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Paz y Ciencia

miércoles, 29 de mayo de 2013

Viktor Frankl: Heroísmo y Humor



El concepto logoterapéutico de hombre está basado en tres pilares: la libertad de la voluntad, la voluntad de sentido y el sentido de la vida. El primero de ellos, la libertad de voluntad, se opone al principio que caracteriza a la mayoría de los enfoques actuales del concepto de hombre del concepto de hombre, a saber, el determinismo. Sin embargo, en realidad, solamente se opone a lo que usualmente llamo pandeterminismo, porque hablar de la libertad de la voluntad no debe implicar ningún tipo de indeterminismo a priori. Después de todo, la libertad de la voluntad significa la libertad de la voluntad humana, es decir, la libertad de un ser finito. La libertad del hombre no es una libertad con respecto a todo condicionamiento, sino, más bien, la posibilidad de tomar posición ante cualquier condición que deba enfrentar.
Durante una entrevista, Huston C. Smith, de Harvard, me preguntó cómo, siendo yo profesor de neurología y psiquiatría, no aceptaba que el hombre es sujeto de condicionamientos y determinaciones. Le contesté que, como neurólogo y psiquiatra, obviamente, estaba plenamente seguro de que el hombre no se encuentra completamente libre de condicionamientos, sean biológicos, psicológicos o sociológicos. Pero agregué que, además de ser profesor de ambas disciplinas (neurología y psiquiatría), soy un sobreviviente de cuatro campos de concentración y en esa situación he sido testigo de la sorprendente capacidad del hombre, siempre conservada, de resistir y luchar aun bajo las peores condiciones. Tomar distancia incluso de las peores condiciones es una capacidad exclusivamente humana. Asimismo, esta capacidad únicamente humana de distanciarse de cualquier situación que debe enfrentar se manifiesta no solamente a través del heroísmo, como fue el caso en los campos de concentración, sino también a través del humor. Esta es también una capacidad exclusivamente humana.
Y no debemos avergorzarnos por esto. Se ha dicho que el humor es un atributo divino. En tres salmos, Dios es referido como un Dios que "ríe".

Viktor Frankl: "Fundamentos y Aplicaciones de la Logoterapia". Herder. Barcelona. 2012. Pp.: 26-27

martes, 28 de mayo de 2013

Jugando

 
 
DE LOS JUEGOS DE PODER EN NIETZSCHE A LOS JUEGOS COMO EXPERIENCIA DEL ARTE EN GADAMER

Los juegos de poder en Nietzsche están vinculados al dios Dioniso (o Dionisos), porque es el dios del juego y del placer e indica la voluntad de poder, que para él es voluntad de vida, deseo y creación, sobre todo voluntad de verdad, por oposición a la concepción de Schopenhauer de negación del deseo y de la vida.


En más allá del bien y del mal, publicada en 1887, escribe:
"Los auténticos filósofos son personas que imparten órdenes y legislan. Dicen:
¡Así debe ser!; son ellos los que determinan el adonde y el para que del ser humano..., ellos extienden su mano creadora hacia el futuro... Su conocer es crear, su crear es un legislar, su voluntad de verdad es voluntad de poder" (Nietzche, 1970: 211).

En
Friedrich Nietzsche en sus obras, lo comenta Lou Andreas Salomé:

"...de descubridor de la verdad, como se le consideró hasta ahora, el filósofo pasará a ser el inventor de la verdad, alguien a quien le
sobra voluntad.", citando ella misma a "Más allá del bien y del mal" (Andreas Salomé, 2005: 224).

No podemos dejar de notar la insólita concomitancia con el
Manifiesto del partido Comunista (1848) y El Capital (1864) de Marx, donde expone precisamente la idea de que la filosofía no tiene por finalidad interpretar el mundo, sino cambiarlo. Ideario que se expresa de nuevo en la tesis onceava de Las Tesis sobre Feuerbach (1888).

Por eso precisamente, podemos continuar diciendo con Safranski, que cuando Nietzsche interpreta su voluntad de verdad como una forma de voluntad de poder, los juegos se presentan como últimas conclusiones de la sabiduría, como cuando juega Dioniso. (Safranski, 2001: 370)

A Foucault le atrae de Nietzsche los términos de los dionisíaco y el poder: lo dionisíaco sería otro poder contra el poder establecido en muchas de nuestras instituciones sociales opresoras, por eso se pregunta al final de la
Historia de la sexualidad por los espacios de juego de la soberanía e incluso recuperar estrategias de poder en el propio cuerpo, se trata de recuperar el arte de la vida (citado por Safranski, 2001: 373).

Nietzsche lo explica en
Así habló Zaratustra cuando afirma que el conocimiento más elevado renuncia a todo conocimiento lógico: "¡Pues yo quisiera que tuvieran una demencia de la cual perecieran!...¡En verdad quisiera que su demencia se llamase verdad!", o sea: la voz de otra razón, tal vez Nietzsche la encontró durante sus 11 años de demencia desde 1889 hasta 1900, en que murió. El profetizó su destino ya en el prólogo de Zaratustra, cuando habla del exceso y el riesgo como el camino hacia el hombre nuevo: "¿Pero donde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde la demencia con la que deberíais ser inoculados? Mirad, yo os enseño al hombre nuevo: ¡él es ese rayo, él es esa demencia!" (Nietzche, 1970, II: 33).

Berne, fundador de la corriente de psicología humanística Análisis Transaccional, de la que hablaremos más ampliamente al hablar de los juegos psicológicos, simboliza en el Niño Natural o Niño libre aquella capacidad humana contra el poder de la civilización que domestica el mundo feliz del disfrute y del juego espontáneo y no escucha la voz de la "locura" de este Niño, el de pensamiento mágico, pensamiento creativo, el de la intuición emocional, pensamiento marciano, frente al punto de vista "terrícola", aquel que está oscurecido por los prejuicios aprendidos en la primera infancia.

En este sentido Huizinga primero (1938) y Gadamer después (1960) al defender el fundamento lúdico de las artes y de la cultura en general (diagogé) exponen que el poder del arte cambia la lucha cruel de los poderes fácticos por un ámbito de certamen (agonal), como competición ofrecida a los dioses. Ya lo expone Nietzsche en su obra de juventud El origen de la tragedia por el fundamento agonal de la vida, desarrollado más ampliamente en su ensayo El certamen de Homero. Cuando Nietzsche conoce la tesis de Darwin de la "lucha por la existencia" no le gusta, porque para él es una tesis poco dinámica, no se trata de supervivencia, sino de superación, el más allá de los valores, sin el miedo por la existencia y conservación, más bien propio de un mundo de burgueses meticulosos y mediocres.
La filosofía vitalista de Nietzsche se dirige a la vida, voluntad de vida y juegos de poder. La atención del joven Nietzsche se dirige a justificar la vida a través del descubrimiento del genio y del juego (Dioniso juega) y eso es lo que aparentemente sin sentido le da un sentido a la vida, como el
agon para la "lucha" amorosa de Jaspers, "el genio es la suprema encarnación del poder en el terreno de la lucha cultural".

Nietzsche podrá decir que la preocupación por conocerse a sí mismo ya es voluntad de poder, pero no como algo unitario y uniforme, sino como pluridad dinámica del ser, tal como leemos en
La voluntad de poder (Nietzsche, 1970: 647) (por cierto, recordemos que es un nombre que le otorgó su hermana Elisabeth Förster-Nietzsche): "Voluntad de poder no como ser, no como devenir, sino como pathos... he aquí el hecho primario del que deriva un cambio, una acción...", aquí pasión la entiende como juego libre. (Safranski, 2001: 312.)

"Ha cambiado Zaratustra, se ha hecho niño. Se ha despertado Zaratustra ¿qué quieres hacer entre los dormidos?...", "Os he indicado las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camello, la del camello en león y la del león en niño." Podemos comentarlo diciendo que el camello acepta pasiva y gustosamente todos los deberes que se le imponen a uno, representa estar bajo el mandato de
tú debes; por otra parte, el león se enfrenta a la anterior situación proclamando un yo quiero, rechazando los valores de pasividad, culpa y sumisión; finalmente, la forma de ser niño, se conquista con la libertad, la autenticidad y la creación artística, construyendo nuevos valores y proclamando un decir sí a la vida, con un espíritu inocente y prístino, que juega y se mueve por sí mismo.

Este niño está alejado del poder y de la riqueza, porque es libre, tiene la sabiduría, ama y quiere que le amen, tal como se pone de manifiesto en las "Consideraciones inactuales:
Wagner en Bayreuth (Nietzche, 1970, I: 843), cuando comenta el Anillo de los Nibelungos, en que el personaje trágico es un dios que ansía el poder: "Entonces, al fin, siente asco al poder que lleva en su seno el mal y la ley inexorable", hasta que ese dios, en la renuncia del poder, -dice Nietzsche- "se ha vuelto libre en el amor, libre de sí mismo" y continúa diciendo: "¿Cuál de vosotros está dispuesto a renunciar al poder porque sabe y experimenta que el poder es malo? ¿Dónde están los que, como Brunhilda, rinden su saber por amor y por último, no obstante, extraen de su vida el saber supremo: amor doliente, hondísima pena, me abrió los ojos? ¿Y los libres, los intrépidos, los que crecen y florecen nutriéndose de su propia esencia, con inocente egocentricidad, los Sigfridos de entre vosostros?" y en la poesía "De la pobreza del más rico" (Nietsche, 1970, IV: 414) añade:

"¡Debes volverte
más pobre,

sabio huérfano de sabiduría,

si quieres que te amen!"

"Sólo son amados los que sufren,

sólo se brinda amor al que tiene hambre:

¡Primero regálate a ti mismo, oh Zaratustra!

- Yo soy tu verdad..."

Así como Nietzsche conoce a Lou, en 1882, cuando ella tenía 21 años y él 38 y a los 33 años publica Lou su libro sobre las obras de Nietzsche, con pleno conocimiento de su producción filosófica, luego conoce Lou a Rilke, en 1897, cuando ella tenía 36 años y él solamente 22, o sea que con Nietzsche se llevaba 17 años de diferencia, mientras que con Rilke ella era 14 años mayor. ¿Por qué hacemos este comentario al parecer superfluo? Pues, porque pensamos que la relación de Lou con el joven Rilke, muy intensa entre 1897 y 1901, pudo influir en la transmisión de la ideología del filósofo en la producción del poeta. De Nietzsche recoge el concepto de juego y riesgo para la vida auténtica, de esta forma en la 2ª parte del 2º libro de las "Imágenes" leemos:

"Río abajo derivan las flores que los niños han arrancado

jugando"

En el libro de "La pobreza y de la muerte":

"Haz que conozca su niñez de nuevo;

con lo maravilloso y lo inconsciente,

y el infinito ciclo de leyendas en sombras,

rico, de sus primeros años, todos presagios."

Finalmente, en "Sonetos", 2ª parte, XIV:

"...solo que nosotros,

más aún que la planta o el animal

marchamos con ese riesgo, lo queremos...

...a veces

(y no por interés) hasta nos arriesgamos más

que la propia vida, al menos un soplo

más...

Este riesgo proviene de nuestra apertura al mundo, el animal está en el mundo, nosotros estamos ante el mundo, estamos abiertos al mundo. Ésta es la noción de riesgo que nos hace pensar en la filosofía de Nietzsche.

Y ¿qué podemos decir de Heidegger, en este tema que hoy nos ocupa del juego, influido a su vez por Nietzsche y por Rilke?

Para Heidegger también el arte va ligado al juego, tal como luego lo explicitará más ampliamente su discípulo Gadamer. Ya lo encontramos en su escrito de 1936: El origen de la obra de arte

, donde explicita que "si todo arte es en esencia poema, de ahí se seguirá que la arquitectura, la escultura, la música deben ser atribuidas a la poesía", para continuar más adelante diciendo que "el decir que proyecta es poema: el relato del mundo y la tierra, el relato del espacio de juego de su combate y, por tanto, el lugar de toda la proximidad y lejanía de los dioses.", evidentemente se está refiriendo a "un poetizar en sentido amplio". (Heidegger, 1994: 52)

A continuación planteará Heidegger el tema de juego del lenguaje, tal vez por primera vez en la historia de la filosofía, que no es un jugar con el lenguaje, sino un modo de ver lo que el lenguaje dice cuando
habla. En su conferencia del 6-6-1950 Das Ding, inspirada en la Trilogía Española de Rilke, escrito en Ronda, en 1913, dice: "La constitución de los cuatro (tierra y cielo, los divinos y los mortales) esencia como un juego de espejos –un juego que acaece de un modo propio- de los que, en su simplicidad, están confiados cada uno a cada uno" (Spiel, juego en alemán como un reflejarse, Spiegeln) (Heidegger, 1994:157). Esa inseguridad del juego es la raíz de la auténtica existencia humana, que Heidegger interpretará como Dasein, al mismo tiempo que acepta el concepto inquietante de naturaleza como riesgo, al aceptar la eventualidad de la condición humana, que se vive peligrosamente "el ser es el riesgo por excelencia", "arriesgar es poner en juego". Heráclito piensa el ser como el tiempo del mundo y a éste como el juego de un niño.

Heidegger se refiere además al juego al "dejar ser" la cosa en su "reunión", pensamos la cosa como cosa y al pensarla de este modo nos dejamos aproximar por el ser de la cosa...un ser que "juega el juego del mundo".

El principio de razón por el cual damos un salto (Sprung) que lleva el pensar a un juego con aquello en que "descansa" el ser como ser. Por medio de tal salto el pensamiento mide la magnitud del juego en que se juega nuestro ser humano, el riesgo. La frase de Leibniz "Cum Deus calculat fit mundus" podría traducirse como "mientras Dios juega se hace el mundo".

Esta línea del pensamiento maduro de Heidegger corresponde a su metafísica de la luz como apertura al lenguaje y al mundo, lo que entendemos como giro lingüístico, por eso podrá decir que "habitar es la palabra que indica que no se está frente a los objetos para dominarlos", (Gadamer, 1994: 321-322). Recordemos la famosa frase de Heidegger: "El lenguaje es el ámbito o recinto (templum), esto es, la casa del ser,...por lo que sólo llegamos a lo ente caminando permanentemente a través de esta casa" (en "¿Para qué poetas? de 1946 (Heidegger, 1998: 231), o sea, que solamente a través del diálogo, incluso como un juego dialéctico, "se abre un auténtico universo". Como en otro comentario a Hölderlin (
Hölderlin y la esencia de la poesía) tomando la frase poética "desde que somos un diálogo", insiste una y otra vez en que nosotros los humanos desde que somos diálogo...

Gadamer, destacado discípulo de Heidegger y fundador de la nueva filosofía hermenéutica, inspirada en su ontología existencial, continúa en la línea iniciada por su maestro vinculando el juego al arte, en el sentido de que tanto el juego como el arte representan una acción (movimiento) que tiene lugar no solo sin objetivo ni intención, sino también sin esfuerzo, con esta idea ya se aparta de nuevo de la tendencia actual de considerar al deporte como un juego o una obra de arte (en especial el futbol), al menos de los juegos de que estamos hablando tal como hemos parcelado al inicio de la disertación.

Sin embargo, Gadamer lleva el tema aún más lejos que Heidegger, al afirmar que la ontología de la obra de arte y su significado hermenéutico encuentran un hilo conductor en la comprensión estética del juego:

"Cuando hablamos del juego en el contexto de la experiencia del arte, no nos referimos con él al comportamiento ni al estado de ánimo del que crea o del que disfruta, y menos aún a la libertad de una subjetividad que se activa a sí misma en el juego, sino al modo de ser de la propia obra de arte" (Gadamer, 1994,I: 43)

También Gadamer, igual que su predecesor, interpreta la palabra alemana
das Spiel en el mismo ámbito semántico que el teatro, ya que una pieza teatral es un Spiel, juego; los actores son Spieler, jugadores; la obra en cuestión no se interpreta, sino que se "juega". De este modo el alemán sugiere la asociación entre la idea de juego y de representación. De manera que el sujeto del juego no son los jugadores, sino que a través de ellos el juego se manifiesta. "El sentido medial del juego permite que salga a la luz la referencia de la obra de arte al ser. En cuanto la propia naturaleza es un juego siempre renovado puede considerarse como un modelo del arte" (Gadamer, 1994: 148), por aquello que ya dijo Friedrich Schlegel. "Todos los juegos sagrados del arte no son más que imitaciones lejanas del juego infinito del mundo, de la obra de arte que eternamente se está haciendo a sí misma" (Fr. Schlegel. Gespräch über die Poesie).

Por otra parte, se liga el juego a la libertad y por supuesto al riesgo, " porque el juego "retiene la libertad de decidirse por esto o lo otro. Pero por otra parte esta libertad no carece de riesgos. El juego mismo siempre es un riesgo para el jugador." (Gadamer, 1970:149).

Veintiséis años después de haber escrito su primer volumen de Verdad y Método, o sea en 1986, en la Introducción de su segundo volumen, señala Gadamer claramente la convergencia de sus ideas con la noción de juego elaborada por el Wittgenstein en su obra de madurez Investigaciones Filosóficas, acabada de escribir en 1949, aproximadamente 22 años después de publicado el Tractatus, "porque –para Gadamer- llamar al aprendizaje del habla proceso de aprendizaje es sólo un modo de hablar. Se trata en realidad de un juego: juego de imitación y de intercambio. La formación de voces y el placer que produce se conjugan en el afán imitativo del niño receptor con el destello súbito del sentido", por eso, añadirá , "nadie puede resolver de modo racional el tema de la primera comprensión del sentido" (Gadamer, 1994, II: 13), lo que nos da pié para hablar de otros juegos [...]

Se trata de un maravilloso texto sobre Análisis Transaccional, esto solo es el principio. Me parece que hay que degustarlo poquito a poco, como esos manjares cuyo sabor merecen detenimiento, atención y abrirse a los sentidos. Al mismo tiempo es un escrito erudito y muy didáctico, el saber no debe ser críptico. Rodrigo Córdoba Sanz.

Josep Lluís Camino Roca
Profesor Titular de Teoría e Historia de la Educación
Universidad de Barcelona
Presidente de ACAT (Asociación Catalana de Análisis Transaccional)
 

lunes, 27 de mayo de 2013

Psicodrama y Gestalt



El Psicodrama, creado por Jacob-Levy Moreno a principios del siglo XX, rescata la energía espontánea y creativa del individuo, y la experiencia sanadora de los vínculos y el encuentro, poniéndonos a visualizar en acción nuestra propia dinámica interna. La Terapia-Gestalt desarrollada por Fritz Perls unas décadas más tarde, aporta una visión motivadora, reivindicando para nosotros, como individuos, la posibilidad de asumir responsablemente nuestras posibilidades de cambio en el momento presente. Ambos enfoques humanistas, de cara al nuevo milenio, cuentan con la magia de una constante re-invención, y la apertura para afrontar las nuevas situaciones y retos que el mundo contemporáneo nos plantea, con un abanico de técnicas y posibilidades creativas, en contextos en los cuales la Psicoterapia no era concebida como posible de aplicar.
Cuando un paciente busca a un terapeuta es porque algo necesita cambiar o comprender. En realidad, desde un punto de vista gestáltico, o psicodramático, podría visualizarse que éste se ha quedado fijado en una misma figura, o escena, y que su constante fluir figura-fondo, o el desempeño de roles diferentes, que son la base de la creatividad, se encuentra bloqueado o disminuido. Ser creativo está asociado a la capacidad de percibir figura-fondos diferentes y cambiantes, de acuerdo a cada momento presente. Esa figura que permanece fija suele ser una escena visual, emocional y corporal que el paciente ve y siente siempre igual. Se ha perdido la creatividad para poder cambiarla y está allí, como un obstáculo al genuino contacto.
Partimos de la base que, de pequeños o a lo largo de nuestra vida, para poder sobrevivir física, emocional e intelectualmente a las situaciones difíciles que nos aporta el entorno, el organismo requiere hacer una serie de cambios, en una autorregulación que puede conducir a lo que en Terapia-Gestalt se llama ajuste creativo. Tenemos que ceder parte de nuestra espontaneidad, por decirlo de alguna manera, para adaptarnos de una manera satisfactoria al medio en el que estamos creciendo. Eso lo que ocasiona es que perdamos esa espontaneidad, y que llegue un momento en que esos ajustes, que en un principio fueron ajustes creativos, pasen a ser ajustes conservadores, limitativos, cargados de introyectos o influídos por proyecciones. Se repiten los mismos patrones, las mismas formas de reaccionar, dentro de un falso equilibrio que nos permite la sobrevivencia.
Ante tal realidad, ambos enfoques psicoterapéuticos recurren a estrategias novedosas. La apertura espontánea y el potencial creativo son el reflejo de la innata capacidad lúdica de los seres humanos, un impulso vital básico, que se manifiesta en “hambre de acción” y en “hambre de transformación”. Moreno ubica el nivel esperado de esta apertura, en términos operacionales, como la posibilidad de responder adecuadamente a un estímulo “nuevo” o bien, poder reaccionar de manera novedosa para sí mismo, a un estímulo “viejo” o ya conocido, en un juego sanador de posibilidades.
Winnicott, en “Realidad y Juego” (1972), afirma que "la psicoterapia se realiza en la superposición de dos áreas de juego, del paciente y del analista. Está relacionada con dos personas que juegan juntas. El corolario de éllo es que cuando el juego no es posible la labor del terapeuta se orienta a llevar al paciente de un estado en el que no puede jugar a uno en el que le es posible hacerlo" (…) "El motivo de que el juego sea tan esencial es que en él el paciente se muestra creador".
La psicoterapia se consolida en función del jugar y para muchos, la cual es una afirmación muy seria, el juego es por sí mismo una forma de terapia. Por lo tanto, el proceso terapéutico podrá ofrecer oportunidades para que se desplieguen los impulsos creadores que son su esencia. Los psicoterapeutas intentamos, junto con el paciente, la recuperación de lo lúdico del juego, creando espacios que posibiliten la emergencia de la creatividad y la espontaneidad que son, sin duda, los pilares fundamentales del cambio psicoterapéutico.
Greenberg y Paivio, en “Trabajar con las Emociones en Psicoterapia” (2000) mencionan algunos de los aspectos más importantes del trabajo psicoterapéutico. “Lo primordial es brindarle al paciente un entorno seguro y de contención, en el que se consolide una relación de apoyo y un vínculo empático” (...) “El terapeuta debe focalizar, con la ayuda del paciente, los conflictos emocionales de éste, para así reconocer, comprender y validar sus sentimientos dolorosos, fortaleciendo la alianza terapéutica, como manera de acceder al componente afectivo de la experiencia problemática”.
El paso psicoterapéutico siguiente va asociado al darse cuenta del "cómo" de la experiencia emocional y conocer los procesos internos que conducen a élla, sin importar cualquier “por qué”. Lo que convierte en terapéutico el experienciar y la toma de conciencia de las emociones, el acceder a necesidades, metas e intereses emocionales alternativos, poniendo en práctica los recursos internos que ayudan a afrontarlas y que permiten su regulación y reestructuración. De este modo, el paciente podrá cambiar sus sentimientos negativos o disfuncionales por otros que le proporcionen una alternativa a sus esquemas desadaptativos. Y es que cuando lo inadecuado se reconoce, se convierte en información y en recurso interno.
En la sesión individual, en Terapia-Gestalt, se parte de la base de que el paciente en la relación con el psicoterapeuta, va a repetir sin ser consciente de éllo, los mismos patrones físicos, actitudes, gestos, posturas emocionales y mentales de aquellos ajustes que en su momento fueron creativos y que luego se convirtieron en automatismos fuera de su control. Entonces, la terapia consistirá en facilitar que se recupere la espontaneidad, y se vuelva a disfrutar la frescura de cada aquí y ahora, de cada momento presente como diferente del anterior.
Para ésto los psicoterapeutas necesitamos estar atentos a percibir las distintas interrupciones que se dan en la relación, cómo el paciente evita, generaliza o elude determinadas cosas. Si somos capaces de hacer que "eso" aparezca en primer plano y se convierta en figura, que la persona misma sea quien reencuentre el significado de lo que hace, de alguna manera estaremos facilitando la recuperación de su libertad de decidir si quiere hacer ésto o lo otro, o si lo que requiere es encontrarse finalmente con lo que tanto evita, y que comienza a visualizar, con miras a experimentar otras formas de hacer y de sentir. Es como si actualizara su experiencia, permitiéndose reaccionar espontáneamente a situaciones en donde lo que hacía antes era responder con los patrones a los que se había ajustado.
Relación implica contacto, un lazo o vínculo entre dos personas que nos mantiene unidos en un tiempo y en un espacio. Terapéutico conlleva sanación, implica una posición de servicio o de ayuda, un intento de recuperación del equilibrio desde el cual la existencia pueda ser vivida de una manera más feliz o plena. El Otro es con quien establecemos un vínculo en ese espacio-tiempo, y es esa relación de diálogo, de encuentro, el principal instrumento de sanación, por encima de cualquier tipo de implementación técnica o manejo teórico, que desde luego son fundamentales. La Terapia Gestalt y el Psicodrama insisten en la importancia de establecer una relación igualitaria, horizontal con ese “otro”, cercana al vínculo terapéutico y a la situación dialógica de dos seres humanos.
Aún cuando la persona que acude a consulta lo hace en el entendido que quiere o necesita cambiar algo en su vida, el “cómo” de ese cambio puede ser algo desconocido. Es, sobre todo, una petición de ayuda más o menos urgente, pero que exige algo que el terapeuta conoce mediante una rigurosa formación profesional e igualmente, a través de su propio proceso personal, de su experiencia de vida. En este sentido, la formación terapéutica requiere una vivencia del “ser persona”. Aquí se recuerda a la Teoría de los Roles en Psicodrama donde, para llegar a ser un buen psicoterapeuta, requerimos haber pasado previamente muchas horas en el sillón contrario.
De esta manera, quien llega a la terapia ha de entrar en un terreno desconocido y no pocas veces doloroso, sumergido en sus experiencias ya vividas y en el arraigo que tienen en su estructura de carácter. Para no afrontar el cambio, para no entrar en el dolor que éllo supone, su psique nos “opone” evasiones, dilaciones más o menos conscientes, algo así como dejar constancia que “quiero cambiar, a condición de no perder nada” o “cámbieme Usted, es que yo no puedo, no sé cómo”. Al aparente deseo de cambio, la estructura neurótica contrapone, de manera absolutamente inconsciente, lo que se han venido llamando “mecanismos de resistencia”, de evitación del genuino contacto, de alteración del falso equilibrio reinante. Mecanismos de defensa con un supuesto fin de protección frente al dolor pasado pues, acostumbrados ya a un sufrimiento “conocido”, el terror y la ansiedad frente a un nuevo dolor desconocido, el cambio percibido desde la óptica de fantasías catastróficas que producirán una intensa lucha entre resistencia y necesidad de transformación.
En el encuentro entre terapeuta y paciente se van produciendo vivencias que nos pueden permitir entrar en ese terreno desconocido, a veces árido y pantanoso, a veces turbio e inexplicable. Sólo el vínculo de confianza que se va desarrollando entre ambos permite al paciente adentrarse con nosotros en esas profundidades. Por debajo de lo que éste relata, el terapeuta experto sabe destacar lo automático, lo rígido o “neurótico”, todo aquéllo con matices de incongruencia o inadecuación. Mediante la relación de confianza que se va estableciendo y las técnicas que dispongamos, ayudaremos al otro a ir aflojando sus resistencias. Se trata de liberar más espontaneidad, aceptación, optimismo, tristeza, buscando la firme disposición de asumir la responsabilidad de su realidad por dura que ésta pueda resultar.
También la transparencia del terapeuta es un factor a tener en cuenta en el proceso. Y queda claro que la actitud transparente no significa decir o hacer lo que se nos viene en gana, sino que presupone nuestra capacidad para reflejar desde nosotros mismos lo que sucede en el aquí y ahora. Tomándonos en cuenta como personas, como seres humanos, no únicamente como “expertos”. Pero, al igual que cualquiera de las dotes o cualidades del terapeuta, este es un don que se ejercita, que se practica. A mayor seguridad y confianza, nuestra transparencia será mayor y sobre todo más adecuada. El equilibrio sutil entre la necesidad de idealización del paciente y la transparencia del terapeuta es un juego, un arte que se va perfeccionando con la práctica. Para el paciente, la posibilidad de percibir ciertos defectos de su terapeuta, su humanidad, le permite con el tiempo llegar a aceptar los propios y por ende liberarse también del terapeuta como un ideal del que igualmente es preciso desprenderse.
En este sentido es que la transparencia terapéutica, utilizada adecuadamente, constituye una herramienta útil para que el otro se vea a sí mismo reflejado en las virtudes pero también en esos puntos “no tan fuertes” que los terapeutas también tenemos. Por eso es tan relevante cimentar la relación de confianza antes de entrar en aguas profundas. El paciente sabe, y los terapeutas estamos alertas para saber cuándo soltar las amarras en cierto momento y cómo zambullirnos en la emoción de la vivencia no cerrada. Como compañeros de viaje del paciente tendremos tiempo de reflejarle las maneras en las que puede estar evitando el contacto con sus emociones o situaciones conflictivas.
En los psicoterapeutas, nuestro eje de actividad no está centrado en la comprensión, sino en la percepción de líneas que se van trazando y van surgiendo a partir del diálogo y de los diferentes códigos corporales del paciente. Las palabras son trazos, como bocetos que se estuvieran plasmando, un dibujo que se va construyendo sin conocer su forma final. Las primeras líneas de esas redes no tienen sentido. Son sólo eso, líneas boceteadas a las que es inútil intentar buscarles un sentido. Ese es el "sin-sentido" y es de alguna de estas líneas, o de la intersección de varias de ellas, de donde surgirá una posible escena, una figura que se desprende del fondo, sin desvíos por nuestra parte. Los bocetos sólo emergerán si toleramos la difícil situación de estar con una mínima intensidad de intervención y una máxima apertura para que ocurran incluso el silencio o el vacío. La clave es mantenernos en lo inestructurado, para que la experiencia pura comience a fluir, sin interrumpir, sin cuestionar, sin forzar, sin interpretar.

Para que brote la creatividad del paciente, es necesario que podamos tolerar el sin-sentido, el vacío fértil en donde las técnicas se convierten en un boceto más. El permiso para la ambigüedad abre la posibilidad del acompañamiento inicial del psicoterapeuta. A medida que la escenografía emocional del paciente aparece más firmemente dibujada en el aquí y ahora, a través del cuerpo, de los gestos, de las expresiones emocionales y de las asociaciones verbales que él mismo realiza, como psicoterapeutas podemos mostrarnos más presentes, pues ya somos parte de su escenario psíquico y nuestras intervenciones podrán estimular el surgimiento de líneas más firmes y significantes en el dibujo imaginario que el paciente nos va mostrando de sí mismo.
Su emocionalidad ya no se presenta, sino que se representa. Lo acompañamos, le proponemos experimentos e intentamos fluir en el río de su experiencia, avanzando con él hacia sus trayectos de caos. Al ir con el paciente, experimentando su ritmo, vamos tejiendo algunas redes de comprensión, alguna sistematización teórica donde inevitablemente nos surgen hipótesis terapéuticas. Este acompañamiento permite que las hipótesis broten de la experiencia misma, y no de la relación vertical de quienes, si nos alejamos de esta postura, podemos llegar a caer en la tentación de comportarnos como los portadores del falo de un supuesto saber.

Quizás, el elemento básico que configure nuestro rol como terapeutas sea poder sentirnos acompañados internamente por personajes o instancias a las cuales acudir brevemente y de manera consciente, como referentes teórico-prácticos en algún momento del proceso de reflexión de la sesión, pero que igualmente no permitimos que nos alejen de la escucha y la observación de lo obvio, de lo que está ocurriendo frente a nuestros ojos. Este recordar o evocar modelos conocidos nos acompaña en la soledad de la sesión, compañía que proviene, en gran parte, de la experiencia y el entrenamiento recibidos, mientras que nuestra mayor posibilidad de comprensión de lo que está sintiendo la persona que está ante nosotros parte del hecho de un proceso continuado de exploración personal.
Frente al relato “desordenado” del paciente, en algún momento la confusión dará lugar a momentos aislados de comprensión, donde se da inicio a la aparición de sentidos y algunas escenas parecen relacionarse entre sí. Es la paradoja de los nuevos paradigmas de la ciencia y la filosofía aplicados a la psicoterapia, tales como la Teoría del Caos o la Teoría Paradójica del Cambio. Hay que soportar mucho tiempo sin esforzarnos por comprender, ya que evitar lo inestructurado carece de utilidad en un viaje que nos exige pasar por el caos, pues éste es el estado que precede inmediatamente al momento creativo. Un trozo de escena, un esbozo de figura, que se une con otro para formar uno nuevo, como si del caos fuesen emergiendo islotes de estructura. Buscar el sentido a partir del sin-sentido. De la misma manera, el cambio se inicia cuando dejamos de perseguirlo, de pensarlo, cuando terapeuta y paciente permitimos que el río fluya hasta llegar su momento y que el mismo nos sorprenda.
Los psicoterapeutas echaremos mano a la experiencia y experticia, a ese olfato terapéutico que vamos desarrollando con la práctica, para comprender cuándo será más provechoso estar dispuestos para el no-entender, sólo abiertos a percibir los múltiples sentidos de las escenas y las figuras que emergen paulatinamente del relato o las acciones del paciente. La clave es abordar cada experiencia terapéutica como inédita. Cada vez es una primera vez, de manera que cada caos se sufrirá de manera diferente, antes de llegar al acto creador. El precio de la creatividad es tolerar el miedo al vacío, a lo desconocido, miedos que no se pueden eludir. Sin embargo, la recompensa de la satisfacción personal, la luz al final del túnel, los nuevos darse-cuentas, bien valen el esfuerzo.
Moreno, al igual que Perls, sostuvo que se tienen más probabilidades de hacer descubrimientos personales a través del riesgo a mostrarse, a ver y ser visto, que limitándose a hablar sobre el asunto. Concuerdan en el valor terapéutico que este proceso tiene para ayudar al paciente a sacar a flor de piel sus proyecciones, bien sea frente a un yo-auxiliar, un cojín o una silla vacía. La persona aprende a servirse de todos sus sentidos internos y externos, para llegar a ser capaz de auto-apoyarse, de hacerse responsable de su interacción con el entorno, y a que el origen del cambio provenga de su capacidad, no sólo de darse-cuenta de sí mismo, sino de aumentar sus habilidades para estar alerta.
Otro aspecto esencial en el enfoque tanto psicodramático como gestáltico es el manejo de lo simbólico, como en el caso del Trabajo de los Sueños, un punto donde ambos enfoques psicoterapéuticos se dan la mano de manera más clara. Mientras para Sigmund Freud los símbolos ocultan algo, estructurados en un contenido latente y manifiesto del relato soñado, y Carl Gustav Jung planteaba que a través de la amplificación de las “imágenes” se puede llegar a contenidos de un inconsciente personal o colectivo, para Moreno, el método psicodramático abre una nueva región a la investigación del simbolismo inconsciente e ilumina los símbolos para revelarlos mediante la acción. Por su parte, Perls afirma que el símbolo, adecuadamente representado en la acción terapéutica, no sólo oculta sino que igual revela. Es decir, el trabajo psicoterapéutico de Perls y Moreno con los sueños apunta a que cada uno contiene una situación inconclusa o no asimilada. En ambos casos, con nuestra ayuda como terapeuta o director, el paciente o protagonista podrá trabajar su sueño en el aquí-ahora de la sesión, convirtiéndose en cada uno de los símbolos o disfraces del contenido onírico. De ahí cobrará vida el argumento de su sueño.
Este argumento intrapsíquico necesitará en Psicodrama, mediante la acción, del apoyo de los yo-auxiliares, o del propio director, en caso de sesiones individuales o bipersonales, a través de un proceso de reverso de roles y de creación de escenas con cada elemento. En Gestalt, al considerarlo como proyecciones de sí mismo, la exploración se hará a través de un diálogo de integración de polaridades o asimilación de proyecciones. El “mensaje existencial”, afirma Perls, se hará cada vez más claro: Entender un sueño significa darse cuenta de cuándo se está evitando lo obvio. Sin embargo, por ambas vías lo que se persigue es que afloren los mensajes que el sueño ofrece, que se escuchen las voces que el sueño conlleva, que las imágenes se transformen en palabras y emociones personalmente rescatadas de ese “revivir” lo onírico y que toda comprensión del mismo ocurra a través de la responsabilidad del propio paciente.
Moreno escribe en Psicoterapia de Grupo y Psicodrama (1966): “En la esfera de los sueños, el Psicodrama ha realizado progresos decisivos mediante los métodos de acción y de interpretación de papeles”. (…) “El relato de un sueño es, como se sabe, una repetición incompleta y desfigurada del sueño original. Al hacer posible la representación del sueño por medio de métodos psicodramáticos, puede hacerse emerger a la luz las partes inconscientes más profundas” (…) “El soñador puede,
después de haber representado su sueño, reconstruir su propia vivencia”. (…) “El grado de integración dependerá de la intensidad de la conexión entre palabra, símbolo, comportamiento y acción”.
Perls señala en Sueños y Existencia (1990): “Ante la actitud fóbica y el rehuir el darse cuenta quiero mostrarles cómo se usa esta técnica de la identificación en el trabajo con sueños” (…) “En la Terapia Gestáltica no interpretamos los sueños. Hacemos con éllos algo mucho más interesante. En vez de analizarlos y trocearlos, intentamos retrotraerles a la vida” (…) “En vez de relatar el sueño como un episodio del pasado, lo actuamos en el presente de modo que se convierte en parte de uno y así posibilitamos un compromiso verdadero”.
Las diferencias con el proceso psicodramático en muchos aspectos son más de forma que de fondo, y sus matices particulares radican en el énfasis en la acción, en uno, y en la imaginación creativa en el otro. Como directores de psicodrama echaremos mano de técnicas como el reverso de roles, espejo, soliloquio o doblaje, mientras que como terapeutas gestálticos desarrollaremos fluídamente el uso de la silla caliente, diálogos de partes, amplificaciones y fantasías guiadas. Pero por encima de lo técnico, en ambos enfoques, y dentro de una óptica humanista, no devolveremos interpretaciones sino reflejos, luces que estimulen voces internas que orienten al soñante, transformado en paciente o protagonista, que le permitan asumir la responsabilidad de su lenguaje onírico para llevarlo a la dimensión facilitadora y reveladora de ese “continuum de conciencia” y un genuino contacto, en términos gestaltistas, o a la catársis de integración y el encuentro intrapsíquico,
hablando psicodramáticamente. Y es que, en esencia, el hombre puede integrarse personalmente cuando reconstruye estas partes fragmentadas de su propio yo, repara con sus propios recursos esas partes rotas y asume responsablemente el entendimiento de su lenguaje existencial.

En vez de escarbar en busca de un significado oculto más real, el sueño es un trampolín hacia el presente, un comentario sobre la existencia actual del que sueña, sobre las cosas que le ofrecen esperanza y promesa, por un lado, y temor o terror por el otro, sin que ninguno de ellos pueda considerarse, por sí solo, como bueno o como malo.
Ya sea usando técnicas del Psicodrama, o de la Terapia-Gestalt, ambas serán generadoras de un escenario terapéutico donde el paciente es el actor principal y el terapeuta un observador privilegiado. El arte del psicoterapeuta gestaltista -psicodramático es dinámico, rítmico y sincrónico, como en una danza, en la cual acompaña, refleja, fluye y se hace sentir, de manera suave pero a la vez firme.
Es un estilo respetuoso, pero para nada débil, puesto que el reflejo que le damos al paciente no siempre será el más deseado por éste, sino el necesario para cada situación. Acompañar y fluir con el proceso para nada implicará ser cómplices de las evasiones, resistencias y autosaboteos del paciente y, como en la vida, ocurrirán momentos donde la necesidad sea de contención y en otros de confrontación. En una se trata de un reflejar gestáltico, tanto de lo luminoso como de lo sombrío, mientras que en la otra de un dirigir psicodramático, buscando ventanas donde se cierren las puertas. En ambas, contraponiendo a la concepción de la vida entendida como funcionamiento, la de la vida entendida como experimento. En lugar de añadir años a la vida, añadiremos vida a los años; en vez de convalidar desde afuera, validamos internamente, desde la experiencia vivida.
Friedrich –Fritz- Perls (1893-1970) y Jacob-Levy Moreno (1889-1974) tienen orígenes muy similares: judíos, psiquiatras, de personalidad llamativa, estilo crítico, considerados por muchos como visionarios o avanzados para su época. Aún cuando Perls se formó en Berlín y Moreno en Viena, en algún momento coinciden sus prácticas en esa última ciudad, donde también se encontraba Freud. Ambos emigran a los Estados Unidos, uno hacia la costa este (Moreno en Beacon, N.Y) y Perls al otro extremo, (Esalen, California). En muchos aspectos, tanto profesionales como personales, la sincronicidad le hace el juego a sus historias.
¿Algo que definitivamente une a sus creadores? Su convicción honesta y sincera de haber desarrollado algo importante para el desarrollo del hombre. Moreno insistía en que en cada pueblo, en cada ciudad, así como una escuela, una plaza, un mercado, debería haber un “Teatro de la Espontaneidad” donde el pueblo acudiera, noche a noche, a hacer Psicodrama. Perls llegó a afirmar, que la Terapia-Gestalt es algo demasiado bueno como para limitarlo exclusivamente a los neuróticos, de donde proviene la concepción de un “estilo de vida gestáltico”. Pero no siempre fueron cercanos o coincidentes. Es más, no lo fueron, al menos en vida.
De la diferenciación de ambos con el Psicoanálisis mucho se ha escrito, aún cuando ambos autores reconocen la influencia que los escritos y concepciones de Freud tienen sobre el desarrollo de sus enfoques. Precísamente, en el mundo de las anécdotas, se han mantenido dos “leyendas urbanas” sobre el encuentro de ambos con el padre del psicoanálisis. Perls acudió, en 1936, al Congreso Internacional de Psicoanálisis, en las afueras de Praga, antigua Checoslovaquia. Aprovechando la presencia de Sigmund Freud, logró abrirse paso entre la multitud para llegar frente al maestro. El diálogo ha llegado a nuestros días de la siguiente manera:
PERLS: (jactancioso) Saludos, doctor Freud!!! He recorrido varios miles de kilómetros para venir a verlo!!! .
FREUD: (sorprendido) Ah… bien… ¿Y qué espera para regresarse?
Jacob-Levy Moreno había sido años atrás mucho más osado. Dicen que en Viena, en 1912, al final de una Lectura-Conferencia sobre Análisis de los Sueños con estudiantes, Freud interrogaba a los asistentes y repentinamente le preguntó a él:
FREUD: (sin demostrar interés) Y Usted, joven… ¿A qué se dedica? .
MORENO: (sorprendido e iracundo) Doctor: yo empiezo donde usted se detiene. Usted se encuentra con las personas en el marco artificial de su consultorio… Yo las encuentro en la calle, en sus casas, en su ambiente natural. Usted analiza sus sueños y los descompone en mil fragmentos… Yo les doy el coraje para seguir soñando!!!
Fritz nunca le reconoció explícitamente a Moreno sus aportaciones, aún cuando Perls jamás tuvo la pretensión de crear un modelo teórico propio, enumerando una larga lista de raíces doctrinales que nutrieron el nacimiento de su enfoque. El creador del Psicodrama, por su parte, siempre lo lamentó, y al referirse a los enfoques de Psicoterapia de Grupo, término acuñado por el propio Moreno, se hacía mención de la Terapia-Gestalt como el Psicodrama a nivel de lo imaginario. Más allá de estas luchas de egos, quienes conocemos ambas psicoterapias apreciamos su efectividad y potencia, sus semejanzas y también sus diferencias.
En el mundo de crear, o recrear anécdotas, hé aquí una que bien podría incluir yo en ese capítulo de las leyendas urbanas de la psicoterapia de finales del siglo XX. Digamos que corría el año de 1966 en Estados Unidos, ambiente explosivo, reclamaciones sobre los derechos civiles, manifestaciones contra la guerra de Vietnam, los años del movimiento hippie y de muchos cambios de paradigmas. Johnny Carson, presentador de "The Tonight Show" en la televisión estadounidense, decide hacer un programa especial sobre las nuevas formas de psicoterapia. Los productores hacen circular las invitaciones y llega el momento del programa en vivo, costa a costa.
Hay asientos reservados para Abraham Maslow, Carl Rogers, Fritz Perls y J.L.Moreno, un panel irrepetible de representantes asociados al movimiento del desarrollo del potencial humano.
“…El programa comienza. Carson hace las presentaciones. Rogers, tremendamente introvertido, permanece en silencio. Maslow, por su parte, no para de hablar sobre la Tercera Ola que es la Psicología Humanista. Perls observa con cara de pocos amigos. No es su ambiente, le molesta la formalidad, le incomoda la ropa que lleva puesta, pero hay algo que le perturba aún mucho más. A su lado permanece un espacio reservado con un cartel donde se lee: J.L. Moreno, y éste no ha llegado.
Una hora dura el programa, una larga e intensa hora sin cortes comerciales. Maslow habla sobre su jerarquización de necesidades y Carson, con la ironía que lo caracteriza, trata de conducir un tema que le parece intrascendente y poco convencional, disimulando su profunda ignorancia en la materia. Perls entonces comienza a bostezar y a cabecear frente a las cámaras. Se encuentra frente a la más genuina representación de lo que significa “hablar-sobre” y, en su estilo más confrontador, se queda dormido en vivo, enviando su mensaje corporal de costa a costa. Moreno, quien no ha llegado al programa intencionalmente, observa la transmisión desde su casa. El cartelito con su nombre, sobre una silla vacía, es la mejor prueba audiovisual para hacerle ver a Fritz, y al mundo, que la silla caliente es de su invención… Y así queda registrado en las cintas de grabación”
¿Ficción o realidad?… Seguramente ambos hoy se reirán a carcajadas, uno frente al otro, cada uno cómodamente sentado sobre una “silla llena” de la satisfacción que les brinda la propia trascendencia. Desde mi perspectiva personal, ambos se han dado la mano, allá en la matriz cósmica, como diría J.L., y han olvidado ya aquéllo que, en un lejano “allá y entonces” los pudo separar. En el “aquí y ahora” de la Psicoterapia Moderna, se complementan y se retroalimentan, rehaciendo un camino, en palabras de Fritz, “de ahora en adelante”.
“…Yo estoy en lo mío
y tú estás en lo tuyo.
Yo no estoy en este mundo
para satisfacer tus expectativas,
y tú no estás aquí
para satisfacer las mías.
Yo soy yo y tú eres tú,
si nos encontramos, será hermoso…”
y si no, nada habrá pasado…
FRIEDRICH “FRITZ” PERLS
“…Un encuentro entre nosotros,
frente a frente, cara a cara,
donde yo tomaré tus ojos,
y tú tomarás los míos.
Así yo te miraré con tus ojos
y tú me mirarás con los míos…”
JACOB-LÈVY MORENO
Greenberg, L. y Paivio, S.: “Trabajar con las emociones en Psicoterapia”, Paidós (2000)
Moreno, J.L.: “Psicoterapia de Grupo y Psicodrama”, Fondo Cultura Económica (1966)
Perls, Fritz: “Sueños y Existencia”, Cuatro Vientos (1990)
Winnicott, Donald: “Realidad y Juego”, Granica (1972)
 

domingo, 26 de mayo de 2013

Indiferencia Creativa (Friedlander)

 

Polaridad y Gestalt

 
Desde el punto de vista gestáltico y según Celedonio Castanedo (Terapia Gestalt. Enfoque del aquí y ahora Editorial Herder, página 257) trabajar con las polaridades que presenta el cliente en su personalidad, es uno de los instrumentos por excelencia que conduce a la integración de la personalidad en una sola unidad que cuenta, en su esencia, con la fuerza ejercida por la unión de los opuestos. Esto significa lograr la configuración de la totalidad (significado de la palabra Gestalt), que las dos partes se relacionen una con otra en un proceso estructural. Para llegar a este proceso de integración se requiere explorar cómo el cliente percibe la existencia en al aquí y ahora, cómo presta atención al continuum de darse cuenta de la experiencia que está viviendo.


Indiferencia Creativa

Para integrar el concepto de polaridades Perls utiliza la influencia de la teoría de la indiferencia creativa de Friedlander. Esta teoría plantea que cada acontecimiento consta de un punto cero a partir del cual surge la diferencia de estos contrarios, los cuales demuestran en su contexto específico una gran afinidad el uno por el otro. Al permanecer atentos al centro, podemos adquirir una capacidad creativa para ver ambas partes de un suceso y completar una mitad incompleta. Al evitar una visión unilateral logramos una comprensión mucho más profunda de la estructura y función del organismo. En términos de polaridades, los sentimientos negativos suelen coincidir con el opuesto que no logra emerger como figura y desequilibra la percepción de su otra polaridad (la aceptada y aceptable).. Cuanto más intentamos identificarnos con uno de los lados, más vigilamos y ponemos energía en el otro.
Cuando frente a una situación determinada no reconocemos y aceptamos una de las partes, las respuestas son cada vez más rígidas y menos creativas, creando situaciones pobremente resueltas, inconclusas. Cuando la persona elige una de las partes, negando o rechazando su contraria, empobrece su capacidad de darse cuenta, pues mira las cosas desde un único sitio. Generalmente juzga que son incompatibles y que una parte ha de ganar a la otra, lo que además genera conflictos internos y externos. Encontramos ese punto cero a partir de confrontar la diferencia de los contrarios y descubrir su simetría invisible. Su punto de unión, el lugar en que ambos se neutralizan, el punto medio.
Perls dice que los opuestos existen por diferenciación de "algo no diferenciado" y que el punto 0 es el punto donde comienza la diferenciación.
En la aplicación terapéutica esta diferenciación es importantísima: la llamamos polarización, es decir, que los opuestos se definan con claridad, que extremen sus posiciones para poder reconocer quienes son estos contendientes, para poder establecer un diálogo entre ambos, donde se reconozcan, se escuchen, se entiendan y puedan llegar a algún tipo de acuerdo (P. Peñarrubia)
Se busca la integración armónica de las polaridades complementarias de cualquier comportamiento humano (por ejemplo: agresividad y ternura) más que la eliminación de una en provecho de la otra, intentando lograr una solución que una ambos polos para formar una figura más importante que la simple combinación de los opuestos: una creación nueva.
En este contexto las cualidades no son contradicciones irreconciliables, sino distinciones que serán integradas en el proceso de la formación y destrucción de la Gestalt.

Desde el punto de vista de la actitud del terapeuta, Freud recomendaba a los analistas"atención flotante" y "escepticismo benevolente". El gestaltista combina una implicación activa y a la vez una permanencia en ese punto 0, lo cual no es nada fácil.
Con la polaridad, a través de la afirmación vamos creando un "yo idealizado", y a la vez, negamos aspectos propios del organismo que al tomar conciencia de ellos, nos conectan con lo que evitamos, "yo negado", mantener esta negación nos implica un gran esfuerzo organísmico, tensión interna, ya que hay en nosotros capacidades, características propias que no nos vamos a permitir usar. De esta forma, ante necesidades que nos van apareciendo en el campo, y que necesitan de recursos de los cuales disponemos, el organismo va a tratar de "negarlos" y buscar una solución neurótica, que signifique manipular el entorno para dotarse de recursos del mismo, en vez de usar los propios incorporados a su "yo negado".
Es de esta manera que el organismo pierde la capacidad de autorregulación, ya que no es solo cognición, un proceso exclusivamente mental de conceptos y teorías, sino que es organísmico, bloqueo en la capacidad sensitiva y muscular y manifestación de emociones ligadas a lo que es bueno, a lo aceptado. Así evitamos el darnos cuenta de aspectos propios que no queremos reconocer en nuestro organismo.

Trabajo con polaridades

El trabajo con polaridades en Terapia Gestalt facilita la capacidad creativa para ver ambas partes de un suceso y completar una mitad incompleta. Al evitar una visión unilateral logramos una comprensión mucho más profunda de la estructura y función del organismo.
Si el individuo no se permite ser malvado, tampoco será genuinamente bondadoso.
Debo enseñarme a invadir aquella parte de mi que no apruebo, poniéndola al descubierto y después entrar en contacto con la parte que no asumo. Este es el primer paso, ponerme en contacto con la forma en que mantengo en secreto algo de mí mismo.
Cuando me siento más amable con mi secreto, porque he llegado a comprenderlo mejor, puedo llegar a relacionarme con otra persona que procura penetrar en ese territorio interior o amenaza parte de mi mismo. Zinker llamó a este proceso Estiramiento del autoconcepto, pues crea más espacio en la imagen que uno tiene de sí mismo Zinker (1999)

En el abordaje de las polaridades muchas veces los adelantos se hacen examinando lo obvio desde las características personales que reconocemos en nosotros mismos, otras veces es necesario recurrir a trabajos más profundos con la "sombra" que está presente en nuestra vida para llegar al "darse cuenta" y producir transformaciones.
La filosofía básica de la terapia Gestalt es la diferenciación e integración de la naturaleza. La diferenciación conduce por sí misma a polaridades. Como dualidades, estas polaridades se pelearán fácilmente y se paralizarán mutuamente. Al integrar rasgos opuestos, completamos nuevamente a la persona. Tal persona tendrá la posibilidad de ver la situación total (una Gestalt) sin perder los detalles. De este modo, obtiene una mejor perspectiva que le permite enfrentar la situación mediante la movilización de sus propios recursos.
El trabajo con polaridades permite el contacto con diferentes partes de uno mismo, para ampliar la visión y el concepto que se tiene de sí e integrar las diferencias en conflicto.
Perls dice que sentirse bien significa para la persona identificación, es decir, ser uno consigo mismo. Sentirse mal significa alienación, alejarse de sí mismo. Cuando definimos lo que somos o no, estamos discriminando, y esta discriminación se llama en Gestalt límites del yo. Este límite del yo, o concepto del yo, es flexible. En estados patológicos, moralidad rígida o miedo rígido al cambio, este límite demasiado estrecho provoca conflictos y empobrecimiento, poca tolerancia a los cambios y las diferencias.

Fases del proceso

- Cuando en el individuo se da un conflicto entre partes diferentes , a menudo ninguna de ellas deja expresarse con claridad a la otra. Lo primero que necesita cada una de estas partes es diferenciarse y expresarse. Es decir, polarizarse; que cada uno de los polos opuestos se defina con claridad. Permitir que el conflicto que está sucediendo se muestre a la conciencia y que se exprese ampliamente qué está provocando ese conflicto. Esta diferenciación es importante, pues si se está indiferenciado y se boicotea la expresión y la información, no puede haber dialéctica, ni conciencia ni integración.
-Tomar conciencia de qué aporta/limita cada parte y cómo se están relacionando entre ellas. Es probable que se peleen entre sí y se polaricen mútuamente.
- Facilitar que las partes en conflicto establezcan un diálogo entre ellas y lleguen a pactos.

Al integrar rasgos opuestos, completamos nuevamente a la persona.
El crecimiento, por tanto, depende de que se renueven y dinamicen las posibilidades de contacto entre polaridades:

- Viviendo plenamente cada polaridad, no retrayéndola al fondo si antes no se ha completado como figura
- Facilitándole el contacto con su opuesto

Algunos abordajes prácticos en el trabajo terapéutico (P.Peñarrubia)

- Convertir un mecanismo en su opuesto.- La sustitución del "pero" (o el "o") por el "y". La conjunción adversativa señala una dualidad, mientras que la ilativa favorece la aceptación de opuestos.
- La sustitución de la pregunta "por qué" por la observación del "cómo". El pensamiento diferencial a través del "cómo" ayuda a percibir las diferencias, los opuestos.
- La congruencia, o coherencia en la expresión. Es decir, la adecuación de la forma y el contenido. Cualquier desequilibrio en este sentido puede señalar una polaridad rechazada.
- La expresión de los sentimientos negativos. Clarifica zonas de ambigüedad (o te quiero o te odio) que tienden a rigidizarse en dicotomías y permite el fluir creativo de las polaridades.
- El desdoblamiento (silla). Técnica que consiste en poner en la silla de enfrente cualquier parte no reconocida por el individuo, facilitando el desdoblamiento y los diálogos entre opuestos.
- La teatralización de una polaridad. Se trata de jugar un rol con el máximo de implicación para así descubrir y reconocer las propias partes proyectadas o inexploradas. Es especialmente eficaz para atravesar barreras emocionales como la vergüenza, la ansiedad, el disgusto…
- El juego de la reversión o inversión. La persona explora aspectos que teme vivir o que rechaza jugando roles que generalmente tiene rechazados por introyectos.
- La exageración, amplificación, repetición. Como forma de ampliar el darse cuenta o permitir un sentido diferente del original, induciendo un opuesto sobre el que trabajar.

Polaridad

POLARIDAD

En Los Hemisferios

La polaridad de la conciencia queda reflejada en la anatomía de nuestro cerebro. Unidos por el cuerpo calloso tenemos dos hemisferios cerebrales, distinguidos por su naturaleza y por sus propias funciones, y que gobiernan el lado contrario del cuerpo. El hemisferio izquierdo se encarga del pensamiento lógico y el lenguaje, lectura y escritura, es analítico y racional, se encarga del tiempo, del cálculo y de los números. Es la capacidad analítica del "hemisferio verbal". En el hemisferio derecho tenemos las facultades opuestas, aquí concebimos un todo partiendo de una pequeña parte, es la concepción de ideas y estructuras complejas, pensamiento analógico, imaginación, y capacidad creativa. Según la actividad predomina uno u otro. Esta especialización de los dos hemisferios nos explica la polaridad; el izquierdo es masculino, yang, sol, es la actividad. El hemisferio derecho es yin, receptivo y femenino, es lo lunar, el lado nocturno e inconsciente, y rige el lado izquierdo del cuerpo.
 

Unidad y diferenciación

Cuando nace un bebé, éste vive en unidad con su madre, no hay nada que se diferencie de la madre tierra, él es UNO con ella. A medida que el bebé se va desarrollando se hace necesario que el bebé empiece a distinguirse como una realidad diferente a su madre para poder desarrollarse. Esto hace que la concepción del mundo para el bebé pase a ser bipolar YO-TÚ (bebé-madre), luego vendrán madre-padre, derecha-izquierda, delante-detrás y otras muchas polaridades que ayudarán a la persona a situarse en el entorno y a relacionarse con él, haciendo que se sienta como un ser diferenciado y autónomo. Esta concepción del mundo no será completa sino sesgada, ya que el ser implicará un no-ser.
Todas las concepciones religiosas o existenciales mayoritarias conocidas han desarrollado un conjunto de dogmas o creencias acerca de la divinidad o normas morales que apuntan hacia la concepción del mundo como una UNIDAD como la vía para acercarse a la divinidad.
Así, las teorías desarrolladas para que la persona se acerque a la divinidad comprenden de alguna manera u otra la integración de su personalidad para llegar a la UNIDAD.
Polaridad y unidad
 
En cualquier aspecto de la naturaleza, y en cualquier forma de nuestro organismo todo tiene su opuesto, noche-día, Yin-Yang, bueno-malo, claro-oscuro, fuerte-débil.....Todas, formas polares, son parte de nuestra naturaleza, y en si mismas no son incompatibles, somos nosotros quienes a través del juicio previo limitamos nuestra conciencia considerando adecuada una de las partes. Los seres humanos tendemos a conocer y valorar en parejas de contrarios, tendemos a fraccionar la realidad en pedazos, para poder analizarla. Nuestro proceso de conciencia, tras percibir la sensación que origina cualquier fenómeno, elabora un proceso mental de análisis, desmenuzando la realidad en dos partes, esto nos plantea un conflicto porque nos obliga a diferenciar y a decidir, sobre la bondad de una de ellas, eligiendo un lado y rechazando el otro, el contrario, a través de esta primaria discriminación rechazamos el todo, la unidad, y polarizamos nuestro existir. Si nos quedamos en esta primera fase de análisis "desintegrativa" y caemos en la exclusión incurrimos en una carencia. Por ejemplo en el dibujo de la copa de Rubin , se puede experimentar claramente el problema de la polaridad que este caso plantea, concretamente, caras/copa en figura /fondo. En esta imagen el negro depende del blanco. Esta interdependencia de los contrarios nos indica que, en el fondo de cada polaridad, existe una unidad que nosotros, los humanos, no podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción simultanea. Es decir, tenemos que dividir toda la unidad en dos polos, a fin de poder contemplarlos sucesivamente. Lo polar entonces no es el fenómeno, sino el conocimiento que tenemos de él a través de nuestra conciencia. En el caso de nuestra respiración: podemos dividirla en dos componentes, inhalación y exhalación, siendo la exhalación el contrario, el polo opuesto a la inhalación. No podría existir inhalación si no existiera su contrario la exhalación, si así fuera el proceso respiratorio, como lo conocemos, no existiría. Así que un polo, para su existencia, depende del otro polo. En la unidad, todo y nada se fusionan en uno, la nada no tiene manifestación o límite con lo que no es polar, en la unidad no hay reconocimiento, no hay discriminación posible, no hay empeño ni objetivo, solo hay ser porque no hay un algo externo que añorar, La relación de los opuestos consiste en que la existencia de uno necesariamente exige la existencia del otro; la interacción de los mismos funciona como un proceso dialéctico (Castanedo)
Las polaridades están relacionadas con la historia particular de cada persona y con la percepción de su realidad interior. Esta realidad determina que se desarrollen polaridades cuyas características son egosintónicas o aceptables para la conciencia de la misma y egodistónicas o inaceptables para el sí mismo. A partir de polaridades en pugna se generan conflictos polares que pueden ser tanto intrapersonales como interpersonales.
 

 

Eclipse


 

Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final... ¡El brillo!
Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.
Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, La Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose Solitaria.
EL Sol a su vez, había ganado un título de nobleza "Astro Rey", pero eso tampoco le hizo feliz.
Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: - No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.
La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.
Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Él: - Señor, ayuda a la Luna por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad...
Y Dios...en su inmensa bondad... creo entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.
La Luna siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.
Hoy, ambos viven así... separados, el Sol finge que es feliz, y la Luna no consigue disimular su tristeza.
El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su añoranza. Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió.... porque es mujer, y una mujer tiene fases.
Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.
Luna y Sol siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.
Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol... Fue entonces que Él creó el eclipse.
Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta, sucedan.
Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse.
Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.
 
 
 
 
Y dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.
Gioconda Belli