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Paz y Ciencia
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domingo, 11 de noviembre de 2012

Nuestro lugar en el mundo


El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive.
FIÓDOR DOSTOIEVSKI

Rechacemos el estudio del protocolo y eliminaremos preocupaciones;
¿qué diferencia hay entre un "tú" y un "usted"?
¿Qué distancia hay entre lo bueno y lo malo?
"Hay que temer lo que todo el mundo teme".
¡Qué sentencia tan estéril y desatinada!
La multitud parece tan bulliciosa y alegre en las fiestas de primavera.
Solo yo estoy reposado, no doy señal alguna;
inexpresivo, como la cara de un recién nacido
que aún no sonríe;
triste, como aquel que no tiene a dónde ir.
LAO-TSE: "Libro del TAO".

Con la finalidad de encontrar nuestro lugar en el mundo, iniciamos una búsqueda personal que nos abre las puertas a lo nuevo y lo desconocido.
De pronto sentimos la necesidad del altruismo, encaminando nuestra existencia hacia el bien común. Así es como surge la motivación de trascendencia.
Al tomar decisiones desde la confianza, nos permitimos escuchar nuestra propia voz interior. Esencialmente porque ella ya sabe quiénes estamos destinados a ser. Una vez encontramos la dirección, surge la necesidad de la "contribución". Al habernos resuelto emocionalmente, ya no nos movemos desde la carencia, sino desde la abundancia.
En la medida en que desarrollamos todo nuestro potencial y creatividad, nuestra existencia comienza a tener un impacto más positivo en el yo y los otros. Entonces amamos lo que hacemos y hacemos lo que amamos.
Surge la UNIDAD: sentirnos unidos y conectados a todo lo que forma parte de la realidad. Ya no solo aceptamos y respetamos a la naturaleza. Si bien pensamos de forma global, actuamos localmente. Por medio de esta conciencia ecológica, hacemos lo posible para que nuestro paso por la vida deje tras de sí una huella útil, amorosa y sostenible.

ATLAND -MARBORE- Desde Zaragoza: http://www.youtube.com/watch?v=N5IOlAeYyd8&feature=youtube_gdata_player

El sinsentido común. Borja Vilaseca

martes, 8 de mayo de 2012

Introspección por exceso

La capacidad de observarnos internamente puede alterarse por exceso. La introspección obsesiva, intensa y constante paraliza a las personas. Como advierte el viejo refrán, "quién sobreanaliza, mal fuego atiza". Y, según las palabras de Fiodor Dostoievski en "Memorias del subsuelo" (1864), "Ser demasiado conscientes de nosotros mismos es una verdadera enfermedad". Este mismo escritor reflexionaba agudamente sobre la conciencia exagerada de nuestro físico en su obra "El idiota" (1868) y hacía la siguiente observación: "Sí un día te sale una arrugas en la siguiente punta de la nariz o en la frente, no puedes evitar imaginarte que nadie en el mundo tiene otra cosa que hacer más que mirar fíjamente a tu verruga, reírse de ella y condenarte por tenerla, incluso aunque seas el descubridor de América".