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Paz y Ciencia

sábado, 15 de febrero de 2020

Ansiedad y Herencia


 

En su libro sobre la ansiedad, Daniel y Jason Freeman indican que los trastornos de este tipo son "moderadamente heredables". Es decir: "Existe entre el veinte y el cuarenta por ciento de probabilidades" de que se transmitan de generación en generación. También apuntan que algunos de  los estilos de pensamiento característicos de personas con problemas de ansiedad también son "moderadamente heredables". En definitiva, la ciencia considera que nuestros genes juegan un papel  en determinar nuestros niveles de ansiedad. Sin embargo, todavía desconoce de qué genes en concreto estamos hablando.

Pero, ¿la ansiedad es pura biología? La respuesta es "no". En general, la medicina y la psicología distinguen entre los trastornos de ansiedad genéticos, con base biológica, y los trastornos de ansiedad por un problema adaptativo: porque no nos hemos adaptado bien a estas exigencias del entorno.

Así de bien ambas corrientes el psiquiatra Diego Figueroa en un reportaje del escritor Juan José Millás sobre la ansiedad: "En la psiquiatría, por lo general, se piensa que hay un componente físico o biológico que hace que unas personas sean más propensas a padecer ansiedad que otras", contaba Figueroa. "Lo importante -añadía- sería nuestra vulnerabilidad bioquímica por factores que no se conocen bien y que se estudian por parte de las grandes corporaciones, sobre todo por parte de los laboratorios farmacéuticos, que están muy interesados en medicalizar la ansiedad como se medica cualquier enfermedad de origen orgánico".

La otra corriente, continuaba: "La representan quienes pensamos que la ansiedad y la enfermedad mental en general hay que verlas a la luz de la complejidad. Los que decimos que la vulnerabilidad a la ansiedad está constituida por la suma de factores, por acumulación no lineal".

Entre estos factores que suman, enumeraba el psiquiatra, están el momento político (que nos puede poner a todos muy ansiosos, sin duda), el entorno social y, por supuesto, el factor de la crianza: "Pues en función de cómo te han criado eres más frágil o más resistente a la ansiedad". Y "una buena crianza -aseguraba el doctor Figueroa- puede reducir los factores de la herencia genética".

Rodrigo Córdoba Sanz. Nº Col.: A-1324
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La Amígdala: Un arma de doble filo



"El problema es que la amígdala no le importa las veces que te hayas equivocado al evaluar un peligro. No le importa si reaccionas de forma exagerada y la realidad es que el niño está perfectamente seguro", ilustra Stella O'Malley. No, la amígdala trabaja como un "piloto automático" cuya función es preguntarse, sin descanso, si estamos seguros. Su tarea es mantenernos con vida y, por defecto, reacciona ante lo que percibe como una amenaza. El problema es que no sabe distinguir entre las reales y las falsas. No le importa provocarte constantemente reacciones exageradas ante situaciones de peligro que no lo son. No le importa que uno se ponga ansioso por su culpa y que, en consecuencia: "Te estés convirtiendo en una carga para ti y los que te rodean", observa la psicóloga.

Es nuestro "cerebro pensante" el que tiene que ser capaz de distinguir entre las amenazas falsas y reales. El que tiene que darse cuenta de que esa forma que, de primeras, has confundido con una araña y te ha acelerado el corazón es, en realidad, una madeja de lana negra. O que ese ruido que te llena de inquietud en medio de la noche no es más que un portazo causado por el viento.

Esa regulación de las emociones, ese pensamiento consciente, tiene lugar en los lóbulos frontales, ubicados en el neocórtex de nuestro cerebro; su parte más evolucionada. Son asistidos por el hipocampo, un órgano asociado a la memoria a largo plazo. Y es esa parte racional la que debemos entrenar para dominar a nuestra amígdala desatada, gobernada por el instinto básico de supervivencia. Y para, de este modo, poder controlar nuestros miedos y ansiedades.

"La capacidad de distinguir entre las amenazas falsas y reales es la que nos permitirá tener una existencia ansiosa e infeliz o una existencia tranquila y feliz", resume Stella O´Malley.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
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Ansiedad. Definir lo intangible 3



En su célebre libro "Inteligencia Emocional", Daniel Goleman llama a la amígdala "la sede de todas las pasiones" y reconoce el papel del neurocientífico LeDoux en descubrir su rol fundamental en el cerebro emocional. Nacido en 1949, LeDoux empezó a interesarse por "el viscoso y arrugado cerebro" en la carnicería de su padre, en su Luisiana natal. Tras una brillante trayectoria académica, se especializó en el funcionamiento de las emociones, y puso énfasis en el miedo y la ansiedad. Fue él quien, dentro del sistema límbico, identificó la función de la amígdala y la bautizó como "nuestra computadora emocional". Demostró que esta pequeña estructura es la que gobierna nuestras emociones y tiene un papel determinante en nuestras reacciones de huida y anticipación. Y no sólo de los humanos: la amígdala es también la responsable de las reacciones de miedo y ansiedad en todas las especies que la tienen, como otros mamíferos, los pájaros y los reptiles.

Según LeDoux, en la amígdala se almacenan, a modo de hemeroteca, gran cantidad de memorias inconscientes relacionadas con el miedo. Por todo ello, juega un papel fundamental en el procesamiento de nuestras respuestas emocionales, ya seamos niños, jóvenes, adultos o ancianos, y también en nuestra supervivencia. De hecho, cuando una persona percibe una señal de peligro, la amígdala se dispara para que actuemos: es la responsable de iniciar la reacción conocida como "de lucha o huida" (fight-or-flight, en inglés) que ha logrado que, como especie, todavía estemos aquí.

Gobernado por la amígdala, nuestro cerebro emocional tiene la habilidad de estimar una potencial situación de peligro -para nosotros u otras personas cercanas- con sorprendente celeridad. Y también de reaccionar con una rapidez inusitada. La amígdala actúa antes de pensar: toma las decisiones antes de que lo haga el neocórtex, que es nuestro "cerebro pensante".

"Cuando se dispara, la razón y la lógica desaparecen", escribe la psicóloga Stella O´Malley en su libro Fragile. "La amígdala tiene como prioridad esa emergencia que ha detectado y anula las partes más racionales del cerebro". Por eso hay mucha gente que se siente como "secuestrada por la amígdala", porque actúa sin pensar, instintivamente. A veces, con sobradas razones. Otras, no tanto.

Porque, en ocasiones, la amígdala nos es muy útil, sí. Gracias a ella huimos de los citados depredadores en el Paleolítico o, como padres, tenemos unos reflejos de superhéroes al impedir, por ejemplo, que un niño cruce la calle sin mirar o caiga a la piscina. Sin embargo, este órgano también tiene su lado oscuro: a menudo, nos pone en alerta de forma innecesaria, lo que nos provoca ansiedad.

Rodrigo Córdoba Sanz. Nº Col.: A-1324
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Ansiedad. Definir lo Intangible 2




El psicólogo Francisco Javier Espada Largo, observa "que a lo largo de la historia el término ansiedad ha estado envuelto por una gran ambigüedad". Esta ambigüedad ha estado motivada "no sólo por las diferentes aproximaciones al fenómeno de las distintas corrientes teóricas", sino también por los distintos términos que se han utilizado para referirnos a ella. Y es que tanto desde el punto de vista etiológico (la ciencia que estudia el origen de las enfermedades) como desde el punto de vista etimológico (el que explica la procedencia de las palabras), la ansiedad se describe con varios vocablos. Miedo, angustia, temor, tensión, desazón o estrés son palabras que en ocasiones se utilizan como sinónimos y que pueden crear confusión.

Enrique Rojas ya señala que en gran parte de la literatura médica, angustia y ansiedad son sinónimos y que, de hecho, en algunos idiomas, como en el alemán, sólo existe un vocablo que agrupa indistintamente a las dos. No es así en francés (angoisse y anxiété) ni en inglés (anguish y anxiety), tampoco en italiano (angoscia y ansia), catalán (angoixa y ansietat) o español (angustia y ansiedad). De todos modos, el propio Rojas destaca que, en psiquiatría, ambos términos a menudo se utilizan de forma indistinta.

Con respecto a la distinción entre miedo y ansiedad, los límites son más claros. Francisco Mora Teruel nos explca: "El miedo, frente a la ansiedad, tiene una mayor especificidad en cuanto a que implica que se reacciona frente a algo concreto, frente a una amenaza a corto o largo plazo de la que conoce el origen". En la ansiedad, en cambio, esto no sucede: "Es más sutil. Es algo que te hace estar en una situación de expectativa, pero que no te permite la relajación. Ese es el estado ansioso".

Enrique Rojas también las distingue: "Podríamos decir, simplificando en exceso los conceptos, queel miedo es un temor con objeto, mientras que la ansiedad es un temor impreciso, carente de objeto exterior", escribe el psiquiatra.

Para la psicóloga Agnès Brossa, "ansiedad" sería el término que engloba otros conceptos relacionados con esta, como el miedo, la angustia y el estrés. De hecho, señala: "Dentro del DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, se les llama trastornos de ansiedad".

Incluso para aquellos que la han sufrido con frecuencia -y virulencia-, la ansiedad es algo difícil de describir. "Yo entiendo emociones como la tristeza, el dolor y la rabia, y las sé explicar y metabolizar, más o menos. Pero con la ansiedad me siento inerme, me siento sin recursos" -me asegura la periodista y escritora Sabina Pons- "Es como no hallar la paz, es como tener una marejada dentro de tu cuerpo. La sangre, en vez de circular, va como oleadas. No hay sosiego. Yo la veo incompatible con la felicidad".

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viernes, 14 de febrero de 2020

Ansiedad. Definir lo intangible




"La ansiedad es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, inconcreto, indefinido, que, a diferencia del miedo no tiene una referencia explícita". Enrique Rojas

"La ansiedad ese ese miedo subterráneo, no definido, que nos hace estar inconscientemente expectantes ante cosas que van a suceder y que refieren a la inseguridad que sientes en los ambientes en que te mueves".
Francisco Mora Teruel.

Jorge L. Tizón, describe la ansiedad "como esa especie de intranquilidad, zozobra, sensación de temor o aprensión difusa que va ligada a una serie definida de cambios corporales.

Es decir, la ansiedad sería el mecanismo que traemos con nosotros y que se desencadena ante cualquier tipo de emoción, incluso con la alegría. "Se considera que el aumento excesivo de la ansiedad es lo que produce los trastornos mentales. Cuando tenemos una una emoción fuerte, sea la que sea, - miedo, asco, irá, pero también amor o placer-, nos ponemos ansiosos", resumía Tizón.

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jueves, 13 de febrero de 2020

La importancia del entorno




Hay errores que no se deben cometer, así como líneas maestras de conducta que es necesario conocer si se quiere ayudar a un deprimido a salir de su estado. No se puede hacer un inventario de consejos, pero sí analizar lo fundamental de la conducta más adecuada y sobre todo la importancia del entorno del deprimido.

Entre las trampas que hay que evitar, la más grave es infravalorar la depresión y, sobre todo, ignorar su principal peligro: el suicidio.

Ciertas actitudes son peligrosas, ya que pueden cronificar los trastornos. Una actitud maternal y una protección excesiva del deprimido no lo alivian, pues el hecho de asumir sus funciones en su lugar, de desembarazarlo de toda responsabilidad y de situarlo en un contexto de pasividad son medidas que, tomadas aisladamente, aumentan su impresión de incapacidad y de infravaloración, y no disminuyen la pérdida de tono vital de la que se queja.

La compasión y la reafirmación sistemáticas son igualmente ineficaces ante un deprimido ansioso, a menudo ávido de numerosos y especializados chequeos de su salud que, para su decepción, la mayoría del tiempo serían normales.

La reacción inversa, que consiste en ignorar la depresión o no darle importancia achacándola al cansancio o a un simple desaliento transitorio que se puede superar si se quiere, es asimismo inútil, pues la falta de arrojo es la consecuencia y no la causa de la depresión. Acusar al deprimido de pereza no hace más que acrecentar su culpabilidad y reforzar su depresión.

En todos los casos, las reacciones inadecuadas aumentan la impresión de no ser comprendido y la inquietud del enfermo.

Una depresión, cuando es extremadamente penosa de soportar para el interesado, también lo es para los que lo rodean. Estos últimos se encuentran a menudo impotentes, pues el deprimido se repliega sobre sí mismo y es difícil comunicarse con él.

Apoyar al deprimido es indispensable, pero sostener también a los que le rodean resulta esencial, pues éstos deben adoptar una actitud benévola y tolerante para reanudar el diálogo. En efecto, el deprimido se infravalora y está convencido de su incapacidad, así como de su culpabilidad. Debe recuperar la confianza en sí mismo y verse en su justo valor.

Nunca serán demasiadas las veces que se señale el carácter nefasto de lugares comunes como con todo lo que te da la vida, no tienes derecho a deprimirte o no te falta nada para ser feliz.


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martes, 11 de febrero de 2020

Las enfermedades psíquicas y la Depresión




Las enfermedades psíquicas

La depresión puede ser consecuencia de un trastorno psíquico.

- La esquizofrenia, es una enfermedad mental que afecta al 1% de la población y se inicia en el adolescente o en el adulto joven. Su mecanismo es desconocido y conlleva, por una parte, una ruptura, una escisión de la actividad mental. Existe pérdida de la cohesión del pensamiento (las ideas se encadenan mal y su conjunto es hermético para la comprensión), un desapego afectivo y, por otra parte, un delirio.

El déficit intelectual es progresivo, sin regreso al estado anterior. El paciente se desalienta ante la dificultad para ordenar sus ideas, el vacío interior y la impotencia para luchar contra estas modificaciones, lo que origina una depresión.

La depresión del enfermo esquizofrénica se denomina depresión atípica.
El tratamiento con neurolépticos, recomendado en las esquizofrenias, es también responsable de los trastornos del estado de ánimo y se estima que, al menos, un 10% de las personas con esquizofrenia tratados pasarán por una depresión.

- Las neurosis (de angustia, histéricas, obsesivas o fóbicas) pueden estar teñidas por una evolución depresiva. Las neurosis son trastornos psicológicos que tienen su origen en la infancia y en la evolución afectiva del individuo. Estos trastornos son responsables de síntomas en las que el sujeto es consciente y se queja, pues se siente mal en su existencia y pide ayuda para vencerlos. Se distinguen cuatro tipos:

- la neurosis de angustia, descrita por Freud como excitabilidad general, estado ansioso, acceso de angustia aguda...
- la neurosis histérica se caracteriza por una tendencia a expresar las emociones con teatralidad e hiperexpresividad, una gran variabilidad de los síntomas en función del contexto, una dependencia afectiva excesiva, manifestaciones físicas (ceguera, parálisis...) llamados trastornos de conversión, y que no corresponden a una lesión orgánica.
- la neurosis obsesiva se caracteriza por ideas obsesivas que irrumpen en la mente del sujeto, así como compulsiones, acciones que el individuo se siente impelido a realizar para que disminuya su ansiedad, pero cuyo carácter absurdo reconoce.
- la neurosis fóbica se caracteriza por un miedo-pánico a ciertas situaciones (ascensor, grandes superficies, embotellamientos, reunión pública, metro...) o ciertos objetos (cubos de basura, fobia a los microbios y las enfermedades) o animales (perros) que conllevan una modificación de los comportamientos para evitar enfrentarse a estas situaciones estresantes.

- El alcoholismo, a veces posterior a la depresión, puede ser también la causa, ya sea por efecto directo del alcohol sobre el humor, ya sea por reacción ante la degradación física, social, profesional y familiar. El alcoholismo femenino parece más asociado a la depresión que el alcoholismo masculino.
La depresión puede presentarse durante la intoxicación alcohólica, durante el síndrome de abstinencia (y desaparece después de algunas semanas).

- La toxicomanía está asociada frecuentemente a la depresión. La ingesta regular de psicofármacos y de anfetaminas, así como la privación de drogas, en particular los opiáceos produce problemas emocionales y conductuales, así como marginación social.

- Los trastornos de personalidad están a veces asociados a los trastornos afectivos. En ciertos casos, la impulsividad de estos individuos, así como el mal control de su violencia, conducen a impulsos heteroagresivos, con violencia a terceros o autoagresividad (automutilación o suicidio).

- La demencia es un deterioro global, progresivo e irreversible de las funciones cognitivas superiores. Se traduce en trastornos de la memoria, del juicio y del razonamiento, dificultades para adquirir nuevos conocimientos, para calcular, y alteraciones de la personalidad que entorpecen la vida diaria.

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