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Paz y Ciencia
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jueves, 30 de abril de 2020

La esencia del valor es vivir sin engaños



La esencia del valor es vivir sin engañarnos. Sin embargo, no es fácil observar con sinceridad lo que hacemos. Vernos con claridad es al principio molesto y embarazoso. A medida que aprendemos a vernos con más claridad y a ser leales, empezamos a percibir cosas que preferiríamos negar: nuestra sentenciosidad, mezquindad y arrogancia. No se trata de pecados sino de hábitos temporales de la mente que pueden desaparecer. Cuanto más los conozcamos, más débiles se volverán. Así es como llegamos a confiar en que nuestra naturaleza básica es extremadamente sencilla y carece de la lucha entre el bien y el mal.

Un bodhisattva empieza a hacerse responsable de la dirección que toma su vida. Es como si lleváramos a cuestas un equipaje innecesario. Las enseñanzas nos animan a abrir las maletas y a observar atentamente lo que hemos metido en ellas. Al hacerlo empezamos a comprender que muchas cosas que llevamos ya no las necesitamos.

Hay unas enseñanzas tradicionales que nos apoyan en este proceso: los enemigos cercanos y lejanos de las cuatro cualidades ilimitadas. El enemigo cercano es algo similar a una de estas cuatro cualidades. Sin embargo, en lugar de liberarnos, nos carga más aún. El enemigo lejano es lo opuesto a la cualidad, algo que se interpone en nuestro camino.

El enemigo cercano de la bondad incondicional es el apego. Hay una palabra tibetana, lhenchak, que lo define bien. "Lhenchak" nos indica cómo el amor que fluye libremente puede extraviarse y estancarse. Se enseña que el lhenchak más intenso se da en las tres relaciones siguientes: entre padres e hijos, entre amantes y entre maestros espirituales y discípulos. El Lhenchak se caracteriza por el aferramiento y el sentimentalismo. Es como encerrarnos en la telaraña de nuestras neurosis compartidas. Por naturaleza, inhibe el crecimiento humano. Una relación lhenchak acaba inevitablemente siendo una fuente de irritación y ceguera.

La bondad incondicional es distinta del lhenchak porque no se basa en la necesidad, sino que es un genuino aprecio e interés por el bienestar de otra persona, un respeto por su valor. Amamos a alguien no porque se lo merezca o no, ni porque sea afectuoso con nosotros o deje de serlo, sino por su propio bien. Este amor va más allá de las relaciones que mantenemos con los demás. Cuando amamos incluso a una flor sin caer en el Lhenchak, la percibimos con más claridad y sentimos más ternura por su perfección intríneca.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Nº Col.: A-1324
Teléfono: (34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es


lunes, 27 de abril de 2020

Bodhicitta. Enseñanza fundamental del budismo



Es la necesidad interior de obtener la iluminación (budeidad) para servir de beneficio a todos los seres sintientes que están atrapados en la existencia cíclica del samsara y no han alcanzado la budeidad.
La bodhicitta puede definirse como la Unión de la Compasión y la Sabiduría. Así, el término bodhicita en su sentido más completo implicaría:
  • Una compasión ilimitada y espontánea por todos los seres sintientes y
  • La desaparición de la ilusión de una existencia propia, yo o ego.
Para todos los seguidores del Mahayana, la bodhicitta es el principal punto en su práctica. Por tanto, aunque el Buda enseñó 84000 prácticas, nosotros como seguidores del Mahayana, deberíamos de hacer que nuestro principal interés fuera el cultivo de la bodhicitta, el espíritu de la iluminación del Bodhisattva, la mente de la visión de la igualdad, el amor, la compasión, y la empatía, que busca la perfecta omnisciencia para el beneficio de los seres vivos. El progreso en todas las demás prácticas del Mahayana, depende del avance en el cultivo de la bodhicitta.
En la bodhicitta convencional existe un entrenamiento en las seis prácticas de la paciencia, amor, compasión, etc, y también existe un entrenamiento en la bodhicitta última que es el entrenamiento en la sabiduría de la vacuidad, que realiza la naturaleza más profunda y esencial de la mente, del cuerpo y del mundo que nos rodea.
La bodhicitta, como enseñanza fundamental del budismo, guarda en su seno la fórmula perfecta para garantizar la paz mundial y un mundo más humano.
No importa que las personas no acepten la existencia de una vida futura o del nirvana siempre y cuando sean buenos miembros de la sociedad. También ellas han de practicar el altruista porque es beneficioso para la mente. Ese es el primer paso hacia el desarrollo de una paz mundial real y duradera. La paz exterior no puede obtenerse sin paz interior; esta es una enseñanza y un consejo muy importantes.

Para el practicante de la bodhicitta, todos los seres sensibles son sus amigos y todos los entornos son propicios para la práctica. El verdadero enemigo para él es su propia actitud interior egoísta, su actitud de autoaferramiento y sus percepciones distorsionadas. Cuando se practica la bodhicitta, no se está libre de todos los miedos, pero por lo menos, a nivel mental, se obtiene cierta paz y cierta liberación del miedo. Así es como se cultiva la aspiración a alcanzar la liberación y el estado omnisciente.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo
N° Col.: A-1324 Psicoterapeuta
Teléfono: 34653379269
Videollamada y Consulta en Zaragoza
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es