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miércoles, 25 de agosto de 2021

Byung-Chul Han: Rendimiento y Poder

 

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Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicólogo Clínico Zaragoza. Gran Vía Y Online.    Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es    

No poder poder

La sociedad del rendimiento está dominada en su totalidad por el verbo modal poder, en contrapo­sición a la sociedad de la disciplina, que formula prohibiciones y utiliza el verbo deber. A partir de un determinado punto de productividad, la palabra deber se topa pronto con su límite. Para el incremento de la producción es sustituida por el vocablo poder. La llamada a la motivación, a la iniciativa, al proyecto, es más eficaz para la explotación que el látigo y el mandato. El sujeto del rendimiento, como empresario de sí mismo, sin duda es libre en cuanto que no está sometido a ningún otro que le mande y lo explote; pero no es realmente libre, pues se explota a sí mismo, por más que lo haga con entera libertad. El ex­plotador es el explotado. Uno es actor y víctima a la vez. La explotación de sí mismo es mucho [20] más eficiente que la ajena, porque va unida al sentimiento de libertad. Con ello la explotación también es posible sin dominio.

Foucault señala que el homo oeconomicus neo­liberal no mora en la sociedad disciplinaria, que, como empresario de sí mismo, ya no es un su­jeto obediente,[1] pero queda oculto para dicho autor que este empresario por cuenta propia en realidad no es libre, sino que simplemente cree serlo, cuando en verdad se explota a sí mismo. Foucault adopta un tono afirmativo frente al neo­liberalismo. Acepta sin crítica que el régimen neoliberal, como «sistema del Estado mínimo»,[2] como «administrador de la libertad»,[3] posibilita la libertad del ciudadano. Se le escapa por com­pleto la estructura de poder y coacción que hay en la proclamación neoliberal de la libertad. De esta forma, la interpreta como libertad para la libertad: «Voy a producir para ti lo que se requiera para que seas libre. Voy a procurar que tengas la libertad de ser libre».[4] La proclamación neoliberal de la libertad se manifiesta, en realidad, como un imperativo paradójico: sé libre. Precipita al sujeto [21] del rendimiento a la depresión y al agotamiento. En Foucault, la «ética del sí mismo» ciertamente se opone al poder político represivo, así como a la explotación por parte de otros, pero es ciega ante aquella violencia de la libertad que está en el fondo de la explotación de sí mismo.

Han Eros 1

El tú puedes produce coacciones masivas en las que el sujeto del rendimiento se rompe en toda regla. La coacción engendrada por uno mismo se presenta como libertad, de modo que no es reconocida como tal. El tú puedes incluso ejerce más coacción que el tú debes. La coacción propia es más fatal que la coacción ajena, ya que no es posible ninguna resistencia contra sí mismo. El régimen neoliberal esconde su estructura coac­tiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido (subject to), sino como desarrollo de un proyecto. Ahí está su ardid. Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esta culpa dondequiera que vaya. No hay nadie a quien pueda hacer responsable de su fracaso. Tampoco hay posibilidad alguna de excusa y expiación. Con ello surge no solo la crisis de culpa, sino también la de gratificación.

Tanto el desendeudamiento como la gratifi­cación presuponen la instancia del otro. La falta de vinculación al otro es la condición trascenden­tal de posibilidad para la crisis de gratificación y [22] de deudas. Estas crisis ponen de manifiesto que el capitalismo, frente a la suposición ampliamente difundida (por ejemplo, por Walter Benjamin), no es ninguna religion, pues toda religión ma­neja las categorías de deuda (culpa) y desendeu­damiento (perdón). El capitalismo es solamente endeudador. No dispone de ninguna posibilidad de expiación que libere al deudor de su deuda. La imposibilidad del desendeudamiento y de la expiación es responsable también de la depresión del sujeto del rendimiento. La depresión, junto con el síndrome del agotamiento, representan un fracaso insalvable en el poder, es decir, una insol­vencia fisica. Insolvencia significa, al pie de la letra, la imposibilidad de compensar (solvere) la deuda.

Han Eros 2

El Eros es, de hecho, una relación con el otro que está radicada más allá del rendimiento y del poder. El no poder poder es su verbo modal negati­vo. La negatividad de la alteridad, a saber, la atopía del otro, que se sustrae a todo poder, es consti­tutiva para la experiencia erótica: «La esencia del otro es la alteridad. Por ello, hemos buscado esta alteridad en la relación absolutamente original del Eros, una relación que no es posible traducir en términos de poder».[5] La absolutización del [23] poder aniquila precisamente al otro. La relación lograda con el otro se manifiesta como una es­pecie de fracaso. El otro aparece solo a través de un no poder poder.

¿Podemos caracterizar esta relación con otro median­te el Eros como un fracaso? Una vez más: sí, siempre que se adopte la terminología de las descripciones corrientes, que caracterizan lo erótico por el «apre­hender», el «poseer» o el «conocer». Pero en el Eros no hay nada de todo ello, ni tampoco su fracaso. Si fuese posible conocerlo, poseerlo o aprehenderlo, en­tonces ya no sería otro. Poseer, conocer, aprehender: sinónimos del poder.[6]

El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se puede consumir. En ese sentido, el otro ya no es una persona, pues ha sido fragmentado en objetos sexuales parciales. No hay ninguna personalidad sexual.

Han Eros 6

[24] Si el otro se percibe como objeto sexual, se erosiona aquella «distancia originaria» que, según Buber, es «el principio del ser humano» y constituye la condición trascendental de posi­bilidad de la alteridad.[7] La «distancia originaria» impide que el otro se cosifique como un objeto, como un «ello». El otro como objeto sexual ya no es un «tú». Ya no es posible ninguna relación con él. La «distancia originaria» trae el decoro trascendental, que libera al otro en su alteridad, es más, lo distancia. De esta forma, se hace po­sible la expresión en sentido enfático. Sin duda, se puede llamar a un objeto sexual, pero no se puede dirigirle la palabra como un tú personal. El objeto sexual no tiene ningún «rostro» que constituya la alteridad, la alteridad del otro que impone distancia. Hoy se pierden cada vez más la decencia, los buenos modales y también el distanciamiento, a saber, la capacidad de experi­mentar al otro de cara a su alteridad. A través de los medios digitales intentamos hoy acercar al otro tanto como sea posible, destruir la distancia frente a él, para establecer la cercanía. Pero con ello no tenemos nada del otro, sino que más bien lo hacemos desaparecer. En este sentido, [25] la cercanía es una negatividad en cuanto lleva inscrita una lejanía. Por el contrario, en nuestro tiempo se produce una eliminación total de la lejanía. Pero esta, en lugar de producir cerca­nía, la destruye en sentido estricto. En vez de cercanía surge una falta de distancia. La cercanía es una negatividad. Por eso lleva inherente una tensión. En cambio, la falta de distancia es una positividad. La fuerza de la negatividad consiste en que las cosas sean vivificadas justamente por su contrario. A una mera positividad le falta esta fuerza vivificante.

El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engen­drar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni ningún drama, sino una emoción y una excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya dema­siado negativo. Pero, precisamente, esta negati­vidad constituye el amor: «El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere».[8] La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión.

Han Eros 5

[26] El principio del rendimiento, que hoy do­mina todos los ámbitos de la vida, se apodera también del amor y de la sexualidad. En el super­venías Cincuenta sombras de Grey, la protagonista de la novela se admira de que su compañero se imagine la relación como una «oferta de empleo, con sus horarios, la descripción del trabajo y un procedimiento de resolución de conflictos bas­tante riguroso».[9] El principio del rendimiento no se compagina con la negatividad del exceso y de la transgresión. Por eso, entre «los acuerdos» a los que se obliga el sujeto («Sub») se encuentran: mucho deporte, comida sana y suficiente sueño. Incluso está prohibido tomar entre las comidas otra cosa que no sea fruta. La «Sub» ha de evitar también el consumo excesivo de alcohol, y no puede fumar ni tomar drogas. Incluso la sexuali­dad ha de someterse al mandato de la salud. Está prohibida toda forma de negatividad. Entre la lista de acciones prohibidas se halla también el uso de excrementos. Se elimina de igual modo la nega­tividad de la suciedad, simbólica o real. De esta forma, la protagonista se obliga a estar «limpia y depilada en todo momento».[10] Las prácticas s&m (sadomasoquistas) descritas en la novela no son [27] más que variedades de sexualidad. Les falta toda negatividad de la transgresión o infracción, que caracteriza todavía la erótica de la transgresión de Bataille. De esta forma, no se pueden traspasar los «límites duros» acordados de antemano. Y, además, las llamadas safeword[11] han de garantizar que esos límites no asuman una forma excesiva. Precisamente, el uso desmesurado del adjetivo «precioso» apunta al dictado de la positividad, que lo transforma todo en una fórmula de disfrute y consumo. Y así, en Cincuenta sombras de Grey se habla incluso de una «dulce tortura». En este mundo de la positividad solo se admiten cosas que pueden consumirse. Incluso el dolor ha de poder disfrutarse. Allí ya no existe la negatividad que en Hegel se manifiesta como dolor.

El presente disponible es la temporalidad de lo igual. En cambio, el futuro se abre al aconteci­miento, que es una absoluta sorpresa. La relación con el futuro es una relación con el otro atópico, que no podemos alcanzar en el lenguaje de lo igual. Hoy, el futuro deshace la negatividad del otro y se positiva como presente optimado, que excluye todo desastre. Y convertir lo que ha sido en objeto de museo aniquila el pasado. La negatividad, [28] como presente repetible, se despoja de la negatividad de lo irrecuperable. La memoria no es un órgano de mera reposición con el que podamos hacer presente lo pasado. En la memo­ria lo pasado cambia de continuo. Es un proceso progresivo, vivo, narrativo.[12] En eso se distingue del archivador de datos. En este medio técnico, a lo que ha sido se le quita toda vivacidad. Este medio carece de tiempo. Reina un presente total, que suprime precisamente el instante. El tiempo despojado del instante es tan solo aditivo, y ya no guarda relación con una situación. Como tem­poralidad del clic, carece de decisión y resolución. El instante se retira del clic.

Han Eros 4

El deseo erótico está ligado a una presencia especial del otro, no a la ausencia de la nada, sino a la «ausencia en un horizonte del futuro». El futuro es el tiempo del otro. La totalización del presente como tiempo de lo igual hace desaparecer aquella ausencia que sitúa al otro fuera de lo disponible.

[29] Levinas interpreta del mismo modo la caricia y la voluptuosidad como figuras del deseo erótico. La negatividad de la ausencia es esencial para ambas. La caricia es un «juego con algo que se escapa».[13] Anda buscando lo que sin cesar desaparece hacia el futuro. Su apetito se alimenta de lo que toda­vía no es. La ausencia del otro en medio de la comunidad de sentimiento constituye también la fuerza e intensidad del deleite. El amor, en la medida en que hoy no significa sino necesidad, satisfacción y placer, es incompatible con la sustracción y la demora del otro. La sociedad, como máquina de búsqueda y consumo, suprime el deseo dirigido al ausente, que, en cuanto tal, no puede hallarse, cogerse y consumirse. En cambio, el Eros despierta ante el «semblante», «en el que el otro se da y al mismo tiempo se oculta».[14] El «semblante» se contrapone diametralmente a la cara (face), que se expone como mercancía con una desnudez pornográfica y se entrega a una visibilidad y un consumo total.

Han Eros 7

La ética del Eros de Levinas ciertamente no contempla los abismos de un erotismo que se manifiesta como exceso y locura, pero llama la atención con insistencia sobre la negatividad [30] del otro, sobre la alteridad atópica, que está hoy en vías de desaparición en una sociedad que se vuelve cada vez más narcisista. La ética del Eros de Levinas puede reformularse, además, como una resistencia contra la cosificación económica del otro. La alteridad no es ninguna diferencia que pueda consumirse. El capitalismo elimina por doquier la alteridad para someterlo todo al consumo. El Eros es, asimismo, una relación asi­métrica con el otro. Y de esta forma interrumpe la relación de cambio. Sobre la alteridad no se puede llevar la contabilidad, ya que no aparece en el balance de haber y deber.


[1] M. Foucault, El nacimiento de la biopolítica, Buenos Aires, FCE, 2007, p. 310.

[2] Ibid., p. 41.

[3] Ibid., p. 84.

[4] Ibíd.

[5] E. Levinas, El tiempo y el otro, Barcelona, Paidós-iCE uab, 1993, p. 131.

[6] Ibid., p. 133.

[7] Cf. M. Buber, Diálogo y otros escritos, Zaragoza, Río Piedras, 1997.

[8] E. Levinas, op. cit., p. 131.

[9] E.L. James, Cincuenta sombras de Grey, Barcelona, Gri- jalbo, 2012.

[10] Ibid.

[11] Palabras usadas para indicar al compañero sexual que cese en su actividad (N. del T.).

[12] Así escribe Freud a Wilhelm Fliess: «Tú sabes que tra­bajo con el supuesto de que nuestro mecanismo psíquico se ha generado por estratificación sucesiva, pues de tiempo en tiempo el material preexistente de huellas mnémicas experimenta un reordenamiento según nuevos nexos, una retrascripción. Lo esencialmente nuevo en mi teoría es, entonces, la tesis de que la memoria no preexiste de manera simple, sino múltiple, está registrada en diversas variedades de signos». Cfr. S. Freud, Obras completas, volumen 1, Buenos Aires, Amorrortu, 2001, p. 274-275.

[13] E. Levinas, op. cit., p. 133

[14] Ibid., p. 120.

viernes, 23 de julio de 2021

Byung-Chul Han: Neoliberalismo y Trastorno Mental

 

Instagram: @psicoletrazaragoza

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Teléfono: 653 379 269





Doctorado en la Universidad de Friburgo en Alemania Byung Chul Han es de Corea del Sur. Su trabajo de investigación, con el que obtuvo el grado, es sobre el pensamiento de Martin Heidegger en 1994. Mintió, a sus padres, para estudiar filosofía y abandonó sus estudios de metalurgia.

Publicó dos libros que le valieron fama mundial. La sociedad del cansancio, traducida al español en 2012, y La sociedad de la transparencia, traducida en 2013. Chul Han es un fenómeno editorial: al publicarse La sociedad del cansancio el libro se agotó en dos semanas.

Chul Han se convirtió en un fenómeno al analizar los mecanismos de opresión psicológicas y tecnológicas del capitalismo neoliberal. Recurriendo a la obra de Michel Foucault, Giorgio Agamben, Walter Benjamin analiza las enfermedades del siglo XXI, las repercusiones de las redes sociales en el individuo y los sutiles pero efectivos mecanismos de opresión el capitalismo neoliberal.

Enfermedades del siglo XXI

La tesis central de Chul Han en la “sociedad del cansancio” es que pasamos a una sociedad superior en mecanismos de opresión a la que describió Michel Foucault y la escuela “post estructuralista”. Para el autor de Arqueología del saber el “sujeto” había terminado y la destrucción de la soberanía del ser, o del albedrío, y fue reemplazado por el biopoder (forma capital de imposición de la disciplina) por medio de las instituciones y dispositivos. Esta concepción de poder, “post moderna”, remplazó la idea de cambiar el mundo por un “grado cero” del problema de la estrategia.

Foucault olvida el poder concentrado del estado capitalista, “monopolio de la violencia” en Karl Marx, y su pensamiento derivó en un escepticismo de la posibilidad de cambiar el mundo. El poder, como biopoder, disciplinario de los cuerpos aparece en la obra foucaultiana imposible de subvertir. En todo caso la misión del intelectual es la de describir los mecanismos de opresión de las instituciones modernas: la clínica, la fábrica, la sexualidad, la escuela, la prisión.

De la sociedad “disciplinaria”, se pasó, según Chul Han, a la sociedad del rendimiento. Si en el pensamiento de Foucault se llegó al fin del sujeto que es oprimido por las instituciones en el tiempo actual el verdugo y opresor es “uno mismo”. Según Chul Han las enfermedades del siglo XXI son el “burnout” o síndrome de estrés, el trastorno de bipolaridad, personalidad limítrofe y depresión.

El neoliberalismo reconfiguró a los sujetos, sugiere Chul Han, bajo el aumento de una potencia subjetiva. En medios de comunicación, publicidad, en la escuela y en el trabajo, en la familia, todos estamos presionados a poder ejercer efectivamente, bajo la égida del discurso del libre mercado, nuestros deseos, proyectos y aspiraciones. Con el discurso del mérito, meritocracia, del emprendimiento, cada uno de nosotros es capaz de cumplir sus sueños: todo es posible en el neoliberalismo siempre y cuando uno se esfuerce lo suficiente.

Este tipo de sociedades, de rendimiento absoluto, generó que las enfermedades más comunes entre la juventud, la clase media y los trabajadores sea la depresión y la sensación al fracaso. El cansancio crónico de lograr los objetivos, el ejercicio de presión permanente entre los asalariados para conseguir los resultados en los call centers, en la fábrica, en la escuela, y aumentó los niveles de enfermedades neuronales: el “burnout” el más emblemático. A diferencia de una sociedad disciplinaria, dice Chul Han, la sensación de fracaso y depresión viene de un yo interno, el rendimiento, y la opresión viene de uno mismo no del exterior.

“En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Así, uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio.” (Chul Han, 2012: 48).

Las enfermedades del “burnout” o síndrome de estrés, el trastorno de bipolaridad, personalidad limítrofe y depresión son las enfermedades del Siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud la depresión afecta a 350 millones de personas en el mundo. En el mundo de la docencia y la medicina el síndrome de “cabeza quemada” (cansancio físico, mental por estrés laboral) llega a niveles espeluznantes. En Estados Unidos el 70% de médicos tiene “burnout”. En noviembre de 2016 una nota esclarecía los aumentos de enfermedades neuronales “No damos abasto con la cantidad de psicólogos y psiquiatras que se necesitan”.

China: suicidios por depresión

En algo, considero, se equivoca Chul Han. No liquida su aportación (la relación entre neoliberalismo y depresión) pero la explotación del patrón y de los jefes en el individuo genera, también los síndromes neuronales y es su principal causante. El ejemplo más emblemático de los tiempos que corren es el caso de China: el modo Foxconn.

Con la restauración del capitalismo en China el país se convirtió en un paraíso de mano de obra barata. El taller del mundo sufrió un extraño patrón: el aumento de suicidios de jóvenes obreros que no aguantaban el ritmo de la fábrica, del acoso de los patrones y sus jefes.

El caso emblemático de Xu Lizhi, poeta obrero que trabajaba para Apple, es el síntoma y resumen de una generación alienada en el trabajo del capitalismo. Marx llamó al proletariado la clase con las “cadenas radicales” la que sufre mayor explotación en el modo de producción capitalista. En la Apple, con unos 8 mil obreros, por lo menos unas decenas se suicidaron, luego de un largo periodo de depresión. El poeta, de 24 años, expresaba que la fábrica aliena “Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./ Me han entrenado para ser dócil./ No sé gritar o rebelarme,/ cómo quejarme o denunciar,/ sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento".

Con la crisis de 2008 los patrones han aumentado la extracción de plusvalía de la clase trabajadores aumentado los niveles de explotación redoblada de la fuerza de trabajo. La inexistencia de sindicatos, contratos colectivos, aumentos de la jornada laboral, salarios raquíticos, la desaparición del derecho a la jubilación, la precarización del trabajo son formas de aumentar la extracción de plusvalia en el neoliberalismo. Las enfermedades descritas por Chul Han adquieren una fuerza e intensidad mayor en las filas de los asalariados: la explotación en la fábrica genera este tipo de fenómenos aberrantes que obligan a imaginar una sociedad enteramente nueva.

Son motivos centrales para pensar la urgencia de cambiar el mundo. En un mundo que genera depresión y sentimientos de fracaso es imperante luchar por un mundo enteramente nuevo. Por un mundo en el que “cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Herder, Madrid. 2012.