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Paz y Ciencia
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domingo, 19 de julio de 2020

Aurobindo




TEXTOS DE SRI AUROBINDO
Cómo prepara la Naturaleza el crecimiento del hombre espiritual

   La Naturaleza ha seguido cuatro direcciones principales en su esfuerzo por abrir el ser interior: la religión, el ocultismo, el pensamiento espiritual, la realización espiritual y la experiencia interior. Las tres primeras son vías de aproximación; la última es la puerta de entrada decisiva. Estas cuatro fuerzas han trabajado simultáneamente y de una manera más o menos coordinada, a veces colaborando juntas, más o menos estrechamente, a veces disputando entre sí, y otras de un modo separado e independiente. La religión ha admitido un elemento «oculto» en su ritual, en sus ceremonias y en sus sacramentos; se ha apoyado en el pensamiento espiritual, sacando de éste a veces un credo o una teología y otras el fundamento de una filosofía espiritual –en Occidente se ha seguido generalmente el primer método en tanto que en Oriente se ha seguido el último–; pero la experiencia espiritual es el objetivo y el logro final de la religión, su horizonte supremo y su cumbre.
    Cada uno de estos medios o vías de acceso corresponde a algo existente en nuestro ser total y por tanto a algo necesario para el propósito total de su evolución. Cuatro cosas son en efecto necesarias para que el hombre pueda proseguir el proceso de expansión de su ser, si es que no debe seguir siendo lo que es actualmente en su naturaleza exterior o fenoménica, es decir, un ser de la ignorancia superficial buscando oscuramente la verdad de las cosas y recogiendo y sistematizando solamente fragmentos y partes de conocimiento, una pequeña criatura limitada y torpe de la Fuerza cósmica. Debe ante todo conocerse a sí mismo, y descubrir y utilizar sus propias potencialidades; pero para conocerse totalmente a sí mismo y conocer totalmente el mundo debe ir hasta detrás de lo que considera como exterior a sí mismo y de lo que considera que le pertenece como propio; debe sumergirse profundamente por debajo de su propia superficie mental y por debajo de la superficie física de la Naturaleza. Esto sólo puede hacerse conociendo su propio ser interior, mental, vital, físico y psíquico, y sus poderes y movimientos, y las leyes y los procesos universales de la Mente oculta y de la Vida oculta que actúan detrás de la fachada material del universo; ése es el campo del ocultismo, tomando este vocablo en su significación más vasta. El hombre debe conocer también el Poder o los Poderes escondidos que controlan el mundo; si existe un Ser-en-Sí o Espíritu Cósmico, o un Creador, el hombre debe ser capaz de establecer algún tipo de relación con Él o con Eso, ha de ser capaz de permanecer en cualquier contacto o comunión que sea posible, de conseguir algún tipo de sintonía con los Seres que rigen el universo o con el Ser universal y Su voluntad universal, o con el Ser supremo y su suprema voluntad. Debe ser capaz de seguir en su vida y en su conducta la ley que este Ser le impone y de ir en pos del objetivo que le asigna o revela; debe, en su vida presente o en su futura existencia, elevarse hasta la cumbre más alta que este Ser le señala y cuya coronación le exige; y, si este Espíritu, este Ser universal o supremo, no existe debe saber qué es lo que realmente existe y cómo ascender hasta ello, cómo salir de su actual imperfección e impotencia. Ésta es la función de la religión, su meta es unir lo humano a lo Divino y, como consecuencia de eso, sublimar el pensamiento, la vida, el cuerpo físico, de tal manera que puedan admitir la autoridad del alma y del Espíritu. Pero este conocimiento debe ser algo más que un credo o que una revelación mística; la mente pensante tiene que poder aceptar este conocimiento y constatar su vinculación con el principio fundamental de las cosas y con la verdad observable del universo. Tal es la labor de la filosofía, y en el ámbito de la verdad del Espíritu esta tarea sólo puede ser realizada por medio de una filosofía espiritual, bien sea ésta intelectual o intuitiva en su método. Pero ningún conocimiento y ningún esfuerzo pueden producir fruto alguno si no se transforman en experiencia y no se convierten en una parte integrante de la consciencia o de sus operaciones o actividades normales. En el ámbito espiritual todos estos conocimientos y esfuerzos, de carácter religioso oculto o filosófico deben pues para ser fecundos culminar en una apertura de la consciencia espiritual, en experiencias que fundamenten esa consciencia y la eleven, la expandan, y la enriquezcan constantemente, y en la creación de una vida y una acción que concuerden con la verdad del Espíritu; tal es la obra de la experiencia y la realización espirituales.
   
   LA EVOLUCION FUTURA DEL HOMBRE. pp.87-89
   Sri Aurobindo

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo en Zaragoza.
Presencial y Online. Teléfono: 653 379 269
Instagram: #psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es


viernes, 19 de julio de 2013

Osho: Vida, Amor, Risa


SOBRE EL AMOR


Osho habla del amor :
1.-El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega.
Un hombre sin amor nunca conocerá qué música ha estado llevando dentro de su corazón. Es sólo a través del amor que la música comienza a tomar vida, se despierta y deja de ser un potencial para convertirse en realidad.
2.-Preguntas: "¿Qué es amor?" Es una profunda necesidad de ser uno con el todo, una profunda necesidad de disolver en una unidad el tú y el yo. El amor es así porque estamos separados de nuestra propia fuente. De esa separación surge el deseo de volver al Todo y de unificarse con El. "
3.-Tu ego se ha convertido en una barrera entre tú y tu tierra: el Todo. El hombre se asfixia, no puede respirar, ha perdido sus raíces. Ya no es alimentado. El amor es un deseo de nutrición; el amor es enraizarse en la existencia .
4.-El amor en uno mismo es valioso: no tiene ningún propósito, no tiene ningún fin.
Tiene una inmensa significación; una gran alegría; un éxtasis en sí mismo, pero estos no son fines. El amor no es un negocio donde importan los propósitos, las metas. Siempre hay una cierta locura en el amor.... El amor no tiene razón alguna. Simplemente puedes decir : "No sé . Todo lo que sé es que amar es experimentar el espacio más hermosos dentro de uno mismo." Pero eso no es un propósito. Ese espacio no es mental. Ese espacio no puede ser convertido en una comodidad. Este espacie es como un capullo de rosa con una gota de rocío sobre sí brillando como una perla. Y con la primera brisa de la mañana y al sol, el capullo está bailando.
El amor es la danza de tu vida.
5.- Amor es el encuentro, el encuentro orgásmico de la vida y la muerte .... Para alcanzarlo, hay cuatro pasos que deben recordarse.
El primero: estar aquí y ahora, porque el amor sólo es posible en el "aquí-ahora". No puedes amar en el pasado.
El segundo paso hacia el amor es: aprende a transformar tus venenos en miel...
El tercer paso hacia el amor es compartir tus cosas positivas, compartir tu vida, compartir todo lo que tengas. Todo lo bello que tengas, no lo escondas.
Y la cuarta: sé la nada. Una vez que comienzas a pensar que eres alguien, te estancas. Entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de alguien que no es nadie. El amor mora sólo en la nada.
Cuando estás vacío, hay amor.
Cuando estás lleno de ego, el amor desaparece.
El amor y el ego no pueden converger.

5.-Es muy fácil amar a la gente en lo abstracto, el verdadero problema surge en lo concreto. Y recuérdalo, si no amas a los seres humanos concretos, reales, seres humanos, todo tu amor por los árboles y los pájaros es falso, pura habladuría.
6.-El amor es una flor muy frágil. Tiene que ser protegido, tiene que ser reforzado, tiene que ser regado; sólo entonces se fortalece.
7.-Ama como algo natural, tal y como respiras. Y cuando ames a alguien, no empieces a exigir; si no desde el principio mismo estarás cerrando las puertas. No tengas ninguna expectativa. Si algo aparece en tu camino, siente gratitud. Si nada viene, no es necesario que venga, no lo necesitas, no puedes mantener esa expectativa.

8.- El amor no es un negocio, así que deja de tratarlo como tal. Sino, malograrás tu vida, el amor y todo lo que hay de hermoso en ello, porque todo lo que es bello no es en absoluto negociable. El negocio es la cosa más fea del mundo, un mal necesario. Pero la existencia no sabe acerca de negocios. Los árboles florecen, no es un negocio; las estrellas brillan, no es un negocio y no tienes que pagar por ello y nadie te exige nada. Un pájaro viene y se posa en tu puerta, te canta una canción y no te pide un certificado o algo así. Ha cantado su canción y luego, muy contento se va volando, sin dejar huellas. Así es como el amor crece. Da y no esperes a ver cuánto puedes conseguir.
9.-Conviértete en un individuo, eso es lo primero. Lo segundo: no esperes perfección, no pidas y no exijas. Ama a la gente común. No hay nada de malo en la gente común. La gente común es extraordinaria ¡Cada ser humano es tan único!
Ten respeto por ese ser único.
Tercero: da y da sin ninguna condición, y sabrás qué es el amor. No lo puedo definir. Puedo enseñarte la forma en que crece. Te puedo enseñar cómo plantar un rosal, cómo regarlo, cómo fertilizarlo, cómo protegerlo. Luego un día, inesperadamente, aparece la rosa, y tu casa se llena de fragancia. Así es como ocurre el amor.
10.-La palabra "amor" puede tener dos significados absolutamente diferentes; no sólo diferentes, sino diametralmente opuestos. Un significado, es el amor como relación de pareja; el otro es el amor como un estado del ser.
En el momento en que el amor se vuelve una relación de pareja, se convierte en esclavitud, porque hay expectativas, hay exigencias y hay frustraciones, y un esfuerzo de ambos lados para dominar. Se convierte en una lucha por el poder....
.... el amor como un estado del ser es una palabra totalmente diferente. Significa que tú simplemente amas; no estás estableciendo una relación de pareja. Tu amor es como la fragancia de una flor. No crea una relación; no te pide que seas de una forma determinada, que te comportes de cierta manera, que actúes de cierta forma. No exige nada. Simplemente comparte. Y en este compartir, tampoco existe el deseo de recibir una recompensa. El mismo compartir es la recompensa.
Cuando el amor se convierte para ti en una fragancia, tiene una tremenda belleza y posee algo que está muy por encima de la mal llamada humanidad. Tiene algo de divino.
12.- Quiero que sepas que el amor llega de improviso. No como una consecuencia de algún esfuerzo de tu parte, sino como un regalo de la naturaleza. En ese momento no lo hubieras aceptado si hubieses estado preocupado porque algún día, de pronto, pudiera terminar. Así como viene se va.
Pero no hay necesidad de preocuparse, porque si una flor se ha desvanecido, otras flores llegarán. Las flores siempre seguirán naciendo, pero no te aferres a una flor, de lo contrario, pronto te encontrarás aferrado a una flor muerta. Y esa es la realidad: la gente se aferra a un amor muerto, que alguna vez estuvo vivo.
13.- Si tienes algo, algo que te proporciona alegría, paz, éxtasis, compártelo. Y recuerda que cuando compartes hay un motivo. No te estoy diciendo que por compartir llegarás al cielo. No te estoy dando meta alguna.
Te estoy diciendo, que con sólo compartir estarás tremendamente satisfecho. En el compartir mismo está la satisfacción, no hay ninguna meta; no está orientado hacia ningún fin. Es un fin en sí mismo.
14.-Cuando no tienes amor, le pides al otro que te lo dé. Eres un mendigo. Y el otro te está pidiendo que se lo des a él o a ella. Ahora bien, dos mendigos extendiendo sus manos uno al otro y ambos con la esperanza de que el otro lo tenga... Naturalmente ambos se sienten derrotados y ambos se sienten engañados.
Esta es la paradoja: aquellos que se enamoran no tienen amor, por eso se enamoran. Y porque no tienen amor, no pueden darlo. Y algo más : una persona inmadura sólo se enamora de otra persona inmadura, porque sólo ellas pueden comprender el lenguaje de la otra. Una persona madura ama a una persona madura. Una persona inmadura ama a una persona inmadura.
El problema básico del amor es madurar primero, entonces encontrarás una pareja madura; entonces la gente inmadura no te atraerá para nada. Es sencillamente así.
15.- ...cuando dos personas maduras están enamoradas, ocurre una de las más grandes paradojas de la vida, uno de los fenómenos más bellos: están juntos y sin embargo tremendamente solos; están tan unidos que casi son uno. Pero su unión no destruye su individualidad, de hecho, la realza: se vuelven más individuos. Dos personas maduras enamoradas se ayudan mutuamente a ser más libres.
16.- Yo te amo. No puedo evitarlo. No es cuestión de que pueda amarte o no, simplemente te amo. Si no estuvieses aquí, este auditorio estaría lleno de mi amor, no habría ninguna diferencia. Estos árboles todavía recibirían mi amor, estos pájaros lo seguirían recibiendo. E incluso si todos los árboles y los pájaros desaparecieran, eso no haría ninguna diferencia: el amor seguiría fluyendo. El amor es, así que el amor fluye.
17.- Así como la luz rodea a la llama, el amor te rodea. Tú eres amoroso, eres amor.
Entonces tiene eternidad. No está dirigido a nadie. Cualquiera que se acerque beberá de él. Cualquiera que se acerque a ti estará encantado con él, enriquecido por él. Un árbol, una roca, una persona, un animal, no importa. Incluso si estás sentado, solo... Buda, solo, sentado bajo su árbol está irradiando amor. El amor está constantemente lloviendo a su alrededor. Eso es eterno y ése es el verdadero anhelo del corazón.


Osho, "Vida, Amor, Risa"

jueves, 24 de enero de 2013

La comida y las plumas

Había una vez un estudiante que solía ir todos los días a sentarse a los pies de un maestro, para anotar en un papel todo lo que este decía, siempre sabiamente.
Estaba tan inmerso en sus estudios, que era incapaz de realizar ninguna actividad de provecho. Una noche, cuando llegó a casa, su mujer le puso por delante un cuenco tapado por una servilleta. Él la cogió y se la puso en el cuello, y entonces vio que el cuenco estaba lleno de papel y plumas. "Como esto es lo que haces todo el día -le dijo su mujer-intenta comértelo si puedes".
A la mañana siguiente, como de costumbre, el estudiante fue a aprender de su maestro. Aunque las palabras de su mujer le habían afligido, no se puso a buscar empleo, sino que se dispuso a continuar con sus estudios.
Después de unos minutos de estar escribiendo, se dio cuenta de que su pluma no funcionaba bien. "No importa -dijo el maestro- ve a ese rincón. Coge la caja que hay ahí y ponla delante de ti". Cuando se sentó con la caja y abrió lentamente la tapa, descubrió que estaba llena... de comida.
Cuento Sufí

sábado, 19 de enero de 2013

En el silencio del Invierno




Cuentan que para el pueblo guaraní de la Amazonía la sabiduría es “sentir el tiempo”, parece casi lo contrario a nuestro modo de ver: quisiéramos congelar el tiempo, que no pasara, poder dominarlo, exprimirlo al máximo, hasta llegar a abusar de él. En Navidad somos iniciados a sentir el tiempo de un modo nuevo, a hacernos amigos de él; a nombrar y acompañar el tiempo que nos toca vivir, a habitar con intensidad la segunda, la tercera o la cuarta etapa de nuestra vida. Cada momento esconde su perla y es muy hermoso si podemos llegar a descubrirla. Necesitamos recuperar la fuerza del hoy de Dios para con nosotros, asentir y poder reconocer el tiempo de su venida: “Todo lo que llevo caminado son los pasos de Dios que se me acerca, y todo lo que me falta por caminar es Dios que me abre camino hacia Dios”. Venimos hacia Él en el corazón del invierno, cuanto más hacia el fondo de nosotros mismos y de la realidad nos adentramos. A mayor enraizamiento en el tiempo que nos toca vivir mayor capacidad para ser sorprendidos en los lugares de abajo de la historia y sentir que es, precisamente allí, donde la vida nos va madurando.
La Navidad es un tiempo plagado de lugares comunes para nosotros, en el que experimentamos emociones conocidas y también comercializadas, y al que necesitamos acercarnos como si fuera la primera vez; allí acontece lo primordial y lo profundo.
Algo que llama la atención al mirar las escenas del nacimiento en los evangelios de Mateo y en Lucas es que nadie encuentra al niño solo. Se le presiente y se le busca con otros, junto a otros.
La vida entera se hace pesebre
Jesús nace al borde del camino, de unos padres que estaban en camino, buscando grietas en nuestras sociedades para darse a luz a través de nosotros. Jung decía: “tan sólo somos el establo donde nace Dios” . Un establo suele oler mal, hay estiércol mezclado con paja y heno. Es una imagen simbólica de nuestro interior, y del interior de nuestras sociedades. Todo aquello que hemos reprimido: necesidades, agresividades, las aristas que ocultamos, lo no aceptado, lo no reconciliado…está allí abajo. Necesitamos abrirnos, hacernos permeables, a veces nos abrimos a través de las heridas. El establo está sin defensas, por eso entran las lluvias y también el frío, pero es precisamente en la apertura de su pobreza donde ocurre el nacimiento de la vida.
Sea cual sea el tipo de pobreza que marca la vida de las personas: material, psicológica, de sentido; esta carencia les empuja hacia el pesebre. En la presencia de este Niño todo es aceptado, todo encuentra su sitio. Nada se rechaza. Lo sucio y lo que no cuenta, lo despreciable, lo mal mirado…pierde su aspecto desagradable y se unge de calidez y suavidad. Todo queda transformado por la irradiación de la luz que emerge desde dentro.
“Cuando el hijo ha nacido toda alma es María”, decía Eckhart . Convertirnos en madre es estar profundamente abiertos, sin mostrar resistencias, en una creciente receptividad. Hacernos puro sitio, pura capacidad, y la vida entera se vuelve pesebre, cueva, espacio sin fondo donde acoger el desplegarse de uno mismo y de los otros.
Las puertas de la humildad
Cuando Dios se manifiesta aparece la humanitas, la humanidad (Tito 3, 4-7). Humanus no es únicamente humano, humanus significa también ternura. Una persona humanus es una persona tierna. Apareció un niño. Y Pablo dice: apareció la ternura y la dulzura de Dios que salva . La verdadera compasión sabe de esta ternura y de esta reverencia ante el otro, no es únicamente una cualidad del modo de ser de Dios, sino el Ser mismo que Él es. El que se da amorosa y delicadamente, el que para darse desciende siempre más bajo; está abajo. Dios toma el camino de la humildación, se hace tierra fértil, posibilitador de todo lo que existe; crea y se retira para dejarnos ser.
El “sí” de María, su modo libre de consentir, abre las puertas a esta humildad compasiva de Dios. Nosotros necesitamos tres síes más uno para cruzar esas puertas. Dos los recibimos y los otros dos los damos. El primero que recibimos, y a veces el último que descubrimos, acontece en nuestra navidad. Es el sí primero de Dios a nuestra vida con todo, la afirmación honda que nos tiene en la existencia, en este sí de puro amor respiramos y somos.
El segundo es el de aquellos que nos tomaron en brazos al nacer, nuestros primeros cuidadores: nos alimentaron, nos protegieron, nos acompañaron con lo mejor de ellos y también con sus heridas. Su sí nos ha permitido crecer y ocupar nuestro lugar único en el mundo. El tercer sí lo damos. Este a veces nos cuesta más. Es el sí que nos ofrecemos a nosotros mismos, la asunción de la propia vida en su espesor, en su ambigüedad, con los avatares de su historia, y también con toda su belleza y sus posibilidades aún por estrenar.
El cuarto sí es el que nos hace más parecidos a Dios. Es el sí que entregamos a los otros para afirmar sus vidas también con todo, sin dejar nada fuera, una afirmación que sana y que potencia. Es el sí que Isabel dio a María cuando ésta fue a visitarla. Está hecho de reconocimiento, de respeto y de alegría por el trabajo secreto de Dios en cada uno: “Dichosa tú, dichoso tú”.
En el libro de la Sabiduría hay una descripción muy hermosa: “Un silencio sereno lo envolvía todo/ y al mediar la noche su carrera/ tu Palabra todopoderosa/ vino desde el trono real de los cielos…” (Sab 18, 14). En la noche, en el silencio, vino superando toda expectativa, toda razón, aún toda sabiduría, porque no vino “como guerrero implacable...llevando una espada acerada...” (Sab 18, 15). No vino como luchador sino como niño, no vino armado sino desarmado, como un infans entregado y abandonado a nuestras manos.
In-fans, significa no hablar, no pronunciar, “el que no habla”. El que tiene todo el poder y el honor, se muestra despojado de poderes y de honores. La Palabra enmudece. El desvalimiento de un niño se parece al desvalimiento de un hombre sometido y despojado de todo en una cruz. Allí tampoco habla, ni se defiende, los brazos del niño suscitan amor, los brazos del crucificado lo piden también sin pronunciar palabra. Ambos esperan alguien que responda y que diga: Sí. Otro modo de expresar este sí es decir: te quiero.
Pacificados en nuestras ansias
Jean Vanier convive en su comunidad del Arca con personas que presentan discapacidades y estas relaciones lo han acercado más al fondo de la vida, al fondo de Dios. Él lo expresa así: “Durante más de treinta años he estado compartiendo mi vida con hombres y mujeres discapacitados, a veces con una profunda discapacidad. Y día tras día descubro esta verdad: nos necesitamos unos a otros. Comprendemos con facilidad que alguien débil necesite de alguien fuerte, pero nos cuesta más entender que alguien fuerte necesite exactamente igual de alguien débil...Necesitamos personas que sean pequeñas y vulnerables.”
Es increíble que la pequeñez y la vulnerabilidad sean las tarjetas de visita de Dios. La Navidad es el memorial de esta verdad, que una y otra vez se nos olvida. No nos tiende la mano desde arriba, sino que se muestra necesitado desde abajo. Nos ayuda desde la debilidad. Está él también envuelto en flaqueza (Hb 3,18)…Los primeros testigos de este intercambio fueron unos pastores. Sospechosos por sus contemporáneos de hacer trampas, y no bien vistos, ellos reciben con asombro una nueva visión sobre la realidad, sobre ellos mismos, sobre sus imágenes de Dios.
Su única riqueza para recibir esto es su receptividad, el tener que velar por la noche los tiene en estado de atención. Vigilantes para que los ladrones y los lobos no dañen a sus ovejas, ellos están despiertos mientras otros duermen. Mantienen sus ojos abiertos y se ofrecen calor y compañía. En un primer momento recibir de golpe tanta luz les ciega y el miedo se apodera de ellos. Siempre que tenemos posibilidad de más luz en nuestra vida, siempre rondan también los miedos. Ver de nuevo, ver otras cosas distintas de aquello que creíamos ver, que nos hemos acostumbrado a ver, es también nacer de nuevo, y toda transformación se encuentra bloqueada por el miedo. Al lado del miedo, dentro de su concha, la perla de la alegría aguardando a ser descubierta. Necesitamos despertar el pastor interior que hay en nosotros, nuestra capacidad de atención a la vida, de buscar con otros, de dejarnos sorprender…
La luz y la voz ponen a los pastores en marcha. Las señales son mínimas, cotidianas, demasiado sencillas… Hay mucho que ver en Belén, pero no todas las miradas pueden recibirlo. Hay miradas opacas que no se alegrarán, y miradas desconfiadas que no lo entenderán. Sólo las miradas de los pobres y pequeños se admirarán.
En Belén somos pacificados de nuestras ansias de hacer más y de conseguir más, de nuestras ansias de poder y de retener, y si permanecemos en silencio allí, ante el niño acostado en el pesebre, brotará en nosotros un deseo hondo de ser; de ser aquello que somos ya en el rostro abierto de aquel Niño. Un deseo de honrar cada existencia y de bajar a mirar ese lugar interior no profanado en cada persona, el lugar de su niñez y de su paz.
Solamente es un niño
Cuentan que cansado del trato incesante con la gente, Serafín de Sarov se escapaba a veces a recobrar el aliento a su querido bosque. Un anciano monje les dijo a los que fueron a buscarlo: “no tendréis muchas posibilidades de encontrarlo. Se ocultará entre la maleza. A no ser que responda a la llamada de los niños. Haced que corran delante de vosotros”.
Éramos unos veinte los que lo llamábamos. -“¡Padre Serafín!, ¡padre Serafín!”
Al oír nuestras voces infantiles, no pudo mantenerse oculto, su cabeza de anciano apareció por encima de la maleza…
-“¡Tesoros míos! ¡Tesoros míos!” Murmuraba estrechándonos a cada uno en su pecho. Lo abrazábamos confiados, felices. Pero el joven pastor Sioma volvió hacia atrás y corrió al monasterio gritando: “¡Por aquí! ¡Por aquí! ¡Allí está el padre Serafín!
Sentimos vergüenza, nuestras llamadas, nuestros abrazos, nos parecieron una traición.
Al volver al monasterio, la pequeña Lisa, la primera que estrechó entre sus brazos, se acercó a su hermana y tomándola de la mano le dijo: “el padre Serafín pone cara de estar viejo. Pero es un niño como nosotros, ¿verdad, Nadia?”
Emociona sentir que también Jesús fue un niño como nosotros. Solamente un niño. Celebrar la Navidad, honrar y reverenciar el nacimiento de Jesús, tiene que ver también con poder honrar nuestras raíces y nuestro modo concreto de acontecer. Todos nacemos formando parte de una red de relaciones que se va ensanchando a lo largo de la vida: nuestra familia de origen, los demás parientes, las relaciones que libremente vamos estableciendo…Jesús pasa también por estas redes y las asume. En su árbol genealógico no sobra nadie (cf. Mt 1, 1-16) y las mujeres que aparecen en él dan cuenta de hasta qué punto nuestra vida está mezclada y cada color, aun los de tonos más oscuros, y cada sabor y cada rostro, tienen su aporte en nuestra historia de salvación.
Es muy importante en esta historia dar un sitio a todos los que forman parte de nuestra familia de origen, no excluir a nadie. Dar su nombre y su lugar a todos aquellos que a su vez hicieron sitio por nosotros y nos sostienen desde atrás . Nuestro primer don es la vida que recibimos, no nos pertenece, otros nos la han dado y nosotros la pasaremos si podemos y la llevaremos adelante. Nos reconocemos hijos de nuestros padres y nos inclinamos ante sus vidas con gratitud, y ante aquellos que, a su vez, se la dieron a ellos; y celebramos al mismo tiempo que somos mucho más, que compartimos un vínculo aún más hondo, un nacimiento mayor. “¿De qué me serviría si Jesucristo hubiera nacido de Dios y yo no? se preguntaba Eckhart. La misma vida divina que late en el hombre Jesús, late también en nosotros” , y nuestro destino es experimentar esta vida.
Dios aparece como niño, mostrándonos que la verdadera dimensión del ser humano es hacerse niño. Desbloquear en nosotros las fuentes de la inocencia y de la bondad. Para un niño todo es posible, es una inmensa e interminable disponibilidad. “En una carne espiritual callosa, fosilizada, endurecida, Dios no puede vibrar. Dios vibra siempre en lo tierno. La Navidad evoca en nosotros aquel niño que fuimos y aquel niño en el cual, cuando soñamos, todavía captamos la presencia de Dios...El niño es un ojo abierto y maravillado ante esta Presencia” .
Como ciegos tocados por la luz
En los orígenes de Jesús, ya en sus primeras etapas, comienza a hacerse el boceto de lo que se va a desarrollar después. En torno a él, se mueven personajes oscuros y otros tocados por la luz. Los que no son capaces de verlo ahora serán también los que acabarán rechazándolo al final. Siempre me ha impactado esta afirmación del prólogo de Juan: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11); y pensar que también Herodes, y los fariseos, y el sumo sacerdote, eran de los suyos. A veces he caído en la tentación de creerme del lado de los que lo recibieron, pero si miro de verdad mi vida ¡hay tantas zonas en las que no he sabido recibirlo aún!…Más bien querría sumarme a aquellos que habiendo sido tocados por la luz, regaladamente, aún ven a los hombres como árboles ( Mc 8, 24) y siguen necesitando que él toque sus ojos de nuevo cada vez.
Los magos de Oriente son el símbolo de tantos hombres y mujeres que, en cualquier parte del mundo, desde otras sendas y tradiciones espirituales, se preguntan, buscan y caminan. Una leyenda los presenta como un rey joven, otro anciano y otro negro, queriendo significar que todos los ámbitos del ser humano se hacen patentes a lo largo del camino, hasta poder encontrar al niño y adorarlo. Según esta leyenda los magos pierden la estrella justo antes de llegar y fueron los pastores, las potencias del corazón, los que les enseñaron el camino . El oro del amor, el incienso de nuestros anhelos; y la mirra de nuestros dolores y de aquello que sana las heridas, es entregado al que nos lo ha dado todo primero.
Una vez que la luz del Niño nos toca ya no podemos seguir por el mismo camino, el camino de la epifanía -el camino de la compasión- es ahora el nuestro: descubrir el amor y manifestarlo. Descubrirlo donde no esperábamos y llevarlo a otros por donde aún no sabemos. Como ciegos tocados por una luz que nos indica los modos: en vulnerabilidad, en pobreza, en humildad, en alegría.
Dice el escritor africano Sobonfu Somé: “El nacimiento es la llegada de alguien venido de fuera que debe sentirse bienvenido. Es necesario que tenga la impresión de llegar a un lugar donde los seres humanos están preparados para recibir sus dones” . Quizá toda nuestra vida cara a Dios sea esta preparación.
MARIOLA LOPEZ VILLANUEVA
Recuerdo una casa muy pobre en Copiapó, en Chile, y en ella una capilla con mucha luz de las Hermanitas de Jesús. Allí tenían como su mayor tesoro, sobre un paño tejido en tonos vivos, el niño del color de la tierra, sonriendo y con sus brazos extendidos. Hace unos años ellas enviaban una felicitación de Navidad, vamos a dejar que hoy sea también la nuestra. Brota de unas vidas silenciadas ante el pesebre y ante los otros:
En esta noche de Navidad,
podemos abrazar sin miedo toda la realidad de nuestro mundo,
ofreciendo, a la vez, el ruido ensordecedor de todos los actos de destrucción,
de violencia o de odio que agitan el mundo,
y el imperceptible rumor de los innumerables gestos de amor,
de vida compartida, de don de sí, seguras de que nuestro mundo está salvado.
Entonces, en el silencio del corazón de Dios,
contemplaremos maravilladas cómo acontece esta fantástica transformación
en la que todo el poder de salvación que contienen esos gestos de amor,
se libera y envuelve el mundo con un manto invisible,
como un bálsamo vivificante derramado sobre sus heridas.
Y nuestros labios susurrarán: “Mundo, feliz Navidad...”