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sábado, 18 de junio de 2022

BYUNG-CHUL HAN

 

BYUNG-CHUL HAN
IG: @psicoletrazaragoza


BIOGRAFÍA:
Byung-Chul Han es un escritor alemán de origen coreano, nacido en 1959 en Seúl (Corea del Sur).

Es un filósofo contemporáneo muy reconocido, experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la Universidad de Múnich. Para algunos expertos, se trata de un digno sucesor de importantes pensadores de la talla de Roland Barthes, Giorgio Agamben, Peter Sloterdijk, Jürgen Habermas y Richard David Precht. Se doctoró en Friburgo con una disertación sobre Martin Heidegger y en el año 2000 se incorporó al Departamento de Filosofía de la Universidad de Basilea.

Su campo de estudio es la filosofía de los siglos XVII, XIX y XX y entre sus principales intereses destacan la ética, la antropología cultural, la filosofía social, la religión y la estética. Es autor de más de una decena de obras en las que trata de analizar los males del hombre en la sociedad actual, algunas de las cuales han sido traducidas al castellano.
CURIOSIDADES:
Byung-Chul Han estudió metalurgia en su país natal. Al terminar los estudios sintió que no había escogido el camino correcto, ya que realmente en la materia que ansiaba profundizar era en la literatura. Pero en Corea no era posible cambiar de estudios y, por otra parte, su familia nunca lo habría permitido, así que tuvo que engañar a sus padres y mudarse a Alemania, con la intención de estudiar allí literatura alemana. Sin embargo encontró un inconveniente para hacerlo: leía demasiado despacio en ese idioma, así que finalmente se decidió por la filosofía, materia de la que partía prácticamente desde cero, pero para la que no es condición necesaria ser capaz de leer a gran velocidad.

- No deja de ser curioso que la nueva revelación del pensamiento alemán (y por tanto del pensamiento occidental) sea de origen oriental.
OBRAS PRINCIPALES:

domingo, 22 de agosto de 2021

Loa a la Tierra: Un viaje al Jardín

 


La Tierra da vida y renueva. Su poder regenerador es latente e inescrutable, creador y paciente.


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es.        Instagram: @psicoletrazaragoza 

"La sociedad de la transparencia elimina todos los rituales y ceremonias, en cuanto que estos no pueden hacerse operacionales, porque son un impedimento para la acelaración de los ciclos de la información, la comunicación y la producción." - Byung-Chul Han


Texto del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, que forma parte de un extracto de su libro ‘Loa a la tierra’, publicado por la editorial Herder el 15 de marzo del 2019. Traducción de Alberto Ciria.


Por: Byung-Chul Han

Desde que trabajo en el jardín percibo el tiempo de manera distinta. Transcurre mucho más lentamente. Se dilata. Me parece que falta casi una eternidad hasta que llegue la próxima primavera. La próxima hojarasca otoñal se distancia hasta una lejanía inconcebible. Incluso el verano me parece infinitamente lejano. El invierno se me hace ya eterno. El trabajo en el jardín invernal lo prolonga. Jamás me resultó tan largo el invierno como en mi primer año de jardinero. Sufrí mucho a causa del frío y la helada persistente, pero no por mí, sino sobre todo por las flores de invierno, que mantenían su floración incluso con la nieve y en plena helada persistente. Mi mayor preocupación eran las flores, y por eso les brindaba mi asistencia. El jardín me aleja un paso más de mi ego. No tengo hijos, pero con el jardín voy aprendiendo lentamente qué significa brindar asistencia, preocuparse por otros. El jardín se ha convertido en un lugar del amor.

El tiempo del jardín es un tiempo de lo distinto. El jardín tiene su propio tiempo, sobre el que yo no puedo disponer. Cada planta tiene su propio tiempo específico. En el jardín se entrecruzan muchos tiempos específicos. Los azafranes de otoño y los azafranes de primavera parecen similares, pero tienen un sentido del tiempo totalmente distinto. Es asombroso cómo cada planta tiene una conciencia del tiempo muy marcada, quizá incluso más que el hombre, que hoy de alguna manera se ha vuelto atemporal, pobre de tiempo. El jardín posibilita una intensa experiencia temporal. Durante mi trabajo en el jardín me he enriquecido de tiempo. El jardín para el que se trabaja devuelve mucho. Me da ser y tiempo. La espera incierta, la paciencia necesaria, el lento crecimiento, engendran un sentido especial del tiempo. En Crítica de la razón pura, Kant describe el conocimiento como una actividad remunerada. Según Kant, el conocimiento trabaja por una “ganancia realmente nueva”. En la primera edición de Crítica de la razón pura, Kant habla de “cultivo” en lugar de “ganancia”. ¿Qué motivo pudo haber tenido Kant para reemplazar “cultivo” por “ganancia” en la segunda edición?

Acaso “cultivo” le recordara demasiado a Kant la amenazadora fuerza del elemento, la tierra, la incertidumbre y la imprevisibilidad inmanentes a ella, la resistencia, el poder de la naturaleza, que habrían incomodado sensiblemente el sentimiento de autonomía y libertad del sujeto kantiano. El asalariado urbanita podrá desempeñar su trabajo independientemente del cambio de las estaciones, pero eso le resulta imposible al campesino, que está sujeto a su ritmo. Posiblemente el sujeto kantiano no conozca la espera ni la paciencia, que Kant rebaja a “virtudes femeninas”, pero que son necesarias en vista del lento crecimiento de aquello que fue encomendado a la tierra. Quizá a Kant le resultara insoportable la incertidumbre a la que queda expuesto el campesino.

En su obra Amor y conocimiento, Max Scheler señala que, “de una forma extraña y misteriosa”, san Agustín atribuye a las plantas la necesidad “de que los hombres las contemplen, como si gracias a un conocimiento de su ser al que el amor guía ellas experimentaran algo análogo a la redención”. El conocimiento no es una ganancia, o al menos no es mi ganancia, ni es mi redención, sino la redención de lo distinto. El conocimiento es amor. La mirada amorosa, el conocimiento al que el amor guía, redime a la flor de su carencia ontológica. El jardín es, por tanto, un lugar de redención (…)

Me gustan mucho las flores que aman la sombra. Byung-Chul significa “luz clara”. Pero sin sombra la luz ya no es luz. Sin luz no hay sombra. Luz y sombra van juntas. La sombra da forma a la luz. Las sombras son sus hermosos contornos.

El nombre en latín de la dedalera es Digitalis. La palabra digital se refiere al dedo, en latín digitus, término con el que también está emparentada etimológicamente la palabra índice, que designa el dedo que se emplea sobre todo para contar. La cultura digital hace que en cierto modo el hombre se atrofie hasta convertirse en un pequeño ser con carácter de dedo. La cultura digital se basa en el dedo que numera, mientras que la historia es una narración que se cuenta. La historia no numera. Numerar es una categoría poshistórica. Ni los tuits ni las informaciones componen una narración. Tampoco el timeline narra una biografía, la historia de una vida. Es aditivo y no narrativo. El hombre digital maneja los dedos en el sentido de que constantemente está numerando y calculando. Lo digital absolutiza el número y la numeración.

También lo que más se hace con los amigos de Facebook es numerarlos. Pero la amistad es una narración. La época digital totaliza lo aditivo, el numerar y lo numerable. Incluso los afectos se cuentan en forma de likes. Lo narrativo pierde enormemente relevancia. Hoy todo se hace numerable para poder traducirlo al lenguaje del rendimiento y la eficiencia. Además, el número hace que todo sea comparable. Lo único numerable es el rendimiento y la eficiencia. Así es como hoy todo lo que no es numerable deja de ser. Pero ser es un narrar y no un numerar. El numerar carece de lenguaje, que es historia y recuerdo. (…)

Hoy tenemos mucho que decir, mucho que comunicar, porque somos alguien. Hemos perdido el hábito tanto del silencio como de callarnos. Mi jardín es un lugar del silencio. En el jardín yo creo silencio. Estoy a la escucha, como Hiperión:

Todo mi ser enmudece y se pone a la escucha cuando la tierna ola de aire revolotea por mi pecho. Perdido en el vasto azul, a menudo lanzo mi mirada fuera, hacia el éter, y la adentro en el mar sagrado, sintiendo que un espíritu afín me abre sus brazos, como si el dolor de la soledad se desvaneciera en la vida de la divinidad. Ser uno con todo: esa es la vida de la divinidad y ese es el cielo del hombre.

La digitalización aumenta el ruido de la comunicación. No solo acaba con el silencio, sino también con lo táctil, con lo material, con los aromas, con los colores fragantes, sobre todo con la gravedad de la tierra. La palabra humano viene de humus, tierra. La tierra es nuestro espacio de resonancia, que nos llena de dicha. Cuando abandonamos la tierra nos abandona la dicha.


viernes, 23 de julio de 2021

Byung-Chul Han: Neoliberalismo y Trastorno Mental

 

Instagram: @psicoletrazaragoza

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Teléfono: 653 379 269





Doctorado en la Universidad de Friburgo en Alemania Byung Chul Han es de Corea del Sur. Su trabajo de investigación, con el que obtuvo el grado, es sobre el pensamiento de Martin Heidegger en 1994. Mintió, a sus padres, para estudiar filosofía y abandonó sus estudios de metalurgia.

Publicó dos libros que le valieron fama mundial. La sociedad del cansancio, traducida al español en 2012, y La sociedad de la transparencia, traducida en 2013. Chul Han es un fenómeno editorial: al publicarse La sociedad del cansancio el libro se agotó en dos semanas.

Chul Han se convirtió en un fenómeno al analizar los mecanismos de opresión psicológicas y tecnológicas del capitalismo neoliberal. Recurriendo a la obra de Michel Foucault, Giorgio Agamben, Walter Benjamin analiza las enfermedades del siglo XXI, las repercusiones de las redes sociales en el individuo y los sutiles pero efectivos mecanismos de opresión el capitalismo neoliberal.

Enfermedades del siglo XXI

La tesis central de Chul Han en la “sociedad del cansancio” es que pasamos a una sociedad superior en mecanismos de opresión a la que describió Michel Foucault y la escuela “post estructuralista”. Para el autor de Arqueología del saber el “sujeto” había terminado y la destrucción de la soberanía del ser, o del albedrío, y fue reemplazado por el biopoder (forma capital de imposición de la disciplina) por medio de las instituciones y dispositivos. Esta concepción de poder, “post moderna”, remplazó la idea de cambiar el mundo por un “grado cero” del problema de la estrategia.

Foucault olvida el poder concentrado del estado capitalista, “monopolio de la violencia” en Karl Marx, y su pensamiento derivó en un escepticismo de la posibilidad de cambiar el mundo. El poder, como biopoder, disciplinario de los cuerpos aparece en la obra foucaultiana imposible de subvertir. En todo caso la misión del intelectual es la de describir los mecanismos de opresión de las instituciones modernas: la clínica, la fábrica, la sexualidad, la escuela, la prisión.

De la sociedad “disciplinaria”, se pasó, según Chul Han, a la sociedad del rendimiento. Si en el pensamiento de Foucault se llegó al fin del sujeto que es oprimido por las instituciones en el tiempo actual el verdugo y opresor es “uno mismo”. Según Chul Han las enfermedades del siglo XXI son el “burnout” o síndrome de estrés, el trastorno de bipolaridad, personalidad limítrofe y depresión.

El neoliberalismo reconfiguró a los sujetos, sugiere Chul Han, bajo el aumento de una potencia subjetiva. En medios de comunicación, publicidad, en la escuela y en el trabajo, en la familia, todos estamos presionados a poder ejercer efectivamente, bajo la égida del discurso del libre mercado, nuestros deseos, proyectos y aspiraciones. Con el discurso del mérito, meritocracia, del emprendimiento, cada uno de nosotros es capaz de cumplir sus sueños: todo es posible en el neoliberalismo siempre y cuando uno se esfuerce lo suficiente.

Este tipo de sociedades, de rendimiento absoluto, generó que las enfermedades más comunes entre la juventud, la clase media y los trabajadores sea la depresión y la sensación al fracaso. El cansancio crónico de lograr los objetivos, el ejercicio de presión permanente entre los asalariados para conseguir los resultados en los call centers, en la fábrica, en la escuela, y aumentó los niveles de enfermedades neuronales: el “burnout” el más emblemático. A diferencia de una sociedad disciplinaria, dice Chul Han, la sensación de fracaso y depresión viene de un yo interno, el rendimiento, y la opresión viene de uno mismo no del exterior.

“En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Así, uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio.” (Chul Han, 2012: 48).

Las enfermedades del “burnout” o síndrome de estrés, el trastorno de bipolaridad, personalidad limítrofe y depresión son las enfermedades del Siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud la depresión afecta a 350 millones de personas en el mundo. En el mundo de la docencia y la medicina el síndrome de “cabeza quemada” (cansancio físico, mental por estrés laboral) llega a niveles espeluznantes. En Estados Unidos el 70% de médicos tiene “burnout”. En noviembre de 2016 una nota esclarecía los aumentos de enfermedades neuronales “No damos abasto con la cantidad de psicólogos y psiquiatras que se necesitan”.

China: suicidios por depresión

En algo, considero, se equivoca Chul Han. No liquida su aportación (la relación entre neoliberalismo y depresión) pero la explotación del patrón y de los jefes en el individuo genera, también los síndromes neuronales y es su principal causante. El ejemplo más emblemático de los tiempos que corren es el caso de China: el modo Foxconn.

Con la restauración del capitalismo en China el país se convirtió en un paraíso de mano de obra barata. El taller del mundo sufrió un extraño patrón: el aumento de suicidios de jóvenes obreros que no aguantaban el ritmo de la fábrica, del acoso de los patrones y sus jefes.

El caso emblemático de Xu Lizhi, poeta obrero que trabajaba para Apple, es el síntoma y resumen de una generación alienada en el trabajo del capitalismo. Marx llamó al proletariado la clase con las “cadenas radicales” la que sufre mayor explotación en el modo de producción capitalista. En la Apple, con unos 8 mil obreros, por lo menos unas decenas se suicidaron, luego de un largo periodo de depresión. El poeta, de 24 años, expresaba que la fábrica aliena “Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./ Me han entrenado para ser dócil./ No sé gritar o rebelarme,/ cómo quejarme o denunciar,/ sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento".

Con la crisis de 2008 los patrones han aumentado la extracción de plusvalía de la clase trabajadores aumentado los niveles de explotación redoblada de la fuerza de trabajo. La inexistencia de sindicatos, contratos colectivos, aumentos de la jornada laboral, salarios raquíticos, la desaparición del derecho a la jubilación, la precarización del trabajo son formas de aumentar la extracción de plusvalia en el neoliberalismo. Las enfermedades descritas por Chul Han adquieren una fuerza e intensidad mayor en las filas de los asalariados: la explotación en la fábrica genera este tipo de fenómenos aberrantes que obligan a imaginar una sociedad enteramente nueva.

Son motivos centrales para pensar la urgencia de cambiar el mundo. En un mundo que genera depresión y sentimientos de fracaso es imperante luchar por un mundo enteramente nuevo. Por un mundo en el que “cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Herder, Madrid. 2012.

lunes, 19 de abril de 2021

Byung-Chul Han: Sociedad y Virus

 


Cansancio, depresión, videonarcisismo: los efectos de la pandemia según Byung-Chul Han

El destacado filósofo surcoreano analizó en un ensayo los efectos del coronavirus en nuestro tiempo. Para él, la pandemia ha venido a agudizar males endémicos de las sociedades neoliberales, como el cansancio, la excesiva preocupación por la imagen y la depresión.

Es quizás uno de los pensadores más destacados de nuestros tiempos. Nos referimos, por cierto, al surcoreano Byung-Chul Han (1959). Sus postulados adquieren una relevancia capital a la luz de lo que ocurre en estos días, en que la pandemia del coronavirus ha alcanzado y superado todos los récords en nuestro país.

“De un modo u otro, todos nos sentimos hoy muy fatigados y extenuados. Se trata de un cansancio fundamental, que permanentemente y en todas partes acompaña nuestra vida como si fuera nuestra propia sombra. Durante la pandemia nos sentimos incluso más agotados que de costumbre. Hasta la inactividad a la que fuerza el confinamiento nos fatiga. No es la ociosidad, sino el cansancio, lo que impera en tiempos de pandemia”.

Pero el autor de La sociedad de la transparencia cree que este cansancio es algo que ya viene de antes, y la clave para entenderlo, es la autoexigencia que los seres humanos se han puesto como norma en las sociedades neoliberales.

“Lo que caracteriza al sujeto de esta sociedad, que al verse forzado a rendir se explota a sí mismo, es la sensación de libertad. Explotarse a sí mismo es más eficaz que ser explotado por otros, porque conlleva la sensación de libertad”, dice Han.

Otro punto importante para el filósofo, es la pérdida de los rituales que la presencialidad tenía habituados a los seres humanos. “Los rituales generan una comunidad sin comunicación, mientras que lo que hoy predomina es una comunicación sin comunidad”, dice.

Aunque en el fondo, para él es una muestra más de que el virus excacerba un mal ya existente. En este caso, lo que él ha calificado como “la permanente escenificación del ego” en nuestras sociedades.

“El virus acelera la desaparición de los rituales y la erosión de la comunidad. Se eliminan incluso esos rituales que aún quedaban, como ir al fútbol o a un concierto, ir a comer a un restaurante, ir al teatro o al cine -argumenta Han-. La distancia social destruye lo social. El otro se ha convertido en un potencial portador del virus con el que tengo que mantener la distancia”.

Videoconferencias y la preocupación por la imagen

En esta cuerda, Han se muestra crítico de la comunicación digital, acaso la única forma que el mundo ha podido encontrar para seguir adelante. Su principal blanco son las videoconferencias, las cuales han generado lo que él califica como “Videonarcisismo”, o una exagerada preocupación por la imagen. Justo en una época donde antes de la pandemia existía una fiebre por las selfies y una exaltación icónica.

“El videonarcisismo tiene unos efectos secundarios absurdos: ha provocado un auge de las operaciones estéticas. Ver en la pantalla una imagen distorsionada o borrosa hace que las personas empiecen a dudar de su propio aspecto -plantea-. Cuando la pantalla tiene buena definición percibimos de pronto arrugas, caída progresiva del cabello, manchas cutáneas, bolsas lagrimales u otras alteraciones cutáneas poco estéticas...El espejo digital hace que la gente caiga en una dismorfia, es decir, que preste una atención exagerada a posibles defectos en su aspecto corporal”.

En ese sentido, retoma el concepto del cansancio, y plantea que -como efecto del virus- la comunicación digital es otro factor que agota (aún más) a las personas. “La comunicación digital nos extenúa muchísimo. Es una comunicación sin resonancia, una comunicación que no nos da la felicidad. En una videoconferencia, por motivos puramente técnicos, no podemos mirarnos a los ojos. Clavamos la vista en la pantalla. Nos resulta agotador que falte la mirada del otro”.

Por eso, Han aboga porque se tome conciencia de lo importante de la comunicación presencial, el cara a cara, por sobre las pantallas. “Ojalá la pandemia nos haga darnos cuenta de que ya la mera presencia corporal del otro tiene algo que nos hace sentir felices, de que el lenguaje implica una experiencia corporal, de que un diálogo logrado presupone un cuerpo, de que somos seres corpóreos”.

La depresión, el síntoma del cansancio

Un síntoma principal que Han sitúa dentro la “sociedad del cansancio”, es la depresión, agudizada, a su juicio, justamente por la ausencia de relaciones interpersonales presenciales. “Durante la cuarentena, sin contacto social, se agudiza la depresión, que es la auténtica pandemia del presente”, dice el pensador.

Pero, y vuelve a su punto, la depresión es otro síntoma de una sociedad que ya venía cansada, y que la pandemia solo la hecho más evidente.

“La depresión es un síntoma de la sociedad del cansancio -dice el surcoreano-. El sujeto forzado a rendir sufre de síndrome del desgaste profesional (en inglés, burnout) desde el momento en que siente que ya no puede más. Fracasa por culpa de las exigencias de rendimiento que se impone a sí mismo. La posibilidad de no poder más le lleva a hacerse autorreproches destructivos y a autoagredirse. El sujeto forzado a rendir pelea contra sí mismo y sucumbe por ello. En esta guerra librada contra sí mismo, la victoria se la lleva el desgaste laboral”.

Y como una expresión de aquello, Han cita el aumento que han tenido los suicidios en su país. “Desde que estalló la pandemia, el índice de suicidios ha aumentado en Corea vertiginosamente. Parece ser que el virus es un catalizador de la depresión. Sin embargo, a nivel global aún se sigue prestando demasiada poca atención a las consecuencias psíquicas de la pandemia”.

Pero no todo está perdido. Para Byung-Chul Han, la crisis sanitaria es una oportunidad para resetear nuestra forma de vida, y de esta manera poder salir del cansancio endémico del que hacía alusión, ya que el virus de alguna manera sobrecarga la sociedad del cansancio, convirtiéndolo en un virus del cansancio.

“El virus es asimismo una crisis en el sentido etimológico de krisis, que significa “punto de inflexión”: al hacernos un apremiante llamamiento a cambiar nuestra forma de vida, también podría causar la reversión de esta precariedad. Solo podremos conseguirlo, eso sí, si sometemos nuestra sociedad a una revisión radical, si logramos hallar una nueva forma de vida que nos haga inmunes al virus del cansancio”.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Gran Vía 32 Y Online. Teléfono: 653 379 269                Instagram: @psicoletrazaragoza.                  Página Web: Contacta


sábado, 6 de febrero de 2021

Byung-Chul Han: Filosofía/Psicología


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. N° Col.: A-1324 Teléfono: +34 653 379 269 Gran Vía 32, 3° Izq Página Web: www.rcordobasanz.es.      rcordobasanz@gmail.com

Internet, las redes sociales y, en general, toda la revolución digital han transformado y corrompido el fundamento de la sociedad según Byung-Chul Han.


Byung-Chul Han es, sin duda alguna, uno de los filósofos más famosos que existen en la actualidad. Un auténtico best seller en un mundillo tan poco dado a caer en esa categoría como es el filosófico, pero es que los posicionamientos del filósofo surcoreano han conseguido llamar la atención de lectores de todo el mundo, incluso alejados de la filosofía.

La agonía del Eros, La sociedad del cansancio, La expulsión de lo distinto, En el enjambre, Sobre el poder, La sociedad de la transparencia, El aroma del tiempo, Psicopolítica, Topología de la violencia, etc. (todas ellas editadas por Herder) son obras que han cautivado a gente de todo tipo, atraídos por los puntos de vista de Han contra el individualismo, el capitalismo y las nuevas tecnologías. Unas posturas que, como suele ser habitual, también han traído de la mano a una legión de críticos. Vamos a hacer un repaso a su pensamiento en 10 claves:

1 Los filósofos a los que descubrió y amó. Byung-Chul Han nació en Seúl (Corea del Sur), donde estudió ingeniería mecánica. Pronto decidió que aquello no era lo suyo, y engañando a su familia (cuya rigidez y autoridad no aceptaba), tomó la decisión de marcharse a estudiar a Alemania, pese a no saber una palabra del idioma. Allí decidió estudiar lo que de verdad le llamaba, lo propio de su naturaleza romántica: literatura. Él mismo autor reconocía no haber oído hablar nunca de filosofía, siendo para él figuras como Martin Heidegger (sobre quien realizó su tesis) o Edmund Husserl personajes totalmente desconocidos. Pero rápidamente cayó bajo el embrujo de la filosofía, que estudiaría en la Universidad de Friburgo, además de Teología y Literatura en la Universidad de Múnich. Tras terminar sus estudios recaería como profesor en la Universidad de Berlín.

2 Su filosofía es tan seguida como criticada. El pensamiento de Han  es un maremágnum en el que esclavitud y libertad, pasión y represión, sexo y amor se confunden y mezclan en intrincadas conexiones que, además, inciden unas en otras. De ahí surgen también la mayoría de las críticas hacia su filosofía, pues Han presenta como indiscutibles sentencias que no parecen estar siempre demostradas con hechos firmes.

3 La sociedad del cansancio. Es este un fenómeno que Han atribuye principalmente al neoliberalismo, que habría llevado a la sociedad a un paisaje patológico de trastornos neuronales tales como la depresión, el déficit de atención, la hiperactividad o el síndrome de agotamiento crónico. Todas alteraciones causadas no por un trastorno, según Han, sino como consecuencia de un exceso de positivismo. Para el filósofo coreano, la mentalidad trabajadora, la libre competencia, la productividad y la creación de riqueza que establece el capitalismo, destruyen a los ciudadanos, provocando «depresiones y cáncer». Pero eso no es lo peor, sino el haber conseguido que el trabajador sea su propio explotador, exigiéndose cada vez más.

4 Totalitarismo invisible. Han sostiene que vivimos bajo una especia de dictadura, pero de nuevo cuño. Si el comunismo y el fascismo eran movimientos totalitarios que coaccionaban al individuo mediante la fuerza externa, el capitalismo actual se habría convertido en un sistema totalitario que aplica la fuerza internamente.

Para Han, la sociedad del trabajo que establece el capitalismo, la libre competencia, la productividad, la creación de riqueza, destruye a los ciudadanos

Aunque los recientes datos demuestran que la violencia y el crimen han decrecido en las últimas décadas a nivel mundial, Han defiende que esta no ha desaparecido, sino que se ha transformado. Ya no hay genocidios y grandes masacres porque no son necesarios, puesto que se ha inventado un sistema nuevo, mucho más sutil. La guerra ya no es la herramienta, sino la violencia sistémica, anónima, no revelada. Y la ejerce el propio individuo contra sí mismo. Un nuevo concepto inventado por Han que funciona a través de la libertad individual, que se traduce en esclavitud. La expresión de las propias ideas es para él, en realidad, una mordaza, y la violencia es interiorizada, por lo que no se puede luchar contra ella ni demostrarla.

5 Individualismo. El gran problema que nace del liberalismo (cuya principal característica es anteponer los derechos del individuo sobre los del colectivo), es el egoísmo. Eso ha provocado, para Han, que la gente solo viva de cara a sí misma, habiendo perdido los valores que antaño nos hacían vivir para los demás. Miramos únicamente por lo que nosotros queremos y luchamos por alcanzar nuestros objetivos particulares. Y son precisamente esos hábitos el origen de todos los problemas que tenemos.

La única cura para el filósofo coreano es cambiar ese sistema y vivir para los demás, lo que significa, obviamente, que también estos vivirán para nosotros.

6 Hipertransparencia. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente expuesta. Según Han, este es el resultado de la norma cultural creada por el capitalismo, que nos impulsa a la divulgación voluntaria de nuestra información. La transparencia ya no es en modo alguno una virtud, sino un arma para que nos abramos de par en par a expensas de valores sociales como la vergüenza, el secreto y la confidencialidad.

La exposición hasta el exceso (que tilda de «pornográfica») convierte todo en mercancía. Todo ha de ser entregado desnudo, sin misterios, listo para ser consumido de inmediato. Y esto mataría el placer, pues han sostiene que este exige cierto ocultamiento para existir. No todo ha de ser comprendido, no todo ha de estar disponible, no todo tiene por qué gustarnos.

Esto sería por tanto otra consecuencia del capitalismo, cuya mercantilización de la vida es inherente a sí mismo, matando el secreto y el misterio que ineludiblemente acompañan los trances más importantes de la existencia.

7 La agonía del Eros. Para Han la hipertransparencia es especialmente peligrosa en lo que al sexo y el amor se refiere, pues nos ha transportado a una sociedad tan sexualizada que terminará matando al amor, al erotismo y al deseo. Y puesto que el pensamiento se basaría en la oposición, en el deseo de lo que no entendemos, esta Agonía del Eros es, en realidad, una agonía del propio pensamiento.

8 Hipercomunicación. Internet, las redes sociales y, en general, toda la revolución digital habrían transformado y corrompido el fundamento de la sociedad. Existimos como un enjambre digital de individuos aislados, sin acción colectiva, sin sentido. Hemos generado una hipercomunicación que destruye el silencio, viviendo en un ruido constante que nos aturde y que nos impide cuestionarnos el orden establecido en que vivimos, el ya citado totalitarismo invisible.

Existimos como un enjambre digital de individuos aislados, sin acción colectiva, sin sentido, en un ruido constante que nos aturde

9 Críticas a su filosofía. Todas estas cuestiones han contado con múltiples detractores. Que Han, quien se estableció en Europa para disfrutar de la libertad que no tenía en la estricta sociedad coreana, intente repensar hoy el concepto de esa misma libertad, suena para muchos a novelización orweliana de la realidad («La libertad es esclavitud, la guerra es la paz, la ignorancia es la fuerza», ya saben). Todos los problemas que identifica Han serían culpa de la libertad alcanzada por la humanidad: la libertad para expresarse, para relacionarse, para innovar. Las redes sociales, unas herramientas que han puesto en conexión a millones de personas en todo el mundo, se descubren como algo opuesto, que margina y aísla al individuo. El sexo, libre y normalizado, alejado del yugo al que lo sometió la historia y la moral religiosa, es malo porque destruye el amor. La libertad para trabajar, para comprar, para movernos y alcanzar nuestras metas es esclavitud. Y la capacidad de cada uno para conocer los entresijos o trampas del sistema y adecuar sus acciones para evitarlas, supuestamente inexistente. Según Han estamos malditos por ser libres, pero, no tenemos libertad de acción para defendernos.

10 Las preguntas que su pensamiento provoca. ¿La gente ya no se relaciona? ¿Ya no se ama? ¿No debería poder alcanzar el límite de sus capacidades? ¿No tiene derecho a vivir su vida como quiera vivirla? Las nuevas opciones que se dan en nuestra época y que Han critica son nuevas formas de interacción a disponibilidad de los seres humanos, quienes libremente pueden decidir qué hacer al respecto.

Han achaca al capitalismo el ser un movimiento totalitario violento y silencioso, cuya mayor atrocidad es su principal virtud: la libertad y el derecho de cada persona a vivir del modo que prefiera mientras no ataque las libertades de quienes le rodean. Si eso no es libertad, ¿cuál es el modelo que nos ofrece Han?¿Es seguro tergiversar un concepto tan vital como la libertad? Todos los movimientos totalitarios que han existido han llegado de concepciones colectivistas, opuestas al individualismo. Regímenes que despreciaban al individuo por no ponerse al servicio de «el pueblo» y que justificaron así las mayores brutalidades de nuestra historia. La posición de Han, contraria a la idea de libertad imperante y socialmente aceptada, es vista con recelo por muchos.

Otro aspecto que llama la atención de su filosofía es la aparente incapacidad que tienen las personas para vivir, pensar, tomar decisiones. ¿Si conocemos el sistema, sus trampas y entresijos –que el explica en sus obras–, acaso no podemos prevenirlos? ¿Esa malvada libertad en que vivimos no nos da la posibilidad de responder al sistema? De las páginas de Han se extrae la definición del ser humano como un especie de robot, mutilado mentalmente, que no cuenta con voluntad propia alguna y que está totalmente supeditado al sistema opresor en el que está inmerso. Nos habla de sociedad del cansancio, de la hipertransparencia, de la autoviolencia, etc, pero niega la propia responsabilidad en esos fenómenos. ¿Acaso no tenemos responsabilidad sobre nuestras vidas? ¿Estamos sujetos a un destino imposible de alterar? ¿No decidimos nosotros mismos si hacemos horas extra, subimos fotos a Facebook, compramos un producto o decidimos si queremos una relación seria?

Estas y muchas otras reflexiones son las que giran en torno a la obra del popular filósofo, que ha conseguido atraer hasta sus libros tanto a aquellos que creen a pies juntillas sus planteamientos como a los que no ven más que fisuras en los mismos. Sea como fuere, no ha dejado a nadie indiferente y si quieres posicionarte no te queda más opción que esta: leerlo. Sólo así podrás decidir de qué lado estás.