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domingo, 20 de diciembre de 2020

Martin Heidegger

 

¿Y si Heidegger fuera el autor de un remake y su filosofía solo la reiteración de un mito irreducible a un principio deductivo –la muerte–? La contemporaneidad de Heidegger tendría que ver así con una intención extemporánea: no retornar a Grecia, sino repetir su principio imposible, solo accesible fenomenológicamente. La originalidad de Heidegger –su «Destrucción»– se encontraría ligada al reconocimiento de esa repetición en el marco de la filosofía moderna, sobre todo a partir de Kant. Más allá del mito mediático, que redujo su filosofía al personaje, Heidegger sigue siendo hoy imprescindible por su propia extemporaneidad, quizá origen a su vez del más profundo error.

¿Qué queda de Heidegger?

La pregunta evoca una ruina de cuyo alcance todavía no tenemos idea. Quizá por eso no tenga sentido plantearla en términos tan neutrales, sino beligerantes: «¿Qué queremos que quede?». En realidad, la ruina se encuentra todavía por conquistar. Si la obra del filósofo se encuentra medio devorada por su propio mito mediático, lo que entretanto sigue llegando al público es solo un eco que tiene poco que ver con aquella.

La recepción viene determinada por una suplantación: la de la obra por el personaje, cuyo protagonismo ha convertido la «filosofía» en denuncia biográfica, impuesta al parecer como único tema del pensamiento y la crítica, que a su vez sería considerada culpable de no proceder así.

Ante semejante panorama no tiene que sorprender que la propia filosofía, a la que esa misma crítica presuponía sin ninguna justificación una virtud incontaminada, se haya vuelto en sí misma sospechosa de la participación en un crimen desmedido, aunque quizá eso todavía le permita sobrevivir como último vestigio previo a su definitivo tránsito a la irrelevancia. Si ya resulta imposible que el eco devuelva hoy por hoy un genuino Heidegger (entre otras cosas porque lo de «genuino» ha devenido un término muy sospechoso), lo cierto también es que, cuando se trata de filosofía, su nombre resulta insoslayable, aunque esa necesidad haya contribuido a introducir todavía mayor confusión.

¿Qué queremos que quede de Heidegger? En realidad, la ruina se encuentra todavía por conquistar. Si la obra del filósofo se encuentra medio devorada por su propio mito mediático, lo que entretanto sigue llegando al público es solo un eco

A qué semejante tributo, se podría preguntar. ¿Tal vez a que Heidegger rompió radicalmente la tradición; tal vez a que en su obra reapareció Grecia, aunque fuera para decretar su absoluta extrañeza, y a la vez se decretó el final de la filosofía, o se deberá simplemente a la fascinación que despertó su expresión literaria, que le devolvía a la filosofía su perdido arcano?

Hoy interesa preguntarse si, al margen de la vulgaridad crecida en torno a su nombre, esa revolución de la filosofía que se ejecutó en Ser y tiempo allá por 1927 no tiene que ver con la recuperación de un mito de una naturaleza completamente diferente al mediático en el que ha quedado encallada su obra; un mito escondido (y «olvidado», diría Heidegger) en el mismo nacimiento de la filosofía. En ese caso, también quedaría por ver si ese mito remite directamente al inicio de la filosofía o ya solo a la posibilidad (o, quizá, solo calculada voluntad) de su reaparición en un tiempo diferido y de vocación terminal; en definitiva, si con lo de mito se remite a algo cronológico o estructural.

La respuesta a partir del texto de Heidegger no es simple por dos motivos solidarios y paradójicos: porque ese mito no tendría contenido ni historia y, a la vez, porque sin embargo haría comenzar una. En realidad, más que de «retorno» al contenido de un mito inicial ya constituido se trataría de la reinterpretación del propio inicio como mito (sin contenido). El presupuesto metodológico que yace bajo la cuestión del mito remite a que todo inicio resulta inaccesible, pues el destino de todo punto de partida es perderse.

El mito del inicio tiene que asumir así una pérdida estructural –desde el momento en que se «dice» el ser (que es siempre el punto de partida), lo único que queda es el propio decir (el mito)– cuya única compensación pasaría por dotarlo de un contenido, aunque en este caso eso suponga la suspensión del propio mito. No será difícil reconocer que en esa compensación (el desarrollo «narrativo» de esa pérdida) reside lo que justamente Heidegger llamó «historia de la filosofía», convertida así en el mayor enemigo –pero también enemigo necesario, porque sin él ni siquiera tendría sentido referirse al inicio– de la filosofía.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. N° Col.: A-1324.            Teléfono: (+34) 653 379 269                    Instagram: @psicoletrazaragoza.                              Página: Psicólogo Zaragoza


domingo, 28 de septiembre de 2014

Heidegger


Martin Heidegger, uno de los más importantes filósofos del siglo XX, nació el 26 de septiembre de 1889 en Meßkirch, Alemania y murió 87 años después en Freiburg, la ciudad donde enseñó sus ideas un 26 de mayo de 1976. Su obra más importante es sin duda "Ser y Tiempo" aparecida en 1927, la cual se ha transformado en un libro fundamental para comprender la filosofía del siglo XX. Proviniendo de un pueblo rural, religioso y conservador, su filosofía se vería inmersa en la construcción de una identidad y una filosofía alemana que tendría un gran impacto en otros filósofos contemporáneos.En 1909 después de pasar dos semanas en una orden jesuíta, Heidegger se trasladó a Freiburg para estudiar teología, lo cual tras dos años, cambiaría a filosofía. En 1917 se casa con Elfride Petri, con la cual tiene dos hijos (Jörg y Hermann) con la cual permaneció toda su vida, aunque es bien conocida su relación amorosa con su discípula Hanna Arendt. En 1919 Heidegger se transformó en asistente del profesor Husserl de la Universidad de Freiburg, mientras enseñaba en la universidad de Marburg, hasta que volvió para ocupar la silla vacante de su maestro a su retiro. Su filosofía se componía de las lectura de Kant, Kierkegaard y Nietzsche, y por la influencia de su maestro Husserl, desde lo cual comenzó a elaborar la obra que perduraría a su muerte, "Ser y Tiempo" (Stanford).
Su vida, estaría cargada de polémicas, sobre todo, por la emergencia del nacional socialismo en la Alemania post-Weimar y la designación de Adolf Hitler como canciller de Alemania en 1933. El 23 de septiembre de 1966 el semanario alemán "Der Spiegel" llevó a cabo una entrevista con Martin Heidegger, para aclarar sus posiciones frente al regimen nazi, lo cual nunca quedó muy clara para la opinión pública. La entrevista, sin embargo a pedido de Heidegger no podría ser publicada antes de su muerte. El 31 de mayo de 1976, 5 días después de su muerte, en su número 23 "Der Spiegel" publicaría este trozo de historia en la cual Heidegger explicaría el contexto de su relación con el gobierno nacional socialista alemán. Heidegger había sido nombrado rector de la universidad de Freiburg, cuatro meses después de que Hitler fuera designado Canciller. En el discurso de asunción a la rectoría, Heidegger hablaría de la "grandeza y la gloria de esta nueva era (Aufbruch)." En la entrevista, el periodista pregunta sobre este episodio.
Heidegger: , yo también estaba convencido de ello.
SPIEGEL: ¿Podría explicar esto un poco más?
Heidegger: Con mucho gusto. En ese momento no vi otra alternativa. En medio de laconfusión general de opinión y de las tendencias políticas de 22 partidos, eranecesario encontrar una actitud social nacional y, sobre todo, un poco en el sentido del esfuerzo de Friederich Naumann. Podría citar, aquí, simplemente a modo deejemplo, un pasaje de Eduard Spranger, que va mucho más allá de mi direcciónrectoral.
 (DerSpiegel)
Más allá de su periodo oscuro, la lectura de las ideas de Heidegger tomaron relevancia en un campo cada vez más amplio de disciplinas desde la arquitectura a la política. "Ser y tiempo" planteó un nuevo lenguaje para la filosofía occidental y su lectura, de una prosa difícil, abrió un mundo de posibilidades al plantear una ontología de la existencia, donde el ser distinto del ente, es el que es en el mundo por su capacidad de preguntar por el ser. Con ello, plantea una nueva forma de ser en el mundo. En un artículo publicado en TheGuardian, el filósofo Simon Critchley, indica:
Martin Heidegger (1889-1976) fue el filósofo más importante e influyente en la tradición continental en el siglo 20. Ser y Tiempo, publicado por primera vez en 1927, fue su obra magna. No hay manera de entender lo que ocurrió en la filosofía continental después de Heidegger sin llegar a un acuerdo con Ser y tiempo. Por otra parte, a diferencia de muchos filósofos angloamericanos, Heidegger ha ejercido unaenorme influencia externa filosofía, en áreas tan diversas como la arquitectura, el arte contemporáneo, la teoría social y política, la psicoterapia, la psiquiatría y la teología.
Hasta el día de hoy, sus críticos mantienen una postura seria frente a sus ideas. Entre ellos se encuentran los filósofos alemanes de la escuela de Frankfurt como Habermas y Adorno, entre otros. En un comentario de un libro sobre Heidegger titulado "Between Good and Evil" de Rudiger Safranski, publicado el 3 de mayo de 1998, el filósofo ahora fallecido, Richard Rorty, realiza un agudo comentario sobre Heidegger. En el artículo publicado para el NY Times, Rorty quien fallecería 9 años más tarde, plantea la dificultad de comprender a Heidegger como un hombre realmente bueno.
Heidegger es la antítesis de la especie de filósofo (John Stuart Mill, William James,Isaiah Berlin), que da por sentado que, en última instancia nada importa excepto la felicidad humana. Para él, el sufrimiento humano es irrelevante: la filosofía está muy por encima de esas banalidades. Vio la historia de Occidente, no en términos del aumento de la libertad o de la disminución de la miseria, sino como un poema. (NYTimes)

@SociologiaNow