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Paz y Ciencia
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lunes, 26 de abril de 2021

Platon

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. Zaragoza -Gran Vía- Y Online Teléfono: 653 379 269 IG:@psicoletrazaragoza Página Web: Conóceme 


Platón fue discípulo de Sócrates, y fue un gran filósofo griego y posiblemente de todos los tiempos. Nace en el 427 a.C. y muere, a la edad de ochenta años, en el 347 a.C. Es ateniense y de muy buena familia; su padre se llamaba Aristón (hacía remontar su ascendencia hasta Codro, último rey de Atenas) y su madre Perictione (Περικτιόνη) hermana de Cármides y sobrina de Critias, dos personajes que figuraron entre los oligarcas en 404-402, estaba emparentada con Solón. Es sabido que originariamente se llamaba Aristocles, y que sólo después se le dio el nombre de Platón, aludiendo a su robusta espalda.

Sus dos hermanos, Adimanto y Glaucón, aparecen en la República; Platón tenía también una hermana llamada Potone, madre de Espeusipo. Era un hombre muy inteligente y con unas condiciones muy idóneas; cualquier persona con su alcurnia se habría dedicado a la política pero él prefirió dedicarse a la filosofía. Platón no se casó nunca, y no se le conoce ningún tipo de inclinación por una mujer; es muy posible que fuese homosexual. La relación entre hombre y mujer estaba destinado a la procreación. La relación entre hombres estaba tolerada (aunque las leyes lo prohibían), y la relación entre un hombre mayor y uno joven también, ya que entendían que la persona mayor enseñaba a ser buen ciudadano al joven y por ello estaba bien visto. En la Grecia de esta época, sabemos que separaban en lo que se debe a Eros (atracción sexual y fertilidad: en la tradición mitológica se dice que se ocupaba del enamoramiento entre varones) y lo que se debe a Afrodita (enamoramiento entre hombres y mujeres).

Varios autores han señalado que la animosidad de Platón contra la democracia no es fácil que se debiera únicamente a su educación, sino que en ello hubo de influirle Sócrates y, más todavía el trato que éste recibió de la democracia. En su negativa a participar en política, dice el mismo Platón que el momento en el que podía haber ejercido en este ámbito fue cuando Atenas perdió la Guerra del Peloponeso, y quedó impresionado por los crímenes que se habían dado en la Guerra, por lo que se abstuvo de ello. La decisión de Platón de desentenderse definitivamente de la política de Atenas se produjo, sin duda, tras el injusto proceso y la condena de su Maestro; tras lo cual dice que la sociedad de su época esta extremadamente desordenada.

De todos modos, no tenemos razón alguna para suponer que Platón se hiciese «discípulo» de Sócrates en el sentido de que se dedicara de lleno y declaradamente a la filosofía, puesto que él mismo nos dice que un principio trató de embarcarse en la carrera política, como era natural tratándose de un joven de su linaje. Los parientes que tenía entre los oligarcas que gobernaban en 404-403 le tentaron para que se introdujera en la vida política bajo su protección; pero, cuando la oligarquía empezó a practicar, como ya hemos dicho, prácticas de violencias y trató de implicar a Sócrates en sus crímenes, tras lo cual, Platón se disgustó con sus parientes. Mas los demócratas no eran mejores, y ellos fueron quienes condenaron a muerte a Sócrates, por lo que Platón abandonó el propósito de dedicarse a seguir la carrera política.

Por tanto, no actuó en política activa, pero si secundariamente (como en Siracusa). También fundó la Academia con la que quería incidir en la sociedad de su tiempo mediante la educación (política indirecta); mediante la paideia (παιδεια).

Muerto Sócrates, Platón se retiró a Megara, donde fue acogido por el filósofo Euclides, pero según todas las probabilidades volvió enseguida a Atenas. Dicen los biógrafos de Platón que viajó por Cirene, por Italia y por Egipto, pero esto no se sabe con certeza, ya que, por ejemplo, Platón no nos da cuenta en sus escritos de un viaje a Egipto. Lo que si es cierto es que Platón estuvo en Italia a la edad de cuarenta años. Posiblemente quería visitar a algunos miembros de la escuela pitagórica y conversar con ellos: sea como fuere, trabó amistad con Arquitas, el sabio pitagórico. Fue Platón invitado a vivir en la corte Dionisio I, tirano de Siracusa, donde se hizo amigo de Dión, el cuñado del tirano. De Dión, que contaba entonces con veinte años de edad, se sintió Platón fuertemente atraído. Dión absorbió con entusiasmo la doctrina socrática de la superioridad de la virtud sobre el placer y el lujo, y renunció a los relajados hábitos que se estilaban en Italia y Sicilia.

Parece ser que hizo hasta tres viajes a Siracusa en su vida; estos viajes fueron por tema político y filosófico. La idea de Platón en estos viajes era llevar a cabo su idea de que los filósofos deben ser los gobernantes; quería hacer a Dionisio un filósofo, pero parece ser que el propósito de Platón no resultó como él esperaba. La descripción más viva de estos viajes de Platón a Siracusa la vemos en la Carta VII del mismo Platón; donde vemos que el interés de Dionisio por la filosofía era superficial.

Platón en la Academia, no aceptaba a cualquiera, pero si aceptaba a mujeres. Hacía un examen de acceso; impartía una clase muy difícil y muy densa al que pretendía entrar como alumno en la Academia. Si después de esto el discípulo seguía teniendo su propósito, y si no se había perdido a lo largo de la clase, lo aceptaba como alumno. Platón dio esta clase a Dionisio, y en la Carta VII nos da cuenta de que Dionisio, a raíz de ello, no quiso saber más del tema. Diógenes Laercio nos cuenta que Dionisio acabó por venderlo como esclavo; y un amigo suyo de Cirene, un tal Anniceris, pagó, lo rescató y lo envió libre de nuevo a Atenas.

De regreso de su primer viaje a Siracusa, Platón fundó a Academia, la cual rivalizaba con las diferentes escuelas de retórica de su tiempo, como la de Isócrates (gran orador, pero con un grave problema y es que tenía voz de pito). No sabemos muy bien como estaba organizada la academia platónica; pero si tenemos constancia de que que era propiedad de Platón y que estaba consagrada a un dios local, Academo (Ἀκάδημος).

Se sabe que se impartían clases, y podemos saber el tipo de éstas por medio de los textos de Aristóteles, quien fue profesor de la Academia. Se hacían también indagaciones de tipo filosófico; ya que los estudios que en ella se seguían no se limitaban a los filosóficos propiamente dichos, sino que abarcaban gran cantidad de ciencias auxiliares, tales como las matemáticas, la astronomía y las ciencias físicas; los miembros de la escuela se reunían en el culto común a las Musas.

Platón estaba convencido de que el mejor entrenamiento para la vida pública no consiste en las prácticas puramente sofísticas, sino más bien en la prosecución de la ciencia por sí misma. Las matemáticas, aparte de su importancia para la filosofía de las Ideas platónicas, ofrecían un campo abierto al estudio desinteresado, y habían alcanzado ya un alto nivel de desarrollo entre los griegos. Entendía Platón que el político así formado no será un oportunista a merced de las ocasiones, sino que actuará firmemente y sin miedos, de acuerdo con convicciones fundadas en verdades eternas e inmutables. A la Academia no solo iban jóvenes de Atenas, sino también de otras ciudades. Vivían en ésta los más grandes matemáticos de la época; los Elementos de Euclides nos cuentan las grandes investigaciones que se hicieron al respecto. Teodoro de Cirene, Teeteto y Eudoxó, teniendo sus propias escuelas, se fueron a vivir con Platón a la Academia; Platón no exigía una ortodoxia dogmática, sino que era totalmente tolerante respecto a las diferentes ideas de sus discípulos y profesores de la Academia.

Platón, por ejemplo, no tuvo ningún inconveniente en dejar a Eudoxó al mando de la academia cuando fue a sus viajes a Sicilia aunque no sostenía la teoría de las ideas platónica. Cuando Platón muere, de hecho, deja a Espeusipo al mando de ésta; quien sostenía que existían los números (pitagórico), pero no las ideas. En la Academia, sabemos, había un plan de estudios; parece que impartían las ideas que Platón expone en el libro VII de la República (que es lo que tiene que saber los que se han de dedicar a la filosofía así como los  gobernantes).

La Academia se puede entender como la primera universidad europea ya que se trataba de cultivar la sabiduría, y entendían esto como algo digno (por esta razón no se cobraba en la Academia, ya que veían indigno obtener riquezas mediante la enseñanza de la sabiduría). El ciudadano griego entendía que hay que distinguir entre el ocio (es el tiempo que tiene uno para dedicarlo a las propias aficiones, al cultivo y al estudio) y el negocio (lo que uno tiene que hacer para ganarse la vida); por ello les parecía una  barbaridad que los sofistas cobrasen por sus enseñanzas, cuando es algo que pertenece al ámbito del ocio.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Lou Marinoff: TAO. Lao Tse

 


Lou Marinoff: «Sócrates diría hoy: 'Más de lo mismo'»

El autor del superventas 'Más Platón y menos Prozac' continúa con su batalla por acercar a las masas a la filosofía. En su último asalto, 'El poder del Tao', encuentra en Lao-Tsé las claves para superar dificultades.

En tiempos confusos proliferan las fórmulas para escapar del túnel por pasadizos mágicos. Se multiplican los dietarios que prometen la felicidad como quien explica la receta del pollo al chilindrón y afloran los manuales de autoayuda trufados de consejos más sobados que las barandillas del metro. Aunque pudiera parecer que su mensaje participa de la fiebresalga usted del hoyo en 15 pasos,el discurso de Lou Marinoff se distingue de esa charlatanería en que no se apoya en frases vacías, sino en lo que dijeron los filósofos que mejor comprendieron la condición humana. Lo hizo con Platón, Aristóteles, Buda y Confucio en diferentesbestsellers y ahora lo vuelve a hacer con Lao-Tsé, el precursor del taoísmo, a quien ha hecho viajar hasta nuestros días enEl poder del Tao(Ediciones B). Aparece con una cantosa corbata llena de símbolos del yin y el yan, y al hablar le brillan los ojos como a un iluminado, pero el apóstol de la filosofía práctica no predica los saltos al vacío; pide que busquemos nuestra brújula en el pensamiento.
Cuando tenia 17 años me hablaron delI Ching,pero lo leí y no lo entendí. Luego me sumergí en el Tao Te Ching, la obra de Lao-Tsé, pero pensé: «No puedo, es demasiado profundo». Desde entonces, he estado estudiando a fondo la filosofía china y en los últimos años he pasado mucho tiempo en Asia, hablando con sabios de aquellos países. Solo ahora, 40 años después, me he atrevido a escribir este libro. He comprendido que la vida es un permanente cambio, que vivir es elegir constantemente. El Tao te ayuda a acertar.

Ya lo era, pero escribir este libro me ha llevado a profundizar más en esta filosofía. El taoísmo no es una religión, sino un camino. Cuando lo sigues, percibes el poder que tienes. Estar cerca del Tao te da serenidad y te permite afrontar la vida de forma positiva. La frustración y la infelicidad llegan cuando te alejas del Tao.

-¿Lo puede explicar con un ejemplo práctico?

-Cuando uno teme al fracaso o se ve afectado por una crisis, como la pérdida de un empleo o una depresión, debe tener presente que en ese estado sombrío se esconde la oportunidad para superarlo. Recuerde esto siempre: las cosas no son blancas ni negras. Mire mi corbata: en el dibujo del Tao, la zona blanca tiene un punto negro, y la zona negra tiene otro blanco. Toda crisis encierra una oportunidad de crecimiento, es una invitación a hacer algo mejor. Hay que saber ver esa perla. El Tao nos ayuda a encontrarla.

-Parece un mensaje hecho a medida de los tiempos que corren.

-No es casualidad que Lao-Tsé escribiera suTao Te Chingen medio de una gran crisis, con su país sumido en guerras y turbulencias. En realidad, todos esos conflictos surgen por haber olvidado el camino. El Tao enseña que la adversidad permite sacar a la luz una capacidad que teníamos escondida. Es la triste ironía del ser humano: el momento más difícil es el que permite encontrar al mejor yo.

-¿Qué diría Lao-Tsé de esta crisis?

-El libro del Tao afirma que no existe mayor calamidad que dejarse arrastrar por la avaricia. Todo el mundo coincide en que ha sido la avaricia la que nos ha llevado hasta aquí. Pero la avaricia no es una enfermedad mental, es un vicio. Procede de la falta de virtud, de no saber ver qué es lo importante en la vida. No podemos ser tan ciegos como lo hemos sido. ¿Cómo es posible que personas sin dinero compraran casas con la complicidad de los bancos? Nadábamos en una riqueza que no era real.

-¿Y ahora qué?

-Ahora las cosas tendrán que devaluarse hasta alcanzar su valor real. Los ciudadanos deben tomar una decisión y arreglar su parcela mediante sus recursos internos, porque el Gobierno no va a arreglárselo. El sistema ha fallado, ahora es el tiempo de las personas. Son ellas las que han de asumir su responsabilidad por lo que han hecho y encontrar nuevos modos para movilizar sus energías, que son las mismas que antes.

-¿En qué modo el taoísmo puede echar una mano?

-El Tao es más útil para prevenir que para curar. Si lo hubiéramos tenido en cuenta antes, no estaríamos como estamos ahora, porque habríamos visto que aquello era insostenible. Pero de acuerdo, estamos aquí. ¿Qué hacemos? De nuevo, mire mi corbata: hemos de concentrarnos en el puntito blanco que hay en la zona negra. Cada uno de nosotros debe encontrar su puntito y localizar su capacidad, su oportunidad. Todos lo tenemos. Busquémoslo. Enfoquémonos en lo que podemos ganar, no en lo que hemos perdido.

-¿Cómo se lo explicamos a alguien que lleva dos años en el paro? En España abundan.

-El mundo ha cambiado, ahora debemos cambiar nosotros. ¿Cómo competimos? No podemos luchar contra los chinos como manufactureros, pero podemos convertirnos en prestadores de servicios. Cada uno deberá preguntarse qué tipo de servicio puede ofrecer, qué talento puede explotar. Hemos de reinventarnos. Los españoles tienen una oportunidad que no aprovechan: el tercer lenguaje más hablado del planeta. Es una riqueza que no explotan. Además, les facilita la posibilidad de emigrar. Yo soy un emigrante.

-¿Es optimista?

-Veo señales que me animan. De repente, los norteamericanos han empezado a interesarse por la filosofía, algo que antes era impensable. Lamento que haya tenido que llegar esta crisis para que se dieran cuenta. Ahora hay más gente preguntándose cuál es el valor real de las cosas. Empiezan a ver que, tal vez, lo que da sentido a la vida no es tener una rica cartera de acciones, sino valores como la familia y los logros artísticos y creativos. Estamos cambiando la forma de mirar. Antes nos fijábamos sólo en la cantidad. Ahora va a tomar más importancia la calidad.

-La filosofía es una disciplina que arrastra una imagen anticuada. ¿Realmente tiene sentido hoy en día?

-Sin duda, cada vez más. Hoy la gente se acerca a la filosofía buscando una guía para el arte de vivir. Por eso cada vez hay más asesores filósofos en los círculos del poder.

-¿No cree que la filosofía también necesita renovarse?

-La filosofía ya lo está haciendo, y estoy muy orgulloso de mis aportaciones en ese sentido. Uno de mis objetivos es mostrar cómo las ideas de los hombres más sabios de la historia pueden ser útiles hoy.

-¿Se siente cómodo en su papel de heterodoxo de la filosofía?

-No me sentiría bien si fuera un filósofo 100% teórico, sin ver si las ideas de los pensadores tienen conexión con la realidad. Los filósofos afrontamos un tiempo en el que vamos a tener mucho éxito, y ahí es donde debemos tener cuidado, porque cuando algo se institucionaliza, se corrompe. Y los filósofos no escapamos a la condición humana.



-A la luz de lo que la gente le consulta, ¿cómo está el patio?

-No hemos cambiado en 3.000 años. La tecnología se ha revolucionado, pero el hombre no. Si trajéramos aquí a Sócrates, no entendería nuestros teléfonos móviles, pero si viera las noticias y escuchara los temas que nos traemos entre manos, hoy pensaría: «Más de lo mismo». 

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico.          Zaragoza. Teléfono: 653 379 269 Psicoterapeuta.N° Col.: A-1324 Página Web: Psicólogo Clínico Zaragoza



Economía y Sociedad. Max Weber

 

Es considerado uno de los padres de la sociología. Son muy relevantes sus estudios del efecto de la religión en la sociología. Sostuvo que el capitalismo se desarrolló en aquellos lugares en los que lograr riqueza se consideraba un deber moral.

Obras destacadas

Economía y sociedad.



Max Weber es considerado una de las grandes figuras intelectuales de los siglos XIX y XX. Mantuvo una incesante curiosidad por diversas disciplinas, como el derecho, la economía y la historia. Su trayectoria académica e intelectual le han situado como uno de los padres de la sociología. Uno de sus objetivos fue descubrir cuáles fueron las condiciones culturales que permitieron el desarrollo del capitalismo. Hoy su pensamiento mantiene sigue influyendo en multitud de disciplinas.

Max Weber nació en Erfurt ciudad del land alemán de Turingia, en 1864, en una familia burguesa adinerada. Desde pequeño mantuvo una vinculación con la política, ya que su padre había sido miembro del Parlamento alemán. Por ese motivo, fue frecuente para él encontrarse en su propia con las figuras más influyentes de la intelectualidad alemana de la época.

Entre el derecho, la historia y la economía

Max Weber se matriculó en la Facultad de Derecho y estudió en las ciudades de Heidelberg, Berlín y Gotinga. Sin embargo, su gran pasión siempre fue la historia, materia que cultivaba de forma paralela. También se interesó por economía, la filosofía y la política.

Mientras trabajaba en su tesis fue creciendo su interés por la política social contemporánea. Fruto de este interés, en 1888, se unió a la Asociación Profesional de Economistas Alemanes. Esta entidad fue pionera en el uso de estudios estadísticos a gran escala en el análisis económico.

Finalmente, en 1889 obtuvo el doctorado por la Universidad de Berlín. Su tesis se tituló «El desarrollo del principio de solidaridad y los activos especiales de la empresa de comercio abierto de las comunidades familiares y comerciales en las ciudades italianas».

En 1890 realizó un trabajo sobre la denominada ‘cuestión polaca’. El objetivo era analizar el movimiento de trabajadores extranjeros al campo de Alemania Oriental. Un fenómeno que se daba al mismo tiempo que los trabajadores del campo locales se trasladaban a las ciudades. Este estudio fue elogiado como una de las grandes obras de la investigación empírica.

En el apogeo de su carrera, en 1897, después de haber obtenido la cátedra de economía política en dos universidades alemanas (Friburgo y Heidelberg)  se vio afectado por una grave depresión a causa de la muerte de su padre. Con su esposa, emprendió numerosos viajes a lo largo de Europa. Hasta 1902 no fue capaz de retomar su actividad intelectual y docente. Durante este período escribió algunos ensayos sobre la metodología de las ciencias histórico-sociales. Por ellos, se le considera uno de los fundadores de la sociológía.

Del belicismo a la República de Weimar

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, Max Weber aceptó los argumentos para la justificar participación alemana en el conflicto. De hecho, se desempeñó como director de los hospitales militares de Heidelberg. Sin embargo, con el desarrollo de la contienda, acabó por abrazar las tesis pacifistas. Cuando acabó el conflicto volvió  a enseñar con una cátedra de Economía, primero en Viena y en después en Múnich. En la capital bávara dirigió el primer instituto universitario de sociología en Alemania. También jugó un importante papel al contribuir a la redacción de la nueva Constitución del país. De ella nacería la conocida como República de Weimar.

En 1920, murió de forma repentina en Múnich. Por ello, quedó inconclusa su obra Economía y sociedad, que fue recopilada y publicada de forma póstuma años más tarde.Economipedia

domingo, 20 de diciembre de 2020

Martin Heidegger

 

¿Y si Heidegger fuera el autor de un remake y su filosofía solo la reiteración de un mito irreducible a un principio deductivo –la muerte–? La contemporaneidad de Heidegger tendría que ver así con una intención extemporánea: no retornar a Grecia, sino repetir su principio imposible, solo accesible fenomenológicamente. La originalidad de Heidegger –su «Destrucción»– se encontraría ligada al reconocimiento de esa repetición en el marco de la filosofía moderna, sobre todo a partir de Kant. Más allá del mito mediático, que redujo su filosofía al personaje, Heidegger sigue siendo hoy imprescindible por su propia extemporaneidad, quizá origen a su vez del más profundo error.

¿Qué queda de Heidegger?

La pregunta evoca una ruina de cuyo alcance todavía no tenemos idea. Quizá por eso no tenga sentido plantearla en términos tan neutrales, sino beligerantes: «¿Qué queremos que quede?». En realidad, la ruina se encuentra todavía por conquistar. Si la obra del filósofo se encuentra medio devorada por su propio mito mediático, lo que entretanto sigue llegando al público es solo un eco que tiene poco que ver con aquella.

La recepción viene determinada por una suplantación: la de la obra por el personaje, cuyo protagonismo ha convertido la «filosofía» en denuncia biográfica, impuesta al parecer como único tema del pensamiento y la crítica, que a su vez sería considerada culpable de no proceder así.

Ante semejante panorama no tiene que sorprender que la propia filosofía, a la que esa misma crítica presuponía sin ninguna justificación una virtud incontaminada, se haya vuelto en sí misma sospechosa de la participación en un crimen desmedido, aunque quizá eso todavía le permita sobrevivir como último vestigio previo a su definitivo tránsito a la irrelevancia. Si ya resulta imposible que el eco devuelva hoy por hoy un genuino Heidegger (entre otras cosas porque lo de «genuino» ha devenido un término muy sospechoso), lo cierto también es que, cuando se trata de filosofía, su nombre resulta insoslayable, aunque esa necesidad haya contribuido a introducir todavía mayor confusión.

¿Qué queremos que quede de Heidegger? En realidad, la ruina se encuentra todavía por conquistar. Si la obra del filósofo se encuentra medio devorada por su propio mito mediático, lo que entretanto sigue llegando al público es solo un eco

A qué semejante tributo, se podría preguntar. ¿Tal vez a que Heidegger rompió radicalmente la tradición; tal vez a que en su obra reapareció Grecia, aunque fuera para decretar su absoluta extrañeza, y a la vez se decretó el final de la filosofía, o se deberá simplemente a la fascinación que despertó su expresión literaria, que le devolvía a la filosofía su perdido arcano?

Hoy interesa preguntarse si, al margen de la vulgaridad crecida en torno a su nombre, esa revolución de la filosofía que se ejecutó en Ser y tiempo allá por 1927 no tiene que ver con la recuperación de un mito de una naturaleza completamente diferente al mediático en el que ha quedado encallada su obra; un mito escondido (y «olvidado», diría Heidegger) en el mismo nacimiento de la filosofía. En ese caso, también quedaría por ver si ese mito remite directamente al inicio de la filosofía o ya solo a la posibilidad (o, quizá, solo calculada voluntad) de su reaparición en un tiempo diferido y de vocación terminal; en definitiva, si con lo de mito se remite a algo cronológico o estructural.

La respuesta a partir del texto de Heidegger no es simple por dos motivos solidarios y paradójicos: porque ese mito no tendría contenido ni historia y, a la vez, porque sin embargo haría comenzar una. En realidad, más que de «retorno» al contenido de un mito inicial ya constituido se trataría de la reinterpretación del propio inicio como mito (sin contenido). El presupuesto metodológico que yace bajo la cuestión del mito remite a que todo inicio resulta inaccesible, pues el destino de todo punto de partida es perderse.

El mito del inicio tiene que asumir así una pérdida estructural –desde el momento en que se «dice» el ser (que es siempre el punto de partida), lo único que queda es el propio decir (el mito)– cuya única compensación pasaría por dotarlo de un contenido, aunque en este caso eso suponga la suspensión del propio mito. No será difícil reconocer que en esa compensación (el desarrollo «narrativo» de esa pérdida) reside lo que justamente Heidegger llamó «historia de la filosofía», convertida así en el mayor enemigo –pero también enemigo necesario, porque sin él ni siquiera tendría sentido referirse al inicio– de la filosofía.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. N° Col.: A-1324.            Teléfono: (+34) 653 379 269                    Instagram: @psicoletrazaragoza.                              Página: Psicólogo Zaragoza