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Paz y Ciencia
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lunes, 8 de noviembre de 2021

El Lobo Estepario


EL LOBO ESTEPARIO

Hermann Hesse

-Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el juego de tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de sí lo otro, lo heroico y bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote. Bueno. ¡Y a mí me ha ocurrido exactamente lo mismo, amigo mío! Yo era una muchacha de buenas disposiciones y destinada a vivir con arreglo a un elevado modelo, a tener para conmigo grandes exigencias, a cumplir dignos cometidos. Podía tomar sobre mí un gran papel, ser la mujer de un rey, la querida de un revolucionario, la hermana de un genio, la madre de un mártir. Y la vida no me ha permitido más que llegar a ser una cortesana de mediano buen gusto; ¡ya esto solo se ha hecho bastante difícil! Así me ha sucedido. Estuve una temporada inconsolable, y durante mucho tiempo busqué en mí la culpa. La vida, pensé, ha de tener al fin razón siempre; y si la vida se burlaba de mis hermosos sueños, habrán sido necios mis sueños, decía yo, y no habrán tenido razón. Pero esta consideración no servía de nada absolutamente. Y como yo tenía buenos ojos, y buenos oídos y era además un tanto curiosa, me fijé con todo interés en la llamada vida, en mis vecinos y en mis amistades, medio centenar largo de personas y de destinos, y entonces vi, Harry, que mis sueños habían tenido razón, mil veces razón, lo mismo que los tuyos. Pero la vida, la realidad, no la tenía. Que una mujer de mi especie no tuviera otra opción que envejecer pobre y absurdamente junto a una máquina de escribir al servicio de un ganadineros, o casarse con uno de estos ganadineros por su posición, o si no, convertirse en una especie de meretriz, eso era tan poco justo como que un hombre como tú tenga, solitario, receloso y desesperado, que echar mano de la navaja de afeitar. En mí era la miseria quizá más material y moral; en ti, más espiritual; la senda era la misma. ¿Crees que no soy capaz de comprender tu terror ante el fox-trot, tu repugnancia hacia los bares y los locales de baile, tu resistencia contra la música de jazz y todas estas cosas? Demasiado bien lo comprendo, y lo mismo tu aversión a la política, tu tristeza por la palabrería y el irresponsable hacer que hacemos de los partidos y de la prensa, tu desesperación por la guerra, por la pasada y por la venidera, por la manera cómo hoy se piensa, se lee, se construye, se hace música, se celebran fiestas, se promueve la cultura. Tienes razón, lobo estepario, mil veces razón, y, sin embargo, has de sucumbir. Para este mundo sencillo de hoy, cómodo y satisfecho con tan poco, eres tú demasiado exigente y hambriento; el mundo te rechaza, tienes para él una dimensión de mas. El que hoy quiera vivir y alegrarse de su vida, no ha de ser un hombre como tú ni como yo. El que en lugar de chinchín exija música, en lugar de placer alegría, en lugar de dinero alma, en vez de loca actividad verdadero trabajo, en vez de jugueteo pura pasión, para ése no es hogar este bonito mundo que padecemos…

lunes, 16 de junio de 2014

Entrevista Hanif Kureishi



Jamal es psicoanalista de éxito en Londres. Por su consulta pasan actores, productores, hombres de negocios... en busca de una 
nueva historia que contarse sobre sí mismos. Jamal, separado de la depresiva Jacqueline y padre de un adolescente, atraviesa a su pesar una etapa de abstinencia sexual que acentúa –junto a las confesiones de sus pacientes– sus obsesiones sobre el tema. En un estrato social bastante inferior, encontramos a Miriam, la exuberante y tatuada hermana mayor de Jamal, que trapichea con drogas, va teniendo sucesivos hijos con sus parejas esporádicas y que, a pesar de su aparente vulgaridad, vuelve loco al mejor amigo de Jamal, un reputado director de cine. 
Todo esto, y mucho más, es Algo que contarte (Anagrama/Empúries), la sorprendente, cómica y acelerada nueva novela del inglés Hanif Kureishi, que se hizo famoso en los 80 como guionista de la película Mi hermosa lavandería y en cuya larga carrera de novelista figuran títulos como El buda de los suburbios (1990) o Intimidad (1998). Algo que contarte es un do de pecho de su autor, que afronta, a lo largo de casi 500 páginas, un retrato sociológico y político de la Inglaterra de Thatcher y Blair, reflexiones varias sobre sexo, psicoanálisis e identidad, y una trama de misterio. Kureishi atendió ayer en Barcelona a los medios.

Menudo ritmo tiene esta novela, señor Kureishi...
Intenté escribir algo cómico, con personajes muy vitales y animados, aderezado con una historia clásica de misterio que supone una mirada al pasado que, al estar narrada por un psicoanalista, es una regresión, con una textura onírica. Sí, hay ritmo, el ritmo de la libre asociación.

¿Quiso hacer un retrato de época?
Sí. Ver cómo eran de jóvenes la gente que hoy es mayor. Y mostrar el mundo real de hoy a través de personajes iguales a la gente que conozco. No se acerque mucho a mí o acabará saliendo en una de mis novelas.

¿Escribió este libro como consecuencia de sus sesiones de diván?
Me psicoanalicé durante diez años. probablemente no existiría esta novela sin esa experiencia.

¿Y le fue bien?
Bueno... Me permitió construir una nueva historia sobre mí mismo. El gran tema para mí es qué es aquello que consideramos normal. La gente hoy tiene depresiones, paranoias, fobias, desórdenes sexuales y alimentarios... En mayor o menor grado, todos tenemos algo de eso en algún momento, y yo el que más. Lo interesante es ver cómo estigmatizamos un tipo de locura y consideramos otras locuras como normales.

Hay un paralelismo entre el trabajo del psicoanalista y el del novelista...
Sin duda. Ambos exploran el interior, la sexualidad, la infancia. Es casi el mismo trabajo. El buen novelista es el que, a partir de una historia de otros en el fondo se está explicando a sí mismo. Hay una relación estrecha entre psicoanálisis y literatura. De hecho, Freud nunca dijo que debiéramos ir todos al psicoanalista y que el mundo sería mejor si lo hiciéramos. Al contrario, él escribió que la sociedad ya realiza una actividad semejante a través de la lectura de ficción, que al leer a Shakespeare, Dostoyevski o Sófocles nos vemos reflejados en esas situaciones, y que así contactamos con aspectos recónditos de nuestro ser. No creo en la separación entre psicoanálisis y literatura.

¿Qué ha aprendido usted con los años?
Que en realidad no vamos acumulando conocimientos con la edad, sino todo lo contrario. Que no tienes absolutamente nada que transmitir a las próximas generaciones, excepto la lista de los malentendidos que has tejido a lo largo de tu vida. En ello reside la sabiduría.

Reencontramos un gran tema de toda su obra: los diferentes estratos sociales, el up&down de los británicos...
Estoy interesado en la sociedad en su conjunto, en esta novela quise mostrarlo todo, las grandes situaciones políticas, las huelgas y a la vez el contexto cotidiano, y en todas las capas sociales. Por ejemplo, cuando hablo del fútbol, me sirve para ver cómo se entretejen los aspectos más triviales de nuestras vidas con los más importantes, cómo se mezcla lo íntimo con los grandes acontecimientos políticos o deportivos. Por eso aparece el futbolista Eric Cantona, que se sometió a un psicoanálisis lacaniano, la rama más oscura e interesante de esta disciplina.

Hay un capítulo donde el protagonista viaja a Pakistán, en busca de sus orígenes, que son los mismos que los suyos...
Yo soy británico, nací en Gran Bretaña y esta es una sociedad que se ha reinventado exitosamente como multicultural. Para mí, Pakistám es mi padre. Mi familia estuvo muy ligada a la familia Bhutto y por eso reflejo uno de los grandes temas de nuestro tiempo, la lucha de la democracia, ese influjo occidental, con el islam político en tantos países.

La hermana cutre del protagonista participa en muchos programas de televisión...
Siendo escritor, la verdad es que uno pasa gran parte del día mirando la tele. Me fascinan esos programas de testimonios, tipo "mi marido es un transexual". Funcionan como terapia, para los invitados y para el espectador, que se dice: gracias a Dios, yo no soy así.

Sus retratos de los grandes burdeles londinenses son muy detallistas. ¿Hizo mucho trabajo de campo?
Quise hacerlo, y antes lo hablé con mi esposa. le dije: mira, voy a hablar de burdeles de lujo y los visitaré para ambientarme. Pero resultó que escribí primero las escenas y me di cuenta de que encajaban muy bien en la trama, y con lo que eran los personajes, así que al final me limité a mirar algo en Internet y a preguntar a algunos amigos. Si yo hubiese vivido todo lo que han vivido mis personajes, ¡ah, amigo, qué vida llevaría! Eso sólo se lo puede permitir Jorge Herralde, ja, ja...
 Un Novelista hace lo mismo que un Psicoanalista

miércoles, 24 de julio de 2013

Vagar en lo Opaco: Alejandra Pizarnik

 
 
VAGAR EN LO OPACO
 
mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas  terrestres remedos cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas
 
TRATANDO A LA SOMBRA ROJA
 
su soledad maúlla
ceros y ceros
vertiente de valores ingenuos
retina ante desconocido
las brisas sonantes
retornan picando
su ser de sonrisas
y dientes abiertos
reír en la noche soleada
del vigoroso participio
 
Alejandra Pizarnik: "Poesía Completa". Ed. Lumen. Edición de Ana Becciu. Pp.: 18-19
 
 
 
Dedicado a Susana Mondéjar Gracia, autora de libros novelescos en cierta sintonía con Alejandra Pizarnik
 

viernes, 12 de octubre de 2012

Philip K. Dick: "Los tres estigmas de Palmer Eldricht"


"Una de las cien mejores novelas de ciencia ficción de toda la historia".

"Todo acto de habla es predicado del hablante"

En un futuro no muy lejano, lo único que hace soportable la vida a los seres humanos son las drogas. Obligados a huir de un planeta Tierra casi inhabitable, los colonos de Marte viven bajo el dominio de Leo Bulero, propietario de Equipos P.P., la compañía que fabrica las miniaturas y administra el alucinógeno ilegal (Can-Di) que les permite evadirse a universos y cuerpos de muñecos tipo Barbie.

El monopolio de Bulero se ve gravemente amenazado cuando Palmer Eldriht regresa de un largo viaje trayendo consigo una nueva droga y legal (Chew-Zi) que anuncia bajo el lema "Dios promete la vida eterna. Nosotros la proporcionamos".
El antihéroe de esta novela, Barney Mayerson empleado de Equipos P.P., se verá inmerso en una trepidante intriga que le enfrentará a conflictos de lealtad, justicia y amor. A su vez, se acercará al núcleo de un misterio: ¿qué pretende Palmer Eldricht? Ya no parece humano, ¿qué clase de metamorfosis ha sufrido? ¿Se ha convertido en una divinidad o en un ser infernal?
Esta es una novela absorbente donde se despliegan motivos constantes en la narrativa de Dick: la mezcla de drogas y religión, el malestar psicólogico de los personajes, el poder y la locura, la presencia de un demiurgo cruel y, sobre todo, la multiplicidad de niveles de la realidad y la difusa frontera entre esta y la ilusión.

"El mundo novelesco de P.K.Dick es una nítida proyección de su errático y apasionante mundo interno".
Rodrigo Córdoba Sanz