impensable en aquel momento para una mujer, que le cambiaría la vida para siempre.

Como es bien sabido, algunas de las contribuciones científicas derivadas de sus años de estudio de los chimpancés en su hábitat natural, como el hecho de que éstos son capaces de fabricar y utilizar herramientas, comer carne o establecer relaciones afectivas que pueden perdurar de por vida, rompieron esquemas largamente establecidos sobre comportamientos que se consideraban hasta entonces exclusivos de la especie humana. Su primer mentor científico, el paleoantropólogo Louis Leakey, ilustró la importancia de sus hallazgos afirmando que hacían necesaria una redefinición del concepto de ser humano. Ello le permitió matricularse y doctorarse en etología por la Universidad de Cambridge en 1965, convirtiéndose en una de las primeras personas en conseguirlo sin contar con una titulación universitaria previa. Asimismo, consiguió apoyo de la prestigiosa National Geographic Society para financiar sus investigaciones en África.

Sin embargo, los primeros pasos de Jane Goodall no estuvieron exentos de dificultades para conseguir abrirse camino en los círculos científicos de los años 60, abrumadoramente dominados por hombres. La historia idealizada y exótica, casi de película infantil, de la joven inglesa rubia con coleta, pantalones cortos y camisa de guardabosques que convivía con los chimpancés en la selva africana, no fue tomada en serio por muchos de sus colegas masculinos. Su falta de cualificación fue criticada y sus métodos científicos tachados, probablemente no sin razón, como poco ortodoxos. Así, Jane suministraba alimento, no evitaba la interacción física y otorgaba nombres propios a los chimpancés que estudiaba – con la misma inicial si pertenecían a la misma familia – ignorando la práctica establecida de identificarlos con simples números. Igualmente, algunas de sus primeras aportaciones fueron acogidas con escepticismo por parte de la comunidad científica, hasta el punto de ser consideradas como “anécdotas y especulaciones de una rubia esbelta con más apego por los monos que por los hombres”. Además, tuvo que acostumbrarse a la circunstancia de que su trabajo atraía en ocasiones más atención por quien lo realizaba que por los resultados que obtenía. A pesar de que nunca deseó que su imagen fuese el foco de atención de las fotografías y reportajes que documentaban sus investigaciones, terminó por entender que podía sacar partido a estas concesiones para poder llegar hasta más gente. De esta manera, conseguiría difundir de manera más efectiva su mensaje de protección de la biodiversidad mediante la construcción de una sociedad más respetuosa con la naturaleza y con menos desigualdades sociales.

El legado de la Dra. Goodall es inmenso, y ha inspirado a generaciones de científicos, en especial mujeres. La investigación que inició en Gombe ha continuado ininterrumpidamente hasta la actualidad, generando 35 tesis doctorales, más de 30 libros, más de una decena de películas y documentales, y cientos de artículos científicos y divulgativos. Aún hoy, a sus casi 85 años, sigue viajando incansablemente por todo el mundo, dando conferencias y concediendo entrevistas en las que nos invita a reflexionar sobre nuestra existencia como especie y las consecuencias sociales y ambientales de nuestro actual modo de vida. Ha sido considerada como una de las mujeres científicas de mayor impacto del siglo XX, y distinguida con más de 100 premios internacionales, entre ellos el doctorado ‘honoris causa’ por más de 45 universidades, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, la Medalla de oro de la UNESCO o el título de Mensajera de la Paz de la ONU. Asimismo, el Instituto Jane Goodall, una organización global sin ánimo de lucro que lleva el nombre de su fundadora, tiene en la actualidad más de 30 oficinas en el mundo y programas de investigación de vida salvaje, conservación de la naturaleza y educación ambiental en cerca de 100 países. En este mismo sentido, podemos comprobar cómo la figura de Jane Goodall es cada vez más frecuente en proyectos educativos en las aulas y colecciones de libros infantiles para acercar al alumnado a la vida y obra de mujeres de trayectorias destacadas e inspiradoras, contribuyendo así al futuro de nuestra sociedad.

El mensaje de Jane Goodall viaja también fuera de nuestras fronteras, en las sondas espaciales Voyager 1 y 2, lanzadas por la NASA en 1977, que prosiguen actualmente su viaje por el espacio interestelar, a miles de millones de kilómetros de distancia de nuestro planeta. Ambas llevan a bordo una especie de cápsula con información sobre la civilización humana y la Tierra, en la que se incluye una foto de Jane Goodall rodeada de chimpancés. Si alguna vez esta botella lanzada al océano cósmico es encontrada y su mensaje leído, quien quiera que sea quien lo haga, sabrá que no estamos solos. Pero, ¿cómo es posible que siendo tan inteligentes como para haber llegado tan lejos de nuestro hogar estamos al mismo tiempo acabando con él?

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. Humanista. Psicoanálisis. Psicoterapia Integrativa. Teléfono: 653 379 269. Gran Vía 32, 3° Izquierda. Zaragoza.                      Instagram: @psicoletrazaragoza.                          Página Web: Psicólogo Zaragoza TLP

jueves, 3 de diciembre de 2020

Ella (NO) lo consintió


 

“Considerar que dar las campanadas medio desnuda es un acto feminista es un error garrafal”

Ana de Miguel cree que el feminismo no debe servir para vender camisetas. El discurso actual, según esta filósofa, debe centrarse en poner los límites para que no puedan decir: «Ella lo consintió».

campanadas

La filósofa Ana de Miguel. FOTO: ANTÁRTICA

El #MeToo, el juicio a La Manada, la gestación subrogada y hasta la polémica habitual que acompaña a estas fechas en torno al vestido de Nochevieja de Cristina Pedroche hacen que cada día se trasladen a los medios debates que tienen que ver con las definiciones de lo que es hoy el feminismo. La filósofa Ana de Miguel representa a una corriente que se puede considerar heredera de la Segunda Ola de los 70, antes de que la generación X introdujera el lipstick feminism en los 90 y antes también de que en los últimos años explosionara una hiperactiva Cuarta Ola, que aún está definiéndose. Pero De Miguel, que además dirige varias tesis sobre pornografía y prostitución, cree que «si todo vale, nada vale»; que las feministas, todas, «han de compartir y apoyar un mismo núcleo duro de creencias» y en su libro Neoliberalismo sexual (Cátedra) carga contra «el mito de la libre elección». Su objetivo es que el movimiento no se banalice.

¿Se esperaba la movilización que acompañó al juicio contra La Manada en Pamplona?

Sí, porque desde la manifestación del tren de la libertad, cuando parecía que [el ex ministro de Justicia Alberto Ruiz] Gallardón iba a reformar la ley del aborto, he observado un cambio radical en la sociedad. Allí ya había muchísimos hombres, muchos chicos y chicas jóvenes que no provenían estrictamente del movimiento feminista. La gente ha entendido que ha llegado el momento de decir «basta». Pero este apoyo masivo es relativamente nuevo.

Dentro de la sala se oyeron cosas muy duras, como que una mujer que sufre una violación no cuelga después en Facebook lemas a favor de la libertad sexual, ni sale con sus amigos, ni se sienta de determinada manera ante el tribunal.

Eso nos muestra que la visión patriarcal de lo que es un hombre y una mujer sigue prevaleciendo. El sistema de dominación, que es extremadamente severo con las mujeres, las ha definido siempre como el complemento del hombre. Pensemos que el gran filósofo ilustrado, Jean-Jacques Rousseau, que se explica en clase de Filosofía como el gran igualitario, afirmaba: «Hacer que nuestras vidas sean fáciles y agradables; esa es la función de las mujeres en todo tiempo y lugar». Nada define de forma tan breve y eficaz lo que es un sistema de dominación. ¿Para qué quiere la gente el poder? Para eso, para que mi vida sea más fácil y agradable, para que alguien me cuide. Y ese es el papel que nos han adjudicado a las mujeres. En apariencia, no parece muy severo, pero en el fondo lo es. Por eso aún se ven féminas que han estudiado una carrera y de pronto, se enamoran, se emparejan con un hombre y lo dejan todo.

Ese es un ejemplo bastante extremo. Lo que sí vemos en España, en proporciones ingentes, es que son las mujeres quienes reducen su jornada al ser madres, y con eso su salario y su posición y progresión dentro de su lugar de trabajo.

Es cierto que el ejemplo es extremo, pero la idea que subyace no. El daño de la sociedad patriarcal radica en que lo que es bueno y valioso para un hombre no es bueno y valioso para una mujer. Tenemos que ir hacia una sociedad en la que la condición humana sea universal. En la moral sexual se ha visto históricamente de manera muy clara: lo que es bueno para el hombre, la promiscuidad en las relaciones, no lo era para una mujer. Para ella lo bueno es cuidar, y no para él. La gran Virginia Woolf resumió El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, en una frase que dice: «Los hombres han convertido a las mujeres en un espejo en el que se ven reflejados al doble de su tamaño».

ana de miguel

Manifestación del movimiento #MeToo (nov. de 2017). FOTO: GETTY

A muchos hombres les sigue pareciendo inconcebible identificarse con una mujer. ¿Recuerda aquellas encuestas sobre las figuras a las que admiran los adolescentes? Fueron noticia porque había futbolistas y youtubers, pero lo más llamativo es que las chicas se reflejaban en hombres y mujeres, pero los chicos solo en hombres, al cien por cien.

Laura Freixas lo explica bien usando el ejemplo de los pitufos. Está el pitufo labrador, el poeta… ¿qué interioriza una niña? Que la universidad se identifica con lo masculino. Con que haya una pitufina ya representa a todas porque somos las idénticas. Yo tengo un hijo varón y una hija mujer y he podido comprobar cómo la sociedad se articula para construirlos de manera distinta. Ellos son el centro de la creación y las chicas, el complemento. El ser humano neutral es el que va con el pelo corto, sin tacones. A la chica, el mensaje que se le da es: tú, tal y como eres, eres un hombre pero en defectivo, un error de la naturaleza. No eres suficiente. Ponte un zapato alto, un poco de colorete, no puedes aceptarte como eres. Eso desempodera a las mujeres que de entrada entienden que ellas no son el ser humano neutral. Ellas ya están marcadas desde el momento en que nacen y se les ponen pendientes.

A la hora de la verdad, ¿no se educa en la igualdad?

Yo he llegado a escuchar en el colegio a una madre que decía: «Nosotras somos peores, más malas y retorcidas». A ese tipo de afirmaciones yo contesto: «Lo seréis tú y tu hija, porque mi hija y yo somos seres nobles». No consiento que alguien se atreva a decir esa monstruosidad delante mío; interiorizamos una barbaridad del sistema patriarcal diciendo indirectamente que ellos son mejores que nosotras y que van de frente y nosotras no.

Usted se opone radicalmente a considerar la prostitución un ‘libre intercambio’ que pueda ser legalizado. Sin embargo, no todo el movimiento feminista está de acuerdo en este punto.

Hay feministas mediáticas, o que creen serlo, que dicen cosas cómo: «¿Cuántas mujeres hay aquí? ¿Cien mil? Entonces hay tantos feminismos como mujeres». Eso es una banalización y un error teórico de lo que es el feminismo y de lo que ha permitido a las mujeres salir de la opresión. El feminismo no puede ser la única teoría en la que valga lo mismo una afirmación y su contraria. Tiene que tener un núcleo duro de creencias que apoyemos todas las que decimos ser feministas. Si no sería como declararse comunista y que dentro del grupo unos pensaran que los obreros son unos vagos y el salario mínimo una injusticia porque no permite la libre elección de trabajar 14 horas por poco dinero.

¿Entiende entonces que bajo el paraguas de la libre elección se ha diluido lo que significa ser feminista?

Cuando todo vale, nada vale, todo pierde el sentido y el significado. El núcleo duro del feminismo es ir hacia la universalización de la condición humana y para llegar a eso sigue haciendo falta luchar. La libre elección se está utilizando para legitimar una estructura de desigualdad. Se entiende mejor en términos económicos: legitimar leyes, costumbres o acciones porque son producto de la libre elección es una locura que deja a los que no tienen poder en manos de los poderosos. ¿Qué no va a consentir una persona que necesita un empleo? Las normas y los límites son fundamentales para protegernos del poder. La lucha del feminismo es la batalla por poner límites, para que no puedan decir: «Es que ella consintió». Es muy importante que no te cuelen como algo transgresor algo que no lo es. Le pondré un ejemplo histórico. En el siglo XIX llegaban a Madrid chicas del ámbito rural. Por las noches, el marido, el padre, el hijo se deslizaban en la cama de la criada. ¿Ella consentía? Claro que consentía. Se quedaba paralizada y si no, tendría represalias.

Esa es una muletilla habitual: nadie me ha obligado a hacerlo y por lo tanto, me empodera.

No cualquier cosa que escoja una mujer va a ser feminista. A una mujer le puede empoderar abrir una empresa y dedicarse a explotar a otras mujeres. ¿Eso es feminista? Hoy hemos llegado a la tontería de decir que todo lo que una mujer decida libremente o le empodere ya es liberador, pero ese planteamiento no resiste el mínimo análisis intelectual. Una mujer que va a dar las campanadas de Fin de Año y se viste medio desnuda y manifiesta que nunca se ha vestido ni sentido tan libre, por ejemplo. Ella que haga, efectivamente, lo que quiera, pero eso no es un acto que se pueda calificar de feminista. Y sin pretenderlo, puede tener otro tipo de consecuencias como que un empresario diga a sus camareras: «Vosotras vais a venir a poner las copas medio desnudas, pero, ojo, solo las que quieran. Las que no, pueden marcharse, tengo a otras tantas esperando en la calle que sí querrán».

El movimiento #MeToo está despertando una enorme bestia dormida, la de los hombres que creen tener derecho a los cuerpos de las mujeres. ¿Va a marcar un antes y un después o se corre el peligro de que quede en nada?

Sí, va a ser definitivo, en España por lo menos…

A decir verdad, aquí está costando que salgan nombres y apellidos.

Quizá porque es un país más vergonzoso, distinto a la cultura anglosajona, pero la pelea que hay en este país para acabar con la desigualdad de género es impresionante. Implica a agentes desde la prensa, los ayuntamientos, la medicina, desde la ley….Creo que con esto va a suceder como con el caso Ana Orantes [la mujer asesinada hace 20 años tras aparecer en televisión, que incitó la lucha contra la violencia de género]. Será un punto de inflexión.

En estos casos, sigue habiendo una gran disonancia entre la opinión pública y la publicada. Se puede ver muy claramente en las secciones de comentarios en los artículos sobre agresiones sexuales. Quizá no es aceptable poner por escrito en un medio «ellas se lo buscaron», pero desde luego en privado mucha gente lo cree.

Desde hace unos años estoy desarrollando una teoría que llamo ‘de la doble verdad’, en honor al filósofo Averroes. ¿Cómo se reproduce la desigualdad entre chicos y chicas en sociedades como la nuestra, formalmente igualitarias, y en las que, con un micrófono delante todo el mundo te va a decir que hombres y mujeres son iguales? Pero nunca cinco chicas hubieran tratado a un hombre como un trozo de carne. No hay simetría, no es recíproco. ¿Dónde aprende hoy un chico esto? En la pornografía. Un adolescente te dirá que su compañera es su igual. Pero probablemente también piense que las chicas son cuerpos que están ahí para su disfrute y reconcilia ambas verdades de la misma manera que una persona bilingüe transita de una lengua a otra. Ahora dirijo varias tesis doctorales sobre pornografía, así que estoy muy al día de todo lo que se encuentra en la red sobre este tema.

¿No puede existir el porno feminista?

Creo que no porque el feminismo no es un adjetivo para vender cosas. Está habiendo un esfuerzo por banalizar el feminismo como una etiqueta de consumo. Coche feminista, camiseta feminista, vajilla feminista… es demencial. En cuanto a la pornografía, junto a una alumna doctorada, hemos analizado los tres vídeos más vistos por los españoles. Uno es una apología de la violación y los otros dos son sexo sin consentimiento. Todos tienen más de 50 millones de visitas. Los chicos están interiorizando la brutalidad que emana de la pornografía, lo que tienen derecho a hacer con ella. Lo ven en el móvil en casa, se lo está poniendo la sociedad en las manos. Se les dice que tienen derecho. ¿Quiero yo que las mujeres pasen a ver a los hombres como trozos de carne? No, no queremos eso.