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Paz y Ciencia
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domingo, 27 de noviembre de 2016

Noam Chomsky



(..) Parece evidente que, a menos que exista algún tipo de respuesta afirmativa, las posibilidades de una revolución de veras democrática que lleve a la práctica los ideales humanistas de la izquierda son escasas. Martin Buber resumía el problema mediante la siguiente imagen: "Nadie puede esperar razonablemente que un arbolillo transformado en un garrote comience a echar hojas". En la cuestión de la conquista o destrucción del poder estatal residía el principal desacuerdo entre Bakunin y Marx. De un modo u otro, el problema se ha planteado repetidamente a lo largo del siglo que ha transcurrido desde entonces, enfrentando a socialistas "libertarios" y "autoritarios".

Pese a las advertencias de Bakunin sobre la burocracia roja, que encontraron su confirmación en la dictadura de Stalin, al interpretar las pugnas políticas de hace cien años sería un burdo error hacer depender las reivindicaciones de los movimientos sociales contemporáneos de sus orígenes históricos. En particular, es engañoso ver en el bolchevismo un "marxismo llevado a la práctica". Mucho más atinada sería una crítica del bolchevismo por parte de la izquierda a la luz de las circunstancias históricas de la Revolución Rusa.

El movimiento obrero de la izquierda antibolchevique se opuso a los leninistas porque no sacaron suficiente provecho de los levantamientos rusos para fines estrictamente proletarios. Los bolcheviques, prisioneros de su entorno, usaron el movimiento radical internacional para satisfacer necesidades específicamente rusas, que no tardaron en identificarse con las del partido estatal bolchevique. El componente "burgués" de la revolución rusa comenzó a manifestarse en el propio bolchevismo: el leninismo pasó a formar parte de la socialdemocracia internacional, distinguiéndose de esta última sólo en cuestiones estratégicas.

sábado, 29 de octubre de 2016

Noam Chomsky y retazos anarquistas



"Los anarquistas sindicalistas están convencidos de que el orden económico socialista no puede alcanzarse mediante decretos o estatutos gubernamentales, sino en virtud de la colaboración solidaria entre las mentes y los brazos de los trabajadores en cada ramo de la producción, es decir, encumbrando a la dirección de todas las fábricas a los propios trabajadores, de modo que las distintas agrupaciones, fábricas y ramos de la industria pasen a ser los miembros independientes del organismo económico general que se encarguen sistemáticamente de la producción y la distribución de los bienes en interés de la comunidad, mediante acuerdos adoptados libremente".

Esto lo escribe Rocker poco después de que estas ideas se hubieran llevado a la práctica de forma espectalular en la Revolución Española. Justo antes de que estallará esa revolución, el economista anarcosindicalista Diego Abad de Santillán había escrito:

"[...] al afrontar el problema de la transformación social, la solución no puede valerse del Estado como medio, sino que ha de confiar en la organización de los productores.
En este principio nos hemos basado y no vemos que haya necesidad de un poder superior al de los sindicatos para establecer un nuevo orden de las cosas. Que alguien nos explique qué función, si es que la hay, puede tener el Estado en una organización, en económica en la que la propiedad privada ha sido abolida y no hay lugar para el parasitismo y los privilegios arbitrarios. La supresión del Estado exige fuerza y vigor; es tarea de la revolución acabar con el Estado. Una de dos: o la revolución entrega la riqueza social a los trabajadores, en cuyo caso éstos se organizarán con vistas a la organización colectiva y el Estado dejará de tener sentido; o la revolución no entrega la riqueza social a los productores, en cuyo caso la revolución habrá sido un fraude y el Estado seguirá siendo un fraude.
Nuestro consejo federal de economía no es un poder político sino un poder regulador económico y administrativo. Recibe sus directrices desde abajo y opera con arreglo a las resoluciones de asambleas regionales y nacionales. Es un organismo de coordinación. nada más".

En una carta de 1883, Engels se mostraba en franco desacuerdo:

"Los anarquistas ponen las cosas patas arriba. Afirman que la revolución proletaria debería 'empezar' por echar abajo la organización política del Estado [...] Pero hacerlo en un momento como éste equivaldría a destruir el único organismo que el proletariado victorioso tiene a mano para imponer la autoridad recién conquistada, mantener a raya a sus adversarios capitalistas y llevar a cabo esa revolución económica de la sociedad sin la cual su victoria terminará inevitablemente en una nueva derrota y una masacre de obreros similar a la que puso fin a la Comuna de París" [...]


MARX Y ENGELS



Noam Chomsky: Apuntes sobre el Anarquismo



En la década de 1890 un escritor francés simpatizante del anarquismo escribió: "el anarquismo  tiene anchas y robustas espaldas y, como el paño, es capaz de soportar cualquier carga", incluida la de ciertos militantes que hacen más daño a la causa que "su peor enemigo". 

Ideas y prácticas calificadas de "anarquistas" las ha habido de todas clases, sería inútil tratar de encuadrar todas estas tendencias divergentes en el marco de una ideología o teoría general. 

Y aunque procediéramos a extraer de la historia del pensamiento libertario una tradición viva, en permanente evolución, como hace Daniel Guérin en L'Anarchisme, sería arduo formular sus doctrinas como una teoría específica y determinada de la sociedad y el cambio social. El historiador anarquista Rudolf Rocker, cuya obra ofrece un análisis sistemático de la deriva del pensamiento anarquista hacia el anarcosindicalismo similar a Guérin, pone el dedo en la llaga cuando escribe lo siguiente: "El anarquismo no es un sistema social fijo, hermético, sino una tendencia manifiesta en la evolución histórica de la humanidad, que, a diferencia de la tutela intelectual que ejercen las Instituciones eclesiásticas o gubernamentales, aspira al desarrollo libre y expedito de todas las fuerzas sociales e individuales del hombre. 

Ni siquiera la libertad es un concepto absoluto, es sólo relativo, pues tiende a expandirse sin cesar y alcanzar ámbitos cada vez más amplios de las formas más diversas.
Para el anarquista, la libertad no es un concepto filosófico abstracto, sino la posibilidad concreta y fundamental que tiene cada ser humano de desarrollar plenamente las facultades, capacidades y talentos que les concede la naturaleza y ponerlos al servicio de la sociedad. Cuanto menos interfiera en este desarrollo natural del hombre el control eclesiástico o político, tanto más eficaz y armoniosa llegará a ser la personalidad humana y mejor muestra dará de la cultura intelectual de la sociedad que la ha engendrado".

Cabría preguntarse qué interés puede tener el estudio "de una tendencia manifiesta en la evolución histórica de la humanidad" en el que no encuentra expresión ninguna teoría social concreta y pormenorizada. En efecto, muchos comentaristas desdeñan el anarquismo, calificándolo de ideal utópico, informe, primitivo y, en todo caso, incompatible con las realidades de una sociedad compleja. Sin embargo, nada impide adoptar una perspectiva muy distinta y afirmar que,  en cada estadio de la historia, nuestro propósito debería ser erradicar aquellas formas de autoridad y opresión originarias que si bien en su momento pudieron tener una justificación por motivos de seguridad, supervivencia o desarrollo económico, en la actualidad agudizan la miseria material y cultural en lugar de contribuir a paliarla.
Para Rocker: "el desafío que nos plantea nuestra época es el de liberar al hombre de la lacra de la explotación económica y la esclavitud política y social", y la solución no reside en la conquista y el ejercicio del poder estatal ni en un parlamentarismo embrutecedor, sino  "en la reconstrucción de la vida económica de los pueblos desde la base y el espíritu del socialismo".

"Más sólo los productores están capacitados están capacitados para ello, pues son el único estamento social creador de valor a partir del que puede surgir un porvenir. A ellos corresponde despojar al trabajo de los grilletes que le ha impuesto la explotación económica, liberar a la sociedad de todos los mecanismos e instituciones del poder político y abrir camino hacia una alianza de agrupaciones libres de hombres y mujeres basadas en el trabajo cooperativo y en una administración en interés de la comunidad. Preparar a las masas trabajadoras de la ciudad y el campo para este gran objetivo y utilizarlas en una fuerza militante, tal es el verdadero propósito del anarcosindicalismo moderno, ésa es cabalmente su misión".

En cuanto socialista, Rocker da por sentado que "la auténtica, definitiva y la completa liberación de los trabajadores sólo es posible bajo una condición: la apropiación del capital, esto es, de las materias primas y los medios de producción, incluida la tierra, por parte del conjunto de los trabajadores".
En cuanto anarcosindicalista, insiste además en que el periodo prerrevolucionario las organizaciones obreras engendran "no sólo las ideas, sino también, la realidad del porvenir", encarnando la estructura de la sociedad futura, y aguarda esperanzado la llegada de la revolución que abolirá el aparato estatal y expropiará a los expropiadores.
"En lugar de gobierno, proclamamos la administración industrial".


miércoles, 26 de octubre de 2016

Noam Chomsky



"Si consideramos el poder, la originalidad y la influencia de su pensamiento, Noam Chomsky es, a todas luces, el intelectual más importante de nuestra época. 
The New York Times


Noam Chomsky es psicólogo y lingüista, pero no se conforma con eso. ¿De dónde viene y adónde quiere llegar Chomsky?

"La acción social debe apoyarse en un proyecto para la sociedad futura y en explícitos juicios de valor sobre las características de la sociedad".

"Las dictaduras, las formas más extremas de tiranía, jamás conducen a la liberación".
Noam Chomsky

Chomsky (Filadelfia, 1928) revolucionó la lingüística en 1957 con la publicación de Estructuras Sintácticas, obra que abrió un camino con incontables derivaciones en campos como la psicológía, la epistemología, las ciencias cognitivas e incluso la biología. Pero la gramática generativa no era, en su opinión, la única revolución pendiente. Desde American Power and the New Mandarins (1969), una crítica demoledora del papel ejercido por las élites tecnocráticas y su presunta asepsia ideológica en la gestión de la tragedia vietnamita, no han dejado de aparecer textos de toda índole donde pone su cuchilla crítica (quizá la más afilada de nuestro tiempo) al servicio de las objeciones insoslayables. Esta recopilación de textos y conversaciones sobre el anarquismo es el capítulo más reciente de esa extraordinaria aventura intelectual. 

La crítica intelectual del capitalismo, la arrogancia imperial o las coerciones estatales justifica este libro titulado, ni más, ni menos: Razones para la Anarquía. 

Este volumen reúne ensayos y conversaciones donde el gran lingüista recupera las herencias convergentes del anarcosindicalismo, el socialismo libertario y el marxismo antiautoritario para trazar los rasgos de un proceso sedicioso basado en voluntades colectivas que no menoscaban los derechos individuales. Cuando la erosión de las instituciones amenaza los fundamentos mismos del sistema (peligrosa o felizmente, según se mire), cuando una economía rapaz incrementa las dificultades hasta el límite de lo soportable, cuando movimientos de raíces muy diversas cuestionan tanto el orden social como las inercias jerárquicas de la vieja izquierda, Noam Chomsky rescata el venerable legado anarquista de las brumas utópicas o las añoranzas derrotadas para colocarlo en el centro del debate. Para conducirlo con rigor y lucidez al nuevo campo de batalla.

Nathan Schneider: "El anarquismo es la tábula rasa de la política del siglo XXI, un nuevo modo de referirse al eterno ahora y a la posibilidad de reiniciar los relojes. En ninguna parte es más palmario que en Anonymous, la comunidad virtual cuyo único requisito de afiliación pasa por borrar nuestra identidad, historia, procedencia y responsabilidad. 

Esta amnesia anarquista que se ha adueñado del activismo radical estadounidense es un reflejo fiel de la amnesia política que padece el país. Hay que tomar muy en serio la perspectiva de aprender de las generaciones pasadas y concebir el modo de fundar una sociedad libre y organizada.
Fue esta clase de anarquismo el que llevó a George Orwell cuando llegó a Cataluña para luchar contra las tropas franquistas. Escribió Homenaje a Cataluña, una obra que aparece citada más de una vez. Por aquel entonces, existían en España granjas, fábricas, empresas de servicios municipales y milicias administradas por trabajadores, conforme a las directrices anarcosindicalistas.



Noam Chomsky vive en Lexington, Massachusetts, y es profesor emérito del MIT.