PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Virginia Woolf. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Virginia Woolf. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de mayo de 2021

Lectura analítica de Virginia Woolf

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo, Psicoterapeuta y Psicoanalista. Zaragoza. Web: www.rcordobasanz.es Presencial/Online Instagram: @psicoletrazaragoza


Locas, malas y melancólicas: las mujeres y los psiquiatras

Susan Sellers lleva más de una década al frente de la edición de las obras de Virginia Woolf publicadas por Cambridge University Press. Además de su labor de editora y docente en la Universidad de St Andrews, Escocia, Sellers ha demostrado su infatigable dedicación a la autora de “Orlando” embarcándose en el mundo de la ficción con la novela “Vanessa and Virginia”, donde recrea aspectos de la relación de Woolf con su hermana, inabordables, según ella, de haber tenido que seguir las rigurosas imposiciones cronológicas y la exactitud fáctica que se le presuponen al género biográfico.

A Virginia Woolf la literatura le estaba costando su salud mental. Fue por ello que uno de sus psiquiatras le pidió que dejara de escribir, ya que sus brotes de “algo” que la propia Woolf describe en sus diarios como “la ola” y “el horror”, se veían acentuados por el enorme esfuerzo que ponía en sus escritos

“La ficción no pretende decir la verdad”, afirma Sellers, “pero la dice de forma diferente a través de los sentidos”. Aquí Sellers parece coincidir con la misma Virgina Woolf, cuyas ideas sobre la ficción y la ciencia analiza en su ponencia en el marco de un ciclo de conferencias celebradas en el Museo de Freud de Londres. Estas charlas, que hacen referencia al libro homónimo de Lisa Appignanesi “Mad, Bad and Sad: Women and the Mind Doctors”, se proponen dar respuesta a la célebre pregunta que Freud dirigiera a una de sus pacientes y amigas, Marie Bonaparte: “¿Qué quiere una mujer?” El ciclo incluye una exposición de obras de artistas, por ejemplo una serie de 36 composiciones de Louis Bourgeois que el Museo de Freud ha tomado prestadas de la galería Marlborough Fine Art, en las cuales la artista francesa reelabora, de nuevo, el tema de la araña, un trasunto de, entre otras cosas, su visión de la maternidad y la relación con su madre.

woolf freudA Virginia Woolf la literatura le estaba costando su salud mental. Fue por ello que uno de sus psiquiatras le pidió que dejara de escribir, ya que sus brotes de “algo” que la propia Woolf describe en sus diarios como “la ola” y “el horror”, se veían acentuados por el enorme esfuerzo que ponía en sus escritos. Por supuesto, Woolf nunca le hizo caso al Doctor Savage, aunque la aparición de “la ola” interrumpiese incluso las constantes entradas en su diario. Pero la relación de Woolf con los secretos de la mente y la enfermedad psíquica (a la que siempre deseó sobreponerse con un acto de autocontrol, como si de un asunto volitivo se tratara) va más allá de su vida personal: su obra, apunta Sellers, es una búsqueda a través de la exploración literaria de la verdad humana, el mismo proyecto que, desde otra orilla, puede atribuirse a Freud. Su relación con el psicoanálisis es clara, si bien la autora nunca se sometió a un tratamiento psicoanalítico (aunque practicara el auto-análisis) y a pesar de que desdeñara las pretensiones del psicoanálisis de convertirse en una ciencia.

Aun reconociendo e interesándose por los avances científicos de su época (siguió de cerca los descubrimientos de la teoría de la relatividad), Woolf pensaba que la ciencia era aburrida y que lo que tenía que decir lo podía decir mejor la literatura. Sabemos, y conocemos, mucho de Woolf gracias a los numerosos comentarios que apunta en su diario y a su profusa correspondencia, que nos revela que a partir de 1939 fue una lectora voraz de la obra del inventor del psicoanálisis. Lo primero que leyó fue Moisés y la religión monoteísta, seguida por La civilización y sus descontentos. Según Sellers, estas lecturas se pueden rastrear perfectamente en la obra de la autora: “Woolf adoptó en su obra la terminología y la percepción de Freud”. Hay ecos de Estudios sobre la histeria, por ejemplo, en “To the lighthouse”, en la imagen del cuchillo con la que se refiere a Mr Ramsey: lean as a knife, narrow as the blade of one. No podía ser de otra manera, dada la influencia que recibió del psicoanálisis a través de familiares y amistades íntimas, y del propio Freud.

La “ola” a la que se refiere en sus diarios había recibido el diagnóstico clínico de neurastenia, ansiedad, botes de depresión, dolores de cabeza, fiebre,… Este cuadro sintomático parece, asimismo, remontarse a un pasado traumático de abusos sexuales

Antes de casarse con Leonard Woolf, Virginia había recibido una propuesta de matrimonio de su amigo Lytton Strachey (propuesta que luego retiró). Tanto Lytton como su hermano James fueron pacientes de Freud, y fue James Strachey quien se encargó de la traducción y la edición de lo que hasta hoy es la prestigiosa “Standard Edition” de la obra de Freud. Sabemos que Woolf se reunió con Freud y que hablaronfreud woolf de Hitler (Virginia le trasmitió su preocupación por el momento histórico y su sentimiento de culpabilidad, que Freud alivió, porque Gran Bretaña había ganado la Gran Guerra y con ello causado el ascenso de Hitler al poder). Para Woolf estaba claro que Hitler era un ejemplo perfecto de las fuerzas negativas del inconsciente. A otro nivel, estas pulsiones inconscientes presentes en el ser humano llevaron a la autora a cinco intentos de suicidio (en uno de ellos se tiró desde una ventana muy baja, lo que induce a preguntarse si de verdad quería matarse). La “ola” a la que se refiere en sus diarios (“la ola, la tristeza irracional, el sentimiento de fracaso”), donde a veces escribe “Ojalá estuviera muerta”, había recibido el diagnóstico clínico de neurastenia, ansiedad, botes de depresión, dolores de cabeza, fiebre, agotamiento, aversión a los alimentos y proclividad a la gripe. Este cuadro sintomático parece, asimismo, remontarse a un pasado traumático de abusos sexuales. Tampoco hay que subestimar, apunta Sellers, el papel que jugó el contexto histórico (el por entonces inminente peligro de invasión nazi de Gran Bretaña) en el suicido de la autora, quien en 1941 se adentró en las aguas del río Ouse, con piedras en los bolsillos, donde finalmente se ahogó.

Pero una cosa es la lectura psicoanalítica que podamos hacer del suicidio de Virginia Woolf y otra muy distinta su convicción de que someterse a un tratamiento de psicoanálisis le hubiera robado su creatividad. Así lo ve, también, Kay Redfield Jamison, catedrática de psicología clínica en la Universidad John Hopkins, y autora de “Touched with Fire: Manic-Depressive Illness and the Artistic Temperamen”t, quien relaciona la enfermedad de la autora directamente con su genio.

La obra de Virginia Woolf parece haberse levantado sobre los cimientos de años de duro trabajo, de lucha contra su enfermedad y sufrimiento. Este ciclo de conferencias y exposición nos ofrecen una oportunidad única para reflexionar sobre el trabajo artístico de mujeres como Virginia Woolf, en particular en su relación con el psicoanálisis y la psiquiatría.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Virginia Woolf: Nada Convencional



Virginia Woolf

Antes del apunte biográfico, me gustaría reseñar algunas obras que me cautivaron: "La Señora Dalloway",Al Faro", "Las Olas" y "Una Habitación Propia". Destacar también que el no recibir una educación convencional no es un impedimento para el desarrollo del talento y la creatividad. 
Rodrigo Córdoba Sanz.


Adeline Virginia Stephen, nació el 25 de enero de 1882 en Londres, Inglaterra. Su padre era Sir Leslie Stephen, un destacado crítico literario e historiador. Su madre Julia Duckworth, era miembro de una familia de importantes editores.
Virginia era la tercera de cuatro hermanos. La mayor era Vanessa, quién se dedicaría a la pintura y se casaría con el crítico literario Clive Bell. Thoby era el segundo. Virginia fue seguida por Adrian, quién se graduó como médico.


Virginia Woolf
Virginia Woolf (der.) y sus hermanas


Sus hermanos la llamaban cariñosamente "the goat" (la cabra). No fue a la escuela, sino que tuvo una educación abierta, impartida por tutores en su casa de Hyde Park Gate. La casa estaba siempre frecuentada por artistas, literatos y políticos, y en este ambiente creció Virginia. Como muestra de su temprana creatividad, a los nueve años creó un "periódico familiar" que se titulaba "The Hyde Park Gate News" y que distribuía entre la familia.
Además de sus hermanos estaban tres hermanastros, hijos del primer matrimonio de su madre, y que se llamaban George, Stella y Gerald. Al parecer Virginia tuvo que soportar la obsesión sexual de su hermanastro George hacia ella y su hermana Vanessa, y algunos apuntan que por esta razón desarrolló una excesiva desconfianza hacia los hombres y una inclinación romántica por las mujeres.
En 1895, cuando Virginia tenía 13 años de edad, su madre Julia murió de una enfermedad. A partir de este momento, Virginia empezó a sufrir estados anímicos depresivos que se hicieron crónicos, y que con frecuencia variaban del júbilo a la tristeza, lo que hoy se conoce como "trastorno bipolar de la personalidad". En adelante toda su vida estaría marcada por este vaivén emocional, que influiría decisivamente en su obra. Con frecuencia pasaría temporadas en "casas de reposo", eufemismo con el que se conocía a los hospitales psiquiátricos de entonces.


Virginia Woolf
Virginia Woolf en 1902


Virginia Woolf y su padre Sir Leslie Stephen
Virginia Woolf con su padre Sir Leslie Stephen hacia 1900


En 1904 falleció el padre, víctima de un cancer. A continuación los hermanos se trasladaron a vivir a una casa en el barrio de Bloomsbury, en la zona Oeste de Londres, y allí la vida sería mucho mejor para ella, especialmente porque la casa pronto se convirtió en lugar de reunión de destacados intelectuales y artistas ingleses, especialmente gracias a su hemano Toby que invitaba allí a sus compañeros de la Universidad de Cambridge. Este círculo de amigos sería conocido como el Grupo de Bloomsbury y entre sus miembros destacaron además de Virginia y su hermana Vanessa, escritores como E. M. Forster o Lytton Strachey, los críticos de arte Clive Bell y Roger Fry (que tambien era pintor), el pintor Duncan Grant, el critico literario Desmond MacCarthy, el economista J. M. Keynes, etc.
Precisamente en 1904 Virginia empezó a escribir artículos y críticas regularmente en The Guardian, gracias a la presentación de su amiga Violet Dickinson. Su primera crítica fue sobre el libro The Son of Royal Langbrith, de William Dean Howells, y apareció en noviembre de ese año. En 1905, empezó a escribir críticas para el suplemento literario de The Times, y lo siguió haciendo el resto de su vida. A finales de ese año también fue invitada a dar clases en el Morley College (una escuela para mujeres y hombres de la clase trabajadora) donde esporádicamente enseñó literatura e historia inglesa.
En 1906 ocurrió una nueva tragedia, la muerte de su hermano Thoby, a causa de fiebres tifoideas, con solo 25 años.


Leonard y Virginia Woolf
Leonard y Virginia Woolf en 1912


En 1912, a pesar de sus dudas sobre el matrimonio, se casó con el economista e historiador Leonard Woolf, del que se hizo amiga durante las charlas intelectuales en Bloomsbury, y de él tomó su apellido. En 1917 ambos fundaron la célebre editorial Hogarth Press, que editaría la obra de la propia Virginia y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield o T.S. Elliot.
Desde sus inicios como escritora Virginia Woolf manifiestó su determinación de ampliar las perspectivas de la novela más allá del mero acto de la narración. Los escritos de Woolf tienen un hilo conductor guiado por el proceso mental del ser humano: su pensamiento, su consciencia, sus visiones, sus deseos y sus olores. Son todos esos detalles que ocurren en cada instante de la existencia, que son invisibles ante la mayoría y que a veces terminan pareciendo extraños.
De 1908 data su primer intento serio en el campo de la literatura, con una obra de teatro titulada Melymbrosia. Posteriormente esta obra sería la base para su primera novela, publicada en 1915 (cuando ya tenía 37 años) bajo el título Fin de Viaje (The Voyage Out).
Cuatro años más tarde apareció Noche y día (Nigth and Day, 1919), una novela romántica de estilo realista y que se desarrolla a través de cuatro personajes que componen un cuarteto amoroso muy particular, con diversas relaciones cruzadas. Es una novela acerca de los cambios sociales experimentados en esos años en Inglaterra, especialmente en la situación de la mujer, y de los conflictos entre modernidad y tradición, y de como afectan a las relaciones. Las preguntas que se plantean son si es necesario que haya amor dentro de un matrimonio y si aun puede hablarse de amor en una época que ya ha dejado atrás el romanticismo.


Virginia Woolf
Virginia Woolf en 1924


De manera especial Katharine, es un personaje muy complejo. Nieta de un poeta, su familia es esencialmente literaria, pero ella quiere dedicarse a las matemáticas. Se encuentra atrapada entre su conservadora familia y la influencia de su amiga Mary Datchet, una secretaria feminista que trabaja en varias organizaciones en pro de las mujeres. Pero Katharine no es ni una cosa ni lo otra. A veces práctica, otras soñadora, es una mezcla de las contradicciones de nuestro tiempo.
En 1922 publica El cuarto de Jacob (Jacob's Room), la primera gran novela publicada por Hogarth Press, y donde Woolf comenzaría con el estilo que la caracterizó más tarde. El argumento no tiene sentido, la metáfora y el simbolismo son los sustitutos de la acción y los personajes se revelan a través de la corriente de un monólogo interior. El impresionante retrato de Jacob Flanders (un chico joven y con referencias obvias a Thoby), desde su niñez hasta su muerte en la guerra, está construido por reflexiones al azar: en su habitación, en los incidentes que revelan su caracter, en momentos con sus amigos, etc.


Vita Sackville-West
Vita Sackville-West que fue amante de Virginia (1916)


Ese mismo año su cuñado y crítico de arte Clive Bell le presentó en una cena a la escritora Vita Sackville-West, con la que trabaría amistad y con la que mantendría una relación lésbica durante varios años entre 1925 y 1929. Vita Sackville-West estaba casada con un diplomático y era madre de dos hijos pero no escondía sus tendencias lésbicas y ambas entablaron su relación sin que se disolviesen sus respectivos matrimonios. Las cartas de Virginia a Vita están incluídas en el tercer volumen de una edición completa de las cartas de Woolf.


Virginia Woolf - Portada original de La Señora Dalloway (1925)
Portada original de La Señora Dalloway (1925)


La Señora Dalloway (Marleen Gorris, 1997)
Escena de La Señora Dalloway (Marleen Gorris, 1997)


En 1925 obtinene su primer gran éxito con La señora Dalloway (Mrs. Dalloway), probablemente su obra más conocida. Los acontecimientos en La señora Dalloway abarcan un espacio de solo doce horas, con una narrativa "radial" y no "lineal" (tal y como ella describe), y que se deriva en muchas direcciones para explorar las facetas de la personalidad de la protagonista Clarissa Dalloway. La exploración está confinada a los sucesos de un día de su vida, cuando ella se prepara para la fiesta de esa noche. El transcurso del tiempo se expresa a través de los cambios que se suceden en el interior de los personajes, en la conciencia que tienen de sí mismos, de los demás y de sus mundos caleidoscópicos. Las ideas del filósofo francés Henri Bergson acerca del tiempo la influyeron notablemente, como le ocurrió al escritor francés Marcel Proust.


Virginia Woolf - Portada original de Al Faro (1927)
Portada original de Al Faro (1927)


En Al faro (The Lighthouse, 1927), un hecho trivial (una discusión familiar acerca de si realizar o no una excursión a un faro), sirve a Virginia Woolf de punto de partida para deslizar todos sus fantasmas familiares. A través de la familia protagonista (los Ramsey), revisa y exhibe los poderes que ejercen, la madre desde su femineidad y el padre desde lo masculino, así como las repercusiones que esto tiene sobre los distintos miembros que convergen en la familia.
El personaje de Lily Briscoe nos remite a la propia Virginia, pues al igual que ella se encuentra atrapada en un doloroso conflicto de sentimientos, entre la fascinación que encarna la fertilidad y el deber sagrado de atender un hogar, y su propia inclinación hacia la creación artística y la libertad. El argumento surge de la vida interior de los personajes, y los efectos psicológicos se logran a través de imágenes, símbolos y metáforas. Es una de sus obras más personales, y la propia Virginia dijo que escribirla simbolizó para ella "el entierro de sus padres".


Orlando (Sally Potter, 1992)
Cartel de Orlando (Sally Potter, 1992)


En el año 1928 escribe Orlando, una fantasía histórica parcialmente basada en la vida de su amiga Vita Sackville-West y dedicada a ella, y que es un análisis del sexo, la creatividad y la identidad. Es la biografía de un personaje ficticio que a través de cuatro siglos de historia británica va adquiriendo múltiples identidades, tanto masculinas como femeninas (Orlando es una cortesana isabelina al principio y un hombre joven y moderno al final). A otro nivel, el libro es una parodia de las biografías convencionales. En ningún momento, fue un éxito comercial. Aceptada como una novela "para intelectuales" fue y es, de hecho, divertida y fácil de leer, e incluso ha sido llevada al cine.
El interés de Virginia por el feminismo y los derechos de las mujeres se trasladó a su ensayo Una habitación propia (A Room of One's Own, 1929), elaborado a partir de dos conferencias pronunciadas en Cambridge en octubre de 1928 sobre el tema Las mujeres y la narrativa, que trata de los obstáculos y prejuicios que deben superar las mujeres escritoras. Como prefacio cuenta con la historia de cómo como mujer ha sido expulsada de las bibliotecas universitarias. En el libro describe las barreras que han de superar las mujeres escritoras, y concluye que para alcanzar la libertad intelectual se debe tener la independencia económica y "una habiación propia".


Virginia Woolf
Virginia Woolf a mediados de los años 30


En el año 1931, vendría Las olas (The Waves), una de sus creaciones literarias más difíciles, y considerada por muchos la mejor. Cuenta la vida de seis amigos, pero a través de los pensamientos de estos. La conexión entre esas seis personas, que se conocen, no se establece mediante el diálogo o las revelaciones del narrador sino a través de los monólogos y las alusiones interiores de cada uno de ellos, presentando su "flujo de conciencia", es decir, el monólogo interior de ideas tal y como aparecen en la mente, rompiendo con el sentido lógico y la linealidad del monólogo tradicional, y creando una sensación de olas que vienen y van, de ahí en título de esta novela. A medida que avanzan las páginas, la conciencia de los personajes evoluciona y se complica. La obra refleja la constante renovación de la existencia. Todo está narrado en un tono sorprendentemente impersonal y poético.
De 1933 es una de sus obras más curiosas y menos conocidas, tituladaFlush, y que es una especie de biografía de los poetas Robert y Elizabeth Browning, pero viéndolo todo desde el punto de vista de su perro, un cocker spaniel llamado Flush....
Tras la muerte en 1934 de su amigo, el pintor, crítico e historiador Roger Fry, aceptó escribir una biografía suya a requerimiento de su familia. Roger Fry: A biography se publicaría en 1940 y resultó un trabajo muy interesante y bien recibido.


Virginia Woolf - Portada de la revista Time
Portada de la revista Time (abril de 1937)


La atmósfera de guerra que predominaba en los años 30, hizo que Woolf adoptara otra actitud y otra forma de pensar, muy distinta a la que venía desarrollando. Puso a prueba sus valores y su personalidad, otorgando un nuevo énfasis a los hechos mundanos como una respuesta a las presiones de los sucesos políticos.
Comenzó a desarrollar una nueva forma de expresión, más sincronizada con la conciencia social de la época, lo cual puede verse en obras como Los años (The Years, 1937), novela escrita con una técnica más bien tradicional y que describe varias generaciones de una familia de clase media, los Pargiter, tomada desde 1880 hasta el presente. La autora se centra en la oposición entre lo material y lo subjetivo. Prevalece un tono de frustración y desesperación.
También se dedicó con esmero a escribir algunos ensayos notables sobre las condiciones de vida de la mujer en la sociedad. En Tres Guineas (Three Guineas), publicado en Inglaterra en 1938 (a pocos meses del inicio de la guerra), intenta encontrarle una posible solución a los conflictos bélicos, planteando la idea de la desigualdad de oportunidades en el trabajo y el escaso acceso a la enseñanza, lo que impediría la formación de un mundo integrado y pacífico. Tres Guineas es una categórica protesta sobre el lugar de las mujeres en la sociedad y la política inglesa contemporánea.
Entreactos (Between the Acts, 1941), la última novela de Virginia Woolf, terminada pero no corregida a causa de su muerte, es su narración más amarga. Viene a simbolizar los cambios y la inestabilidad que subyacen en todos los momentos de la vida, lo difícil que es asimilar todo lo vivido, y, en última instancia, la inutilidad de la existencia.


Nicole Kidman en Las Horas (2002)
Nicole Kidman interpretando a Virginia Woolf en Las Horas (2002)


La depresión que constantemente la invadía, no la dejaba respirar con tranquilidad. A mediados de marzo de 1941 el matrimonio había salido de Londres y se había refugiado en su cabaña de Rodmell, a pocos kilómetros del Canal de la Mancha, en busca de tranquilidad.
Cuando Virginia contaba 59 años, el día 28 de marzo de 1941 por la mañana, se suicidó ahogándose voluntariamente en el río Ouse, cerca de la casa donde vivían. Era un día frío y luminoso. Había dejado dos cartas, una para su hermana Vanessa Bell y otra para su marido Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.


Monk's House
Monk's House, la casa de Virginia y Leonard Woolf en Rodmell (Sussex, Inglaterra)
Las cenizas de Virginia fueron esparcidas en el jardín


Su correspondencia, ensayos y diarios, fueron publicados con posterioridad, a pesar del esfuerzo de Leonard Woolf porque no pasara. El legado que dejó es valioso, tanto para futuros escritores como para lectores ávidos de obras que se salgan de lo convencional.
Virginia Woolf está considerada como una de las más grandes escritoras inglesas del siglo XX, cuya técnica del monólogo interior y estilo poético se consideran entre las contribuciones más importantes a la novela moderna. Además destacó por su importante participación en la vida intelectual de su tiempo, sus ideas modernas, y de manera especial por la reivindicación de un mayor protagonismo de las mujeres en la sociedad.




Obras de Virginia Woolf:

- Fin de viaje, 1915
- Noche y día, 1919
- El cuarto de Jacob, 1922
- La señora Dalloway, 1925
- Al faro, 1927
- Orlando, 1928
- Una habitación propia, 1929
- Las olas, 1931
- Flush, 1933
- Diario de una escritora, 1931
- Carta a un joven poeta, 1931
- Los años, 1937
- Tres guineas, 1938
- Roger Fry: la biografía, 1940
- Entre actos, 1941

viernes, 29 de agosto de 2014

Retrato del Escritor Bipolar


La bipolaridad, o el trastorno esquizoafectivo subtipo bipolar son cuestiones de criterios descriptivos que no trascienden a la clínica. Lo interesante de este artículo de El Cultural de El Mundo no es su conjugación con hipótesis bioquímicas/genéticas. Lo interesante es transmitir y leer entre líneas que esta patología puede ayudar a realizar grandes cosas. Aquellos tiempos, los de Hemingway o Virginia Woolf son otros. Ahora sabemos más sobre este cuadro, que en un sentido estructural habría que situar en la psicosis, si hablamos de psicosis-neurosis-perversión. La parte psicótica es la que suele conducir al suicidio, a ese pensamiento acelerado (taquipsiquia) u otros trastornos del pensamiento, los del curso del pensamiento son de tipo formal; los del contenido del pensamiento corresponden a los delirios, generalmente de grandeza (megalomanía). Es una enfermedad muy difícil de llevar pero si se "sublima", es decir, se canaliza a través del arte u otra manifestación creativa, la persona vive, no sin sufrimiento. 

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Especialista en Trastorno Bipolar.


Durante siglos no tuvo nombre. Era la enfermedad silenciosa, el mal secreto que se disfrazaba de depresión, paranoia o locura y que era mejor ocultar. Pero el trastorno bipolar existe, y es devastador: escritores como Tolstoi, Balzac, Faulkner, Hemingway, Virginia Woolf, Tennessee Williams, Juan Ramón Jiménez o José Agustín Goytisolo sufrieron sus embates con desesperación, a menudo hasta la muerte. En realidad, su nombre exacto da igual: hoy sabemos que el transtorno bipolar sólo es una pirueta formal concebida en los libros de psiquiatría. Es la antigua psicosis maníaco-depresiva, pero con un nombre que infunde menos temor y rechazo.

El 20 por ciento de los enfermos se quita la vida y al menos un 50 por ciento lo intenta. La lista de escritores, músicos y pintores que se despidieron del mundo con un trágico estampido o un gesto silencioso desborda cualquier estimación superficial. 

Hemingway es uno de los casos más conocidos. Hijo de un padre suicida, conservó la pistola que le dejó huérfano durante toda su vida. Con un humor oscilante, que le hacía transitar de la euforia y la temeridad a cierta misantropía, el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza con una escopeta de dos cañones. 

La herida de Sylvia Plath


Su nieta Margaux prefirió el fenobarbital y escogió una fecha simbólica: el 1 de julio de 1996. Al igual que su abuelo, sufría depresiones y se refugiaba en el alcohol. No está de más señalar que el autor de El viejo y el mar padecía un insomnio obstinado que sólo se apaciguaba con la luz. La luz es un potente antidepresivo en muchos bipolares, pues mejora su estado de ánimo y les ayuda a experimentar una tibia esperanza. 

El suicido de Sylvia Plath reúne todas las características de las tragedias griegas. El 11 de febrero de 1963, después de largas depresiones y anteriores intentos de suicidio, se levantó en su piso de Londres y preparó el desayuno a sus hijos. Después, abrió el horno de la cocina e introdujo la cabeza, abriendo las espitas de gas. Separada de Ted Hughes, había soportado un invierno de soledad y privaciones que exacerbó sus tendencias autodestructivas. Al principio consideró que alquilar el apartamento donde había vivido W. B. Yeats representaba apostar por la vida, pero la herida que estragaba su alma permanecía abierta desde que perdió a su padre a los nueve años. En sus sobrecogedores y bellísimos Diarios, ya había anotado en julio de 1950: “Quizá nunca llegue a ser feliz, pero esta noche estoy contenta”. En 1957, no se apreciaba ningún cambio esperanzador: “He estado dando tumbos por ahí, lúgubre, oscura, desolada, enferma. Si supero este año será la victoria más grande que haya alcanzado nunca”. En 1959, las cosas no han mejorado: “Mi cabeza es un batallón de problemas”. Eso sí, parece que la infelicidad es el estímulo principal de sus Diarios: “Sólo escribo aquí cuando estoy en un callejón sin salida”. En mayo de 1961, se interrumpen los Diarios, pero el 16 de octubre de 1962 escribe, refiriéndose a su asombroso poemarioAriel, compuesto en pocas semanas, presumiblemente en pleno brote de manía: “Soy una escritora de genio; se me ha concedido el don. Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán famosa...”. 

Tal vez Virginia Woolf es el caso más célebre de escritora bipolar, acosada sin tregua por la enfermedad. La inminencia de una nueva crisis hizo que el 28 de octubre de 1961 se encaminara al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Se dejó arrastrar por la corriente y no se recuperó su cuerpo hasta el 18 de abril. Su marido enterró sus cenizas al pie de un árbol en Rodmell, Sussex. Virginia dejó una conmovedora nota: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (...). No puedo luchar más. Ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad”. 

No menos dramático es el caso de David Foster Wallace, que se ahorcó el 12 de diciembre de 2008, con 46 años. El narrador y ensayista que poetizó sobre el malestar de un tiempo donde los medios audiovisuales se han constituido en criterio de realidad, propiciando la deshumanización y la disgregación social, luchó durante dos décadas contra una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Durante mucho tiempo, la fenelzina le mantuvo estable, pero los efectos secundarios (disquinesias faciales, inhibición sexual, sobrepeso, pérdida de reflejos) le hicieron abandonar la medicación. Al poco de interrumpir el tratamiento, la depresión regresó con toda su ferocidad. Se ensayaron nuevos tratamientos, sin conseguir una remisión. Finalmente, venció la tristeza, sembrando la consternación entre sus amigos y familiares, que contemplaron su muerte con una mezcla de estupor, rabia y fatalismo. Franzen, Zadie Smith y Don DeLillo hablaron en un homenaje póstumo, lamentando la pérdida del cronista esencial de la posmodernidad. 

En nuestro país, la bipolaridad ha afectado a figuras como José Agustín Goytisolo, Pedro Casariego, Leopoldo María Panero, Luis Martín Santos y Juan Ramón Jiménez. Es difícil establecer un diagnóstico en el caso de Juan Ramón, pero su ansiedad generalizada, su hipocondría, su tendencia al aislamiento, sus brotes de emotividad, sus crisis depresivas y su obsesión por la muerte, inducen a pensar que la bipolaridad es una explicación posible de un carácter difícil y propenso al conflicto. Luis Cernuda le dedicó unas palabras poco compasivas, acusándole de ser una especie de Mr. Hyde, pero Cernuda no parece el más indicado para hablar de equilibrio y voluntad de conciliación. En la época de Juan Ramón, no se hablaba de bipolaridad, sino de neurosis, pero yo me atrevería a afirmar que su neurosis hoy se diagnosticaría como trastorno bipolar, sin excluir otras patologías concomitantes. Pedro Casariego, escritor, poeta y pintor, hermano de Martín y Nicolás Casariego, escogió el 8 de enero de 1993 para arrojarse a las vías del tren en la estación de Aravaca. Dos días antes había considerado concluida su obra gráfica y literaria al finalizar Pernambuco, el elefante blanco, un cuento concebido como un regalo para su hija Julieta. “Mordido por un tren hambriento”, dejó el recuerdo de “un artista misterioso, intrigante, insólito”, según Ángel González. Su padre, el poeta Pedro Casariego H. Vaquero, le describió como “un raro, con virtudes poderosas, como la honestidad, el estoicismo, la austeridad y la clarividencia”. Creo necesario mencionar que, según Juan Ramón, “el poeta no es un filósofo, sino un clarividente”. 

El loco egregio

Leopoldo María Panero es el loco egregio de nuestras letras, que nunca ha ocultado su desorden interior. Nacido en Madrid en 1948, sufrió la primera hospitalización psiquiátrica en 1970. Más adelante, ingresaría por propia voluntad en las unidades de psiquiatría de Mondragón y Las Palmas de Gran Canaria. Maldito, provocador, iconoclasta, incrédulo, aficionado al alcohol y enamorado de la heroína durante una década, su poesía brota de un desafío permanente a la razón, que no acepta las reglas del pensamiento lógico aplicadas al lenguaje, la vida o la moral. Su clarividencia convive con su progresiva desintegración personal. Aunque los médicos diagnostican esquizofrenia, no puede descartarse un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. A fin de cuentas, las últimas investigaciones sostienen que el trastorno bipolar y la esquizofrenia proceden de una causa común: una expresión defectuosa de los genes encargados de la producción de mielina en el sistema nervioso central. 

En el ámbito de las letras hispanoamericanas, podríamos citar a Alejandra Pizarnik, que paralizó su corazón con 50 pastillas de secobarbital, uno de los barbitúricos empleados por Marilyn Monroe en su “probable suicidio”. Se cree que Pizarnik sufría Trastorno Límite de la Personalidad, una alteración psicológica que incluye inestabilidad afectiva, sentimientos de vacío e inutilidad, parasuicidios (autolesiones), irascibilidad. El diagnóstico diferencial atribuye a cada patología unos rasgos propios, pero reconoce que algunas enfermedades mentales pueden concurrir conjuntamente y admite que el Trastorno Límite de la Personalidad puede interpretarse como el umbral de la bipolaridad. Pizarnik escribió: “Siniestro delirio amar una sombra./La sombra no muere./Y mi amor/sólo abraza lo que fluye/como lava del infierno”. No es una mala descripción del tormento interior de los bipolares. Ni la esquizofrenia ni el trastorno bipolar se caracterizan por una doble personalidad que sólo existe en las ficciones cinematográficas. 

Rompehielos contra el cerebro

¿Se puede convivir con el trastorno bipolar? Faulkner, Tennessee Williams, Twain, Tolstoi, Dickens, Hermann Hesse, Gorki, Schubert, Beethoven, Stevenson o Balzac lo consiguieron, no sin pagar un notable tributo de sufrimiento. Van Gogh, Schumann, Kurt Cobain, Cesare Pavese o Pier Angeli no fueron tan afortunados. Un brote de manía es como un rompehielos que embiste contra el cerebro. Durante largas noches de insomnio, las ideas crepitan como un bosque en llamas. La depresión es un atardecer interminable. Sientes que las horas no existen, que deambulas por un vacío perfecto. La muerte no es una intrusa. Es un pequeño claro donde te reencuentras con el paraíso. 

No hago literatura. Convivo con esta enfermedad desde 1996 y conozco todos sus estadios. En ese tiempo, he logrado desarrollar una actividad razonable como crítico literario y docente. Mi hermano Juan Luis no tuvo tanta suerte. Se suicidó en 1982. ¿Hay alguna relación entre el trastorno bipolar y la creatividad? La manía imprime un ritmo vertiginoso al cerebro, favoreciendo la aparición de ideas y asociaciones, algunas completamente irracionales, pero que en el terreno de la poesía son verdaderas fulguraciones. 

No es nada extraño que Van Gogh creara cerca de 900 obras en diez años, con interrupciones provocadas por las crisis depresivas. ¿Significa eso que el sufrimiento es el precio del arte? ¿Se equivocaba Nietzsche al afirmar que “el dolor nos hace profundos”? ¿Tenía razón Hölderlin cuando aseguraba que “sólo merecen el nombre de arte las obras capaces de expresar la experiencia del dolor”? La vida no comercia con transacciones de esta naturaleza. Nadie escoge el dolor, pero el artista bipolar, cercado por la inestabilidad, la desolación y la muerte, nos hace pensar que algunos hombres nacen -a su pesar- con un destino.

El 20 por ciento de los enfermos se quita la vida y al menos un 50 por ciento lo intenta. La lista de escritores, músicos y pintores que se despidieron del mundo con un trágico estampido o un gesto silencioso desborda cualquier estimación superficial. 

Hemingway es uno de los casos más conocidos. Hijo de un padre suicida, conservó la pistola que le dejó huérfano durante toda su vida. Con un humor oscilante, que le hacía transitar de la euforia y la temeridad a cierta misantropía, el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza con una escopeta de dos cañones. 

El Cultural-El Mundo

miércoles, 3 de julio de 2013

Virginia Woolf: creatividad y trastorno mental

 
 
Virginia Woolf: enfermedad mental y creatividad artística
 
Gustavo Figueroa C.
Departamento de Psiquiatría, Escuela de Medicina, Universidad de Valparaíso. Chile

La cuestión de la relación entre trastorno mental y creación artística nació en Grecia y recorrió Occidente1,2. En el siglo XX se produjeron tres cambios: los estudios se sustentarán en la exploración objetivo-fenomenológica de casos individuales3; aplicación sistemática de la nosografía psiquiátrica a muestras más amplias de artistas, clásicos y contemporáneos4,5; por fin, Freud introdujo la comprensión profunda al proceso de creación y biografías de artistas6,7. El progreso de estas perspectivas suscita dos problemas metodológicos. ¿Se pueden plantear diagnósticos cuando hay carencia de datos, son retrospectivos y no surgen de una situación clínica? ¿No se genera un reduccionismo que no captura la esencia de la obra de arte?8.
La complejidad de «la influencia que sobre el espíritu puedan ejercer las enfermedades mentales»3 exige limitarnos a una doble interrogante. Escogemos el trastorno que sufrió la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941) porque poseemos suficiente material (proveniente de su pluma y sus allegados), buscando determinar tanto su diagnóstico psiquiátrico como la conexión entre éste y su producción artística. Así evitamos patologizar su existencia -no es patografía-, porque ante todo fue una mujer sutil, inmersa en contradicciones y ambigüedades propias de su condición de creadora descollante, y contestataria feroz de su tiempo y la literatura inglesa9,10.
Antecedentes familiares. Su padre, Leslie Stephen, fue un destacado intelectual que padeció episodios depresivos («ataques de los horrores») en 1888, 1890 y 1891 (Figura 1). Después de la muerte de su idolatrada esposa en 1895, volvió a agravarse y cayó en una progresiva desesperanza y sensación de ser traicionado por el destino y sus hijos. Su admirada hermana, Vanessa Bell, cayó en profunda depresión entre 1911 y 1913 producto de su tormentosa relación extramatrimonial con Roger Fry y posterior aborto («no podía pensar en mí..., al dejar que me trasladaran al jardín, me aterraba ante el más mínimo contacto con el mundo que me rodeaba»)11; similar perturbación melancólica retornó en 1937 tras la muerte inesperada de su hijo. Su hermano, Adrian, se sometió a psicoanálisis por su carácter depresivo antes que por síntomas, convirtiéndose después en psico analista12. Laura Stephen, hermanastra débil mental, requirió ser internada de por vida. Un primo, James Kenneth Stephen, sufrió una herida en la cabeza; tenida como insubstancial, determinó un violento cambio de comportamiento con acoso sexual de su hermanastra Stella, resolviéndose con su muerte prematura por causas desconocidas.


Figura 1. Arbol genealógico de Virginia Woolf.
Evolución de la enfermedad. Su primer episodio irrumpió a los trece años, en 1895, durando casi seis meses. A pesar de su recuperación, fue incapaz de escribir en su diario por año y medio, como solía hacerlo regularmente desde 1891, y sólo consiguió devorar ávidamente sus libros (Figura 2). A finales de 1896, su médico de familia doctor Seton, volvió a recomendar la suspensión de sus lecciones privadas y lectura. En el segundo ataque de abril de 1897 requirió guardar cama («la vida es un asunto duro, se necesita una piel de elefante ¡que precisamente una no tiene!»)13. La tercera fase de 1904 fue particularmente severa con un primer intento de suicidio arrojándose por la ventana; el doctor George Savage, especialista llamado de urgencia, recomendó su internación en una casa de reposo Twickenham, de junio a septiembre, por ausencia de conciencia de enfermedad. Durante su convalecencia en Cornwall, escribió a su enfermera Violet Dickinson: «Pienso que la sangre está volviendo nuevamente a mi cerebro. Es el sentimiento más extraño, como si una parte muerta de mí estuviera volviendo a la vida... Todas las voces que solía escuchar, que me decían que hiciera todo tipo de locuras se han ido - y Vanessa dice que ¡eran siempre producto de mi imaginación!»14,15. La cuarta crisis de 1910 está poco documentada, debió permanecer acostada durante el verano, por prescripción del doctor Savage y, seguidamente, reingresó a la clínica de la enfermera Miss Thompson por seis semanas. El período más grave del trastorno se extendió entre 1912 y 1915. Ya en enero admite «es mi malestar de mi enfermedad habitual, en la cabeza. Una semana postrada en cama»16. Sir George Savage la reingresa al establecimiento de Miss Thompson por quince días y continúa ambulatoriamente en Asham -«he tenido una extraña quincena y [en la noche] he sido golpeada en la cabeza por corrientes oníricas»-, y lanza bromas de notorio mal gusto acerca del desastre del Titanic17. Sus aprensiones e inestabilidad emocional no impiden la boda con Leonard Woolf (10 agosto); transcurrida su luna de miel, persiste «no sintiéndome bien» hasta diciembre. El año 1913 consulta a los doctores Savage, Craig y Hyslop bajo el cuidado riguroso de la enfermera Jean Thomas; en julio se empeora, siendo reingresada por corto tiempo en Twickenham. Pero el nuevo desequilibrio durará nueve meses, porque el 9 de septiembre, tras una época de agitación violenta y rechazo a otra hospitalización («pensaba que la gente se reía de ella; se creía la responsable de las desgracias de todas las personas; se sentía abrumada por sentimientos de culpa»)16, ingiere 100 granos de Veronal, dosis potencialmente fatal, siendo salvada por la presencia accidental del doctor Geoffrey Keynes. Al alta retoma su rutina de leer y escribir, aunque entre marzo y agosto de 1914 queda bajo estricta vigilancia de dos enfermeras por sus oscilaciones de ánimo y peligro de suicidio. El colapso de la primavera-verano de 1915 -»un mundo pesadillesco de histeria, desesperación y violencia», según Leonard18- obliga a internarla contra su voluntad, rehusando ver a su marido por dos meses a causa de un odio oscuro e incomprensible: «resulta deprimente puesto que parece haber cambiado en un personaje de lo más desagradable», dice la enfermera Jean Thomas16.


Figura 2. Carta de vida de Virginia Woolf.
En contra de todos los sombríos pronósticos médicos, se restableció totalmente hasta 1936, aunque experimentando significativos altibajos anímicos. En abril guarda cama por indicación del doctor Randel y de junio a octubre nada escribe en su diario. Sólo en diciembre relata: «Me he sentido en conjunto fuerte y animada. ¡Despierto de la muerte -o del no ser- a la vida!»19. En 1941 el desánimo abrumador y sombrío la hace «perder todo poder sobre la palabra»20; ensimismada en sus voces intuye el retorno de la locura y, temiendo que la hospitalicen, el viernes 28 de marzo, tras escribir dos emotivas cartas de despedida, se precipita en las aguas del río Ouse con una pesada piedra en el bolsillo de su abrigo.
Eventos vitales. La existencia de Virginia Wolf estuvo marcada por acontecimientos de enorme carga emocional que -parcialmente- determinaron la aparición de sus primeros episodios (Figura 3). La muerte inesperada de su madre por gripe, en 1894, arrancó a la persona que se hacía cargo de las necesidades afectivas de los hijos y dejó sumidos al padre y familia en el caos y desconsuelo. Los fallecimientos desoladores de Stella (1896) y Thoby (1906) fueron cruciales para su escéptica concepción de la existencia. La dramática agonía de su padre en 1904 condujo al desquiciamiento moral de los hijos por sus lamentos y súplicas - «¿Por qué tiene que morir él? ¿Y, si tiene que morir, por qué no puede?»13. Seis días después se reprocha: «Lo espantoso es que nunca hice algo por él. Estaba a menudo tan solitario, y nunca le ayudé como pude haberlo hecho»14.


Figura 3. Eventos vitales en Virginia Woolf
Por aquellas fechas sus hermanastros George y Gerald Duckworth comenzaron avances sexuales sostenidos: «Recuerdo el contacto de su mano debajo de mis ropas, avanzando firme y decidida cada vez más abajo. Recuerdo que yo esperaba que se detuviese de una vez, que me iba poniendo más tensa y me retorcía a medida que la mano iba aproximándose a mis partes más íntimas. Pero no se detuvo. Recuerdo que me sentí ofendida, que no me gustó». Quizás ocurrieron desde los seis años, aunque Virginia permaneció imprecisa sobre las circunstancias de los acosos21. Después de tres excéntricos flirteos -Walter Headlam, Milton Young, Lytton Strachey-, el casamiento con Leonard fue precedido de tempestuosas ambivalencias: «Cómo odiaba casarme con un judío -cómo odiaba sus voces nasales y su joyería oriental y sus narices y barbas-, que esnob era, puesto que poseen una enorme vitalidad»22. Su sexualidad -una frigidez invencible-, más allá del terror, estaba sumida en una incomprensión ante lo erótico; condujo a una pérdida de la intimidad, reforzada por los severos consejos médicos que la urgían a su cese en consideración a su enfermedad. Indudablemente, la inestabilidad que rodeó a la boda desembocó en el derrumbe que se extendió entre 1912 y 1915. Por último, la ambigüedad sexual con amigas -Katherine Mansfield, Vita Sackville-West, Ethel Smyth- indujo el turbado comentario del hijo de Vita: «Se mostraba mitad divertida, mitad a la defensiva, ante aquella , temerosa del ridículo, temerosa de implicarse demasiado»23.
Clínica. Las crisis, centradas en modificaciones intensas y, por momentos, avasalladoras del humor, comprometieron toda su vida. En la mayoría el ánimo predominante fue depresivo: lentitud del pensamiento e ideación, pesimismo, desesperanza, ideas recurrentes de suicidio, horror a la soledad e hipersensibilidad extrema a la gente, desamparo, incapacidad de vibrar con el medio, autocrítica despiadada, sentimientos de culpa infundados, imposibilidad de concentrarse en la lectura y escritura -»mi mente se anudó»-, despersonalización24. Pérdida del apetito, amenorrea, jaquecas que le taladraban el occipucio, insomnio pertinaz («aquellas interminables noches que no se acababan a las doce, sino que siguen en números dobles: trece, catorce hasta que lleguen a los veinte..., no hay nada para evitar que sean así si deciden serlo»). Su diario denuncia: «Te hundes en el pozo y no hay nada que te proteja contra el asalto de la verdad. Allí abajo no puedo escribir ni leer; sin embargo, existo, soy»14.
En ciertos episodios surgían ideas deliroides con pérdida absoluta de conciencia de enfermedad, como que toda la gente se reía de ella, tenía la certeza inconmovible que su cuerpo era monstruoso con «una sórdida boca y una sórdida tripa que pedían comida, algo repulsivo que debía evacuarse de manera repulsiva»10. Leonard afirmó: «...Virginia permaneció a través de toda su enfermedad, aun cuando estaba más insana, terriblemente cuerda en tres-cuartos de su mente. El hecho es que su locura estaba en sus premisas, en sus creencias. Creía, por ejemplo, que no estaba enferma, que sus síntomas se debían exclusivamente a sus ... y su poder de argumentar deductivamente a partir de premisas falsas era terrorífico. Por tanto, era inútil intentar argumentar con ella»20. En 1904 escuchó que los pájaros cantaban en griego, que la urgían a hacer locuras y percibió al rey Eduardo VII espiando entre las azaleas, usando «el lenguaje más procaz del mundo». En 1924 escribe: «He tenido algunas visiones curiosas en este cuarto también, mientras yacía en cama, loca, y viendo la luz del sol estremeciéndose como agua dorada, en la muralla. He escuchado aquí las voces de los muertos.»14. En carta a Ethel Smyth de 1930 revela: «...he estado viendo caras ya hace diez años, y cinco desde que yo yacía como una estatua de piedra, muda junto a la rosa... Después de haber estado enferma y sufriendo toda forma y variedad de pesadillas y extravagantes intensidades de percepción..., he vuelto a mí, temblando y tan asustada de mi propia insanidad»22. En su despedida a Leonard confiesa: «Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar»19.
Las fases de excitación -especialmente exaltación rabiosa- fueron más cortas pero difíciles de controlar. Habla Leonard sobre 1915: «Hubo momentos o períodos durante su enfermedad, particularmente en la segunda etapa de excitación, en los que era lo que se podría llamar una y sus pensamientos y habla se volvían completamente incoherentes, y perdía todo contacto con la realidad»18. Del mismo período afirma Vanessa: «...parece haber cambiado en un personaje de lo más impertinente. Dice los epítetos más maliciosos e hirientes que puede pensar a todo el mundo, y son cosas tan inteligentes que siempre lastiman... Son sencillamente como las bromas desagradables de una colegiala, que no resultan ni divertidas»25. Virginia reconoció su irritabilidad ofensiva: «Dije las cosas más imposibles en voz muy alta..., insulté a lady Glenconner y luego ataqué a Rupert Brooke: pero a mi edad y con mis costumbres ¿cómo voy a adaptarme a las maneras del mundo? No paraban de caerme horquillas del pelo en la sopa: las chupaba y me las volvía a colocar»22.
¿Qué trastorno mental sufrió Virginia Woolf? Estamos en presencia del curso natural de la enfermedad ya que, fuera del apoyo incondicional, régimen y reposo, no hubo terapia eficaz por desconocimiento de la psiquiatría -los analistas amigos estimaron contraindicado el psicoanálisis12. Comenzó en la pubertad temprana y la condujo a la muerte al tercer intento planificado de suicidio. La invalidó durante largos períodos y, en los intervalos de normalidad, la embestían episodios breves violentos que la obligaban a suspender, transitoriamente, toda actividad intelectual y social. Sin embargo, no dejó secuelas ya que su creatividad artística brotó con fuerza sorprendente desde su infancia y continuó hasta el último día, de modo que el número de escritos es impresionante, sin contar con que fue la artista más original del excéntrico grupo de vanguardia Bloomsbury26. Admitió que estuvo «loca» en ciertos períodos y esta pérdida del juicio de realidad se acompañó de alucinaciones auditivas, visuales, cenestésicas - actuadas, en parte congruentes con el estado anímico. El desencadenamiento psicológico es inequívoco en los primeros episodios pero, con los años, resulta difícil distinguir entre evento estresante y efecto patológico. La carga familiar apunta a depresión unipolar.
El cuadro de Virginia Woolf sugiere fuertemente un trastorno bipolar I27. Pero no es seguro que sus episodios maníacos, aunque perturbaban significativamente a su entorno, llegaran al límite de la excitación extrema -quizás sólo en la segunda mitad de 1915. Además, la presencia de estados mixtos -hipomanías disfóricas y depresiones agitadas de Kraepelin28-, junto a psicosis breves con ánimo parcialmente congruente complica el diagnóstico. Finalmente, las fases depresivas severas salpicadas con crisis de variada inestabilidad afectiva predominaron en su vida. Por tanto, parece coherente plantear que Virginia se encuentra dentro de lo que está conociéndose como espectro bipolar II29,30. Empero, la heterogeneidad de sus manifestaciones clínicas y, como contraparte, la ausencia de criterios operacionales y evidencia dura para el diagnóstico de «espectro bipolar II»31,32, obliga a ser precavido. Además su personalidad y temperamento no son fáciles de determinar, variables que serían decisivas en esta condición33,34. De sí dijo: «¡Cuán inútil soy para este mundo! Egoísta, vanidosa, egocéntrica e incompetente»14. Las descripciones por familiares y allegados resultan discordantes, aun antagónicas. Tres visiones reflejan la complejidad 1) Tímida, retraída, enorme capacidad de trabajo, hipersensible a la crítica, introspectiva, intelectual, cariñosa con los niños, poco sentido práctico, excéntrica. 2) Conversadora brillante, juguetona, dada a las bromas, chismosa, socarrona para referirse a conocidos, indiscreta, centro de atención, irreverente, malediciente, mordaz, ingeniosa, liberal. 3) Sexualmente ambigua, seductora y apegada con pasión a Leonard35. Resumiendo, optamos por un trastorno bipolar II -ni bipolar I ni cicloide ni esquizoafectivo36-, reconociendo que representa un ejemplo de los dilemas sin resolver que plantea el trastorno bipolar37.
Creación artística y enfermedad. «Nunca he conocido a nadie que trabaje de forma más intensa, infatigable y concentrada» -dice Leonard-. «Esto era particularmente cierto cuando estaba escribiendo una novela. La novela se convertía en parte de Virginia y su obra la absorbía por completo»20. La existencia de Virginia Woolf se volcó al arte, aun sus crisis las vivió y entendió desde su obra: «Como experiencia, la locura es aterradora, no se la debe husmear; y es una lava, en la cual aún encuentro la mayoría de las cosas acerca de las que escribo. Arroja fuera de uno todo elaborado, final, no como simples gotitas como cuando se está cuerda19 (Figura 4).


Figura 4. Producción artística de Virginia Woolf
¿Perturbó al proceso creativo? Conocemos períodos en los que tuvo incapacidad absoluta para crear: «no podía escribir y salieron todos los diablos: diablos negros y peludos»16. Tras finalizar cada novela se espantaba: «Ahora vendrá la época de la depresión, después la congestión, la sofocación... El horror es que mañana, después de este día ventoso de prórroga..., deberé empezar por el principio... ¿Por qué, oh, por qué? Nunca más...»19 ¿Favoreció su creación artística? No hay constancia que produjera un relámpago en su inspiración o una iluminación inusual o abismal, salvo que ella postulaba que «es en gran medida la claridad de la visión que viene en esas temporadas lo que conduce a la depresión..., el máximo abatimiento personal es el más cercano a una auténtica visión»19. Ciertamente, para Virginia no es válido que «determinadas características patológicas de personalidad, así como tendencias a la depresión..., están causalmente ligados a algunos tipos de creatividad»5. ¿Le reveló en parte la esencia de la locura? Innegablemente ciertos personajes reflejan sus desazones íntimas con perturbadora penetración: el delirio de Septimus Smith que desemboca en el suicidio y se despliega en contrapunto a la vida al borde del sin sentido de Clarissa Dalloway -mientras su médico observa con auto-complacencia ciega y chata el drama inminente; el horror invade a Clarissa: «La vida se hace intolerable; ellos hacen la vida intolerable, hombres como [el doctor]»37. Sin la enfermedad ¿habría surgido aquello inédito e irreductible que caracterizó su obra? No podemos afirmarlo ni negarlo; resulta tentador apostar a que la profundidad, gusto por lo intangible y etéreo del ser humano, sensibilidad al sentido ambiguo inherente a la existencia, hubieran sido difícilmente alcanzables sin sus desajustes emocionales. Según sus enigmáticas palabras: «Esto es lo que me espanta de mi melancolía: ves pasar una aleta a lo lejos, un atisbo de la esencia de la realidad38. ¿Qué insuficiencias pueden conectarse con la enfermedad? Intuimos que la inquietante extrañeza que provoca la lectura de Virginia Woolf es la descripción de su atormentado e insondable mundo interior38.
Referencias
1. Aristóteles. El hombre de genio y la melancolía. Problema XXX. Barcelona: Quaderns Crema, 1996.         [ Links ]2. Lange-Eichbaum W. Genie, Irrsinn und Ruhm. 6. Aufl. München: Reinhardt, 1967.         [ Links ]3. Jaspers K. Strindberg und van Gogh. Versuch einer pathographischen Analyse unter vergleigender Heranziehung von Swedenborg und Hölderlin. München: Piper, 1959.         [ Links ]4. Andreassen NC. Creativity and mental illness: Prevalence rates in writers and their first-degree relatives. Am J Psychiatry 1987; 144: 1288-92.         [ Links ]5. Post F. Creativity and psychopathology. A study of 291 world-famous men. Br J Psychiat 1994; 165: 22-34.        [ Links ]6. Freud S. Eine Kindheitserinnerung des Leonardo da Vinci. GW VIII; 1910: 127-211.         [ Links ]7. Kraft H, Hrsg. Psychoanalyse, Kunst und Kreativität heute. Die Entwicklung der analytischen Kunstpsychologie seit Freud. Köln: Dumont, 1984.         [ Links ]8. Heidegger M. Der Ursprung des Kunstwerkes. Gesamtausgabe. Band 5. Holzwege. Frankfurt: Klostermann, 1984. p. 7-68.        [ Links ]9. Bader A, Navatril L. Psychiatrie und Kunst. En: Kisker KP, Meyer JE, Müller C, Strömgren E, Hrsg. Psychiatrie der Gegenwart. Band I/1. Grundlagen und Methoden der Psychiatrie. 2. Aufl. Berlin: Springer, 1979. p. 877-914.         [ Links ]10. Bell Q. Virginia Woolf. A biography. 2 vols. London: Hogarth, 1996.         [ Links ]11. Dunn J. Virginia Woolf and Vanessa Bell. A very close conspiracy. London: Virago, 1990.         [ Links ]12. Forrester V. Virginia Woolf: El vicio absurdo. 3. edición. Barcelona: Ultramar, 1988.         [ Links ]13. Woolf V. The letters: Vol. 1. The flight of the mind. 1888-1912. London: Chatto & Windus, 1975.        [ Links ]14. Woolf V. A moment's liberty. The shorter diary of Virginia Woolf. London: Hogarth, 1990.         [ Links ]15. Banks JT. Mrs. Woolf in Harley Street. Lancet 1998; 351: 1124-6.         [ Links ]16. Trombley S. «All that summer she was mad»: Virginia Woolf and her doctors. London: Junction, 1981.         [ Links ]17. Caramagno TC. The flight of the mind: Virginia Woolf's art and manic-depressive illness. Berkeley: University of California Press, 1992.         [ Links ]18. Woolf L. Beginning again: An autobiography of the years 1911-1918. London: Hogarth, 1967.         [ Links ]19. Woolf V. The letters. Vol VI. Leave the letters till we´re dead. 1936-1941. London: Chatto & Windus, 1980.         [ Links ]20. Woolf L. The journey not the arrival matters: An autobiography of the years 1939-1969. London: Hogarth, 1969.         [ Links ]21. DeSalvo L. Virginia Woolf: The impact of childhood sexual abuse on her life and work. Berkeley: University of California Press, 1989.         [ Links ]22. Woolf V. The letters. Vol. IV. A reflection of the other person 1929-1931. London: Chatto & Windus, 1978.         [ Links ]23. Nicolson N. Virginia Woolf. New York: Viking Penguin, 2000.         [ Links ]24. Kraus A. Melancholie: eine Art von Depersonalisation? En: Fuchs T, Mundt C. Affekt und affektive Störungen. Phänomenologische Konzepte und empirische Befunde im Dialog. Paderborn: Schöningh, 2002. p. 169-186.         [ Links ]25. Bell V. Selected letters of Vanessa Bell. London: Bloomsbury, 1993.         [ Links ]26. Rosenbaum SP, ed. The Bloomsbury group: A collection of memories, commentary and criticism. London: Croom Helm, 1975.         [ Links ]27. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders. 4th Edition. Text Revision. Washington, DC: American Psychiatric Association, 2000.        [ Links ]28. Kraepelin E. Psychiatrie. Ein Lehrbuch für Studierende und Ärzte. 6 Aufl. Leipzig: Barth, 1899.        [ Links ]29. Cassano GB, Frank E, Miniati M, Rucci P, Faglioni A, Pini S et al. Conceptual underpinnings and empirical support for the mood spectrum. Psychiatr Clin North Am 2002; 25: 699-712.        [ Links ]30. Perugi G, Akiskal HS. The soft bipolar spectrum redefined: Focus on the cyclothymic, anxious-sensitive, impulsive-dyscontrol, and binge-eating connection in bipolar II and related conditions. Psychiatr Clin North Am 2002; 25: 713-37.         [ Links ]31. Sachs G. Manejo del trastorno bipolar. Conductas clínicas basadas en la evidencia. San Pablo: Science Press Brasil, 2004.         [ Links ]32. Angst J, Gamma A, Benazzi F, Adjacic V, Eich D, Rossler HW. Towards a re-definition of subthreshold bipolarity: Epidemiology and proposed criteria for bipolar-II, minor bipolar disorders and hypomania. J Affect Disord 2003; 73: 133-46.         [ Links ]33. Akiskal HS, Pinto O. The evolving bipolar spectrum. Prototypes I, II, III and IV. Psychiatr Clin North Am 1999; 32: 517-34.         [ Links ]34. Angst J, Marneros A. Bipolarity from ancient to modern times: conception, birth and rebirth. J Affect Disord 2001; 67: 3-19.         [ Links ]35. Sackville-West V. Letters to Virginia Woolf. London: Hutchinson, 1992.         [ Links ]36. Leonhard K. Aufteilung der endogenen Psychosen in der Forschungsrichtung von Wernicke und Kleist. En: Kisker KP, Meyer J-E, Müller M, Strömgren E, Hrsg. Psychiatrie der Gegenwart. Forschung und Praxis. Band II/1. Klinische Psychiatrie. 2. Auflage. Berlin: Springer, 1972. p. 183-212.         [ Links ]37. Baldessarini RJ. A plea for integrity of the bipolar disorder concept. Bipolar Disord 2000; 2: 3-7.         [ Links ]38. Woolf V. Mrs. Dalloway. London: Penguin Books, 1991.         [ Links ]39. Woolf V. Moments of being: Unpublished autobiographical writings. London: Hogarth, 1985.         [ Links ]40. Figueroa G. Lo ominoso revisitado. Freud y «La vuelta de tuerca» de Henry James. Rev Chil Neuro-Psiquiat 2000; 38: 237-54.         [ Links ]

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0034-98872005001100015&script=sci_arttext