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sábado, 20 de febrero de 2021

Viktor Frankl

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza (Gran Vía).          Contacto: +34 653 379 269. Presencial/Online Página Web: www.rcordobasanz.es

Viktor Emil Frankl (1905 – 1997) fue un neurólogo y psiquiatra austríaco, y un sobreviviente del Holocausto. Frankl fue el fundador de la logoterapia, que es una forma de análisis existencial, la «Tercera Escuela de Psicoterapia de Viena». Su best-seller El hombre en busca de sentido narra sus experiencias como recluso en un campo de concentración, lo que lo llevó a descubrir la importancia de encontrar significado en todas las formas de existencia, incluso las más brutales, y así, una razón para seguir viviendo. Frankl se convirtió en una de las figuras clave de la terapia existencial y una importante fuente de inspiración para los psicólogos humanistas.

Citas célebres de Viktor E. Frankl

La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino solo por falta de significado y propósito.

Las decisiones, no las condiciones, determinan quiénes somos.

El éxito, como la felicidad, es el efecto secundario inesperado de la dedicación personal a una causa mayor que uno mismo.

El significado de mi vida es ayudar a otros a encontrar significado en las suyas.

Ser tolerante no significa que comparta la creencia de otra persona. Pero significa que reconozco el derecho de otro a creer y obedecer a su propia conciencia.

No es el pasado lo que nos detiene, es el futuro; y cómo lo debilitamos, hoy.

Vive como si estuvieras viviendo una segunda vez, y como si hubieras actuado mal la primera vez.

Las fuerzas que escapan a tu control pueden quitarte todo lo que posees excepto una cosa, tu libertad de elegir cómo vas a responder a la situación.

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Nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física en la vida, ¡siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!

El humor es otra de las armas del alma en la lucha por la autopreservación.

Ningún hombre debería juzgar a menos que se pregunte con absoluta honestidad si en una situación similar podría no haber hecho lo mismo.

Hay dos razas de hombres en este mundo, pero solo estas dos: la raza del hombre decente y la raza del hombre indecente.

No me olvido de ninguna buena acción que me hayan hecho, y no guardo rencor por una mala.

Cuando una persona no puede encontrar un sentido profundo de su significado, se distrae con el placer.

La búsqueda del significado es la clave para la salud mental y el florecimiento humano.

Un hombre que toma conciencia de la responsabilidad, que tiende hacia otro ser humano y lo espera afectuosamente, o hacia un trabajo inconcluso, nunca podrá deshacerse de su vida. Él sabe el «por qué» de su existencia, y será capaz de soportar casi cualquier «cómo».

De alguna manera, el sufrimiento deja de estar sufriendo en el momento en que encuentra un significado, como el significado de un sacrificio.

No creas tu misión en la vida, la detectas.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio tenemos el poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta se encuentra nuestro crecimiento y nuestra libertad.

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La vida no es principalmente una búsqueda del placer, como creía Freud, ni una búsqueda de poder, como lo enseñó Alfred Adler, sino una búsqueda de sentido. La mejor tarea para cualquier persona es encontrarle sentido a su propia vida.

¡Diría que nuestros pacientes nunca se desesperan realmente por el sufrimiento en sí mismo! En cambio, su desesperación surge en cada instancia de una duda en cuanto a si el sufrimiento es significativo. El hombre está listo y dispuesto a soportar cualquier sufrimiento tan pronto como pueda ver un significado en él.

Una reacción anormal a una situación anormal es el comportamiento normal.

La vida pide a cada individuo una contribución, y le corresponde a ese individuo descubrir lo que debería ser.

Lo importante no es lo que esperamos de la vida, sino más bien lo que la vida espera de nosotros.

Este es el núcleo del espíritu humano… Si podemos encontrar algo por lo que vivir, si podemos encontrar algún significado para poner en el centro de nuestras vidas, incluso el peor tipo de sufrimiento se vuelve soportable.

Podemos descubrir este significado en la vida de tres maneras diferentes: 1. haciendo una escritura; 2. experimentando un valor; y 3. sufriendo.

Incluso cuando no se alcanza completamente, mejoramos esforzándonos por alcanzar un objetivo más elevado.

El amor va mucho más allá de la persona física del ser amado.

Pero no había necesidad de avergonzarse de las lágrimas, porque las lágrimas daban testimonio de que un hombre tenía el mayor coraje, el valor para sufrir.

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Si hay algún significado en la vida, entonces debe haber un significado en el sufrimiento.

Es aquí donde nos encontramos con el tema central del existencialismo: vivir es sufrir, sobrevivir es encontrar sentido en el sufrimiento.

El intento de desarrollar el sentido del humor y ver las cosas con humor es una especie de truco aprendido mientras se domina el arte de vivir.

La neurosis dominical, ese tipo de depresión que aflige a las personas que se dan cuenta de la falta de contenido en sus vidas cuando terminan las prisas de la semana ocupada y el vacío dentro de ellos se manifiesta.

El dolor solo es soportable si sabemos que terminará, no si negamos que exista.

Cada hombre es cuestionado por la vida; y él solo puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; a la vida, solo puede responder siendo responsable.

La fuerza interior del hombre puede elevarlo por encima de su destino exterior.

Cuanto más se olvida una misma, más humana se vuelve la persona.

O la creencia en Dios es incondicional o no es creencia en absoluto.

En tiempos de crisis, las personas buscan significado. El significado es fuerza. Nuestra supervivencia puede depender de nuestra búsqueda y búsqueda.

Lo único que no me puedes quitar es la forma en que elijo responder a lo que me haces. La última de las libertades es elegir la actitud de uno en cualquier circunstancia.

lunes, 10 de agosto de 2020

El hombre que busco en el absurdo



El escenario de El hombre en busca de sentido se dibuja sobre el hediondo paisaje de la vida en los campos de concentración nazis. Enfocar esa tragedia en su conjunto amortigua el impacto de la turbación y es capaz de mitigar la sensación de crueldad del Holocausto. Al contemplar el honroso cementerio de Auschwitz, con sus hileras de tumbas en perfecta simetría, solo parecen albergar oleadas de personas recordadas con una dignidad póstuma, tras una muerte (aparentemente) sin sentido. Sin embargo, el panorama cambia radicalmente si, ante cada tumba, el espectador juega con la imaginación y percibe un sinfín de vidas malogradas: en ese hueco podría yacer una persona que, en plenitud de energías, emprendía un prestigioso proyecto profesional…; aquí una madre muerta con la angustia por la suerte de unos hijos arrancados de su regazo…; allá —cercanos— un matrimonio, que tras sortear los avatares de una larga existencia, esperaban con sosiego el envejecer juntos…; más allá, a una joven le abortaron los sueños de un feliz matrimonio…; más allá todavía, el cuerpo inerme de un niño o una niña que aún conserva la sonrisa, helada, de una vitalidad en expansión… Si se suma el conjunto de ese dolor oculto y escondido, más la ignominia, se obtiene el genuino sufrimiento y la barbarie de los campos de concentración.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza

N° Col.: A-1324 Teléfono: 653 379 269

Psicoterapeuta. Página Web: www.rcordobasanz.es

Instagram: @psicoletrazaragoza


 



lunes, 3 de agosto de 2020

Víctor Frankl. Buscando el sentido de la vida



Se conoce como la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia la contribución de Frankl, siendo la primera la de Freud y la segunda la de Adler. En esta nota periodística intentaré resumir los aspectos centrales de la logoterapia y conexos en base a citas de su fundador tomadas de su Psycotherapy and Existencialism (Londres, Simon and Schuster, 1967) donde se recogen los ensayos de mayor peso de Frankl. Procederé en cuatro capítulos comenzando con citas del autor de la referida obra, seguidas de elaboraciones personales.

En primer lugar, el significado de la logoterapia. Escribe Frankl que “Logoterapia se ocupa no solamente de ser sino del significado, no solo con el ontos sino con el logos […] En otras palabras, la logoterapia no solo es análisis sino terapia […] es mi convicción que el hombre no debe, en verdad no puede, apuntar a la identidad de un modo directo, más bien encuentra su identidad en la medida en que se compromete en una causa más grande que su persona. Nadie lo ha puesto de un modo más claro que Karl Jaspers cuando dijo: ´Lo que el hombre es equivale a una causa que la ha convertido en propia´ […] El sentido de la vida no debe coincidir con lo que es, el sentido o significado tiene que estar delante de lo que es. El significado marca el camino para el ser”.

Frankl subraya la importancia de contar con ideales (lo cita a Ludwig Binswagner quien sostiene que “los ideales son la verdadera causa de supervivencia”).  Remarca que el actualizar las potencialidades en busca del bien es lo que abre paso a la felicidad. El mal naturalmente hace mal.

Tal como se ha señalado en diversas oportunidades, todos actuamos en nuestro interés personal el cual podrá ser sublime o ruin. En definitiva constituye una perogrullada sostener que está en interés del sujeto actuante actuar como actúa. También cabe recalcar que siempre apunta a lo que estima lo hará más feliz, ya se trate de un masoquista, un suicida o un acto corriente de los que se llevan a cabo cotidianamente.

En última instancia entonces todos los actos se basan en la conjetura de que lo realizado proporcionará más felicidad, lo cual no significa que en realidad esto ocurra: la persona en cuestión puede o no percibir el error después de llevada a cabo la acción pero la felicidad no es escindible del bien en el sentido de la incorporación de valores que alimenten el alma. Naturalmente el mal objetivamente considerado aleja de la felicidad por más que se lo pueda malinterpretar subjetivamente puesto que las cosas son independientemente de lo que se opine que son, de lo contrario caeríamos en el relativismo epistemológico (que convierte en relativa la propia afirmación del relativismo), lo cual no contradice el hecho  de la interpretación subjetiva (el prefiero o no prefiero, me gusta o no me gusta).

La vida está conformada por una secuencia de problemas de diversa índole, lo cual naturalmente se desprende de la condición imperfecta del ser humano. La ausencia de problemas es la perfección, situación que, como es bien sabido, no está al alcance de los mortales. Además, si los seres humanos fueran perfectos no existirían ya que la perfección -la suma de todo lo bueno- es posible solo en un ser (la totalidad de los atributos no pueden residir en varios).

De más está decir que el asunto no consiste en buscarse problemas sino en mitigarlos en todo lo que sea posible, al efecto de encaminarse hacia las metas que actualicen las potencialidades de cada uno en busca del bien ya que, como queda dicho, las incorporaciones de lo bueno es lo que proporciona felicidad. De todos modos, el estado de plenitud no es posible en el ser humano, se trata de un tránsito y una búsqueda permanente que exige como condición primera el amor al propio ser, cosa que no solo no se contradice con que ese cuidado personal apunte a la satisfacción de otros sino que es su requisito indispensable puesto que el que se odia a si mismo es incapaz de amar a otro debido a que, de ese modo, renuncia al gozo propio de hacer el bien.

El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que permiten rozar destellos de felicidad que es la alegría interior sin límites, pero no se trata solo de no robar, no matar, acariciar a los niños y darle de beber a los ancianos. En el contexto de la visión de Frankl, se trata de actuar como seres humanos conscientes de la enorme e indelegable responsabilidad de la misión de cada uno encaminada a contribuir aunque más no sea milimétricamente a que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento, siempre en el afán del propio mejoramiento sin darle descanso a renovados proyectos para el logro de nobles propósitos.

Los estados de felicidad siempre parciales por las razones apuntadas, demandan libertad para optimizarse ya que esa condición es la que hace posible que cada uno siga su camino sin que otros bloqueen ese tránsito ni se interpongan en el recorrido personalísimo que se elija, desde luego, sin interferir en idénticas facultades de otros. Como veremos más abajo, en la perspectiva de Frankl los atropellos del Leviatán necesariamente reducen las posibilidades de felicidad, sea cual fuera la invasión a las autonomías individuales y siempre debe tenerse en cuenta que los actos que no vulneran derechos de terceros no deben ser impedidos ya que la responsabilidad es de cada cual. Nadie deber ser usado como medio para los fines de otros.

Voltaire, en uno de sus reflexiones se pregunta si no será más feliz alguien que no se cuestiona nada ni intenta averiguar tema alguno sobre las cosas ni siquiera sobre su propia naturaleza y concluye que esto último es compatible con el estado de satisfacción del animal no racional y no es propio de un ser humano. Esto no desconoce que todos somos muy ignorantes, que desconocemos infinitamente más de lo que conocemos, pero se trata del esfuerzo por mejorar, por la autoperfección según sean las posibilidades y las circunstancias por las que atraviesa cada uno, se trata de la faena de incorporar algo más de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que nos desenvolvemos para así honrar nuestra condición humana.

En resumen,  la imperiosa necesidad de contar con proyectos nobles y de mantener la brújula, no significa tomarse demasiado en serio y perder el sentido del humor, especialmente la saludable capacidad de reírse de uno mismo. En este sentido, conviene tener presente la sentencia de Kim Basinger: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes” y también la sabia reflexión de quien fuera mi entrañable y queridísimo amigo José Ignacio García Hamilton en cuanto a que “lo importante no es lo que a uno le sucede, sino como uno administra lo que le sucede”. De cualquier manera, en línea con la conclusión aristotélica, Pascal afirma con razón que “todo hombre tiene a la felicidad como su objetivo; no hay excepción”, el secreto reside en no equivocar el rumbo y distinguir claramente la huella del pantano.

La segunda parte en este resumen que mencionamos en las conclusiones del doctor Frankl alude, como anticipamos, a la sociedad abierta. Escribe este autor en la obra citada que “Prefiero vivir en un mundo en el que el hombre tiene el derecho de elegir, aun si se trata de elecciones equivocadas, mejor que un mundo en el que no le está permitido al hombre elegir […] Prefiero este mundo al mundo de total, o totalitario conformismo y colectivismo en el que el hombre está rebajado y degradado a un mero funcionario del partido o del estado”.

Efectivamente la sociedad libre constituye condición necesaria para las realizaciones personales sin interferencias de mandones que pretenden administrar vidas y haciendas ajenas, lo cual no solo extermina psicológicamente a las personas sino que destruye toda posibilidad de bienestar material. Como es sabido, Frankl vivió la experiencia en campos de concentración nazis de modo que conoce el extremo del espíritu totalitario, pero apunta que no es necesario llegar a esas acciones criminales para producir daños morales y materiales en la medida en que los aparatos estatales se exceden de sus misiones de resguardar y garantizar los derechos individuales.

La tercera parte de lo que estimamos es el eje central de la propuesta de Frankl consiste en su crítica de la mal llamada enfermedad mental. Así escribe en el libro referido que “La búsqueda de significado o sentido a la vida no es patológica, pero más bien un signo inequívoco de la condición humana […] Tradicionalmente el clínico no está preparado en nada que se salga de los términos médicos. Por tanto está forzado a considerar el problema como algo patológico. Más aun, induce a su paciente a interpretar que está enfermo y que debe curarse en lugar de ver que se trata de un desafío que debe encararse”.

En esta misma línea argumental Thomas Szasz explica en The Myth of Mental Illness que la patología enseña que la enfermedad se traduce en lesión de órganos, tejidos o células pero que las ideas y los comportamientos no pueden estar enfermos, lo cual no pretende desconocer problemas químicos, en los neurotrasmisores o en la sinapsis lo cual es muy distinto. Sostiene Szasz que es un abuso inaceptable el considerar enfermos a quienes tienen comportamientos que el resto no aprueba, situación que no descarta la persuasión al efecto de eventualmente modificar conductas o las medicaciones en caso de referirse a problemas físicos pero no mentales. En este contexto es de interés prestar atención al título metafórico de Erich FrommLa patología de la normalidad.

La cuarta y última sección de nuestro esquema telegráfico se dirige al libre albedrío. En este sentido Viktor Frankl (1905-1997), siempre en el libro de marras, enfatiza que “En realidad hay dos clases de personas que mantienen que su albedrío no es libre: los pacientes esquizofrénicos que sufren de la ilusión que su voluntad es manipulada y que sus pensamientos están controlados por otros y con ellos están los filósofos deterministas”.

Antes he consignado aspectos que hacen a este problema que ahora sintetizo. John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo cual es propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como argumentación racional”.

Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”.

Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck en este contexto quien afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad”.

Juan José Sanguineti resume bien el problema al escribir en Neurociencia y filosofía del hombre que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´, pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón de manos”. En este sentido junto a otros colegas (como Maxwell Bennett y Peter H. Hacker) se lamenta de que la literatura neurocientífica acuda con demasiada frecuencia a expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´, porque atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc., simplemente no tiene sentido […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.

La tesis de esta cuarta y última parte pone en evidencia que una cosa son los estados de conciencia, la mente o la psique y otra el cerebro que aunque están íntimamente vinculados son diferentes tal como lo ilustra el título del libro en coautoría de Karl Popper y el antes mencionado EcclesEl yo y su cerebro.

En resumen, Victor Frankl ha revolucionado la ciencia con sus contribuciones de gran valía. Como queda dicho, la obra que comentamos contiene aspectos medulares de lo que han sido sus escritos que son muy numerosos y apreciados por calificados científicos modernos a pesar de ir a cotracorriente de la opinión por el momento dominante.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo

N° Col.: A-1324 Psicoterapeuta

Teléfono: 653 379 269

Instagram: @psicoletrazaragoza

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domingo, 3 de noviembre de 2013

Isaac Díez: El Hombre en Busca de Sentido


Isaac Diez, el pasado jueves en Bilbao. / TXETXU BERRUEZO


Acababa de volver de una misión en África cuando, el 17 de enero de 1996, su hermana Domitila le llamó para decirle que su marido, José Antonio Ortega Lara, no había vuelto a casa. La sospecha de que ETA tuviera algo que ver se confirmó poco después, en un comunicado, y el sacerdote Isaac Díez, hoy director de salesianos de Deusto, se convirtió desde ese momento en el portavoz de la familia durante el secuestro más largo en la historia de la banda. Su cuñado, funcionario de prisiones, pasó 532 días en un zulo de tres metros de largo y 1,8 de alto.
A raíz del secuestro, otras víctimas de ETA acudieron a Díez pidiéndole ayuda. Antes de eso, recuerda el sacerdote, había trabajado, con 21 años, en 1973, en La Rioja con chavales huérfanos por accidentes en la mina. Eso, explica, le dio una “sensibilidad especial”. Tras el cautiverio se dedicó a atender a las familias deshechas por la violencia terrorista. “Nunca las he contado, pero nos juntábamos grupos bastante numerosos. Creo que la cifra total debe rondar los setenta”.
Este salesiano es un entusiasta de Viktor Frankl, que tras perder en el holocausto a sus padres y esposa y sobrevivir a cuatro campos de concentración nazis, incluido Auschwitz, escribió El Hombre en busca de sentido y creó la logoterapia o terapia basada en el sentido sobre la capacidad humana para superar situaciones y sufrimientos límite. Díez había leído a Frankl, pero fue al conocer a víctimas de ETA cuando empezó a aplicar aquel método y a intentar reconstruir a personas rotas por la violencia terrorista.
“Posiblemente la gente no entienda los muchos problemas que genera una experiencia así. No es fácil tener un proceso de sanación lineal, con una proyección positiva, sin ningún momento de crisis. Tienen momentos mejores y peores, cualquier detalle las puede herir y retrotraer. Hay personas a las que se les puede pedir, por formación, situación, ambiente, familia… y a otras a las que es muy difícil porque están ya muy rotas”.
— ¿Sanar es perdonar?
— No. El perdón es muy difícil. Para poder hablar de perdón se necesita que haya una relación personal y antes de hablar de perdón hay que hablar muy seriamente de la sanación, que es que la víctima recupere su autoestima y pueda entablar y vivir con naturalidad la relación con su familia, su entorno, y a nivel de organización y sentido político. Se suele hablar de reconciliación, entendiéndola como reconciliación con uno mismo, para aceptarse personalmente, y con el entorno.
Cuando vio las imágenes de la manifestación del pasado 24 de noviembre contra el fallo de la doctrina Parot de Estrasburgo, Díez cuenta que su primer pensamiento fue para algunas de las víctimas a las que había atendido y cómo les iba a afectar todo esto.
— ¿Deben las víctimas tener un papel o intentar dictar la política antiterrorista?¿Quién debe escribir el final de ETA?
Isaac Díez, en julio de 1997, con Ortega Lara y su esposa / JUAN HERRERO (EFE)
— El primer deber de todas las asociaciones de víctimas es ayudarse a superar el victimismo. Si no, ellas mismas sufren y hacen sufrir muchísimo. ¿Cuál es su papel? Ese. Y el deber primero de toda institución es intentar que las víctimas salgan de su situación de victimismo. Si tienen que formar una asociación para defenderse quiere decir que nosotros no estamos haciendo lo que tenemos que hacer: ayudarles a que superen su condición y no tengan esa necesidad.
— ¿Cree que se debería haber cambiado antes el Código Penal?
— Las leyes las tiene que formular el poder político y aplicarlas el poder judicial, nos guste o no nos guste, pero viendo cómo articulan los derechos fundamentales de las personas para que no sean pisoteados. Los de todos.
Díez está convencido de que las víctimas del terrorismo “son el testimonio de la degradación moral de una sociedad que ha permitido atentar contra lo más sagrado, la vida” y por eso, “son y serán siempre incómodas para los responsables de articular la vida social: políticos, jueces...”. El sacerdote no quiere opinar sobre la doctrina Parot. Cuida mucho sus palabras porque sabe que influye en muchas personas y que es “muy fácil herir a las víctimas”. Ha visto a muchas de ellas romper su proceso de recuperación. “Creo que mi cuñado es uno de los que mejor está”. “No es fácil. A veces el mayor problema es la incomunicación: no hablan con sus seres queridos para no herirles, para no hacerles recordar y todo se llena de sombras...”.
— Y los terroristas pueden ayudar? ¿Qué pasos deberían dar?
— Es un proceso muy difícil, tanto el de la víctima como el de los terroristas. Si el terrorista, que también es una persona, vive un proceso de concienciación y aceptación del daño realizado, eso tiene un valor muy significativo, pero es otro proceso extraordinariamente complejo. Si se da, como la carta de [arrepentimiento] Txelis, son procesos que creo que socialmente son muy significativos. Desde mi fe creo que toda persona tiene también una capacidad para evolucionar. Y donde haya cualquier movimiento de vida, apoyémoslo, hagámoslo crecer.
— ¿La víctima puede dejar de ser víctima y el verdugo dejar de ser verdugo?
—Toda persona puede evolucionar. Tiene que reconciliarse consigo mismo, aceptarse, reconocer y construir, casi nada. Lo tienen [los etarras] muchísimo más difícil. Nadie sabe lo que sufre una madre que ve derramada la sangre de su hijo, pero tampoco nadie sabe lo que sufre una madre cuando ve que su hijo derrama sangre. Creo que un verdugo, como persona, puede evolucionar, aunque es sumamente difícil para alguien que ha estado deshaciendo y rompiendo vidas reconstruir su propia personalidad.
Preguntado por si cree que ETA ha sido vencida y si el final debe ser de vencedores y vencidos, el sacerdote responde: “No conozco la situación, pero ese lenguaje no me gusta”. En cualquier caso, es optimista sobre el futuro y cree que la paz se afianza.
—¿Qué pueden hacer las partes para que este país supere el trauma del terrorismo de ETA? ¿Cuál es ahora el principal obstáculo para cerrar esa herida?
— No es de partes, es de todos. Todos somos constructores o destructores y todos debemos aportar. Yo ahora lo hago aquí, acompañando a las víctimas y trabajando con los chavales desde un punto educativo. El mundo político lo debe hacer desde su responsabilidad para articular la vida, y en lo judicial, igual. Tenemos que celebrar los elementos positivos, porque lo que no se celebra, no se valora y muere.

http://politica.elpais.com/politica/2013/11/01/actualidad/1383336329_417910.HTML
Gracias a L.