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Paz y Ciencia

domingo, 5 de julio de 2020

Slavoj Zizek: Pandemia



¡Pandemia! El Covid-19 sacude el Mundo

“Hoy, sin embargo, en medio de la epidemia del coronavirus, todos estamos bombardeados precisamente por llamadas a no tocar a los demás sino para aislarnos, para mantener una distancia corporal adecuada. ¿Qué significa el mandato “no me toques”? Las manos no pueden llegar a la otra persona; sólo desde el interior podemos acercarnos los unos a los otros, y la ventana hacia “dentro” son nuestros ojos. En estos días, cuando conoces a alguien cercano (o incluso un extraño) y mantienes una distancia adecuada, una mirada profunda a los ojos del otro puede revelar más que un íntimo roce.”

Así comienza Slavoj Žižek su más reciente libro Pandemic! Covid-19 Shakes the World en el cual, sin abandonar su estilo circular y repleto de referentes filosóficos y culturales, el autor se adentra en la comprensión del Covid-19.

“Hegel escribió que lo único que podemos aprender de la historia es que no aprendemos nada de ella, así que dudo que la epidemia nos haga más sabios. Lo único que está claro es que el virus romperá los cimientos de nuestras vidas, causando no sólo una inmensa cantidad de sufrimiento sino también estragos económicos posiblemente peores que la Gran Recesión.”

La obra nos llega traducida gracias al colectivo So on in spanish y con diseño interir y de cubierta de CEOPS (Centro De Estudios De Orientación Psicoanalítica).

Slavoj Žižek es un filósofo, psicoanalista y crítico cultural. Ha sido considerado el Elvis de los estudios culturales. Nació el 21 de marzo de 1949 en Ljubljana, en aquel momento parte de Yugoslavia y hoy Eslovenia. Completó una maestría en filosofía en 1975 con una tesis sobre estructuralismo francés. Más tarde terminó su doctorado en filosofía (1981) con una disertación sobre el idealismo alemán. El filósofo esloveno se describe a sí mismo como “marxista complicado.” Ha publicado más de 80 libros y colecciones de ensayos, incluyendo El sublime objeto de la ideología, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock, entre otros.

Datos del Libro: Žižek, Slavoj. (2020). Pandemic! Covid-19 Shakes the World. OR Books. 120 pages. ISBN 978–1–68219–301–3. E-book 978–1–68219–246–7

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza N° Col : A-1324

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Thomas Merton




Tomás Merton, el monje trapense cuya autobiografía “La montaña de los siete círculos”, lo lanzó a la fama, siguió siendo un hombre de contradicciones, incluso después de que entró en el monasterio trapense en 1941: sufrió con su propia vocación mientras predicaba las virtudes de la vida monástica, discutía con sus superiores mientras escribía sobre el valor de la obediencia, deseaba viajar mientras aprovechaba a fondo su encierro monástico, buscaba la compañía de los demás y al mismo tiempo amaba su soledad y proyectaba libro tras libro incluso pensando que escribir lo ponía en tentación de la soberbia.

Precisamente estas contradicciones fueron las que me atrajeron de Merton. Al verlo alguien podría detenerse a pensar, "sí, este hombre de opuestos, este monje orgulloso y fanfarrón, que a veces estaba muy poco dispuesto a escuchar consejos, a veces demasiado ensimismado, a veces rencoroso, también fue un hombre santo. Se dedicó a Dios y a la Iglesia, siendo útil para mucha gente, generoso con su talento, tiempo y oraciones, deseaba la paz de todos los que conoció". Me llena de esperanza que alguien tan humano pudiera ser un santo.

En Merton vemos tanto la santidad como el pecado y yo me pregunto si no será así como nos ve Dios.

La paradoja final de la vida de Merton sucedió en 1968, cuando después de años rompiendo lanzas con sus superiores, finalmente se le dio permiso para dejar el monasterio para realizar un viaje a Asia. En el camino se detuvo en un pueblo llamado Polannaruwa en Sri Lanka. Ahí se detuvo ante unas estatuas inmensas del Buda donde se sintió invadido de un sentimiento de gracia y de alegría como no lo había experimentado jamás. “Mirando estas estatuas” – escribió, “súbitamente sentí que me limpié casi a fuerzas de esa visión medio ciega de las cosas y que una claridad más profunda brotaba de las túnicas mismas para presentárseme evidente y obvia”.

Unas semanas después, el 10 de diciembre de 1968, en una conferencia ecuménica en Bangkok, mientras tomaba un baño para refrescarse del día cálido, se resbaló en la bañera, tocó un ventilador eléctrico y se electrocutó.

Así el devoto monje católico tuvo una experiencia mística frente a una estatua budista en Sri Lanka. El hombre que hizo voto de estabilidad en un monasterio en Kentucky murió en Bangkok a miles de kilómetros de distancia y fue llamado a casa por el Único a quien siguió en medio de tantas contradicciones.

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Slavoj Žižek




Slavoj Zizek: “La gente está drogada, dormida, hay que despertarla”.
El filósofo esloveno dice que no defiende el viejo comunismo, sino un nuevo comunalismo globalista. Los nuevos retos, afirma, son la ecología, renovar el Estado del Bienestar y evitar la “guerra digital cognitiva”

Slavoj Zizek, el gran provocador. Genial, paradójico, contradictorio, torrencial, mediático. Las reflexiones sobre la actualidad de este filósofo esloveno de 69 años, posmarxista, psicoanalítico, cinéfilo hasta el infinito y enamorado de los chistes como espejo cóncavo de la vida siguen provocando pasiones. Jamás deja a nadie indiferente.

El autor del trepidante Problemas en el paraíso, entre otros muchos títulos, acaba de publicar dos libros: El coraje de la desesperanza (Anagrama) y una minisíntesis de su obra (“siempre me canibalizo, me autoplagio”, alega). La titula La vigencia de ‘El manifiesto comunista’, aunque en ella sostiene que “hoy en día el comunismo no es el nombre de una solución, sino el nombre de un problema”. Desmadejado y de verbo seductor, nos recibe entre sus libros, en su casa de Liubliana.

PREGUNTA. Usted dio la bienvenida a Donald Trump.

RESPUESTA. Porque Trump es una bendición, aunque protagoniza un tipo de conducta horrible, capaz de todas las rupturas. Precisamente por eso puede despertar, desencadenar, alguna reacción.

Lo que hace Trump es una locura, pero antes ocurría lo mismo paulatinamente. Con el medio ambiente, con todo. Algunos izquierdistas hacen comparaciones erróneas. Si te disgusta Trump o el nuevo autoritarismo, y eres vago para analizarlo, la analogía es cómoda: “¡Oh, es fascismo!”.

Esa analogía con los años treinta es demasiado sencilla. Es más adecuado remitirnos a la decadencia anterior a la Primera Guerra Mundial cuando, igual que hoy, todos se preparaban para la guerra, pero nadie la creía posible.

P. La tesis leninista de “cuanto peor, mejor” nunca trajo nada bueno.

R. Lenin sostuvo que la guerra era buena porque traería la revolución. Dudo que ahora una guerra aportase nada. Mi afirmación era específica para EE UU, no para otros casos.

Ahora están pasando cosas cruciales en el Partido Demócrata, surgen los nuevos demócratas de izquierdas. Eso no habría ocurrido sin Trump.

Fue quien rompió el consenso liberal centrista. Las democracias son homogéneas y funcionan muy bien; todas las luchas se producen compartiendo un trasfondo de valores y procedimientos. Por eso cuando la derecha llegó por primera vez al poder en Suecia, mantuvo el sistema socialdemócrata. Republicanos y demócratas también compartían muchas cosas. Ahora ese pacto se está quebrando.

P. Mientras, mucha gente sufre más con Trump que sin él. Esa pretendida buena noticia cuesta cara a ciudadanos concretos.

R. Sí, pero no idealice el estado de las cosas antes de Trump. ¿Qué le llevó al poder? El abandono a la clase media y baja. Este proceso ya existía antes. No culpe de todo a Trump. ¿De dónde llegó? ¿De la luna?

P. Es al revés, la reforma sanitaria de Obama protegía a la clase media baja.

R. Estoy de acuerdo en que la señal de Trump puede ser extremadamente peligrosa. EE UU atraviesa un estado de guerra civil fría interna. Las corrientes políticas no hablan el mismo lenguaje.

No pueden pactar. Eso no durará. Habrá que ir hacia otro consenso, que será más radical, algo más a la izquierda. Ya ocurre con Sanders y sus seguidores. O con el milagro de Jeremy Corbyn.

P. ¡Vaya milagro! No es un heraldo del futuro, sino del pasado.

R. Le entiendo, ni siquiera tiene grandes ideas. Pero es un milagro en el sentido de que nadie lo habría previsto hace 10 años. Vivimos una época extraña. Muchas socialdemocracias eran más radicales hace medio siglo que los Sanders o Corbyn de hoy.

P. Usted sostiene que los problemas de la inmigración no son solo culpa nuestra, sino también de ella.

R. Por decir esto, ¿sabe cuántos izquierdistas ya me tildan de neofascista? El gran error de la izquierda no es pensar que no hay problemas, sino que el único culpable es nuestro racismo, que nuestro colonialismo ha provocado la desgracia en todo el mundo, por tanto, pase lo que pase, somos culpables. Que no somos bastante abiertos para integrar a los inmigrantes. ¿Por qué suponemos que quieren integrarse? Muchos no quieren, prefieren mantener su estilo de vida. No forman un grupo único. En Alemania muchos jóvenes se vuelven más radicales que sus padres.

P. Entonces, ¿hay que cerrar fronteras?

R. No. Yo abogaría por una cierta apertura. Pero con condiciones. Primero, moralizar el problema de aceptar o no a los inmigrantes es erróneo. Debemos pensar de una manera más estratégica: ¿por qué vienen? Repensemos nuestra política en Siria, Irak, Libia, Yemen. Vienen.

Forman parte del problema del mal funcionamiento del capitalismo actual. No es solo un problema moral. Sino económico. Segundo, asumamos que hay un conflicto entre estilos de vida. Deberíamos admitir que hay un auge del fundamentalismo en todo el mundo. Que explosiona como reacción al progreso occidental en los derechos de los homosexuales, los transexuales…

P. También vienen por causas políticas, les atrae la libertad europea.

R. Eso ya es más problemático.

P. Huyen de la guerra, así que vienen por la libertad.

R. En principio, sí. Estoy de acuerdo…, pero ¿qué quiere decir con libertad? ¿Nuestra libertad?

P. Sí. Hablar con libertad, publicar como usted publica…

R. Estoy de acuerdo, solo me pregunto si la mayoría… Usted idealiza la situación. A la mayoría de la gente que viene, los refugiados pobres, le preocupa la seguridad y el hambre, pero dudo hasta qué punto viene por la libertad en nuestro sentido occidental.

P. Hay muchos que quieren acogerse al derecho de asilo, consagrado en la ley internacional. ¿Dónde colocar los límites entre refugiados económicos y políticos?

R. Mi argumento contrario es este: ¿por qué solo hablamos de nuestros límites, si vivimos en un mundo global? ¿Qué hay que cambiar en él? El error es que ya somos cómplices en su creación. Mire a Libia. La fastidiamos por el modo en que derrocamos a Gadafi. O el Congo y otros países africanos. Serán un caos, pero están totalmente integrados en el capitalismo mundial. ¿Dónde establecemos el estándar para la coexistencia multicultural? El multiculturalismo es una noción complicada. El primer estándar es la tolerancia hacia otras culturas. No solo deberíamos tolerarlos a ellos, sino que ellos deberían tolerarnos a nosotros incondicionalmente. ¿Y ante un conflicto en su comunidad? No me preocupa que las musulmanas se cubran. Pero sí que obliguen a hacerlo a una chica que no quiere taparse. Es una víctima por falta de libertad individual. Debemos protegerla.

P. Porque al final los derechos humanos son una ideología válida en todo el mundo.

R. Aquí empiezan los problemas. Nos dirán: “Ustedes imponen su colonialismo”. Nos culparán de que los derechos humanos europeos dan demasiada preferencia al individuo, que ellos tienen derechos colectivos. Los musulmanes quieren que respetemos su estilo de vida. Pueden incluso respetar a un cristiano. Pero no a gente como yo, que soy ateo.

P. Las libertades y el Estado de bienestar siguen teniendo un inmenso poder de atracción.

R. Aceptemos que la gente viene aquí porque, a pesar de toda la corrupción, seguimos ofreciendo al mundo quizás el gran modelo de bienestar relativo, un modelo único que combina bienestar y libertad, el mejor hasta ahora en la historia mundial. Por tanto, deberíamos estar orgullosos de nuestro destino europeo.

Lo fantástico de nuestra tradición democrática es que la imperfección está dentro del sistema, forma parte de la capacidad de nuestra democracia para ser crítica consigo misma. Es un sistema único que incluye la autocrítica.

P. ¿Existe algo así como un capitalismo global?

R. No en el ámbito político. Existe como mercado mundial.

“Los musulmanes pueden respetar a un cristiano, pero no a gente como yo, que soy ateo”

P. El mercado no es el capitalismo. Hay muchas formas de capitalismo.

R. Y coexisten. El asunto consiste en qué forma de capitalismo se está volviendo predominante. El capitalismo socialdemócrata, con Estado del bienestar, está amenazado.

Se dice que el comunismo no funcionó. Pero mire lo que ha pasado en China en el último medio siglo. ¿Ha habido alguna vez en la historia de la humanidad un desarrollo económico tan explosivo? Es impresionante.

La figura que anunció nuestra época fue Lee Kuan Yew, el fallecido líder de Singapur. Creó la fórmula de autoritarismo “de valores asiáticos”. China demuestra, a nivel masivo, que funciona. El chino es el capitalismo bajo dominio de un partido autoritario. Es una nueva combinación de capitalismo mundial en la que el país participa en el mercado global, pero ideológicamente funciona hacia adentro de una manera patriótica, etnocéntrica.

P. Inquietante.

R. Lo que me preocupa es que Europa está perdiendo. Por eso apoyo el último llamamiento de Emmanuel Macron y Merkel para crear un Ejército europeo. Es fundamental para Europa seguir unida como Unión Europea, con todas sus imperfecciones y con su corrupción.

Trump y Putin trabajan sistemáticamente para des­unir a Europa. Ese es su objetivo. Putin, de una manera muy perversa, estaba a favor de la secesión de Cataluña. O del Brexit. Fue muy hipócrita. Siempre que la unidad europea muestra problemas…

P. Sí, y tiene problemas económicos con China, baja su demanda por las medidas proteccionistas de EE UU.

R. La clave es el nuevo desarrollo de los coches eléctricos. El temor es que China intente desarrollar este tipo de coches. Pues no es ya solo la cadena de ensamblaje de la economía mundial, sino que desarrolla su propia economía. Los izquierdistas tradicionales odian dos cosas del orden mundial actual: al mercado libre, loco, con su caos; y a los Estados autoritarios. China aúna ambas cosas. Ahora instaura el miedo. Los disidentes son marxistas, estudiantes que estudian marxismo y proponen organizar a los trabajadores, tan explotados allí. Esto es lo peor que puedes hacer en China hoy: proteger los derechos de los trabajadores. Los “desaparecen” durante 15 días.

UN PROVOCADOR PROFESIONAL

Zizek quiso ser director de cine. Esa pasión la incorpora a todos sus libros, plagados de pelis como parábolas. Y ocupa muchas tardes como habitual en las salas de proyección de Liubliana. Pero no se vio con talento suficiente para el séptimo arte. Optó por su segundo amor, la filosofía. Y agradece a “la opresión comunista” no haber encontrado empleo durante años. Solo apaños de traductor y tareas menores, para acabar al fin en un pequeño instituto de investigación: “Por eso soy del todo libre para investigar, no como un profesor de pueblo”.

Eso le catapulta a afrontar “los nuevos retos”, que resume en el ecológico, la renovación del Estado del bienestar, o la “digitalización directa del cerebro humano” mediante la que el ordenador “detecta lo que piensas” y resultas vulnerable a cualquier dominación sofisticada. “No defiendo el viejo comunismo de ninguna manera”, se parapeta, sino un nuevo comunalismo globalista, porque “nuestro cerebro es nuestra herencia común”.

Reconoce ser un provocador profesional, para incomodar al público y hacerle reaccionar. Considera que la gente está “drogada, dormida” y que hay que “despertarla”. De modo que “la medida de la libertad de expresión es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.

Sobre todo a la izquierda con la que sintoniza, y a aquella con la que disiente: las libertades occidentales “serán falsas, pero las estalinistas no eran siquiera falsas”; o “no creo en eso de escuchar a la gente normal y corriente, como dice Pablo Iglesias, porque la gente normal y corriente está atrapada por la ideología, está a favor de echar a los inmigrantes”.

Respeta a Marx, pretende entroncar con sus preguntas fundacionales y se ríe de quien le tacha de “leninista loco”: “Mis ideas”, dice, “son hegelianas”. Su enfoque estriba en centrarse en cómo pueden salir mal las cosas, y luego preguntarse hasta qué punto era necesario que fuese así. “Por ejemplo”, aunque admira al vicepresidente de Evo Morales, Álvaro García- Linera, tiene “el honor de no haber sido engañado por Hugo Chávez”. Zizek advirtió durante años que el militar acabaría mal, porque “no veía lo nuevo”, solo era “un Fidel con dinero, no resolvía los problemas, echaba dinero a los problemas”.

Así que el pensamiento crítico “duele” y “trae malas noticias”. Pero siempre “hay que provocar”. Aunque cuando profetiza males mayores, de tan estentóreo, cuesta adivinarle la intención provocadora. Así, le inquieta al máximo el “extraordinario progreso que está registrando la industria del armamento”, por su cruce con la civilización digital. Nos abocamos a “una guerra digital, cognitiva”, que “influirá en los cerebros”.

China puede ser el paradigma de la nueva tensión. Como lleva décadas sin experimentar su armamento sobre el terreno, a diferencia de EEUU “necesita probarlo, y la mejor forma de hacerlo es con una guerra”. Es “la situación más peligrosa”, deletrea.

Xavier Vidal-Folch
Publicado en: El País

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

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sábado, 4 de julio de 2020

Michel Foucault: Historia de la locura en la época clásica



Foucault busca las causas de la locura en el ámbito material y contingente de una experiencia históricamente constituida, conformada por prácticas institucionales, procesos socio-económicos y formas de discurso, de cuya confluencia surge la figura cultural de la enfermedad mental. De esta forma, Foucault nos ofrece una génesis de las prácticas sociales y discursos que han constituido las condiciones de posibilidad de las diferentes formas de subjetividad desde las que se ha entendido la locura. Al mismo tiempo, estas prácticas sociales y discursos determinan en qué condiciones algo puede llegar a ser objeto de conocimiento, explican cómo se ha llegado a considerar algo que es necesario conocer, a qué recorte ha sido sometido y qué parte de él ha sido considerada y cuál ha sido rechazada. Así pues, para Foucault, la historia de la locura en su constitución como objeto de conocimiento desmiente que se trate de una entidad natural y nos plantea que es construida socialmente. El de Foucault no es uno más de esos discursos expertos que desde la época clásica han silenciado a la locura en el preciso instante en que la han constituido en objeto de conocimiento y por tanto se han otorgado el derecho de hablar por ella; discursos que constituyen un monólogo de la razón sobre la sinrazón que acabó con el diálogo que la razón mantenía con la sinrazón en el renacimiento, cuando existía una conciencia crítica de la locura. Si bien es cierto que en el renacimiento existía la nave de los locos, práctica según la cual se expulsaba a los locos en barcos que recorrían los ríos de Europa, la conciencia crítica era una forma de subjetividad que experimentaba a la locura como aquello que denunciaba las insensateces de las costumbres que la gente consideraba racionales y correctas. A esta forma de conciencia le siguió la conciencia práctica, que recluye a la locura en un lugar de encierro, en nombre del orden social y laboral. La discontinuidad existente entre estas formas de experienciar la sinrazón, es lo que da pie a Foucault para desenmascarar el mito del progreso inexorable de la razón, subyacente a la ciencia actual en general y pilar fundamental de la psicología en particular. El de Foucault no es uno más de esos discursos expertos que desde la época clásica han silenciado a la locura en el preciso instante en que la han constituido en objeto de conocimiento y por tanto se han otorgado el derecho de hablar por ella; discursos que constituyen un monólogo de la razón sobre la sinrazón que acabó con el diálogo que la razón mantenía con la sinrazón en el renacimiento, cuando existía una conciencia crítica de la locura. Si bien es cierto que en el renacimiento existía la nave de los locos, práctica según la cual se expulsaba a los locos en barcos que recorrían los ríos de Europa, la conciencia crítica era una forma de subjetividad que experimentaba a la locura como aquello que denunciaba las insensateces de las costumbres que la gente consideraba racionales y correctas.  La importancia de Historia de la locura es precisamente que no se trata tanto de una historia de la locura en sí misma cuanto de una historia de las experiencias límite, esas que amenazan a la razón con hacerla aparecer abiertamente en su arbitrariedad y contingencia con respecto a aquello en relación a lo cual toma su sentido (condiciones socio-económicas, prácticas discursivas e institucionales, la misma sinrazón, en relación a la cual se define…). Así, vemos que en el momento del Gran Encierro, la locura es una más de esas experiencias límite. Los locos son excluidos junto con el resto de las figuras de la sinrazón -el ladrón, el mendigo, la puta, el libertino- al constituir cada una de ellas una específica amenaza para los pilares fundamentales de la racionalidad moderna: el sistema económico-productivo naciente -el capitalismo-, la moral, la religión… El saber (el conocimiento médico-psiquiátrico), para evitar los peligros de estas amenazas, no puede renunciar a objetivar cuanto incluye en el mundo de lo representado, dentro de los límites de lo que es pensable, mientras en el mismo gesto excluye al espacio social de lo abyecto aquello que no puede ser pensado o enunciado sin traspasar dichos límites, sin traspasar lo que en un tiempo y lugar determinados es dado pensar. Precisamente en este aspecto de su pensamiento es donde más se dejan notar las resonancias Heideggerianas y la influencia de Nietzsche. Éste último considera que “las condiciones de la experiencia y las condiciones del objeto de la experiencia son totalmente heterogéneas.” Ello supone que no hay en el conocimiento una adecuación al objeto, una relación de asimilación sino que hay, por el contrario, una relación de distancia y dominación. “Así el carácter perspectivo del cono-cimiento no deriva de la naturaleza humana, sino siempre del carácter polémico y estratégico del conocimiento. Se puede hablar del carácter perspectivo del conocimiento porque hay batalla y porque el conocimiento es el efecto de esa batalla.” paulatina medicalización del encierro culmina con la formación del primer discurso psiquiátrico moderno: el alienismo. Y el discurso médico-psiquiátrico constituye esta justificación, que consiste en decir que se recluye a los locos no como una forma de impedir sus desórdenes y mantener la paz social sino por su propio bien, esto es, como una medida terapéutica indispensable. Así pues, la locura no fue considerada enfermedad hasta finales del XVIII. Este proceso es paralelo al de la integración de dos formas de conciencia escindidas hasta el momento (1794): la conciencia práctica que excluye en nombre del mantenimiento del orden social, moral y laboral y la conciencia analítica que permite un conocimiento supuestamente objetivo y objetivador de la locura. Ambos procesos convergen en la institución del encierro, y constituyen la culminación definitiva del establecimiento del encierro como terapia.  esta alturas la influencia de Descartes y su Razón es ya un hecho ampliamente extendido en Occidente y la perspectiva histórica que nos ofrece Foucault nos da pie a entender la misma escisión entre razón y sinrazón como un producto cultural. Para Descartes sólo una cosa permanece cuando ponemos todo en duda: la certeza de que hay un yo que está dudando, pensando. La base para el alma humana era el reconocimiento de que “pienso, luego existo”, lo que marca una profunda escisión entre la razonable duda humana y la animalidad atribuida al loco. La locura es la condición de imposibilidad del pensamiento. Por tanto, la consecuencia es que si no pienso, no existo. Estas son las ataduras conceptuales que junto con las institucionales recluyeron/excluyeron a la locura. Esta imagen de la mente autosuficiente es también la imagen de la mente como algo individual, considerada como un algo indivisible y separado, lo que sienta las bases para la internalización de la locura en el sujeto provocada por la medicalización de la locura. 

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Jiddu Krishnamurti: egocentrismo


Es urgente que cambiemos. Hemos vivido muchas guerras, destrucción, violencia, terror, desdicha... y, si no se produce un cambio radical, seguiremos en el mismo viejo camino. Para cambiar radicalmente –y no solo aceptar un nuevo conjunto de eslóganes o consagrarnos al Estado o a la Iglesia, para comprender de verdad la revolución fundamental y necesaria con la idea de poner fin a toda esa desdicha– es esencial descubrir si existe una acción que no sea egocéntrica. Es evidente que la acción siempre será egocéntrica mientras no experimentemos verdaderamente por nosotros mismos el hecho de que solo existe el pensamiento y no el pensador. Una vez lo experimenten, verán cómo el esfuerzo adquiere un significado muy diferente. 

«Actualmente nos esforzamos para conseguir un resultado para llegar a ser, para convertirnos en algo. Si estoy enfadado, si soy ambicioso o cruel, me esfuerzo para no serlo. Pero ese esfuerzo es egocéntrico, porque todavía quiero ser algo, aunque quizá de forma negativa. Todavía hay ambición, o sea, violencia.»

—Jiddu Krishnamurti 

Así que, si tengo que cambiar radicalmente sin ese motivo egocéntrico, debo explorar en profundidad la cuestión del cambio.  Esto quiere decir que tengo que pensar de forma diferente por completo, lejos del colectivo, del ideal, de la costumbre, de la disciplina, de la práctica, etcétera. Tengo que investigar quién es el pensador y qué es el pensamiento, y descubrir si el pensamiento es diferente del pensador. Aunque el pensamiento se haya separado a sí mismo y haya establecido al pensador aparte, este sigue siendo parte del pensamiento. Y, mientras el pensamiento sea violento, el mero control del pensamiento por parte del pensador no tiene ningún valor. Así que la pregunta es: ¿puede la mente darse cuenta de que es violenta, sin dividirse a sí misma, sin tratar de deshacerse de la violencia?

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miércoles, 1 de julio de 2020

Osho: El Ego




El ego

Osho,

¿Cómo sacrificar el ego?

Es imposible. El ego no puede ser sacrificado porque el ego no existe. El ego es sólo una idea: no tiene sustancia en sí. No es algo, simplemente es pura nada. Lo haces real creyendo en él. Puedes quitarle creencia y la realidad desaparece, se evapora.

El ego es una especie de ausencia. Porque no te conoces a ti mismo, de ahí el ego. Cuando te conoces a ti mismo, no se encuentra ningún ego. El ego es como la oscuridad, la oscuridad no tiene existencia positiva por sí misma, es simplemente la ausencia de luz. No puedes pelear con la oscuridad, ¿o sí? No puedes sacarla de la habitación, no puedes sacarla, no puedes llevarla dentro. No puedes hacer nada directamente con la oscuridad. Si quieres hacer algo con la oscuridad, tendrás que hacer algo con la luz. Si enciendes la luz, no hay oscuridad; si apagas la luz, hay oscuridad.

La oscuridad es sólo ausencia de luz, así es el ego: ausencia de conocimiento de sí. No puedes sacrificarlo.

Se te ha dicho una y otra vez: “Sacrifica tu ego”, y el enunciado es absolutamente absurdo porque algo que no existe no puede ser sacrificado. Y si tratas de sacrificarlo, a lo que en primer lugar no existe en absoluto, estarás creando un nuevo ego, el ego del humilde, el ego del sin ego, el ego de la persona que piensa que ha sacrificado su ego. Esto será una nueva especie de oscuridad otra vez.

No, no te digo a ti que sacrifiques tu ego. Al contrario, lo que digo es que trates de ver  dónde está el ego. Míralo profundamente, trata de localizarlo, donde exista, si existe o no. Antes de que uno pueda sacrificar cualquier cosa, uno debe estar seguro de su existencia.

Pero no estés en su contra desde el comienzo mismo. Si estás en su contra, no puedes mirar profundamente en él. No hay necesidad de estar en contra de nada. El ego es tu experiencia, posiblemente es sólo apariencia, pero sigue siendo tu experiencia. Toda tu vida se mueve alrededor del fenómeno del ego. Puede ser un sueño, pero para ti es completamente verdadero.

No hay necesidad de estar en su contra. Sumérgete en él, entra en él. El entrar en él significa que traes consciencia a tu casa, traes luz a la oscuridad. Mantente alerta, atento. Observa los caminos del ego, cómo funciona, cómo maneja todo en absoluto. Y estarás sorprendido: entre más profundo entras, menos se encuentra. Y cuando has penetrado en el mismo centro de tu ser, encontrarás algo totalmente diferente que no es el ego, que es ausencia de ego. Es uno mismo, el ser supremo, es la divinidad. Has desaparecido como una entidad separada, no eres más una isla. Ahora eres parte del todo.

Osho, The Fish in the Sea is Not Thirsty, charla #12

 

Les enseño a ser individuos auténticos, integrados, con inmenso respeto por sí mismos. La frase respeto por uno mismo puede crear dudas en tu mente porque el respeto por sí mismo parece que significa otra vez el ego. No es así. Tienes que entender ambas palabras, ‘sí mismo’ y respeto, son significativas.

‘Sí mismo’ es aquello con lo cual has nacido. Ego es aquello que acumulas, el ego es tu logro.

El ‘sí mismo’ es un regalo de la existencia para ti. No has hecho nada para merecerlo, no lo has logrado, de ahí que nadie pueda quitártelo. Es imposible porque es tu naturaleza, tu propio ser.

El ego es todo aquello que has ido acumulando a través de la educación, los modales, la civilización, la cultura, el colegio, las universidades… Vas acumulándolo. Es tu esfuerzo, lo has hecho y lo has hecho tan grande que has olvidado completamente tu ‘sí mismo’ real.

Conocer el ‘sí mismo’ real es suficiente: el ego cae de plano al suelo sin ningún esfuerzo para renunciar. A menos que el ego se caiga por sus propios medios, sin tu esfuerzo, no te va a dejar. Si haces el esfuerzo para dejarlo y esto es lo que significa someterse… Todas las religiones enseñan a someterse, de ahí que diga que ellos no entienden ni siquiera lo más básico de la sicología. El ego no tiene que someterse, tiene que ser visto. Tiene que ser entendido una y otra vez.

Este es el significado de respeto. Es una de las palabras más bellas del idioma inglés. Esto no significa lo que quiere decir: honor. No, respeto simplemente significa “re-spect”, mirar de nuevo. Este es el significado literal de la palabra, no hay lugar para el honor. Sólo mira otra vez, mira hacia atrás, mira profundo. “Spect” significa ver, mirar, “re” significa de nuevo. Ya lo habías conocido antes.

Antes de que entraras a formar parte de una sociedad, de una cultura, de una civilización, ya lo conocías. No es una coincidencia que las personas continúen pensando que su infancia fue la parte más bella de sus vida. Es un recuerdo largamente olvidado porque ha habido días en tu vida, los primeros días, los cuales no puedes recordar exactamente, es sólo una vaga sensación,  una especie de fragancia, una especie de sombra está allí.

Si ‘res-petas’, si miras nuevamente y profundizas en tu existencia, vas a encontrar el lugar desde donde empezaste a perderte a ti mismo y el ego a ganar.

Ese momento es un momento de iluminación porque una vez que has visto lo que es el ego, se termina el juego.

Entonces no puedo decirte, abandona el ego porque eso significa que acepto la realidad de tu ego. ¿Y cómo vas a abandonarlo? Tú eres eso. Ahora mismo, tú eres eso. El ‘sí mismo’ lo has perdido mucho tiempo atrás en el pasado. Hay una gran distancia entre tú y tu ‘sí mismo’. En este momento estás existiendo en la periferia de ti mismo. Esa periferia está pretendiendo ser tu ‘sí mismo’. Esa pretensión es el ego. Decirle al ego entonces: “¡Déjalo! ¡Ríndete! ¡Sé humilde!”, es simplemente una idiotez.

Osho, From Ignorance to Innocence, charla #30

 

Parecerá muy paradójico, pero es la verdad: antes de perder tu ego, debes alcanzarlo. Sólo una fruta madura cae al suelo. La madurez lo es todo. Un ego inmaduro no se puede tirar, no se puede destruir. Y si luchas con un ego inmaduro para destruirlo y disolverlo, todo el esfuerzo va a ser un fracaso. En vez de destruirlo, lo vas a fortalecer más, en formas nuevas y sutiles.

Esto se debe entender como algo básico: el ego debe llegar a lo más alto, debe ser fuerte, debe haber alcanzado una integridad; sólo entonces puedes disolverlo. Un ego débil no se puede disolver. Y esto se convierte en un problema.

En Oriente todas las religiones predican la ausencia del ego. O sea que en Oriente todos están contra el ego desde el principio. Debido a esta actitud en contra, el ego nunca se vuelve fuerte, nunca llega a un punto de integración desde donde se pueda arrojar. Nunca está maduro. O sea que en Oriente el ego es muy difícil de disolver, casi imposible.

 En Occidente toda la tradición occidental de la religión y de la sicología propende, predica, persuade a la gente para tener egos fuertes porque a menos que tengas un ego fuerte, ¿cómo puedes sobrevivir? La vida es una lucha, si no tienes ego, te destruirán. Entonces, ¿quién va a resistir? ¿Quién va a luchar? ¿Quién va a competir? Y la vida es una competencia continua. La sicología occidental dice: alcanza el ego, sé fuerte en él.

Pero en Occidente es muy fácil disolver el ego. Así es que un buscador occidental llega a entender mucho más fácilmente que un buscador oriental, que el ego es un problema que fácilmente puede disolver. Esta es la paradoja, en Occidente se enseña el ego, en Oriente se enseña la ausencia del ego. Pero, en Occidente es fácil de disolver el ego, en Oriente es muy difícil.

Esto va a ser un tarea difícil para ti, primero para alcanzarlo y luego para perderlo porque puedes perder algo sólo si lo  posees. Si no lo posees, ¿cómo puedes perderlo?

Osho, My Way: The Way of the White Clouds, charla #8

 

Osho,

¿Qué podemos hacer desde nuestra parte para someter el ego, cuando este deseo de someterlo es en sí mismo, una parte intrínseca?

El ego es un rompecabezas, es algo así como la oscuridad que puedes ver, que puedes sentir, que puede obstruir tu camino, pero que no existe, no tiene positividad. Es simplemente una ausencia, una ausencia de luz. El ego no existe, ¿cómo puedes someterlo? El ego es sólo una ausencia de consciencia.

La habitación está llena de oscuridad, quieres que la oscuridad se vaya de la habitación. Puedes hacer todo lo que puedas, empujarla, golpearla, pero no vas a tener éxito. Por extraño que parezca, serás derrotado por algo que no existe. Exhausto, tu mente dirá que la oscuridad es tan poderosa que no eres capaz de disiparla, de expulsarla. Pero esa conclusión no es correcta, es alemana, pero no es correcta.

Sólo hay que traer una vela pequeña. No tienes que expulsar la oscuridad. No tienes por qué pelear con ella, es una pura estupidez. Sólo trae una vela pequeña y no habrá más oscuridad. No es que se vaya, no puede irse porque en primer lugar no existe. Ni  estaba ahí, ni se va fuera.

La luz entra, la luz se va, tiene existencia positiva. Puedes encender una vela y no hay oscuridad, puedes apagar la vela y hay oscuridad. Para hacer algo con la oscuridad, tienes que hace algo con la luz, muy extraño, muy ilógico, ¿pero, qué puedes hacer? Ésa es la naturaleza de las cosas.

No puedes someter al ego porque no existe. Puedes traer un poco de conocimiento, un poco de consciencia, un poco de luz. Olvídate completamente del ego, concéntrate totalmente en traer alerta a tu ser. Y en el momento en que tu consciencia se haya convertido en una llama, concentrada, no serás capaz de encontrar el ego.

O sea que no puedes someterte cuando no estás consciente y no puedes someterte cuando estás consciente. El ignorante no puede someterse. Y el hombre sabio no puede siquiera pensar en someterlo porque no existe.

El ego es un espejismo, sólo parece ser. Y cuando estás dormido espiritualmente, es tremendamente fuerte, naturalmente, te crea problemas. Toda tu miseria es creada por él, tus tensiones, tus ansiedades. Tu ego trae todo el infierno a tu vida. Naturalmente quieres someterlo. Y hay sacerdotes religiosos, los maestros de todo el mundo diciéndote cómo someterlo.

Cualquiera que te diga cómo someter el ego es un idiota. No sabe nada sobre la naturaleza del ego, pero se verá racional ante ti, será convincente. Será atractivo porque está expresando tu propio pensamiento en voz alta. Es tu portavoz, es lo que dice tu mente. Es más elocuente de lo que eres tú y te da todo tipo de argumentos y pruebas de apoyo y citas de las escrituras, y todos dicen: “A no ser que dejes el ego no puedes alcanzar la autorrealización”. Naturalmente, nadie se opone a esa gente.

Pero les digo que la realidad es exactamente lo contrario: no se trata de que sometes el ego y la autorrealización sucede, no. La autorrealización sucede primero y luego no puedes encontrar el ego.

Ese es su sometimiento.

Osho, The Osho Upanishad, charla #28

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

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Jiddu Krishnamurti: La mente silenciosa



LA MENTE SILENCIOSA

 

¿Qué es la realidad? ¿Qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios. ¿qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que sabéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, con seguridad, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, debe comprenderse el proceso del tiempo, que es el pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Este es todo el pasado de la mente; la mente misma es el pasado, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual. La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, no ser forzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, moldeada, encuadrada y mantenida en silencio, no es una mente serena. Puede que durante un tiempo consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo llega cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento, empieza el silencio.

 

Sólo cuando la mente está e completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino radicalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede llegar lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente pueda experimentar; sólo puede experimentarse el silencio, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es liberación del pasado, de los conocimientos, de los recuerdos conscientes y de los inconscientes; y cuando la mente está silenciosa del todo, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Este estado no es un estado para recordar; no hay entidad alguna que recuerde, que experimente.

 

Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que sea, es algo que se crea de instante en instante; y esto ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando imponemos una disciplina a la mente de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo llega cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún proceso de sí misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces se manifiesta lo eterno.


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

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